Gracias por seguir un capitulo mas, no habia tenido la oportunidad de detenerme y agradecerles por sus mensajes y sus opiniones, pero no significa que no los aprecie enormemente.
La historia entra en una etapa de revelaciones y de volver al pasado, sabremos los enredos que Candy provoco y termino con su exilio, Gracias por su paciencia y su compañia
Reencontrando el pasado.
Capitulo 14
La actitud de Candice había cambiado, estaba nerviosa y pensativa, más atenta con Dominic, pero no era ella misma.
Serge lucia más tranquilo y convencido de lo que encontraría en Lakewood, tenían ya un año viviendo en Chicago y eso lo había ayudado lo suficiente, el convivir con las antiguas calles y los recuerdos, le había quitado lo tenso a sus recuerdos.
Dominic disfrutaba de las atenciones de Candy, pero en definitiva no se engañaba con ellas, sabía que eran solo una pantalla de algo más grande.
El viernes antes de la visita a Lakewood, Dominic sorprendió a Candice y Serge con un auto. Tras un año de arduo trabajo en el hospital había logrado juntar un poco de dinero que le dio la oportunidad de comprar un auto algo antiguo y en medianas condiciones.
- Que sorpresa Dominic, esta increíble. Felicitaciones.
- Gracias Serge, bueno no es último modelo y requiere algo de trabajo, pero es nuestro.
- No te preocupes por el trabajo que haya que hacerle, yo me ocupare.
- Genial terminaremos en el lago – respondió Candy mirando a Serge con una sonrisa, para después abrazar a Dominic – felicidades doctor, estas logrando lo que deseabas.
- Vamos en camino, muy lento, pero nos recuperaremos. Al menos ahora tenemos como movernos a nuestra aventura de mañana.
- Nos cayó del cielo. Lo revisare para asegurarme que todo está bien.
- Gracias Serge, aunque aún me tendrás que contar porque terminaremos en el lago – dijo antes de darle las llaves y salir rumo al departamento.
- Yo te contare eso – respondió Candice abrazándose a él para ir hasta el departamento
- Serge paso un par de horas, checando la máquina del auto, se sentía como antes, emocionado de ver un motor en el que podía trabajar, no había mejor terapia.
- Mientras tanto, Candice trataba de ser tan melosa como nunca lo había sido con Dominic. Sus besos entregados, hubieran sido miel para Dominic si no estuviera tan convencido que no eran reales, por lo que correspondía con la misma intensidad, pero no quería que el momento escalara a algo más íntimo.
- ¿estas lista para mañana? – pregunto, rompiendo el momento.
- Creo que sí, no sé cómo me sentiré al estar ahí, pero… estaré bien.
- ¿Qué te sucedió en ese lugar? – pregunto mirándola inquisidora mente.
- … en la villa de Lakewood fue donde nacio y murió el vínculo que tuve con Albert…- respondió seriamente, para soltar un fuerte suspiro. - yo estaba muy alterada en esos momentos, unos días atrás habia ocurrido un accidente en el hogar del Pony del que yo me siento responsable y en el que perdi a las dos mujeres que cuidaron de mi….
- Entiendo, son circunstancias muy lamentables – respondió Dominic inmutable, sintió un fuerte escalofrió al escuchar de la muerte de esas dos mujeres, en el momento quiso separar los hechos y se alejó de ese accidente. - ¿Qué te motivo a romper con Albert?
- Supongo que de igual forma te lo contare algún día, tú no eres de los que se dan por vencido, así que lo mejor será que te cuente – respondió alejándose de él, sentándose en la cama a su lado. – todo comenzó cuando Albert y yo teníamos quizá un par de meses de habernos comprometido, éramos inseparables, creo que haber sido amigos por tanto tiempo, nos ayudaba a tener una relación muy estrecha y nos hacía fuertes, al menos fue lo que creímos...
- La mirada de Candice se había nublado, miraba de frente, en un punto perdido. Dominic sentado en la cama junto a ella, la escuchaba sin atreverse a mirarla, no quería ver la tristeza que invadían sus ojos, cada vez que rememoraba los amores que había vivido en el pasado.
-… el hospital selecciono algunas enfermeras para enviarlas a un seminario de entrenamiento, sobre técnicas de respiración. El evento era en Nueva York, tenía que viajar con 4 compañeras más, yo no quería ir, Nueva York representaba el lugar donde se encontraba Terry y yo no quería volver la mirada atrás, pero fue el mismo Albert quien me alentó a ir….
