Capítulo 14: Familia
—¡¿DÓNDE ESTABAS?! ¡¿Estás bien?! ¡¿Por qué no me has esperado para ir donde sea que hayas ido?!
—Relax, chihuahua. Estaba conmigo, no te preocupes.
—¡Que no soy un chihuahua rubio oxigenado!
[Y/N] ignoró a los dos chicos y se dirigió a su habitación. No estaba de humor para peleas y quería descansar un poco. Ahora que no tenía nada más que hacer que esperar a que Saruhiko encontrase algo, sentía como todo volvía a ella. En esos momentos, emocionalmente era como una montaña rusa, subiendo y bajando en un ciclo constante. Después de pasar la mañana 'animada' (entendiendo por animada no llorar en un lapso de dos horas) el dolor volvía a ella, hostigándola y recordándole que, mientras ella seguía con su vida, Ryu ya no estaba.
A duras penas, logró contener las lágrimas hasta que abrió la puerta de su cuarto. Una vez dentro de la habitación, las lágrimas comenzaron a salir a borbotones nublando su visión y se dejó caer al suelo. ¿Por qué ahora? Parecía que estaba bien, lo había llevado bastante bien durante todo el día, desde que había despertado en brazos de Yata. Yata... ¿Cómo podía tener alguien tan temperamental e impulsivo semejante efecto tranquilizador sobre ella? Debía ser cierto que el amor hacía milagros.
—[Y/N]— llamó Tatara, tocando la puerta con los nudillos. —¿Estás bien? ¿Quieres hablar? ¿Necesitas algo?
La joven permaneció en silencio. ¿Qué podía decirle? ¿Que sentía como si la apuñalasen una y otra vez en el pecho? ¿Que intentaba ser fuerte pero el dolor de la pérdida era más fuerte que ella? ¿Que la única persona que conseguía apaciguar ese dolor era la misma con la que llevaba meses discutiendo por tonterías? ¿Que quería vengarse de esos tipos y que Yata correspondiese su amor? Demasiadas cosas y todas estúpidas. No quería que se preocupasen por ella más de lo que ya estaban.
—Sé que me has escuchado, [Y/N]— la joven escuchó como el castaño se sentaba al otro lado de la puerta. —Puede que ahora te parezca el fin del mundo pero vas a salir adelante, para eso estamos aquí. Desde el momento en que chocaste con Mikoto tu futuro ya estaba decidido. No puedes librarte de nosotros, somos tu familia y la familia cuida de los suyos— Tatara tomó aire antes de seguir con su discurso. —Puede que no tengamos lazos de sangre pero somos HOMRA, y HOMRA permanece unida. Si tú estás mal, nosotros también [Y/N]. No trates de guardarlo todo para ti porque eso solo lo va a empeorar. Nos tienes aquí para ti, a todos. Mikoto, Izumo, Anna, Kōsuke, Eric, Chitose... Yata... Todos nos preocupamos por ti, [Y/N]. Si hay algo que necesites solo tienes que decirlo, pero no te quedes sola. Aislarse no soluciona nada.
Quería decir algo, decirle que para ella ellos también eran importantes, que sabía que podía contar con ellos pero le faltaba confianza en sí misma. ¿Y si se convertía en una molestia para ellos? Siempre habían sido Ryu y ella. Su hermano era la única persona en la que confiaba realmente, su amigo y consejero. Quitándole a él, siempre había estado sola. Hasta que se unió a HOMRA no conocía a nadie que pudiese entenderla. La mayoría de la gente de su edad vivía despreocupada y feliz, ajenos a lo difícil que era para ella encargarse de todo en casa. Mientras los demás iban al parque o al cine con sus amigos, ella se pasaba las tardes limpiando, haciendo la comida o planchando porque Ryu estaba trabajando y no tenía tiempo para ello, además de que no se le daba muy bien. Nunca se había sentido integrada y, ahora que lo estaba, no quería ser una carga.
—¿Sigues ahí? Venga, anda. Hablame. ¿Quieres helado? ¿Ver películas malas? ¿Amordazar a Yata y vestirle de mujer? Puedo hacerle fotos para luego chantajearle.
[Y/N] rió ante la imagen de un Yata furioso vestido de muñeca. Tatara tenía razón, ahora HOMRA era su familia. Secándose las lágrimas con el dorso de la mano, la joven se levantó para abrir la puerta. Sin embargo, apenas llegó a tocar el pomo cuando la puerta se abrió de golpe golpeándola y haciendo que cayese al suelo.
