- ¡Buenos días!
- ¿Qué pasa? – Rose abrió los ojos lentamente. Tenía el cuerpo entumecido y le dolían mucho el cuello y la espalda. Tardó unos instantes en darse cuenta de que estaba en el pasillo: Lizzy y ella se habían quedado dormidas y, al final, habían pasado allí toda la noche.
- Cuando vi vuestras camas vacías no imaginé precisamente encontraros aquí. – Martha sonrió y apoyó sus manos en las caderas.
- Me duele todo. – Murmuró Lizzy desperezándose. – Es una larga historia.
- Me imagino.
- ¿Qué hora es? – Preguntó Rose, apartándose el pelo de la cara.
- Las siete y media, hora de desayunar. – Contestó la otra chica.
- Es domingo. – Dijo Lizzy, mirándola con la frente arrugada.
- Tengo mucho que estudiar y, os recuerdo, tenemos entrenamiento esta tarde. – Puntualizó su amiga.
- Mierda, se me había olvidado. – Se quejó la morena. Poco a poco se puso de pie.
- Pues que no se te olvide, el partido contra Slytherin es la semana que viene y tenemos que estar a tope.
- Lo sabemos, Martha. – Intervino la pelirroja. – Y tranquila, allí estaremos ambas. Soy la capitana, no puedo dejaros tirados en un entrenamiento.
- Creo que voy a pasar del desayuno y voy a dormir toda la mañana. – Murmuró entonces Lizzy. – Si no, me caeré de la escaba.
- Me apunto a eso. – Rose se levantó bostezando. – Te vemos en el almuerzo.
- Hasta luego chicas, ya me contaréis qué os ha pasado. – Enarcó una ceja y las miró con picardía antes de irse.
Justo entonces la puerta se abrió de nuevo y las dos Ravenclaw aprovecharon para entrar en la Sala Común. No querían volver a quedarse fuera. Atravesaron la sala y se dirigieron rápidamente hacia sus habitaciones, sin hablar. Lizzy llevaba los tacones en la mano y Rose tenía los ojos casi cerrados, completamente agotada.
- Creo que voy a darme una ducha. – Comentó Lizzy. – Tengo los músculos agarrotados, espero que se me pase sino tendré que ir a que la señora Longbottom me da algo.
- Yo me voy directamente a dormir, me ducharé cuando me despierte. – Respondió su amiga. - ¿Te llamo para comer si sigues dormida?
- Por favor. – La morena sonrió. - ¿Te despierto si la que se queda dormida eres tú?
- Lo dudo mucho, pero vale. – La pelirroja sonrió y se dirigió hacia los dormitorios, donde Carolina y Eliza todavía dormían. Se quitó la ropa y la dejó a los pies de su cama, se puso el pijama y se tumbó. Solo quería olvidar la desastrosa noche anterior.
Scorpius bajó al Gran Comedor a las ocho. Apenas había podido pegar ojo después de lo que había pasado: había vuelto a besar a Rose Weasley. No sabía por qué lo había hecho, ¡si la chica ni siquiera le caía bien! Era una sabelotodo que se creía doña perfecta: que si capitana de quidditch, que si prefecta, que si futura Delegada… La detestaba pero, aún así, no era capaz de resistirse. Había algo en los ojos de la chica o en sus labios, no estaba muy seguro. Quizás fueran sus pecas. Suspiró y mordisqueó desganado su tostada. No había hablado con Albus – que ya dormía cuando él llegó a la Sala Común -, ni con Theo – que volvió a más de las cinco de la mañana, pero que no se dio cuenta de que su primo seguía despierto – y todavía no sabía si contarles lo que había pasado. Sabía que Potter se enteraría de todas formas, Rose y él se lo contaban todo y seguramente la chica quedaría con él para contárselo, pero estaba seguro de que su propio primo se lo tomaría a broma. Conocía demasiado bien a Nott y se pasaría el resto del curso riéndose de él por liarse otra vez con Weasley. Estaba terminando de beberse su café cuando Albus entró al comedor revolviéndose el pelo y frotándose los ojos. Se notaba que estaba muerto de sueño.
- ¿Qué haces aquí tan temprano? – Le preguntó Malfoy.
- Tengo mucho que estudiar. – Dijo su amigo, encogiéndose de hombros. – Me gustaría terminar la redacción de Historia de la Magia antes del entrenamiento.
