Capítulo XIII


Severus salió veloz de su despacho y el castillo; en cuanto las noticias llegaron a Hogwarts. Sus colaboradores se unieron a él. Minerva los alcanzó y preguntó.

–¿Qué haremos?

–Los aurores dicen, que las guerreras ya han perseguido a ese ser y que este abandonó el lugar.

–¿Sabes cuantos heridos? –cuestionó la bruja.

–Aun no. Esperemos que no muchos.

El Director no quiso decir lo que estaba pensando. Considerando que en ese ataque no hubo diferencia de bandos.

Los Mortifagos asignados como profesores por el Lord, se unieron al Director para ir a la estación y ayudar a los estudiantes.

Voldemort –en esa ocasión– no tuvo nada que ver con el ataque, sin embargo tampoco se justificaría o lo negaría, esto último por mero orgullo; más sus seguidores no estaban interesados en buscar justificaciones. Y su molestia con el Lord y sus criaturas, ya rebasaban sus límites.

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Theo salió de su habitación y fue a ver como se encontraba de salud Draco.

El castaño entró a la habitación en cuanto el permiso fue concedido. Theo preguntó:

–¿Cómo estás?

El rubio le sonrió:

–Estoy mejor.

–Ya veo. Que bien. ¿Sabes? si no hubiese sido por ese héroe desconocido; no lo hubieras logrado. Seguro es parte del Bando de la luz.

–¿Por qué crees eso?

–Solo ellos, para arriesgar todo por gente que no conocen.

Draco pareció meditar y respondió:

–… Si.

–Además, por eso mismo no se dejó ver; con tanto mortífago por el lugar, no era seguro.

–No todos eran mortífagos.

–No. Pero los que sabemos que no hubo muchos de ellos. Solo somos los allegados.

Draco se acomodó en la cama y Theo lo miró con curiosidad…

–¿Seguro que no supiste quién era? ¿Alguna idea?

El de ojos grises negó:

–Créeme, soy el más interesado en saber quién fue para agradecerle…, pero no tengo idea.

Theo suspiró y agitó la mano…

–Lo que interesa es que te salvó y la verdad es que un poco, a mí también.

Draco asintió y mordiéndose los labios acomodó las sábanas sobre su cuerpo. No deseaba hacer esa observación, pero debía hacerla.

–Theo… hubo un momento en que, esa cosa se detuvo y ni siquiera sabemos porque.

Theo se quedó un momento en silencio, y pensó un poco.

–Tal vez solo fue que tenía demasiado… menú.

El Malfoy dejó salir el aire.

–Sí, eso es muy posible.

–¿Por qué lo preguntas?

–Nada. Fueron imaginaciones mías.

Los dos jóvenes dejaron un momento la conversación, pues uno de los elfos llegó con los alimentos para ambos.

Sin embargo Draco pensaba en que sin querer notó cierto parecido entre ese monstruosos ser y… Riful Nott.

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Los adultos no mencionaran nada en ese instante; sin embargo Sirius sabía que Remus se encontraba muy afectado por lo sucedido y ¿Por qué no decirlo? También temeroso, de que Lucius Malfoy creyera realmente, que estaban enterados de plan de los menores –sobre todo él.

El animago se levantó del sillón que ocupaba y se dirigió a la puerta.

–Voy a ver a Severus. Debe estar preocupado y ansioso por sus alumnos.

–Voy contigo. Sin embargo creo que Snape debe estar en la estación

–En la estación… ¿Estás seguro de ir conmigo?

–Sí; tal vez podamos ayudar en algo.

–No, los digo porque es muy peligroso ir con tanto seguidor de Ya-sabes-quien. Yo pensaba ir en mi forma de animago, para estar seguro.

–Habrá aurores y mucha gente, eso puede ser benéfico. No se atreverán a hacer nada y más con todo lo ocurrido.

–Ciertamente. Pero es mejor que llevas un Glamour. Y por supuesto si llevas a tu… mascota.

–Remus sonrió un poco…

–Bien. Y la verdad, es mejor que pongamos tierra de por medio con estos… jóvenes; si no ahorita mismo los hechizo.

–Comprendo y no te detendría.

Los dos magos se alistaron y salieron rumbo al andén 9 3/4 no es que fuesen a ser muy bien recibidos, pero si aprovechaban que los aurores estarían, los compañeros de Severus no podrían molestarlos.

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Cassandra miró al grupo nutrido de guerreras que iban en su dirección y sin desear hacer ese final más largo; desenvainó su espada, pero sin muchas intenciones de usarla.

Su consideración era que su tiempo había llegado y que si bien no envió la Carta Negra, la muerte en manos de sus congéneres, era bien recibida.

Esa colina, donde Cassandra –la actual número uno– se encontraba, quedó llena de sangre.

El cuerpo de esta fue llevado por las otras Claymore, a la sede del Organización.

Dae ordenó que no dejaran nada innecesario, en el lugar.

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Lucius arribó a su residencia y en cuanto lo hizo; subió a ver a su hijo. Theo lo había dejado un momento en lo que tomaba un baño relajante.

Draco vio entrar al mayor y notó que este no se encontraba del todo bien.

–¿Padre…?

Lucius miró a su hijo y trató de sonreír.

–No. Solo les dije del ataque a los leones.

–Me imagino que se pusieron mal.

–…Si.

El Malfoy menor se removió inquieto; y sin querer agregó.

–¿Hay algo más?

Lucius calculó las posibilidades de decir la verdad a su hijo y como esto repercutiría en él y su embarazo. Más si no le decía, Draco se seguiría haciendo falsas ilusiones y a la larga sería peor.

–Draco… –El patriarca se detuvo un segundo y luego reinició– Potter y sus compinches están en Grimmauld Place –El menor sonrió sin poder evitarlo.

–¿Está…? ¿Está bien?

Lucius asintió.

–Lo está. Draco, sus amigos y él no estuvieron muy felices de verme.

–¡¿Por qué?! ¡Saben que estás ayudando!

Se ofuscó Draco. El mayor detuvo la molestia de su hijo, preocupado por él y su salud.

–Tranquilízate, eso no es importante, sabemos que los prejuicios no se olvidan fácilmente.

–…

–Les respondí por su reclamos...

–¿Por Severus?

–Si.

–No hemos hablado de ello, padre, pero yo creo que hubo atenuantes y que él tiene una explicación.

–Confías mucho en él.

–Si… igual que tú.

Lucius sonrió levemente y decidió llegar al punto.

–Draco… Potter se puso como lo que está, loco.

–Padre…

–Lo que intento decirte es que. ¡Esos tres jodidos escuincles me dijeron que…!

Lucius se detuvo, pero el rostro firme del menor, lo instó a seguir.

–Dilo padre.

–Ellos me confesaron, que todo eso de la amistad entre casas y lo que esto conllevó, fue un plan para tenernos colaborando con el bando de la luz.

–…

–Draco, Potter solo… nos usó.

El rubio menor dejó salir el aire. Luego miró a su padre:

–¿Yo…?

–Sí, sobre todo tú… Hijo, lo siento, de verdad. Mas sabes que te amo y que te protegeré y apoyaré siempre, no lo necesitamos.

Draco vio a su padre y este notó con dolor que los ojos del menor estaban algo aguados, mas este no derramó ninguna lágrima. Al responder:

–Yo… no le puedo odiar, en una guerra se necesitan todas las armas.

–Hijo…

–Y no por ello, voy a negar que…

Lucius bufó, sin embargo no insistió comprendiendo que –para su mayor ofensa– Draco amaba al León.

–Y padre… Solo te pido que no dejes de ayudarles.

–No lo haré, pues los males que aquejan el mundo mágico; nos afectan a todos, no solo a esos idiotas.

El rubio menor asintió. El patriarca le dirigió una última mirada a su hijo, cargada de orgullo y se retiró para dejarlo descansar.

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Rimt estaba poco feliz con la muerte de sus dos más fuertes guerreras; una en manos de la otra y esta ajusticiada.

Ermita miro a su jefe y comentó jocoso:

–Por lo menos no se convirtieron en Kakuseishas.

Rimt se giró a ver a sus inefables y dejó salir el aire:

–A veces los veo como niños que juegan a ser dioses… –Como no hubo reacción por parte de estos, negó–, de cierto modo, lo… –El mago más viejo, dejó la frase sin terminar y agitó la mano– Retírense a trabajar.

Los aludidos obedecieron. Después de todo los Yōmas no se detendrían solo, porque ellos perdieran guerreras.

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El caos ahora consistía en gente buscando a sus familiares y conocidos.

Severus y sus maestros –los que le acompañaron– arribaron al Andén.

Era ridículo que los magos y brujas que desconfiaban del nuevo Director y algunos de su maestros, se negaran a su ayuda, en esos momentos lo que importaba era hallar a sus seres queridos.

