La senda escarlata
Capítulo 14 - Cuando estoy durmiendo
Era la primera vez que una humana le echaba a la calle y con aquella pasión que le dejó completamente descolocado. En principio maldijo y se hizo prometer que no iba a volver a pasar por aquel lugar nunca. El juramento duró hasta la noche siguiente, en la que se encontró a sí mismo de nuevo delante de aquella casa de color blanco. Mientras esperaba, no sabía a qué, se reprobó una y otra vez el comportamiento que estaba mostrando. ¿Por qué se había parado ahí? Esa chica no le interesaba y todo aquello era estúpido. Y aún así ahí estaba, quieto, mirando hacia la ventana.
- ¿Acaso eres un acosador? Vete de una vez y déjame tranquila, señor limón.
En ese momento empezó una lucha, no física, pero sí verbal. Carlos empezó a buscar excusas y se dio cuenta, al poco, de que esa chica le interesaba, esa chica le atraía. No sólo eso, le parecía fascinante, la criatura más curiosa que hubiese podido encontrar nunca, ¡y sólo era una humana! Lo extraño era que le hacía sentirse en paz, le hacía experimentar menos odio y eso le animó a buscar más su compañía. Rebajó el tono, se disculpó y gracias a eso ella también se puso menos a la defensiva.
Nadie hubiese imaginado, viendo el inicio que habían tenido, que podrían pasar el rato hablando, riendo por tonterías y discutiendo sobre libros. Podría haber imaginado que su existencia como vampiro llegaba a ser de muchas maneras, pero en ninguna de ellas se encontraba enamorado de una muchacha con una vitalidad impresionante.
Antonio aquellos años empezó a dedicarse a otras tareas: estuvo estudiando diferentes artes, intentando aprender a reparar aparatos, a una ingente cantidad de cosas que le mantenían entretenido mientras su hermano estaba fuera. Le había visto mirarle, con culpabilidad, pero en todo momento se había mantenido firme y le había dado su mejor sonrisa antes de apremiarle para que se marchara. Entendía que estaba enamorado, lo podía ver en sus ojos, en su expresión cada vez que hablaba de esa chica, así que no podía retenerle. Su hermano había pasado una gran parte de su vida pendiente de él, Antonio no podía pedirle que no se marchara únicamente porque se sentía solo.
En el fondo le daba envidia, le gustaría poder encontrar a alguien a quien amar de esa manera, alguien a quien poder estrechar y susurrar palabras de amor. Deseaba poder besar a alguien hasta que tuviera que marcharse, vivir una especie de romance que no parecía llegar para él. ¿Por qué? Carlos había tenido muchas experiencias en vida, había salido con mujeres, las había besado. En cambio, ¿qué podía decir de sí mismo? Su primer beso había sido con una prostituta y había estado tiempo jugando a que tenía una relación de cariz sexual con su hermano. ¿Qué clase de vida era esa? La más patética, sin duda.
Los días pasaron, las semanas, los meses y Antonio se frustraba cada vez más por esa vida que su hermano tenía y que parecía que nunca iba a llegar para él. Tan desesperado se encontraba en el fondo, aunque en el exterior disimulara con una máscara de perfecta compostura, que empezó a salir por la noche, buscando alguien a quien querer, alguien que despertara los sentimientos más tiernos que un humano puede albergar y que aparentemente un monstruo que chupaba sangre también podía experimentar. Lo probó todo: hombres y mujeres, y nada le provocó ni un mínimo vuelco al corazón. Todo eran relaciones carnales sin compromiso, sin ton ni son, que le hacían sentirse culpable cuando se trataban de hombres. Su condición física era diferente, así que se tuvo que adaptar a lo que tenía, de lo que disponía en ese momento.
Lo único que ganó fue experiencia, fue conocer cómo era aquello, pero no llenó el vacío en el pecho que se hacía cada vez más profundo cuando veía que su hermano tenía éxito en la vida. Se sentía culpable por envidiar a Carlos, por desear tener lo que él tenía y lamentarse por ser tan desgraciado. En su vida nada parecía tener sentido; no lo tuvo antes, no lo tenía ahora. ¿Cuál era el precio a pagar por experimentar un poco lo que todo el mundo experimentaba?
La novia de Carlos era el único tema de la casa y a ratos incluso se sentía celoso. La buena noticia era que tenía una extraordinaria habilidad para ocultar todo lo que sentía, para mostrarse sereno y feliz aunque por dentro estuviese siendo un caos. Era irónico que cuando su hermano había estado mal, él hubiese estado bien y que ahora fuese a la inversa. Si lo pensaba demasiado, le parecía que se comportaba cruelmente, como si su desdicha le hiciera feliz y pensar que pudiera ser verdad le ponía nervioso. El otro vampiro, más joven, acudía a su lado para pedirle consejo acerca de medicina, ya que ella, la persona alrededor de la que parecía que su mundo tenía que girar, estaba enferma y por eso no salía demasiado de casa.
Su relación iba a buen puerto, sin preocuparse de otra cosa más que de estar rato con ella, de disfrutar de cada segundo y cada día daba las gracias por la oportunidad que Antonio le dio aquella noche en el campo de batalla. No podía empezar a expresar lo agradecido que estaba por que le hubiese forzado a beber. Tan centrado estaba en su propia felicidad que no se dio cuenta de que su hermano estaba cada vez de peor humor. Éste lo intentaba cubrir todo con una máscara de dicha, con una sonrisa que a cada día era más falsa, que se volvía cada vez más gruesa y que le impedía salir de detrás para decirle a Carlos lo que le ocurría.
Entonces, el día de su cumpleaños del año 1627, no pudo aguantar más. El vaso se había llenado tanto que con eso rebosó. Había preparado una discreta celebración, incluso había ido al pueblo para comprar algo para adornar ese lugar en el que estaban viviendo, y su hermano ni siquiera miró nada. Le dijo que iba a verla a ella, a esa humana a la que Antonio empezaba a despreciar porque le había robado a su hermano.
- No me sorprenderá en absoluto el día que me digas que te vas a vivir con ella y que me abandonas.
El tono que empleó fue juguetón, como si no le diera importancia, pero en el fondo había resentimiento y no pasó inadvertido para Carlos, que se detuvo por completo y le miró. Sabía que después de ese comentario, al darse cuenta de que su hermano había podido escuchar ese resentimiento, de que se había dado cuenta de que algo no iba bien, iba a empezar una discusión que posiblemente no acabaría bien. Dentro, en un rincón remoto, Antonio la esperaba con ganas. Deseaba gritar, quería desgañitarse en el proceso, hacerle enfadar hasta que quisiera pegarle y entonces poder descargar en ese rostro que casi no veía un fuerte puñetazo que le hiciera recordar que era su familia. Nada de eso pasó, Carlos le miró con decepción, de una manera que fue peor que si le hubiese dado una bofetada en toda la cara y que le dejó una sensación de humillación más grande.
No volvieron a hablar del tema, pero Antonio no sabía cómo afrontar a su hermano después de haberle dicho aquello con la intención de reprocharle sus constantes salidas. Tuvieron unos cuantos días extraños, hasta que Carlos se plantó delante de él un jueves, agarró sus mejillas entre sus manos y le miró fijamente.
- Quiero que dejes de preocuparte de esa manera. Somos hermanos, Antonio, y por mucho que yo esté con ella, que pase menos tiempo aquí, eso no significa que te vaya a abandonar, ¿me entiendes? Lo siento si te he hecho pensar eso, no quería hacerlo.
Soltó las mejillas y se fue a ver a su amada sin soltar una sola frase más. Eso aún le hizo sentirse más idiota, más egoísta, como si aún siguiese siendo un chiquillo malcriado al que no se le podía confiar nada. Después del incidente, Antonio decidió dejar de comportarse de esa manera y no se quejó más por sus constantes ir y venir. Por muy solo que se sintiera, por mucho que temiese que su hermano se marcharía y que él se quedaría quizás solo, Carlos tenía derecho a ser feliz y él no era nadie para impedirlo.
Nunca le había visto tan motivado, tan contento de estar vivo. Los últimos días de febrero del año 1630, Carlos le había comentado a Antonio que estaba pensando en comprarle un anillo de compromiso a esa mujer frágil y de espíritu fuerte. Se le atascaron las palabras en la garganta y se controló para no decir nada. Le sonrió y le asintió, dándole a entender que había escuchado sus palabras.
- Estoy preguntándote lo que opinas. Quiero que me digas sinceramente lo que crees, eres mi hermano después de todo. -le dijo viendo que no decía nada.
- A ver cómo lo digo para que no suene extraño... -murmuró Antonio tras un segundo en silencio- No creo que sea buena idea. Ella es una humana, tú eres un vampiro. ¿Qué le vas a decir cuando te proponga casaros durante el día y tú te niegues? No sois lo mismo. Como relación platónica, está bien, pero no veo futuro en una boda.
- Bueno, puedo decirle que quiero tener una boda privada, por la noche, a la luz de las velas. Suena romántico, ¿no crees?
- No te digo esto porque quiera impedir que te cases y te vayas, pero me parece que es algo peligroso.
Se quedó en silencio, esperando los peros, dispuesto a ser paciente y atender a aquellas excusas locas que seguro que iba a poner para justificar su enlace, pero curiosamente nunca llegaron. Carlos se quedó mirando un punto fijamente y tras un par de segundos empezó a asentir lentamente, dándole la razón. Era un tema complicado y por mucho que la quisiera a ella, aún no era el momento. Su objetivo era esperar unos cuantos años más, a que ella tuviera treintaicinco años, y entonces le contaría la verdad, le diría que la amaba, que la deseaba a su lado hasta el fin de los tiempos y la convertiría. Estaba seguro de que lo lograría, ella temía a la muerte lo mismo que cualquier mortal.
