Aqui otra vez antes de lo prometido. Mañana mi esposo tiene el día libre y como muchos de ustedes saben, nadie en mi casa sabe que escribo fics, ando de incógnito, a escondidas jejeje.
Antes de que empiecen a leer les quiero hacer una aclaración: la tía Muriel, sé que ella es familiar por parte de Molly, pero aqui la puse como parte de Arthur, toda una Weasley.
Pues bien, los dejo leer.
Salió, mas bien, huyó de la casa de Ginny. Quería besarla, por Merlín, quería besarla en ese mismo momento, tenerla así, tan cerca ¡realmente quería besarla! ¿Qué le estaba pasando? Ginny era simplemente insoportable. A él le gustaban las chicas tranquilas, que no le causaran más problemas de lo que él ya tenía, así como Cho Chang, su ex novia, pero entonces ¿Por qué terminó con ella? ¿Por qué no soportaba estar con ella? Porque era aburrida, por eso, tenía que aceptarlo. Era linda, pero condenadamente aburrida. Sonrió de lado, Ginny era brava, y se la había puesto difícil, si estuviera más preparada con todos los entrenamientos que él había recibido, no dudaría tantito que si tuviera un duelo con ella, lo haría temblar un poco.
Se apareció en su casa y caminó directo hacia su habitación.
- Hola, hijo ¿Y Ginny? – le pregunto James cargando a su nieta.
- En su casa.
- ¿Qué te pasó en la cara? Tienes pequeñas cortaduras.
- Nada – le contesto quitándole a la pequeña Lily de los brazos.
- Ginny me dijo que quería hablar contigo a solas ¿Qué pasó? – llegó Lily con el biberón listo.
- Nos peleamos ¿contenta? – Lily y James voltearon a verse confundidos.
- Pues…si, algo – le contesto Lily, Harry le dirigió una mirada ácida – si te dejó así es porque sacó todo su enojo.
- Claro, como siempre, estas de su parte.
- A ver ¿Por qué fue el pleito? Así te podré decir de qué parte estoy.
- Esta loca. Empezó a atacarme porque no la quiero enviar a misiones peligrosas.
- Pero ella es un auror – le dijo James como si fuera lo más obvio.
- Lo sé, papá, pero también es la madre de mi hija. Mi deber es protegerla.
- Tu deber es proteger a tu hija. A Ginny déjala en paz ¿Qué va a pasar cuando empiece a salir con otros chicos? – Harry fulminó con la mirada a su padre – estas consciente de eso ¿verdad?
- Claro – le contesto no muy seguro – pero no quiero que mi hija se quede sin madre porque a ella le encanta andar en el peligro.
- ¿Y en que terminó el pleito? – se cruzó de brazos Lily – además de esos raspones en la cara y ese golpe en la cabeza – soltó una risita burlona.
- Quería estar en una misión con su hermano y con su mejor amiga, así que…
- ¿Aceptaste? ¿Así tan fácil?
Harry se sentó en la cama y empezó a darle de comer a su hija. Lily se sentó frente a él para escuchar lo que le tenía que decir mientras James se quedaba de pie a un lado de la cama. Conocían muy bien a su hijo, si algo se le metía en la cabeza era muy difícil hacerlo cambiar de opinión, querían saber que había hecho Ginny para hacer que Harry, por primera vez, diera su brazo a torcer.
- Me desarmó - tanto Lily como James abrieron la boca sorprendidos - ¿se dan cuenta? Pudo desarmarme.
- Pero…Dumbledore…
- Lo intentó y no pudo en uno de los entrenamientos, al contario, fui yo quien lo desarmó a él.
- Fue así como…
- Tengo la varita de saúco en mi poder.
- No lo puedo creer. Harry, Ginny es una excelente auror, una bruja muy poderosa, no tienes porque desconfiar de ella.
- Lo sé, pero aun así me da pendiente que le pase algo, es por eso que le permití ingresar a esa misión. Su hermano Ron va a estar siempre junto a ella.
