¡Hola!
En ésta actualización quería desearles una muy buena Semana Santa!
De todo corazón realmente deseo que pasen un muy buen fin de semana y que coman mucho chocolate!
GoTGoT GoTGoT
Ya lo había dicho su madre. Y ella llegó a pensar que las mujeres con hijos tenían un sentido muy bien desarrollado cuando se trataba de confianza. Catelyn le había avisado que no era seguro enviar a Theon Greyjoy por su cuenta a las Islas del Hierro.
Lyanna lo observó con los ojos bien abiertos y por un momento no supo que decir ni que pensar sobre la presencia del muchacho en aquel momento.
Theon montó a lomos de su caballo; sonreía y parecía casi imposible borrar aquella mueca de su rostro. Lyanna se mostró apacible. Tras todo lo visto en sus sueños, se encontraba mucho más tranquila de lo que se había mostrado antes; tal vez por el hecho de ver un rostro familiar que le recordase que no estaba tan lejos de casa. O tal vez era el hecho de que ella tenía una pequeña idea de lo que podría llegar a pasar, si es que ya no había ocurrido. Tenía curiosidad y una mezcla de pánico y terror de pensar que es lo que Theon podía estar haciendo en aquel lugar.
-Muchacho,-llamó Kenrik; el viejo se acercó a paso rengo,- ¿qué se sabe de Invernalia?-
-Que está en el mismo lugar de siempre, mi buen señor.-respondió con burla.-Todo está bien. Sólo estoy aquí a modo de comité de bienvenida.-añadió.-Tengo algunos hombres más adelante, esperando por nosotros.
Pym avanzó hasta situarse junto al viejo. El muchacho era casi tan alto como Kenrik y ambos parecían tener la misma contextura. El escudero observó al recién llegado para luego volverse hacia su dama.- ¿Proseguimos con lo establecido, mi lady?-a Lyanna pareció pegársele la lengua al paladar.
-No.-logró decir, casi en un suspiro de alivio cuando fue capaz de volver a hablar.-Continuaremos juntos hasta Invernalia.-
-¡No podemos!-exclamó Cacerola.- Debemos ayudar a nuestros hombres en la Ciudadela. No podemos pasar junto a ellos y darles la espalda.-el resto de la Compañía comenzó a alzar la voz también, acompañando la protesta.
-La Ciudadela es importante.-intervino Theon, hablando con más fuerza por encima del griterío.- ¡Poseo hombres capaces de proteger Invernalia, si es eso lo que preocupa a mi lady!-la Compañía se habían vuelto hacia ella, dejando caer una difícil carga sobre los hombros de la muchacha. Centenares de ojos estaban sobre ella, pidiendo respuestas, discutiendo los unos con los otros.
-¡Ya basta!-gritó Pym, subiéndose en la parte trasera de la carreta. La Compañía acalló de inmediato, dirigiéndose hacia él; Theon apoyó ambos codos en el monte de su montura con una sonrisa ladeada de curiosa procedencia.- ¡No somos quienes debemos cuestionar las ordenes de nuestros superiores!-continuó el joven escudero. Pym se arrodilló junto a Lyanna.- ¿Procedemos todos juntos hacía Invernalia, mi lady?-la muchacha tragó saliva y con ojos repentinamente aguados se mantuvo en silencio.
-Deberíamos continuar viaje,-manifestó Theon, ensanchando su expresión,-tus hermanos aguardan, Lya.-la joven loba se sintió como un cachorro indefenso. Los hombres que habían visto antes eran hijos del Hierro y si Theon se pavoneaba ante ellos con la más pura impunidad eso quería decir que tal vez el resto de los niños Stark se encontraban bajo los tentáculos del calamar.
Lyanna consiguió ponerse de pie con ayuda de Pym; ella apretó con una desmedida fuerza la mano del muchacho, como si quisiera transmitirle todos sus pesares y temores, pero él simplemente se limitó a impulsarla hacia arriba.-Mis honorables caballeros,-murmuró dirigiéndose hacia todos ellos con la esperanza de que alguno percibiese que algo andaba mal,-lamento todo el escándalo que he hecho hace unos momentos. Debo admitir que todos ustedes tienen razón y sí…-ladeó ligeramente la cabeza hacia el costado. Theon se había erguido con una maliciosa mirada clavada en sus ojos mientras el sol nacía a sus espaldas, proporcionándole una aureola rojiza creciendo desde sus hombros.-Sí, procederemos con lo establecido.-no tenía nada por sentado; tal vez Theon estaba infringiendo un temor vacío, una amenaza sin fundamentos. Pero Lyanna no estaba segura.