Severus vio arribar a un hombre de cabello castaño llevando un gran perro y caminó en dirección de estos.

–¿Que…?

–Vinimos a ayudar.

Snape no se opuso, toda ayuda sería bien recibida.

–Vengan, debemos levitar las estructuras… temo que había algunos estudiantes que ya habían subido al expreso.

Remus quiso llorar al ver el conocido tren rojo, hecho fierros deformados.

–Pero antes debemos realizar un hechizo de…–Severus ya no dijo más y alzó su varita– ¡Appareo Humanum!

El hechizo reveló a un par de figuras, dentro de lo que era la entrada de uno de los vagones.

–No podemos levitarlo, no sabemos si están heridos o atorados en los metales. –opinó el rubio trigo.

–Sí y por eso mismo debemos sacarlos.

Respondió Severus y el perro movió la cola nervioso, ladrando.

–Todos queremos ayudar, pero no sabemos cómo sin afectar… Paddy. –dijo Remus al can.

Unas pisadas firmes se escucharon y los tres magos giraron en esa dirección.

–Yo puedo entrar y ver si están bien.

Dijo una de las guerreras.

–¿Puede? –preguntó el pocionista.

–Sí, puedo abrirme camino, entre los escombros, sin moverlos mucho. Les avisare cuando sea seguro que usen la magia.

Severus aceptó.

–Por favor.

La guerrera asintió y buscó un lugar por el que entrar, tuvo que quitarse su Claymore para que no le estorbara.

–Los aurores no pudieron ni acercarse al andén, pero ellas hicieron retroceder al Yōma.

Explicó Snape. Remus comentó:

–Yo… nunca las he visto combatir.

–La gente que vio todo, dice que el ser pareció perder interés, pues se notaba muy fuerte y si se ponía serio ni ellas hubiesen sido capaces de detenerlo.

–¡¿Tanto así?!

–Si. Esto ya está fuera de nuestra fuerza. Nadie está a salvo –se lamentó Severus. –El can se acercó al pocionista y este acarició las orejas peludas– Ahora temo que el Lord es el menor de nuestros males…

Remus negó y dijo con simpatía.

–Pero un incordio menos, es mejor que ninguno.

Severus bufó:

–¡Marlín, ustedes son tan optimistas!

Los magos no prosiguieron, pues se escuchó…

–¡Vamos magos, ellas están a salvo, leviten la estructura donde se oye mi voz!

Severus y Remus obedecieron y levitaron el techo de esa parte del vagón.

Dentro de lo que quedaba de un compartimento; la guerrera de ojos plateados sostenía el marco de la puerta; abrazadas a las piernas de la Claymore, se hallaban dos estudiantes, algo sucias y golpeadas, pero… vivas.

La estructura se alzó por la fuerza de las dos varitas. Más si había algo que cayera, la de cabello rubio platino lo detuvo con su propio cuerpo, para que las dos jóvenes brujas, salieran ilesas.

Severus y Remus retiraron por completo los fierros retorcidos y las dos brujas, fueron auxiliadas por ellos.

La guerrera salió después de que los magos y las brujas estuvieran a salvo. Ella los vio y recibió su espada de cierto can que la cargaba –con trabajo– en el hocico.

La bruja de ojos plateados, recibió su filo y acomodándola, se retiró…

–Gracias… –dijo la voz diminuta de una de las brujas.

Ella asintió sin voltear…

–¿Tu nombre…? –llamó la otra estudiante.

La Claymore avanzó y los presentes consideraron que no recibirían respuesta, más…

–Octavia…

Dijo y echó a correr en dirección a donde el Abismal se había retirado.

Con las dos brujitas a salvo y con sus familias. Y la mayoría de los estudiantes encontrados. Remus y Severus se retiraron al castillo, llevando al can.

La entrada de los estudiantes a Hogwarts se retrasaría un par de días.

Al momento en que arribó el grupo de profesores al colegio de magia. Los otros se apresuraron a preguntarles, sobre lo ocurrido.

Severus explicó lo que sabían y el motivo para retrasar el inicio de curso; aunado a lo anterior…,

–… Las divisiones entre opiniones y bandos se desdibujan en cuanto el alumnado corre peligro. Nuestras defensas pueden repeler… a muchos, pero no a esos seres; como responsables de los estudiantes es nuestro deber vigilar los terrenos y en caso necesario defender –hasta donde podemos– Hogwarts.

Minerva observó al pocionista y muy a su pesar y siendo la líder –no nombrada– del bando de la luz en Hogwarts, tuvo que reconocer que era muy cierto; en esos últimos tiempos, Voldemort parecía más una molestia, pues el real peligro ni mortífagos, ni los de La Orden podían siquiera enfrentarlo solos.

Minerva cedió y se unió a Severus.

–Ya lo han escuchado y estoy de acuerdo con él… Director; nuestros estudiantes son prioridad.

La reunión improvisada se disolvió; no sin que Severus agregara:

–Hay un nuevo docente que se une a la plantilla como profesor de Defensa contra las Artes Oscuras. El señor Lucián Smith y su… mascota.

Remus asintió después de unos segundos, los que le costó recuperarse de semejante anuncio que Snape, ni consultó con ellos.

–Un gusto.

Con ese anunció, todo el profesorado se retiró a excepción de MacGonagall.

Ella observó a los recién llegados y se cruzó de brazos.

–No tengo idea de quienes son, pero dudo que sean solo el señor… Lucián y… su mascota, pero por el momento no intervendré.

La bruja se retiró. Dejando a esos tres caminando con dirección a las habitaciones de Severus.

Al llegar a su lugar seguro. Remus se giró a ver a Severus, más este habló antes.

–No tienes otra cosa que hacer, y si pretendes ayudar al mocoso Potter, Hogwarts es el mejor lugar para pasar desapercibido, además pueden cuidar de los otros leones atolondrados. Esos tres en Grimmauld Place están a salvo y podemos hacer una conexión directa entre chimeneas.

–Oh, en ese caso está bien. Y yo que creí que solo deseabas… tener a Sirius aquí.

–Cierra la boca Lupin. –masculló avergonzado Severus.

Remus salió de las habitaciones y nada parecía borrar, su sonrisa burlona.

En cuanto el licántropo se retiró. Sirius apareció y Snape le colocó una capa sobre el cuerpo desnudo.

Sirius atrajo a su pareja entre sus brazos y dejó que este sintiera que era su sostén, su compañero, su cómplice, el hombre que sabía todos sus secretos.

El ataque al expreso no fue un juego y hubo víctimas, que Severus sintió sobre su espalda.

El heredero Black conocía a su amante muy bien y no dijo palabra, sintiendo el dolor de este y como lo dejaba salir en un abrazo necesitado, que solo él podía darle.

El de ojos grises se lamentó tener que darle más problemas a Severus, sin embargo debía ponerlo al tanto del plan estúpido de su ahijado y amigos de este; pues si el pocionista se enteraba por otra persona; hasta su relación podía sufrir consecuencias.

El animago se fue a sentar, llevando con él al otro.

Luego lo atrajo y sin dejar de abrazarlo:

–Severus.

–¿Si?

–Hubo algo que esos tres nos confesaron, anoche que Lucius nos llevó el Horrocrux. Ellos…

Snape escuchó el relato. Sirius no consideró justificarse; él ni siquiera estaba en ese momento entre los vivos.

–Digno de la Señorita Granger, a los otros no se le hubiese ocurrido.

–Lo siento Severus.

–No debes disculparte.

–No tienes nada que ver. La ayuda la daríamos de todos modos; con los Yōma devorando sin distinción, no es como si dejáramos que el Lord siguiera haciendo daño, por supuesto que Draco fuese unido a los leones, era un bono. Draco… debo ir a verlos…

–No quiero parecer insensible, pero fue mejor que se enterara, porque vivir en un engaño no es ni remotamente bueno.

Severus asintió y es que no podía decirle a Sirius lo otro, no sin permiso de los Malfoy.

–De todos modos es mejor que vaya a verlos, antes de que las clases absorban mi tiempo.

Severus se levantó y con el Sirius.

–Yo, quiera o no, debo informarles de lo ocurrido en el expreso, a esos tres.

–¡¿No les dijeron?!

–Estábamos muy molestos y preocupados. Salimos de inmediato.

Snape no agregó nada; después de todo imaginaba la decepción de Lupin y Sirius, considerando que los Gryffindor se conocían por su honestidad.

–Llama a Lupin, abriré la chimenea.

El animago se transformó y salió en busca de Remus.

El pocionista caminó por la sala, hasta la chimenea. Pensando en que Lucius estaría furioso y Draco destrozado esperando un bebé de un mentiroso.

La puerta se abrió y por ella, entraron los dos ex leones.