- Harry – Lily le tomo una mano – debes de confiar en Ginny, deja a un lado tus temores, no puedes vivir siempre preocupado por las demás personas. Si sigues así, vas a tener muchos problemas con ella.
- No puedo, mamá. Ginny no es cualquier persona.
- Lo sé – sonrió Lily.
Ginny tardó un momento en levantarse. Aun podía sentir el cuerpo de Harry arriba de ella, su respiración y su voz en su oído y el aroma en nariz. Se tapo la cara y dio un grito de frustración. No le gustaba sentir todo eso, era algo desconocido para ella. Rápidamente ordenó todo el desastre que habían dejado en la casa mediante magia. Se detuvo frente al espejo y se peinó el cabello que estaba hecho un desastre debido a la pelea que había tenido con Harry. Tenía que ir por su hija, tenía que volver a ver a Harry.
Lily la veía directamente a los ojos mientras tomaba un té. Ginny apenas le podía sostener la mirada, era la misma de Harry cuando quería cuestionarle algo. Rogaba porque su hija se durmiera y así podérsela llevar de una vez por todas, quería huir de la casa de los Potter.
- Dejaste a mi hijo un poco… golpeado – Ginny no le contesto, solo le dio un trago a su té – llegó molesto.
- Tuvimos un desacuerdo.
- Si, nos platicó todo – Lily dejó su taza en la mesa – yo que tu… primero le hubiera dado un puñetazo en la nariz – Ginny abrió los ojos sorprendida – pero fue mejor que lo lanzaras así – se quedo pensando – si, estuvo mejor lo que tú hiciste.
De repente Lily empezó a reírse, cada vez más fuerte, Ginny la veía sin entender que le pasaba. Por Dios, había peleado con su hijo, lo había golpeado ¿y ella se reía?
- Esto estuvo increíble – terminó de reírse limpiándose una lagrima de risa.
- No te entiendo, Lily, le lancé muchos hechizos a tu hijo.
- Defendiste tus derechos, tus ideales, tus creencias. Hoy, le tocó a mi hijo, pero después habrá otros que quieran interponerse en tus planes y en tus sueños – la tomó de las dos manos sobre la mesa – hija, no dejes que nada ni nadie lo logre.
- Gracias, Lily, tu eres un gran ejemplo como mujer y como madre.
Harry arrullaba a su hija para que Ginny se la pudiera llevar, aun no la veía desde que salió casi corriendo de su casa hacia un par de horas, pero la pequeña Lily tenía algo diferente en mente, quería estar más tiempo con su padre. James llegó con la pañalera lista, tal como se las había dejado Ginny, se sentó a un lado de la ventana para observar a su hijo arrullar a su nieta.
- No has bajado desde que llegó Ginny – Harry no le contesto, seguía caminando de un lado a otro cargando a su hija – te entiendo perfectamente, hijo, yo así estaba cuando Lily me dijo que quería ser auror. Al comienzo pensé que sería genial, porque íbamos a estar juntos en la academia, pero cuando Voldemort empezó a hacer de las suyas…tuve miedo, no por mí sino por ella.
- ¿Qué hiciste, entonces? – Harry se detuvo frente a él.
- Confié en ella. Solo eso y hasta ahora no me he arrepentido – Harry continuó arrullando a su hija no muy convencido – hijo, tú mismo me platicaste que Ginny se fue a Estados Unidos porque su familia la sobre protegía mucho ¿acaso tu quieres eso? ¿Quieres que Ginny se aleje de ti? – Harry negó con la cabeza – no pongas a Ginny atrás de ti, sino a un lado y verás que las cosas serán muy diferentes.
Ginny se había reunido con Ron y Hermione para la nueva misión. Al comienzo se enojaron con ella por como habían pasado las cosas, pero al mismo tiempo, aceptaron que fueron culpables por hablar de la misión en un lugar donde no deberían. Al final, terminaron contentos porque iban a estar los tres juntos en una misión, la primera misión en donde los magos ayudaban directamente a los muggles.
