— COMO ENTRENAR A TU VIKINGO —
13
— ¡Tranquilo, tranquila! —Hiccup nos suplicó colándose entre nosotros tan bien como pudo, sirviéndole a Astrid de escudo viviente.
No me enfade de que él tratase de protegerla a ella de mi, después de todo era obvio que ella llevaba las de perder contra mi. Debieron verla en ese momento, los ojos desorbitados en pánico ante mi presencia mientras se arrastraba por el pasto tratando de levantarse y tomar su arma, pero temblaba demasiado. ¿Era esa la humana de la que estaba tan atemorizado hace un momento? Jamás volvería a dudar de mi mismo.
— Tranquilo, tranquilo, es una amiga —Hiccup no dejaba de repetirme cortandome el paso mientras me acariciaba el hocico.
Sin embargo, su tono de voz daba a entender que ni él mismo se creía que fuese una amiga de verdad. ¡Como si yo estuviese ciego y no hubiese visto que pasó! Dándome momentáneamente por imposible, él giró deteniendo mi avance para descuartizarla con su cuerpo tan bien como pudo, enfrentándola mi humano también.
— ¡Le asustaste! —Hiccup la acusó, tan molesto como se permitía estar. Pero él mismo estaba temblando en pánico dentro de sí.
No necesitaba tener poderes para saber en que estaba pensando mi humano en esos momentos. ¿Y qué demonios vamos a hacer ahora? Porque salir de esa, ya era obvio que no podíamos.
— ¿Qué yo asuste a eso? —el tono de voz ofendido de ella podría haber sido mejor si hubiese dejado de respirar entrecortadamente por el shock, mientras que al fin había recordado como mantenerse sobre dos patas y mantenía su afilada hacha entre nosotros y ella, más por instinto que por afán de amenazar— ¿Y se puede saber qué es eso?
Hiccup no le contestó en seguida, de hecho optó por el voto de silencio, mientras que yo trataba de no sentirme ofendido... bueno más ofendido. El aspecto que mi humano y yo dábamos en ese momento debía de ser para recordar, porque al tener un segundo de silencio para pensar con al menos un poco de claridad, la humana ató suficientes cabos para mirarnos en conjunto, erguida, sin saber como reaccionar, pero estando preparada para escuchar algo que seguro no le agradaría.
— ¿Quién es eso? —se corrigió y su mirada azul terminaba por ella "y quiero una explicación que no te haga quedar como un traídor".
Explicación que, bueno, Hiccup no tenía.
— ¡Oh! —Hiccup se apartó de mi camino, solo lo suficiente para que ella pudiera verme en todo mi explendor— Astrid, Toothless. Toothless, Astrid.
Llamadme maleducado, pero en vez de decirle "hola, encantado de conocerte por fin", lo que hice fue gruñirle airado enseñándole los dientes con los que me moría por hacerla papilla, en plan "no es nada personal, pero has golpeado a mi humano delante de mis narices, comprende que ahora debes morir". Creo que mi punto, a pesar de que no ayudaba en nada a amenizar el ambiente, estaba más que justificado.
Parecía por un momento que Astrid iba a decir algo, yo habría apostado por "¡maldito traidor, deshonra para tu familia!" pero la impresión pudo demasiado con ella. Nos miró a ambos con recelo y decepción. Y justo cuando pensaba que iba a tener un poco de diversión... la muy valiente sale corriendo, no hacía falta ser un genio para saber que iba a chivarse a otros humanos de Hiccup y de mi. Pude sentir en su aura que estaba tremendamente sockeada como para presentar batalla. Esperaba obtener algo con lo que matar la reputación de Hiccup y sacarlo de en medio... obviamente nada tan fuerte como una amistad con el enemigo, que hasta ella era incapaz de regocijarse por saberlo.
— ¡Tatara! Es el fin —nos sentenció Hiccup con ironía mientras sus hombros caían, pasivamente resignándose a cualquier cosa que ocurriera a partir de ese momento, mientras solo veía a la rubia marchar.