Remus se acercó, seguido por el can y explicó:

–Creo comprender que podemos ir a Grimmauld Place desde tu chimenea.

Sirius volvió a su humanidad y llegó hasta la chimenea para abrir la de su Mansión. En lo que el heredero Black realizaba eso; el rubio trigo, siguió:

–Snape, si vas con… Lucius. Dile que…

Severus negó.

–Está furioso en este momento, él mismo analizara la situación y sabrá que no tuviste nada que ver ¿o sí?

–¡Por Morgana! ¡No! –exclamó Lupin.

–Entonces, solo dale tiempo.

–Y ese tiempo, úsalo en pensar como castigar a esos mocosos. –concluyó Sirius.

Los tres magos se alistaron y se dirigieron a su destino.

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Lucius dejó la habitación de Draco y este se removió en la cama. Suspiró y tocó su vientre:

–Todo es una ilusión…

Se dijo. Las pruebas eran aplastantes y cruelmente ciertas. Más también era real ese mago o bruja que crecía en su interior… y que le hacía confiar en el futuro.

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En una de las salas de la Mansión; los tres jóvenes tenían rostros pálidos y miles de preguntas; más los adultos sentados frente a ellos. Fueron explícitos.

–… No sabemos con exactitud quienes fallecieron; más no hubo tantas perdidas como se esperaría en un ataque como ese. –manifestó Remus.

–Las Claymore llegaron a tiempo para combatir. –señaló Sirius.

El primero en reaccionar fue Ron; que se levantó intempestivamente y casi corrió al otro salón seguido, poco después, por los otros dos.

Los adultos les alcanzaron con paso moderado, pues advertidamente; el heredero Black, cerró la chimenea anteriormente.

Con todos, en el salón de esta.

–¡¿Por qué Dementores está cerrada?!

Exclamó angustiado y furioso, Ron.

Hermione miró con desesperación a los dos magos mayores...

–¡Ábranla, debemos saber si los Weasley están bien!

Sirius no se molestó en explicarse, ante los gritos de los jóvenes, en cambio:

–¡Petrificus Totalus!

Con Harry, Hermione y Ron inmóviles, Remus tomó la palabra.

–No pueden salir, es peligroso. Ron, tu familia debe estar bien; no hemos recibido noticias de lo contrario. Hermione y Harry, ustedes no tienen a que salir. Si están preocupados por sus amigos, sigan con su misión y podrán deshacerse de uno de los peligros.

Con las razones dadas. El hechizo fue retirado. El pelirrojo se mesó los cabellos.

–No podemos estar seguros… debo ir a mi casa.

Hermione suspiró e intervino.

–Pero Remus y Sirius tienen razón, Ron. No puedes salir así como así, es peligroso.

–Iré con la capa de Harry.

–Ron… –se oponía la castaña.

–¡Ustedes no saben cómo me siento!

Sirius vio al pelirrojo y el daño que les causó a los otros dos, sus palabras.

–Ahora sabes que la familia es importante y que ellos estén el peligro o que sean lastimados, es terrible. Así se sintió Lucius Malfoy.

Los tres jóvenes se giraron a ver, impactados al animago, sin embargo este no se retractó.

–¡¿No puedes hablar en serio, Sirius?! –bramó el de pecas– ¡¿Cómo puedes comparar a mi familia con esos traidores rubios?!

Remus se cruzó de brazos y entrecerró los ojos.

–Tienes razón, Ron, no se pueden comparar. El ataque al andén lo realizó un Yōma, un monstruo que no distingue entre unos y otros. Los Malfoy fueron usados y lastimados por los que creyeron sus aliados, magos como ellos.

Hermione se cubrió la boca y lloró. Harry se mordió los labios y apretó las manos en puños.

El de ojos azules respondió:

–Si debo arriesgar a mi familia por salvar a todos… incluidos a los mortífagos… prefiero no hacer nada. Ahora abre la chimenea.

La chimenea fue abierta:

–¡Ron! –Llamó Hermione– ¡Lo prometimos!

Harry no se atrevió a detener a su amigo; desde un principio, él no ddeseaba que ninguno de los dos se pusieran en peligro por seguirlo; sin embargo no pudo evitar sentirse un poco traicionado por Ron, como en aquella ocasión del torneo.

Los ex merodeadores no intervinieron, solo lo hicieron para vigilar que el chico pelirrojo llegara a su destino. De eso se encargó Remus y Sirius se quedó con el resto del trio dorado.

Con estos aun asombrados por ser abandonados por Ron. El mayor los agarró del brazo y los llevó a la sala donde antes se encontraban, por el pasillo que fueron; ninguno de los dos dijo palabra y Sirius no los culpaba, incluso tampoco culpaba a Ron.

El heredero Black pidió algo de té a Kreacher y en cuanto estuvo, les sirvió a los dos menores.

–Cuestionarnos o lamentarse, no sirve de nada. Debemos seguir con la investigación.

Harry dejó su taza y miró a su padrino.

–Lamentarnos y pedir perdón tampoco sirve ya. Sin embargo, te prometo que si… sobrevivo, le daré una disculpa a los Malfoy y a los otros Slytherin.

–Oh y lo harás seguro; pues no dejare que mueras –advirtió convencido, el animago.

Esa fue una promesa, pero los recuerdos de la mentira que habían creado entre ellos para engatusar a los Sly, no se olvidaría.

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Severus fue recibido por uno de los elfos de la Mansión y guiado a uno de los salones. Ahí ya lo esperaba Lucius.

No hubo intercambio de información, ya antes se había dicho mucho. Solo una pregunta salió de los labios de Severus, en cuanto se sentó y fue servido con una copa de vino.

–¿Cómo lo tomó?

–Bien, dentro de todo. Pidió que no dejara de prestarles ayuda.

–Ya veo. Nunca lo conocí piadoso.

–Oh, pero no es piedad… es orgullo, Severus. No demostrara que tanto lo lastimó, todo esto.

–… ¿Temes que haga algo?

–No mientras espere a su hijo o hija… después no lo sé. Todo debe acabar pronto, es lo único que deseo.

–Todos. Más solo sería un problema menos; aun quedaran esas amenazas que con cada día que pasa, se vuelven más fuertes y espantosamente hambrientas.

–Por lo menos. El Lord no es inmortal y si le afecta la magia.

Severus dejó su copa de la mesita y comentó:

–Aunque esos objetos son difíciles de hallar y no esperaba menos, pero no tengo mucha idea de dónde buscar.

–Oh vamos, Severus; estás demasiado nervioso por lo que pasó, por eso no has pensado mucho. Pero creo que con más serenidad, hallaremos la respuesta.

El pelinegro pensó que su amigo tenía mucha razón. Y recordó a ciertos ex leones.

–¿Y qué has pensado de Lupin?

Lucius bebió otro trago de su copa y dejó salir el aire.

–Es responsable en cierta medida.

–¿Y eso?

–Bueno, entre los de la Orden y él han creado a esos tres arrogantes mocosos. –Severus sonrió de lado– Si, así como tú también eres responsable del mimo de mi hijo.

–¡Oh por Merlín! En ese caso también lo seré de los de tu nieto o nieta.

La sonrisa de Lucius apareció.

–Y su Sanador también. No puedo creerlo… ¡Seré abuelo!

Severus alzó su copa y el rubio lo imitó. Después de tanta angustia; celebrar esa buena noticia, les venía bien a los dos.

Y de cierto modo retorcido, el plan de los Gryffindor funcionó; pues esos Slytherin –y quien sabe cuántos más– se unirían a la causa; y con ellos, el final del Lord oscuro, se veía más cercano.

Un esfuerzo por el bien de las nuevas generaciones, una… la que crecía dentro de Draco Malfoy y que también era de Harry Potter.

El estómago del heredero Malfoy crecía, al mismo ritmo que los intercambios de información, entre Severus, Lucius, Remus y Sirius lo hacía.

No obstante, un esfuerzo unido, entre los profesores de Hogwarts, Mortífagos y miembros de la Orden, daban resultados eficaces y pronto la desaparición o destrucción de sus Horrocruxes avivó a Voldemort y con eso, la caza de los allegados al niño dorado.

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Remus entró veloz al edificio y luego al departamento. Al estar en el interior de este; sintió la magia de su pareja escanearlo.

–Soy yo, Lucius.

El rubio platino, salió de la cocina levitando una cubitera que enfriaba una botella.

Remus dejó su capa en el sillón.

–¿Y eso?

–No puedo creer que no lo recuerdes.

El licántropo se sonrojó y apareció una cajita.

–Si lo hice, pero me daría vergüenza, si tú no.

El Malfoy sonrió y besó la boca al rubio trigo.

–No pasamos por tanto, bueno y malo como para no recordar que cumplimos un año como amantes.