-De acuerdo,-aún conservaba la mano de su escudero entre las suyas, tan apretada que la piel se había tornado blanca y tal vez dolería cuando ella la soltara,- Lideraré esta expedición…-
-¡No!-exclamó Lyanna casi con miedo, volviendo sus ojos hacía él, casi suplicándole que no se fuese.-Te necesito a mi lado.-nuevamente deseó poder transmitirle sus pensamientos de alguna forma, pero imposible; él no era Invierno, por ende no podía tener acceso a su mente y hablarle desde allí.-El encargado de ésta expedición será…-miró todos los rostros que se hallaban frente a ella. No sería fácil, no sería fácil enviarlos a lo que probablemente sería una matanza.-Cacerola.-dijo finalmente; un nudo se le formó en el pecho y se obligó a si misma a dejar de mirarlos.-Tú estarás al mando.-el hombre dio un paso al frente y realizó una breve reverencia, llevándose una mano al pecho.
-Llevarás a la mit…-
-Mis hombres tienen bien asegurado el castillo, Lya.-volvió a interrumpir Theon.-Son hombres de confianza, elegidos por el mismísimo rey. Todo está bien vigilado.-
El mar trepa por las paredes, inundándolo todo.
-Irán todos…menos Pym, Kenrik y Topo; ellos vendrán conmigo.-Cacerola asintió y junto al resto de sus hombres regresaron a sus cosas. Lyanna se reunió con ellos una última vez, ultimando las órdenes que debían seguir una vez reunidos con Ser Rodrik. Ella les pidió enviar un cuervo en cuanto recuperasen la Ciudadela. Una parte interna quiso avisarles del problema que todos estaban ignorando, pero si Theon tenía más hombres que ella sería completamente en vano intentar luchar; veinte hombres no podrían hacerle frente si era cierto que él tenía tantas cabezas capaces de defender, o someter, Invernalia.
-Cacerola,-Lyanna tomó la mano del cocinero y con ojos suplicantes comenzó a hablar en voz baja,-apenas sean capaces de identificar los estandartes enemigos, envíen un cuervo a Aguasdulces. Mi hermano debe saberlo para poder proceder con más hombres.-el hombre asintió y le besó ambas manos a modo de despedida.
La Compañía entera retomó la marcha, desviándose hacia el oeste, poniendo rumbo finalmente hacia la Ciudadela. Lyanna sintió una fuerte opresión en el pecho. Maldecía a la vieja Arat por siempre decir la verdad que otros ignoraban. Maldecía que la vida le jugase esa clase de bromas.
La larga columna de caballos se hallaba ahora tan lejos que era imposible gritar y que la escuchasen. Nuevamente se sentía enferma. El estómago se le había revuelto una vez más y sentía que la sangre se le helaba en sus venas, sintiendo frío
Theon espoleó suavemente su caballo acercándose a la carreta.-La conservaremos.-indicó Pym, bajando de un salto,-Lady Stark no se…
-Estoy bien.-intervino Lyanna, descendiendo también; el salto lo único que provocó fue que todo su interior se revolviese y un sabor amargo comenzase a subir por su garganta.-Sólo fue un mareo, pero ya estoy recuperada.-caminó en línea recta, lo más derecha que pudo. Se estaba volviendo paranoica, pero por nada dejaría que él la viese débil. Montaría desmayada si fuese necesario.
-Dejemos que el niño monte.-habló el joven Greyjoy, señalando con el mentón a Topo,-Ese trasto solo será peso muerto.-
-De acuerdo, Topo, sube detrás de mí.-el niño asintió, colgándose al hombro una manta llena de las provisiones restantes.-Pym ayúdalo.-
-Creo no haber sido claro.-replicó Theon, desenvainando su espada e impidiendo que Pym se moviese.-No es un crío de teta que debe depender todo el día de una mujer,-Topo enrojeció hasta las orejas y bajó la vista hacia sus rotosos zapatitos.-Aprenderá a montar si quiere servir en algún momento de su vida.-
-¿Y cómo se supone que iré yo?-cuestionó Lyanna, siendo cubierta por el rojizo manto tibio que el sol naciente proveía.
