Esta es una adaptación del libro Embarazada del magnate griego de Kthryn Ross.
Los personajes no me pertenecen son propiedad de DC Comics y Warner, la historia no es mìa solo es una adaptación.
Capitulo 13
Mientras paseaba incansablemente por el pasillo, Oliver no dejaba de recordar el aspecto pálido y frágil de Felicity contra el blanco de las sábanas del hospital. Le estaban haciendo una ecografía y ella se había negado a que él estuviera presente. Oliver había querido insistir, pero, de algún modo, la voz suplicante de Felicity y el modo en el que ella lo había mirado se lo habían impedido.
Por lo tanto, allí estaba, esperando.
Una enfermera salió de la habitación sin mirarlo siquiera y volvió a entrar unos instantes después. Oliver no creía que fuera a poder soportarlo.
Se pasó una mano por el cabello. Había cometido tantos errores... Se había comportado de un modo ciego y estúpido.
«Si pierdo el bebé, entonces nuestro matrimonio se terminará, ¿verdad?». No hacía más que recordar las palabras de Felicity. ¿Qué diablos estaba haciendo esperando allí? Necesitaba estar con ella.
La puerta se abrió por fin. Salió el médico.
—Puede entrar ahora. Está muy cansada, así que no la fatigue mucho, ¿de acuerdo?
Felicity lo observó atentamente mientras él se dirigía hacia la cama. Jamás lo había visto tan abatido. Sintió un profundo dolor en el corazón. No había querido que él estuviera presente mientras los médicos le
Hacían pruebas porque había sentido que, si le decían que el bebé había muerto, ella no podría soportarlo. Tendría que prepararse antes de poder enfrentarse a él.
-Oliver... está... está bien —susurró—. Aún tiene latido. Nuestro hijo sigue luchando. Está vivo —anunció. El alivio se reflejó inmediatamente en el rostro de Oliver—. Siento haberte tenido fuera. Yo... yo no hubiera podido soportar tu desilusión aparte de todo lo demás.
Oliver se sentó en la cama y le tomó la mano.
—La situación es aún muy delicada —prosiguió, tratando de sonar valiente—.
Necesitan hacer más pruebas. Dicen que las próximas veinticuatro horas son cruciales, pero, al menos, ahora estoy en el sitio adecuado —añadió, tratando de sonar positiva—. Al menos ahora hay una oportunidad.
—Sí.
Durante un instante, Oliver examinó la belleza del rostro de Felicity a pesar de la palidez que aún mostraba su piel.
—Dios, Felicity, ¿podrás perdonarme alguna vez?
· ¿Perdonarte?
· Por haberte atrapado en este matrimonio. Por hacerte aceptar algo que no querías...
—Oliver, quiero lo mejor para nuestro hijo. Necesito lo que es mejor para nuestro hijo...
—Lo sé. Sé que has antepuesto la felicidad de nuestro hijo a la tuya propia. —Oliver, no...
—He sido un idiota. Esta noche me he dado cuenta de una cosa —susurró mientras le acariciaba la mejilla con una mano—. Por mucho que me doliera perder a nuestro hijo, ese dolor no sería nada comparado con el dolor de perderte a ti.
Durante un momento, Felicity se preguntó si le habría entendido mal.
—Te amo, Felicity —afirmó, con la voz prácticamente desgarrada por el dolor. Al escuchar esas palabras, los ojos de Felicity se llenaron de lágrimas.
—¿Estoy soñando esto?
—No. No estás soñando. Creo que probablemente te he amado desde el momento en el que nos conocimos. —Yo no lo creo. Dejaste que me marchara...
· Sí. Y fui un estúpido, Felicity —declaró con vehemencia—. Estaba tan pendiente del pasado que no podía ver lo que tenía justo delante de las narices. —Estabas aún enamorado de Laurel. Eso lo sé...
· Nada podría estar más lejos de la verdad, Felicity. No estaba enamorado de Laurel. Eso lo superé hace muchos años.
· No lo creo.