Remus atrajo a su pareja y lo besó más pasionalmente.

Lucius correspondió y sintió como su amante se subió a horcajadas sobre su regazo.

Atento a las reacciones del platino; Lupin movió su caderas rozando con toda intención el miembro semi erguido de este.

La ropa resultó estorbosa en cierto instante, más antes de pasar a ser uno. Lucius se separó aun jadeando y vio a Remus, con ojos brillantes de pasión…

–Estoy totalmente dispuesto, sin embargo quiero brindar contigo y ver mi regalo.

Remus se bajó de su pareja y se sentó a su lado, luciendo algo avergonzado.

–No es muy lujoso…

–Remus. Que sea de tu parte es lo que me importa.

El patriarca abrió la pequeña caja y vio en su interior, mostrando una sonrisa.

–Son… bueno, para que me recuerdes. –reveló Lupin.

–Pensé que no te agradaba pensar en ello.

–Pues me pone o ponía incomodo, por la segregación que padezco desde niño; empero y contra todo pronóstico. Tú con ideas tan puristas y siendo quien eres…

–¿Si?

–No me rechazaste, ni me temes o me desprecias, por el contrario…

Lucius comprendió la idea y atrajo al otro mago en un abrazo.

–Los usaré, no los dudes.

–Bueno como son sencillos, si quieres solo cuando no veas a gente importante y…

–Oh no, Remus los usaré cuando lo desee y quiera recordarte, que es siempre.

Lucius se quitó los gemelos que portaba –de zafiros– y se colocó los sencillos lobos de oro, los cuales mostraban a estos animales en posición de estar aullando.

Remus sonrió pícaro y destapó la botella sirviendo las copas.

–Es muy bueno que te hallan agradado, pero tendrás que estrenarlos más tarde, por el momento te deseo sin ropa, de preferencia.

Lucius asintió cómplice.

El whisky fue bebido y saboreado en bocas propias y ajenas. Lucius incluso se dio el lujo de beber sobre la piel de Remus.

Algo de este, fue el condimento cuando el rubio platino, chupó el pene de su amante.

Sintiéndose listos para la unión, Remus subió de nuevo sobre el regazo de Lucius, este alineó su miembro en la entrada del licántropo y Lupin fue bajando sintiendo la placentera intrusión.

Lucius agarró de las caderas al rubio trigo y con eso le ayudó en los movimientos, mas era Remus quien marcaba el ritmo.

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La casa se sentía segura, de eso no cabía duda, no obstante, eso no evitaba que ambos jóvenes sintieran la angustia atenazarles el corazón y la razón.

La sala estaba atestada de libros abiertos por aquí y por allá. Hermione leía detenidamente –devoraba– cada uno de esos tomos.

Harry no acostumbraba interrumpir a su amiga, cuando esta se hallaba en una investigación, el celo que ponía en ello, solo se comparaba con las ansias que a él le corroían cuando sabía que uno de los pedazos de Voldemort eran localizados; y alguien más iba en su busca.

El de ojos verdes se sentó y llamó con voz paciente a la castaña:

–Mione…

–…

–Mione… Sirius llamó hace un momento.

–…Si… –balbuceó la bruja.

–Si. Saben cómo destruirlos.

–¡¿Qué?! –por fin reaccionó Hermione– ¿Cómo?

El pelinegro tomó aire y agregó:

–Usaron la espada de Gryffindor.

–¡Merlín!

–Sirvió. Al parecer Sirius tuvo ayuda, con todo y que fue una gran idea, no me dijo quien fue.

La castaña dejó a su lado el libro que leía y vio a su amigo.

–¿Tienes sospechas?

–Sirius regresó muy cambiado, pues si pensara como antes, no aceptaría ayuda de… cualquiera, pero me temo que con lo enojado que estaba y…

–No, nos lo dijo, pero si no está quedándose en la Madriguera, solo hay otro lugar seguro…

–Hogwarts.

–Si.

–¡Pero ahí está ese asesino!

–Harry… lo has pensado también ¿no? Quien más podría saber de los Horrocruxes y como destruirlos o por lo menos tener una idea.

–Sirius haría lo que fuese por ayudarnos.

–Incluso… unirse al enemigo.

–Tal vez, como nosotros lo hicimos.

–Pero eso no sería muy extraño ¿no? Después de todo por eso casi nos hechiza.

Harry se encogió de hombros.

–Con tal de terminar esta guerra. –Harry se dejó caer en uno de los sillones, después de quitar los libros que se encontraban ahí– Llevamos meses sin salir de aquí.

–Y… Ron…

–No ha regresado y no lo culpo.

Hermione le dio un sorbo a su té, pero ya estaba un poco frio y utilizó un hechizo calentador.

–Por supuesto que no lo culpas, porque no te crees con derecho de hacerlo, pero esta misión no eran un juego y nosotros decidimos hacerla contigo.

–Es su familia, Hermione…

–¡Y la de muchos, Harry! ¿Imagina si todos pensaran solo en las suyas? no se haría nada contra Él.

Harry suspiró y sonrió con melancolía.

–De cierto modo todos lo hacemos por los que amamos. –Hermione correspondió el gesto de su amigo, sonriendo– Esas serpientes estás destruyendo desde dentro a su señor, pero no lo hacen por buenos samaritanos, si no por salvar a sus familias.

La bruja observó a su amigo, que ya miraba hacia uno de los cuadros de la salita. De un tiempo a esa fecha; este se veía más apagado, ella suponía que por el encierro, por el enojo de los mayores con ellos, y por la ida de Ron.

Hermione, calentó una taza de té a Harry y la levitó cerca de él.

–Bebe un poco de té.

El moreno obedeció y poco después salió de la sala y subió a su habitación.

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Caminaba por uno de los pasillos y el can, gruñó fastidiado. No era poco tiempo el que llevaban en clases y hasta él se estaba hartando de los Gry y eso era decir mucho; por más que los profesores nuevos y por supuesto el Director, demostraron que ese año sería uno más de estudios; los de la casa escarlata, insistían en hacer notar su descontento con el nombramiento de Severus y los profesores –de los que sospechaban– eso incluía a Remus, que sin poder decir quién era realmente, se llevaba algunas pequeñas rebeliones en sus clases.

Sirius se sentó sobre sus cuartos traseros y vio como MacGonagall castigaba a dos de los leones.

El animago se levantó y siguió su camino. No tenían ni unas horas en las que el guardapelo había sido destruido y si no fuese por su extraña condición de revivido, esa acción le hubiese costado más que unas horas de descanso ¡Las cosas esas mostraban ilusiones muy desagradables!

Y eso aún les faltaba una copa y un estúpido diario, –una sonrisa que quedaba extraña en un perro– se dibujó en las fauces de Sirius, ese Tom llevando un diario como si fuese una bruja adolecente, pensó burlón.

El animago llegó a las habitaciones del Director y entró.

Severus nunca cerraba por completo la puerta de su despacho, para que Sirius saliera y entrara a su gusto. Claro que había un encantamiento nada agradable si alguien que no fuese el Black, quisiera entrar sin permiso.

El pelinegro sintió al animago y mencionó:

–¿No crees que no es extraño la creación y destrucción tengan que ver con los fundadores?

Sirius tomó su forma humana y con eso una bata, lista en una de las sillas.

–No, con lo obsesionado que está, con Hogwarts.

–Si.

–Teniendo la espada no podemos fallar. –opinó el de ojos grises.

Severus asintió y acotó:

–Créeme no pienso perderla de vista.

Sirius rodeó el escritorio y llegó hasta la silla donde Severus se hallaba sentado y lo abrazó por detrás.

–Sabes, con todo lo que pasó no te lo dije.

–¿Qué?

–La espada de Gryffindor es muy parecida a otra que conocí.

–Bueno fue hecha por los duendes, debe haber más como esa.

–No. Es como si fuera su gemela o mínimo melliza.

–¿A qué espada te refieres?

Sirius besó el cabello de su amante y susurró.

–La de esa guerrera, recuerdas que la sostuve un momento con mi hocico.

Snape se quedó un instante en silencio, pensando y luego consideró:

–Para ellas, sus espadas son como sus varitas, la magia actúa de formas inesperadas, incluso en donde se supone, no está.

–Las Claymore deben haber sido forjadas por el mismísimo rey de los duendes.

–Como la de Godric Gryffindor; aunque no sea el mismo rey, debió ser su sucesor.

El heredero Black levantó a su pareja y lo besó: luego se separó y sonrió.

–Con estas buenas noticias, debo comunicarte que…

–De nuevo los necios gryffindors. –aseguró Snape.

–Sí, pero Minerva ya los castigó.

Severus agitó la mano.

–De verdad que es mejor ignorarlos.

Sirius se rió.

–Esa es la actitud Sev.