-Si mi lady lo aprueba…-
-Vendrá conmigo.-intervino Theon pasando una pierna por encima de la montura y dejando que el peso de su cuerpo lo hiciese descender, clavando los talones en la tierra. Pym frunció el ceño, pero el Kraken ni siquiera se percató de él.
-Preferiría estar cerca de mis hombres.-replicó ella, yendo hacia Kenrik, quien aguardaba junto a su igual de viejo caballo.
Pero Theon no estaba dispuesto a recibir una negativa; sus dedos se cerraron alrededor de su antebrazo, interrumpiéndole el paso.-Creo que nuevamente no he sido claro, pero tengo intenciones de discutir ciertos temas importantes, Lya.-la norteña lo observó con una expresión desafiante.-Insisto en que montemos juntos, así tendré la oportunidad de contarle lo bien que lo he pasado con sus hermanos, mi lady. Adorables niños.-
Lyanna suspiró y giró levemente la cabeza hacia el costado.-Haremos un cambio en cuanto salgamos de las tierras de los Cerwyn. Luego desde ahí tendremos día y medio hasta llegar.-anunció, colocando su pie sobre el estribo derecho y subiendo. Ni Pym ni Kenrik parecían contentos, pero sin rechistar asintieron.
Momentos después, Theon se situó detrás de ella, tomando las riendas. El pecho del muchacho se hallaba pegado a su espalda y ella podía sentir el movimiento que realizaba a medida que respiraba.-Ha sido la decisión más acertada la que has tomado ahí atrás.-sujetó las riendas con una sola mano mientras que la otra lentamente cuidadosamente retrocedía hasta situarse en la curva de la cintura de la muchacha; su dedo pulgar comenzó a trazar círculos sobre el pronunciado hueso de la cadera de Lyanna.
-Pensé que volverías de Pyke directamente a Aguasdulces, para dar tu reporte.-respondió ella, pegando ambos brazos a los costados de su cuerpo y apretando la mano de Theon; el muchacho sonrió con suspicacia y con un leve tinte lascivo.
-Por una vez decidí pensar en mí.-susurró, mientras la punta de su nariz husmeaba por entre medio de los húmedos y sucios cabellos de Lyanna; ella sintió la frialdad de la piel de Theon chocando levemente contra su cuello junto al silbido de sus palabras.-Reestablecer lazos con mi familia. Ya sabes, me puse algo sentimental.-
-¿Es muy pronto para pensar en una traición?-ella no podía verlo, pero suponía que Theon continuaba sonriendo.
-Es demasiado tarde como para no darse cuenta.-repuso el muchacho, pegándose a ella como una pulga.
-Robb te cortará la cabeza, rata asquerosa.-masculló entre dientes.
-Sí no fue capaz de asegurar la seguridad de su propio hogar,-Theon apoyó su mentón sobre el hombro de ella colocando mejilla con mejilla,- ¿qué te hace pensar que podrá hacer algo ahora?-
GoTGoT GoTGoT
Fue un sonido apenas audible, casi como el silbido que producía el raspar del acero contra la piedra. Alzó la cabeza que tenía apoyada sobre las patas delanteras, levantó las orejas y olfateó el aire nocturno. La lluvia había despertado un centenar de olores adormecido; los había madurado y les había devuelto su fuerza. Hierba y zarzal, moras aplastadas en el suelo, barro, gusanos, hojas podridas. Le llegó el olor negro y desigual del pelaje de su hermano y otro más penetrante y cobrizo, probablemente el de la sangre que su hermana intentaba lamerse de las heridas abiertas.
Lo volvió a oír, un tintineo y un chirrido. Se puso en pie. Irguió las orejas y levantó la cola. Lanzó un aullido, un grito largo, profundo y estremecedor, capaz de despertar a los durmientes, pero los montones de hombre-roca estaban oscuros y muertos. Una noche tranquila y húmeda, una noche que mantenía a los hombres en sus agujeros. La lluvia había cesado, pero los hombres seguían refugiados de la humedad, agrupados junto a los fuegos de sus cuevas de piedras amontonadas.
