Capítulo 14

Es extraño cómo las personas pueden volverse egoístas a la primera señal de un futuro que prometía erradicar la soledad a la que el humano tanto le tenía miedo. Porque cuando Bilbo comenzó a abrir los ojos aquella mañana y empezó a recordar lo que había ocurrido la noche anterior y sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas nuevamente, una mano acarició sus mejillas y limpió sus lágrimas cuidadosamente. Smaug lo acercó hacia sí y lo abrazó antes de depositarle un ligero beso en los labios. Bilbo se sintió mucho más tranquilo en ese momento, se sentía tan seguro estando con él que no podía imaginarse lo que sería su vida cuando no estuviera con él. El humano reprimió un quejido de dolor; simplemente pensar en ello lo hacía sentirse perdido, casi le causaba un malestar físico. Se acercó más al cuerpo cálido que estaba en la cama con él y enterró su cabeza en la curvatura de su cuello, Smaug acarició su cabello sin decir una palabra.

Era en esos momentos que ser egoísta se volvía mucho más tentador. Y aunque Bilbo se sentía culpable por pensar de aquella manera, no podía evitarlo. Pensar que podía quedarse ahí, imaginarse su vida al lado de Smaug ya no era tan difícil, incluso pensar en detener ese momento en el tiempo y volverlo eterno, que si fuera posible, sería sumamente tentador.

Pero sabía que era un error. Él tenía que regresar con Drogo, y... aunque la posibilidad de que Drogo estuviera muerto existía, aunque al final se diera cuenta de que el chaleco con la sangre fuera prueba de ello... eso no era ninguna excusa para no regresar. Porque si Drogo no podía regresar, él sí tenía que hacerlo. Si dejaba pasar el tiempo, su familia no sólo lloraría por la pérdida de Drogo, sino la de él. Primula pensaría que algo malo le habría pasado a él también y jamás se perdonaría haberlo enviado a aquel lugar. Y entonces ella quedaría completamente sola, sólo con Frodo a su lado... y eso sería terrible. Bilbo nunca haría algo así.

El humano se levantó rápidamente, era momento de poner un poco de distancia entre la tentación y él. Sin embargo, eso no significaba que sería algo fácil. Lo cual comprobó en el momento en el que Smaug se levantó y se arrodilló frente a él, junto a la cama. Tenía una expresión de preocupación tan sincera que a Bilbo le dolió verlo. Una de sus manos comenzó a acariciar su mejilla y Bilbo no pudo evitar cerrar los ojos e inclinarse hacia él.

-¿Estás bien? -preguntó el cambiante.

Bilbo se las arregló para sonreír un poco.

-Sí, me siento mejor. Sólo que... tengo hambre -dijo, riéndose, porque en realidad no tenía hambre, sólo quería estar pensar un momento, todavía estaba asustado por Drogo y por lo que le esperaba cuando lo encontrara... o no.

-¿Quieres que te traiga algo?

El corazón del humano dolió en ese momento, no como algo exactamente físico, sino como producto de una emoción muy fuerte. Darse cuenta de lo mucho que Smaug se preocupaba por él siempre causaba ese tipo de reacciones, ni siquiera se atrevía a decir que deseaba regresar el tiempo y jamás haberlo conocido, porque no era así, sólo pensar en la posibilidad de imaginar su vida sin haber visto esos ojos lo hacía sentir casi enfermo. ¿Era eso egoísta también? Probablemente sí, porque tal vez... si no hubiese conocido a Smaug, él viviría más tranquilo. Y es que ya no podía engañarse más, aquello que brillaba en los ojos del cambiante no era ninguna emoción superficial, era algo profundo y probablemente irremediable.

Las dos opciones que tenía causarían daño, lo sabía. Sólo que Smaug no lo necesitaba... ¿cierto? Él todavía podía regresar a la normalidad una vez que el recuerdo de Bilbo comenzara a desvanecerse, porque eso es lo que el humano quería creer, quería pensar que el camino que había elegido sería el que menos causaría daño.

