Hola. ¡Gracias por sus reviews!
chreisthewolf07: sí, yo también al principio no entendía. Medio raro lo del disparo.
Yuna-Tidus-Love: sí, voy a hacer un fic de Warped aunque no sé bien cómo lo voy a hacer.
KICOLOVERS239: gracias. Acá va esa pelea.
Siletek: pero puse que las wumpas no le hacían nada; N. Gin fue destruyendo su nave solito.
rafex360: sí, pobre Crash. ¿Otro fic? ¡Qué bueno! Que se sumen más fics para Crash.
Gracias por leer ^_^
Capítulo catorce: La Tierra en peligro
Crash Bandicoot, Aku Aku y Polar se dirigían hacia una posible salida o a encontrarse con el doctor Cortex; no lo sabían con exactitud. Ellos estaban cansados y adoloridos después de enfrentarse con N. Gin y sus peligrosas armas de rayo y de explosión. Por poco, casi no pudieron salir con vida de aquella gran habitación ya sea por los ataques por parte del cyborg o de la explosión final de la nave en la que estaba.
Mientras caminaban con lentitud por el pasillo, el médico brujo puso en práctica sus habilidades y fue curando de a poco a los chicos. Como los poderes del ser de madera estaban algo debilitados, luego de hacer aparecer tantas frutas wumpas, el alivio no fue completo. Aun así, el bandicut y el oso se sintieron un poco mejor. Recorrieron el lugar hasta que se encontraron con una puerta que luego notaron que era automática…
Por otro lado, el experto en robótica se dirigía a su habitación para recuperarse también por el gran daño a su nave que quedó hecho trizas. Al final estuvo pensando que era buena idea haberle colocado aquel botón de autodestrucción, sino no sabría cuál era el resultado de esa pelea. Además, también pensaba en lo que le iba a decir a Cortex como excusa por haber perdido; sólo esperaba a que nada malo ocurriera.
Esa nave, en la que él había trabajado por un tiempo no significó un total desperdicio: cumplió su misión y, además, se podría reconstruir a la brevedad o incluso uno mejor. Mientras que el cyborg ideaba su nuevo proyecto, sus sensores indicaron que había alguien cerca, precisamente se trataba del líder del N Team. Así que trató de verse algo decaído y con cierto temor cuando tuviera frente a frente a ese científico. Luego de que la puerta corrediza le permitió el paso, a unos cuantos pasos se encontraba Neo, esperándolo con una cara de disgusto.
—Admito que has estado muy cerca de acabar con ese marsupial, pero… —comenzó diciendo tranquilamente hasta que se detuvo, manteniendo el suspenso—. ¡No pudiste! ¡Eres un completo inútil! ¿Cómo puede ser que ese te ha ganado? ¡Debería sacarte del N Team! No creas que no puedo…
El resto del mensaje le pareció inentendible ya que, por alguna extraña razón, Neo hablaba a la velocidad de un rayo así como sus gestos que hacía al hablar. Siguió así hasta que se detuvo para volver a respirar y, luego se lo veía algo confundido, como si no supiera qué le había pasado para actuar de esa manera.
—Lo lamento, doctor Cortex. Es que… nunca supe que Crash me atacaría con frutas.
—Sí, puede ser… —dijo con un tono como si esa respuesta no le importara—. Bueno, sólo espero que no vuelva a ocurrir. ¿Entendido?
—Está bien, pero eso quiere decir que…
—Sí, no voy a sacarte del grupo ya que comprendí de que si quieres que se haga algo bien, debes hacerlo tú mismo. Ahora es mi turno para sacarle los cristales a ese torpe marsupial.
—¿De verdad? ¿Qué es lo que hará, doctor?
—No hay tiempo para esto —expresó de mala gana y le dio la espalda a su colega asistente—. Primero quiero enviarle un mensaje a ese bicho anaranjado.