Se oyó de nuevo el tintineo y el chirrido, seguidos en esta ocasión por el movimiento suave y rápido de los pies de piel sobre la piedra. El viento le llevó un jirón de olor-hombre que no conocía. «Desconocido. Peligro. Muerte.» Corrió hacia el sonido, seguido por su hermano. Las guaridas de piedra se alzaban ante ellos, con muros húmedos y resbaladizos. Mostró los dientes, pero el hombre-roca no se fijó. Ante ellos se alzaba imponente una puerta, con una serpiente de hierro negro enroscada en torno a los barrotes. Chocó contra ella, la puerta se estremeció, y la serpiente reptó, tintineó y resistió
A través de los barrotes vio la larga madriguera de piedra que discurría entre las murallas, hasta el patio también de piedra, pero no había manera de pasar. Lo único que podía meter entre los barrotes era el hocico. Con su hermano habían intentado muchas veces romper a dentelladas los huesos negros de la verga, pero eran duros. También habían tratado de excavar para pasar por debajo, pero había grandes piedras lisas, medio cubiertas de tierras y hojas caídas.
Paseó una y otra vez por delante de la verja, sin dejar de gruñir, y se lanzó contra ella de nuevo. Consiguió moverla un poco, pero no cedió. Su voz interior le decía que estaba fuertemente cerrada con una cadena.
A su lado, su hermana gruñó por lo bajo; tenía la boca llena de sangre y de heridas que no sanaban. Pasó su hocico nuevamente por entre los barrotes, moviéndolo de arriba abajo, alcanzando el húmedo y pegajoso pelaje de su hermana. También pudo sentir el gusto a la sangre. Intentó transmitirle seguridad, pero ella sollozaba por lo bajo, enroscándose alrededor de los barrotes.
En medio de la noche, más allá de la cerca de piedra que los encerraba, los perros despertaron y empezaron a ladrar. Primero uno, luego otro, al final todos en un clamor que ensordecía; ellos también lo habían olido. Era el olor a enemigos, a miedo.
Una furia desesperada lo invadió, ardiente como el hambre. El olor del miedo le aceleraba el corazón.
De pronto Bran volvía a estar en la cama, en la soledad de la habitación de la torre, jadeante y con las mantas revueltas.- ¡Verano!-llamó a gritos.- ¡Verano!
Sentía algo parecido al dolor en el hombro, como si hubiera caído sobre él, pero sabía que no era más que la sombra de lo que sentía el lobo.
En el exterior se oían los ladridos lejanos de los perros. Tenía fuertes sospechas que las premoniciones de Jojen se habían concretado finalmente. Bran se agarró a la barra clavada sobre su cabeza, se reincorporó y pidió ayuda a gritos. No acudió nadie, y tardó un momento en recordad por qué. Habían quitado al guardia de su puerta; Ser Rodrik necesitaba a todos los hombres en edad de combatir, de modo que en Invernalia había quedado una guarnición simbólica. El resto se había ido hacía ya ocho días. Y Lyanna hacía casi tres semanas, rompiendo su promesa de regresar pronto.
Bran se bajó de la cama y se desplazó con la ayuda de las barras hasta llegar a la ventana. Palpó a ciegas hasta que consiguió abrir los postigos. El patio estaba desierto, y todas las ventanas que divisaba se encontraban a oscuras. Invernalia dormía.- ¡Hodor!-gritó con todas sus fuerzas. Seguramente Hodor estaría durmiendo sobre los establos, pero si chillaba muy alto, a lo mejor lo oía, o lo oía alguien, quien fuera.- ¡Hodor, ven, corre! ¡Osha! ¡Meera, Jojen, vengan!- Bran se puso las manos en torno a la boca para hacer bocina.- ¡Hoooodooor!
Pero cuando la puerta se abrió de golpe a su espalda, el hombre que entró era un completo desconocido para Bran. Vestía un jubón de cuero con discos de hierro superpuestos, y llevaba una daga en una mano y un hacha a la espalda.
-¿Qué quieres?-preguntó Bran, asustado.-Ésta es mi habitación. Sal de aquí.
Theon Greyjoy fue el siguiente en entrar.-No venimos a hacerte daño, Bran.-
-¿Theon?-Bran sintió que se mareaba de puro alivio.- ¿Te ha mandado Robb? ¿Ha venido él también?-
-Robb está muy lejos. Ahora no puede ayudarte.-respondió el muchacho.
