Esclarecimiento

Decimoctava semana de embarazo. Miércoles al mediodía. Granny's

«Ok, entonces, ¿qué os parece Pierre?» preguntó Emma a los dos morenos sentados a su frente

«Hmm no» respondió Henry haciendo una mueca

«No» Regina parecía más cautivada por el contenido de su plato que por las propuestas de la rubia.

Emma reviró los ojos y tachó el nombre de lo alto de la pequeña lista que había preparado, antes de continuar

«¿Valery?»

«¡Me gusta!» exclamó Henry con entusiasmo mientras Regina parecía considerarlo seriamente

«Para un chico…» precisó la rubia con una chispa de esperanza

«No» Suspiraron rápidamente los dos morenos a la vez revirando los ojos.

«¿Eliza?» propuso ella de nuevo echando un rápido vistazo a su lista.

«¿Para una chica, verdad?» preguntó Henry arqueando una ceja

«Sí» suspiró la joven poniendo los ojos en blanco

«Es bonito» Regina estaba pensativa y acabó por hacer una mueca antes de intercambiar una mirada con su hijo

«¿Qué pasa ahora? ¿Qué está mal?»

«Nada, me gusta mucho» Henry se encogió de hombros y se metió un trozo de su comida en la boca antes de continuar con una mueca «Pero…»

«No suena lo suficientemente regio» completó Regina insistiendo en la última palabra.

«¿Y por qué debería sonar regio?» cuestionó Emma masajeándose las sienes, lamentando ya haber hecho la pregunta.

Henry la miró como si fuera completamente estúpida mientras que Regina sonreía, divertida.

«Porque tú eres una princesa muy querida y yo soy una Reina»

«¿Realmente es eso importante?»

«Sí, Ma, es importante porque algún día alguien escribirá nuestra historia»

«Por supuesto» suspiró la rubia intercambiando una mirada con la morena antes de comenzar a tachar por iniciativa propia algunos nombres de la lista «¿William entra en vuestros criterios?» preguntó con hastío

«Me gusta mucho» declaró Regina sonriendo ampliamente mientras que Henry se conformó con un asentimiento de aprobación.

«¡Vamos progresando!» Emma rodeó varias veces el nombre antes de darle un mordisco a su hamburguesa.

El timbre de la puerta sonó y la pequeña familia pudo ver a Snow y a David entrar dados de la mano.

«¡Buenos días!» la pequeña morena dio un beso a su hija antes de sentarse a su lado, mientras que David cogió una silla y se sentó en el extremo de la mesa

«¡Os lo ruego, sentaos!» dijo sarcásticamente la Reina revirando los ojos.

«¿Qué hacéis?» preguntó Snow ignorando a Regina

«Almorzamos» respondió Emma lanzando una mirada de excusa a la morena «Lo hacemos todos los miércoles ya que Henry termina las clases antes»

«¡Es genial!» exclamó David mientras que Snow echó un ojo a la lista de su hija

«¿Estáis buscando nombres?» preguntó antes de continuar «Precisamente David y yo veíamos hace unos días unos dibujos animados, y pensamos que…»

«¡Abuela!» la interrumpió Henry, los ojos desorbitados y algo de pánico en su voz

Todos los adultos alrededor de la mesa se quedaron mirando con incomprensión al muchacho y este continuó más calmadamente

«Es solo que vosotras habíais dicho que solo los tres elegiríamos el nombre» se justificó él mirando a sus madres.

«Por supuesto, cariño, pero no es una razón para ser maleducado» Regina frunció el ceño, sorprendida del comportamiento de su hijo «Tu abuela tiene, desgraciadamente, también el derecho a expresarse»

«Sí, pero…»

«Henry, basta» lo cortó Emma frunciendo también el ceño «Te escuchamos» dijo girándose hacia su madre

Snow, herida por la actitud de su nieto, volvió a hablar con un velo de tristeza en su voz

«Vimos Frozen la semana pasada y pensamos que Elsa es magnífico»

«¡He intentado prevenirte!» dijo el muchacho a Emma sacudiendo la cabeza

«Pero, Henry, ¿qué te…» David se interrumpió al ver que Regina comenzaba a llorar a su lado.

«Ruego que me disculpéis» la Reina se levantó rápidamente y se dirigió hacia el servicio.

