"El amor se construye en la duración, a través de fracasos y éxitos"
-Jesus Galdeano.
Lo prometido es deuda y aquí estamos otra vez :) Este capítulo me tiene algo nerviosa así que espero me digan qué tal les parece n_n
Saludos y abrazos a todos quienes leen :D son bienvenidos a recomendarla en cualquier grupo y a quien quieran.
PD: Calculo que esta historia podría tener alrededor de 20 capítulos (más o menos)
Enjoy!
Capítulo 14
EPOV
Mi entusiasmo y mis nervios hicieron que a las ocho de la noche en punto, estuviese de pie en la esquina de la calle 57. Desafortunadamente, eso también hizo que olvidara un dato muy importante acerca de Bella Swan: esa mujer suele ser impuntual. Nunca llegaba tarde al trabajo (aunque, muchas veces entró justo en el límite en que le descontarían la hora); pero cuando nos encontrábamos fuera de la oficina, eran más las veces que llegaba tarde que las que llegaba puntual. Esto era tan parte de ella, que me había acostumbrado a llegar un poco más tarde de la hora pautada o a simplemente distraerme mientras la esperaba. Así que opté por caminar a lo largo de la acera.
Sinceramente, estaba dividido entre reflexionar acerca de lo que tenía que hacer y qué decir, o simplemente ''dejarme llevar por el momento'' (algo que había resultado muy bien esa tarde, cuando por fin dejé de evitarla y la invité a salir). Mi única certeza en ese mar de incertidumbre, era que no podía decirle cruda y directamente que me estaba enamorando de ella, porque eso sólo podría terminar de una manera: en desastre.
Antes de poder pensar más en ello, la vi caminar hacia mí. Llevaba una falda de mezclilla negra sobre un pantalón nylon del mismo color y una camiseta verde sin mangas. Sin embargo, lo que hacía la diferencia, era todo su cabello dispuesto sobre un hombro y sujetado por un broche.
—Hace frío esta noche. Debí traerme un sweater —comentó, apenas se acercó a mí.
Yo tampoco había llevado sweater; pero por fortuna, había tomado la precaución de usar un polo grueso y manga larga.
—Creo que yo puedo ayudarte —señalé casualmente y coloqué mi brazo sobre sus hombros.
Pude percibir que el primer instinto de Bella fue tensarse ante mi toque, aun así, eso no me desanimó. Sabía muy bien que ella no era un gran fan del contacto físico y nuestra relación nunca se caracterizaba por eso; así que era normal que le extrañara. Sin embargo, noté que un escalofrío recorría su piel; imaginé entonces, que eso debía haberla convencido de no apartarse.
En lugar de darle tiempo para reconsiderar mi movida, la giré y nos encaminé hacia nuestro destino.
—¿A dónde me llevas? Sabes que estamos a una cuadra del Fun Central, ¿cierto?
—Lo sé. Allí es a dónde vamos.
—¿Qué? ¿Por qué no me dijiste? Podríamos habernos visto allá directamente —cuestionó confundida.
La verdad, era que no le había dicho nada porque no quería que fuese cualquier otra salida de amigos, quería que fuese algo distinto. Pero era claro que no podía decirle nada de eso, a menos que quisiera verla correr desesperadamente en la dirección opuesta. Tendría que ser sutil... aun cuando las "sutilezas" no fuesen mi fuerte.
—Sólo algo distinto —sacudí un hombro y le di un suave apretón al de ella.
Por fortuna, entramos al Fun Central y fue mucho más fácil desviar su atención. La usual música electrónica llenaba el lugar, en un volumen moderado, de modo que podías tener una conversación con alguien. Varias máquinas de videojuegos (antiguas y actuales) estaban dispersas por toda la gran sala, incluyendo unas que tenían motos y asientos con volantes, para sentirse tal cual como en una carrera.
