Hola a todos, mis queridos lectores. Sí, por fin, tras más de dos años sin subir nada, sin dar siquiera señales de vida, aquí estoy nuevamente. Y os traigo por fin el capítulo 14 de Kyuubi no Chikara. Lo sé. Sé que, aquellos que os gustaba mi fic y lo seguíais estaréis muy enfadados pero... bueno, daré explicaciones, no os preocupéis. Para aquellos que no os importa, o los impacientes, podéis saltaros esta nota y leer el capítulo, aunque os agradecería que lo leyeseis. Si queréis enteraros de que ha pasado y por qué, ahí va...

Resulta que posteriormente de subir el capítulo 13, me encontraba escribiendo tanto el 14 como nuevos proyectos. Como ya sabéis, me encanta hacer mil historias diferentes, aunque seguro que a vosotros no tanto, ya que no subo lo que tengo que subir. Bueno, como decía, estaba escribiendo diferentes cosas, entre ellas este capítulo. Sin embargo, debido a un problema con Word, perdí todo lo que llevaba de capítulo y los nuevos proyectos. Esto la verdad me desanimó bastante, pues me estaba quedando muy bien, y al volver a hacerlo de nuevo iba a perder la calidad que tanto me había costado. Pero aun así, volví a empezar, aunque eso sí, con menos ganas que antes. Posteriormente tuve un problema con el ordenador que usaba en ese entonces. Tuve que formatearlo y no tuve ninguna posibilidad de recuperar lo que llevaba. Éste hecho me hundió como escritor. Me quitó la motivación de continuar, a pesar de que veía los reviews de gente que iba leyendo el fic... Y me empecé a enfadar conmigo mismo, porque al fin y al cabo, era culpa mía, por no tener copias de seguridad. Eso, unido a una serie de problemas, tanto personales, como familiares y académicos, hicieron que abandonara por completo la escritura, no solo de fics, sino también de una novela que estaba escribiendo.

Ciertamente, cada tantos meses me volvían las ganas. Empezaba el maldito capítulo 14, y al poco tiempo lo dejaba. Me costaba escribir, no me salía como yo quería... un caos. En verano de 2014, decidí ponerme en serio con ello. Pero mi querida suerte hizo que mi ordenador, uno nuevo que me había comprado hace poco, se rompiera. Estuve cerca de tres meses sin él. Pero al final, con mucho esfuerzo, conseguí arreglarlo. Y finalmente, ayer dije: "Basta". Me puse a escribir sobre lo poco que había hecho en los últimos meses y, por fin, lo he terminado, aunque no de la manera que tenía planeada.

Como ya sabéis, a partir de este capítulo quería hacerlos de entre 7000 y 10000 palabras cada uno. Sin embargo, entre las ganas de subir algo nuevo, y que he recortado ciertas cosas que aparecían en este capítulo cuando lo pensé y que he decidido retrasar, se ha quedado en 4000 palabras. Lo cual es el doble de los capítulos hasta ahora. Así que aprovecharé para ver vuestras opiniones. ¿Los preferís así o más largos, como tenía pensado?

En fin, hoy, 13 de enero de 2015, por fin subo el capítulo 14. Casi cinco años después de que crease el primero. Porque sí, este fic lo cree en febrero de 2010, si no me equivoco. Cinco largos años. Aunque en el fondo, estoy contento de que así sea. Mi estilo de escritura ha cambiado abismalmente, lo cual me permitirá hacer de esta historia una mucho mejor de la que hubiera salido si la hubiera hecho en su momento. ¿Hay que ver el lado bueno de las cosas no?

Bueno, un par de novedades. La primera: De aquí a un tiempo, todos mis fics dejarán de tener una fecha de salida. Tengo que ver que tal voy escribiendo para saber si puedo establecer fechas que pueda cumplir. Y la segunda: Me he creado un Twitter en el que podréis estar al día de lo que subo. Es FranUchihaFF

Por último, agradezco a todos los que habéis escrito reviews. A pesar de todo, si he vuelto principalmente es por vosotros, por todos los que queríais ver como seguía esta historia. No menciono a nadie, porque en todo este tiempo habéis sido muchos, pero a partir del proximo volveré a hacerlo como siempre. Un saludo a todos y disfrutad de este capítulo. :)

Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen a mí, sino a Masashi Kishimoto. Yo sólo los uso para fines recreativos y sin ánimo de lucro.