Las cosas volvieron a su ritmo habitual y aquella intención de pedirle matrimonio se quedó en el olvido, como si nunca hubiese existido. Antonio se sumió en la literatura, en el conocimiento de años atrás que había rescatado de antiguas bibliotecas de caserones abandonados, los cuales estaban empezando a ser devorados por las telarañas. La noche del 4 de abril de 1630 llovía a cántaros y las gotas golpeaban contra los cristales con fuerza, produciendo un rumor constante en el interior de la vivienda. La puerta de la casa se abrió antes de lo habitual y eso le alarmó. Sus ojos verdes subieron hasta divisar la entrada del salón, que se encontraba entrecerrada. La luz de la vela titilaba y arrojaba sombras extrañas contras las paredes de color pastel. Lentamente dejó el punto de libro entre las dos páginas en las que se encontraba y con esa misma parsimonia, sin hacer ruido, lo fue dejando a un lado sobre el sofá al mismo tiempo que se iba incorporando de éste. Su gemelo no solía volver hasta que el sol estaba a punto de salir y para eso aún quedaban como tres horas. Ya se había quejado a éste de que la seguridad en la casa no era demasiado buena y que con facilidad podrían allanar el hogar. No es que estuviese asustado, ya que Antonio sabía defenderse tras todos esos años en los que sólo había hecho que absorber conocimiento, pero no sabía a qué se enfrentaba y no quería iniciar una pelea si no era estrictamente necesario.
Miró alrededor y al lado de la chimenea encontró los utensilios de hierro para mantener el lar ordenado y el fuego vivo. Agarró el bichero de metal, asiéndolo bien en la mano derecha y blandiéndolo, dispuesto a atacar a quien fuera que hubiera entrado en su casa si tenía intenciones hostiles. Vio que el pomo de la puerta giraba, alzó la vara y entonces se dio cuenta de que el que estaba ahí no era otro que su hermano, mojado de pies a cabeza, con un rastro rojo por las mejillas que llegaba hasta su mentón. Antonio abrió los ojos sorprendido ante esa imagen, dejó caer el bichero y se acercó hasta Carlos. No le importó sentir que su cuerpo estaba helado, sus manos le asieron a la altura de los codos y tiró de él hasta hacerle sentar sobre el sofá.
-¿Estás bien? ¿Estás herido? ¿Qué te ha pasado? ¿Qué haces aquí tan pronto?
Los labios de su hermano gemelo no se abrieron. Éste se quedó mirando hacia un rincón, ausente, entero a pesar de que su apariencia era desastrosa. El otro se levantó del sofá y corrió a buscar una toalla que echarle por encima y con la que secarle un poco. Trajo un par. La primera se la tiró en la cabeza y él mientras cogió la otra.
- Ve secándote el pelo, no creo que podamos enfermarnos pero no quiero arriesgarme a ello. Verte de esta manera me pone de los nervios.
- Ella ya no está. -dijo Carlos de repente, confundiendo a su hermano.
- ¿Que no está? ¿Qué quieres decir con que no está? ¿Se ha marchado a otro lugar sin decírtelo? ¿Es que estaba con otra persona? -replicó, empezando a crear en su mente teorías.
- Está muerta. -murmuró mirando ausentemente hacia un lado.
A eso ya no pudo contestar nada, sólo le miró en completo shock. Vale que estaba enferma, pero no parecía ser nada que fuese a acabar con ella de manera inmediata. Que de repente dijera que ella había muerto justificaba su estado, pero no tenía sentido alguno. Se sentó a su lado, estiró los brazos y lentamente, con suavidad, empezó a secarle el cabello. No iba a decir nada, no preguntaría, dejaría que si quería hablar lo hiciera. Sólo faltaba que él viniera a forzarle.
- Le habían llegado rumores. Ella... Ya sabes, su enfermedad no le permite sentir nada, por eso tiene muchos problemas ya que se hace daño y no se da cuenta. Gracias a eso, cuando me tocaba no se daba cuenta de mi temperatura corporal. Podíamos besarnos y no se asustaba, no me miraba como si fuese una especie de animal escapado de un zoo. Pero no sé cómo salió con el tema de los vampiros, preguntó si creía en eso y yo... No pude mentirle, Antonio. Pensaba que lo entendería, pero de repente empezó a gritar, empezó a chillar horrorizada al saber que llevaba veinte años enamorada de lo que yo era.
Antonio sujetaba la toalla entre sus manos y la apoyó sobre su propio regazo. Observaba a su hermano de reojo, viendo su cabello castaño despeinado tras haberlo frotado para secarlo. Podía leer en sus gestos que no era mentira, que todo aquello había sucedido tal y como le contaba y que ella estaba muerta. Empezó a preguntarse si quizás él la había matado. Debía ser eso, por eso estaba tan alterado. La pregunta realmente era: ¿podría decírselo sin desmoronarse? Si iba a hacerlo, prefería que se lo callara para siempre, por toda la eternidad.
- Se tiró por la ventana. -dijo en apenas un hilillo de voz. Los ojos verdes de Antonio se abrieron con sorpresa- No pudo soportar la idea de lo que era, pero tampoco podía dejar de estar enamorada de mí. Todo pasó rápido, no pude agarrarla. No pude llegar a tiempo. Lo intenté, pero no lo logré.
Unos brazos rodearon a Carlos y le atrajeron contra el cuerpo de su gemelo. Verle en ese estado no era en absoluto agradable, le producía una sensación de vacío en el pecho que se hacía difícil de sobrellevar y sabía que era duro, que tendría que llorar, pero ante todo le repitió una y otra vez que no era su culpa, que si no había podido llegar a tiempo no era porque no se hubiese esforzado lo suficiente, era porque el destino así lo quería. Hizo todo lo posible por animarle, por intentar sacarle de la casa, hacerle ver el mundo, pero él había entrado en otra etapa de su vida y su carácter de nuevo se había modificado. Había pasado de la rabia, del odio, al amor, a la compasión, para acabar en la más absoluta y devastadora pena. Se tiraba el rato mirando por la ventana, ausente, pensando en ese amor que había perdido y que nunca más iba a regresar.
Lo intentaba, lo juraba que lo intentaba como nunca había intentado algo, pero sus palabras no le llegaban a Carlos, que parecía un caparazón vacío. No había sido feliz cuando se pasaba el rato con ella, en su casa, charlando y divirtiéndose, pero aún le hacía más infeliz ver que estaba destrozado, que por mucho que intentara hacerle sanar un poco, esa herida era muy grande y perdía sangre por doquier. Su hermano estaba emocionalmente roto y Antonio no sabía qué podía hacer por salvarle del mar de angustia en el que se había sumergido.
Se le ocurrían ideas, intentos que acabaron siendo inútiles y que le provocaron una frustración sin límite, la cual escondía en ese baúl tan hondo que contenía sus sentimientos propios. Los años fueron pasando, lenta y tortuosamente, durante los cuales seguía sin tener su ansiada compañía. Al final se cansó de estar de esa manera, de tener que arrastrarle a todas partes, así que volvieron a su casa, al castillo que les vio nacer, sin que Carlos opusiera resistencia. Le escuchó llorar como un niño la primera vez que llegaron y pensó que seguro que se lamentaba por haber salido de allí, porque ahora ella estaba muerta y seguro que no hubiera pasado si no se hubiesen ido.
Todo alcanzó tales dimensiones que Antonio no lo aguantó más. En el invierno del 1660, agarró a su hermano por la ropa, lo levantó y le pegó un puñetazo que le hizo irse contra el mueble que había justo al lado contrario. Los ojos verdes de Carlos entonces vivieron, con una rabia que los hacía arder.
- ¡¿Se puede saber qué coño te pasa!? -le espetó, enfadado porque le había interrumpido.
- ¡Estoy harto! ¡Estoy harto de que estés en esta casa como si fueses un maldito fantasma! ¡Ella murió, ella no te eligió! Estoy seguro de que debe ser lo peor que te ha ocurrido en la vida, ¿pero crees que la mejor manera de vivir es estar como si estuvieses muerto?
- ¿¡Tú qué sabes!? Ella me rechazó, ella prefirió morirse antes que estar a mi lado. ¡Ella me amaba y esa idea le producía tanta repulsión, sabiendo que yo mataba a gente, que yo bebo de ella, que prefirió tirarse por la ventana! ¿¡Acaso sabes todo lo que dijo antes de acabar por saltar!? ¡No tienes ni idea! ¡No tienes ni puta idea de lo que es! ¡Algún día, cuando ames a alguien, espero sufras a cada segundo porque esa persona te haya dicho que te odia! ¡Entonces entenderás lo que es vivir cada segundo temiendo que todo se vaya al garete, que te descubran y que entonces te llamen monstruo! ¡No entiendes ni una pizca por lo que estoy pasando porque nunca has amado y nunca te han amado!
La puñalada verbal le dolió casi como si hubiese sido física; incluso más. Apretó los dientes, miró hacia un lado, agarró una mesilla sobre la que descansaba una lámpara, que no le importó que cayera y se estampara contra las baldosas, y con ella le golpeó en toda la cara. El impacto tumbó a Carlos contra el suelo y gruñó con dolor. Antes de poderse levantar, las patas de la mesita rodearon su cuello y lo apretaron contra el mismo.
- ¡¿Y cómo crees que me siento?! ¡Tú lo has tenido todo! ¡Tú has tenido esa vida que yo tanto anhelaba y que no pude tener porque estaba enfermo, porque estaba en una asquerosa torre muriéndome solo en agonía! ¡Tú has tenido el amor que llevo casi un siglo buscando! ¡Y mientras tú estabas viviendo mi sueño, yo estaba aquí leyendo libros, intentando imaginar qué era lo que se sentía al ser amado aunque fuese un poquito! -le gritó aguantando las ganas de llorar- ¡No! ¡No tengo ni idea de cómo te sientes! ¡Pero estarte quieto no es la solución!
