Disclaimer: No me pertenecen los personajes de Naruto.

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¡Hola a todos! ¿Cómo va? Espero que bien. Yo acá estoy de regreso con el capítulo catorce, a pedido de ustedes. Bueno, como siempre ya saben, quiero agradecerles eternamente por todos los reviews que me dejan capítulo a capítulo. Que en este fueron muchos y de verdad me hizo muy feliz. Enserio. Por eso y por su apoyo ¡¡GRACIAS!! Ya saben, me ayudan mucho. Por eso no dejen de hacerlo, cada duda opinión o crítica no se la reserven y háganmela saber. Así corrijo mis errores y puedo mejorar :). Obviamente, tambien por leer. El simple hecho de que se tomen el tiempo, me hace muy feliz ¡¡GRACIAS!! Espero que el capítulo les guste... ¡Nos vemos y besitos!


En el marco del dolor

XIV

"Indiferentes a la vista"

No supo porque pero la respuesta se hizo esperar, o al menos eso fue lo que le pareció al muchacho. La contempló asustado, la Hokage respiró profundamente y con una voz muy suave dijo.

—Ino está… viva —el moreno suspiró aliviado y rápidamente entró corriendo a verla.

La encontró de pié, completamente vestida y vendada de los pechos para abajo. Respiraba pausado y parecía débil pero simplemente se alegró de verla viva.

—¿Qué haces fuera de la cama?

—Me voy —repuso con firmeza.

—Ino, estás débil —ella lo miró ofendida.

—¡Nada de eso! Estoy en perfecto estado, creo que nunca me sentí mejor —por supuesto aquello era una mentira pues el vientre aún le dolía pero jamás lo admitiría.

—Mira que eres problemática.

—¡No! Además ¿A quien te crees con derecho de decirle débil cuando allá casi ni reaccionaste? Yo me voy a ver a mi papá.

—Lo siento —admitió llevando su mano a la mejilla aún sonrojada por el golpe de la chica.

—No importa Shika.

—¿Shika? —la cuestionó extrañado.

—¡¿Qué ella puede decirte Shika y yo no?! —no supo porque pero aquella reacción de la rubia le causó gracia, sonaba demasiado infantil. Muy típico de su amiga—. ¡¿De qué te ríes?!

—De nada ¡Ven te ayudo! —dijo y una vez que la chica accedió, se acercó y pasando su brazo por la espalda de ella la guió hacia fuera del dormitorio.

—¡Ino! —gritó Sakura al verla e inmediatamente corrió a abrazarla.

—¡Ouch! Maldita frente de marquesina, eso duele —exclamó tocándose el vientre. La pelirrosa simplemente sonrió, estaba feliz de ver a su amiga viva.

—¿No deberías estar en la cama? —le preguntó Chouji preocupado, ella sonrió.

—¿Y permitir que este sabelotodo se lleve todos los créditos? —comentó señalando al moreno que ahora la miraba indignado—. ¡No señor! Además, así le probaré que las mujeres pueden ser tan fuertes como los hombres y a ver si por fin deja de lado los comentarios sexistas.

Todos los presentes rieron y Shikamaru bajó la cabeza fastidiado ¿Por qué era que Ino se empeñaba en molestarlo? No lo sabía, sin embargo le era obvio que ella disfrutaba haciéndolo sufrir. Lo había hecho desde los 12 y no veía motivo de que pudiera detenerse ahora.

—¡Vamos! —le ordenó y él sumiso asintió.

—Me das más miedo que mi madre —admitió él y lo que recibió fue un golpe en la cabeza de la rubia.

—¡Ouch!

—Te lo tienes bien merecido.

—Problemática.

Finalmente llegaron y en la entrada se encontraron a Yoshino y la señora Yamanaka conversando juntas que al ver el estado de Ino se precipitaron hacia ambos jóvenes.

—¡¿Qué sucedió?! —preguntó la madre del moreno.

—¿Estás bien hija? —la examinó preocupada la señora Yamanaka.

—¡Si mamá estoy bien! Fue solo un raspón —Shikamaru la miró de reojo, era increíble lo mentirosa que podía ser su amiga.

—Me alegro —exclamó la rubia abrazando a su hija. La señora Nara se giró a su hijo.

—¡¡Shikamaru!! ¡¿No se suponía que tú eras el líder y debías cuidarla?! ¡¡Cómo se te ocurre dejar que algo así pasara?! —lo regañó con severidad, el moreno inmediatamente bajó la cabeza y se permitió oír todo lo que su madre tenía que decirle. A su lado, Ino lo miraba con lástima.

—Lo siento.

—¡¿Lo sientes?! ¡¿Cómo puedes ser tan irresponsable?! —seguía gritándole y él solo recibía las críticas, sin siquiera decir nada o defenderse.

—Señora Nara, Shikamaru en verdad me salvó —finalmente decidió intervenir, el joven Nara la miró sorprendido—. De verdad, él me trajo hasta la Hokage.

La castaña la miró por unos segundos y luego le sonrió.

—Lo único que importa es que estén bien —todos asintieron. Los dos jóvenes se excusaron y entraron en la habitación. Dentro aún permanecían ambos Jounin inconscientes e inmóviles en sus respectivas camas.

—Buenos días papá —dijo ella como si realmente creyera que Inoichi podía oírla. A veces Shikamaru pensaba que ella realmente lo creía—. Buenos días señor Nara.