Este era uno de nuestros lugares favoritos. Especialmente, cuando había mucho estrés en el trabajo y necesitábamos liberarnos un poco. Era lo más cercano a volver a ser un niño otra vez.
Sin pensarlo dos veces, nos fuimos de inmediato a las carreras de autos. Después de un par de visitas al Fun Central, descubrimos que los autos despertaban nuestra competitividad; así que optábamos por jugar uno junto al otro, pero en juegos separados.
—¡Sí! ¡Toma eso, tortuga! —exclamó Bella, moviendo su volante con más fuerza, de la que probablemente era necesaria.
Sí, a veces "competitiva" puede ser un eufemismo.
El tiempo fluía con rapidez y pasamos a las máquinas de Pac-Man (mi favorito). Bella siempre intentaba superar mi puntuación para poder ingresar sus iniciales al juego; pero eso simplemente, no era posible.
—Bella, supéralo. Soy mucho mejor que tú; esa es la realidad.
Justo en ese momento, se escuchó la conocida melodía que anunciaba la culminación del juego. Me lanzó una mirada letal y podía imaginarme fácilmente el humo saliendo de sus orejas. Sentí el impulso de acercarme a ella y abrazarla; pero en lugar de eso, tomé su brazo y la dirigí a la mesa de hockey aéreo más cercano, a sabiendas de que ese, sí era su fuerte.
Tal como lo esperaba, ella ganó 3 de los 4 partidos (con baile de la victoria incluido). Nos dirigimos al fondo de la sala (esquivando a los niños con manos pegajosas, que se dirigían a los juegos de baile) y llegamos a la única máquina de pinball que yacía un tanto abandonada. Aparentemente, los niños no eran muy asiduos a los juegos que no incluyeran pantallas electrónicas.
Como teníamos que turnarnos, yo fui el primero en jugar. Cuando fue el turno de Bella, me tomé la libertad de reclinarme en la pared junto a la máquina, con los brazos cruzados y observarla. Algunos mechones de su cabello se habían salido de su broche y colgaban a los lados de su rostro, sabía que debía estarle molestando porque cada tanto fruncía los labios y soplaba para apartar el mechón de su vista; prefería eso, a apartar sus manos del juego por un segundo.
Todo su cuerpo rebosaba energía, se notaba en la forma en que cambiaba su peso de una pierna a la otra, dando la impresión de que rebotaba en su sitio y haciendo que sus caderas se movieran de forma muy llamativa. Finalmente, me aparté de mi lugar y me posicioné tras ella con la excusa de observar mejor el juego; pero en realidad me regocijé en el hecho de estar tan cerca de ella, mi rostro a sólo un par de centímetros del suyo y mi respiración sobre su hombro. Ante esto, ella no mostró mayor respuesta, supuse que por lo concentrada que estaba en su labor; sin embargo, cuando tomé uno de los mechones y lo coloqué detrás de su oreja, noté claramente que sus manos se cerraron en puños y dejó caer la pequeña esfera plateada entre sus dos palancas.
—¡Oh, perdiste! Ahora voy yo —comenté para disipar cualquier incomodidad que ella pudiese sentir y me aparté de inmediato de su espacio personal.
—Eso no se vale —masculló entre dientes y se apartó del juego, sin mirarme—. Me distrajiste.
—No sabía que tenía ese poder —sonreí abiertamente.
—Cualquiera que me tome desprevenida lo tiene, Edward —bufó.
Ouch. Justo cuando empezaba a sentirme especial
—¡Ya déjame jugar! ¡Es mi turno!
—En realidad, ya tengo que irme.
—¡Oh!
Salimos nuevamente hacia la calle, con un aire un tanto tenso entre nosotros.
—Hey, ¿cómo está Emmett? —preguntó, cuando nos detuvimos junto a la puerta— Hace mucho tiempo no lo veo.
Introduje mis manos en los bolsillos de mis pantalones y me recliné en la pared junto a ella.
—Está bien. Un poco más gruñón que de costumbre, pero... creo que está bien.