Capítulo 14: Entrenamiento fructífero.

Poco antes del amanecer, el Gama-Sannin Jiraiya salió, tras una ajetreada noche, de un bar de la zona más "adulta" de Konoha. Mientras observaba el cielo, el cual comenzaba a clarear, Jiraiya se dirigió a la casa de su nuevo discípulo, caminando haciendo eses, aunque sin ser demasiado exagerado, debido al alcohol ingerido, hasta que se detuvo al oír un ruido a sus espaldas. Al darse cuenta de que solo era un gato callejero rebuscando en las bolsas de basura de una esquina de la calle, Jiraiya siguió su camino sonriendo ligeramente.

Tras llegar a los apartamentos donde vivía su joven estudiante, Jiraiya decidió entrar por la ventana para sorprenderlo. Sin hacer el más mínimo ruido, subió al tejado y, tras asegurarse de que nadie estuviera mirando y lo confundiera con un ladrón, entró silenciosamente por la única ventana que estaba abierta. Sin embargo, el sorprendido no fue otro que el mismo Sannin, pues la escena que apareció ante sus ojos fue totalmente inesperada. Jiraiya había entrado en la habitación de Naruto, y se encontraba justo delante de la cama, ligeramente más grande de lo normal para ser individual, de éste. En ella descansaba su alumno, algo normal, y junto a él, una despampanante mujer de cabello violeta, algo no tan normal, cuyas sensuales y generosas curvas no eran del todo ocultas por la corta sábana que los cubría a ambos. A punto de entrar en estado de shock, Jiraiya observó la escena detalladamente durante unos instantes, tras lo cual decidió salir discretamente de la habitación por la ventana por la que entró. Sin embargo, justo antes de poder subirse a ella, una voz lo detuvo.

― ¿Siempre espía a sus alumnos mientras duermen, Jiraiya-sensei? Es usted un pervertido… –dijo Naruto, manteniendo los ojos cerrados y con una sonrisa burlona en el rostro.

― No…yo… –balbuceó el Sannin a verse descubierto–. Vine a avisarte de que hoy tendremos nuestro primer entrenamiento. Prepárate, vendré a buscarte en una hora.

― Jiraiya-sensei, ¿qué le parece si nos vemos en una hora en los baños públicos? Así aprovecha y se da un baño –respondió Naruto–. No le voy a decir que no beba, pero el olor que deja el alcohol no es muy agradable.

― De acuerdo, nos veremos allí en una hora –dijo Jiraiya subiéndose al alféizar de la ventana, disponiéndose a salir de allí–. Y por cierto. Yo no soy un pervertido… ¡soy un súper pervertido!

Tras la última declaración, el Sannin saltó hacia el exterior, desapareciendo de la vista del rubio, el cual sonrió ligeramente. Con cuidado de no despertar a Anko, se levantó de la cama y tras desperezarse, se encaminó al baño.

― Me cae bien tu sensei –dijo Kyuubi en su mente–. Es sincero y acepta consigo mismo como es realmente, no como tú.

― ¿Me estás llamando pervertido? –preguntó Naruto.

― ¿Acaso no lo eres? –fue la respuesta de su bijuu.

― Bah… Piérdete –le respondió, dando por terminada la conversación y entrando en la ducha.

En ese mismo instante, Jiraiya entraba en la gran bañera de los baños públicos de Konoha, con un solo pensamiento rondando por su cabeza.

― "Icha Icha Paradise: Crónicas del estudiante" Suena bien, muy bien –pensaba–. Si lo manejo bien, ese chico será una fuente excelente de información…


Exactamente una hora y media después, Jiraiya salió de los baños públicos, renovado tras el baño, para encontrarse a un Naruto furioso e impaciente, que le aguardaba apoyado en la pared, cerca de la puerta.

― ¿Con que una hora Jiraiya? –dijo el impaciente discípulo–. Creí que serías más serio que los otros senseis, pero veo que en esta aldea sois todos iguales.

― Te equivocas mi joven aprendiz –respondió el viejo Sannin, adoptando una posición chula–. Estaba recopilando información de vital importancia para el futuro de la aldea.

