Hermione ya había perdido la cuenta del tiempo que habían permanecido en aquella playa, Voldemort había pronunciado un hechizo para que el calor entre ellos se mantuviera mientras los copos de nieve caían suavemente sobre sus cuerpos.

Ya estaba empezando a amanecer y durante las horas que estuvieron en esa posición ninguno había dicho nada. Sin embargo a pesar del silencio, el momento había sido muy cómodo. La chica solo se apretaba más entre los brazos de Voldemort, buscando un calor que no era necesario, mas éste nunca la rechazó, sólo la complacía estrechándola contra su cuerpo.

La calidez y tranquilidad de la situación hacían que el cuerpo de Hermione empezara a recordarle que no había dormido, le reclamaba un poco de energía. Con todo su esfuerzo se separó de Voldemort, logrando una mirada interrogativa de éste.

- Creo… que quiero ir a dormir- susurró.

Voldemort no dijo nada, solo asintió con la cabeza mientras se ponía en pie y la cogía en brazos para aparecerse. Hermione dio una última mirada al lugar con melancolía. No sabía si volvería a regresar alguna vez a aquel lugar. Sintió una sacudida y sus pies tocaron el piso. Miró a su alrededor, estaban de vuelta en su habitación.

Voldemort se separó unos pasos de ella – Es hora de irme-

- ¿Adonde irás?- preguntó la bruja

- Tengo unos asuntos que atender- respondió sencillamente dándose la vuelta y dirigiéndose a la puerta.

Hermione se adelantó y le tomó la mano- Puedes… ¿puedes quedarte? Solo hasta que me duerma- pidió

Voldemort la observó atentamente, al cabo de unos segundos asintió con la cabeza y la acompañó hasta la cama. Se sentó a su lado mientras la chica se acostaba. Sintió el dorso de la fría mano de Voldemort acariciar su mejilla con expresión ausente.

- ¿Por qué estas tan callado?- preguntó

Voldemort sonrió ligeramente – Solo estoy pensando-

- ¿Sobre qué?- volvió a preguntar mientras la mano en su mejilla descendía acariciando su clavícula.

El mago chasqueó la lengua y sin previo aviso se subió a la cama quedando encima del cuerpo de Hermione, que se había quedado paralizada ante la repentina acción del hombre.

- ¿Por qué tienes miedo?- preguntó con una sonrisa cruel mientras sus manos recorrían el cuerpo de la chica a su merced.

- No es eso, sólo me sorprendiste- dijo entrecortadamente

Voldemort rió- Pues deberías temerme, soy capaz de cualquier cosa-

- Lo sé- respondió sintiendo los labios de Voldemort junto a los suyos en un posesivo beso. Hermione nunca había sentido un beso como aquel, era como si tratara de dejarle una marca. Con un movimiento de sus manos, la ropa de ambos desapareció.

- Mi pequeña bruja- susurró en su oído, lo que hizo que Hermione se estremeciera. Dejándose llevar colocó sus manos sobre el pecho del hombre deslizándolas por su abdomen mientras volvían a besarse.

Voldemort empezó a emitir sutiles silbidos lo que ella reconoció como pársel, mientras paseaba su mano por la cara de la chica, acariciándola. Suavemente empezó a introducirse en su cuerpo, lo que arrancó un gemido por parte de Hermione al sentir todo el miembro de Voldemort dentro de ella.

El mago se acercó y beso a la chica con fuerza, tragándose sus gemidos, mientras una de sus manos se cerraba en su cuello apretando suavemente, lo que arrancó un quejido por parte de ella.

- Eres tan… indefensa- susurró Voldemort mientras mordía el cuello de Hermione- Eres tan frágil. Puedo hacer lo que quiera…-

Hermione abrió los ojos, perdiendo toda concentración. Observó al hombre frente suyo, el cual parecía estar hablando para él mismo. Sus ojos estaban brillando y tenía una sonrisa cruel. Su mirada se conectó con la de la bruja, su sonrisa se acentuó mientras se acercaba para volverla a besar. Hermione volvió a cerrar los ojos al sentir la lengua de Voldemort acariciar la suya en un apasionado beso, mientras sus manos bajaban por sus muslos, rozando con sus dedos cada porción de piel a su alcance.