—Felicity, Laurel me hizo mucho daño. Claro que la amaba cuando nos casamos. —Y aún no has conseguido olvidarte de ella —replicó Felicity. Trató de aparentar que no le dolía, pero le resultó imposible.
· Créeme Felicity si te digo que ya lo he superado. Sin embargo, en cierto modo tienes razón. Mi experiencia con Laurel nubló mi percepción del futuro. No quise volver a sentirme nunca de ese modo. No quise volver a arriesgarme porque resultaba demasiado doloroso.
Felicity asintió. Sabía perfectamente lo que se sentía. —¿Qué ocurrió entre vosotros para que tú te sintieras así?
· Abortó sin decírmelo —contestó él, tras un profundo silencio—. Ni siquiera se molestó en decirme que estaba embarazada. Ingresó en una clínica y me dijo que tenía que marcharse para un reportaje.
De repente, Felicity recordó la conversación que los dos tuvieron cuando ella le dijo que estaba embarazada. Se acordó de que Oliver había pensado que Felicity se lo había estado ocultando. Todo fue encajando.
—Oliver, lo siento. Me equivoqué por completo cuando te acusé de no querer tener nunca hijos.
—No es culpa tuya. Te lo tendría que haber dicho, pero no es un tema del que me guste hablar.
—Lo entiendo. Yo hice caso a los rumores, que se habían encargado de darle la vuelta a la historia.
—Te aseguro que traté de entender sus razones, Felicity. De verdad. Y la perdoné. La mujer tiene derecho a tener la última palabra, pero el hecho de que ni si quiera me lo hubiera dicho... Aparentemente, le habían ofrecido un contrato que la iba a convertir en una figura de fama mundial. Eso era lo único que quería. De todos modos, tratamos de olvidarlo y seguimos. Yo seguía queriendo que nuestro matrimonio funcionara y comprendía que ella necesitara tener una profesión. Sin embargo, llegó un momento en el que me di cuenta de que no podía seguir. Me parecía que Laurel sería capaz de hacer cualquier cosa para conseguir esa carrera... y eso incluía acostarse con quien pudiera ayudarla a progresar en ella.
—Lo siento mucho, Oliver. No lo sabía...
—¿Cómo ibas a hacerlo si yo no te expliqué nada? Me limité a ejercer un férreo control sobre mis sentimientos. Y todo el tiempo tuve a alguien como tú en mi vida, una mujer cariñosa, que había pasado mucho en su vida y que iba a ser capaz de dejar a un lado su propia vida para procurarle felicidad a un niño.
—Oliver, yo...
—Deja que te diga esto, Felicity. Sé que no querías casarte conmigo, pero te ruego que me permitas intentar que esto funcione. Que me permitas enmendar las cosas y que, aunque perdamos a nuestro hijo, no dejes que nos separemos. Te juro que yo no lo podría soportar.
—Oliver, tengo que decirte una cosa —susurró ella. Se secó las lágrimas y lo miró con la felicidad reflejada en los ojos—. No soy tan generosa como tú crees. —¿No?
· No. Me casé contigo porque estaba esperando un hijo tuyo, sí, pero, principalmente, porque te amaba. Siempre te he amado.
Durante un instante, Oliver la miró como si no se pudiera creer lo que ella le estaba diciendo.
—¿No te sientes atrapada?
· Oh, Oliver... sólo quería que tú sintieras lo mismo que yo. Me estaba desgarrando por dentro, pensar que te amaba tanto y que tú jamás corresponderías esos sentimientos.
De repente, Oliver la tomó entre sus brazos y la estrechó con fuerza contra su cuerpo.
—Felicity, perdóname. Te amo. tanto...
Oliver la besó y, durante un instante, Felicity sólo pudo aferrarse a él y besarlo con cada gramo de amor y pasión que tenía en el alma.
—Dímelo otra vez —le dijo cuando él se apartó de su lado—. Dime otra vez lo mucho que me amas.
—Veamos —respondió él con una juguetona sonrisa—. Te amo tanto... De aquí a la eternidad, y puede que vuelta a empezar.