Gritó frustrado, se apartó y se marchó a grandes zancadas. El corazón le dolía más de lo que demostró en su actuación en la sala. Las palabras de su hermano eran verdad, él nunca había amado y seguramente nunca había sido amado ni un poquito. No podía entenderlo y eso le dolía en el alma. Él tenía mucho por dar, en serio que lo creía. Creía que podría hacer feliz a alguien, que alguien podría hacerle feliz a él y que entonces ya no le haría falta nada más en todo el mundo. Pero el mundo era cruel y al destino nunca le había gustado, por eso nunca había sido bendecido con todas aquellas cosas. El mes siguiente fue extraño, Antonio ni siquiera miró a la cara a su hermano, no le dirigió la palabra y aún se sentía herido por todo lo que le había dicho aquella noche. Carlos sabía lo que había hecho, se dio cuenta demasiado tarde de la magnitud de sus palabras y de que no contento con estar sufriendo, había hecho que él también lo hiciera.
A finales de mayo, Antonio no encontraba un maldito motivo por el que sonreír, ni sabía por qué seguía en aquel lugar. Entonces, cuando menos lo esperaba, Carlos vino a su encuentro. Ni le miró, no podía hacerlo porque cada vez que se dignaba a ello en su mente resonaba su voz, como si se lo estuviese diciendo en ese momento.
"¡Nunca has amado y nunca te han amado!"
- Antonio, quiero pedirte disculpas por lo que pasó el otro día. -murmuró Carlos sentado a su lado- Ya sabes que no he estado en mi mejor momento y me doy cuenta de que has estado esforzándote mucho por hacerme sentir mejor. No quiero que te sientas impotente, lo has hecho lo mejor que has podido. No he pensado en ti, te estoy atando siempre, con mi infelicidad te hago desdichado a ti también.
- Sólo quiero que te mejores, que levantes cabeza... -respondió Antonio- No me importa el esfuerzo, lo que ya no tolero es la forma en que me hablaste.
- Quiero pedirte perdón por estos años, hermano.
- Tenías razón en cosas de las que dijiste, supongo que no eres cien por cien culpable tampoco.
Carlos se giró y abrazó a su hermano, el cual se quedó quieto sin moverse ni un ápice. Había echado de menos esa familiaridad, ese cálido cariño de su hermano, el único que le había quedado tras que su padre muriese. Sintió que le dejaba un beso en el cabello y cuando le sintió tan cerca inconscientemente cerró los ojos, por acto reflejo.
- Estaba equivocado. No es cierto que nunca nadie te haya querido. Mamá te quería tanto que dio su vida por la tuya, padre te quería tanto que él mismo cometió errores para protegerte y yo también te quiero, Antonio. Por eso, no quiero que pienses que tengo razón en eso. Amarás, estoy seguro de que lo harás perfectamente, y volverás a ser amado. ¿Podrás perdonarme por todo lo que te he hecho hasta ahora?
- No tienes que pedir tu absolución, hermano. -murmuró Antonio, con el corazón encogido por todo lo que le acababa de decir, ya más tranquilo- Siempre te perdonaré, siempre estaré a tu lado. Te ayudaré a salir de esta, ya lo verás.
Cuando se apartó, vio que Carlos le sonreía con pena y se contuvo para no volver con los sentimentalismos y abrazarle de nuevo. Aquella mañana, cuando se fue a dormir, el peso en su corazón era más liviano. Sí que nadie le había amado como a un novio, pero sí que había sido querido como hijo y como hermano. Aunque fuera ligero, le producía un consuelo que le permitió dormir casi del tirón. Tuvo sueños extraños, de su niñez, cosa rara porque él no solía soñar. Se despertó, o eso le parecía, pero tampoco estuvo seguro, cuando escuchó lo que le se asimilaba a un estruendo. Tuvo miedo, tuvo pánico de que los cazavampiros les hubiesen encontrado. Sabían que llevaban días haciendo emboscadas a los que dormían y él estaba temiendo que hubieran seguido el rastro de su hermano. Se quedó dormido, influenciado por el sol, rezando internamente para volver a despertar y así ocurrió.
La oscuridad, protectora, le recibió y Antonio suspiró pesadamente. Le daba la sensación de estar sudado, aunque sabía no era real. Aún así se pasó la mano por la frente y cesó. Lo primero que hizo fue ir a comprobar que todo estuviera cerrado. Si veía signos de que habían allanado la casa, entonces empezaría a temer que ya no estaban seguros. Ir habitación por habitación de esa parte del Castillo era una tarea tediosa, pero necesaria. Uno a uno miraba cada pestillo, cada cerradura que pudiera encontrar y pegaba un tirón para ver que estaba todo en su lugar. Nada parecía estar diferente, hasta que llegó a una habitación y encontró algo en el suelo. Era una pila de algo, de algo grisáceo y estaba rodeado de telas.
- ¿Qué es esto...? -murmuró para sí mismo.
Tomó las telas, las levantó y éstas se revelaron como ropas, unas que además eran muy familiares. Se sintió más tenso que nunca, más frío, más petrificado de lo que había estado en su vida. Volvió a mirar aquella pila, se agachó y con la mano la tocó. Eran cenizas. Cenizas junto a la ropa de su hermano. Los conceptos se arremolinaban en su cabeza, le producían náuseas aunque no tenía nada en el estómago, el cual empezó a doler, como si lo retorcieran. Tiró la ropa y corrió por toda la casa, lo que sus piernas daban, hasta que llegó a la habitación de su hermano. Le llamó, pero no obtuvo respuesta. Abrió el ataúd, pero allí no se encontraba. No había ni rastro de su gemelo, no había ni un pequeño indicio de que hubiese ido a cualquier sitio y que estuviera a punto de volver.
- No... No, no, no... No puede ser. No...
De nuevo salió corriendo hacia aquella sala, hacia aquellas cenizas, las cuales miró como si se trataran de un fantasma. Miró alrededor, desorientado, como si todo el lugar le pareciese irreal y entonces divisó un trozo de papel meticulosamente doblado que descansaba sobre una mesa redonda de madera caoba. Le daba miedo, le producía un pavor que le hacía temblar, pero aún así estiró la mano y lo agarró. Al desdoblarlo vio que se trataba de una carta con la letra de su hermano.
"Querido Antonio,
He estado pensándolo seriamente este mes. Nunca había creído que fuese a convertirme en esto y aunque al principio estaba orgulloso, he empezado a odiarlo. Si yo no hubiera sido esto, estoy seguro de que no la hubiese conocido y aunque lo nuestro fue hermoso, no hubiera sufrido esta agonía sin final de la que no puedo despertar. Cada noche la recuerdo, me parece oír su voz, me parece oler su perfume. No puedo seguir así, no puedo vivir otra noche más, no puedo continuar sin ella cien, o doscientos años.
Siempre quise vivir, pero no de esta manera tan tortuosa. Para rematarlo, no te dejo vivir. Te veo mirándome, siguiendo mis pasos, buscando mi compañía como si no hubiera otra cosa que te diese más miedo que el perderla. ¿Dónde está tu ansia por ver el mundo? No estoy desacertado cuando digo que te la he arrebatado yo y me siento culpable por ello.
No hay otra solución más que esta. Es la correcta, aunque sea la cobarde. Espero que la vida te vaya bien, hermano, que disfrutes y veas todo lo que deseaba ver. Ojalá Dios te bendiga con todo lo que te mereces, con toda la dicha que tu vida debería tener. No estés triste, estoy seguro de que ahora ya descanso.
Te esperaré con madre y padre.
Siempre te estaremos esperando.
Espero que puedas perdonarme.
Carlos"
El papel se le escurrió entre los dedos cuando leyó la última palabra de aquel escrito. Su labio inferior temblaba ligeramente y por su cara caían aquellas lágrimas rojas que tan poco le gustaban derramar. ¿Pero cómo iba a evitarlo cuando su hermano ya no estaba? Ese puñado de cenizas era Carlos, ese puñado de substancia gris era el que hacía horas le había abrazado. Entonces se dio cuenta de que aquel momento había tenido a un deje de despedida que no había sabido ver en el momento. Lentamente se dejó caer de rodillas sobre el suelo, ya que las piernas le flaqueaban y no quería desplomarse. Se acercó al montón de cenizas, respirando agitadamente, aguantando el llanto.
- ¿Qué has hecho, hermano...? ¿Qué has hecho...? -murmuró apretando los dientes mientras las lágrimas bajaban por sus mejillas. Su voz se quebraba por momentos. Con los brazos estirados, rodeando las cenizas sin tocarlas, Antonio apoyó la frente contra la piedra del suelo- P-podríamos haberlo logrado juntos... Podrías haber sido feliz de nuevo. ¿Por qué me has dejado solo tú también?
Sus dedos se apretaron contra las rendijas mientras hipaba por culpa del llanto, que se volvía cada vez más incontrolable. En la quietud de la noche, de repente se escuchó un grito de dolor que resonó por los alrededores, que parecía el de una bestia y al mismo tiempo el de una persona. Estuvo un mes allí, sin moverse, sin beber, sentado en el suelo, mirando lo que había sido antaño su hermano. Tras ese tiempo, la sed era importante y empezaba a hacer estragos en él, así que se obligó a levantarse ya que no quería morir, aunque a ratos lo pensara por la pena que sentía.