― ¡Ah! ¡Ya veo! Lamento haber dudado de usted, Jiraiya-sensei –dijo Naruto sonriendo–. Y dígame, ¿esa información tan importante obtenida en unos baños públicos es la causante de esa bofetada que tiene marcada en la cara?

― Vaya. Eres muy avispado, joven aprendiz –le respondió, entornando los ojos–. Pero deberías saber que mis libros son la inspiración de muchos ninjas para continuar con su existencia. Sin información no hay libros… ¿captas la relación?

― No me importa en lo absoluto a lo que te dediques en tus ratos libres, Jiraiya –dijo Naruto cambiando su expresión alegre por una muy seria–. Puedes espiar en los baños de mujeres, ir a bares, prostíbulos… lo que quieras. Pero lo que sí quiero es que esos pasatiempos no atrasen mi entrenamiento, entrenamiento que debiste haberme dado hace mucho tiempo, padrino mío.

― ¡No fue culpa mía que se te antojara escapar de Konoha! –gritó el Sannin dolido, pues en el fondo sabía que Naruto estaba en lo cierto–. ¡Si te hubieras quedado aquí, como tendrías que haber hecho, ya hubieras tenido este entrenamiento y muchos más!

― ¿Entonces es culpa mía el querer escapar de una aldea donde el maltrato era mi pan de cada día? –preguntó Naruto filoso, aunque manteniendo la calma–. Si tal vez tú te hubieras ocupado de mí cuando te correspondía, no habría tenido la necesidad de largarme de esta pocilga llena de cerdos ignorantes que no ven más allá de lo que quieren ver…

― Naruto…

El rostro de Jiraiya era un poema. La culpa lo invadió ante las palabras de su aprendiz. Tenía toda la razón. Él tuvo que haberse quedado a cuidar a su ahijado, tuvo que haberlo protegido, y fracasó totalmente. Ante los remordimientos, lo único que pudo hacer fue agachar la cabeza.

― Lo lamento mucho Jiraiya –añadió Naruto en voz baja–. Sé que no es culpa suya, pero entiéndame, acabo de enterarme de que una organización criminal extremadamente peligrosa va tras de mí… y necesito todo el entrenamiento posible…

― Naruto… discúlpame tú a mí –dijo Jiraiya con la voz rota–. Tienes toda la razón del mundo. Tendría que haber estado contigo, tendría que haberte cuidado… Discúlpame.

― No te preocupes Jiraiya.


Anko despertó en esa cama que en los últimos tiempos se había convertido en su lecho favorito. Sin llegar a abrir los ojos se desperezó e intentó abrazar a su rubio acompañante, para notar al instante que éste no estaba. Abrió los ojos y al no verlo, se levantó de la cama para buscarlo. Al llegar a la cocina, vio una nota encima de la mesa, dirigida a ella, la cual desdobló con rapidez.

― "Anko, he salido a entrenar con Jiraiya. Volveré muy tarde. Quiero que me esperes aquí por la noche, va siendo hora de que te enteres de cosas importantes" –leyó la kunoichi en voz alta, sonriendo ampliamente al terminar de leerla–. Por fin Naruto-sama confía en mí lo suficiente… Espera… ¿Naruto-sama? ¿En serio he dicho yo esto? –se preguntó–. ¿Qué diablos me pasa? ¿Me he enamorado, tal vez? No, eso es imposible, no siento nada romántico por él, ¿verdad? Sexualmente me atrae, lo admito. También que su personalidad me cautiva, tan poderoso, tan sereno, tan seguro de sí mismo… Y es verdad que me ha ayudado muchísimo, quitándome el maldito sello de esa serpiente… ¿De verdad me he enamorado de ese niño por quitarme la maldición y por echarme un par de polvos?

En medio de su crisis sentimental, Anko salió de la casa de Naruto, a la que no volvería hasta esa noche. Porque iba a obedecer la orden del rubio.


― Veo que tu rango jounin es bien merecido –comentó el Gama-Sannin–. Tienes una buena velocidad, de eso no hay duda…

Tanto Jiraiya como Naruto acababan de detenerse en una pequeña llanura que encontraron tras salir del profundo bosque por el que el rubio estuvo persiguiendo al Sannin durante cerca de veinte minutos, desde que éste saliera corriendo de Konoha gritándole que le siguiera.

