Una mirada cargada de aburrimiento inspeccionaba el entorno, buscando nuevas formas de distraerse de las preocupaciones. A su izquierda, los polvosos reconocimientos y distinciones académicas que ya no llamaban su atención. A su derecha, en una mesita auxiliar, descansaba el platito que hace pocos minutos había albergado una enorme rebanada de pastel de fresas cubierto con dibujitos de crema imposibles de descifrar. Para ser un pastel amateur, no había estado nada mal. Al frente… no, no quería mirar al frente otra vez. Su cuerpo había reaccionado inesperadamente ante la escena que se desarrollaba a menos de dos metros de distancia: el estómago pareció revolverse, la frecuencia cardiaca y la sudoración aumentaron, y un calor se gestó en su pecho gracias a la agitación explosiva de sus pulmones. Se había sentido como un animal dispuesto a irrumpir entre las dos personas que estaban sentadas en el sillón de enfrente, pero no había encontrado motivos lógicos para hacerlo.
— Ryuuzaki, ¿vas a comerte el resto del pastel o no?
La mirada volteó repentinamente hacia donde su nombre había sido pronunciado, en el sillón donde cierto adolescente y cierta chica con pretensiones de modelo lo miraban con curiosidad. ¿Cuánto tiempo se había aislado en su propia mente? Esperaba que no hubiera sido demasiado: los postres tienden a perder su textura conforme se les deja más tiempo en el abandono.
— No creo que sea conveniente, Raito-kun. Reconozco que las habilidades en repostería de Misa-san son impresionantes, pero este pastel de fresas fue preparado especialmente para ti y...
— Sí, pero sólo lo hice así porque tú me dijiste que Raito-kun amaba las fresas. — Misa interrumpió rápidamente — De haber sabido que mi Raito-kun es alérgico a ellas habría traído algo diferente.
El escepticismo de Ryuuzaki se cruzó con la mirada ligeramente nerviosa de Raito, quien prefirió entretenerse observando el techo. Había un 77.3% de probabilidades de que Raito hubiera mentido acerca de una alergia alimenticia con tal de no probar el pastel extraño que Misa había llevado… Pero eso no le había impedido al estudiante someterse a los abrazos y mimos que la modelo le hacía para compensar su torpeza involuntaria.
El calor en el pecho se incrementó. Ryuuzaki esperaba que no fuera una reacción adversa al consumo de pastel. Lo último que deseaba era morir gracias a una modelo con cabeza de aire.
— Lo importante es que hiciste un pastel magnífico, Misa. Si no fuera perfecto, Ryuuzaki no lo habría probado. Aprecio mucho ese tipo de detalles… — Raito comentó con un tono similar a un ronroneo. ¿Será que el adolescente se había propuesto sacar a Ryuuzaki de sus cabales? La delgada línea de su sonrisa encubierta parecía confirmar tal suposición.
— ¡Oh, Raito! ¡Me haces tan feliz! Mañana traeré un pastel nuevo sólo para ti y…
— Desafortunadamente no habrá un mañana, Misa-san. Recuerda que Raito-kun y yo comenzamos las clases mañana mismo. Tendrás que aguardar a una mejor ocasión.
La chica se levantó furiosa a encarar al falso estudiante. Raito prefirió mantenerse al margen: él no tendría que ensuciarse las manos si ésta era la oportunidad para despegarse de Misa y hacer que Ryuuzaki consiguiera alejarla para el día siguiente. Tomó su taza de café.
— ¡Nada de eso! Raito-kun sólo tiene clases hasta las 4 de la tarde. ¡Después de eso es todo mío!
— Creí que una persona tan inocente como Misa-san sería incapaz de irrumpir en la base de horarios de la universidad que, como todo mundo sabe, es información privada. Raito-kun y yo tenemos asuntos que resolver después de que finalice la jornada escolar, por lo que no, Raito-kun no será sólo tuyo — la voz de Ryuuzaki había sido mesurada, impersonal, pero había un destello de furia en sus ojos que no pasó desapercibido para la modelo en ciernes.