Flash Back
- No debes perder una oportunidad como esta, te seleccionaron entre todas las enfermeras del hospital.
- Lo sé y me halaga, pero no quiero ir a Nueva York.
- No pasara nada, yo te acompañaría pero no puedo ausentarme en estos momentos.
- Serán 5 largos días, que tendré que estar en esa ciudad.
- Y que estarás metida en el seminario, relajate y disfruta de la oportunidad, quiero sentirme orgullosos de mi chica. – los labios del rubio se unieron en un beso muy tibio a los de la rubia. Que le correspondió tímidamente.,
- No quisiera encontrarme con nadie.
- No tienes por qué evitar a nadie y menos aún a Terry, ha pasado tiempo y los dos han continuado sus vidas, podrían volver a ser amigos o… descubrir si aún hay algo para el.- respondió mirándola detenidamente, buscando su reacción – aun estas a tiempo para corregir el camino hacia el.
- Nada cambiara, él tiene un compromiso que cumplir.
- Albert noto la tristeza en el rostro de su novia y su respuesta le confirmo que aun habia rastros de Terry en su corazón, era mejor salir de dudas.
- Está bien iré, porque tú me lo pides, pero no me hace feliz ese viaje. –dijo finalmente la rubia.
- Te extrañare como un loco, pero antes de que nos demos cuenta, estaremos aquí nuevamente.
- Los brazos de Albert envolvieron a Candy en un abrazo cálido, su rostro se introdujo en el delicioso aroma de la mujer que hacia palpitar su cuerpo entero. Sintió los brazos de Candy rodear su cuerpo, provocando suaves besos que comenzaron en su cabello, para dirigirse a su cuello y subir a su mejilla, para terminar en sus labios.
- Sus caricias eran medidas, tímidas de parte de Candy y respetuosas de parte de Albert. Fue un largo tiempo el que estuvieron en el sillón caramelizando su despedida, entre besos, caricias y palabras de amor.
- Tras esa despedida, en el departamento de Candy, Albert llevo a su prometida hasta la estación del tren donde se encontraría con sus compañeras del hospital.
- Que tengas buen viaje cariño, recuerda que te amo y te estaré esperando ansioso- le dijo Albert casi al oído, antes de abrazarla y besar sus labios en apenas un roce.
- Albert... – lo reto tímida la rubia, al ver la mirada risueña de sus compañeras.
- Divertido Albert la jalo una vez más para abrazarla con fuerza y besar su mejilla con fuerza.
- Buen viaje chicas, aprendan mucho – se despidió el rubio de las cinco mujeres que le sonreían alborozadas.
Tras subir al tren, las enfermeras comentaban a Candy, la envidia que le tenían. Era prometida no solo de un millonario, pero de un hombre alegre, sencillo, elegante y sumamente buen mozo.
Candy sabía que tenían razón, Albert era eso y más, pero en esos momentos sus pensamientos estaban fijos en la ciudad a la que llegarían y sobre todo a quien vivía ahí. El largo camino lo uso para revivir una y otra vez la amarga despedida, que habia tomado lugar en una noche fría de nieve, en aquel gris hospital. Volvió a sentir sus brazos rodeando su cintura y sus lágrimas caer en su cuello.
Un día en el hospital se había armado de valor para ojear un periódico que habían dejado en la sala de descanso. En una de las páginas interiores, vio el rostro de ese chico que una vez le arrebato el aliento con solo reflejarse en su azul mirar.
La nota hablaba de su debut protagónico en una nueva puesta en escena y de su compromiso con Susana Marlow. Con fuerza envió el periódico al suelo. Respiro profundo y siguió sus labores sin pensar en ello.
A pesar que la información la había encapsulado en el fondo de su mente, no había dejado de repetirla una y otra vez. Por primera vez se sintió enojada y ofendida por la forma en la que habían terminado. Ella misma estaba por anunciar su compromiso, pero sentía que el destino le había cambiado la vida y tanto el compromiso de Terry como el de ella habían sido determinados por una fuerza externa y no por ellos.
Sentada en el vagón del tren pensó en los ojos risueños de Albert, eran no solo pareja, si no amigos y cómplices. Debía concentrarse en el y su futuro y dejar de consumirse en un sentimiento tan nocivo.