—¡No te escondas! ¡Estaba hablando contigo, idiota! ¿Por qué me has dejado con ese estúpido Retriever?
¿[Y/N?— confundido, Yata miró a la joven que se encontraba en el suelo frente a él. —¿Q-qué haces a-ahí? ¿Estás bien?
La peli-[H/C] puso los ojos en blanco. ¿Cómo había llegado a enamorarse de ese enano insoportable?
—Limpiar el suelo— respondió sarcástica.
Al ver que Yata sopesaba su respuesta, como si se plantease si era cierta o no, [Y/N] resopló.
—¡Me has tirado tú, imbécil! ¡¿Por qué abres así la puerta de MI habitación?! ¿No te han enseñado a llamar o qué?
Para su sorpresa, en vez de contestarla y empezar a discutir, Yata se sonrojó y apartó la mirada.
—Y-yo... N-nada. No importa.
[Y/N] se incorporó y se acercó a él para verle la cara. Tenía curiosidad por saber por qué se había enfadado porque le hubiese dejado discutiendo con Eric.
—Algo será así que dímelo, Misaki.
—N-no me llames así.
—¿Por qué? ¿Qué tiene de malo? Es tu nombre, ¿no?
—S-sabes que n-no me gusta que me llamen así.
La joven sonrió. Yata Misaki era extremadamente adorable, tratando de hacerse el rudo a pesar del sonrojo en sus mejillas.
—Está bien. Yo dejo de llamarte Misaki y tú me dices por qué has venido. ¿Trato?
—Te odio— protestó el pelirrojo. —T-tú ganas, p-pero deja de llamarme cómo ese estúpido mono traidor.
La sonrisa de [Y/N] vaciló casi imperceptiblemente ante la mención a Saru. ¿Qué pasaría si Yata descubría su amistad con Fushimi? ¿La consideraría una traidora a ella también? El susurro del pelirrojo la sacó de sus pensamientos.
—S-si no sé dónde estás n-no p-puedo protegerte... Y-yo... e-estaba preocupado.
—Yata...— no esperaba una respuesta tan sincera por su parte.
Al ver como la chica le miraba fijamente, Yata volvió a apartar la mirada.
—T-tampoco creas que es gran cosa. A-anna estaría triste s-si te pasa algo.
—¿Sólo Anna?— preguntó [Y/N] arqueando una ceja. Ja. Ni él se lo creía.
—B-bueno T-Tatara e I-Izumo-san t-tambien. Y s-supongo que M-Mikot-...
Los labios de la chica sobre los suyos detuvieron su tartamudeo. Había sido un acto impulsivo. Tal vez el pelirrojo la rechazase pero merecía la pena. Estaba segura de que esos hombres iban a volver por ella en algún momento así que, mientras pudiese, iba a aprovechar el tiempo en HOMRA y tratar de ser feliz para que los demás no tuviesen que preocuparse por ella. Ese beso era un primer paso. Aunque Yata no correspondiese a sus sentimientos, al menos habría sido sincera respecto a lo que sentía y no tendría que seguir preguntándose que habría pasado si hubiese tenido el valor de confesarse.
—Así mejor, Misaki. Dices muchas tonterías— dijo [Y/N], antes de besar de nuevo al pelirrojo.
Sonrojado a más no poder, Yata respondió al beso de la joven con movimientos tímidos e inexpertos. Aunque trataba de ocultarlo, hacía tiempo que se preguntaba cómo sería besar a la peli-[H/C] y debía admitir que era mucho mejor de lo que había imaginado. Con gesto inseguro, colocó las manos sobre la cintura de la chica, acercándola más a él.
Al notar las manos del pelirrojo rodeándola, [Y/N] envolvió su cuello con sus brazos, disfrutando de la agradable sensación de estar así con él y agradeciendo haber seguido su impulso. En brazos del skater, se permitió olvidar todo lo demás por unos momentos, incluso de Tatara, que observaba la escena con una sonrisa de oreja a oreja mientras tomaba una foto para enseñársela a los demás como prueba.
- - Mientras tanto en algún lugar de Shizume - -
Un hombre con cara de mal humor se encontraba sentado en su despacho, reprendiendo a sus subordinados. ¿Cómo podían ser tan incompetentes? ¿Cuántas veces iban a fallar?
—Esta es vuestra última oportunidad. Conseguid ese maldito archivo o estáis despedidos— gruñó.
Los dos hombres, conocedores de lo que implicaba que Jinkō Shizen les 'despidiese' se apresuraron a inclinarse ante él y agradecer su nueva oportunidad.
—S-si señor. Lo recuperaremos.