Fue así que ambos doctores fueron para buscar la notebook del cyborg y, mientras que este último preparaba la comunicación, también envió un mail a cierta persona para que intervenga. Neo, por su parte, esperaba a que su colega terminara, poniendo como siempre una cara no muy amigable. Mediante una webcam, la imagen del científico aparecería en cada pantalla para que su enemigo lo viera.
Mientras tanto, los animales y la máscara flotante dieron unos pasos con desconfianza dentro de aquel nuevo lugar y observaron que había muchas pantallas y consolas por doquier. Esa sala apenas estaba iluminada, dándole un aspecto algo aterrador. De todas formas, los tres acercaron al centro de la habitación para centrar su atención en los monitores. A ellos le resultaba muy familiar aquellas imágenes y se dieron cuenta de que por en todo el camino que habían pasado para buscar los cristales, ellos estaban siendo observados.
Eso les dio a cada uno de ellos una sensación extraña, como si fueran un objeto de estudio o quién sabe pero, algo ocupó su atención al aparecer en cada pantalla el rostro del científico de piel amarillenta, quien se reía siniestramente.
—¡Sí! Mi plan está casi llegando a su fin y debo agradecértelo a ti, Crash Bandicoot —luego de esto, la imagen comenzó a descomponerse—. ¿N. Gin? ¿Qué pasa? ¿Qué es eso? ¿Cómo que alguien está robando nuestra señal?
El rostro del doctor desapareció pero en su lugar apareció uno muy familiar: era Coco.
—Crash: Cortex no va a usar los cristales para contener la energía del planeta. Va a aprovechar la fuerza para cargar la energía del Súper Cortex Vortex de la estación espacial. Una sola explosión bastará para convertirnos en los esclavos idiotizados de Cortex. Crash: no le entregues los cristales… —y volvió a desvanecerse la imagen, reapareciendo la del científico, totalmente enfurecido.
—¡N. Gin, idiota! No ves que ella se lo está contando todo… —gritó luego notó que podía continuar con su mensaje—. Ah, sí… Ya estamos de vuelta… Disculpa la interrupción… ¡Crash: tráeme los cristales! Sigue aquella puerta y me encontrarás.
Allí terminó el mensaje y dejaron muchos interrogantes en ellos tres. La chica bandicut jamás les mentiría así que no podían confiar en ese hombre. Pero aún no sabían si ir o no hacia aquel lugar indicado ya que podía ser una trampa. No sabían si eso era cierto y la única manera de saberlo era ir hacia allá. A pesar de las protestas de los chicos por buscar una salida y así evitar la posible trampa, el ser mágico fue quien los convenció de averiguar qué es lo que tramaba.
"Está bien, Aku Aku", decidió el bandicut no muy convencido por todo esto. "Pero de ninguna manera quiero que le des los cristales. No importa lo que me pase, ¿sí?"
—Pero… —se detuvo a pensar pero el mutante ya estaba decidido—. De acuerdo, Crash...
"Sólo espero que todo salga bien", pensó Polar algo triste ya que sentía que algo muy importante podía pasar, algo peligroso, como un momento de definición.
Con algo de temor, los tres comenzaron a caminar lentamente hacia esa dirección indicada, estando atentos ante cualquier movimiento sospechoso…
Por otro lado, en algún lugar de la estación espacial, había cierto científico enfurecido a más no poder. No sabía cómo esa chica lo sabía todo, cómo fue que se comunicaba tan fácilmente, y por qué, de alguna manera, pensaba que N. Gin tenía algo que ver con esto, por la manera que reaccionó la primera vez que se dio a conocer el contraataque. Por ello, todas esas preguntas fueron dirigidas con furia al joven de cabello anaranjado.
—No lo sé, doctor Cortex —contestó luego de lluvia de preguntas y comentarios acusantes—. Ella es muy lista. Pero no todo está arruinado: Crash aún no sabe la verdad y se está encaminando hacia el lugar donde le dijo. Todavía se puede seguir adelante.