Jamás se había hecho tal cosa, pero los ministros muggle de Bulgaria e Inglaterra pidieron ayuda al ministerio mágico al no poder más con la situación de contrabando de drogas entre sus países. Todo ya estaba fuera de control. Trafico de drogas, de armas, balaceras en lugares públicos, robos masivos de autos, secuestros, etc.
Harry había asignado esa misión a Ron, quien a su vez Hermione, y ahora, Ginny iban a formar su equipo. Tenían que entrenarse como policías muggles, pero a su vez, utilizar magia cuando sea necesario, siempre y cuando tuvieran mucho cuidado de no ser vistos. Deberían de ser muy discretos, pero sobretodo, saber luchar a la manera muggle. Era por eso que iniciaban un entrenamiento muggle: saber de armas de fuego, defensa, más acondicionamiento físico, etc. La varita era su as sobre la manga.
Bulgaria también quería participar, así que dos aurores iban a unirse al equipo de Ron una vez concluido el entrenamiento muggle.
Ginny pasaba casi toda la mañana en el entrenamiento, ya casi no asistía al cuartel, por lo mismo, ya no veía tanto a Harry como antes, únicamente un par de horas por la tarde, pero cuando tenía visita de sus hermanos, se reducía a unos cuantos minutos mientras él dormía a la pequeña Lily.
Una mañana, mientras practicaba Kick Boxing golpeando un saco de boxeo, llegó Harry a revisar los avances de sus aurores. Primero habló con Ron por un buen tiempo, pero ella lo observaba discretamente. Desde que habían tenido aquella pelea y él había aceptado dejarla en la misión, lo notaba diferente. Ya no platicaban tanto de sus cosas, únicamente hablaban de su hija. Lo extrañaba, increíblemente extrañaba discutir con él, platicar de quidditch, que le preguntara si tenía antojo de algo, que le rascara la espalda. Golpeó fuertemente el saco de boxeo y se maldijo por tener esos pensamientos.
¿Qué decía Ron? No tenía la menor idea, solo podía pensar en cómo se veía Ginny. A pesar de estar completamente sudada con esa ropa deportiva y con una coleta mal hecha, se veía hermosa. Cuando por fin terminó Ron de darle todo su reporte de los avances, se acercó a ella.
- Hola.
- Hola, Harry – Ginny seguía golpeando el saco.
- Ron me dijo que ayer le diste una buena paliza a Hermione en karate.
- Si, me dio coraje que me ganara en tiro al blanco con las armas. Ella es buena en puntería, yo soy buena dando patadas – Harry asintió dándole toda la razón - ¿Qué haces aquí?
- Vine a ver los entrenamientos.
Ginny se quito los guantes y tomó su botella de agua dándole un gran trago. Harry solo la veía sin saber que decirle, se sentía un adolescente.
- Mañana sábado mi mamá te invita a comer.
- Si, me habló por teléfono.
- ¿Vas a poder ir?
- Si – Ginny de nuevo quería ponerse los guantes pero no podía hacerlo sola.
- Déjame ayudarte. Debes levantar mas los hombros – le decía mientras le ponía bien los guantes - hacer fuerza en el estomago, no dejes que tus brazos hagan todo el trabajo.
- De acuerdo.
- El puñetazo es apuntando a la cara de tu oponente en una línea recta – le aconsejaba Harry deteniendo el saco de boxeo – siempre mantén tu guardia protegiéndote a ti misma todo el tiempo.
- Bien.
- Vamos, hazlo.
A Ginny le encantaba tener a Harry de maestro. Confiaba en él al cien por ciento y se sentía cómoda con él. Así que esa mañana, tanto Ron, Hermione y Ginny aprendieron muchas cosas más porque Harry decidió quedarse con ellos hasta finalizar el entrenamiento.