― Y unos muy buenos reflejos también… –añadió el peliblanco.

Porque no sólo había estado corriendo a toda velocidad por el bosque tratando de perder de vista a su estudiante, sino que además había puesto un gran número de trampas en el camino, desde bombas de humo hasta papeles explosivos, que habían dificultado aún más la tarea de Naruto, el cual con gran eficacia y no poco menos esfuerzo las había evitado en su mayoría.

― ¿Velocidad? –preguntó Naruto sonriendo–. Por favor, sé usar el Hiraishin…

― Vamos Naruto, a mí no me vengas con esas –contestó Jiraiya–. Sé que tienes alguna limitación cuando lo usas, todavía no lo has dominado. ¿Cantidad de veces, distancia? ¿O ambas a la vez?

― Ambas… ¿Cómo lo has…? –empezó el rubio para luego recordar–. El regreso desde los Remolinos. ¿Tsunade te lo contó?

― Sí. No hay que ser muy listo para darse cuenta de eso. Pero eso lo hablaremos otro día. En el entrenamiento de hoy te enseñaré una técnica que requiere muy buen control de chakra, por lo que te servirá para poder mejorar tu Hiraishin.

― Tengo un perfecto control de chakra –dijo Naruto con cara molesta–. Mis problemas con el Hiraishin no tienen nada que ver con eso…

― Ya lo veremos… –dijo con una sonrisa maliciosa.

Jiraiya se acercó a unos arbustos cercanos y sacó una caja de mediano tamaño que estaba escondida allí. En su interior, Naruto pudo ver varios globos del tamaño justo de la palma de una mano.

― La técnica que voy a enseñarte se llama Rasengan –dijo el Sannin lanzándole un globo a su alumno, el cual pudo notar que estaba lleno de agua–. Observa con atención.

Naruto fijó la vista en su maestro, el cual se agachó mínimamente y extendió la mano derecha, en la cual empezó a acumularse chakra. Con ojo analítico, el jinchuuriki del kyuubi observó como en unos instantes el chakra se agrupó en una perfecta esfera azul cielo que giraba en la palma de Jiraiya rápidamente. Éste se acercó al árbol más próximo y apoyó la esfera de chakra contra el grueso tronco. Grata fue la sorpresa del Uzumaki cuando la esfera atravesó el tronco como si fuera mantequilla derretida, para acabar dejando un enorme hueco esférico en el árbol, que cayó al suelo por la falta de estabilidad.

― ¿Qué te ha parecido Naruto? –preguntó Jiraiya sonriente–. Como has podido comprobar, el poder destructivo del Rasengan es enorme, sin embargo, debido a eso se necesita un control de chakra excelente, lo que complica enormemente su aprendizaje. Pero si haces lo que te digo, no dudo que a la larga puedas dominar esta técnica perfectamente.

― ¿A la larga? –preguntó Naruto–. Sí que tienes confianza en mí…

― Naruto, déjame decirte que ésta técnica la creó el Cuarto Hokage –comentó el Sannin, lo que incrementó la curiosidad de su discípulo–. Tardó tres años en crearla y dominarla a la perfección. Es evidente que no tardarás tanto, pues sólo estás aprendiendo una técnica y no creando una, pero no creas que podrás dominarla en un par de días.

― Bueno, dejando eso de lado. ¿Para qué son estos globos de agua? –preguntó el joven shinobi.


― ¡Tsunade! ¿Qué demonios significa esto?

La aludida levantó la vista de los informes que se encontraba leyendo para mirar a las personas que acababan de entrar en su despacho, aunque ya sabía de quiénes se trataban.

― ¿Qué significa el qué? –respondió con tono indiferente, reprimiendo el mal humor que aquellas personas le causaban.

Ante ella se encontraban Koharu Utatane, Homura Mitokado y Danzo Shimura que la miraban con el descontento, casi la rabia, reflejado en sus caras. Detrás de ellos, Shizune, con gesto de preocupación, observaba la escena.

― No te hagas la inocente –replicó Koharu–. En primer lugar le abres las puertas de la aldea al contenedor del Kyuubi, causante de una veintena de muertes antes de huir, sin ningún tipo de pena o interrogatorio, sin contar tampoco con el consentimiento del Consejo. En segundo lugar, no teniendo suficiente con eso, le ofreces un alto rango y casi absoluta libertad de movimiento. ¿Hace falta recordarte, Tsunade, que ese demonio es extremadamente peligroso para la aldea si no se le controla?