-¿Ayudarme?-estaba muy confuso.- No me asustes, Theon.-
-Ahora soy el príncipe Theon. Los dos somos príncipes, Bran. ¿Quién lo habría dicho? Pero yo me he apoderado de tu castillo, mi príncipe.-
-¿De Invernalia?-Bran sacudió la cabeza.- ¡No puedes quedarte con Invernalia!-
-Sal de aquí, Werlag.-el hombre de la daga se retiró. Theon se sentó en la cama.-Hice que cuatro hombres saltaran los muros con garfios y cuerdas, y que nos abrieran una poterna a los demás. En el camino me encontré a tu hermana y en estos momentos mis hombres se están ocupando de los tuyos. Invernalia está en mis manos, te lo garantizo.-
-¡Pero si eres el pupilo de mi padre!-Bran no lo comprendía.
-Pues ahora tu hermano y tú son mis pupilos y quien no dice hermanos muy pronto.-Theon sonrió.-En cuanto termine la batalla, mis hombres reunirán a los que queden de los tuyos en la sala principal. Tú y yo les dirigiremos la palabra. Les dirás que te rindes y me entregas Invernalia, y les ordenarás que sirvan y obedezcan a su nuevo señor tal y como hacían con el anterior.
-Ni hablar,-replicó Bran,-lucharemos y te echaremos de aquí. No me he rendido, y no voy a decir que me rindo.
-Esto no es ningún juego, Bran. Deja de hacer chiquilladas; no te las voy a consentir. El castillo está en mi poder, pero sus ocupantes siguen obedeciéndote a ti. Si el príncipe no quiere que mueran, lo mejor será que haga lo que le digo.-se levantó y se dirigió hacia la puerta.-Vendrá alguien a vestirte y a llevarte a la sala principal. Piensa bien qué vas a decir.
La espera hizo que Bran se sintiera más impotente que nunca. Se quedó sentado junto a la ventana, contemplando las torres oscuras y los muros negros como las sombras. En cierta ocasión le pareció oír gritos más allá de la sala de la guardia, y algo que tal vez fuera el chocar de espadas, pero no tenía el oído de Verano, ni tampoco su olfato. Pensaba que quien iría a buscarlo sería Hodor, o tal vez alguna criada, pero cuando se abrió la puerta el que entró fue el maestre Luwin, con una vela en la mano.
-Bran -dijo-. ¿Sabes... qué ha pasado? ¿Te lo han dicho?-Tenía una herida encima del ojo izquierdo, y le corría la sangre por ese lado de la cara.
-Ha venido Theon. Ha dicho que ahora Invernalia es suya.
El maestre dejó la vela y se limpió la sangre de la mejilla.-Cruzaron el foso a nado. Escalaron los muros con garfios y cuerdas. Llegaron empapados, chorreando, con el acero en la mano.-se sentó en la silla situada junto a la puerta, le seguía saliendo sangre del corte.-Barrigón estaba de guardia, lo sorprendieron en el portón y lo mataron. Pelopaja también está herido. Apenas me dieron tiempo de enviar dos cuervos antes de que irrumpieran. El pájaro que iba a Puerto Blanco consiguió escapar, pero al otro lo atravesaron con una flecha.-el maestre no apartaba la vista de las alfombras.-Ser Rodrik se llevó a demasiados de nuestros hombres y su hermana ha tenido que enviarle más. No imaginaba que corriéramos peligro, no supe ver...
-Me tiene que ayudar a vestirme.-dijo Bran pensado si era apropiado o no recordarle que Jojen lo había visto y ellos lo habían ignorado.
-Sí, sí.-al pie de la cama había un arcón muy pesado con refuerzos de hierro, del que el maestre sacó ropa interior, unos calzones y una túnica.-Eres el Stark de Invernalia, y el heredero de Robb. Debes vestir como un príncipe.-empezó a ataviarlo como correspondía a un señor.
-Theon quiere que rinda el castillo.-murmuró Bran mientras el maestre le sujetaba la capa con su broche favorito, de plata y azabache, en forma de cabeza de lobo.
-No es ninguna deshonra. Un buen señor debe proteger a los suyos. De los lugares crueles nacen personas crueles, Bran; no lo olvides cuando trates con esos hombres del hierro. Tu señor padre hizo lo que pudo para suavizar a Theon, pero llegó tarde, y no fue suficiente.
El hombre del hierro que fue a buscarlos era achaparrado y grueso, con una barba negra como el carbón que le llegaba casi hasta la barriga. Cargó al niño con facilidad, aunque no parecía nada satisfecho con la tarea que le habían encomendado.