-En realidad... tengo ganas de cocinar -mintió y se levantó para entrar al baño, darse una ducha y cambiarse antes de bajar. El problema, y eso le arrancó (muy a su pesar) una sonrisa de los labios, era que Smaug lo siguió hasta la cocina y se sentó en una silla, observándolo atentamente.

Fue justo en el momento en que Bilbo comenzó a cortar las especias y preparar la cacerola con el aceite para comenzar a cocinar, que se dio cuenta de que Smaug lo seguía mirando, como si no hubiese perdido ningún sólo detalle de lo que hacía. Sin embargo, incluso al notar que Bilbo le devolvía una mirada interrogante, el cambiante no parecía apenado, sino que sonrió.

-Eres hermoso -le dijo y el humano, a pesar de poner los ojos en blanco y girarse para continuar con su tarea, no pudo evitar ruborizarse. Desde que había conocido a Smaug le pasaban esas cosas, como si hubiese regresado a la adolescencia de pronto.

Todo parecía haber mejorado, por lo menos eso era lo que Bilbo pensaba, comenzaba a sentirse mucho mejor y casi lograba apartar esos pensamientos que lo hacían sentirse tan destrozado. Era lo mejor, ya que sólo debía concentrarse en lo que necesitaba una solución inmediata, como lo era el hecho de que...

Sus pensamientos fueron bruscamente interrumpidos cuando sintió dos poderosos brazos rodear su cintura. Los labios de Smaug besaron su cuello y Bilbo no pudo evitar estremecerse de placer. Sin embargo, giró su cabeza para decirle a aquel inoportuno dragón que lo dejara seguir cocinando, cuando se quedó sin aliento porque vio los ojos de Smaug, observarlo con algo que se acercaba a una profunda ternura, una mirada que Bilbo había visto varias veces y que sabía que palabras traía consigo.

-Te amo.

Las palabras supieron diferente en esta ocasión, aún así. Porque ahora no tenían la pasión de los besos, porque ahora no estaban acompañadas por deseo, sino por una mirada sincera y vulnerable. Y eso era peor. Ver a Smaug de aquella manera, escuchar esas palabras nuevamente, sólo que con un tono casi perdido, confundido y débil, como si esas palabras fueran capaces de poner de rodillas a aquel poderoso líder...

Eso era mucho peor, era como un golpe fuerte en la cara; darse cuenta de que alguien se sentía así por él lo dejó petrificado. Y le dolió mucho. Y dolió aún más al darse cuenta de que su corazón latía con un ritmo que parecía querer obligarlo a decir esas palabras nuevamente.

Yo también te amo. Pensó, pero no lo dijo. Fue terrible, tuvo que morderse el labio para reprimir las palabras, así como los deseos de llorar en sus brazos. Un dolor en la garganta se unió a su corazón herido, tenía miedo de seguir viendo dentro de su mirada, por lo que se alejó de él y continuó cocinando.

-Perdóname -lo escuchó decir y eso lo confundió lo suficiente como para contener sus emociones y esconderlas, se atrevió a girarse nuevamente y se dio cuenta que Smaug estaba mirando al suelo, como si estuviese apenado en verdad.

-¿De qué hablas? -preguntó y esperó que él no se diera cuenta lo ahogadas que habían brotado sus palabras.

-Sé que no te gusta cuando te digo que te amo -dijo Smaug y, por más que lo intentó, no pudo evitar mostrar lo mucho le dolía tan sólo decir eso-. Siempre desvías la mirada, como si no soportaras verme.

Bilbo dio un paso adelante y, por un momento, quiso decirle que no era eso... que él también lo amaba, sin embargo, una parte de él pensó que tal vez así era mejor, tal vez si Smaug creía eso no sería tan difícil para él olvidarlo una vez que tuviera que irse.

Se detuvo y lo observó, sin decir nada.

-Intentaré... no decirlo otra vez -dijo Smaug-. Tal vez... cuando pueda convencerte, cuando veas que puedes ser feliz conmigo y me ames aunque sea un poco, tal vez entonces no te resulten desagradables mis palabras.

En lugar de decirle que eso no era cierto, Bilbo se concentró en lo que estaba haciendo, dándole la espalda a Smaug. Esperaba que no se acercara de nuevo y se diera cuenta de que estaba llorando.