Con un gemido Hermione llegó al orgasmo seguida por Voldemort. Éste quedo encima de ella recostándose en su pecho con los ojos entrecerrados. Hermione se acomodó en la cama tratando de regular su respiración. Sentía como el cansancio la iba venciendo poco a poco y deseaba cerrar los ojos y dejarse llevar por el sueño. Pero despertó de golpe al sentir a Voldemort bajarse de encima de ella y sentarse en el borde de la cama ya completamente vestido.

- ¿Puedo preguntarte… porque dijiste esas palabras?- cuestionó Hermione

Voldemort volteó hacia ella, sus ojos resplandecían – No dije nada que no fuera cierto-

- Cuando dijiste "hacer lo que quieras"… ¿te referías a hacerme daño?- volvió a preguntar en voz baja y temblorosa.

El mago no respondió. Se limitó a ponerse en pie y arreglar su túnica con mucha parsimonia – Mejor es que duermas un poco- dijo

- Respóndeme, por favor- volvió a decir Hermione con la voz más alta de lo que pretendía.

El hombre volvió a girarse y verla a los ojos- ¿Tienes miedo, Hermione?- preguntó

- Si- respondió con lágrimas en los ojos- Tengo miedo de que me hagas daño algún día-

- No te haré nada. Ya te lo he dicho - respondió con frialdad.

Hermione bajó la cabeza y se secó los ojos asintiendo levemente. Voldemort colocó sus dedos sobre su barbilla – ¿Alguna vez te he faltado o fallado respecto a eso? ¿Alguna vez te he forzado a algo?- preguntó mirándola a los ojos.

La bruja negó con la cabeza energéticamente. Voldemort se le acercó un poco mas– Entonces no tienes nada que temer-

Un brusco golpe en la puerta hizo que ambos se sorprendieran. Los ojos de Voldemort refulgieron de rabia. Estaba prohibido tocar la puerta de esa habitación hasta donde ella sabía. Voldemort no dejaba que ningún mortífago estuviera cerca de ella o tuviera algún contacto directo, a menos que él mismo lo hubiese aprobado.

La puerta se abrió de golpe dejando pasar a un mortifago, que corría apresurado y se le veía nervioso – ¡Mi señor! ¡Hemos encontrado varios miembros de la Orden! ¡Están aquí, amo! Están intentando traspasar las puertas de la mansión-

Voldemort se giró muy lentamente, sus facciones tenían un aspecto encolerizado - ¿Cómo te atreves a interrumpirme? ¿Cómo te atreves a entrar en esta habitación sin mi permiso expreso? ¡CRUCIO!-

El mortifago cayó al suelo de un golpe seco, empezó a revolverse intentado escapar de dolor de la maldición. Sus gritos eran espeluznantes y rompían los tímpanos de Hermione.

- Un mortifago que me desobedece, un mortifago que olvida las instrucciones que le doy, no me sirve. No eres más que un inútil, Tisdale-

-Mi… mi señor, perdóneme, por… por favor, se lo suplico; yo… yo solo…- tartamudeó el hombre

- Cállate. No quiero oír tus patéticas excusas. De todas formas, te agradezco por la información. Yo mismo me encargaré de la Orden. Tú no me haces mas falta. ¡Avada Kedavra!-

Hermione gritó al mismo tiempo que una fuerte luz verde iluminaba el lugar. El cuerpo del hombre se desplomó boca abajo con un golpe seco.