La pequeña Lily lucía un coqueto vestido rosa con una banda en la cabeza, regalo de su futura tía Fleur. Con el tiempo que pasaba Ginny con sus padres, cada día conocía más a Fleur. La boda se realizaría el 14 de febrero, así que la francesa pasaba mucho tiempo en la Madriguera, ya que el plan era que ahí se llevara a cabo la fiesta. Al comienzo ella se mostraba indiferente con su futura cuñada, pero al ver lo bien que cuidaba a su hija cuando Molly estaba ocupada con otras labores, poco a poco se fue mostrando más accesible con ella. Además, tenía que aceptar que era de gran ayuda cuando Bill se ponía muy sobre protector con ella. Fleur siempre se ponía del lado de Ginny.
- Estas preciosa, mi vida, vamos a casa de tus abuelos.
Ginny llegó a casa de los Potter, inmediatamente Sirius le quito a la niña para levantarla en brazos.
- Pero que grande estas.
- Ten cuidado, Canuto – le dijo Remus – hola, Ginny.
- Hola, Remus, Sirius.
- Hola, pelirroja, bienvenida a la comida de navidad.
- ¿Navidad? Pero faltan varios días para navidad.
- Ya se lo dijimos a Lily, pero esta terca a que la navidad la festejaremos durante todo el mes.
- Esta feliz. Hoy fue al hospital para su revisión – le dijo Remus – todo va bien.
- Que bueno – sonrió Ginny.
Lily había preparado una comida especial, quería festejar con toda la familia el mes navideño. Sabía de antemano que la noche de navidad, ni Ginny ni su nieta la pasarían con ellos, así que por eso decidió hacer "comidas navideñas" los fines de semana.
Era una reunión familiar como muchas otras, en donde platicaban de todo un poco y reían de las ocurrencias de Sirius y James. Harry convivía más tiempo con su hija, le daba de comer, la cambiaba de pañal, jugaba con ella, etc.
Se hizo de noche y la pequeña Lily ya se había quedado dormida en brazos de su padre, así que Harry la acostó en su cuna mientras Ginny decidía irse a su casa.
- Esta pronosticado que va a nevar más que el año pasado – informaba Remus tomándose un té.
- Me encanta ver nevar, es tan romántico.
- Adoro que te pongas romántica – le dijo James a Lily cerrándole un ojo.
- Harry, deberías irte a vivir a mi departamento y dejar a tus padres para que hagan travesuras en toda la casa – todos sonrieron.
- Debo irme – se levanto Ginny – ya es tarde.
- Te acompaño – le dijo Harry también levantándose.
- ¡Esperen! – grito Sirius.
- ¿Qué?
- ¡Muérdago! – gritaron tanto Sirius, James y Lily.
Harry y Ginny voltearon hacia arriba viendo como esa pequeña ramita iba creciendo sobre sus cabezas.
- Tienen que besarse.
- Es tradición.
Se vieron asustados, pero ninguno de los dos hacia el menor intento por besarse.
- Vamos, chicos – dijo James – ni que fuera la primera vez que se dieran un beso.
- Claro que no, hicieron a una niña…hubo más que besos – se burló Sirius.
Harry veía los labios de Ginny, esos labios que había querido besar aquel día después de la pelea. Esta era su oportunidad, utilizaría el bendito muérdago como pretexto para hacerlo.
Ginny se sentía nerviosa. Tener a Harry cerca, tener que besarlo, la hacía tener una sensación distinta a lo que sentía con los otros chicos. Volteó hacia arriba viendo el muérdago y luego a Harry directo a los ojos, esos ojos que tanto le gustaban.
De pronto, nada existió, más que Harry acercándose lentamente hacia ella, con la vista fija en su boca. Ella simplemente cerró los ojos para disfrutar de ese roce de labios que estaba segura que Harry le daría. Pero lo que sintió no fue un simple roce, fue una explosión en todo su cuerpo.