Henry suspiró ruidosamente mirando a su madre y Emma exclamó.

«¡Podrías haber sido más explícito!» ella inspiró profundamente antes de levantarse e ir detrás de la morena.

«¿Qué acaba de pasar?» preguntó David, perdido, a su nieto

«Cuando me dijisteis que Frozen estaba genial, quise verla en casa» explicó Henry, ligeramente preocupado «Y mamá prácticamente estuvo llorando desde el principio hasta el fin» suspiró revirando los ojos «De un tiempo a esta parte está super sensible y extrañamente lunática»


«Eh…» Emma puso su mano en la espalda de la morena. Esta estaba apoyada contra el borde del lavabo, de cara al espejo «¿Estás bien?»

«Sí» Se giró hacia la joven pasándose una mano por el pelo «Sé que es ridículo»

La rubia sonrió ligeramente y enjugó las lágrimas de la Reina «No es ridículo. Tienes derecho a sentir estas cosas, no debes avergonzarte»

Regina sonrió y agarró suavemente la mano que Emma había dejado en su mejilla.

«Nunca he sentido vergüenza de lo que siento»

Ante la mirada que le lanzaba la morena, la joven comprendió que sus palabras podían tener doble sentido y sonrió moviendo la cabeza.

«Das la vuelta a todo en tu favor, ¿eh?»

Regina se conformó con encogerse de hombros y atrajo a la rubia hacia ella tirándole ligeramente de su cuello mientras se mordía el labio y arqueaba una ceja.

Emma estaba hipnotizada por los labios de la Reina. Desde el último beso que se habían dado, no había dejado de pensar en ello y de preguntarse cuándo tendría la ocasión de volverlos a degustar de nuevo. Suavemente, cerró el espacio que las separaba y comenzó, por primera vez, un tierno beso para el gran placer de Regina que no pudo contener un gemido.

Se separaron al cabo de unos segundos, pero la Reina mantuvo su frente apoyada en la de la joven deseando aprovechar al máximo ese momento que su salvadora le otorgaba.

«¿Te sientes lista para volver?» murmuró Emma pasando su mano por los cabellos de la morena

«Voy a volver antes a casa con Henry»

«Ok, ¿quieres que vaya?» preguntó ligeramente inquieta

«No, voy a trabajar en el despacho» depositó un leve beso en los labios de la rubia antes de separarse completamente y salir del baño.


Viernes 16:00. Comisaria de Storybrooke

Emma intentaba meter orden en sus expedientes cuando Killian y Henry entraron en el despacho riendo.

«¡Hola, Ma!» exclamó Henry antes de darle un abrazo

«¡Hola, muchacho!» Alzó la cabeza hacia el pirata y le sonrió «Gracias por haberlo recogido en el colegio; se supone que debo entregar este maldito informe en tres días y no consigo poner orden en estos expedientes» suspiró ella echando una ojeada a las hojas desperdigadas por todos lados en la estancia.

«Es un placer, amor» respondió Killian con sonrisa seductora

«Hubiera podido volver solo» murmuró Henry revirando los ojos

«Estoy segura de que tu madre se pondría contenta» dijo sarcásticamente Emma «Ya pierde los nervios por cualquier cosa estos últimos días, mejor no añadir nada más»

«Hmm…» el muchacho asintió haciendo una ligera mueca «Hook nos propone dar una vuelta en su barco el domingo, ¿crees que le gustara?»

Emma volvió a levantar la cabeza hacia el pirata; este se pasaba nerviosamente una mano por su pelo y parecía incómodo.

«De hecho, no pensaba que, euh…» no conseguía imaginar la posibilidad de que la Reina pudiera unirse a ellos y no sabía cómo hacer para salir de esa «Yo más bien había pensado…»

«Ella lo odiaría» lo cortó Emma con una sonrisa divertida antes de girarse a su hijo «Ya sabes, ella no guarda un muy buen recuerdo de nuestra última excursión en ese barco»

«Una pena» suspiró Henry, un poco desilusionado

«Pero podemos dar ese paseo los tres» prepuso Killian aprovechando la ocasión

«No lo sé» resopló Emma mordiéndose nerviosamente el labio «Tengo mucho trabajo y…» Regina me mataría, pensó ella poniendo los ojos en blanco.