- ¿Que has hecho? ¿Por qué lo mataste?- preguntó con un dejo de histeria

- Debía aprender su lugar. Eso no importa ahora. Sacaré el cuerpo de tu habitación. Y posteriormente iré a ocuparme de tus amigos de la Orden, no puedo creer que sigan vivos, pero bueno, eso no dudará mucho más tiempo- Voldemort rió macabramente mientras sus ojos todavía estaban fijos en la chica

- ¡No! ¡Espera, por favor! ¡No los mates! – los ojos de Hermione empezaron a llenarse de lagrimas mientras miraba a Voldemort implorante-¡Te lo suplico! ¡Haré cualquier cosa!-

La sonrisa de Voldemort se marchitó – Puedo cumplirte lo que me pidas, Hermione. Todo lo que quieras y desees, yo te lo daré. Pero no eso, y lo sabes-

- Eso es lo único que quiero, ellos son mis amigos- pidió la bruja

-Lo siento-Voldemort se enderezó y sacando su varita fue hacia la puerta. Hermione no pudo evitar empezar a llorar al verlo irse. Sabía que él los mataría a todos, había estado esperando por eso mucho tiempo.

- No quiero que salgas de esta habitación hasta que yo te diga que es seguro-

Con un movimiento de su varita el mago hizo que el cuerpo del mortifago se elevara en aire y con una onda lo lanzó con fuerza contra el pasillo. Volteó al escuchar los sollozos de la chica, sabía que la estaba haciendo sufrir, pero no pensaba cambiar sus planes- Lo lamento, pequeña bruja- dio media vuelta sin esperar respuesta y salió dejando a Hermione sola en la habitación.

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Sentada en la cama, no podía parar de llorar, le costaba respirar y sentía como se ahogaba por momentos. La angustia que tenía no podía expresarse con palabras. Sabía que esos miembros de la Orden estaban allí buscándola, tratando de sacarla. Sin embargo ella no quería moverse, quería quedarse ahí acostada, dormir y dejar de pensar, dejar de sufrir.

Se escuchó una explosión en los jardines que hizo que Hermione diera un respingo. Con brusquedad se levantó de la cama limpiándose el rastro de las lágrimas. Se escuchó otra explosión y varios gritos. La sensación de ansiedad pudo más que ella, abrió la puerta y salió corriendo por los pasillos, tratando de encontrar un camino para llegar a su destino.

A pesar de los disturbios afuera, la mansión estaba en relativa calma, no se veía ni un alma rondando. Hermione giraba en todas las direcciones, corriendo como nunca. A pesar de haber recorrido esa mansión completa, se sentía perdida, los nervios no la dejaban concentrarse.

Se agachó tras una columna al sentir el piso vibrar y un hechizo derribar media pared a su lado. Se asomó con los ojos abiertos como platos. Afuera se veía el jardín, la oscuridad no era suficiente para aplacar las luces de los cientos de hechizos que volaban en todas las direcciones. Se escuchaban gritos aterradores y otros victoriosos.

Sintió como su respiración colapsaba al sentir un cuerpo caer con fuerza sobre ella. Un mago aparecido de la nada se había lanzado y la había derribado al suelo – ¡SUELTAME!- gritó

El mago le tapó la boca con su mano – ¿Tu eres Hermione Granger? Te he estado buscando, no hay tiempo ¡Debemos irnos!-

- ¿QUE? ¡NO! ¿QUIEN ERES? ¡DEJAME!- siguió gritando, retorciéndose bajo el cuerpo del hombre.

- ¡HERMIONE!-

La bruja escuchó el alarido claramente con la voz de Voldemort, apartó la cabeza lo que pudo para ver a Voldemort levantar la varita contra el hombre, éste se estaba intentando poner en pie – ¡No te atrevas a tocarla! Te mataré-

El mago se puso en pie y lanzó un hechizo a Voldemort, que lo desvió y con la furia de un huracán se abalanzó contra el hombre dispuesto a matarlo, de la punta de su varita salió un chorro de luz verde que le dio al hombre directamente en el pecho.

