CAPITULO 14
Una hora más tarde Relena sintió que se había refrescado bastante, al menos en el sentido físico. El aire salado y vivificante poseía asombrosas propiedades reconstituyentes para los pulmones; desgraciadamente, no era tan eficaz para el corazón y la cabeza.
¿ Amaba ella a Heero Yuy? Naturalmente esperaba que así fuera. Le gustaría creer que no se habría comportado de manera tan injustificable por un hombre por quien ella no sentía un afecto profundo y duradero. Sonrió irónicamente, lo que debía considerar era si Heero la amaba a ella . Creía que sí, al menos un poquito. Su preocupación por su bienestar la noche anterior había sido evidente; y cuando la besó... bueno, ella no sabía mucho de besos, pero pudo percibir un apetito en él, e instintivamente supo que ese apetito estaba reservado exclusivamente para ella. Y podía hacerle reír, eso tenía que contar para algo.
Heero no estaba de buen humor. Evidentemente había perdido el poco juicio que alguna vez hubiera tenido. No había otra explicación para llevarse a Relena a su habitación y casi violarla a plena luz del día. Y por si eso no era suficientemente malo, ahora estaba dolorido por sus necesidades insatisfechas, gracias a su entrometido mayordomo. Pero lo peor de todo era que ahora Relena había desaparecido de repente. Había registrado la casa de arriba a abajo, de delante a atrás, y ella no se encontraba en ningún sitio. No creía que se hubiera escapado, tenía demasiado juicio como para hacer eso. Probablemente estaría fuera paseando por el campo, intentando despejar su cabeza.
Lo que hubiera sido perfectamente comprensible y una tarea ciertamente digna de elogio, si no hubiera carteles pegados por todos lados con una cara tan parecida a la suya. No era muy bueno el parecido, estaba seguro; pero aun así, si alguien la encontraba y la llevaba hasta Dekin...
Tragó saliva nerviosamente. No le gustó la sensación de vacío que sintió al pensar que ella se había marchado. ¡Demonio de mujer! No tenía tiempo para complicaciones como ésta, y desde luego no había cabida para otra mujer en su corazón.
Heero maldijo entre dientes y apartó a un lado un parte de cortina transparente examinando el jardín lateral. Relena debió haberse marchado a través de las escaleras de los sirvientes, era la única salida a la que había tenido acceso desde el cuarto de baño. Exploró el terreno totalmente, pero había inspeccionado ese lado más a menudo; por alguna razón creía que ella volvería por el mismo sitio por el que se había marchado. No sabía por qué. Parecía del tipo de personas que haría eso.
Sin embargo, no había ni rastro de ella, así que volvió a maldecir y dejó caer la cortina. Fueron golpetazos bastante estridentes y fuertes de hombres, lo que oyó en la puerta principal.
Maldijo por tercera vez, incomprensiblemente irritado por haberse adelantado equivocadamente al comportamiento de ella. Caminó hasta la puerta con pasos largos y rápidos, su cerebro lleno a rebosar con la bronca que le iba a echar. Cuando hubiera terminado con ella, no se volvería a atrever a correr esa clase de hazañas otra vez.
Su mano agarró el pomo de la puerta y la abrió tirando con fuerza, su voz era un gruñido enfadado cuando dijo - ¿Dónde demonios has... Su aflicción aumentó notablemente. Parpadeó. Abrió bruscamente su boca para volverla a cerrar. - ¿Noin?