—No hace falta estar celoso, Ryuuzaki.
Unas gotitas de café salpicaron el rostro anonadado de Ryuuzaki. Raito se estaba ahogando con su café mientras tosía estrepitosamente. Misa daba unas palmaditas en la espalda de su interés romántico mientras veía a Ryuuzaki con una expresión de victoria.
— Mi pobre Raito-kun está casi todo el tiempo contigo, pero no voy a permitir que lo aísles del mundo, ¿entendido? Él necesita tiempo para convivir con su familia, sus amigos y su novia... ¡Mira cómo se ha puesto por tu culpa!
La mente de Ryuuzaki navegaba muy lejos de la escena que estaba frente a él. "¿Celoso, yo?..."
— Misa, deja de golpear mi espalda. Estoy bien. Ahora debes marcharte.
El tono de Raito no admitía réplicas. Misa no lo había escuchado tan taciturno jamás.
— ¿Pero por qué? Llegué hace menos de una hora y todavía es temprano. ¡El tiempo de los amantes apenas comienza! — Replicó la chica haciendo pucheros dignos de un jardín de infancia.
— Ryuuzaki no te ha mentido; estamos trabajando en un caso importante con la Policía japonesa, por lo que no podemos renunciar a ese compromiso. De hecho, — Raito miró de reojo a Ryuuzaki mientras tomaba a Misa por los hombros y la conducía hacia la salida — Ryuuzaki vino del extranjero justamente para trabajar en este caso: su capacidad de deducción va mucho más allá del promedio y la policía le pidió su ayuda. Deberías ser más cuidadosa con la forma en la que te refieres a él porque si dices algo que no le agrade puedes terminar siendo investigada…
— Pero Raito…
— Yo te llamaré cuando tenga tiempo libre, ¿de acuerdo? — El chico dio un beso rápido en la frente a Misa antes de cerrarle la puerta en las narices. Suspiró aliviado y volvió a la sala de estar, donde un supuesto detective seguía absorto en sus pensamientos. Los últimos minutos habían sido bastante confusos.
Ryuuzaki se había comportado de forma extraña desde que Misa había hecho acto de presencia. Había evitado cualquier forma de interacción posible y su concentración se había dirigido exclusivamente hacia el pastel desde que tuvo su porción en las manos. Pero eso no había sido tan peculiar; después de todo, era Ryuuzaki. No; lo más extraño había sido esa pequeña discusión con Misa, en la que parecía que ambos se disputaban un sentido de propiedad sobre él… y Misa lo había vuelto evidente con su estocada final.
No hace falta estar celoso, Ryuuzaki.
El pétreo silencio del pelinegro tras esa afirmación bastó para que Raito sacudiera sus propias ansiedades. Aunque Raito ya hubiera molestado a su huésped con insinuaciones de ese tipo, siempre las había asumido como una broma y jamás pasó por su cabeza que pudieran ser algo real. No, se mentía a sí mismo pensando así. Todavía tenía muy presente que Ryuuzaki se había desmedido en cuidarlo durante su episodio de fiebre. En su memoria seguía clara la animadversión que el chico había manifestado hacia Misa desde el principio.
Pero sus preocupaciones resurgieron en más de una dirección. Raito no pudo evitar recordar el primer contacto de la mano de Ryuuzaki, en aquella tarde de lluvia. Rememoró también las notas que había destruido de su bitácora, donde sus impresiones sobre Ryuuzaki habían llegado demasiado lejos. Y no podía olvidar la terrible ansiedad de esa noche cercana en la que creyó que Ryuuzaki lo había abandonado y él había implorado al shinigami que lo buscara, al borde de las lágrimas. Recordaba que había propuesto a Ryuuzaki una amistad con tal de mantenerlo cerca y averiguar cuáles eran los designios del karma… pero ahora los límites y condiciones de tal amistad parecían difuminarse en un cúmulo de inseguridades.