Bebió y al regresar supo que no podía estar otro año de esa manera. Recogió las cenizas en un tarro y por la noche fue al cementerio, a esparcirlas sobre la tumba en la que una vez estuvo encerrado su hermano. Sin derramar una lágrima, sin murmurar una palabra, regresó a su solitario castillo. Aún así, entró en negación. Quemó la carta y empezó a pensar que aquello había sido una treta, que su hermano no se había suicidado, que se había ido lejos y había fingido su muerte. Pero Carlos volvería, regresaría años después y le diría que lo había hecho por su bien. Se fue convenciendo de esa idea y entonces empezó a ir a beber poco, en escaso tiempo, y regresaba para esperar su llegada. Antonio se sentaba en un taburete y miraba la puerta principal casi sin parpadear hasta que el amanecer se acercaba y tenía que regresar a su habitación, a su ataúd.
Estuvo así, de esa manera, esperando en la puerta a su regreso, treintaicinco años en los que se debatía entre la devastación y la esperanza. Hasta que un día suspiró, bajó el rostro y lo admitió.
- De verdad no vas a volver, ¿eh? -murmuró con una sonrisa amarga.
El silencio espeso, el cual se había instalado en aquella sala después de que terminara de explicar cómo se había vuelto a quedar solo, se prolongó más de lo que a Francis le hubiese gustado. La historia le había dejado en cierta manera conmocionado y por su parte el español se había perdido en sus propios pensamientos, recordando el momento con tanta nitidez que casi parecía estar sucediendo en ese momento. Suspiró y volvió a la realidad.
- Poco después empecé a pensar cuál sería la manera de no sentirme tan solo entre esas paredes, pero no encontraba una respuesta. Empecé a sentir añoranza del pasado, deseaba volver a él, y tras pensarlo durante un rato, detenidamente, me di cuenta de que todas las personas que habían sido una parte importante de mi vida estaban muertas. Todas, a excepción de una. Aún sintiendo ese rencor que siento por haberme dejado solo en el momento más importante, también está esa parte de mí que se quedó, como un residuo, como un veneno. Así que abandoné mi casa, me marché hacia Italia y allí estuve una temporada. Me hizo bien, me sentí arropado, me sentí mejor. Además, Lovino era un niño bastante curioso y me parecía entretenido pasar el rato con él. Después de eso me marché, regresé a casa y estuve pensando en salir a ver el mundo, como siempre había soñado. Pero de repente me desperté y había gente rara diciéndome que estaba en el 1900 y pico.
Se dio cuenta de que con eso quedaba cerrado el círculo. Ahora ya sabía la historia completa de su vida y comprendía mejor sus acciones. Le parecía loable la fuerza que había tenido que sacar para poder seguir adelante. Si Francis hubiese perdido a todos sus seres queridos de esa manera, no estaba seguro de haber podido levantar la cabeza en la vida. Quizás le hubiera pasado algo similar a lo que le ocurrió a Carlos.
- ¿De dónde sacas las fuerzas? -le preguntó Francis finalmente, sin poder aguantar la intriga.
- Sinceramente, no lo sé. Había momentos en los que me planteaba seriamente por qué estaba saliendo del ataúd aquella noche. Después, en otros, quería vivir todo lo que no había podido vivir hasta ahora. -confesó Antonio con una sonrisa resignada- No quiero despertar compasión, pero mi vida no ha sido muy fácil hasta ahora.
- Sé que no lo haces por compasión e igualmente considero que tienes toda la razón del mundo. Me sorprende que tu hermano no pudiera aguantar vivir sin amor y que llegara al punto de suicidarse. ¿Por qué no lo hiciste tú?
- ¿Por qué no hice el qué? -se fijó en que Francis estaba pensativo, como si su mente estuviera en otro lugar.
- ¿Por qué no hiciste como él?
- ¿Qué estás diciendo, Francis? -preguntó cada vez más extrañado. Entonces el galo se dio cuenta de que se había ido de la lengua, abrió los ojos más, sorprendido y miró a Antonio- ¿Es que he estado enamorado y por eso me haces estas preguntas?
- ¡No, no, no! ¡Eso no era lo que quería decir! Es que a veces me expreso fatal... Quería decir, vamos a suponer, que te enamoraras de alguien en un futuro. Cuando antes me contabas eso, lo decías de una manera como si te pareciese la peor decisión que hubiese podido tomar. Lo que quería preguntarte es que si te enamoraras de alguien hasta ese punto y esa persona te rompiese el corazón, ¿por qué no harías lo mismo que tu hermano?
Se hizo un silencio extraño en el que los ojos verdes del español le observaron con detenimiento. Intentó mostrarse lo más relajado posible, dado que no quería tener que dar más explicaciones en ese momento. Aunque no le cuadrara la historia, Antonio decidió no darle más vueltas. Tampoco iba a ponerse a interrogar al joven cuando seguramente estaba diciendo tonterías. Suspiró e hizo un gesto con la mano para quitarle importancia al asunto.
- Me pasé toda mi infancia prácticamente en una cama, aquejado de enfermedades. Eso no disminuyó en mi adolescencia y, por mucho que deseaba vivir, parecía que alguien me odiaba ahí arriba y que no quería dejarme disfrutar de ninguna de las cosas buenas que pudiesen haber por el mundo. Tras eso, me aferré a un clavo ardiendo, así que aprecié esta oportunidad que se me había dado. Si llego a amar a alguien igual que mi hermano lo hizo, si esa persona me dejara o ni siquiera saliera conmigo y me llamara monstruo, seguramente me quedaría devastado. Pero, a pesar de que puede que me sintiese hecho una porquería, no creo que tuviera valor de hacer lo que Carlos hizo. Aprecio esta existencia, aunque sea maldita, tortuosa y me provoque bastante desdicha. Aunque nunca pudiera amar a nadie de nuevo o aunque nunca nadie me amara, no podría renunciar con tanta facilidad a estar vivo en este mundo que a la vez que hermoso es tan horrible.
Otro silencio en el que Francis no supo qué decir. Habían estado hablando de manera teórica, como si aquello no hubiese sido verdad, pero él sabía bien que había sucedido y que si Antonio no se había lanzado de cabeza al sol era por ese motivo que ahora mismo le estaba exponiendo. Sinceramente, se consideraba a sí mismo horrible por haberle hecho tanto daño sin saberlo. Él le había querido y Francis le había dado una patada sin contemplaciones. Había rechazado a esa persona que al parecer llevaba siglos deseando querer a alguien. Mal momento para descubrirlo y para pensar que quizás tendría que esperar mucho más tiempo, puesto que ahora el hispano no recordaba nada de nada.
Vale, puede que sintiera algo por él y que esos sentimientos se hubieran hecho más fuertes a medida que escuchaba su historia y se abría a él. Pero Francis no era cruel y no pensaba decirle que en realidad, poco antes de ser secuestrado y torturado, él le había querido y que ahora ese sentimiento era correspondido. No estaba seguro de que Antonio pudiera aceptar esa verdad, puesto que le haría descubrir que Francis no era más que un mentiroso y eso le haría perder su confianza.
Tenía la esperanza de que recordara, de que en algún punto sus memorias volviesen y entonces se daría cuenta de que todas aquellas falacias habían tenido la misión de protegerle hasta que se recuperara. Entonces el rubio podría decirle qué era lo que sentía y esperaba que de esta manera su corazón se quedara tranquilo. Miró el reloj de la pared y éste marcaba apenas las dos de la mañana. Con la mano derecha se frotó el rostro y suspiró un poco.
- Se me hace raro pensar que después de días ya no tengo nada más que saber acerca de ti. -murmuró Francis por romper aquel silencio que se había prolongado demasiado para su gusto.
- Lo siento, la historia se me ha ido de las manos y se ha alargado más que un día sin pan. -replicó azorado el vampiro, el cual miró de soslayo a ese humano que tanta compañía le había hecho en las últimas jornadas.
- ¿Eh? No te disculpes por eso. Si he dicho lo que he dicho ha sido porque me gustaba la historia. Cada cosa que me contabas, me hacía sentirme feliz porque entendía el esfuerzo que hacías para hablar con tanta serenidad de temas que por dentro te hacían entristecer. -le dijo. Antonio no supo qué responder así que bajó la vista hacia sus muslos- Tengo otro favor que pedirte, ¿sabes? Me apena ser tan quejica, siempre demandándote cosas, pero creo que eres al único al que puedo y debo pedir esto. ¿Puedo hacerlo?
- Claro, puedes pedirme lo que sea. -le replicó el hispano mirándole sereno, pero con curiosidad. Se notaba que intentaba ocultarla pero que surgía, más fuerte que él mismo.
- Ya que hemos terminado tu historia pronto y aún quedan horas para que salga el sol, había pensado en que podríamos ir al cementerio. Sé que tendremos que saltar la cerca porque estará cerrado, pero no importa. -dijo Francis.
- ¿Al cementerio? ¿Quieres ir de noche al cementerio conmigo? -le preguntó arqueando una ceja, incrédulo. De todas las cosas que podría haber esperado, aquella era la más rara de todas. Vio que el joven asentía- ¿Para qué?
- Con todas las historias que me has contado, de alguna manera me ha dado la impresión de que conozco a tu familia como si les hubiera visto en persona. Me gustaría ir a presentar mis respetos.
Él mismo se percataba de que era algo extraño que pedir, pero le había pasado el pensamiento por la cabeza y le parecía ideal. Por un momento le pasó por la mente la ridiculez de que sería como si conociera a la familia de su pareja, aunque estuviese toda muerta y no es que pudiese quejarse demasiado. Otro detalle a tener en cuenta era que Antonio no era su pareja, ni novio, ni se habían visto desnudos. Lo más emocionante que había pasado había sido el acercamiento que Lovino se había cargado días atrás con su repentina aparición, porque aquel sueño erótico no había sido más que eso mismo, un sueño. Se estaba poniendo nervioso porque los segundos se iban sucediendo los unos a los otros y Antonio aún no había abierto la boca para decir ni una sola palabra. Estaba a punto de decirle algo, suplicarle que respondiera cualquier cosa, que incluso el "no" era aceptable, pero entonces vio que el hispano abría la boca, dispuesto a hablar.