Voldemort pasó por encima de su cadáver y se acercó a ella con grandes zancadas – ¿Qué haces aquí? ¡Te ordené no salir!-

- Yo… necesitaba saber… que estaba sucediendo- dijo con voz temblorosa

Los ojos de Voldemort resplandecían con furia – No quiero que estés aquí, es muy peligroso. Regresa-

Hermione negó con la cabeza- ¡No puedo! Tengo miedo de que te ocurra algo-

Los ojos de Voldemort se suavizaron. Pronunció unas palabras en voz baja y luego volvió a centrarse en ella. Se acercó rápidamente y depositó un simple beso en sus labios. De la nada Hermione vio como Snape se acercaba a ellos y tuvo un horrible presentimiento. Sin embargo Snape se detuvo unos centímetros atrás de Voldemort, mientras éste se incorporaba- Llévala a su habitación. No quiero que le ocurra nada- dijo dirigiéndose a Snape

Éste hizo una profunda inclinación y tomó a Hermione del brazo llevándola de vuelta por donde había regresado, ésta volteó a ver a Voldemort que no había despegado su vista de la chica- Iré por ti mas tarde. Lo prometo-

Ella asintió y se dejó arrastrar por Snape. Llegando al final de uno de los pasillos, se detuvieron. Snape se veía mas pálido de la habitual – Hasta aquí llega mi ayuda, señorita Granger. Preste mucha atención. Salga a los jardines, ya la batalla está perdida, el Señor tenebroso está ganando, quedan pocos de nuestras filas- Snape paró para tomar aire – Corra, corra lo mas que pueda, ¿sabe dónde está la fuente con la estatua de la esfinge?- Hermione asintió mientras notaba gotas de sudor bajar por sus sienes – Allí la estarán esperando dos miembros de la Orden, ellos usaran un traslador que la sacara de aquí y la llevará directo al cuartel general-

Hermione se quedo tiesa, las piernas le temblaban mientras mirada fijamente a Snape, su mente había quedado en blanco.

- Váyase ahora, y no se detenga. Será nuestra única oportunidad- prosiguió el hombre

- ¿Que sucederá con usted? Voldemort se dará cuenta ¡Lo matará!- respondió angustiosamente la chica

- No se preocupe por mí. Tengo un plan- respondió – ¡ahora váyase!-

Hermione asintió mientras echaba a correr de nuevo por los pasillos, pero esta vez en otra dirección, sabía dónde estaba la estatua antes mencionada. Sentía un dolor punzante en las costillas, pero lo ignoró. No sabía muy bien que estaba haciendo, pero no importaba, se concentró en lo que tenía que hacer.

Salió a los jardines y allí vislumbró la fuente, era una de las más grandes y llamativas. Esquivó cadáveres y hechizos que pasaba volando a toda velocidad por su lado. Escuchaba gritos, pero lo ignoró todo. Corrió como nunca en su vida. Y ellí estaban ellos, un mago y una bruja le hacían señas y gritos para que se acercara, llevaban un instrumento en la mano lo que Hermione supuso que era el traslador.

Llegó ante ellos totalmente extasiada - ¿Estás bien?- preguntó la mujer que sangraba por la boca

- Si- respondió con voz ahogada

-¡Es hora de irnos, toma mi mano rápido!- dijo el mago

Hermione acercó su mano, pero se detuvo al escuchar su nombre, volteó bruscamente y allí lo vio. Voldemort se dirigía hacia ella corriendo con sus mortífagos atrás, todos levantando la varita hacia ella, pero ninguno atacaba.

- HERMIONE ¿QUE HACES? REGRESA- la voz de Voldemort tenía un tono que Hermione nunca había escuchado y no sabía cómo definirlo

Ella se dio la vuelta completamente ante él. Lo miró con la boca entreabierta, no sabía que decirle. Quería ir hacia él. Quería que la abrazara, pero no podía, ya había llegado tan lejos. Tantas vidas perdidas por su culpa.

Lo oyó volver a llamarla. Ella dio un paso inconscientemente hacia él. Sintió la mano de la mujer atrás suyo tomar con fuerza su muñeca y lo último que oyó fue el grito de Voldemort y sus ojos inundados de sorpresa, decepción y lo que a ella le pareció, algo de tristeza antes de ser arrastrada por un remolino de colores.

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