—¡No digas nada! Por suerte tengo un plan —y se fue alejando del científico del misil en la cabeza—. Pronto acabaré con todo este asunto pero si algo sale mal, voy a ponerte como el responsable ya que si tú no la hubieras liberado, ella no le contaría nada.
En cuanto a N. Gin, él no le había afectado esa amenaza; ya se le ocurriría una buena defensa y ya estaba pensando en algo. De todos modos, lo que le importaba era que el mundo continuara siendo el mismo, aunque bien le hacían falta unos cambios. Mientras que él esperaba a que Cortex se perdiera de su vista, comenzó a prepararse para lo que venía: empacó sus cosas, envió a sus androides a la Tierra, y trató de salvar algunos objetos porque lo que se acercaba era lo que habían acordado con el doctor Nitrus Brio hace tiempo.
El cyborg también avisó a dicho doctor que el momento se estaba aproximando con lo que debía estar atento a los movimientos en la estación espacial, esperando a que el marsupial siga con su buena suerte y lograra vencer a Neo y a su plan misterioso. Él no sabía cómo iba a terminar todo esto y, siguiendo al líder del N Team con las cámaras de vigilancia, vio cómo de a poco llevaba a cabo su idea.
Luego de que una puerta corrediza les permitiera ver el nuevo pasillo, Crash, Aku Aku y Polar observaron también que al otro extremo del camino estaba el científico amarillento, quien traía puesto un jet pack y en una mano tenía su arma de rayo. Ellos tres desconocían la razón de ello hasta que aquel hombre comenzó a hablar con fastidio en su voz.
—Bien, bandicut y sus amigos, quiero que por las buenas me entregues los cristales y, a cambio, te enviaré a tu hogar.
Por un lado, la propuesta parecía buena: lo único que querían ellos era salir de ese lugar y volver a la tranquilidad pero, por otro lado, estaba esa advertencia que había dicho la anaranjada. No lo dudaron ni un momento y el médico brujo se encargó de hablar por Crash.
—De ninguna manera te los daremos.
—Ya sabía que dirían eso… Por eso tendrá que ser a las malas. Haremos esto: si no logras detenerme antes de que llegue al portal, me tendrás que dar los cristales y es mi última oferta —y con eso, la puerta metálica se abrió, dejándole el paso a Cortex, quien se alejó a toda velocidad—. ¡Vamos, Crash! ¡No tienes otra opción!
Con rapidez, el marsupial logró ver un jet pack colgado en la pared, así que lo tomó y comenzó a seguirlo. Su guardián iba tras él pero ese no fue el caso del osezno Polar, ya que no sería de mucha ayuda. El blanquecino vio cómo su amigo se perdía de su vista y más aún cuando la puerta se cerró para mantener la gravedad en ese lugar. ¿Qué podía hacer? Él no tenía otra alternativa que esperarlo y desear a que puedan mantener en su poder aquellas piedras rosadas.
Polar suspiró de tristeza y se echó al suelo, sin embargo, un ruido extraño llamó su atención. Aquel sonido lo provocó alguien que conocía… Trató de seguirlo sin hacer ningún ruido ya que aún se acordaba de ese golpe en la cabeza. Solamente lo persiguió unos pasos ya que aquel se había dado cuenta. El oso comenzó a gruñir y a tomar la posición de defensa, aunque ese científico no estaba en situación de atacar ya que venía llevando una caja grande.
—Polar… ¿Aún sigues enfadado por lo que pasó? Bueno, no te culpo… ¿Quieres encontrar a Crash? Pues aparecerá al final de ese corredor.
Con pasos con desconfianza, el cuadrúpedo caminó hacia allá sin quitarle la vista a ese cyborg. Alguien bueno entre los malos, eso era muy sospechoso, según Polar. De todas formas, él siguió marchando por ese pasillo estrecho en forma de tubo.
Por otro lado, al evolucionado le pareció fácil aquella propuesta, puesto que ya había dominado manejarse sin gravedad, pero lo que vio adelante fue una serie de obstáculos como minas y rocas que resultaban ser asteroides. A lo lejos se lo veía a Cortex, como si lo estuviera esperando ya que tenía mucha ventaja. Aun así, él trató de seguir adelante, esquivando o abriendo el paso entre aquellos objetos.