—Ino…

—¿Si? —se giró a verlo, él solo se encogió de hombros.

—Gracias por lo de recién —ella sonrió y luego con malicia se burló.

—¿Otra vez te pondrás sentimental?

—¡Nada de eso! —suspiró— ¡Problemática!

La chica se acercó con lentitud y se sentó en la cama junto a su padre. Inconscientemente y sin darse cuenta pronto se recostó junto a él y en un corto intervalo de tiempo cayó bajo un profundo sueño.

Él la contempló dormir, herida y frágil. Su expresión de felicidad y alegría ya no existían. En su lugar un notorio gesto de tristeza se había formado.

En ese momento ambas mujeres entraron al cuarto sólo para encontrarse con la escena de Ino durmiendo junto al cuerpo inerte de su padre.

Para él era tan difícil, verlo tan inmóvil. Como un flácido cuerpo sin alma, como sólo carne capaz de pudrirse. Sin ideas, sin comentarios, sin expresiones de afecto o vanas expresiones sin sentido.

Shikaku era como un muñeco de madera, rígido y sin vida. Pero él no lo era, y su madre tampoco. Sabía que Yoshino era una mujer fuerte pero también sabía que por las noches lloraba y rezaba por su esposo. Que en el silencio lo llamaba y rogaba que despertara. Tanto como lo hacía él.

—Parece que esta noche dormiremos todos aquí —comentó la madre acercándose a su hijo, quien miraba distraído a su padre "dormir"—.

—Supongo…

Y sin decir más, ninguno de los dos, Shikamaru imitó a Ino y se acostó junto a su padre. Yoshino lo contempló con tristeza y tras acomodarse en la silla junto a la cama cayó dormida. También la señora Yamanaka junto a ellos se dispuso a descansar.

—¿Shika? —murmuró en el silencio de la noche, junto a ella el calor del inmóvil cuerpo de Inoichi la confortaba.

Pero nadie le respondió, esperaba que estuviera despierto pero al parecer el moreno dormía tan plácidamente que no le pareció oportuno despertarlo. Quizá en otro momento lo hubiese hecho pero esta vez no. Esta vez lo dejaría descansar, aunque realmente necesitara de alguien con quien hablar. Aunque se muriera y tuviera inmensos deseos de llorar por la soledad que la invadía, no lo molestaría. Por suerte la voz que tanto quería escuchar le contestó de repente.

—¿Qué sucede Ino?

—Nada —respondió conteniendo el llanto y fingiendo serenidad y fortaleza.

—¿Te sientes bien? ¿Te duele algo? —la muchacha inconscientemente llevó las manos a su vientre lastimado, luego volvió a mirarlo y con suavidad respondió.

—No, estoy bien.

—¿Segura? Sabes que puedes decírmelo ¿No es así?

—Si

—Bien —largos minutos pasaron y otra vez Ino habló.

—¿Shika?

—¿Sí?

—¿Quieres dar una vuelta conmigo?

El muchacho miró con pereza el reloj y tras confirmar la hora suspiró. Meditó unos segundos y luego se volvió una vez más a ella.

—Ino, son las 3 de la madrugada.

—Tienes razón —admitió con tristeza disimulada, pues en verdad quería salir de allí.

—¿Qué sucede? —se incorporó, Ino lo imitó y permaneció sentada junto a la cama de Inoichi. Ambas madres se encontraban dormidas en sus respectivas sillas.

—Nada, volvamos a dormir.

—Ino…

—Enserio Shika, no es nada.

—Bien —una vez más volvió a la cama, lentamente y con cuidado se ubicó junto a Shikaku y allí permaneció. Inmóvil y de espaldas a la cama de Inoichi e Ino. En silencio y sin pronunciar palabra, sin saber que decir.

De pronto la oyó sollozar en el vasto vacío de la habitación y no pudo evitar sentir un nudo en el estómago. Lo sabía, siempre lo supo, que a pesar de que durante el día y aún en presencia de él Ino actuara como siempre. Alegre, animada y esperanzada, por las noches lloraba. Siempre la oía lamentar, siempre rogar, derramar en pequeñas gotas de sal desgajados fragmentos de su alma.

Pero simplemente no decía nada, no la interrumpía en su ritual de dolo pues no sabía que decirle, que hacer.

Y ella por su parte sabía, que aunque Shikamaru no lloraba, tampoco dormía. Era conciente de las largas noches en vela del moreno. Su lamento se manifestaba por el lado del insomnio y aunque pareciera normal verlo al Nara con expresión seria y el rostro cansado, las negras ojeras delataban que había algo más detrás de aquellos ojos que tanto se empeñaban en parecer fríos e insensibles.

Por lo tanto, Ino también sabía que él podía oírla llorar. Había noches en que deseaba simplemente acercarse y abrazarlo, rogarle que estuviera con ella en aquel dolor que ambos compartían. Pero no podía pues jamás sería capaz de admitirlo. Porque por más que le doliera, tanto a él como a ella, ninguno de los dos sabían que hacer con sus sentimientos. Por lo tanto permanecían indiferentes a la vista, sólo se apoyaban en los momentos en que alguno de los dos estallaba. Sólo entonces se acercaban.

El resto del tiempo la distancia entre ambos era infinita. Tanto que a veces parecían desconocerse.