—Rosalie me llamó el otro día —comentó casualmente, mirando en otra dirección.
—¿Qué?
Sabía que Rose y Bella habían intercambiado números hace tiempo y se escribían de vez en cuando; pero aún así me parecía algo extraño.
—Me dijo que... —pausó y me dio la impresión de que estaba procurando escoger bien sus palabras— me dijo que había tenido una conversación muy seria con Emmett y ahora, él está actuando muy extraño.
—¿A qué te refieres con "una conversación muy seria"? —pregunté perplejo.
—Esto no se trata de mí, Edward, no puedo decirte más nada. Sólo... cuando puedas, trata de hablar con Emmett... quizás te diga lo que siente.
Ante sus palabras no pude evitar soltar un bufido y una risilla, y ella respondió con un ceño fruncido.
—No es que no quiera hacerlo. Créeme —expliqué con mis palmas hacia arriba, en señal de rendición—. Es que la idea de que Emmett quiera "compartir sus sentimientos" con alguien es bastante improbable. En realidad, ni siquiera sé cómo hace Rosalie para que le diga que la quiere —reí.
Bella se removió incómoda en su sitio. Cuando frotó sus brazos desnudos, recordé que tenía frío y no quise demorarla más tiempo, continuando así la conversación.
—Está bien. No puedo prometer nada, pero intentaré hablar con Emmett.
Puse mi brazo sobre sus hombros nuevamente y la giré en la dirección que ambos debíamos tomar para ir a nuestros respectivos hogares. Me alegré al sentir que ya no se tensaba tanto como antes.
—¿Sabes qué es extraño? Por lo que me dices, tu hermano parece bastante sobrio y reservado con sus sentimientos, mientras que tú... —En lugar de terminar, soltó una carcajada.
—¿Mientras que yo qué?
—¡Eres tú! —destacó, como si fuese la explicación más obvia.
—Vas a tener que elaborar más tu respuesta.
—Ya sabes. Compartes tus sentimientos fácil y rápidamente, sin siquiera dudarlo, y puedes hacerlo de forma… un tanto extravagante.
—¿Extravagante?
Estaba caminando y mirándola a ella, cuando sentí que mi pie tropezó con algo duro y casi caigo de cara sobre la acera, de no ser porque Bella se giró hacia mí y me sujetó con fuerza por la cintura con ambas manos. Su rostro quedó oculto en la curva de mi cuello, de modo que su agitada respiración cosquilleaba sobre mi piel, ajusté más el brazo que tenía sobre sus hombros y mi otra mano descansó sobre su cintura.
Giré mi cabeza para ver con qué me había topado; resultó ser la tapa de una alcantarilla que estaba fuera de su lugar y de no ser por Bella, mi destino no hubiese sido caer en la acera, sino en las profundidades de una oscura y apestosa alcantarilla. Giré nuevamente mi rostro y froté mi nariz suavemente sobre los castaños cabellos de Bella.
—Creo que me salvaste —murmuré.
—Eso creo —replicó en voz baja. Ella escogió ese momento para separarse lentamente de mí y mirar a su alrededor—. Creo que aquí nos separamos.
Sus palabras me parecieron extrañas, hasta que yo también tomé consciencia de mis alrededores y me di cuenta de que habíamos llegado a la cuadra donde; para ir a casa, yo debía cruzar hacia la izquierda y ella a la derecha.
—Bueno... gracias —sonreí.
—De nada —sonrió de vuelta.
Antes de convencerme de lo contrario, me incliné hacia ella y dejé un beso rápido en su mejilla. Cuando me alejé y vi su rostro, ella tenía una ceja arqueada; pero no lucía enojada, incluso parecía estar a punto de sonreír (aunque, eso podría ser sólo mi deseo de que así fuese)
—Estas un poco cariñoso, ¿no?
—Ahm... acabas de salvarme la vida, creo que la situación lo amerita —reí y sacudí un hombro, procurando lucir lo más casual posible.