― Controle su vocabulario, consejera, cuando esté en el despacho de la Hokage, sobre todo cuando haya entrado sin permiso –respondió fríamente–. Naruto Namikaze no es un demonio. Es el hijo de dos de los más grandes shinobis de la villa, los cuáles, además, eran buenos amigos míos. Así que no quiero oír más palabras como demonio referidas a su persona en mi presencia.

― Podrá ser hijo de quién sea, pero eso no resta el potencial peligro que supone para Konoha, Tsunade –afirmó Danzo con contundencia.

― No me malinterpretes Danzo –contestó ella–. El hecho de que Naruto esté en esta villa no se debe a motivos sentimentales. Ante todo está aquí por el bien de la aldea. No solo es un ninja extremadamente poderoso, sino que además quiere estar aquí, con todo lo que ello conlleva. Fue él el que rápidamente acabó con el intento de ataque de hace apenas una semana. ¿Dónde estaban tus brillantes Anbu, Danzo?

― Tsunade-sama, su poder es otro de los motivos por los que estamos aquí –intervino Homura, en tono mediador–. ¿Cómo un niño de apenas siete años pudo sobrevivir sin apenas conocimientos en las artes shinobi? ¿Y cómo pudo obtener el poder que ahora posee? ¿No ha pensado en la posibilidad de que otra aldea lo encontrara y sea un espía? ¿O que el mismo Kyuubi sea el que lo controla, como hace diez años?

― Consejeros, ¿podrían dejar de tratarme como si fuera estúpida? –inquirió Tsunade con tono cortante–. No soy tan irresponsable como para dejarlo sin vigilancia. A pesar de su rango, está bajo la supervisión directa de Yamato, el cual, además de poder averiguar si es un espía de otra aldea, puede encargarse perfectamente de que el Kyuubi no se salga de control. Así que una vez aclarado esto, si no tienen nada verdaderamente interesante que aportar, pueden retirarse. Tengo mucho trabajo que hacer.

Ante las últimas palabras de la Hokage, Koharu iba a replicar, pero un calmado Danzo la detuvo. Tras eso, tanto Homura como Danzo se marcharon, seguidos por Koharu, aunque en la cara de ésta se notaba que la improvisada reunión no había dado los frutos esperados.


― Esta es la primera fase para aprender el Rasengan, Naruto –le explicó Jiraiya cogiendo uno de los globos–. Son tres fases en total. En esta, lo que tienes que hacer es explotar el globo moviendo el agua de su interior mediante chakra. Pero tienes que mover el chakra en todas las direcciones a la vez, y no solo en una sola. Cuando lo hagas correctamente, pasará esto.

Dicho eso, alzó la mano que sujetaba el globo, que en seguida empezó a moverse, hasta que finalmente explotó.

― Parece fácil –dijo Naruto tras la demostración–. ¿Cuáles son las otras dos fases?

― No te precipites, joven alumno –rió Jiraiya–. Puede parecer fácil, pero no lo es tanto. Aun así te diré las otras dos etapas. En la segunda, tendrás que hacer lo mismo que en la primera, pero en lugar de un globo de agua, usarás un globo relleno de aire, por lo que será más difícil. En la tercera y última, tendrás que girar chakra dentro del globo de aire con toda la potencia que puedas, pero sin hacer explotar el globo. Cuando puedas hacer esto, estarás preparado para hacer el Rasengan. Mientras practicas la primera fase, iré a comprar un par de cosas. Volveré al atardecerá a ver cómo te va. Esfuérzate chico.

― Entendido –respondió Naruto, cogiendo un globo de agua, tras lo cual miró a su maestro mientras se iba, para murmurarse cuando desapareció de la vista–. ¿A la larga verdad? Veamos si es cierto eso…


En una habitación levemente iluminada, dos personas se encontraban sentadas en un roñoso sofá de color oscuro. La habitación, construida en su mayoría de una madera que no se encontraba en su mejor momento, estaba prácticamente vacía, con la excepción del sofá. A través de la única ventana, se vislumbraba a duras penas un paisaje boscoso, debido a la abundante niebla. Una de las personas se puso a jugar con un kunai que sacó de una pequeña bolsa, hasta que la puerta de la habitación fue abierta por una figura cubierta por una capa y un sombrero de mimbre.