Bien, si él no iba a hacerse valer porque los otros humanos se ocuparon hace mucho de matarle la autoestima, perfecto. Pero yo no iba a quedarme ahí quieto para ver como una caprichosa humana encargaba nuestra guillotina, gracias.
— ¿Acaso esperabas otra cosa? —resoplé antes de seguirla.
— ¡Eh! ¿A dónde crees qué vas? —me preguntó sorprendido y con pose de "solo lograras empeorarlo" antes de salir tras de mi, pero yo era bastante más rápido.
"Lo siento, Hiccup —recuerdo que pensé. Me disculpaba por no haberlo visto venir antes, por no actuar antes..., por ser un dragón—. Pero yo no vendo así de baratas mis escamas"
— ¡Por favor! —él exclamó a mi espalda y, maldita sea, me pare.
Me pare y me odie, pero no pude negarme a su suplica. Me obligó a mirarle a los ojos. Ambos estábamos asustados, sí, pero yo no era el único ahí que quería salir vivo de esa.
— Vale, paremosla. Pero lo hacemos a mi manera —adore como se escuchó eso.
No perdí más tiempo en montarle en mi grupa, volviendo a ser totalmente funcional. Había una rubia que merecía un buen escarmiento.
En menos que canta un gallo, alcanzamos a nuestra presa antes de que pudiera alejarse mucho (estos humanos nunca aprenden que, si huyes, mirar hacía atrás solo te ralentiza y es mucho más fácil atraparte. Ay). Sin esfuerzo alguno la atrapé por los hombros con mis patas y así, Hiccup y yo alzamos el vuelo, con Astrid como equipaje de mano. Por supuesto ella no perdió tiempo en comenzar a gritar al ver sus pies por sobre la altura de los árboles del bosque, aferrándose a mis patas por mucho miedo que me tuviese, como si su vida le fuese en ello. Y le iba. De hecho, en ese momento los tres nos jugábamos muy fuerte el ver la luz de un nuevo día.
— ¡Odin, protegeme! —suplicó de manera muy estúpida. No tenía idea de quien era Odin, pero mucho no podría hacer contra mi otro humano— ¡Me resbalo!
Ojalá.
Contra mis deseos, Hiccup me obligó a posarla en lo alto de un árbol, en una de sus ramas. Por suerte para mi, no me obligó a ser caballeroso, así que nada más dejarla caer yo mismo me posé en la punta del árbol, la cual por supuesto cedió y se dobló ante mi peso lo suficiente para obligar a Astrid a agarrarse a la fina rama con ambas manos, si no quería ser tortilla de humana pronto. Sus pies se veían muy bien colgando hacía el vacío.
Miró hacía arriba para encontrarse con la mirada de mi humano y apretó los dientes, furica.
— ¡Hiccup, ya, bajame de aquí! —le ordenó.
Sí, había que admitir que, para ser humana, ya había que tener narices para ordenar nada a nadie desde su posición.
— Antes dejame que te explique —le suplicó mi humano.
Yo casi no podía creer lo que oía. ¿En serio pensaba qué podía ponerla de nuestra parte? ¿Era esa su manera de proceder ante el gordo problema que se nos venía encima? No me arrepiento al admitir que en ese momento pensé que no había remedio, estábamos indudablemente muertos y enterrados.
— ¡No pienso escuchar nada de lo que tengas que decirme! —exclamó ella, mientras luchaba contra su propio peso para llegar hasta el centro del árbol.
Y su punto era comprensible, teniendo en cuenta donde la habíamos colocado, más comprensible de porque demonios yo no la empujaba al vacío de una vez y así dejaba morir el cuento junto con ella... Oh, claro, ya recuerdo, no sería noble, bla bla bla e Hiccup se enfadaría conmigo... sobretodo no lo hice debido a lo último... Maldita sea, le estaba consintiendo, ¿verdad?
— ¡Entonces no hablaré! Solo dejame mostrarte... Por favor, Astrid —no sé que tienen los "por favor" de mi humano, pero nadie es capaz de decir "no" a ellos.