Sirius se pegó al cuerpo del maestro y le susurró al oído.

–Gracias por ser paciente.

Luego mordió la oreja de este y escuchó excitado como Severus gimió. Era hora de darle un gran agradecimiento a su amante.

Además era mejor hacerlo a esa hora, antes de que destruyeran los otros Horrocruxes, que esa acción los dejaban debilitados, en todos sentidos.

000

Estaba vistiéndose y Lucius observó a su pareja. Terminó de colocarse la capa y llegó hasta Remus…

–¿Y porque no me preguntaste por tu regalo?

–Bueno…

–Remus, no debes esperar menos de lo que mereces.

–Eso intento.

–Bien, porque tu regalo… lo estás viendo.

–No comprendo.

–Remus –El rubio platino señaló a su alrededor– esta departamento es tuyo.

–¡Lucius!

–Oh no, no puedes oponerte o negarte. Ya se hicieron los arreglos y está a tu nombre.

–Yo… No sé qué decir.

–No digas nada, no quiero que te mudes, aunque es seguro; pero deseo que estés consciente de que tienes una casa a donde regresar.

–Me gustaría que…, tú estuvieras aquí también –se atrevió a decir Remus.

Lucius se rió.

–En el momento que esto termine y mi hijo esté seguro, puedo venir a vivir a aquí o que tu vayas a mi Mansión, ya lo veremos; pero esto no dejara de ser tuyo.

Lupin se acercó a su amante y lo besó; mas esa caricia no duró mucho, pues ya debían despedirse y regresar a sus obligaciones.

El Malfoy salió del departamento primero. Remus esperó unos minutos y lo hizo también; dirigiéndose hacia el Callejón Diagon.

Al arribar a este, Lupin entró al Caldero Chorreante o eso pretendía; pues un par de magos lo interceptaron, atacándolo y no le dieron ni tiempo de defenderse; desapareciendo con él.

Lo siguiente que supo Remus; fue que era torturado con cruciatus para revelar el paradero de Harry y para saber si este tenía a alguien más allegado. Remus no cedió a pesar del dolor; por eso…

–¡Legeremens!

Remus protegió hasta dónde pudo, sus recuerdos y por supuesto los de Lucius…

–Oh solo la sangre sucia y ese Weasley, son inseparables de ese Potter…

Masculló el Lord y dejó a Remus.

–Bien. ¡Busquen a los pelirrojos!

Remus fue arrastrado a una de las mazmorras. Lucius fue llamado por Voldemort. El rubio temió que no vería a su hijo, ni tampoco conocería a su nieto, pero…

–No te preocupes Lucius. Mataré a ese mestizo.

–Oh… yo… por supuesto, mi señor.

–Ve, ve a buscar a esa pandilla de pelirrojos.

–Como ordene, mi Lord.

–Aunque, Lucius…

–¿Si mi señor?

–¡Crucio! –El patriarca Malfoy cayó al suelo– Fue de mal gusto que no miraras. Que la notica salga de inmediato. –ordenó Voldemort.

El castigo no duró mucho, pues el Lord se retiró a sus habitaciones y Lucius pudo levantarse por su propio pie.

Con paso tambaleante, el Malfoy se dirigió a una de las habitaciones de la Mansión Nott, para descansar un momento y pensar en cómo sacar a Remus de ahí.

000

Las guerreras del número uno al diez, fueron llamadas por los Inefables. Rimt había tomado una decisión y estaba a punto de comunicársela a su gente.

–La guerra contra el Lord, se ve muy cercana y podemos estar seguros de que este intentara guiar a algunos Yōmas, para que movidos por el apetito, se unan a sus filas. Sin embargo eso nos da carta abierta a intervenir, pues a nosotros y nuestra Organización nos compete la batalla contra esos seres. Ustedes serán las elegidas para ir con los magos en contra del Señor Oscuro.

Rimt concluyó con eso la reunión y sus subordinados pensaron que este apostaba a ganar, pues mandaba a las más fuertes.

No lo hacían por empatía o por espíritu altruista, si no por simple y llana comodidad; pues sin las batallas entre magos, el cazar a los Yōmas sería más controlado. Era un pensamiento práctico y característico de un Inefable.

000

Theo dejó El Profeta en lo que preparaba su fruta; sentado frente a él; Draco comía golosamente su fruta con jarabe de calabaza.

El castaño sonrió y después de pasarse el bocado se limpió la boca y miró a su amigo. El rubio sintió el escrutinio…

–¿Que?

–Es de Potter.

–…

–Hasta en eso fue afortunado.

–¿Por qué?

–No es como si, hubiera un montón de magos que tengan ese gen.

–Él no se siente ni remotamente afortunado y no le interesa.

–¿En serio?

–Por supuesto. Se lo dije y me ignoró, además padre me dijo que…

–Sí, lo de ese plan. Creí que él no lo sabía antes de confesarlo.

–Si lo sabía y como ves, no signifiqué mucho, pero no es algo que ya me cause interés.

Cortó orgulloso Draco. Nott, empero no dejó de verlo.

–¿Ahora qué? –cuestionó ya con poca paciencia, el Malfoy.

–Sí, buena estrategia.

–¿Cuál? –preguntó algo perdido Draco.

–¡Claro!... solo un padre para arriesgar la vida por su hijo.

–No sé de qué hablas, Theo. –dijo algo nervioso el de ojos grises.

–Que comas bien, que ese bebé debe ser fuerte para rugir feroz.

–Tonto.

El aludido no respondió, solo sonrió y regresó a su desayuno sin borrar una sonrisa de su boca.

Los chicos terminaban sus alimentos, cuando Lucius llegó apresurado al comedor.

–¡Theodoro necesito tu ayuda!

La urgencia se escuchó en la voz del patriarca, tanto, que hasta olvidó las formalidades.

Theo se levantó.

–Por supuesto ¿Qué puedo hacer?

–Necesito, que le órdenes a uno de tus elfos, que saque a cierto mago de las mazmorras de tu mansión.

Nott asintió y Draco preguntó:

–¿A quién, padre?

–A… Lupin.

–¡¿Lupin fue atrapado?! –Exclamó el rubio menor– Creí que estaba escondido como todos los amigos de Potter.

–Pues lo encontraron.

–Lo vi en El Profeta. –agregó Theo.

Draco comentó:

–No me lo dijiste.

–… –El castaño no contestó.

–Pues es mejor no intervenir, eso pondría en peligro a Theo y a ti.

–¡No podemos dejarlo ahí! –soltó Lucius.

Draco se aclaró la garganta y…

–¿Por qué no?

Lucius camino de un lado a otro.

–No lo debemos dejarlo ahí… Potter podría querer ir a buscarlo y… si, se pondría en peligro el muy idiota.

–Ya… No creo que Potter se arriesgue –insistió Draco.

–¡No lo voy a dejar ahí! –gritó el patriarca.

El rubio menor asintió y prosiguió.

–Lo sé, padre, estás con él y por supuesto que no lo dejaras morir.

–¡¿Cómo lo sabes?!

Se asombró Lucius y también Theo

Draco rodó los ojos.

–Cuando compres un regalo a tu… ¿pareja? Sé más discreto –El rubio mayor, asintió– pues las escrituras de tu regalo, están en tu escritorio a la vista de todos, o lo estaban, yo las guardé y por si fuera poco, para darme cuenta, llevas unos gemelos muy originales.

–¿No estás molesto? –preguntó genuinamente curios el Malfoy mayor.

–No. Solo deseo que no resulte mal.

–No lo hará.

–Pues… ya que.

El patriarca dejó salir una risa de alivio.

–En ese caso. ¿Me ayudaran?

El Malfoy menor negó…

–Mi estómago no me permite, más que caminar un poco, sin cansarme.

–Draco… lo decía metafóricamente.

–Lo sé, padre.

Theo se rió y aun entre risas llamó a uno de sus elfos. Este apareció en un plop y vio a su alrededor sintiéndose feliz de encontrarse con su amo, su verdadero amo.

–Amo Theodoro, señor.

–Fancy, quiero que…

Entre Nott y Lucius le dieron indicaciones al elfo.

000

Dejaría cualquier cosa por rescatar a Remus, más la destrucción de los otros Horrocruxes estaba ya en acción y no podía detenerse. Sirius debió tomar una decisión.

Por supuesto que la noticia en la primera plana del diario más importante de Londres mágico, era una trampa, sin lugar a dudas.

Sirius debía conformarse con rogar porque su amigo, resistiera solo un par de días, no más que eso.

000

Cuando despertó en ese oscuro lugar; nunca deseó encontrar a alguien conocido, mas sabía que las probabilidades eran altas.

Remus miró con tristeza a su antigua alumna. Luna, por su parte ella, parecía estar feliz de ver un rostro conocido.