—Supongo que sí. Además ya fingí un orgasmo contigo, eso generalmente, lo hago en mis relaciones más serias.
Ambos soltamos una carcajada y, por fortuna, la tensión se dispersó.
—Nos vemos luego, Edward.
Bella sacudió su mano en señal de despedida; pero antes de que pudiera girarse, la detuve.
—¡Hey! ¡Mira eso! —exclamé, señalando en mi dirección opuesta.
Apenas volteó su rostro, me acerqué velozmente y dejé otro rápido beso en su mejilla. Esa vez no esperé por su respuesta, sino que con paso rápido tomé mi camino. Llevaba sólo una corta distancia, cuando escuché su voz gritando "Hey" y algo que no pude distinguir.
"Este es sólo el comienzo, Bella Swan" pensé sonriendo "Sólo el comienzo".
La mañana siguiente estaba fluyendo tan normal como cualquier otra, excepto que encontré a Emmett de pie, junto a la ventana de la cocina y mirando atentamente hacia el exterior. Lo cual no hubiese sido tan preocupante; si no fuese porque nuestro hermoso panorama, constaba de una pared de ladrillo grises y viejos del edificio de al lado. Como si eso fuese poco, me acerqué a la cafetera y me percaté de que no había nada; aunque siempre era él quien lo hacía. Decidí ignorar todo eso y comencé a hacerlo yo mismo.
—¿Quieres café? —pregunté, a sabiendas de que diría que sí. Emmett nunca salía a trabajar sin una pequeña y caliente taza.
—No quiero, gracias —masculló entre dientes.
La bolsa de café se calló de entre mis dedos y una parte dio a parar en el fregadero.
Era muy temprano, aún estaba un poco somnoliento y tenía un tiempo limitado para prepararme y salir a trabajar; pero de todos modos di unos pocos pasos y me posicioné de brazos cruzados frente a Emmett, bloqueando su "maravillosa vista".
—Dime qué te sucede —ordené con mis labios fruncidos.
Esas palabras parecieron ser suficiente para despertarlo de su trance.
—No sé de qué estás hablando —respondió bruscamente y se apartó de mí, caminando de un lado a otro por la cocina.
—Estas actuando extraño, Emmett. Algo te está pasando.
—¡No me pasa nada Edward! —escupió. Se dirigió a la repisa, abrió uno de los gabinetes, miró en su interior por un par de segundos y lo cerró de un golpe para luego continuar haciendo lo mismo con los demás.
—Yo sé que no te gusta mucho esto, no obstante, te estoy diciendo que puedes dejar de ser un troglodita y hablarme de lo que te está pasando —argumenté, esta vez alzando un poco mi voz sobre el ruido de las ollas, que en ese momento estaba removiendo.
Después de unos minutos, se dirigió a la nevera.
—El hecho de que tú seas una reina del drama no significa que todos seamos iguales, Edward.
—Entonces, no te está pasando.
—No.
—Estas actuando con toda normalidad.
—¡Sí!
—Entonces, ¿por qué diablos llevas tanto rato abriendo las mismas gavetas de la nevera, una y otra vez sin sacar nada?
Inmediatamente, sus manos se congelaron en el aire frente a la gaveta que estaba a punto de sujetar, el resplandor de la luz de la nevera hacía que su piel se viera amarilla.
Emmett cerró la puerta lentamente y se acercó a mí con paso cauteloso, hasta que su rostro quedó a pocos centímetros del mío. Cuando habló su voz era extrañamente serena, similar a la calma anterior a la tormenta:
—No te metas en mi vida, Edward. Yo no soy como tú, no voy a sentarme en ese sofá con Alice a pintarme las uñas y compartir mis sentimientos. Te lo digo por última vez: .METAS.
Se alejó de mí en silencio y me percaté de que no sólo se había olvidado del café, sino también de cepillarse los dientes.