Nunca había deseado tanto besar a una chica como le pasaba con Ginny. Pensaba que sus labios eran inalcanzables y ahora iba directo hacia ellos. El beso, ese beso que pensaba que sería el único, tenía que aprovecharlo. Así que se aseguró de que sus labios probaran los de ellas sin omitir nada.
Harry le estaba dando un beso, pero no era un beso simple como el que ella esperaba. Él había tomado toda su boca como si fuera de su propiedad. Se atrevió a separar sus labios y de inmediato sintió como él succionaba su labio superior.
No quería que terminara, los labios de Ginny eran lo más delicioso que jamás había probado. Eran suaves, sedosos, carnosos…perfectos. Así como había tenido la duda de que se sentiría probar sus labios, ahora quería probar su lengua, besarla en toda la extensión de la palabra. Pero tenía que regresar a la realidad, esa realidad en que su familia aplaudía gustosa después de cumplir con la tradición.
Ginny sentía que se derretía. El beso que le acababa de dar Harry había sido único, a pesar de que no había durado nada para su desgracia. Si así daba un simple beso, no quería imaginarse como besaba. De repente le vinieron imágenes en donde Harry la tenía entre sus brazos besándola desesperadamente.
- Ginny ¿vienes mañana a desayunar?
- ¿Cómo?
- ¿Qué si vienes mañana a desayunar? – le volvió a preguntar Lily.
- Ah, desayunar, si… ¡no! – todos fruncieron el ceño, excepto Harry, que seguía en estado de shock por lo que acaba de pasar. Estaba seguro que si a él le hubieran preguntado algo, reaccionaria peor que Ginny – no puedo, mañana estoy con mi familia, domingo, ya saben, los domingos, la familia, comer, domingo se come y todo eso.
- Claro – dijo James sin entender nada.
Ninguno de los dos pudo dormir esa noche pensando en el beso… su primer beso. Ese beso que estaban seguros que jamás se volvería a repetir.
Ginny veía a su hija dormida sobre su cuna, así había estado desde que había llegado de la casa de los Potter.
- Tu papá me dio un beso, mi cielo – le dijo a su hija quien dormía plácidamente.
Para ella había sido diferente, lo pudo sentir al instante. Tantos besos que le habían dado desde el colegio, muchos de ellos, aceptándolos con tal de molestar a sus hermanos. Harry tomó sus labios como si tuviera derecho a ellos, pero al mismo tiempo, con ternura y delicadeza. Lo cierto es que deseaba tanto otro beso así.
Harry veía el techo como si fuera lo más interesante que pudiera existir, acostado sobre su cama con los brazos doblados y sus manos debajo de su nuca. Le había dado un beso a Ginny, un simple beso, pero aun así pudo darse cuenta lo exquisito, lo delicioso que eran sus labios. Sabía que no se iba a volver a repetir al menos que pusiera muchos muérdagos por toda la casa. Tal vez no era tan mala idea.
Ginny se había levantado algo tarde, si por ella fuera jamás se hubiera levantado ese domingo de la cama, pero su hija la había obligado. Con mucha pereza, arregló a la pequeña Lily y después ella, para ir a casa de sus padres como acostumbraba hacerlo todos los domingos.
Pensaba que iba a ser como cualquier domingo: comer, jugar quidditch, jugar ajedrez, ayudar a su madre con labores de la casa, platicar con sus hermanos acerca de sus trabajos, o como se acostumbraba en las últimas semanas: la boda de Bill y Fleur.
Pero ese domingo resulto ser diferente: la tía Muriel estaba de visita. Se podía sentir el ambiente tenso en cuando llegó con su hija en brazos. Tanto sus hermanos como sus padres la vieron preocupados, pero la tía Muriel la vio con coraje.
- Buenos días.
- Hola, hija – trató de sonar tranquilo Arthur.
- Vaya, vaya, Ginevra ¿con que una hija?