El dormitorio de Rickon estaba escaleras abajo. El pequeño de cuatro años estaba de mal humor porque lo habían despertado.
-Quiero que venga mi madre,-dijo,-Que venga ya. Y Peludo también.-
-Tu madre está muy lejos, mi príncipe.-dijo la joven Tansy mientras le ponía una túnica.- Pero yo estoy aquí, sus hermanos y el Maestre también.-la doncella tomó a Rickon de la mano y salió con él.
Al llegar abajo se encontraron con Meera y Jojen, a los que un hombre calvo con una lanza había hecho salir de su habitación. Jojen miró a Bran con unos ojos verdes que eran estanques de lastima. Otro hombre del hierro había despertado a los Frey.
-Tus hermanos no han sabido proteger su propio reino.-masculló Walder el Pequeño.-Ya no eres un príncipe,-recalcó con enfado,-solo un rehén.-
-Igual que tú.-contraatacó Jojen,-Y yo, y todos nosotros.
-No hablaba contigo, comerranas.
Uno de los hombres del hierro los precedía con una antorcha en la mano, pero había empezado a llover de nuevo, y pronto se le apagó. Mientras cruzaban el patio a toda prisa, les llegaron los aullidos de los lobos huargos en el bosque de dioses.
Theon Greyjoy estaba sentado en el trono de los Stark. Se había quitado la capa. Sobre la cota de malla llevaba un chaleco negro adornado con el kraken dorado que era el blasón de su casa. Tenía las manos apoyadas sobre las cabezas de lobos talladas al final de los anchos brazos de piedra del trono.
-Theon se ha sentado en la silla de Robb.-observó Rickon con su más pura inocencia.
-Calla, Rickon.-apremió Bran, percibiendo el peligro que los rodeaba.
Habían encendido unas cuantas antorchas, pero la mayor parte de la sala estaba a oscuras. No tenían dónde sentarse, porque los bancos estaban amontonados contra las paredes, de manera que los habitantes del castillo se encontraban de pie, en pequeños grupos, sin atreverse a hablar. Vio a la Vieja Tata, que no paraba de abrir y cerrar la boca desdentada. Dos de los guardias sostenían a Pelopaja, con el pecho envuelto en una venda ensangrentada. Tym Carapicada sollozaba inconsolable, y Beth Cassel lloraba de miedo. Bran también divisó a su hermana parada junto al trono Stark con un semblante serio y fantasmal, estaba tan pálida como el hielo.
-¿Quiénes son éstos?-preguntó Theon señalando a los Reed y a los Frey.
-Ésos dos de ahí son los pupilos de Lady Catelyn, ambos se llaman igual, Walder Frey.-respondió el maestre Luwin.- Y esos otros dos son Jojen Reed y su hermana Meera, hijos de Howland Reed, de la Atalaya de Aguasgrises, que vinieron a renovar sus juramentos de lealtad a Invernalia.-
-Hay quien diría que eligieron un mal momento.-replicó Theon.-Pero no yo. Aquí están y aquí se van a quedar.-se levantó del trono.- Trae aquí al príncipe, Lorren.
El hombre de la barba negra soltó a Bran sobre el asiento de piedra como si fuera un saco. A la sala principal seguían llegando habitantes del castillos, azuzados entre gritos y golpes de las astas de las lanzas. Gage y Osha subieron de las cocinas, todavía cubiertos de la harina con la que estaban preparando el pan para aquella mañana. A Mikken lo hicieron entrar entre maldiciones. Farlen llegó cojeando, esforzándose por ayudar a Palla. A ella le habían desgarrado el vestido; se lo sujetaba con el puño muy apretado, y caminaba como si cada paso supusiera una auténtica agonía. El septon Chayle corrió a ayudarlos, pero uno de los hombres de hierro se interpuso y lo derribó. El último en cruzar las puertas fue Hediondo, acompañado de Myranda quién casualmente lucía un bonito vestido al cual Bran no tardó mucho en reconocer; era una de las prendas que su madre había bordado para sus hermanas.