Apenas llegué al trabajo, le conté a Bella que había intentado hablar con mi hermano y, tal como lo había predicho, no quiso soltar nada.
Cuando llegó la hora del almuerzo, Bella pasó por mi cubículo para que bajáramos juntos a la cafetería; sin embargo, yo aún me encontraba inundado en trabajo pendiente, explicándole que trataría de alcanzarla luego. Faltaba muy poco tiempo para que terminara la hora y me levanté de mi silla para bajar a comprar algo, cuando escuché unos pasos en el pasillo. Enseguida supuse que sería Bella; así que comencé a hablarle:
—Bella, todavía no he terminado lo que hacía; pero bajaré a comprar un sandwiche...
Me detuve cuando vi que la figura que apareció en mi puerta, no era otro más que mi hermano.
—Soy yo —murmuró. Lo primero que noté, fue que sus hombros caídos le restaban altura.
—¿Qué estás haciendo aquí?
Entró a mi cubículo un tanto dubitativo y, con las manos en sus bolsillos y la mirada fija en mi escritorio, respondió:
—Necesito tu ayuda.
Tengo que admitir que me tomé unos segundos para regodearme en sus palabras; pero en mi defensa, cuando le hablé, procuré que mi voz sonara calmada y sin rastro de arrogancia (y sí, fue difícil).
—Pensé que no querías que me metiera en tu vida.
Emmett me miró con los ojos ensanchados y el ceño fruncido, parecía a punto de soltar otra rabieta, pero aparentemente se contuvo y volvió a relajarse.
—No debí decirte eso. La verdad es que me sentía muy mal y... necesito tu ayuda —Lo último fue casi un gruñido.
—No estoy seguro de querer ayudar...
—Es sobre Rosalie —interrumpió.
Rodeé mi escritorio hasta quedar frente a él y lo miré atentamente a los ojos.
—¿Está embarazada? —pregunté.
—¿Qué? ¡No! —Respondió rápidamente, pero sin perturbarse. Pausó y dirigió su mirada a la pared entornando los ojos, como si estuviese considerando algo, esbozó un atisbo de sonrisa y luego volvió a mirarme nuevamente— No es eso; pero... tengo un gran problema.
Me incliné sobre mi escritorio y crucé mis brazos sobre mi pecho. Emmett sonaba cada vez más misterioso y, francamente, comenzaba a preocuparme de verdad ¿Acaso tendría un problema con la ley? Rosalie era abogada, ¿Acaso ella...?
—Tienes que decírmelo —argumenté.
—Es un gran, gran problema, Edward —destacó mi hermano. Movía sus dedos de forma inquieta, como siempre lo hacía cuando estaba nervioso.
—¡Termina de escupirlo de una buen vez, Emmett! —exclamé exasperado.
—Yo... quiero pedirle matrimonio a Rosalie.
...
...
¿Qué se suponía que podía responder ante esto? Mi silencio, era todo lo que podía darle en ese momento. No, en realidad, también podría haberle dado un golpe por darme ese susto; pero instintivamente, elegí el silencio.
—Es una puta broma, ¿cierto? —cuestioné secamente.
—Lo sé, lo sé, estoy perdido —se lamentó y sacudió la cabeza de un lado a otro en negación.
—¿De qué diablos estás hablando? ¡Rosalie te ama! Ya sabes que te dirá que sí.
—¡No es tanto que tema su respuesta, Edward! ¡Es que no sé qué diablos voy a hacer para pedírselo! Y no creas que lo único que le importará a ella, es que estaremos juntos y toda esa porquería… ¡La mujer espera algo grande! ¡Ella me lo dijo!
No pude evitar soltar una gran carcajada al escucharlo. Mi pobre hermano sonaba verdaderamente preocupado y desesperado. Yo ya entendí el porqué, pero quise torturarlo un poco más.
—Ok, entonces haz algo grande y pídele matrimonio —afirmé tranquilamente.