–Profesor Lupin ¿quiere un poco de agua? Los elfos la traen a veces, no muy seguido, pero… la conservamos.

Remus negó, a pesar de estar sediento, pues la chica parecía necesitarla más que él.

No pudo hacer otra cosa más que ver desaparecer, entre bruma, el lugar y todo a su alrededor; antes de ser aparecido frente a Lucius.

–¡Remus! ¡¿Cómo estás?!

El licántropo creyó que estaba en una especie de sueño o algún encantamiento.

Lupin, para comprobar si eso era real. Con mano temblorosa tocó el rostro del Malfoy...

El de ojos plateados sonrió y mencionó:

–Soy real y tú estás a salvo. Estamos en mi mansión.

–¿Co…? ¿Como?

Tartamudeó el rubio trigo. Theodoro Nott se inclinó donde el elfo había aparecido a Remus y dejó que este lo reconociera.

–Tú eres…

–Theodoro Nott. Por desgracia y en contra de mis deseos usted fue retenido en mi Mansión.

–¿Lo sabías?

–Oh no; no tengo idea de lo que Él hace en mi antiguo hogar.

Lucius ayudó a levantarse al licántropo y lo guio a un sillón.

El patriarca Malfoy ordenó a los elfos que sirvieran un servicio de té. Y pidió que le llevaran algunas pociones, para curar a este.

Con Remus ya más sereno, este se permitió negar angustiado.

–¡Había otras personas…! ¡Debemos salvarlas! ¡Lucius, tráelas también!

El rubio platino abrazó a su pareja y Theo optó por dejarlos a solas. Iría a ver a Draco –quien no debía ser visto por Remus.

El Malfoy mayor, debía ser el que hiciera comprender al ex Gry; que salvar a los otros prisioneros, sería imposible sin que el Lord lo notara y buscara la cabeza de los responsables.

Lucius acomodó el cabello de Remus.

–Vamos a que tomes un baño.

–Y ¿tu hijo?

El rubio platino, sonrió.

–Él se dio cuenta de lo nuestro, pues dejé las escrituras de tu regalo a la vista.

–Oh… ¿y qué piensa?

–Lo acepta y supo que te traería a aquí.

–Lucius…

–Remus, comprendo que quieras sacar a los otros, pero es muy peligroso.

–Pero también lo fue sacarme a mí.

–…

El Malfoy ayudó a levantarse a Remus y lo llevó escaleras arriba, internándose con él en su habitación, dónde el baño estaba ya listo. Lucius desnudó a su pareja y la lavó personalmente. Remus no duró despierto ni en la gran tina y al terminar, el patriarca tuvo que levitarlo y acomodarlo en la cama.

El Malfoy dejó descansar a Remus y bajó a su despacho. No temía que este despertara, pues en el té, le había mezclado filtro de paz.

Lucius activó la chimenea y llamó. Una cabeza algo despeinada apareció.

–¿Malfoy..?

–Black. Quería que supieras. Lupin ya está aquí, conmigo.

–¡Dementores! No sé ni me interesa, como lo hiciste, pero gracias.

–Él es mi amante.

–Sí, sí, no tienes que recordármelo.

–¿Y Severus?

–Está descansando. Destruimos esas cosas hoy. Así que estén listos, en breve se dará cuenta y no se quedará con las manos cruzadas.

–Ya…

Los dos aristócratas se despidieron y cada uno se dirigió con sus personas amadas.

Lucius revisó a Remus y salió al pasillo yendo a la habitación de su hijo.

Ahí encontró a los dos menores, conversando.

Se sentó con ellos en la pequeña salita y suspiró.

–Es muy probable que la batalla final sea pronto.

Draco se removió y por instinto, rodeó su estómago.

–¿Estás seguro?

–Me temo que sí. Deben irse a Francia.

–Pero…

–Draco; no debes ser egoísta ya no solo eres tú.

El aludido suspiró, mas, contestó.

–Lo sé, empero es difícil saber que tú te quedaras.

–Yo me quedare también –dijo Theo.

Lucius negó rotundamente.

–Oh no, te irás con Draco.

–No, señor Malfoy. Quiero luchar. Soy el último Nott y todo por culpa de esta guerra.

–Por eso precisamente, no le debes nada a nadie. Ya has dado mucho.

–Quiero venganza. –concluyó Theo.

–Eso no te los devolverá.

Opinó Draco. Lucius se unió a lo que su hijo dijo y agregó:

–Confíen en los adultos; que esta guerra inició por nosotros y por nosotros terminara.

Nott se notaba algo renuente, más los Malfoy confiaban en que lo convencerían de irse con Draco.

000

Las llamas se encendieron y eso fue motivo de suspicacia para los dos leones, quienes llegaron hasta el salón de la chimenea, con varitas en ristre.

Era muy extraño para ellos tener visitas.

Y su asombro creció cuando vieron salir a Ron por la chimenea.

Lo que le agradecieron al pelirrojo fue que a pesar de todo, nunca dijo a nadie, donde y con quien estuvo en el tiempo que desapareció.

El pelirrojo no dijo palabra, solo extendió el periódico que llevaba en una de las manos, en dirección de Harry; el moreno lo agarró y leyó ávidamente; sobre sus hombros, Hermione lo imitó.

La ultima palabra ya no fueron leídas por Harry y se precipitó hacia la salida corriendo y solo agarró de pasada, la capa de invisibilidad.

Granger y Weasley se precipitaron detrás de él.

Fue la chica quien lo detuvo:

–¡¿Qué vas a hacer?!

El moreno se agitó para zafarse del agarre de Hermione.

–¡Tengo que rescatarlo! ¡Lo van a matar!

Ronald intervino.

–¡Pero no sabes ni donde está!

Harry se zafó y estaba con la mano en la perilla de la puerta…

000

La pérdida de un prisionero no se hubiese notado, pues estos podían morir en su ausencia. Pero esta vez para Voldemort que su carta en contra de Potter desapareciera, no era ni remotamente un accidente o coincidencia.

Lo había sospechado, pero no lo quiso creer realmente; eran hora de atacar y que no hubiese otras posibles coincidencias. Y lo haría de un momento a otro; sin advertir ni a su gente, en la que ya no confiaba.

Ya no le eran necesarios, pues con los Yōmas guiados a donde deseaba, sería una batalla que no importaba los bandos…, él ganaría.

000

El grupo de leones; vieron salir a Severus y con la clave –antes conseguida– entraron en el despacho.

Neville llegó hasta el escritorio y buscó algo que pudiera usar en contra de su Director.

Ginny cuidaba la puerta y que nadie entrara.

El chico castaño rebuscó entre los pergaminos y no se dio cuenta que era observado.

Alzó la vista y vio a la mascota del profesor de DCAO.

–Vaya, con esto no me cabe duda que ese Profesor Smith, no es más que otro Mortífago.

El perro casi rodó los ojos. Este se rascó una oreja y se sacudió. Ya no podía permitir que esos chicos siguieran poniendo en aprietos a Severus, Remus y los otros, ¿acaso no se deban cuenta que del bando de mortífagos solo quedaba el nombre? Solo había que ver, los simples castigos sencillos que se llevaron por sus travesuras nada simples.

Sirius gruñó y Neville se puso en defensiva. El can se fue transformando y los ojos de Longbottom se abrieron impresionados. Sirius se colocó la capa sobre el cuerpo, en lo que el jovencito reaccionaba.

–¡¿Quién eres tú?!

La exclamación llamó la atención de Ginny y entró encontrándose con Sirius.

La bruja vio a Neville y lo calmó.

–Es Sirius.

–Lo sé, pero… –balbuceaba Neville

–Es una larga historia. –Cortó el Black, luego advirtió– No pueden hacer nada o más bien no deben hacer nada contra Severus.

–¡¿Te hechizó?! –chilló Ginny.

Sirius negó y como no tenía tiempo de dar explicaciones, ni debía decirles acerca de los Horrocruxes, y la ayuda de Severus y Lucius, pues…

–¡Obliviate!

El mago, siendo adulto y un duelista versado, repitió el hechizo velozmente y dejó sin esos recuerdos a los dos leones.

Luego los guió al pasillo y ahí los dejó. Ya se disculparía en otro momento.

000

Su padre se notaba tranquilo, teniendo a su pareja a salvo. Theo lo acompañaba y parecía satisfecho de haber comprobado que los elfos de su mansión seguía a sus órdenes; lo que significaba que la Mansión Nott seguía siendo suya por derecho de sangre.

Draco sonrió sin dejar de sobarse el vientre, el cual sentía algo duro.

–Sabes que creo.

–¿Qué? –preguntó el otro chico dejando su lectura.

–El Lord se ha vuelto descuidado.

–¿Lo crees?

–Solo hay que ver, que no te buscó para… ya sabes y tampoco cambió las protecciones de la Mansión Nott; con eso hubiera tenido a los elfos a su servicio.