- Está bien. Deja que coja un abrigo y guantes y nos vamos. Tú también deberías abrigarte, a estas horas hace bastante frío. Es más arriesgado que pierdas temperatura corporal. Al fin y al cabo yo ya estoy muerto, lo pasaré mal pero no estiraré la pata. -dijo Antonio con una normalidad que dejó asombrado a Francis.
- De acuerdo, gracias por el consejo. -le respondió tras reír por lo bajo.
Mientras caminaba hacia su habitación, Francis volvió a reír. Curiosamente, le parecía graciosa la manera en que lo había dicho, como si fuese lo más normal del mundo eso de estar muerto y seguirse moviendo. Claro, tras seiscientos años, seguro que para él era habitual y nada le extrañaba. Ese mundo, aunque ahora lo comprendía mejor, seguía siendo muy desconocido para él. Agarró la única chaqueta que tenía en el lugar, puesto que su ropa se había quedado en el piso que dejó tirado nada más mudarse a él. Le daba pena, pero tampoco iba a ponerse a llorar por ello ya que no eran demasiadas prendas las que tenía.
Se abrochó todos los botones, subió el cuello de la misma para que le cubriese toda la piel y una vez tapado fue hasta la puerta principal. Antonio estaba esperando, mirando distraído a un tapiz que había colgado sobre la pared izquierda. Llevaba una chaqueta larga verde oscura, que estaba un poco antigua y guantes negros de cuero, forrados con piel, que mantenía las manos calientes. El rubio se detuvo, arqueó una ceja y le observó bastante divertido. Le parecía curioso ver la fascinación con la que el vampiro observaba la escena tejida por aquellos hilos que ya tenían bastantes años a cuestas.
- ¿Qué? ¿Interesante?
Antonio pegó un bote, se llevó la mano al pecho y le miró con los ojos verdes bien abiertos. El francés dibujó una tenue sonrisa, aguantando las ganas de reír que le dieron por aquella reacción tan exagerada.
- Qué susto... ¿Cómo lo has hecho para acercarte tanto sin que te escuchara? Casi me da algo.
- Estás muerto, no creo que estires la pata por eso, ¿no? -le dijo Francis con una sonrisa juguetona en el rostro. Antonio le miró incrédulo y poco después empezó a reír.
- Oh, pero qué cruel que eres usando mis palabras de esa manera. Sí, es bastante interesante. No lo recuerdo, así que estaba preguntándome cuándo y dónde lo compré. Por mucho que lo he intentado, no he podido recordar nada de nada.
Mientras le contaba eso, había acortado la distancia que le separaba de la puerta y la había abierto. Una corriente helada se había colado hacia el interior e hizo que Francis pensara que quizás había sido una mala idea no coger un par de guantes como Antonio. Metió las manos en los bolsillos y le siguió hacia el exterior, metiéndose de lleno en ese frío de montaña al que, por mucho tiempo que llevaba allí, no se acababa de acostumbrar. Se fijó en que Antonio seguía perdido en sus pensamientos, seguramente en el tapiz y en lo que le había dicho antes. No podía ni imaginar cómo debía ser no recordar una parte de su vida, pero también creía que torturarse por no ser capaz de rememorarla tampoco era la solución.
- Si no vienen los recuerdos, no vienen. No te tortures por ello, de verdad. Estoy seguro de que alguien en la casa conocerá la historia y podremos saber dónde y cuándo lo adquiriste. Forzarte no es la solución.
- Pero parece que no intentarlo tampoco lo es. -murmuró el vampiro mirando hacia el frente. Se sabía de memoria el camino hacia el cementerio y creía poder hacerlo incluso con los ojos cerrados- Supongo que tienes razón, pero es difícil aceptarlo sin más.
Se hizo un silencio, que parecía ser un asiduo habitual en sus conversaciones, y de repente Francis se armó de coraje, estiró un brazo y le pegó una palmada fuerte en la espalda al español. Éste le miró descolocado, e incluso se detuvo porque le había dejado desconcertado por completo. Al ver su expresión, el rubio sonrió con descaro, satisfecho por lo que había logrado.
- Deja ya de lamentarte. Nos vamos de fiesta, al sitio más animado de toda la ciudad. -le dijo con una sonrisa que no podía evitar. A él mismo el comentario le parecía de lo más ridículo y al mismo tiempo hilarante.
- ¿Te refieres al cementerio? -replicó incrédulo, con la boca abierta pero sus labios curvados hacia arriba. Terminó por reírse- ¡Claaaro...! ¡Es un sitio tan frecuentado que no podremos hablar por el ruido de los demás!
- Si nos separamos de tanta gente que hay, quedamos a la salida. -continuó Francis.
Sin duda le gustó demasiado la reacción que provocó con ese último comentario, cuando Antonio se había puesto a reír con ganas. Después de tanta historia triste, le había dado un poco de miedo que no volviera a sonreír, centrado en recordar todos aquellos sentimientos. Aunque fuese haciendo el idiota, estaba más que satisfecho de haber conseguido que se riera.
El cementerio era un sitio localizado a las afueras. Para llegar, desde la ciudad, se tardaban alrededor de quince minutos. Desde el castillo, tomando un atajo por medio del bosque, únicamente se tardaban diez. El clima no era el ideal para pasear, pero al menos no les había atacado ningún lobo cuando estaban entre los árboles. A Francis le había dado el pánico y se notaba porque no dejaba de hablar, preguntándole a Antonio si los lobos comían cosas que oliesen dulces, si alguna vez había matado a lobos y que si correría más que ellos en caso de necesidad. El vampiro le miraba con una sonrisa suave, resignada viendo que por mucho que contestaba con diligencia a todas sus preguntas, Francis encontraba nuevos interrogantes a los que demandaba respuesta. Era la manera que tenía de calmarse ante la idea de que estaba paseando entre tumbas. Curiosamente, le asustaba más la idea de los muertos que no se movían que la de tener uno al lado que caminaba y hablaba como si nada. Tras torcer a la derecha en un cruce de caminos se encontró con tumbas antiguas, pero sin duda sabía que las que más años tenían eran la de la familia de Antonio. Le sorprendió encontrarse delante de ellas y ver que tenían un aspecto moderno.
- No parece que murieron hace seiscientos años o más... -murmuró Francis mirando aún con cara de póquer las piedras.
- Supongo que ese es el punto. Hasta donde yo recuerdo, me encargaba de mantener una lápida lo suficientemente nueva como para que los del cementerio no les sacaran de ahí. Pago bastante por ello. -contestó Antonio sin inmutarse. Para él, aquello era de lo más normal- Si te soy sincero, estaba un poco asustado ante la idea de venir aquí. Hay trescientos años que no conozco acerca de mi propia historia, me inquietaba que fuera suficiente tiempo como para hacerme cambiar y que ellos no estuvieran aquí ya.
- Les has quitado hasta las fechas... Claro, si la tuvieran, por muy nueva que fuese la losa, cantaría. -dijo Francis, contestándose a sí mismo de esa manera.
El hombre a su lado asintió, mirando perdidamente una de las piedras. Los ojos azules de Francis se movieron hasta enfocar lo que captaba la atención del español, la tumba que tenía su nombre grabado en la piedra. Si a él ya se le hacía extraño verla, incluso le provocaba un pellizco en el estómago, no quería imaginar cómo debía sentirse Antonio en ese momento. Acostumbrarse a ver el sitio del que había emergido tras fallecer no era de las cosas más fáciles que uno pudiese hacer.
El ambiente se había tornado lúgubre por culpa de esa piedra, que seguro le hacía recordar muchísimas cosas, tanto de su tiempo vivo, como de su tiempo muerto. Cuando propuso venir, no lo hizo con la idea de que aquello se convirtiera en algo que torturara a Antonio, esperaba que fuese algo que le sanara, que le hiciera sentirse mejor. Carraspeó, buscando llamar su atención. Hasta que no le puso la mano en el hombro no logró que le mirara.
- Perdona, estaba distraído. -admitió el vampiro, sonriendo nerviosamente al encontrarse pillado tras haberse sumergido tanto- ¿Qué querías?
- No es que sea un tipo religioso, ¿sabes? Pero había pensado que quizás podría rezarles algo y hablarles un poco.
La mirada que le dirigió se asemejó a la que antes le había echado, en la casa. No comprendía qué objetivo perseguía comportándose de esa manera y ni siquiera podía adivinarlo. Además, ¿para qué quería hacer algo en lo que ni tan siquiera creía? Se percató de esa pequeña mueca de nerviosismo que asomó en el rostro del francés sin que éste se diera cuenta. Si le ponía peros, seguramente le entristecería o le haría sentirse ridículo.
- Te juro que en mi cabeza no sonaba tan raro antes de decirlo... -murmuró con inquietud.
- De acuerdo, puedes hacerlo. -le dijo aún con los ojos verdes fijos en su figura.
Mentir sería decir que en ese momento no estaba ni un poco nervioso. Sabía que todo aquello le parecería raro a Antonio, pero no pensaba que tanto. Todo eso hasta que lo puso en palabras, se escuchó a sí mismo y pensó que parecía un acosador de esos que hacen cosas extrañas y que no dejan a sus víctimas descansar tranquilamente. Le daba un poco de miedo que Antonio pensara que era un tío peligroso que hacía cosas inexplicables y que no tenían justificación. Menos ahora que eran más cercanos, podía notarlo. Ahora que le había dado permiso, mejor hacía aquello y lo dejaba pasar, como una anécdota más que contar, sin importancia alguna.
