Capítulo 14: La primavera

Capítulo 14: La primavera... la sangre altera

Estamos en primavera, en las vacaciones de Pascua aproximadamente.

De vez en cuando, los habitantes de la mansión reciben llamadas telefónicas de Jun y Chocolove... A veces Pilika tenía que irse a Hokkaidô para ver y estar con sus padres los fines de semana y para prestarles ayuda (Horo Horo también iba allí cuando le apetecía). Esto hacía que Len se mostrase triste o irritado. Pero esta vez Pilika tenía que hacer un trabajo que le mandaron en el instituto y se quedó.

Afortunadamente o no, empezaba a hacer calor en esta época, con lo cual, todos llevaban prendas más frescas y cortas. Anna veía que su vestido negro favorito que se ponía hace años ya no le estaba igual de bien que antes, le estaba demasiado pequeño... aunque ya de por sí destacaban sus buenos atributos y sus hermosísimas curvas...

- Me parece que este vestido lo tengo que tirar y hacerme uno nuevo... ya que sé coser y no lo hago tan mal... –decía Anna, mirándose la falda del vestido.

- ¿Y por qué no te compras uno? –le preguntó la ainu, ayudada por Anna y por Len para hacer el trabajo.

- Bah... No sé... –no le dio la más mínima importancia la sacerdotisa y por eso sacó la lengua.

Todos estaban en la salita y cada uno hacía una cosa en concreto. Horo Horo y Ryû veían en la televisión una serie llamada "Nadie me conoce". Lyserg leía un libro de "Harry Potter". Manta estaba mirando una cosa en su ordenador portátil. Fausto estaba trabajando en el hospital por la mañana (era fin de semana y le tocaba turno). Tamao hacía los pasatiempos de una revista... y Yoh no dejaba de observar de reojo a Anna muy interesantemente.

Las hormonas pululaban en su mente... y era cierto ese dicho tan conocido de "La primavera, la sangre altera"... Yoh llevaba bastante tiempo con el mismo pensamiento en la cabeza: hacer el amor con Anna, esta vez, sin interrupciones. Sabía que Anna no lo rechazaría, el problema era "deshacerse" de los otros. Al menos, ya todos sabían que estaban juntos, así que podían decirles tranquilamente que querían estar solos.

Sin darse cuenta, se había quedado con una cara de tonto embobado, y así se lo hizo saber Anna.

- Eo, Yoh, ¿en qué piensas? –preguntó Anna, tentada en darle una cachetada por si reaccionaba su prometido.

- Eh... esto... en nada, jiji n/n

- ¬¬ Humm... –la sacerdotisa no se lo creía, así que miró hacia otro lado.

- Eh, don Yoh, ¿por qué no sigue la serie? Creía que la estaba viendo –dijo Ryû, mientras Tokagerô reía a carcajadas mirando la pantalla del televisor.

- Sí, tío, te has perdido la parte interesante en la que el perro de Dean se escapa cuando estaba interrogándole la poli sobre la vieja del quinto que perdió a su gato –contaba Horo Horo, partiéndose de risa también.

- Ay, ayúdame con esto, Len –le pidió Pilika, algo en apuros.

- A ver... –decía Len, dándole un beso en la frente y acariciando los brazos de la chica, mientras los dos leían en voz baja unos folios que ella buscó en Internet para responder unas preguntas que le pedían en el trabajo.

- Bueno, como veo que has encontrado una buena ayuda en Len, no hace falta que me quede aquí –suspiró Anna, levantándose de la silla.

- Gracias por tu ayuda, Anna –le agradeció la ainu.

- De nada... Voy a estar en mi habitación un rato, aunque primero pasaré por la cocina para tomar algo...

- ¡Voy contigo! –exclamó Yoh, levantándose también–. Es que quiero beber algo de zumo de naranja n-n

- Humm... vale –aceptó Anna, y los dos se fueron a la cocina.

- Oye, Anna, verás... mmm... He estado pensando, y... y qué te parecería que... que... que... que hiciéramos el amor... ¿esta noche? –preguntó Yoh, nervioso, haciendo circulitos con el pie en el suelo.

- Eh... O/O –musitó Anna, roja, y le temblaban las manos cuando se servía en un vaso gaseosa.