— Raito-kun, tu celular está sonando desde hace 1.2 minutos.
El adolescente se apresuró a contestar. ¿Desde cuándo le sudaban tanto las manos? Decidió que encerrarse en su cuarto para atender la llamada era lo mejor para cortar con su nerviosismo. Lo último que vio antes de dar el portazo fue la mirada confundida de Ryuuzaki desde el pasillo.
— ¿Diga?
— Kobayashi-kun, habla el detective Asahi Soichiro — la voz del interlocutor sonaba con aplomo desde el teléfono — Lamento ser inoportuno, pero era indispensable comunicarme contigo. ¿Te encuentras en tu domicilio?
— ¿Cómo consiguió mi número?
— No estoy autorizado a difundir esa información — Raito estaba más que molesto al corroborar que el detective se había valido de medios ilegítimos para acceder a sus datos de contacto — pero debo aclarar que es una situación excepcional y que como agente de la NPA estoy autorizado a exigir respuesta a mis preguntas. ¿Te encuentras en tu domicilio?
— Sí, Asahi-san.
— No salgas de ahí, llegaré en 5 minutos. No abras a nadie ni respondas más llamadas. Sabrás que he llegado a tu puerta porque tocaré cuatro veces. ¿Está claro?
"¿A qué viene todo esto? Aunque hubiera sospechado de nosotros, no hay forma alguna en la que pudiera conectarnos con un caso con el que no estamos relacionados en absoluto. Hay algo que no va bien aquí…"
— Entendí claramente, Asahi-san, no tiene de qué preocuparse. No es como si Ryuuzaki o yo estuviéramos amenazados de muerte — respondió Raito con una risa ligera.
— Pero sí lo están. Repito: no se muevan del domicilio. Estoy en camino.
Tres personas en la habitación de Raito. En la puerta, el detective Asahi Soichiro, asegurándose de que los dos residentes estuvieran a salvo. En la cama, cierto chico pelinegro de identidad incierta, siguiendo atentamente el hilo de la conversación. En la silla del escritorio, un estudiante frustrado con la incursión policiaca que se estaba llevando a cabo afuera.
— Si alguien hubiera entrado a mi casa, lo habría notado. Traer a todo un equipo de investigación es innecesario y un abuso de poder de la policía japonesa.
—Lo lamento, pero dadas las circunstancias era algo indispensable. La nueva evidencia apuntaba directamente a los asistentes del jefe Kitamura y a sus familias. Debíamos corroborar que todo estuviera en orden y desactivar la bomba en caso de haber sido puesta, tal y como indicaban las amenazas que recibimos y desciframos el día de hoy.
Ryuuzaki se levantó de la cama y comenzó a dar vueltas en el reducido espacio de la habitación.
— Si lo que Asahi-san dice es verdad, es lógico asumir que quien realizó estas amenazas era alguien que se viera perjudicado por el rumbo que estaba tomando el caso y que quería entorpecer la labor del equipo de investigación. ¿Por qué otra razón amenazar directamente a los asistentes de Kitamura, cuando todos son pasantes universitarios con poca experiencia dentro de la NPA?
— Tal vez porque esas personas se han involucrado en el caso… o por querer sembrar el pánico entre el personal. Los responsables pudieron asumir que intimidarían a la fuerza policiaca amenazando al círculo laboral próximo a la NPA — replicó el detective.
— Si esos eran sus objetivos, pudieron haber plantado la amenaza directamente sobre usted, Asahi-san. — Respondió Raito, contrariado. — No tiene sentido que hayan amenazado a personas sin experiencia ni contrato formal con la NPA… ¿Cuántos son los asistentes de Kitamura, y cuántos de ellos recibieron amenazas?