El tren finalmente hizo su anuncio al entrar a la estación, el silbato sonó alerto a los que esperaban la llegada del tren en los andenes. A ellas nadie las esperaba, sin embargo Candy bajo mirando las caras que se ponían frente a ella, como aquella vez.
- Anda Candy no te retrases, no debemos separarnos – la apresuro una de sus compañeras.
- Si Julie aquí voy detrás de ti.
- Se reprendió internamente y siguió a sus compañeras más de cerca. Tras registrarse en el hotel y el seminario, quedaron libres por el resto de la tarde, el curso comenzaría hasta el día siguiente.
- Deberíamos ir a pasear por la ciudad – sugirió llena de emoción Julie.
- Si vamos!, dicen que las calles de Broadway son increíbles con sus iluminaciones.
- Entonces pongámonos en marcha, quizá sea el único momento que tengamos libre.
- Yo me quedare a descansar, el viaje fue bastante pesado.-replico Candy
- No seas así Candy, vamos – insistió Luce
- De verdad chicas, yo prefiero quedarme.
- Estamos perdiendo el tiempo en una discusión tonta, Nueva York nos espera y tu vendrás con nosotras – Julie se colgó del brazo de Candy y la arrastro con ellas.
A regañadientes y ansiedad en el estómago, Candy se dejó llevar por el alegre grupo de enfermeras. Caminaron varias cuadras, hasta que la rubia reconoció las calles, Broadway estaba frente a ella, con las enormes marquesinas. Aun no relucían con sus esplendorosas luces, como lo harían en unas horas más, cuando la luz del día se diera por vencida y diera paso a la noche.
El verano como de costumbre mantenía las calles calientes y a la gente sudorosa y aletargada. Las mujeres lucían prendas más escotadas y telas vaporosas, dejando sus cuerpos traslucir en esas vestimentas. Las cinco enfermeras caminaban encantadas con la moda que veían y las novedades que las calles le ofrecían.
- Estos espectaculares son magníficos, me siento en un sueño, - comentaba Julie, mientras aún seguía colgada del brazo de Candy, que tensa trataba de sonreír y lucir normal.
- Mira ese afiche, no parece gente de esta época, es increíble, deberíamos de venir a una función.- comento julie al ver la propaganda de una puesta teatral
- No lo creo Julie, no tendremos tiempo y será mejor que volvamos… ¿en dónde están las chicas? - respondió reacia Candy
- Vienen atrás…o creo que ya se adelantaron, no lo sé…..- respondió poco interesada - voy a preguntar cuánto cuestan las entradas y los horarios,
- Yo buscare a las chicas, no debemos separarnos.
Julie emocionada fue hasta la taquilla, mientras Candy siguió caminando por la calle, buscando a sus tres compañeras, miro de un lado a otro encontrándose con rostros cansados y otros sonrientes, inevitablemente los afiches saltaban a la vista en las entradas de los teatros. Comenzó a sentirse más nerviosa e intranquila, sudando se orilló a la entrada de un teatro para respirar y tratar de controlar su pánico.
Lo que no esperaba era llegar hasta la entrada de un teatro que lucía un enorme afiche con su puesta en escena, al frente su protagonista, sonreía varonil, con los ojos tan azules como el cielo al anochecer.
- No puede ser… Terry - murmuro mientras palidecía.
No podía soportar mirarlo un segundo más, le dio la espalda y volvió a la calle, para alejarse, dio vuelta en la primera calle que encontró y camino aun aturdida.
Unas voces frente a ella, llamaron su atención Un grupo de jóvenes entraban al edificio que parecía ser el teatro, más retrasado solitario se acercaba un hombre alto y espigado, se le notaba distraído y meditabundo. No pudo ver más por la gorra y los lentes, pero apenas pudo notar sus largos dedos y sus delgados labios rosas contrastando su blanca piel, libero la alarma de su corazón.
Congelada frente a él, se quedó impávida. La piel de la cara le hormigueaba, sintiendo la sensación hasta sus manos, sus pies ya se habían convertido en dos pesadas masas de cemento, anclándola en el suelo.
El magnetismo que siempre había ejercido el uno sobre el otro, atrajo la mirada del hombre que se quedó de pie antes de entrar al edificio. Sus pupilas reconocieron casi al instante a la rubia.