― Llegas tarde, "Nubes Rojas" –se quejó la voz ronca de uno de los presentes.

― Lo sé –respondió el recién llegado con voz calmada–. Me costó librarme de mi compañero…

― ¿Y bien?

― Estaos preparados, mañana partimos hacia Konoha. Hoy la reunión será bastante tarde, así que nada más salga el sol nos pondremos en camino. Vosotros id por el camino que hemos acordado. Me encontraré con vosotros en el País del Fuego.

― ¿Y qué harás con tu compañero? –preguntó el que no había hablado aún–. ¿Cómo nos libramos de él sin que sospechen?

― No hace falta que nos libremos de él. Será la carnada.


El sol empezaba a rozar el horizonte, cuando Jiraiya llegó a donde había dejado a Naruto entrenando. Aunque en el fondo sabía que el que hubiera progresado en el entrenamiento en unas pocas horas era imposible, estaba ansioso por comprobar si por algún casual su aprendiz había conseguido algo. Sin embargo, al llegar se encontró un panorama que no esperaba. Naruto estaba sentado en el suelo, en la posición de loto, acompañado por unos veinte clones de sombra en la misma postura. Cerca de donde los rubios meditaban, se encontraban las cajas con los globos que, para decepción de Jiraiya, estaban llenas. Mientras el Sannin seguía acercándose, Naruto abrió los ojos y, tras verlo, lo saludó, a la vez que deshizo a sus clones y se levantó.

― No esperaba que consiguieras algo, pero me sorprende que te hayas aburrido tanto como para dejarlo –dijo entre risas mientras se sentaba y sacaba unos onigiris de una bolsa –. ¿Quieres uno?

― Sí, claro –respondió Naruto atrapando al vuelo el onigiri que Jiraiya le había lanzado y sentándose cerca de él–. ¿Pero por qué piensas que no he conseguido nada?

Jiraiya señaló las cajas de globos, ante lo que Naruto sonrió y empezó a comerse el onigiri. Tras un rato de silencio, en el que maestro y aprendiz comieron disfrutando de la bonita puesta de sol, Naruto se levantó y se estiró ligeramente.

― Jiraiya, ¿podríamos tener un combate de práctica? –preguntó el joven rubio–. Me gustaría ver como se usa el Rasengan en combate. Me motivaría mucho verlo.

El Sannin sonrió y asintió, levantándose y terminándose el pedazo de onigiri que le quedaba. Estiró levemente el cuello y se puso en posición de combate, cosa que Naruto imitó. Tras unos breves segundos en los que ambos se miraron fijamente, Jiraiya se lanzó a por Naruto. A mitad de carrera, formó un Rasengan con la mano derecha, con el que intentó alcanzar al rubio en el estómago. Naruto lo esquivó saltándo hacia atrás, pero Jiraiya volvió a la carga, cosa que obligó a su oponente a ir retrocediendo mientras esquivaba. De pronto, el Sannin creó un Rasengan con la otra mano mientras atacaba, con el que pudo golpear a Naruto en el costado. El impacto fue mínimo, pues en el último momento el rubio había retrocedido, pero aun así fue suficiente como para hacerle una herida, si bien no grave, dolorosa.

― Te confiaste Naruto –le reprendió Jiraiya–. No des por hecho que solo pueda usarlo con una mano.

― Fallo mío –admmitió Naruto sonriendo–. No volverá a ocurrir.

La pelea continuó durante bastantes minutos. Naruto comenzó a dejar de esquivar únicamente, y empezó a lanzarse a la ofensiva, realizando diversos jutsus de larga distancia, intentando mantener las distancias, viendo que el cuerpo a cuerpo era poco práctico ante el Rasengan.

― Buena estrategia –le felicitó–. Como has visto, el poder del Rasengan en corta distancia es devastador.

Naruto sonrió y se lanzó a por su maestro, lanzando rápidas patadas, que obligaron a Jiraiya a esquivarlas alejándose ligeramente. Naruto aprovechó para lanzar un par de puñetazos, pero el Sannin consiguió bloquearlos y agarrar el brazo del rubio con la mano izquierda, para lanzar un Rasengan con la otra mano.

