Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. La historia le pertenece a AngstGoddess003. Y está siendo traducida por varias personas en el Blog de A.P.
Capítulo 14: Seductoras Victoriosas de Vainilla.
Traducido por: Ioreth y Lucía.
*Edward*
Cuando Jazz consiguió escupir el trozo de galleta de su esófago, me miró boquiabierto. Jodidamente boquiabierto. Por eso precisamente es por lo qué no le había dicho una mierda. Y como conocía a Jazz muy bien, sabía que no le diría nada a Brandon, pero no podía quedarme allí sentado viendo como me miraba puñeteramente alucinado. Así que me levanté.
Brandon ni siquiera de daba cuenta de todo lo que sucedía a su alrededor. Estaba demasiado nerviosa para siquiera mantener una respiración calmada, así que me fui. Salí y dejé a Jazz allí, rezando para que Brandon se quedara con él el tiempo suficiente para prepararme para la maldita conversación que íbamos a tener.
=:=
Debatí conmigo mismo en Biología sobre si debía decirle a Bella lo que estaba pasando. No encontré ninguna razón por la que debería o no hacerlo, y cuando sonó el timbre todavía no había llegado a ninguna conclusión, por lo que la dejé salir sin más. Pensé que podría contarle toda la jodida historia por la noche, cuando estuviésemos solos.
Como Jazz sabía cuál era mi última clase, estaba allí de pie junto a la puerta, esperándome para la mierda. Y la mirada de pura curiosidad en su rostro cuando me vio caminando hacia él fue realmente inaceptable. Me hizo sentir incómodo. Podía sentir su escrutinio sobre mí y no me gustaba condenadamente nada. Me acerqué a él, manteniendo la misma máscara de aburrimiento que siempre utilizaba en el jodido instituto. Jazz arqueó una ceja.
—Creo que tenemos que hablar —dijo simplemente. Como si no tuviese otra opción. Casi solté un bufido. Estaba ahí de pie con sus pantalones vaqueros con huecos y camisa desgastada actuando como si le debiera malditamente algo.
Pero yo sabía que tenía razón. Si se tratara de Jazz, él me lo hubiera dicho. Ese pensamiento me hizo sentir como una porquería. Estaba siendo un amigo de mierda. Y tendría que contárselo en algún momento. Cuanto antes mejor. Así que asentí y comencé a caminar hacia el estacionamiento, mientras él me seguía acelerado para mantener mi paso.
Cuando llegamos al auto y nos metimos dentro, el silencio era pesado e incomodo, pero, coño, no iba a ser yo el primero en romperlo. Puse la llave en el contacto y conduje hacia mi casa.
Pude sentir su mirada sobre mí durante todo el camino. Literalmente atravesándome. Sin embargo, no dijo nada. No sé qué diablos estaba esperando. No es como si yo fuera Brandon ni nada parecido. Pero mantuvo la boca cerrada durante todo el camino a mi casa. Aparqué y salí, jodidamente listo para solo entrar en casa, deseando que fueran las diez, y que mi chica me estuviese esperando en el sofá.
Él me siguió dentro de la casa sin decir una palabra. Ni una maldita palabra, solo mirandome fijamente. No había nadie en casa, así que fui al salón y me dejé caer pesadamente sobre el sofá. Jasper se quedó allí delante de mí sin sentarse.
—Bueno... —comenzó lentamente, posando sus ojos en mí—. ¿Qué carajo estás haciendo con la chica loca? —M preguntó. Y esa mierda me cabreó por última vez.
—No. Está. Puñeteramente. Loca —gruñí con los dientes apretados y el ceño fruncido—. Su nombre es Bella —le dije, alegrándome de que finalmente pudiera decirle lo que pensaba desde el primer día. Sus ojos se abrieron, y lució estupefacto. Estaba defendiendo a Bella Swan. Después del shock inicial, se deslizó en la silla más cercana.
—Vale. No está loca. Lo pillo —dijo, mirándome con una jodida disculpa en los ojos. Jazz me conocía lo suficientemente bien para saber que rara vez defendía a la gente—. Entonces, ¿qué está pasando contigo y con Bella? —Hizo hincapié en su nombre cuando lo pronunció, como si se mereciera una puta estrella dorada o alguna mierda así.
Resoplé, lo que probablemente era una pendejera un poco infantil, pero no obstante, lo hice. Porque era una historia condenadamente larga y no había manera de evitar contársela.