- ¿Es antes de comer, no?
- Sí. – Confirmó Albus. – Tenemos que entrenar mucho, ya sabes cómo es el equipo de Ravenclaw.
- Albus, eres el mejor buscador de Hogwarts, conseguirás la snicht en seguida y ni tu prima, ni Roth tendrán tiempo de marcar los puntos suficientes para superarnos. – El rubio se encogió de hombros.
- Yo no estaría tan seguro, Lizzy es su nueva buscadora.
- ¿Crees que Collins es mejor que tú?
- Creo que mi hermano la ha entrenado bien. – Contestó el pelinegro. – No podemos confiarnos, Scorp.
- Lo sé. – El chico suspiró y apuró el contenido de su taza. Si quería contarle a Albus lo que había pasado con Rose era el momento adecuado. Ahora o nunca. Carraspeó antes de empezar a hablar, visiblemente nervioso. - ¿Te acuerdas que anoche me fui al baño de prefectos?
- Maldito el día que se me escapó la contraseña. – Respondió poniendo los ojos en blanco. – Pero sí, sigue.
- Vale pues, ¿a que no sabes a quién me encontré allí?
- ¿Cuántos puntos hemos perdido, Scorpius?
- Veinte, pero esa no es la cuestión. – El rubio levantó un dedo, mandando callar a su amigo. – Justo cuando salía de la ducha entró tu prima Rose.
- ¿Cómo? – Albus abrió mucho los ojos y se acercó un poco a su amigo, interesado. - ¿Qué hacía allí?
- Huía de Lorcan pero eso seguro que te lo explica ella mejor que yo. – Apretó los labios antes de seguir. – El caso es que, no sé cómo pero… - Scorpius bajó el tono de voz. No quería que nadie más se enterase de aquello. – volvimos a besarnos.
- ¿En serio? – El hijo de Harry Potter tuvo que contener una carcajada. Sabía que entre esos dos había algo, aunque no quisieran admitirlo. – Creía que ni siquiera os hablabais y que os odiabais a muerte.
- No hablamos mucho precisamente. – El chico notó cómo se sonrojaba y su amigo comenzó a reír. - ¡Oh, venga ya! Ni se te ocurra ir diciéndolo por ahí.
- No lo haré, no te preocupes. – Dijo Albus. – Y si Rose me lo cuenta, me haré el tonto.
- Gracias. – Scorpius suspiró. – Me voy arriba, voy a intentar estudiar Pociones, tengo que hacer un examen genial como sea.
- Ahora que Rose y tú os lleváis tan bien, quizás consigáis hacer algo.
- ¡Albus Severus Potter! – Exclamó, haciendo que este volviera a estallar en carcajadas. – Es la última vez que te cuento algo.
El rubio se fue, enfadado mientras Albus se secaba las lágrimas y comenzaba a comer. Poco a poco el Gran Comedor se fue llenando y el chico pudo ver a algunos de sus primos. Lucy cuchicheaba con sus amigas en la mesa de Hufflepuff, parecía que le estaban preguntando sobre algo y las mejillas de ella se iban coloreando cada vez más. Se preguntó qué le habría pasado, pero supuso que serían cosas personales y que, si era algo importante, tarde o temprano se enteraría. Estaba terminando cuando un torbellino moreno entró en la habitación. Se dirigió a la mesa de los tejones y no se detuvo hasta que llegó a la altura de su hermana.
- ¡Lucy Weasley! ¿Cómo se te ha ocurrido? – Todo el mundo se volvió para mirar a Molly. - ¿En qué diantres estabas pensando?
- ¿Qué ocurre, Molly? – La pequeña se volvió y miró a su hermana con la frente arrugada.
- ¡No te hagas la tonta! – Gritó esta, amenazándola con un dedo. – Lo vi todo, igual que prácticamente todos los del colegio.
- ¿Te refieres a lo que pasó con Theo? – Albus a punto estuvo de atragantarse con su zumo. ¿Qué quería decir con eso?
- Y encima te lo tomas a broma. Lucy, tienes solo 14 años, te prohíbo que sigas con esto. ¿No ves que él solo quiere aprovecharse de ti?
- ¿Acaso no recuerdas lo que hacías tú a mi edad o incluso antes?