—Crash, intenta apresurarte más —aconsejó el hechicero—. Sólo esquívalos.
El anaranjado asintió apenas ya que esto se le hacía muy difícil: su energía estaba desgastada por el duro camino que atravesó al obtener esos cristales y, además, el jet pack le presentaba más dificultad puesto que el tramo que tenía que recorrer era curvo. Le sería más fácil si el camino estuviera en línea recta pero, con el actual, no podía ver con claridad los objetos que se aproximaban.
A pesar de que las minas no hacían un gran daño, estas solamente estaban para impedir el paso. De todas formas, y luego de esforzarse más, Crash casi logró su objetivo, pero Cortex pudo eludirlo. Por esto, este último se alejó aún más, riéndose con malicia.
—Vamos, Crash —animó su guardián—. Tú puedes. Sólo un esfuerzo más.
Luego de un resoplido, el bandicut siguió adelante, y justo cuando se acercaba, una de tantas rocas se movió, colocándose frente a su camino, obligándole a bajar su velocidad. El hombre aprovechó ese momento para alejarse y se quedó quieto en un lugar para esperar a su enemigo. El bandicut observó eso así como también una puerta. ¿Será el portal?, se preguntó y, si era cierto, él tenía muy poco tiempo para capturarlo.
El evolucionado apresuró su marcha ya con algo de fastidio porque quería terminar con todo esto. Aku Aku nunca lo había visto así: tan serio y concentrado; lo que le permitió al chico poder esquivar bien y a toda velocidad a esos obstáculos. Esto también fue percibido por Neo quien se atemorizó al ver que estaba a punto de ser atrapado. Por ello, trató de ir más rápido hacia el portal y considerarse ganador de esta injusta carrera.
El líder del N Team, al concentrarse en llegar a la meta, no se había dado cuenta que su enemigo lo había atrapado, específicamente, sujetó uno de sus pies. Eso fue sorpresivo para él y, lo peor es que no podía liberarse; el bandicut tenía una gran fuerza. Al voltearse y mirar al anaranjado, él veía que estaba enfadado, algo muy diferente a la sonrisa que siempre tenía. Ahora el ex alumno de la academia estaba algo asustado y no sabía que le haría aquel mutante.
—Crash: tú ganas. Suéltame —pidió Cortex tratando de tener el mismo humor de siempre.
Pero el chico de ojos verdes no obedeció. En su lugar, él estuvo pensando y recordando todo lo que le había hecho pasar ese hombre. Los sucesos del año pasado y de este, hicieron que se enfurezca y, en vez de liberarlo así como así, él había optado por otra opción. Sin embargo, la máscara mágica había escuchado todos esos pensamientos.
—No, Crash. Mejor déjalo. Ya ganaste; los cristales nos pertenecen.
Por ese lado, el hechicero tenía razón, así que esto logró tranquilizar al anaranjado y, cuando estuvo a punto de liberarlo, Neo ya tenía un plan B. Sin que Crash se dé cuenta, el amarillento ya tenía en sus manos su arma de rayo, el cual apuntaba a la cabeza del mutante. Este último veía como el arma comenzaba a iluminarse, así que él dio un giro tornado tan fuerte y rápido que hizo que el disparo diera en otro lugar.
—¡No! —gritó el hombre de la marca en la frente mientras que se dirigía velozmente hacia la pared—. ¡Nos volveremos a ver, Crash Bandicoot!
La fuerza en la que fue arrojado fue tan grande que impactó sobre una dura superficie que hizo que su jet pack se dañara. No sólo aquella máquina se había golpeado, sino también su cabeza, lo que le permitió que perdiera el conocimiento. Pero el bandicut no pudo ver eso ya que había una gran oscuridad a los costados del camino. Lo único que pudo hacer fue encaminarse hacia el portal y salir de ese lugar.