- Es que... desde aquél día, el día 2 de enero en el que llovía por la noche, no he dejado de pensar en lo mismo... u/u

- Yoh... Yo... no... no sé... O/O –balbuceaba Anna.

- ¿Qué te ocurre, Anna? –se preocupó Yoh, ya que la itako seguía temblando.

- ...

- ¿Anna? –inquirió Yoh, cogiendo los brazos de Anna y obligándola a que lo mirase, extrañado y preocupado.

- Sí quiero –susurró Anna, al oído de su prometido.

- Perfecto –dijo Yoh sonriente, dándole un pico.

- La verdad es que yo... de vez en cuando pensaba en ése día... Nos interrumpieron dos veces... –decía Anna, mientras Yoh acercaba sus labios al cuello de ella y la empezó a besar ahí.

- Sí... y no fue tan mal después de todo... Y tampoco te iba a pedir esto si estábamos con la universidad, los trabajos y los exámenes... –dijo Yoh, acariciando la cintura y los muslos de la chica por encima del vestido, provocando que ella soltase un suspiro placentero y, a todo esto, Yoh seguía besándola en el cuello con mucho deseo.

- Yoh... Será... será mejor que... subamos a mi cuarto –le susurró la sacerdotisa un tanto jadeante.

- De acuerdo –aceptó el shaman, sonriéndole y dándole un tierno beso en los labios.

Yoh cogió a Anna en brazos como si estuviesen recién casados, y se fueron así en dirección al cuarto de la itako.

Al llegar, Yoh dejó a Anna en su cama con cuidado, mientras echaba el cerrojo a la puerta. Después se acercó a la cama, se tumbó con su novia, y siguió besando el cuello de la chica. Ella, mientras tanto, se dedicaba a recorrer los pectorales del shaman con sus manos por dentro de la camiseta.

No les importaba que fuese por la mañana, por la tarde o por la noche, solamente sabían que necesitaban amarse, después de una época que por poco lo conseguían y ya habían pasado más de tres meses. Sí, en estas edades eran las hormonas las que dominaban este tipo de situación, dejando que los sentimientos cooperasen de sobremanera para aprovechar el momento.

Deseo y pasión sentían, ambos estaban casi desesperados, la atracción los dominaba. Comerse no era suficiente, ni las caricias, ni los besos tampoco. Daban vueltas en la cama, había unos cuantos cojines por el suelo y las sábanas estaban arrugadas, deshaciendo la cama por los movimientos tan candentes que hacían los dos jóvenes.

- Aaahhh... Yoh... Cómo deseo ser tuya... Quiero que me hagas tuya... solamente para ti... y no quiero ser de nadie más... –suspiraba Anna, que gozaba con los besos que le propiciaba su novio.

Anna tenía las piernas abiertas para que Yoh estuviese en medio de estas dos, él las acariciaba con mucho deleite. Las manos del shaman se quedaron en sus muslos, eran tan perfectos... como su pecho...

Le retiró el vestido negro suavemente, de abajo hacia arriba, y se contentó con ver a su amada Annita en ropa interior (de color gris oscuro), aunque él todavía no se había quitado nada. Y el castaño pensó esto: si hoy los interrumpían, por la noche lo intentarían otra vez.

Quizás lo insospechado de estos casos, es que cuando una persona está tan excitada o emocionada, estando en la situación en la que estaban estos dos, las cosas que no se atrevían a decir (pero seguramente sí a pensar), lo decían sin ningún pudor o vergüenza... Y eso era lo que les pasaba a Yoh y a Anna...

- Annita... ¿sabes que estás muy sexy así? Eres tan sensual y tan hermosa... y, por eso, me pones a cien... –le susurró Yoh de forma pícara al oído mientras Anna se mordía el labio inferior por lo que ha dicho su prometido.

La rubia no aguantó más, y casi le arrancó de un movimiento la camiseta a Yoh, dejándola muy lejos. Besándose con desesperación y ahínco, fue el muchacho quien se deshizo del pantalón por su propia cuenta, mandándolo lejos también. Así que los dos volvieron a estar en ropa interior... Anna lo observó con una sonrisa y mirada traviesas, muy inusual en ella, y Yoh rió.