Estaba desconcertado pero solo dudo un par de segundos antes de soltar la puerta y caminar lentamente hacia ella.
El corazón de Candy se aceleró al verlo acercarse a ella, pero escuchar su voz detono una bomba en su interior.
- Candy….
Lo miro deseando arrojarse a sus brazos y pedirle que huyeran al fin del mundo, pero por el contrario, su primera reacción fue huir, salió corriendo por la calle empujando y atropellando a la gente.
No escucho a sus compañeras que al pasar junto a ellas, trataron de detenerla. Se sintió igual que aquel día en el hospital, cuando Susana intento matarse, que sin mas echo a correr. Al llegar al hotel subió a su habitación y se sentó en la cama.
Pensó en el rostro sorprendido de Terry y se sintió como una tonta, ¿Por qué había tenido que salir corriendo? Ni siquiera lo había saludado, había pensado tanto en el, imaginado mil veces un encuentro, sin embargo había salido corriendo como una chiquilla.
Pataleo contra el piso, arrepintiéndose de haber actuado así. Sin embargo, el rostro de Albert vino a su mente y se relajó. Lo mejor era olvidar lo que había pasado y concentrarse en su seminario.
Cuando sus compañeras llegaron, la abordaron de inmediato para preguntarle que le había sucedido.
- Saliste corriendo como si hubieras visto al diablo, te seguimos pero no logramos verte entre tanta gente – le dijo Julie, sentándose junto a ella.
- Me sentí mal, no estoy acostumbrada a estar entre tanta gente.
- Yo también me sofoque entre tanta gente – respondió Kathy, resoplando con fastidio – y la verdad es que hace mucho calor y… me voy a mi habitación a refrescarme y descansar, mañana nos espera un día muy ocupado.
- Si yo también me voy contigo – respondió Laura poniéndose de pie.
- La noche esta arruinada de igual forma así que me voy con ustedes, descansen chicas nos veremos mañana temprano – se despidió Julie saliendo de la habitación junto a Kathy y Laura.
- Hasta mañana chicas – se despidió Candy, poniéndose de pie para sacar su ropa de las maletas.
- … Candy, ¿quién era ese hombre que corría detrás de ti? – pregunto Luce mirándola fijamente.
- ¿Cómo? – pregunto Candy palideciendo.
- No saliste corriendo por ningún sofoco, saliste corriendo por alguien y el corría detrás de ti.
- Nada de eso, seguramente fue una casualidad, esta ciudad está loca.
- No fue una casualidad, él te conoce y sabía quién eres.
- ¿hablaste con él? – pregunto inquieta Candy.
- ¿Quién es? ¿Qué tiene ese hombre que ver contigo?
- Contéstame ¿Qué le dijiste? – insistió Candy, ante la mirada inquisidora de Luce.
- No le dije nada – respondió retadora - tienes un novio envidiable, nadie es mejor que él.
- Estas hablando de cosas que no sabes.
La respuesta de Candy fue lo último que se escuchó en la habitación, Luce no respondió mas y Candy tampoco le dio más oportunidad de seguirla interrogando, lo que había ocurrido había sido un desafortunado incidente y no debía pasar a mayores.
Por la mañana Luce se había arreglado y salido del cuarto son esperar a Candy o sin siquiera intercambiar una palabra con ella. La rubia lo noto, pero tampoco se sentía animada para cambiar la intención.
Se encontraron las cinco enfermeras en las puertas del gran salón donde seria su seminario, se sentían nerviosas ante tanta gente, todas enfermeras y algunos doctores, que con seguridad serian los que impartirían las platicas.
Poco a poco las enfermeras fueron entrando al gran salón, las cinco jóvenes del hospital Santa Juana se sentaron juntas, una al lado contiguo de la otra, quedando Candy y Luce una al extremo de la otra.
El seminario comenzó, con la presentación de los médicos que darían las platicas, en el gran salón, no se escuchaba ni un solo murmullo, todas las enfermeras escuchaban y miraban al hombre que hablaba apasionadamente.
Cerca del medio dia, les anunciaron un receso de una hora para ingerir algún refrigerio y estirar las piernas.
Julie tomo del brazo a Candy y se adelanto con ella, separándose de las otras dos enfermeras.
- Luce me pidió que cambiara con ella habitación, espero que no te moleste que me mueva contigo.