-Éste estaba encerrado en una celda de la torre,-anunció la joven haciendo alarde de su vestido.- Se llama Hediondo.-
-¿Por qué será?-comentó Theon, sonriente.- ¿Siempre hueles tan mal, o es que te acabas de follar un cerdo?-
-No he follado desde que me apresaron, mi señor. Mi verdadero nombre es Heke. Estaba al servicio del bastardo de Fuerte Terror, hasta que los Stark le clavaron una flecha en la espalda a modo de regalo de bodas.-
A Theon aquello le pareció muy divertido.- ¿Con quién se casó?-
-Con la viuda de Hornwood, mi señor.-
-¿Con esa vieja? ¿Acaso estaba ciego? Si tiene las tetas como odres vacíos, secas y marchitas.-
-No se casó con ella por sus tetas, mi señor.
Los hombres del hierro cerraron las puertas de entrada de la sala. Desde el trono, Bran alcanzaba a ver a unos veinte de ellos.
Theon alzó las manos para pedir silencio.-Ya saben quién soy.-
-¡Sí, sabemos que eres un saco de mierda!-gritó Mikken antes de que el calvo lo golpeara en el vientre con el asta de la lanza, y luego lo golpeara en pleno rostro. El herrero cayó de rodillas y escupió un diente.
-¡Guarda silencio, Mikken!-Bran había tratado de poner voz firme y señorial, la misma que Robb siempre que daba órdenes, pero la garganta le traicionó y las palabras le salieron agudas y chillonas.
-Presta atención a tu joven señor, Mikken.-dijo Theon.-Tiene más sentido común que tú.-el Kraken procedió a señalar al heredero de Robb con una mano y una inquisidora mirada.- ¿Algo más que añadir, mi príncipe?-
A bran le hubiera encantado tener la agilidad de Robb y la fuerza suficiente como para ponerse de pie y echar a aquellos usurpadores por sus propios medio y defender su hogar con flechas y espadas. Pero el destino no lo había querido así. Bran simplemente suspiró y bajó la vista.-He rendido Invernalia a Theon.-murmuró.
-Más alto, Bran.-pidió el kraken cerrando los ojos, disfrutando del momento.-Y llámame «príncipe».
Bran tomó aire y alzó la cabeza.-He rendido Invernalia al príncipe Theon.-dijo el chico con voz fuerte y clara.- Todos deben hacer lo que les ordene.
-¡Y una mierda!-rugió Mikken. Theon hizo caso omiso del exabrupto.
-Mi padre se ha puesto la antigua corona de sal y roca, y se ha declarado rey de las Islas del Hierro. También reclama el norte por derecho de conquista. Todos son sus súbditos.
-¡Que te lleven los Otros! -Mikken se limpió la sangre de la boca-. Yo sirvo a los Stark, no a un traidor como... ¡aaah! -El asta de la lanza le hizo golpear el rostro contra el suelo de piedra.
-Los herreros tienen brazos fuertes, pero cabezas más bien flojas-observó Theon-Si los demás me sirven con tanta lealtad como sirvieron a Ned Stark, no tardarán en ver que soy un señor generoso.
Mikken, caído sobre las manos y las rodillas, escupió sangre. Bran deseó que entendiese que los golpes eran para mantenerlo callado y que entendiese de una vez por todas. Pero el herrero volvió a alzar la voz.
-Si crees que vas a conquistar el norte con este ejército de pacotilla, no... El hombre calvo le metió la lanza por la nuca. El acero atravesó la carne y le salió por la garganta con un surtidor de sangre. Una mujer lanzó un grito, y Tansy alzó a Rickon, rodeándolo con sus brazos.
«En sangre. Se ahogó en sangre.-pensó Bran como en medio de una bruma.- En su sangre.»
-¿Quién más quiere decir algo?-preguntó Theon Greyjoy.
-¡Hodor, Hodor, Hodor, Hodor!-gritó Hodor con los ojos muy abiertos.
-Que alguien tenga la bondad de hacer callar a ese imbécil.
Dos hombres del hierro empezaron a golpear a Hodor con las astas de las lanzas. El mozo de cuadras se dejó caer al suelo y trató de protegerse con las manos.
-¡No!-exclamó Lyanna, recobrándose.- ¡Theon!-gritó con voz suplicante,- ¡detenlos!-
-Seré tan buen señor como lo fue Eddard Stark.-Theon tuvo que alzar la voz para hacerse oír por encima del ruido de la madera contra la carne y los quejidos.-Pero si osan a traicionarme, se arrepentirán, lo prometo.-retrocedió hacia el trono, sentándose una vez más.-Y no crean que estos hombres son todo mi ejército. Pronto tendremos en nuestro poder también la Ciudadela de Torrhen y Bosquespeso, y mi tío está remontando el Lanza de Sal para apoderarse de Foso Cailin. Sí Robb Stark puede con los Lannister que reine en el Tridente, pero la casa Greyjoy domina el norte ahora.-
-Los vasallos de los Stark lucharán en tu contra.-dijo el llamado Hediondo.-Ese cerdo gordo de Puerto Blanco, para empezar, y también los Umber y los Karstark. Le harán falta hombres. Libéreme y le serviré.