- Así es, tengo una hija – le dijo Ginny segura de sí misma y abrazando aun mas a la pequeña Lily.
- ¿Y dónde está tu esposo?
- No tengo.
- ¿Cómo que no tienes?
- No, no tengo, soy madre soltera.
- ¿Madre soltera? Arthur ¿Cómo es posible? – se exaltó la anciana mujer.
- Ginny así lo decidió y nosotros la apoyamos.
- ¡Jamás! ¡Jamás hemos tenido una madre soltera en la familia Weasley!
- Pues yo soy la primera.
- Jovencita majadera – la apuntó con el dedo – siempre has dado problemas. Yo he tratado de ser comprensible contigo, pero ya te has pasado de la raya. Cuando decidiste dejar tus estudios, yo te apoye dejándote vivir en mi casa de Estados Unidos con tal de que no abandonaras tus estudios. Todos los Weasley se han preparado y aspiran a un gran futuro, no iba a permitir que tú te volvieras una mujer sin una carrera profesional ¿Y es así como me pagas? ¿Revolcándote como una cualquiera y embarazándote?
- Tía, Ginny no es ninguna cualquiera – le contesto Ron molesto.
- ¿Dónde está el padre? – todos se voltearon a verse preocupados.
- No hay padre – le contesto Ginny. Muriel frunció el ceño – yo decidí tener un hijo por medio de una inseminación artificial.
La tía Muriel frunció aun más el ceño, volteo a ver a Arthur y a Molly quienes tenían la mirada en el piso. Después volteo a ver a los demás Weasley pero ninguno le dijo nada.
- ¿Cómo?
- Inseminación artificial, es un método muggle.
Poco a poco se fue sentando viendo con terror a Ginny. Arthur cargó a su nieta y se puso a un lado de Ginny, indicándole que iba a estar con ella, pase lo que pase. Pero a Ginny le preocupaba sus padres, estaba segura que ellos no soportarían que ella fuera repudiada de la familia.
- ¿Muggle?
- Si, tía, yo no tuve sexo con ningún hombre, los doctores muggles hicieron todo lo necesario para que yo quedara embarazada.
- Pero…pero… ¿Cómo es posible? ¿No te bastó tener una hija fuera del matrimonio sino que además, concebida con un método muggle? ¡Hubiera preferido que el padre hubiera sido un sangre sucia!
- Tía, ya estamos en otras épocas – le dijo Bill.
- ¡No me importa! Los Weasley somos de las pocas familias mágicas de sangre pura que quedan y yo me he encargado que se mantenga con prestigio. Pero tú, chiquilla mocosa, lo has arruinado todo.
Todos querían contestarle de mala manera a la tía Muriel por la forma en que le hablaba a Ginny, pero por sus padres no lo hacían. Sobre todo por Arthur, que él deseaba tanto que la tía le heredara unas reliquias de su padre, pero que estaban en su poder.
- No puede ser, no puede ser, y justo ahora que se viene la boda de Bill con esta chica francesa, de buena familia ¿Por qué no aprendes de ellos, niñita tonta?
- Tía, por favor, ya lo hecho, hecho esta, solo ahora nos queda apoyar a Ginny – le dijo Bill.
- ¿Y qué voy a decir cuando nuestras amistades la vean con una hija? Me van a preguntar cuando fue que se casó.
- Puedes contestarles que no se metan en lo que no les importa, que se dediquen a sus vidas – le dijo Ginny con coraje.
- ¡Vergüenza te debería de dar! ¿Cómo se te ocurrió hacer semejante tontería? – Suspiró tocándose el pecho – y yo que tanto hable de los Figg cuando su hija decidió dejar el mundo mágico porque se había enamorado de un muggle. Ahora todos van hablar mal de los Weasley. Tengo que pensar en algo, no puedo permitir que seamos la comidilla de las mejores familias mágicas. Por lo pronto, tú y tu hija bastarda…
- ¡No te permito que hables mal de mi hija! – estalló Ginny.