Juntó las manos, cerró los ojos y empezó a rezar. A su lado, Antonio hizo lo mismo, sólo que él oraba en silencio. Hacía años, muchos años, que no hacía aquello, así que era inusual. No dijo nada, pero Francis se inventó un párrafo entero de la oración con una habilidad que hasta le sorprendió a él mismo. Cuando terminaron y pronunciaron casi al unísono "Amén", Antonio abrió los ojos y ladeó la mirada hacia el francés, que había hecho eso mismo. Ahora venía cuando tenía que hablar con los muertos y no hacía más que preguntarse qué era lo que iba a decir. El joven humano tomó aire y se dio coraje, ya puestos a ser un mono de circo, lo sería hasta las últimas consecuencias.
- Buenas noches, señor Fernández, señora Carriedo, Carlos... Ustedes no me conocen, pero me llamo Francis Bonnefoy y durante años he estado bajo la custodia de Antonio. Como le he dicho a él, no soy dado a este tipo de cosas, ni siquiera creo realmente en ello, pero tampoco pensaba que existieran los vampiros y estaba muy equivocado. Antonio es un buen hombre, puede que haya cogido un camino oscuro sin darse cuenta al convertirse en lo que es, pero tiene luz suficiente para alumbrarlo y no dejarse comer por las sombras. Durante el tiempo que he pasado bajo su techo he tenido todo lo que me ha hecho falta y me ha tratado como si fuese uno más de la familia. Así que espero que, allí donde estén, se encuentren orgullosos de que haya llegado hasta donde ha llegado. Gracias por escucharme.
De haber podido hacerlo, si hubiese estado vivo, Antonio seguramente ahora se encontraría sonrojado. No podía acordarse de cuándo fue la última vez que alguien le había halagado de esa manera. Resulta que le producía una cálida sensación en el pecho que le reconfortaba. Lentamente, sin querer alertar a Francis, ladeó la mirada hacia otro lugar, apartado de donde el rubio estaba, con esa extraña sensación de que su corazón latía con rapidez. Los segundos en silencio se sucedieron y Francis no sabía ya cómo salir de él. ¿Y si había hecho que se enfadara?
- Esto ha sido una tontería, mejor volvamos a casa. -murmuró mirando hacia el lado contrario. Con la mano derecha se frotó la nuca, incómodo. No le había gustado haber hecho algo con buena intención y haber obtenido ese pésimo resultado, pero tampoco podía amargarse con ello demasiado. Si Antonio no lo había entendido, pues no había nada que pudiera lograr por ponerse a patalear.
- ¿Por qué has dicho todo eso? -preguntó el hispano de repente, sin moverse del sitio. Los ojos verdes, vivarachos, estaban observando a aquel humano al que a ratos no lograba comprender y sus labios formaban una línea recta, dándole aspecto indiferente- No tenías obligación alguna de hacer todo esto y por mucho que lo intento pensar, no encuentro una razón para hacerlo.
Se quedaron mirándose el uno al otro, sin abrir la boca, prefiriendo aquella quietud que era rota por el viento, que soplaba no demasiado fuerte. En su cabeza, el joven intentaba encontrar las palabras idóneas para explicarlo sin sonar de nuevo como si fuese un acosador. Lo pensó bien, porque por mucho que en su mente sonara bien, luego puede que al pronunciarlo se diera cuenta de que la elección había sido un completo desastre. Bajó la mirada al suelo, fijándola en la hierba que se balanceaba por el viento y tras unos segundos la levantó y la clavó en Antonio.
- Sé que no tenía obligación de decirlo, pero quería hacerlo. Tus historias, con tantos detalles, con la pasión que las explicabas, me han hecho vivirlas como si estuviera en ese momento. De alguna manera incluso he podido imaginar cómo te sentías y me he sentido de igual manera. Además, sé que todos esos recuerdos en el fondo te hacían daño, ya que no era todo felicidad precisamente. No sé si de verdad lo que he hablado les llegará, si en algún sitio escuchan o si después de la muerte no hay absolutamente nada. Sea como sea, las palabras que he dicho son verdad, son cosas que creo. Nadie me ha obligado. -le sonrió- Lo he dicho de corazón.
Para él era todo un misterio cómo se las apañaba para dejarle sin palabras, pero lo hacía en numerosas ocasiones. Antonio boqueó, como un pez fuera del agua, intentando decir algo que no fuese demasiado efusivo pero que al mismo tiempo expresara lo que esas palabras habían significado para él. Había llegado a pensar que a nadie le importaba lo que él sintiera, que todo el mundo sólo veía su propia miseria y que él, con su historial a cuestas, con su vida, no tenía derecho a quejarse de nada. Si podía ayudarles, si podía verles feliz, eso debía ser suficiente para él. Sus sentimientos no importaban, su pena no era prioritaria. De repente ver que Francis le decía aquello, que se había fijado lo suficiente en él como para darse cuenta de aquella silenciosa procesión que iba por dentro, le había hecho sentirse feliz y menos solo, tanto que hasta tenía un nudo en la garganta.
Visto que el hispano no encontraba la manera de expresarse, Francis rió enternecido y con una mano le revolvió el pelo. El gesto hizo que Antonio se tensara y que pronto se llevara las manos a la cabeza para intentar apartar la del francés, que volvió a reír y se apartó raudo para evitar represalias. Miró alrededor fugazmente y entonces encaró al vampiro.
- Venga, mejor volvamos ya de una vez. Esta vez seré yo el que te diga que no hace falta que digas nada.
Le guiñó un momento el ojo y se dio la vuelta para regresar por la ruta que habían tomado hasta llegar ahí. No mentía cuando decía que no hacía falta que dijera nada ya que aquella reacción había sido suficiente. De alguna manera, Francis sabía que sus palabras le habían llegado al corazón y con eso le parecía que ya había cumplido su misión. Antonio miraba la espalda del joven mientras caminaba detrás de él, a su ritmo tranquilo. Poco a poco se le fue dibujando una sonrisa y ladeó la mirada, un poco avergonzado por estarle observando tanto rato. Era un chico especial, que hacía cosas extrañas, pero por un motivo que no alcanzaba a vislumbrar, a Antonio no le desagradaba ni un poco su manera de ser.
Más o menos a la mitad del camino entablaron de nuevo una conversación, que esta vez nada tenía que ver con el tema que hasta ahora había estado en el aire. Antonio le empezó a preguntar si había visitado algunos sitios y Francis se sorprendió al descubrir que la mitad ni los conocía. Si lo pensaba bien, no es que se hubiese dedicado mucho al turismo. Durante los años que habían estado separados, él se había encerrado en los estudios para no ver nada más, para no tener que pensar en lo que había descubierto y en lo que eso significaba para él. Llegó incluso a deducir que si lo hubiese hecho, antes se hubiera dado cuenta del error que había cometido. En aquella época estaba tonto y pensaba que tener que disculparse, que equivocarse era lo peor que le podría pasar. Su orgullo no se lo permitiría. Ese Francis no podía estar más equivocado, ya que ahora se daba cuenta de lo que se había estado perdiendo todo este tiempo y a la vez puede que no hubiese descubierto esto si no hubiese sido tan terco.
Al pasar por el bosque, Francis le recordó que debía beber para así apaciguar su sed. No quería que tuviera que sentir aquel dolor que le había descrito, que aunque había intentado imaginarlo no lo había logrado. Ayudar a Antonio a cazar fue lo más extraño que había hecho en los últimos años, de calle. Pero, por sorprendente que fuera, se convirtió en algo divertido. Podía escuchar al español deslizarse entre los arbustos con una facilidad de la que él carecía. Sus propios movimientos eran lentos, torpes y en un par de ocasiones la ropa se le quedó enganchada a alguna rama traicionera. En momentos como esos, había pegado un tirón con la tela y había roto aquella pequeña rama traviesa que le impedía continuar con la caza del escurridizo zorro.
El hispano también se divertía, corriendo a toda velocidad sin miedo a que Francis se asustara, enseñándole lo básico para poder cazar. Era entretenido porque sus sentidos más desarrollados le ayudaban a saber con más precisión la posición del animal, le cantaba la susodicha a Francis y éste rápidamente corregía su rumbo. Inesperadamente formaban un buen equipo y pronto escuchó al rubio gritar.
- ¡Lo tengo! ¡Lo he agarrado! ¡Corre antes de que se escape! -exclamó mientras sujetaba al zorro con todas sus fuerzas para que no se le escurriera y al mismo tiempo tenía la cabeza echada hacia atrás, para alejarla del animal. No pensaba arriesgarse a que le arañara.
El zorro le fue arrebatado de las manos y lo último que escuchó de él fue un grito ahogado que cesó por completo en cuanto Antonio le clavó el diente. Miró de reojo, a ver si podía divisar la escena, pero el vampiro se había dado la vuelta y le daba la espalda, buscando privacidad en ese momento en el que se volvía ligeramente vulnerable. Cuando hubo terminado, entre los dos enterraron el cadáver, para no dejar rastro que alarmara a la gente que paseara por ese lugar del bosque.
- Tengo las manos congeladas... Tendría que haberme traído unos malditos guantes. -se quejó Francis mientras echaba el aliento sobre sus manos, en un intento de calentarlas.
De repente Antonio se puso a su lado, le agarró de una muñeca y cuando la tuvo cerca la soltó y empezó a ponerle uno de los guantes que se había quitado. El joven alzó las cejas, sorprendido por aquel gesto que no había pedido.
- Son tuyos y los has traído para evitar el frío. -murmuró Francis.
- Lo sé, pero al que le puede ir peor si se le congelan las manos es a ti. Listo. -dijo terminando de ponerle el otro guante. Le miró y le sonrió- Te lo he dicho, no voy a morirme por ello.