- En lo absoluto, de hecho no se por que no te acomodaste conmigo, nosotras nos conocemos mejor.
- Lo se, pero Luce insistió en que quería quedarse contigo, para conocerte mejor.- respondio mostrando una mueca de fastidio en el rostro – la verdad es que Kathy y Laura son unas pesadas, se llevaran mejor con Luce y tu y yo seremos mejor compañía…
Candy no escucho mas, después de que salieron del salón y se dirigieron al comedor. Cerca de la puerta reconocio de inmediato, la espigada figura de un hombre que en playera y jeans, lucia su elegancia y gallardia.
Sus ojos se habían encontrado para conectarse instantáneamente, recordó su absurda y tonta actitud del dia anterior, tenia que resarcir su actitud pasada.
- Julie ve con las chicas, las alcanzare en un momento.
- ¿A dónde vas tu?
- Olvide algo, anda ve a servirte algo de comer antes de que se acabe.
- Esta bien, serviré un plato para ti.
- Te lo agradezco, ire en un momento.
Con pasos decidido, Candy camino en dirección al hombre que la miraba fijamente. Paso junto a el y se siguió de largo, logrando su propósito. Que el la siguiera.
Camino hasta los jardines del hotel, seguida por el chico que al igual que ella, sentía su corazón explotar de emoción.
- Terry, me sorprende verte aquí
- No más de lo que me sorprendió a mi verte ayer.
- Si… nos sorprendió a los dos… - respondió sintiendo sus mejillas enrojecer – las chicas querían conocer la ciudad y fuimos a las calles de Broadway…. No supuse que eso provocaría un encuentro inesperado.
- Pues me alegro que así haya sucedido. – respondió Terry, acercándose a la rubia para tomar su mano – el verte nuevamente me llena de felicidad – con delicadeza llevo la mano de Candy hasta sus labios para plasmar un deseado beso en esa blanca piel.
- A mi… - quiso responder, pero la voz se le corto y camino un par de pasos alejándose de el, dándole la espalda, solo asi tuvo el valor de terminar su oración – a mi también me hace feliz verte.
- No lo parece.
- Se supone que no debíamos volver a vernos.
- Sin embargo el destino que nos separo, ahora nos pone frente a frente.
Lentamente Terry volvió a acercarse y ponerse frente a ella, la miro fijamente, introduciéndose a su alma a través de sus verdes pupilas.
- Yo también te busque hace un tiempo, pero no me atreví a poneme frente a ti.
- ¿de verdad me buscaste?... yo pensé que me habías olvidado.
- Jamás podre olvidarte, yo apenas estoy aprendiendo a vivir con la idea que no volvería a verte.
- Yo también he pensado en ti, deseando que seas feliz.
- Lo seria si tu estuvieras en mi vida.
- Terry, no…
Sin anuncio, Terry se acercó y tomo su barbilla, para levantar su rostro y apoderarse de sus labios, como una vez ya lo habia hecho en Escocia.
La respuesta inmediata de Candy, fue rodear el cuerpo de Terry con sus brazos, acariciando su espalda.
Correspondió el beso como nunca lo había hecho antes, sorprendiendo y animando a Terry.
- Vámonos de aquí – pidió Terry.
- No es buena idea, yo tengo mi curso y … lo mejor es que no …
Terry la silencio con otro beso, que fue más completo y entregado. Encontrando la misma respuesta en la rubia.
Se separaron para respirar sofocados, Candy se refugió en el pecho del inglés, mientras el, la abrazo con fuerza contra su cuerpo, para besar la coronilla de su cabeza.
- Hoy no tengo presentación, vendre por ti cuando acabe tu seminario.
- Terminare tarde y tengo que ir con las chicas a cenar y…
- ... Y termina a las seis, así que estaré desde las cinco treinta fuera de la puerta esperándote. – respondió, evidenciando que ya había averiguado horarios y días y todos sus movimientos.
- No, afuera de la puerta no. Te veré a dos cuadras de aquí.
- Entiendo, te estaré esperando a las 6:15.
- Ahí estaré.
Tras acordar su encuentro, Terry volvió a unir sus labios a los de la rubia, dejando que su sabor se impregnara en ella.
Se despidieron como un par de enamorados, poniendo distancia entre ellos, pero tocándose con la mirada hasta que se perdieron de vista.
Habían conectado sus almas nuevamente.