—¿Recuerdas la fiesta de mierda a la que no viniste? —Le pregunté derrotado. Jazz frunció el ceño y asintió, así que continué—: Bueno, ella vino con Brandon. —Lució sorprendido al oír esto, por supuesto—. Pero, Newton estaba jodiéndola, así que subió corriendo a esconderse de él, y casualmente, acabo en mi maldita habitación. —Frunció los labios, pensativo. Entonces, asintió para que continuara.
Lancé un profundo suspiro y me hundí en el sofá. Entonces se lo conté todo. Le hablé del primer encuentro, de lo de no dormir. Dejé de lado las partes privadas de Bella. No iba a joder a mi chica así. Su historia era suya y solo ella la podía contar. Jazz lo entendió. Le hablé de la glorieta, y las putas galletas deliciosas que me traía. Le conté como hablábamos porque ambos estábamos arruinados y que solo conectamos. Le hablé del resfriado, y de cómo mi chica se hizo cargo de mí, y le hablé de Acción de Gracias. Y de la noche de Acción de Gracias.
—Espera. —Levantó la mano cuando llegué a la parte en que ella me tocaba—. Entonces, ¿te puede tocar a ti, pero a nadie más? —Me preguntó incrédulo. Se me escapó un suspiro de frustración.
—Sí, correcto. Ahora cállate la puta boca. Guarda las preguntas para el final —le solté. Iba a imaginarse mucha mierda que no era. Podía verlo en su cara.
Así que le conté cómo dormimos juntos toda la noche. Y sí. Por supuesto, su jodida mandíbula tocó el suelo, porque lo estaba entendiendo todo mal. Pero seguí adelante. Le conté que seguíamos haciéndolo. Las cenas. Los abrazos. Me reservé algunas cosas. La canción, por ejemplo, ni de coña iba a contarle eso. No hablé de los pijamas también tratando con toda mi alma de hacer que las cosas parecieran mucho menos íntimas de lo que realmente eran.
Al final de toda la historia, él estaba de nuevo con la maldita boca abierta. Así que me senté, esperando a que lo asimilara todo.
—Entonces. —Se aclaró la garganta, se levantó y empezó a caminar inspeccionando los cuadros de las paredes de la sala de estar, con los pulgares enterrados en su cinturón—. Déjame ver si lo he entendido... —Frunció el ceño y ladeó la cabeza a un lado—. Bella Swan y tú están durmiendo juntos. —Asentí. Era cierto—. ¿Pero no están... durmiendo juntos?
Entrecerré los ojos.
—Por eso vas a mantener la puta boca cerrada. Sabes Jazz, contrariamente a la creencia popular; es posible tener una mujer en tu cama sin follártela —escupí. Porque lo veía venir.
Me miró con escepticismo, pero al final lo dio por aceptado. Solo dormir. No le hablé del beso. No había razón para alimentar la hoguera.
—Brandon... —se calló, volviéndose hacia mí, mirándome cauteloso—. Te matará —dijo simplemente. Como si fuera un hecho. Y probablemente lo fuera.
—Sí, no me digas…. —me burlé—. Es por eso que vas a mantener la boca cerrada también. —Le elevé las cejas. Sabía que lo haría, pero tenía que pronunciar las palabras en voz alta de todos modos. Él asintió y se dejó caer de nuevo en la silla.
Nos quedamos en silencio un rato. Toda la casa estaba en silencio. Emmett probablemente ya había salido de clase, pero tenía entrenamiento así que no llegaría a casa hasta la misma hora que Carlisle.
—¿Puedo conocerla? —Preguntó Jazz desde su silla. Elevé la cabeza para encontrarme con su mirada.
—Ni de coña —le dije con la mayor calma posible. Mi chica no era una jodida novedad para investigar. Él arqueó una ceja.
—¿Por qué no? —Preguntó. Porque eres un pendejo.
Lancé un profundo suspiro y me dejé caer aún más en el sofá, apoyando una de mis botas sobre la mesa delante de mí.
—Porque, ya te lo dije para la mierda, a ella no le gustan los chicos. —Entonces, después de una pausa seguí—: Y porque eres un pendejo. —Me sonrió. Porque lo era. Y porque él lo sabía. Trató de lucir todo ofendido, pero ambos sabíamos que era verdad.
Estuvimos en silencio durante un rato, cuando me acordé de algo importante.
—¿Qué pasó con Brandon? —Le pregunté, realmente curioso. Estaba rezando para que hubiesen acabado en el armario del conserje destrozándose el uno al otro durante la hora de la comida. Brandon no me parecía exactamente del tipo reprimido. Jazz puso su endemoniada sonrisa boba.