A excepción de Drago Bludfist, ese monstruo, pero esa es una triste historia que ahora no concierne. El caso es que después de unos segundos de tensión, por pura suerte Astrid aceptó la mano estirada de Hiccup y con ese gesto, llegó la posibilidad de salvarnos, la posibilidad de que ella viese lo que le mostré a mi humano el día anterior y que, al igual que él, aceptase el error de su raza... No tenía muchas esperanzas con respecto a eso. Tambien seguía enfadado y no me daba la gana de mostrarle mi mundo porque sí, tendría que ganárselo. Y ya sabía perfectamente bien lo que quería...
— Bajame de aquí —ordenó con altanería una vez estuve obligado a sentir su peso sobre mi.
— Toothless, al suelo, con cuidado.
"Ooooh, no —pensé, y no había forma de que me retractase—. Mi grupa, mis normas, humana. En esta parte canto yo. Vamos a inyectarte un poco de humildad"
Y si tenía que ser a las bravas, tanto me daba, Hiccup me lo acabaría agradeciendo.
Alce el vuelo disparado hacía arriba de forma tan inesperada que ella no pudo agarrarse bien hasta el último segundo. Y por supuesto gritó. Sentirla llena de pánico estaba bastante bien, pero no era lo que yo quería, ni tampoco suficiente.
— ¡Toothless! —Hiccup me reprendió, mientras trataba de controlarme con las riendas. Pero yo no me deje, estaba cabreado— ¿Cuál es tu problema?
"¿Qué cuál es mi problema? ¿Qué cuál es mi problema? ¡Ella es una intrusa, que además te hirió! ¡¿Pretendes que la saque de paseo como si nada?!"
Hiccup comenzó a reír nervioso ante mi insubordinación.
— Generalmente no sé comporta así.
"Generalmente no tengo un monstruo sobre mi" —añadí para mi mientras trataba algo nuevo.
Ya que hacía arriba no había obtenido lo que quería, ¿qué tal hacía los lados? ¿Te gusta el agua, Astrid?
— Ay, no... —comprendía que mi humano se quisiera morir en ese instante, pero era algo necesario.
Baje en picada y una y otra vez me sumergí en el agua llevándoles conmigo. No los mantuve mucho tiempo dentro del agua, pero solo porque estaba pensando en Hiccup, a ella me habría dado igual ahogarla por error.
— ¡Toothless! ¿Qué haces? ¡Tenemos que caerle bien!
"Va a tener que caerme bien ella a mi primero" —pensé, no pensaba dejar que esa precaria situación la gobernase otro. Yo era el dragón y el dueño de Hiccup ahí, con un demonio.
Cuando hasta yo me harte del agua helada, volví a subir por sobre las nubes. Lo siguiente es algo que me encantó. Tirabuzones en el aire. ¿Cuán fuerte es tu estómago, Astrid, espero no haberte dado ganas de vomitar? (noten el sarcasmo)
— Venga, ahora a dar vueltas —mi humano ya se había resignado, totalmente tranquilo, mientras la gran guerrera todavía chillaba como niña pequeña aferrada a él—. ¡Gracias por nada, reptil inútil!
Tan inútil en realidad no fui, porque...
— ¡Vale, lo siento, me disculpo por todo, solo termina esta tortura! —obtuve lo que quise.
Me tranquilice, satisfecho como estaba porque Hiccup ya hubiera recibido sus merecidas disculpas. Eso lo primero. Porque a partir de ese momento ya eran dos los humanos a los que tenía de mi parte. Eso lo segundo. ¡¿Y los humanos en verdad tenían sentido de arrepentimiento?! ¡Wow! Eso lo tercero.
Una vez pasado el episodio, retome el vuelo de forma tranquila y sin prisas, esperando a que el corazón de la hembra en mi grupa volviera a su ritmo cardíaco normal. Una hermosa puesta de sol que teñía el cielo de naranja recibió nuestra reciente alianza entre tres.