- Estamos hablando de ti, no de mí. – Molly se sonrojó un poco. – Nott solo hace esto porque yo lo rechacé, no dejes que te engañe. No quiero que juegue con tus sentimientos.
- Sé lo que me hago, tranquila. – Lucy se puso de pie aunque no había terminado de comer. Se le había quitado el hambre, pero debía reconocer que Theo tenía razón. – Si me disculpas, me marcho, tengo muchas cosas que hacer.
- ¿Dónde crees que vas? ¡Le escribiré a papá y mamá si hace falta! – La agarró del brazo y ambas forcejearon un poco.
- ¿Con qué derecho harías eso? Todo el mundo aquí sabe lo que tú haces, si cuentas algo de esto, contaré el triple de cosas. – La amenazó.
- No serás capaz.
- No te la juegues, hermanita.
La Hufflepuff consiguió soltarse y se marchó de la sala ante la atónita mirada de todos los presentes. Lucy siempre había sido la antítesis de su hermana: la estudiosa, la responsable, la callada. Nadie se esperaba aquello.
- ¿Qué estáis mirando?
Todo el mundo apartó la mirada y Molly se dirigió con paso rápido a la mesa de Gryffindor. Albus se levantó entonces y decidió que, fuera lo que fuera lo que hubiera pasado, se lo sonsacaría a Nott antes de la hora de comer.
- Hola preciosa. – Jordan estaba esperando a Lily en la Sala Común de Gryffindor. Habían quedado juntos para ir a desayunar.
- Buenos días. – Respondió la chica, sonriendo. A pesar de lo poco que había dormido se alegraba de poder pasar la mañana con él. - ¿Bajamos ya?
- Por supuesto.
Agarró la mano de la pelirroja y juntos comenzaron a recorrer el camino hacia el Gran Comedor. Había sido una suerte que James no los hubiera visto la noche anterior porque, Lily estaba segura, si los hubiera descubierto les habría montado una escena. Pero no vieron al chico en toda la noche, aunque quizás alguien le hubiera contado lo que había pasado entre ellos. No es que estuvieran juntos, pero era evidente que algo había. Apenas hablaron hasta llegar al comedor. Se dirigieron hacia su mesa directamente y se sentaron los dos juntos, el uno enfrente del otro. Todo transcurrió con normalidad hasta que James y Fred atravesaron la puerta de entrada, ambos visiblemente cansados. Lily se removió en su asiento al ver a su hermano, esperaba que no se enfadara mucho, era demasiado sobreprotector con ella. No tardó en llegar hasta donde ambos comían.
- ¡Pero mira quién está aquí! – Exclamó, apoyando su mano en el hombro de Jordan. Fred se puso a su otro lado. – Ya me han contado que anoche lo pasaste muy bien con mi hermana pequeña.
- James, yo…
- Como le toques un pelo de más o le hagas daño, te mataré lenta y dolorosamente, con mis propias manos. – Dijo el chico. Lily no podía apartar la vista de él, algo alarmada, especialmente cuando se volvió hacia ella. – Y en cuanto a ti, que sepas que solo te libraste anoche porque Lizzy se habría enfadado si os interrumpía, pero después tenemos que hablar.
- ¿De qué?
- Una pequeña charla de hermano mayor superguay a hermanita pequeña indefensa. – El mayor de los Potter golpeó el hombro de Jordan de forma "amistosa". – Pero ahora Fred y yo nos vamos a desayunar.
Ambos se marcharon, aunque Fred a duras penas podía reprimir las carcajadas, cosa que sorprendió un poco a Lily. ¿Solo eso? Algo tramaban. Justo iba a advertir a Jordan para que tuviera cuidado cuando el chico escupió su café y, sin poder contenerlo, comenzó a vomitar.
-¡James! ¡Fred! – Gritó la pelirroja, furiosa, dirigiéndose hacia ellos. Las pastillas vomitivas eran uno de sus grandes clásicos, algo que, según ellos, jamás pasaría de moda. – Os mato, yo os mato. ¿Cómo se os ha ocurrido? Os habéis pasado.
- Eso le pasa por intentar pervertir a crías. – Dijo su hermano riendo.
Lily lo fulminó con la mirada y se fue corriendo hacia Jordan. Un par de chicos lo ayudaban a ponerse de pie y decidieron acompañarlo a la enfermería.
El día después de la fiesta comenzaba fuerte y aún no eran ni las nueve de la mañana.