- Gracias... -replicó azorado.
Pocos minutos después, frente a ellos se encontraba el castillo de los Fernández, imponente como siempre. Ambos se estremecieron al entrar, agradeciendo en sobremanera el calor que hacía entre esas cuatro paredes. La ropa les sobraba, así que los guantes, las bufandas y las chaquetas pronto se quedaron tiradas en el primer perchero que encontraron. Quedaban escasos minutos para que empezara el amanecer y se dio cuenta porque Antonio se frotaba ya los ojos. Le preguntó por estar seguro y éste se lo confirmó. Le acompañó hasta la puerta de su habitación, mientras escuchaba embobado a la explicación del vampiro acerca de cómo el Sol les influenciaba.
- Voy a confesarte algo, cuando te dije que ya regresáramos era porque el sitio me estaba poniendo el vello de punta. Los cementerios no son mi lugar preferido y de noche se hacen incluso más terroríficos.
Antonio le miró anonadado un par de segundos y de repente estalló en una carcajada. Se llevó las manos al estómago y se inclinó hacia delante para ver si así se controlaba, cosa que estaba resultando imposible. Francis frunció el ceño, manteniendo una sonrisa tensa en el rostro. Él intentaba buscar su compasión, no que se burlara de él de esa manera.
- ¿Para qué dices de ir a un cementerio si te dan miedo? -le dijo risueño- ¿Es que eres masoquista?
- Lo hice porque quería animarte de alguna manera, ¿vale? ¡Es normal que me den miedo! ¡Son sitios tétricos y parece que en cualquier momento de entre las tumbas va a aparecer la muerte! -exclamó indignado Francis.
- Ay, no tienes remedio... Sería mejor que me fuera ya a dormir. Como me fallen las fuerzas aquí mismo vas a tener que cargarme hasta el ataúd y creo que la tapadera pesa demasiado para ti. -comentó Antonio aún con esa sonrisa divertida en el rostro- Buenas noches, niñito asustadizo.
- Eh, yo no soy un niño asustadizo. -le replicó enfurruñado- Si nos ponemos así, tú eres un niño asustado.
Aquel comentario hizo que Antonio alzara las cejas, confundido. ¿Él? ¿Estaba hablando en serio? ¿Él un niño asustado? Ese desvío en la conversación le había cogido con la guardia baja.
- No soy yo el que teme los cementerios, ¿sabes? Además, siendo estrictos, según me contáis, tengo más de seiscientos años, cuando tú tienes veintitrés. Podría ser tu pariente tan lejano que ni existe una palabra para describirlo. Llamarme niño asustado es un poco surrealista, ¿eh?
- Pero es que lo eres. -le dijo Francis ahora tranquilo. Se notaba que lo estaba diciendo en serio y que no era por venganza, cosa que confundió más al español- No te lo digo para ofenderte, pero es la verdad.
- Creo que no estoy entendiendo por qué dices eso. -confesó Antonio.
- Perdiste a tu madre pronto y tu padre dejó de hacerte tanto caso, intentando enseñarte lo necesario al principio para luchar en el mundo y luego tratando de protegerte de las enfermedades. Te encerraron en una torre y te quedaste solo cuando esa persona que te salvó la vida y que creíste que iba a quedarse contigo se marchó. Pasó lo mismo con tu hermano, primero te encontró y pensaste que todo sería ideal, pero después de morir y transformarse, él no era el mismo y en el fondo estabas un poco solo. Cuando se recuperó creíste que iba a volver todo a la normalidad, me parece que hasta yo lo pensé cuando me lo contabas, pero entonces, como era de esperar, se fue tras de esa chica y de nuevo no había nadie a tu alrededor. Nunca llegaste a recuperar a tu hermano, puesto que ella murió y se llevó lo que quedaba de él hasta que se quitó la vida. Y de nuevo estabas solo. Por eso creo que aquí -con el dedo índice de la mano derecha presionó suavemente su pecho- existe un niño, uno que está asustado porque cree que nunca dejará de estar solo y que en el fondo sólo anhela que alguien le quiera y que no se vaya de su lado.
La pose de Antonio era tensa, con los brazos pegados a su cuerpo y los puños cerrados. La había adoptado a mitad de la historia, cuando se dio cuenta de que el factor que se repetía una y otra vez era una palabra que él mismo conocía demasiado bien. El concepto de la soledad le perseguía desde hacía siglos y parecía que por mucho que intentaba huir de éste, no lograba darle esquinazo. Sus labios se apretaron, con frustración, mirando hacia su izquierda mientras Francis le observaba. Sabía que le había dicho algo un poco duro, pero con aquello quería darle a entender algo que no sabía si había comprendido hasta ahora. El hombre de cabellos castaños sonrió con resignación, nervioso porque estaba haciendo un esfuerzo grande.
- Ya te vale... Me vas a hacer llorar al final como digas estas cosas, ¿sabes? No es agradable, así que no me gustaría que tuvieras que verlo. -murmuró Antonio con la voz afectada por todos esos sentimientos que reprimía con tanto esfuerzo.
No pensó cuando estiró uno de los brazos y llevó la mano derecha a rozar aquella mejilla perfecta, pálida y fría del hispano, que clavó la mirada en él, sorprendido y con un deje de tristeza en aquellos ojos verde oliva.
- Mi intención no es hacerte llorar, ¿sabes? No me gustaría ser el culpable de algo así. Con eso quería decirte que entiendo por lo que has pasado, entiendo que tienes miedo a estar solo, quizás porque yo también he temido eso mismo. Pero tengo buenas noticias para ti, Antonio. -añadió con una sonrisa- Lo quieras o no, no estás solo. Mientras esté vivo, te prometo que no me alejaré de ti. No lo haré. Así que no llores, no estés asustado.
En ese momento, no antes, se dio cuenta de la cercanía que existía entre ambos. Se asemejaba a aquella vez en la que también habían estado tan próximos, aquel momento en el que Francis se había inclinado encorajado porque Antonio no se movía a pesar de la situación. Había una diferencia y es que esta vez en sus ojos podía ver sentimiento, necesidad de una prueba, el deseo de querer creer aquellas idílicas palabras que le había dicho, como si se tratara de un poeta del romanticismo, recitando bajo el balcón de su amada. Le tenía al alcance de su mano, la cual aún se encontraba rozando su mejilla, negándose a abandonarla ahora que la había encontrado. Y como la última vez, Antonio no se movía ni un milímetro y sus ojos permanecían clavados en él.
Francis se aproximó, lentamente, perdiéndose en cada detalle de su rostro en el que podía fijarse. Finalmente sus labios se posaron contra los de Antonio, que en comparación a los suyos estaban fríos. No le importaba, no le incomodaba ni le echaba atrás, incluso pensó que podría calentarlos con los propios. Tardó un segundo y medio aproximadamente en darse cuenta de lo que estaba haciendo. Se separó, parpadeó anonadado, ladeó la mirada y sin proponérselo se le subió el rubor a las mejillas. Ni podía mirar a Antonio a los ojos en ese momento, aunque éste seguía igual de quieto, casi como si fuera una estatua.
- B-bueno, tienes que dormir así que ya te dejo tranquilo. Hasta mañana. -dijo con torpeza Francis.
Ni esperó a la respuesta, se dio la vuelta y caminó a paso ligero por el pasillo, en dirección a su habitación. Antonio le siguió con la mirada hasta perderle de vista. De repente, de manera progresiva, esbozó una suave sonrisa y negó con la cabeza lentamente. Los ojos volvieron a escocerle así que decidió que mejor regresaba y dormía un rato ahora que el Sol era el amo del cielo.
Bueeenas,
Aquí estamos otra semana más. Primero pedir perdón porque bueno... Sí owo Muchas me dijisteis que no matara a Carlos pero era necesario para el argumento XDU Aunque, por otra parte, por fin se han besado o7o hahahaha... Sólo han hecho falta 14 capítulos XDDD Okay lo siento. ¡lo sieeentoo xDDD! ¿Pero a que ha sabido aún mejor ese contacto físico? Esta vez no es ningún sueño ovo Ahora hemos terminado la historia de Antonio, pero el fic sigue :3 Espero que os guste.
Sobre el título, es una referencia a una frase que el mismo Antonio ya dijo en un capítulo anterior (el tres), cuando Francis de pequeño enfermó: " Las cosas más terribles siempre pasan cuando estoy durmiendo." Mientras dormía su hermano fue herido de muerte en la guerra y mientras dormía su hermano volvió a morir. Realmente el fic tenía muchas cositas de estas ocultas que luego, con su historia, cobrarían significado.
Otra cosa más, me dolió terriblemente escribir y corregir esta semana el trozo donde Carlos le dice que ojalá algún día se enamore y sufra porque también le llamen monstruo. Y sobre todo cuando le dicen que nunca ha amado y nunca le han amado. Más que nada porque sabemos cómo terminó la cosa cuando Antonio estaba enamorado de Francis jovencito y con lo último porque Antonio busca ese amor, Antonio sabe que es capaz de querer y que en una relación podría ser un buen amante, pero no le tiene en estima y le pasan las peores cosas. Es un trozo que realmente me dio pena escribir uwu.