—Va a venir a la fiesta. —Sonrío. Entorné los ojos, porque, joder, por supuesto que Brandon iba a venir a la fiesta. Luego inclinó la cabeza y frunció los labios—. Ella me dijo que su prima iba a venir también —me contó con una ceja levantada. Bufé.
—Probablemente acabará pasándose la noche completa escondida en mi puta habitación. —Le sonreí sacudiendo la cabeza. Mi chica no era de las que le gustaran las fiestas. Jazz lució bastante sorprendido por lo casual que me parecía tener a una chica esperándome en mi habitación por la noche. Y por ello tuve que poner mis ojos en blanco, porque nadie iba a entender nunca que no tenía nada que ver con eso.
Sí, tuvimos un gran beso. No estaba mintiendo cuando le dije que era mejor que Stanley. Me gustó. Posiblemente más de lo que debería. Definitivamente más de lo que debería. Era más importante que nunca mantener el maldito interruptor apagado porque sería demasiado fácil joderlo todo. Ella había soportado más mierda en el último año de lo que nadie debería soportar en toda la vida. Era frágil. Sensible.
En cierto modo era muy maternal; cuidando de mí todo el tiempo. Pero en muchas otras cosas mi chica era como una niña muy pérdida. Yo no podría soportar ser ese bastardo. Arriesgarme a querer tratar a mi chica de la misma manera que bastardos como Newton lo hacían. Y sería tan jodidamente fácil de hacer con su cuerpo pequeño y cálido apretado contra el mío cada noche. Pero yo era donde ella se sentía a salvo de bastardos como esos. De ninguna manera me permitiría que ella perdiese esa seguridad. Sabía que el maldito interruptor era lo único que me impedía actuar como el hijo de puta adolescente hormonal que era, y perderlo todo. Y no podía perder la rutina. No podía perder a mi chica.
*Bella*
Lo había hecho. Jasper de verdad había hablado con Alice. Ahora yo estaba encerrada en su habitación escuchando a mil por hora todos los detalles de la conversación.
—El cabello... —Suspiraba soñadora mientras estaba en el suelo contra la puerta de su dormitorio. Había entrado, la había cerrado y apoyado contra ella, y no se había movido durante toda una hora. Tenía una expresión de victoria en la cara desde la comida—. Era como... —Murmuró con una amplia sonrisa en su rostro—. No. —Sacudió la cabeza, moviendo su cabello de punta negro—. No hay palabras. No hay palabras para ese pelo. —Se rió. Me reí también mientras yacía en su cama, porque sabía exactamente cómo se sentía—. ¡Oh! —Gritó, aplaudiendo con las manos—. Y a él le encantaron tus galletas. —Me guiñó el ojo y se frotó las manos—. Eran más o menos mi arma secreta. —Se rio.
Me reí de ella, porque también habían sido mi arma secreta. Claro que yo no tenía pantalones de cuero negro. Lanzó otro suspiro y apoyó la cabeza contra la puerta, cerrando los ojos, y sin dejar de sonreír como una idiota.
—Dos días más —dijo con un gesto victorioso, luego levantó la cabeza y me miró con una expresión confiada—. Dos días más... y Jasper Hale será mío. —Sonrió. Y yo me reí de ella, porque, no lo sabía aún, pero él ya lo era.
=:=
Había estado ligeramente preocupada durante todo el día por el sueño de Edward de la noche anterior. Era la primera vez que alguno de los dos soñaba en todo el tiempo que llevábamos durmiendo juntos. Y, honestamente, me daba miedo. Porque si las pesadillas volvían, yo sería inútil. Aún podría llevarle comida y hablar con él, y me quedaría despierta con él toda la noche si me dejaba solo para hacerle compañía, pero no podía perder lo único que tenía sobre las demás. La capacidad para hacerlo dormir. Era lo único que me destacaba sobre el resto.
Así que mientras guardaba su cena de esa noche y me preparaba para salir, pensé sobre si debía o no tocar el tema. Cuando se trataba de Edward, ya he vivido en la tierra de negación lo suficiente como para agregar algo más a la lista.
Edward parecía diferente esa noche cuando llegué a la puerta. Y yo estaba asustada porque empecé a pensar que su sueño fue peor de lo que yo creía. Pero lo que dijo mientras apartaba la capucha de mi cabeza me impactó.
—Jazz lo sabe todo —murmuró, y luego se sentó en la cama de un salto, contándome toda la conversación que había tenido con Jasper esa tarde. Me quedé aturdida, una parte de mí estaba feliz de que alguien más lo supiera, y la otra parte estaba asustada porque Edward no lo estuviese.