— Sólo son tres: Takahashi Kiyomi, Watanabe Ryûnosuke y Kobayashi Teru. Se realizó un despliegue como este en los domicilios de los tres asistentes y de sus familiares inmediatos.
— Sin embargo, el jefe de la investigación se comunica únicamente con el hermano menor de Kobayashi Teru y acude personalmente a comprobar que su integridad física no se vea comprometida. Interesante. — Ryuuzaki se puso en cuclillas en el borde de la cama.
El detective se hallaba en una situación incómoda. Sabía que no estaba permitido involucrar a civiles en una investigación de ese calibre, y mucho menos cuando ambos parecían ser menores de edad. Por otra parte, nada le garantizaba que ellos no estuvieran implicados en su caso: las circunstancias seguían apuntando a Kitamura y a su equipo de asistentes, por lo que no era posible desestimar al hermano menor de uno de ellos. Sin embargo, ambos tenían una habilidad de deducción que no era equiparable a las del resto de sus colegas.
Asahi Soichiro cerró la puerta con seguro y se aproximó a los jóvenes con resolución.
— Escuchen bien: este caso es un asunto muy delicado. Ni siquiera mi equipo de trabajo tiene acceso a toda la información, por lo que cualquier asunto discutido con ustedes en referencia al caso deberá mantenerse en estricta confidencialidad. Estoy ante un severo problema y me vendría bien ayuda externa que, por supuesto, sería recompensada con la satisfacción de haber servido a la justicia. Lo cierto es que tenemos poco personal y veo que tienen las habilidades para ser de ayuda con la investigación. Requiero de discreción, compromiso, entrega, incluso sacrificio. Si no están de acuerdo con estas bases, pueden seguir sus vidas normalmente y no discutiré ningún tipo de información relevante con ustedes. ¿Qué opinan?
Raito no terminaba de creer lo que estaba escuchando. ¿Un detective en jefe de la NPA, pidiéndole ayuda? Quizás era una trampa y en verdad había sospechas sobre ellos, pero también era la oportunidad perfecta para acercarse a Asahi-san, el hombre que en otro plano de la existencia había sido su padre. ¿Qué mejor manera de subsanar al destino que apoyándolo con un caso especialmente difícil?
— Estoy seguro que nuestras contribuciones llevarán la investigación a buen término, Asahi-san — dijo Ryuuzaki — pero debe asegurarnos que no somos sujetos de sospecha bajo su investigación. Sería poco honorable que nos hiciera trabajar para colocarnos la soga al cuello por cuenta propia.
— No es mi forma de trabajar, Ryuuzaki. Hasta el momento, ustedes no son más que civiles y afortunadamente no víctimas en el marco de mi investigación. Si aceptan participar, les transferiré ahora mismo los archivos principales del caso. Sobra decir que están encriptados y protegidos contra copia, por lo que sólo yo puedo moverlos de un dispositivo a otro.
El adolescente comprendió claramente la iniciativa del detective. Al entregar un archivo encriptado, evitaba que el resto de su equipo pudiera suponer que tras esa puerta había un detective explicando a dos estudiantes los pormenores de una investigación criminal.
—Ya veo… no quiere que haya oídos indiscretos tras la puerta, ¿cierto? — la pequeña sonrisa de victoria había vuelto a los labios de Raito.
Ryuuzaki jugaba con su pulgar mientras el detective se apresuraba a transferir los archivos desde un disco duro externo. Al finalizar, el detective salió del cuarto.
— Atención, equipo — se le oyó decir a la distancia — hemos corroborado que se trató de una falsa alarma. Es hora de volver a la base.
Cuando los genios salieron de la habitación, encontraron un panorama desolador. Papeles tirados, basura por todas partes, cajones abiertos, retratos mal acomodados, muebles desordenados sin razón alguna… Ryuuzaki se vio forzado a contener una carcajada ante el color morado que se adueñaba del rostro trémulo de Raito.
— ¡Maldita sea!