- Muriel – Arthur tomo de un brazo a Ginny para calmarla – te pido de favor que no insultes ni a mi hija, ni a mi nieta en esta casa.
- Esta casa es mía, Arthur ¿o ya lo olvidaste? – Arthur palideció – recuerda que esta casa aun esta a mi nombre, solo cuando yo muera y te la herede será tuya, así como las reliquias que pertenecían a tu padre.
- Aun así – se mantuvo firme – no voy a permitir que insultes a mi familia.
A Ginny se le estaba partiendo el corazón al ver a su padre entre la espada y la pared, pero manteniéndose a su lado. Ella era la culpable de que él y toda su familia estuvieran pasando por esto. Después de un silencio incomodo, la tía Muriel se paró frente a Ginny con la vista fija en ella.
- Serás repudiada de la familia.
- ¡No! – Gritó Molly – no puedes hacer eso, Muriel.
- Yo soy la cabeza de la familia Weasley y yo decido quien está dentro y quien no, por lo pronto, jovencita, vete olvidando en asistir a la boda de tu hermano. Ya no eres más una Weasley.
- Tía, yo quiero que mi hermana…
- Entonces no habrá boda, no tendrán donde hacer la fiesta, es más, ni siquiera tendrán donde vivir.
- Mis padres siempre contaran con nuestro apoyo – dijo Charlie – si los quieres dejar sin esta casa, ellos se irán con nosotros.
- No – dijo Ginny aguantándose las ganas de llorar – deja que todo siga como hasta ahora, yo… yo no vendré a la boda…
- Pero Ginny – dijo Bill.
- Bill, no voy a permitir que mis papas pierdan esta casa, que tu y Fleur no tengan la boda que tanto han planeado. Tía, si quieres repudiarme de la familia, hazlo – Molly empezó a llorar.
- Todo sería tan diferente – le dijo la tía Muriel, pero Ginny solo veía como su madre lloraba siendo abrazada por Fred – si al menos tuvieras un hombre a tu lado, alguien que te ayudara a tapar la vergüenza de haber tenido una hija fuera del matrimonio. Eso le pasó a la hija de los Harkiss, se embarazó antes de casarse, pero al menos se casó. En cambio tú, no tienes a nadie a tu lado.
Fue cuando a Ginny se le ocurrió resolver todo el problema. Si su tía quería verla con un hombre con tal de tapar la deshonra que ella le había hecho a la familia, lo haría. Y lo haría únicamente por sus padres.
- Te equivocas tía, yo tengo novio – todos abrieron los ojos sorprendidos.
- ¿De veras?
- Si, él es un gran mago de una familia de prestigio – le decía Ginny nerviosa.
- ¿Y acaso él sabe que tienes una hija concebida con un método muggle?
- Si, lo sabe, y ama tanto a mi hija como si fuera de él.
- ¿Ah sí? – Se cruzo de brazos y levanto la ceja incrédula - ¿y se puede saber el nombre de ese hombre que fue capaz de aceptarte con una hija?
Ginny cerró los ojos y dio un gran suspiro. De nuevo lo haría… otra vez utilizaría a…
- Harry… Harry Potter.
Ahora ya saben como va a llegar Harry con los Weasley, Ginny va a utilizar a Harry ¿O Harry va a utilizar la situación?
Para los Potter, Ginny es la buena de la historia y para los Weasley, Harry va a ser el bueno, aquel que va a aceptar a Ginny con una hija.
Muchos ya quieren que se sepa la verdad, pero ¿no creen que sabiendose todo, se termina el fic? Vamos a enredarlos mas, aun estan en la etapa en que "se utilizan".
Mil gracias a todos los que me agregaron en Face :D y a todos los que me escribieron. ¿Notaron el muérdago en la foto que publique o nada mas vieron el beso? jejeje.
Saludos.