Comencé a descargar su comida, mirándole con recelo, preguntándome si eso cambiaba en algo las cosas, y rezando para que no lo hiciera. No parecía más distante de lo que lo solía ser.
—No te preocupes, Jazz mantendrá la jodida boca cerrada. Nadie lo sabrá. —Edward se encogió de hombros después de que me sentara en el sofá.
Yo le fruncí el ceño. Supongo que una parte de mí tenía la esperanza de que todo se supiera, y que no tuviéramos que escondernos más. ¿Sería realmente tan malo? Hice una mueca y dejé caer la cabeza hacia abajo. Edward suspiró profundamente y se pasó los dedos por su cabello con la mirada fija en su plato.
—Joder Bella, no me mires así. —Suspiró, y luego levantó la vista para enfrentarse a mis ojos cuando levanté la cabeza—. Demonios, no estoy avergonzado de ti. Solo que no quiero que todo el mundo se llevé la impresión equivocada. —Hundió el tenedor en la boca y comenzó a masticar, mirándome. No sé lo que mi cara reflejaba en ese momento. Tal vez un poco herida. Posiblemente un poco incrédula. Él puso sus ojos en blanco—. ¿Tienes idea de lo que tu prima me haría si se enterara de esto? —Masticó, señalando a la cama que estaba sentado. Me estremecí. Porque pensar en todos los chillidos que Alice daría cuando supiera que estaba durmiendo con Edward Cullen cada noche era terrorífico. Se rio entre dientes—. ¿Ves? —Preguntó, tragando su comida con una sonrisa—. Me cortaría mis malditas pelotas. —Se rio. Me estremecí de nuevo porque era más que probable que esa fuera exactamente su reacción. Nunca creería que él no estaba aprovechándose de mí de una forma que no tenía nada que ver con dormir. No que él alguna vez lo hiciera. Me recordó mi mente con amargura. Me abofeteé mentalmente a mí misma por la amargura. Coge lo que te pueda ofrecer, Bella.
Asentí hacia Edward en compresión, y lo observé comer el resto de su cena en silencio, puse los auriculares del iPod en mis oídos mientras escuchaba sus habituales gemidos y suspiros. Cuando terminó, colocó los cacharros en su sitio y me dijo que la comida estaba muy buena, lo que me hizo sonreír. Luego sacó su cuaderno y empezó a dibujar, así que me acerqué a la biblioteca para coger el libro que estaba leyendo, tumbándome en el sofá. Nos quedamos en silencio durante un largo rato, simplemente disfrutando de la presencia del otro como siempre.
—Mierda. —La maldición en voz baja de Edward me distrajo—. Toma —murmuró, inclinándose sobre su mesita al lado de la cama para coger algo, con su cuaderno todavía en el regazo. Deslizó algo de encima de la mesa a su palma—. Antes que se me olvide —agregó volviéndose hacia mí.
Extendió su mano sobre el colchón y yo fruncí las cejas, cerré mi libro y bajé del sofá. Me acerqué a la cama para inspeccionar el contenido de la palma de su mano. Una llave. Levanté una ceja inquisitivamente.
—De la habitación. —Se encogió de hombros, sujetándola para que la cogiera. Poco a poco, levanté la mano y tomé la llave de la suya, mirándolo con una expresión confusa. ¿Edward me daba la llave de su habitación? Sonreí un poco a mi pesar, y arqueé una ceja, preguntándole silenciosamente para qué la necesitaba. Entornó los ojos—. ¿Supongo que Brandon te arrastrará con ella a la fiesta del viernes? —Alzó las cejas. Yo asentí con una mueca. Ya había dicho que sí, antes de todo lo de Jasper, y ella nunca me dejaría echarme para atrás—. Y supongo que no quieres quedarte ahí abajo con todos esos jodidos borrachos. —Asentí de nuevo. Había planeado subir a la habitación de Edward para leer y hablar con él. Igual que en la última fiesta. Volví a sonreír sin poder evitarlo—. Vale, es que cerraré la habitación. Estaré un rato abajo con Jazz mientras él esté aquí. —Continuó dibujando. Mi sonrisa se convirtió en un ceño fruncido.