Paso a comentar los revieww ouo
lScar, no tanto, sólo un poquito :DU ... Pues creo que en este te habré matado y revivido de nuevo. Espero que estés bien *XD * Es que me gusta haceros experimentar sensaciones, es bonito uvu. Podría haberle matado, pero tenía planes e ideas. De hecho, el pasado de Antonio fue una de las cosas que más clara tuve desde el principio. Pues al final sí se murió, sorry xDU. El padre de Antonio tuvo una vida muy dura, enterró a su esposa y lo más duro, a sus dos hijos. Entre que ya estaba mayor y los disgustos, el pobre no pudo más. xDD Los trucos de seducción 8D Yo seguramente caería XDDDD Lo de Carlos nos hace entrar en los dilemas de moralidad de siempre. ¿Está bien la venganza porque sí? ¿El ojo por ojo y diente por diente? Os dejo para que penséis lo que queráis y mi intención era ver qué sentenciabais cada una. De Romario, decir que llegó tarde y estuvo en guerra. No le intento justificar XD que conste. La mujer en un principio iba a ser personaje de Hetalia, pero terminó siendo random. Tu corazonada no estaba tan errada uvu' Espero que al menos lo último haya hecho que te duela menos el corazón uvu Gracias por leer y dejar review ouo -hearts-
GusGuschan, estoy bien, con ganas de terminar ya la semana, aunque para cuando publique esto ya seré libre. *llora emocionada* Espero que tú también estés bien. Jooo... ¿Me detestas? *lloriquea * Jajajaja lo sientooo XD No sé porqué pero pensé que me pillaríais todas XD Pero veo que no, que sois todas un pedacito de pan inocente ouo qué monas. La chica que me "betea" (argumentalmente solo) me pilló de calle xDDDD. Antonio dependía de su hermano, le quería y no podía soportar perderle de esa manera, por lo que no le quedó otra que transformarle. Luego, a diferencia de Romario, él supo que tenía que ser su apoyo y se centró en ser su soporte en esos momentos difíciles. De alguna manera, Carlos sí le tenía cierto rencor a Antonio por haberle transformado, sobre todo cuando se dio cuenta de lo tortuosa que era esa vida. La trampa es que el amor no es fácil para los vampiros uwu Menos con una humana. Pues ahora ya ves, no se quedó con la mujer uwu. Oh, pues sí me suena su nick, si ouo. 1 - No puedo hablar de otros vampiros pero Romario era especial, su especialidad se transmite por su sangre. 2- No sabe/ No contesta. 3- No sabe/ No contesta XDDDD Espero que te haya gustado el capítulo~ Gracias por leer y dejar reviii ouo
Maruy-chan, uoh! Asdf ;3; P-pues ver un review tuyo me ha sorprendido y me ha hecho ilusión por partes iguales (mucho, vamos uvu). Pues entonces supongo que la segunda muerte no habrá sido mucho mejor. También, como te comenté luego, no acaba de ser Seychelles. Primero lo pensé, for the lulz, pero con las ideas que tenía no. Más que nada porque no me imagino a ella reaccionando como esta mujer random. Tu sensación estaba acertada, tienes buen instinto (el rol instruye bien). Merci por el detalle, lo he corregido y actualizado ovob Realmente este es el fic que he escrito que tiene más tramas y subtramas. Como le dije a Pyon cuando lo escribí, esto era un fic dentro de un fic. Toda la historia de Antonio podría ser un spin off perfectamente. Tenía que explicar 600 años y quería que tuviera sensación de volumen, que quedara más claro por qué Antonio luego era como era. Ahora ya se terminó la historia y volvemos a la trama principal xD Hahaha te he engañado con lo del sueño o7o wii. Pensaba que no engañaría a nadie pero veo que sí. Me siento feliz XDDD Realizada. Gracias por dejar review, espero que te siga gustando el fic y gracias también por leer uvu *Estruja *
Elwym, Sí, yo creo que Antonio y Francis en eso son muy iguales, no les gusta rendirse y menos con la gente que les importa. Los ataques por la sed demuestran lo mala que ésta es, en el fondo. Son hermanos gemelos, desde siempre han estado muy unidos y las dificultades han hecho ese vínculo más fuerte. La línea de sangre va así. Romario era especial, por lo que pasó sus habilidades a Antonio. Antonio, de haber tenido poderes, no hubiera podido usarlos en Romario. Romario sí podía usar su poder en Antonio (creo que nunca dije que no pudiera hacerlo. Además sería también parte de su motivación a sentirse tan culpable). Carlos no puede usar su poder en Antonio porque desciende de él directamente. Antonio podría usar su poder en Carlos (pero su poder es para él solo, por lo que fail). Por esa regla de tres, deduciendo que Lovino tiene poderes, puede usarlos en Antonio, pero no en Romario. No sé si te lo he aclarado o te he liado más xD Resumiendo los creados no pueden usar su poder en su creador. Pero el creador sí en los creados. Ese poder en Antonio es un punto oscuro, porque su poder no sirve para usarlo en los demás, su poder está en sí mismo, que es lo que le hace sentir. Francis sabe bien que Antonio puede amarle, ya sea porque recuerde o porque ese amor esté en su interior, adormecido, así que obviamente sus sentimientos han cambiado más respecto a eso. Como bien auguraste, el amor fue peligroso para ellos dos. Gracias por tu review -hearts-
TomatoNatsu, hahaha... creo que este capi no te habrá dejado mucho mejor, sorry uvu' Realmente Antonio estuvo solo bastante tiempo después de que se enamorara su hermano, pero tampoco podía ser egoísta con él. Era una situación difícil. Lo del sueño hahaha xD ouo Si la escena era bastante inocente~ He escrito cosas peores~ XD ouo Qué mona ella XD Yo también caería en la treta de Antonio y Carlos XD. Antonio tiene unos sentimientos muy complicados hacia Romario, así que... ¿Cómo que no aportaste nada? ;w; ¿Por qué todo el que empieza a dejar review piensa que voy a pensar o que habéis dicho tonterías o que no aportáis nada o que me cansáis? No es cierto ;_; Aprecio todos y cada uno de los review, los leo con cariño y me hacen muy feliz. Así que no te pienses que no aportaste nada. Gracias por leerme y por dedicar unos minutos a escribir review. Espero que te guste este capítulo~
Yuyies, yo creo que este es incluso más intenso, al menos emocionalmente hablando xD. Las envidias no son raras y yo creo que la gente puede llegar a ser así de retorcida. En aquel entonces las batallas, la gloria en ellas, era importante. Me ha parecido curioso xD Eres la única que me ha dicho que ves lógico que la niña y la mujer murieran, me parece interesante ôuo. De hecho lo dejé de forma que cada una pudiera sacar su conclusión sobre su comportamiento. Prefiero ver los ideales de cada uno xD Antonio no lo hubiera intentado si Carlos hubiera sido mayor, hubiera vivido su vida, pero de esta manera sentía como que no le podía dejar morir. Llevaba años ocupándose de él, cuidándole para que no le pasara nada porque era un vampiro. También sería volver a estar solo y eso le aterraba. Carlos estaba débil, atontado, ni pensó en transformarse en vampiro. Aturdido y sin recordar del todo bien quién le había hecho eso por el dolor y la pérdida de sangre. De hecho sí que Carlos tenía cierto resentimiento hacia él por haberle transformado en eso más tarde, pero intentaba luchar contra ello todo lo que podía. xDDD Como he dicho antes en otras respuestas, no esperaba que os lo creyerais prácticamente todas XD Pensaba que me pillaríais y estaba resignada a ello xD. Francis tiene mucha imaginación, sí~ Quién sabe, puede que los haya ~ De momento ha habido beso xD El amor cambia ya sea para bien o para mal. Le hizo tener más esperanza, más ganas de vivir y de no mirar a todos por encima del hombro, pero también se apartó de su hermano, que también todo había hecho por él. Le dijo también cosas crueles en su pena. El amor todo lo puede y se probó porque Antonio estuvo despierto toda una noche por Francis. Eso no hay que olvidarlo, aunque fuera pequeño, Antonio ya le quería siendo un joven. No sé, creo que quizás era un poco más corto el capítulo, pero era por no entrar en toda la avalancha que venía ahora y dejarlo en el beso xD A partir de ahora, sigue el fic ouo Saludos~ Espero que te guste el capítulo~
XX22, Carlos tuvo altibajos, de hecho considero que quizás haber terminado siendo vampiro no fue lo mejor que le pudo pasar. Salió muy herido y también hirió de paso a su hermano. Lo del padre es triste, alguien no se recupera de perder a un hijo, de perder a dos no me quiero ni imaginar. Los sueños de Francis~ Ese bendito franchute y su imaginación XDD. No era porque te fiaras de mí, mujer, más bien por si te daba curiosidad y querías leerlo owo. Usaban un término (ahora no recuerdo si era Reinos de España o algo así, para referirse a todos los reinos, unidos, de la península) Tendría que buscártelo para decírtelo 100% porque eso lo miré hace 1 semana y mi memoria ya no da pa tanto xD.
Ripleycante, porque era necesariooo... ;w; sé que la semana que viene me vas a matar del todo porque ya no vuelve más a la vida, se la quita del todo uwu. El pobre padre de estos dos sí que tuvo mala vida... pobre hombre, necesitaba un poco de descanso y paz u.u Carlos se levantó así porque había estado mucho sin beber, su despertar fue más lento porque tomó menos sangre. Por suerte despertó XD que ya es algo. La experiencia les hace ver que las tías somos en el fondo unas morbosas XDDDD Yo estoy de acuerdo, la familia no tenía que ver, pero ya sabemos que el ser humano es así de retorcido. La chica en principio pensé en que fuera Seychelles por random, por eso la descripción se parece, pero después por argumento y lo que iba a pasar no me gustaba (no me la imagino haciendo algo así) por lo que al final la dejé en un OC random. Jajajaja si se sueña porno, se sueña bien XDDD Espero que te guste cómo avanza la historia. Hey, míralo por el lado positivo, al menos ya se han besado XDDDDD wiii... XD
Y eso es todo por esta vez :3 Uoh, ya 91 reviews. Muchísimas gracias ;v; *abrazos a todas *
Nos leemos la semana que viene~
Miruru.