Theon valoró la posibilidad durante un momento.-Tienes mejor cerebro que olor. Pero no aguantaría tu peste a mi lado.-
-Bueno,-replicó Hediondo,-podría lavarme un poco. Si estuviera libre.
-Me gusta tu sentido común.-sonrió Theon.-Arrodíllate.
Uno de los hombres del hierro entregó a Hediondo una espada. Éste la puso a los pies de Theon, y juró obediencia a la Casa Greyjoy y al rey Balon. Bran no quiso mirar. El sueño verde se estaba haciendo realidad.
Osha dio un paso al frente, al lado del cadáver de Mikken.
-¡Mi señor Greyjoy! A mí también me trajeron aquí como prisionera. Lo sabe, estuvo aquí cuando me atraparon.-Bran la miró con el corazón roto por llegar a pensar que ella era su amiga.
-Necesito guerreros,-declaró Theon,- no mozas de cocina.-
-El que me metió en las cocinas fue Robb Stark. Llevo casi un año fregando cazuelas, limpiando grasa y calentándole el jergón a éste,-echó una mirada de soslayo en dirección a Gage.-Ya estoy harta. Vuelve a ponerme una lanza en la mano.-
-Ésta es la lanza que te daría yo.-dijo el que había matado a Mikken, sonriente, al tiempo que se agarraba la entrepierna. Osha le clavó una rodilla huesuda entre las piernas.
-Tú quédate con esa cosa blanda y rosada.-le quitó la lanza de las manos y lo derribó con el asta.- Yo me llevo la de hierro y madera.
El calvo se retorcía de dolor en el suelo, mientras el resto de los saqueadores reía a carcajadas. Theon también se reía.-Me parece bien.-dijo.-Quédate con la lanza. Stygg ya se buscará otra. Ahora, arrodíllate y haz el juramento
Luego de Osha, Myranda fue la próxima en jurar lealtad. Y para cuando ya no quedó nadie para arrodillarse ante el príncipe calamar, Theon los despidió a todos con instrucciones de seguir con su trabajo y no causar problemas. A Hodor le encomendaron la tarea de llevar a Bran de vuelta a su cama. Tenía el rostro horrible tras la paliza, con la nariz hinchada y un ojo cerrado.
-Hodor.-sollozó entre los labios destrozados al tiempo que tomaba a Bran entre sus enormes brazos, con las manos llenas de sangre.
-Mi lady.-dijo Tansy con voz chillona y acongojada. Bran se removió entre el agarre del mozo de cuadra, buscando ver a su hermana. Lyanna se había reunido con ellos; él no recordaba ni un solo momento de verla en aquella situación. La palidez de su rostro era más pronunciada ahora que la tenía más cerca. También notó que, al igual que Hodor, tenía el labio inferior ligeramente hinchado y con un corte del cual comenzaba a formarse una costra de sangre seca.
-Lo lamento.-susurró Lyanna con un hilillo de voz, tomando a Rickon entre sus brazos. Sus ojos grises estaban aguados y una singular lágrima descendió en picada por su mejilla.-Lo lamento tanto.-apretó al niño contra su pecho, sollozando contra el costado de la rizada cabeza. Tansy gimoteó también, sobándose el brazo. Bran descubrió que la ropa que su hermana usaba en aquel momento estaba ligeramente salpicada de algo rojo y el resto parecía haber sido sumergido en lodo.
-¿Maestre?-dijo, apretándole la mano en gesto desesperado.- ¿Podría hacerse cargo de las dos personas que he dejado en su torre?-el anciano asintió, devolviéndole con efusividad el apretón.-Hay uno que está gravemente herido, por favor…-
-Haré lo que pueda.-le aseguró el maestre,-pero ahora deberíamos irnos o tendremos problemas.-Hodor volvió a acomodar a Bran entre sus brazos y cada uno se dispersó por el castillo, sometiéndose al beso de la fina llovizna matutina.