—¡Oh, sí! ¡Es tan fácil! Ya que estamos en eso, ¿por qué no aprovechas y dejas tu fascinación por el amor?
Ouch.
—Ya no es así, Emmett, yo estoy...
—Lo sé, discúlpame —se excusó luciendo extrañamente avergonzado—. Es que... ¿Qué se supone que voy a hacer? Tu sabes que yo no ando por ahí hablando de mis sentimientos y haciendo grandes gestos de amor.
Eso era muy cierto. Francamente no recordaba la última vez que Emmett me había dicho "te quiero" y tiene la costumbre de abrazarme anualmente en mi cumpleaños (de algún modo nos arreglamos con sólo un apretón de mano y palmadas en la espalda en año nuevo). Quizás con mamá y papá sea mejor; pero ciertamente, nunca lo hacía frente a mí. El sólo pensar que tenía que hacer algo romántico para Rosalie, me hizo soltar otra carcajada.
—Estás perdido —confirmé, haciendo lo posible por tomar aire y calmar mi risa.
—¡Ahí es donde entras tú! —señaló con entusiasmo.
—Yo no puedo pedirle matrimonio por ti, Emmett. Esto no es como cuando tenía 10 años y me hiciste terminar con nuestra vecina Suzie, porque tú no podías hacerlo en persona.
—Yo sé que no, idiota. Necesito que me ayudes a inventar algo para Rosalie.
Rápidamente mi cabeza hizo toda clase de cálculos maquiavélicos; en los que no sólo podría ayudar a mi hermano, sino también reír un poco en el proceso.
—Esto podría ser muy interesante —sonreí.
—Te lo advierto de una vez, nada que incluya flash mobs ni que yo tenga que salir bailando en la calle —advirtió, señalando mi cara con su dedo índice.
Genial. Acababa de quitarme toda la diversión.
—Está bien —accedí entre dientes—. Te ayudaré con lo que pueda.
—Gracias —sonrió mi hermano luciendo esperanzado. Pausó brevemente mirando alrededor de mi cubículo, hasta finalmente volver a dirigirse a mi— ¿Cómo te va con Bella?
Emmett preguntándome sobre mi vida... eso era raro.
—Uhm... ¿bien?
—¿Crees que estás enamorado?
Aunque su tono era amistoso y portaba una sonrisa, no pude evitar que pensar que simplemente estaba esperando que le dijera que sí, para confirmar todo lo que creía de mí. Además, ¿acaso estaba enamorado? Me quedé un rato en silencio, contemplando mi respuesta, cuando el habló nuevamente:
—¡Oh, por Dios! —exclamó sorprendido. Una sonrisa incrédula y una ceja arqueada en su rostro— ¡Lo estas pensando! No estás saltando a las conclusiones tan rápido, como Toretto en una autopista. ¡De verdad lo estas pensando!
Su gran sonrisa no desaparecía; pero había comenzado a alzar un poco su voz, y la gente ya debía estar por subir nuevamente a trabajar.
—Emmett, no...
—¡De verdad te gusta Bella! ¡Estas enamorado de Bella! ¿Te imaginas si esta chica, realmente termina siendo el amor de tu vida?
Un sonido metálico se escuchó desde el pasillo y me quedé congelado.
"Oh, no. No, no, no, no"
La tapa blanca con flores verdes de una olla rodó hasta entrar a mi cubículo y caer a mis pies. Yo conocía esa tapa. Inmediatamente, fue seguida por Bella; quien entró a mi pequeño, y ahora muy poblado, espacio de trabajo sosteniendo una olla entre sus manos. Sus ojos desorbitados y la expresión de shock en su rostro, coincidían con el tono de sorpresa en su voz:
—¡¿QUE YO QUÉ?!
...
Chester les manda saludos desde "De Flores y Puntos Ciegos" (Historia Completa en mi perfil)
...
...
¿Qué tal te pareció?