Lo escuchó acercarse y el humano no pudo evitar encogerse de hombros, como si tuviera miedo. Tal vez Smaug lo había notado, porque se detuvo. Le anunció a Bilbo que tenía que salir para seguir buscando a Drogo, el humano asintió, sin verlo, sintiéndose terrible, como si le estuviera pagando todo lo que había hecho por el con desprecio.

¿Pero era mejor así, no?

Bilbo le recordó a Smaug que tendría que irse al bar aquella noche, casi podía imaginarlo frunciendo el ceño a sus espaldas y abriendo la boca para decirle que no estaba de acuerdo, pero algo debió haberlo hecho cambiar de opinión porque aceptó su decisión.

Cuando escuchó la puerta principal cerrarse, Bilbo se permitió sentarse en una de las sillas (en realidad colapsó sobre ella) y dejar que sus lágrimas fluyeran y escaparan de sus ojos.


-Te ves terrible, Bilbo -comentó Eric, una vez que logró atender al cambiante que había estado gruñendo por una bebida durante diez minutos.

-Gracias, aprecio el cumplido -respondió el humano, tratando de sonar ofendido, aunque ni siquiera tenía energía para ello. Todavía le dolía cómo había terminado su conversación con Smaug, además aquella noche, si es que sus sobrinos no habían mentido, llegaría Thorin y sabía que tenía que hablar con él, personalmente, para evitar más problemas.

Eric sonrió.

-¡Vamos! Sabes que no quise decir eso... además tú siempre te ves atractivo, y lo digo porque, a pesar de que todos le tienen miedo a tu novio, ninguno de ellos puede resistirse a mirarte de vez en cuando.

Bilbo puso los ojos en blanco.

-De acuerdo, de acuerdo... pero, en serio ¿qué es lo que tienes?

Pero el humano no tenía ganas de hablar de eso, así que decidió cambiar de tema.

-Hoy vendrá Thorin.

-¡Lo había olvidado! -por la expresión de Eric, Bilbo supo que la distracción era suficiente como para mantenerlo en un tema toda la noche-. ¿Qué es lo que piensas hacer?

-Decirle la verdad.

-¿Estás loco? Thorin es...

-No creo tener otra opción, tarde o temprano Thorin tiene que saber que ahora vivo con Smaug.

Por lo menos, Eric no discutió más con él y asintió.

-Si es que no es que sus adorables sobrinos le dijeron todo ya.

Bilbo se estremeció, esperando que ese no fuera el caso.

Sabía que todavía era temprano y que tan sólo había pasado una hora, pero, aún así, el humano comenzó a desesperarse rápidamente. Lo que quería era ver a Thorin lo más pronto posible y hacerle entender que estar con Smaug era lo que quería, para que Thorin no intentara algo arriesgado como enfrentar al líder de los cambiantes él mismo y hacer todo eso antes de que fuera la hora de cerrar y evitar que el mismo Smaug se encontrara con el cazador. ¿Simple, no?

-Se va a poner más interesante de lo que había pensado -comentó Eric, mirando hacia un punto entre todos los clientes que estaban aquella noche. Y aunque su jefe parecía casi divertido, Bilbo lo conocía lo suficiente como para saber que estaba comenzando a perder la calma.

Y entonces Bilbo se dio cuenta de que Thranduil y su hijo Legolas se acercaban hacia ellos.

-Parece que, por primera vez en años -anunció Eric como si se tratara de un juego-, vamos a tener a todos los líderes en Noctem.

No tenía que ser nada de lo que tenía que preocuparse, después de todo, tanto Thranduil como su hijo sabían que él estaba con Smaug y aunque habían ofrecido su ayuda, no parecían tener intenciones de enfrentarse al cambiante. No, definitivamente aquello no significaba ningún cambio fatal en el destino, nada de lo que preocuparse.

Sólo que Bilbo ya no podía sentirse tranquilo; aquella ridícula sensación de que algo malo iba a pasar se había adherido a su mente y ahora no podía arrancársela.