― Te pillé –dijo Jiraiya sonriendo.

Sin embargo, justo cuando estaba a punto de golpearlo, una intensa explosión lo lanzó hacia atrás varios metros. Rápidamente se incorporó, sorprendido, dirigiendo su mirada hacia el rubio, el cual estaba incorporándose también, pues la explosión también lo había tirado al suelo.

― ¿Qué fue eso? –prguntó Jiraiya, que no había llegado a ver que hizo su aprendiz.

―Ah, no fue buena idea… –murmulló Naruto con expresión de dolor–. Quería ver qué pasaba si un Rasengan chocaba contra otro, pero no me ha gustado el resultado…

La expresión de Jiraiya era la contrariedad pura, que se acentuó más todavía al ver como Naruto, mientras sonreía, creaba un Rasengan perfecto en su mano.

― Como puedes ver, no es que me aburriera practicando, sino que conseguí aprenderlo –dijo Naruto, orgulloso–. Y sí, las cajas llenas de globos, pero resulta que me salió a la primera así que... Solo necesité explotar un globo de cada.

Jiraiya empezó a reír sonoramente y a aplaudir.

― Vaya, veo que me has hecho tragarme mis palabras –dijo entre risas–. No termino de comprender como has podido hacerlo en un solo día, no, en unas pocas horas, cuando a mí me costó meses aprenderlo… En fin, suficiente entrenamiento por hoy, mañana seguiremos, vete a casa y descansa.

Naruto asintió y se despidió de Jiraiya. Aunque mientras se iba, la voz de su maestro lo detuvo.

― Tu padre estaría orgulloso de ti, Naruto.

― Gracias, Jiraiya –respondió sonriendo.


Tsunade se encontraba tomando un poco de sake, tras concluir sus tareas como Hokage, cuando alguien golpeó suavemente la ventana.

― ¿Qué sucede, Jiraiya? –preguntó sin ni siquiera tener que mirar para saber de quien se trataba.

― Hoy he entrenado con Naruto.

― ¿Y qué tal? ¿Todo bien?

― Bien. Le puse una pequeña prueba de velocidad y reflejos, que fue estupendamente. Oh, también le mostré el Rasengan.

― ¿El Rasengan? ¿No crees que igual es demasiado? Ciertamente es muy fuerte, pero esa es una técnica un tanto complicada.

― No… Ya la aprendió…

― Claro que sí. ¿Y también aprendió Senjutsu no?

― Lo digo en serio Tsunade. Ese chico aprendió a hacer el Rasengan en una tarde. Un Rasengan lo suficientemente fuerte como para contrarrestar el mío… Es increíble, pero es cierto. Se nota que es hijo de Minato y Kushina, es un verdadero genio…


― Llegáis tarde, Kakuzu, Hidan.

― Cállate Sasori, tú no has tenido que venir físicamente…

― ¡Sasori, Hidan, dejadlo! –pronunció una voz autoritaria, perteneciente a una especie de holograma, cuyo único detalle destacable eran sus ojos, de color gris en su totalidad con varios círculos–. Procedamos a la extracción del Nibi de su jinchuuriki.

Todos los presentes se colocaron encima de los dedos de las manos de una enorme estatua que estaba en el fondo de la enorme cueva en la que se encontraban. Debido a que eran nueve, uno de los dedos quedó desocupado. Todos hicieron un sello, tras lo cual la estatua comenzó a extraer energía de la persona que los dos recién llegados habían depositado cerca de la estatua, una joven mujer de largo pelo rubio.

― Deidara, Sasori, vosotros os encargaréis del Ichibi cuando terminéis con vuestra misión actual; Zetsu, tú te ocuparás de observar al Hachibi; Itachi, Kisame, el Kyuubi ha regresado a Konohagakure, investigadlo –dijo la figura de ojos grises.

― Entendido –pronunciaron suavemente todos los nombrados.

Tras esas breves palabras, el silencio inundó la cueva.


Espero que les haya gustado. Como siempre, cualquier comentario, pregunta, crítica constructiva... será bienvenida y aceptada con los brazos abiertos.

Jaa, mata nee.

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