–Cierto y que decir de que Lupin haya sido sacado de las mazmorras.

–¿No castigó a nadie?

–Fancy ha dicho que repartió una par de crucios y eso fue todo. Luego no ha salido de sus habitaciones.

–Eso es muy extraño.

El rubio se quedó un momento en silencio, sin dejar de tocar su estómago. Nott frunció el ceño y lo miró.

–Draco ¿te sientes bien?

El de ojos grises se giró a ver a su amigo y suspiró; no podía hacerse el valiente, esa situación no era de soportar, pues pondría en peligro a su hijo.

–Creo que no.

Nott se levantó de inmediato y corrió a buscar a Lucius.

El patriarca se encontraba en el despacho, pues había recibido una llamada de Sirius.

–… No dirán nada, porque no recuerdan nada.

Lucius negó moviendo la cabeza.

–¿Y que buscaban?

El Profeta traía la notica de Remus, seguro que ellos creían que Severus sabía algo.

–Mira que el Lord lo pensó para hacer salir a Potter y estoy seguro, que si los dejaran, saldrían todos los leones.

Sirius se acomodó el cabello.

–Y no puedo refutar eso. Afortunadamente las lechuzas no pueden llegar a Grimmauld Place.

–Esa fue buena medida, si no ese mocoso ya estaría haciendo algo…

La puerta se abrió sin ceremonia alguna…

–¡Señor Lucius!

Lucius se giró a ver a un aterrado Theo.

–¡Draco no se siente bien!

–¡¿Qué?!

El Malfoy no se detuvo a guardar secretos y se giró a las llamas.

–¡Black, llama a Severus! ¡Que vega, es urgente!

Sirius vio la desesperación en el rostro del Malfoy y se alejó de las llamas para ir en busca del pocionista.

000

El grupo de Claymore avanzó en una sola dirección. Donde sentían congregarse el Yoki de los Yōmas. Afortunadamente no había despertados entre estos; sin embargo no se notaban débiles.

El grupo de diez corrieron, estaban a algunas horas de esa zona de Escocia.

000

Severus vio al Grim y como este ladraba desesperado y lo siguió.

En el despacho y a salvo de miradas indiscretas, Sirius se transformó y puso al tanto al otro.

El Director agarró su maletín –previamente listo– y se dirigió a la chimenea.

–Te encargo todo, debo…

–No. Yo voy contigo.

–No.

–Creí que todo esto era sospechoso, ahora lo creo más ¿Qué está sucediendo?

–No puedo decírtelo.

–Pues voy contigo.

–No…

000

En la Mansión Malfoy. Lucius ordenó a los elfos que alistaran todo. Deseando que todo fuese falsa alarma, pues Draco no había llegado a término.

Todo estaba fuera de su control, pues si el heredero Malfoy nacía en Inglaterra, su nacimiento se escribiría en el Ministerio y se sabría de quien era hijo… una sentencia segura para todos los involucrados.

–Padre… lo siento…

Llamó el rubio menor que estaba en la cama, sudando a mares. Los elfos lo limpiaban, pero parecía que las contracciones se hacían más continuas.

Lucius reaccionó y se acercó a su hijo…

–Lo hecho, hecho está y no hay que lamentarnos, si no ver el futuro.

–Padre… pueden encontrarnos y… moriremos.

–¡No! ¡Ni mi nieto ni tú, morirán! En cuanto nazca se irán con Theo a Francia, no hay tiempo de nada más.

Draco apretó los dientes y asintió.

000

No esperó que Sirius en una jugada descarada, se el adelantara y echara antes los polvos flu.

–¡Mansión Malfoy!

Severus no tuvo más remedio que ir detrás del animago.

En cuanto salió de la chimenea; Sirius no se detuvo y echó a correr a donde escuchaba el alboroto.

Severus, salió poco después…

–¡Detente Sirius!

Como no hubo respuesta positiva, el Director de Hogwarts, le siguió corriendo también.

En el primer piso. En el pasillo de las habitaciones. Theodoro detuvo al animago.

–¡No dé un paso más!

La varita estaba lista y el chico parecía muy serio.

–¡¿Por qué tanto secreto?!

Exigió saber el Black.

Al escuchar el alboroto fuera de la habitación. Lucius dejó a Draco al cuidado de los elfos y salió. En el pasillo vio a su primo político y a Theo en posición de batalla. El rubio gruñó…

–Baja la varita Theo.

–¿Señor, está seguro? –preguntó el joven.

En ese momento Remus salió de una de las habitaciones y si no se unió a las exigencias de Sirius, si esperó una explicación.

El patriarca Malfoy lo vio, mas no se dirigió a él, si no a Severus:

–Severus entra. Draco te necesita, yo hablaré con tu… can y con Remus.

El pocionista entró veloz a la habitación.

Theo se quedó parado y es que Lucius no tenía secretos con él o al menos no sobre la condición de Draco y puede que esté siendo su compañero de colegio, sabría más de Potter y Draco.

–¿Y bien? –urgió Sirius.

–Ustedes mismos vieron y supieron lo que tu ahijado y los otros hicieron… –le dijo al Black.

–Sí y no tienes idea de cómo me avergonzó. –aclaró Sirius.

Remus asintió también.

Theo observó a los dos ex Gry y pudo estar tranquilo, por lo menos, los leones habían actuado a espaldas de los adultos.

–El caso es que… No solo nos afectó por las mentiras innecesarias; si no, por… –Lucius apeló al Black– Eres sangre Pura, debes saber de ese gen recesivo…

Sirius pensó un poco, pero negó.

–El que da la capacidad de gestar a los varones… –ayudó Lucius,

–Oh… –La idea fue arraigando en el cerebro del animago– ¡Por Merlín!

–¡¿Draco está…?! –prorrumpió Remus.

–Si.

Terminó el de ojos plata.

Theo y Lucius esperaron la reacción de Sirius y Lupin, incluso creyeron que cuestionarían algo más, sin embargo.

–¡Voy a matar a ese mocoso! –gritó Remus.

–¡Y se va a hacer responsable, así lo tenga que traer atado con un Incarcerous! –concluyó furioso Sirius.

–¡No! –Detuvo el rubio platino a Sirius. – Él lo sabe ¿Y acaso lo ven a aquí?

–Pero, Lucius…

–No, Remus. –cortó el patriarca.

–Comprendo tu orgullo y el de Draco, sin embargo no estoy de acuerdo en que Harry no esté, no porque lo merezca. si no porque es su responsabilidad y esta no es ninguna que le impusieron, si no, una que se buscó.

Intentó negociar el animago.

Lucius negó y agregó.

–No lo quiero aquí, y si no quieres que le mande como mínimo un Crucio, ni se te ocurra traerlo, Black.

Fue lo último que dijo el rubio mayor y entró a ver si podía ayudar o mínimo estar con su hijo, apoyándolo.

Nott vio al animago y a Lupin, y suspiró:

–Draco… no me ha dicho nada, pero creo que, por lo menos si quiere que Potter sepa.

–¿Tú crees? –preguntó esperanzado Lupin. Nott asintió.

–Pues tendremos que poner un protego a mi ahijado, más lo voy a traer.

Sirius salió cual bólido y Theo se mordió los labios…

–Que no esté equivocado…

Lupin lo observó con curiosidad, más Theo solo suspiró de nuevo.

–Un bebé.

Dijo Remus…

000

Los Yōmas estaban cerca; al otro lado del lago y ya se saboreaban el festín…

En el castillo. Minerva corrió por los pasillos y con ella los profesores. En cada una de las torres y salas, se dio la alarma.

El alumnado debía evacuar el colegio; sin embargo la velocidad de esos seres no les permitiría que todos salieran, pues ya habían echado a correr en su dirección.

La profesora buscó al Director, mas este no estaba; ella hubiera desconfiado de la ausencia de Severus, pero los del otro bando, le aclararon que no habían sido llamados por el Lord.

En ese momento; no hubo bandos y todos cooperaban, temiendo por sus alumnos e incluso hijos, y su propia vida.

Hogwarts serviría de protección, no obstante no los detendría por siempre y la magia funcionaria solo de distracción.

Sin demora por parte delos Yōma… El ataque inició…

Los alumnos de último curso, guiaban a los pequeños por las chimeneas y pasadizos, a lugares seguros.

Desde las torres los maestros y Hagrid lanzaban objetos y lo que podían en dirección de los Yōmas voladores.

El Lord subía de esa primera batalla, más ni por error se los comunicó a sus seguidores, no los quería berreando por sus hijos o queriendo correr a Hogwarts.

000

Harry tenía la mano sobre la manija y a punto de abrir la puerta…

Unos pasos fuertes y veloces se escucharon desde el salón de la chimenea y con ello.