La limpieza del departamento les tomó tres horas, en las que Raito no dejó de refunfuñar. "Inconcebible que desordenaran tanto en 10 minutos" y "es un abuso de autoridad" fueron sus quejas más recurrentes. Si Ryuk hubiera estado alrededor seguramente se habría divertido al ver la frustración de quien alguna vez tuvo a la policía a sus pies.
— Recuerda, Raito-kun, conseguimos acceder a la investigación sin siquiera planearlo. Es un gran avance para tu caso — decía Ryuuzaki mientras fingía lavar las numerosas tazas y cucharillas de café que no estaban ahí antes de la llegada de la policía.
— ¿Puedes dejar de repetir eso? ¡Y empieza a lavar de una buena vez! — decía Raito, entretenido en ordenar nuevamente todos los recibos que habían sido sustraídos del cajón inferior izquierdo del mueble al que estaban destinados — Es inconcebible que se hayan tomado el atrevimiento de servirse café mientras Asahi-san me tenía encerrado. ¡Qué falta de profesionalismo!
— Como digas, Raito-kun — llegó la respuesta sardónica desde la cocina.
Una vez terminado el reacomodo del hogar, los genios se dispusieron a revisar la información encriptada sobre la investigación. Pese a que el detective no les proporcionó ningún medio para desencriptar los archivos, Ryuuzaki no tuvo inconvenientes para acceder a los datos.
— Me sorprende que hayas tardado menos de 10 minutos en desencriptar, Ryuuzaki.
— 8 minutos y 29 segundos, Raito-kun. Habría sido menos tiempo, pero es lo mejor que pude hacer con un equipo de cómputo tan rudimentario.
Raito frunció el ceño ante el comentario y la información desplegada.
— ¿Sólo nos dio las generalidades del caso?
— Eso parece, Raito-kun. Hay un 57% de probabilidades de que Asahi-san nos haya proporcionado información valiosa, pero inocua, en caso de que pudiéramos traicionarlo. Estoy seguro de que se trata de una prueba de confianza.
Raito sacó la bitácora de su escondite y se dispuso a tomar notas.
— Tiene sentido. Aun así, esperaba que nos diera más información.
— No lo haría… menos sabiendo que alguien podría seguir con la mala costumbre de anotar todo en un solo sitio. Sigo defendiendo que la única información a salvo es la que se mantiene en la cabeza.
— Y yo — dijo Raito mientras sacaba una pluma — sigo defendiendo que nadie va a acceder a esta bitácora. Además, forma parte de mi caso, por lo que no tomar notas sería dejar mi propio expediente incompleto.
Ryuuzaki suspiró frustrado, pero no impidió el registro en clave dentro de la libreta. Después de todo, las probabilidades de que tal cuadernillo terminara en manos equivocadas eran casi nulas.
Resumen del caso a cargo de A.
23 de noviembre: Matsumoto Daisuke, jefe de un clan de la mafia portuaria, es arrestado en Yokohama y transferido a la prisión Fuchû bajo instrucción directa del Ministerio de Justicia.
16 de diciembre: se recibe la comisión no oficial de investigar posibles nexos entre la mafia portuaria y el Buró de Investigación Criminal.
28 de diciembre: evidencias de actividad criminal cibernética a favor de la mafia portuaria. Triangulación de fondos en Islas Caimán a favor del jefe Matsumoto. La evidencia sugiere que el perpetrador fue un agente externo a la mafia y a la NPA.
4 de enero: evidencias de que Katayama Kyoichi, director de Fukusuke Inc., utilizó fondos de la cuenta triangulada en Islas Caimán para pagar 1 millón de dólares a una cuenta anónima.
13 de enero: se obtiene registro del archivo contable de Fukusuke Inc. La descripción de la transferencia del 7 de enero no es de ayuda, sólo dice "L". No hay indicios sobre a qué se refiere tal letra.