—¿Vas a ir a la fiesta? —Le pregunté en voz baja, todavía de pie delante de su cama manteniendo apretada la llave. Levantó la vista de su dibujo con una expresión prudente y asintió hacia mí una vez. Me mordí el labio y miré hacia abajo a la llave. Estaba un poco decepcionada porque no iba a pasar la fiesta con Edward, pero después de mirar la llave por un momento, me di cuenta de que iba a estar allí esperándolo cuando Jasper se fuera. No podía molestarme porque quisiera pasar tiempo con su amigo. Cerré el puño alrededor de la llave y la guardé en el bolsillo, mirando hacia arriba y dándole a Edward una sonrisa para demostrarle que estaba de acuerdo. Él me devolvió una sonrisa de medio lado y siguió dibujando.
Nos preparamos para la cama no mucho después de eso. Poniéndonos los pijamas y deslizándonos cómodamente debajo de las mantas.
Cuando la luz estuvo apagada, se volvió hacia mí y me envolvió en sus brazos protectoramente con un suspiro. Le devolví el gesto, apoyando la cabeza sobre el pecho y levantando el brazo hasta acariciar su cabello como siempre. Empecé a tararear en silencio, rezando para que no hubiera más pesadillas esa noche, mientras él aumentaba la presión sobre mi cintura.
Fue la primera mañana en la que me alegré de despertarme con la alarma del despertador. Me alegró que me despertara su sonido y no Edward. No tuvo pesadillas anoche. Sonreí contra su pecho y le di mi apretón de costumbre. Ayer me apretó la espalda como respuesta, pero esta mañana se apartó con un gemido como siempre.
Se me escapó un bostezo y salí de la cama mientras él buscaba a tientas el reloj. Soñolienta caminé a través de la oscuridad hacia el sofá para coger mi bolsa, y me metí en el cuarto de baño. Encendí la luz y gemí deslumbrada, entrecerrando los ojos y mirando mi reflejo en el espejo. Mi cabello era un desastre.
Empecé a quitarme mi pijama, que siempre olía a Edward por las mañanas. Lo doblé cuidadosamente y lo metí en mi bolsa, sacando la ropa del día y la sudadera para ponérmelos. Me paré frente al espejo por un momento, haciendo muecas al cabello que llevaba antes de recogerlo en una coleta para lavar mi cara. Cuando terminé, metí la mano en mi bolso y busqué mi cepillo de dientes, atacando el aliento matutino con ganas. Mientras me cepillaba, le eché un vistazo al vaso con el cepillo de dientes de Edward. Tenía un cepillo de dientes de color verde. Seguí el cepillado, inclinando la cabeza hacia el cepillo que estaba allí en el vaso totalmente solo.
Escupí en el fregadero y me enjuagué la boca antes de dejar el agua caer sobre mi cepillo. Fui a ponerlo de nuevo en mi bolsa, como siempre, pero me detuve. Lentamente, me enderecé y miré el vaso de los cepillos. Lo miré y al cepillo de dientes en mi mano, un par de veces. Vacilante, levanté el cepillo y lo metí en el agujero al lado del de Edward.
Me aparté y giré la cabeza hacia el lado mirando con curiosidad, mordiéndome el labio. Es decir, es solo por comodidad. Nunca me lavo los dientes en casa. Lo hago en casa de Edward cada noche y cada mañana. Es lógico que lo deje aquí. Hice caso omiso de la voz en mi cabeza que me gritaba que lo hacía para dejar alguna cosa mía en la habitación. Por lo general tendría cuidado de no dejar nada, empaquetándolo todo y comprobándolo un par de veces. Pero iba a dejar el cepillo de dientes. Quedaba bien justo al lado del de Edward. Verde y azul.
Con un guiño y una sonrisa de triunfo al vaso de los cepillos, regresé a la habitación de Edward y guardé el resto de mis cosas. Sabía que él aún estaba despierto porque estaba pasándose los dedos por el cabello como siempre. Pero tenía los ojos cerrados. Me puse la capucha y me colgué la bolsa en la espalda, busqué la bolsa de galletas que había hecho la noche anterior y las deposité en su mesita al lado de la cama. Seductoras Victoriosas de Vainilla. Hechas en honor a Alice y a sus pantalones de cuero. A ella le iban a encantar.
Le lancé una sonrisa y un saludo con la mano a un Edward somnoliento, que aún estaba envuelto en las mantas, y salí por la puerta. Sintiéndome un poco victoriosa también.
Muchas gracias por los reviews y alertas.
Muchas gracias a Ioreth y Lucía por traducir este capítulo.
¡Hoy nos sentimos bastante victoriosas! Y la Bella super osada. Esperemos la reacción de Edward a su pequeño "olvido".
Nos leemos en el siguiente (El Viernes). Si les gustó o no, dejen reviews. El adelanto lo enviaré en los reply de reviews.