–¡¿Harry James Potter, donde estás?!

El de ojos verdes y sus amigos se quedaron quietos, al oír a Sirius.

Los tres vieron llegar hasta a ellos, al heredero Black.

–¡Debemos irnos! –exigió el de ojos grises.

–¡Vamos a rescatar a Remus! –exclamó el moreno.

Sirius se quedó un instante callado y negó.

–¿Cómo supieron…? No importa y no, no vamos a eso.

–¡¿Por qué no?! –interrumpió Hermione.

El de ojos grises frunció el ceño.

–Remus está a salvo y…

En eso, el animago notó la posición y lugar donde esos tres se encontraban.

–¿Que iban a hacer? –Ninguno de los tres contestó– ¡¿Se iban a poner en peligro sin más ni más?! ¡¿Por qué no preguntar, averiguar o…?! ¡Algo! Él quiere eso, precisamente y sin medir consecuencias ¡Iban a una trampa! ¡Mi muerte no les enseñó nada!

Harry se sonrojó hasta las orejas, sus amigos, inclinaron la cabeza avergonzados.

Sirius se acomodó el cabello.

–Eso fue cruel, lo siento. Pero sean un poco sensatos. Sobre todo tú, Harry. Ahora vamos.

–¿A dónde? –preguntó el chico de ojos verdes.

El de cabello negro azulado se cruzó de brazos.

–A donde es tu deber estar.

–No comprendo.

Sirius vio al moreno.

–No voy a decir algo frente a ellos –señaló a Hermione y Ron.

Los tres jóvenes se sintieron ofendidos.

–¡Ellos son mis amigos, Sirius!

Advirtió el de ojos verdes. Sin embargo Sirius no se retractó.

–No diré nada.

–Entonces no iré contigo.

El animago descruzó los brazos, vio con decepción a Harry y regresó sobre sus pasos, por el pasillo hacia la chimenea.

–No lo hagas. No eres lo suficientemente maduro para dejar de depender de alguien más, a pesar de que no eres mejor persona con ellos. No estás listo para ser el guía de alguien más.

Sirius agarró los polvos flu y… Una mano lo detuvo. Harry lo miró con angustia…

–¿Draco…? –comprendió por fin el moreno de ojos verdes.

–Si. Quise darte el beneficio de la duda, pero no…

Potter arrebató el pote de los polvos al mayor y agarró un puño…

–¡¿A dónde vas Harry?! –exigió saber Hermione.

–Voy con… –Harry vio a sus amigos y luego a Sirius– con mis razones para luchar en esta jodida guerra.

El animago se quedó estupefacto; mas reaccionó cuando la chimenea se tragó a su ahijado y se unió a él, gritando su destino…

000

El mensaje de auxilio, fue enviado a todas las casas, de los que consideraron, ayudarían y por supuesto a los Aurores o los pocos que se atreverían a combatir contra los Yōmas.

Hogwarts estaba siendo sitiada.

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Harry llegó tropezando, pero alcanzó a detener su caída y corrió sin rumbo fijo por el lugar, hasta que Sirius lo alcanzó, lo agarró del brazo y lo guió.

–Aun no sabes salir de la chimenea y ya serás padre.

No dijo más, pero en el rostro del animago se notaba el orgullo.

Los dos pelinegros llegaron al pasillo aun jadeando por la carrera, pero Remus los vio e indicó la puerta…

Harry tragó saliva, pero se encaminó decidido a su destino.

Los tres presentes lo vieron entrar y Theo sonrió.

–Se enfrentó a un Kakuseisha por Draco, no creo que no se pueda enfrentar a su suegro.

Sirius y Remus se giraron a ver aturdidos a Theo y este por fin pudo relatar sus sospechas.

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Harry caminó sigiloso y algo temeroso hasta la cama. Draco estiró la mano y lo llamó…

–Harry…

Lucius sacó la varita y estaba por hechizar al despistado moreno; pero Severus lo desarmó y lo sacó de la recamara.

–Si no puedes comportarte, espera afuera.

–¡Pero que…!

Se oponía el rubio mayor, más Remus lo aferró para que no entrara de nuevo:

–El joven Nott nos contó algo muy interesante…

Lucius escuchó la historia y supo que…

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Draco se aferró a la mano de Harry y este lo apoyó a pesar del miedo que sentía también.

Severus regañó al rubio:

–No pujes Draco, que ese niño tiene que salir por cesárea. Ya te di la poción anestésica.

–… Pero quiero estar consciente. –aseguró el Malfoy.

–Y lo estarás. Solo dormirá tu parte inferior.

Severus colocó un encantamiento que no les permitía ver a los jóvenes la operación. Y para que no se pusieran más nerviosos, conversaba con ellos.

–Ustedes deben más que una explicación ¿o me equivoco?

Harry vio al pocionista y respondió.

–Igual que usted.

Severus bufó y miró a su ahijado.

–Seguro que Draco le dijo algo ¿no?

–No mucho, pues no sabe.

–Dumbledore planeó todo hasta… su muerte. –se liberó Severus.

–Ya veo. –murmuró Harry.

–No espero que me crea... –aseguró Snape.

–Es difícil, pero sé que no hay blanco o negro, malos o buenos, si no matices grises y personas, solo personas.

Snape se asombró ante lo dicho por Harry y negó.

–Es bueno que haya convivido con los Slytherin.

–Y por lo que veo hasta familia voy a ser de… muchos. Y fue con el que amo que aprendí a ser sigiloso y no confiar ni en mis más cercanos, ni para que supieran de Draco y de nuestro hijo.

–Planearon todo. –aseguró el pocionista un poco orgulloso.

–Voldemort iría por mi más preciada persona y no podía confiar en que las memorias de mis amigos fueran vistas y poner a Draco en peligro.

–Lo decidimos entre los dos, y cuando supe de mi hijo; tuvimos que alejarnos más. Pero él fue quien me salvó en el andén. –agregó Draco.

Severus notó que esos dos jovencitos poseían más astucia que muchos adultos y que lograron su cometido a pesar de las presiones, sin fallar.

Entonces. La puerta se abrió intempestivamente y si bien Lucius no deseaba interrumpir, tuvo que avisar.

–Severus… Hogwarts está siendo atacado.

–¡¿Qué?! –exclamó Snape.

–Son… Yōmas, Severus.

El Director se tensó, pero contestó…

–Tendrán que estar un momento sin mí…

Draco y Harry se miraron, con angustia.

Como si esa noticia hubiese sido una petición de estar presente en una batalla; se escuchó el sonido de un llanto vigoroso…

–Y aquí tenemos… una brujita con pulmones perfectos.

Severus entregó a la infanta a uno de los elfos, y este la alistó, seguido por varios pares de ojos vigilantes.

–¡¿Oh, pero que tenemos aquí?! Ella no vino sola… son gemelas.

Draco sintió las tibias lágrimas de Harry en sus manos entrelazadas… y apretó más el agarre, pues sabía que era hora del combate final.

–Por ellas Potter… –pidió en un susurro Draco– un último esfuerzo y con la advertencia que debes regresar.

Harry besó al rubio y luego Severus le mostró a su preciosa y rubita primer hija.

–Teresa… –susurró el de ojos verdes besando a la mayor de sus nenas.

Draco asintió.

–Esa fue tu petición, Serán Teresa y… Clare…

Harry besó a la otra pequeña.

–No te preocupes Clare… juro que regresaré.

Draco recibió a sus hijas en brazos por lo que no se permitió llorar, cuando Harry se giró a verlo por última vez antes de salir.

Lucius besó a su hijo y a sus nietas. Severus llamó a los ex merodeadores para que conocieran a las brujitas Potter y luego el grupo de adultos junto con Harry, se retiraron.

Theo se quedó a petición de ellos para cuidar de Draco y las niñas y si era necesario… partir con estos a Francia.

Teresa y Clare nacieron el día en que su padre combatiría contra el Mago Oscuro. Eran las hijas de un héroe, no importaba si este vivía o moría.

El destino no estaba escrito, no obstante ellas habían heredado sangre de valientes guerreros.


*Octavia la Yegua Salvaje

Octavia fue la Claymore femenina que ocupó el número dos de la Organización durante su generación. Octavia es también conocida como Octavia la Yegua Salvaje, posiblemente debido a su gran similitud de su forma despertada con un caballo.


Muchísimas Gracias.

Ying Fa Malfoy de Potter. ¡Un abrazo y muchas gracias!

Rousmary. (Espero que leas esto) Mil gracias a ti por leer este fic y dejar tu comentario; no sabes cómo me hace feliz que alguien más lea. No es muy popular, sin embargo es algo que deseaba compartir y no lo voy a dejar; que si me he tardado un poco en actualizar, pero fue para hacer un capítulo grande.