Raito sintió un vuelco en el corazón cuando llegaron a esa parte de la información. ¿L? ¿Podría tratarse de Ryuuzaki, a quien Ryuk llama "L" y nada más? No… sería una coincidencia absurda. Su mano comenzó a temblar ante la posibilidad.
— Raito-kun, los archivos sólo pueden abrirse por un máximo de 10 minutos. Si no te apresuras a escribir lo que consideres importante, tu trabajo será interrumpido.
— Ah, claro. Lo siento.
17 de enero: el director del Buró de Investigación Criminal Kitamura y el empresario Katayama reciben personalmente en un hangar privado a un extranjero de nacionalidad no identificada. El seguimiento indicó que el invitado fue hospedado en el hotel Teito. Sin embargo, sólo se cuenta con el testimonio de Ukita-san, pues todas las grabaciones del aeropuerto y el hotel desaparecieron sin explicación alguna.
18 de enero: Ukita-san concluye su descripción para el retrato hablado del extranjero. Un perfil extraño pero difícilmente identificable. Indicación a Ukita y a Yamamoto de seguir al extranjero las 24 horas.
Raito se lamentó para sus adentros que el retrato hablado no estuviera en los archivos proporcionados por el detective Asahi. Siguió revisando los archivos a toda velocidad, aprovechando que Ryuuzaki había ido por pastel a la cocina. Seguramente él ya había leído la información al desencriptar los archivos.
20 de enero: dos hombres atacan al extranjero en el parque de Akabane durante la madrugada. Yamamoto, que era el detective a cargo del seguimiento esa noche, fue detenido para trabajo de escritorio en las oficinas de la NPA de último momento y sin aviso a ninguno de sus superiores, por lo que no se pudo hacer relevo. Sin embargo, el registro de la cámara de vigilancia del 7-eleven cercano no deja lugar a dudas.
El extranjero es internado en el Hospital Nacional de Tokio bajo el nombre falso de Ryuuga Hideki, para evitar rastreo de sus enemigos. El rostro está tan golpeado que apenas es reconocible. Dos dedos de la mano derecha fracturados. Heridas leves con arma blanca en el flanco izquierdo. Traumatismo craneoencefálico grave. Su condición es crítica: tuvo que someterse a un coma inducido a la espera de un tratamiento más viable. No portaba identificaciones consigo.
Se solicitó cateo de las habitaciones ocupadas a partir del 17 de enero en el hotel Teito, pero no se encontró nada de utilidad. La habitación pagada por Kitamura y Katayama estaba reservada, pero nunca fue ocupada.
26 de enero: Otoharada Kurou y Shibuimaru Takuo, dos miembros de bajo rango en la mafia portuaria, son identificados como los autores del ataque. No hay mejoría en la condición médica de la víctima, por lo que los cargos podrían ascender a homicidio doloso. Se emite orden de aprehensión.
29 de enero: los autores del ataque son arrestados en Nara. Se niegan a emitir declaraciones. La evidencia del ataque es suficiente para inculparlos sin necesidad de una confesión, aunque ésta sea indispensable para comprender los motivos.
1 de febrero: el extranjero desapareció de las inmediaciones del hospital, pese a que había custodia policiaca en el edificio. Nuevamente, las grabaciones de seguridad desaparecieron. Interrogatorios programados para todo el personal de las instalaciones.
18 de febrero: una grabación de la estación de Shinjuku revela a alguien muy parecido al extranjero caminando por su propio pie en la zona. Se pone un operativo de vigilancia para evitar errores.
19 de marzo: Otoharada y Shibuimaru son liberados por falta de pruebas. La instrucción de liberarlos provino de Kitamura directamente, bajo la premisa de que invertir presupuesto del erario en un caso como este era una causa perdida.
23 de marzo: un email enviado mediante VPN llega a la cuenta oficial de la NPA. El mensaje es claro y refiere que una bomba estallará en las inmediaciones de la Universidad de Tokio. El archivo adjunto es una imagen que contiene la letra L en estilo gótico. Despliegue de máxima seguridad en la Universidad. Falsa alarma. Encuentro con posibles sospechosos.