«¿Puedo por lo menos ir yo?» preguntó el muchacho poniendo sus mejores ojos de cachorrito abandonado a su madre.

«Oh, pero…» El pirata tampoco había previsto eso, la situación se le escapaba de las manos

«No lo sé Henry, debo hablar antes con Regina» respondió Emma ignorando a Hook

«¿Hablarme de qué?» la Reina acababa de entrar en la comisaria. Besó a su hijo en la frente y dejó un chocolate caliente delante de la sheriff sin dirigirle la menor mirada al pirata.

«¡Killian me propone dar un paseo en su barco el domingo!» explicó Henry con entusiasmo arreglando la verdad bajo la mirada divertida de Emma «¿Me dejarías?»

La morena miró sucesivamente a la joven, y después al pirata antes de responderle a su hijo

«Creo que podría ser, cariño, pero esta noche lo hablamos» Echó un vistazo a la pila de expedientes dejados en cada superficie del despacho y sacudió la cabeza «¿Estás listo para irnos? Tu madre tiene aún mucho trabajo»

Emma suspiró ruidosamente antes de apoyar su frente en la mesa gruñendo mientras que Henry se echó a reír.

Una vez que los dos morenos se hubieron ido, Killian se arrodilló delante de la joven y posó su mano en su muslo.

«Amor, háblame» Ella le dedicó una mirada llena de incomprensión y él, suspirando, continuó «Estás distante desde hace algunos meses. ¡Desde que te mudaste con la Reina de hecho! Pensaba que había algo entre nosotros, pero no dejas de ignorarme»

Su mirada cargada de tristeza encogió el corazón de la rubia. Ella movió lentamente su cabeza y puso una mano en su mejilla

«Lo siento Killian, pero no estoy enamorada de ti. En Neverland, estaba aterrorizada ante la idea de perder a Henry y tú acababas de salvar a mi padre, pero…» resopló no sabiendo cómo poner en palabras lo que sentía, pero continuó, vacilante «Tú y yo, era algo nuevo, excitante, pero nada más. Y yo no puedo empezar una relación contigo si no tengo sentimientos por ti, ¿comprendes?»

«Es por Neal, ¿no?» respondió el pirata alzándose y comenzando a caminar de un lado a otro «Te culpabilizas porque estás conmigo cuando él está muerto, ¿es eso? Yo también lo echo de menos, pero es necesario que pases a…»

«Hook» le cortó secamente Emma lanzándole una oscura mirada «Sal de aquí, tengo trabajo»


Domingo. 01:13 de la madrugada. Habitación de Regina Mills

La morena resopló ruidosamente apoyando sus dos manos en su vientre despertando a la joven echada a su lado.

«¿Qué ocurre?» murmuró Emma sin abrir los ojos

«¡TU bebé no deja de moverse!» dijo molesta la morena echándole una ojeada a la hora

Emma sonrió ligeramente, se acercó a la joven y colocó su cabeza en el vientre de esta separando las sábanas.

Había tomado la costumbre de hablarle regularmente al bebé desde que había comenzado a moverse. La Reina hacía como si encontrara esa actitud ridícula, pero la verdad era que lo encontraba absolutamente encantador.

«¡Eh, ratoncito!» susurró la rubia «Tienes que parar de moverte, si no mamá va a matar a gente mañana en el trabajo»

El bebé dio un golpe más fuerte y Emma depositó un leve beso en el vientre de la morena antes de alzar la cabeza.

«¿Puedo hacer algo para ayudarte?» preguntó ella a la Reina

Regina, a su pesar, fue presa de una fulgurante ola de calor. La cabeza de la rubia prácticamente entre sus muslos, junto con su pregunta y sus hormonas descontroladas, le hacía perder el control.

«Voy a tomar un baño» declaró con voz ligeramente temblorosa

Emma había percibido la turbación de la morena y decidió divertirse un poco. Sin mover la cabeza, posó sus manos en las piernas de la morena y las subió lentamente, acariciándole de esa forma el interior de los muslos antes de colocarlas en sus caderas.

Sintió a la Reina temblar y se deslizó lentamente sobre su cuerpo hasta encontrarse cara a cara.

«Disfrútelo, señora Alcaldesa» murmuró Emma antes de depositar un beso en la frente de la morena.