— Es interesante comprobar que nos tenía por sospechosos, Raito-kun — comentó Ryuuzaki mientras relamía su cucharilla. Parecía que su expedición a la cocina había sido exitosa.
— Sí, pero… ¿quién o qué es ese tal L? ¿Un terrorista pagado por un policía y un empresario? No tiene sentido — Raito procuró que su voz sonara casual y despreocupada, tratando de ocultar la ansiedad que esa información le revelaba. ¿Sería acaso que Ryuuzaki fuera la persona que amenazó a la policía con bombas falsas? ¿O que hubiera más de una persona con ese sobrenombre?
— Me encantaría discutir a profundidad tus suposiciones, Raito-kun, pero una vez que tu archivo se bloquee en 2 minutos y 51 segundos, podré abrirlo de nuevo hasta 24 horas después. Esos controles de seguridad son muy eficaces.
Ryuuzaki se enfiló hacia el estante y comenzó a leer un libro despreocupadamente. Raito no se percató de que en tal actuación el pelinegro mantenía los ojos puestos en él, y siguió escribiendo.
27 de marzo: nueva amenaza de bomba, esta vez en los domicilios de los asistentes Kobayashi Teru, Takahashi Kiyomi, Watanabe Ryûnosuke, y sus familias. No obstante, se infiere amenaza mayor contra Kobayashi Satoshi: en ninguna otra familia hay integrantes menores que él; por lo que el despliegue de seguridad prioritario será en ese domicilio. Misma imagen adjunta. Transcripción del email:
"Takahashi, Watanabe y Kobayashi darán a sus familias en sacrificio para purificar sus pecados. El menor de todos ellos ya no tendrá oportunidad para corromper al mundo, pues su misión era impía. El reino del dios del nuevo mundo será eliminado antes de que comience de nuevo. Yo soy la justicia.
L."
Una vez leído y transcrito el correo de amenaza, a Raito le quedaba claro algo fundamental: Ryuuzaki no podía ser L. Ryuuzaki no encajaba con un perfil criminal. Sí, era excéntrico y contaba con habilidades inusuales, pero eso no lo convertía automáticamente en un criminal. Además, Raito era su coartada ante los eventos recientes. Ryuk seguramente quería jugar con Raito al referirse a Ryuuzaki como L. El adolescente estaba casi convencido de que era una broma de mal gusto. Al menos eso quería creer. Después de todo, él no contaba con ningún recuerdo que vinculara a Ryuuzaki con la identidad de L en su vida anterior. A estas alturas, lo más probable es que fueran personas completamente separadas.
¿Y qué pasaría si L en realidad proviniera de la existencia pasada? Basándose en la nueva evidencia, Raito no podía sino suponer que L había sido su enemigo en una vida anterior por ser un criminal… y uno bastante inestable, además. ¡Qué arrogancia al atribuirse a sí mismo el don de la justicia!
…
Pero… ¿acaso él no había hecho lo mismo al ejecutar criminales?
— Es algo tarde, Raito-kun. Deberías cenar.
Raito devolvió la libreta a su escondite sumergiéndose en un mar de dudas.
A/N: I'm back! Aunque sigo en proyectos laborales y demás, por fin pude darme un tiempo para actualizar la historia. Para quienes recientemente se incorporan, resalto que esta no es una traducción, sino un proyecto personal que se va construyendo de forma un tanto improvisada... Por lo tanto, desconozco si va para largo o sólo le quedan tres o cuatro capítulos más. Será de ver. En verdad me encantaría recibir cualquier sugerencia, ¡de veras!
Gracias totales a Kara937 y a Kari MMG2001, quienes dejaron su review en el capítulo anterior.
También recibo sugerencias de traducción, mientras esperamos a que actualicen Soul giver.
-Cambio y fuera-