- Ay, Yoh, eres tan perfecto... –dijo Anna en un susurro mientras el shaman mordía sutilmente el lóbulo de la oreja izquierda de su prometida.

- Volvámonos uno, Annita –le murmuró al oído justo antes de besarla con fiereza.

Probablemente, los instintos ganaban más que los sentimientos en ese momento, pero tanto Anna como Yoh no les importaba en absoluto, necesitaban hacer el amor y lo harían, pese a quien le pese...

Yoh iba a empezar a hacer lo suyo muy pronto, porque veía que ante sus ojos su prometida se iba quitando el sostén lentamente, pero...

- Don Yoh, doña Anna, ¿están ahí? –preguntó Ryû, tocando a la puerta y sobresaltando a los dos jóvenes.

- Mierda... –susurraron a coro Yoh y Anna.

- Sí, Ryû. Ahora bajamos, no te preocupes –dijo Yoh su voz despreocupada de siempre, en alto, para que le escuchara su amigo.

- De acuerdo –asintió Ryû, marchándose.

- Jooo... –se quejó Anna, con cara de perrito apaleado, y se ajustaba bien el sostén.

- Bueno, volveremos a hacerlo esta noche, y esta vez nada ni nadie nos lo va a impedir –le aseguró su novio, dándole un suave beso en la frente y empezando a vestirse.

- Son unos malditos parásitos –les insultó Anna, quejándose de nuevo.

Así que ambos se vistieron y bajaron... No había nadie en la salita. Fueron a la cocina... tampoco nadie estaba. ¿Y en el salón? Nada de nada. En el jardín... ni mucho menos... Pero había ruido en otra habitación... así que fueron ahí: ¡la Sala de Juegos!. Y se encontraron ahí el ambiente tan animado que se respiraba.

- ¡¡Huyyyyy!!. ¡No, no, no, no, nooooo! –exclamaba Horo Horo, jugando al pinball, centrado en que dos bolas no se cayesen en uno de los agujeros.

- ¡¡Sí, al centro!!. ¡¡Toma!! –gritó eufórico Len, apretando el puño, que estaba jugando a la diana (o a los dardos, que es lo mismo) con Ryû, Tamao y Pilika.

- ¡¡Ajajááá!!. ¡Ahí estás, malvado! –chillaba Manta, con un casco de realidad virtual en la cabeza (ocultándole los ojos) y dio una patada en el aire, seguida de un puñetazo–. ¡¡Yaaaaih!!

- ¿Por qué no dejáis de jalear tanto? Intento leer –dijo molesto Lyserg, sentado en una butaca y volviendo a la lectura de "Harry Potter".

- ¿Para qué nos has traído, Ryû? –preguntó Yoh, cogido de la mano de Anna.

- ¡Ah! Pues... para que estuviéramos todos juntos, pasando un rato agradable... n-n –sonrió bonachonamente el chico del tupé.

- --¬ --¬ –Anna lanzó una mirada asesina a todos.

- O.oUUU –los amigos de Yoh no articularon palabra, ¿por qué la itako se ponía así tan de repente?

- Tranquila, no te sulfures n.nUU –dijo Yoh, tratando de tranquilizarla.

- ¡¿YO?!. ¡¿SULFURADA?!. ¡¡QUÉ VA!! –gritó con irritación la joven, cruzándose de brazos.

- Err... mejor nos sentamos aquí y observamos cómo jugáis, es que no me apetece jugar y me parece que Anna tampoco –le dijo el shaman de pelo castaño a Ryû.

- Ah, vale –se encogió de hombros Ryû, que estaba dispuesto a desbancar a Len con su dardo.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Eran las nueve y diez de la noche. Terminaron de cenar tortilla francesa, acompañada de una ensalada variada y un surtido de fiambre (que Horo Horo no dejaba de jalar, como si su vida dependiese de comer a trompicones y con gran ansiedad). Y de postre tomaron unos riquísimos pasteles de melocotón hechos por Tamao, Manta y Ryû.

Fausto vino por la tarde, ya casi de noche, estaba bastante cansado, así que primero se bañó durante media hora en las aguas termales y después comió bastante para reponer fuerzas.

- ¿Qué tal si nos damos todos una vuelta por ahí? –propuso Len, cuando todos estaban sentados en el salón viendo la televisión.

- Buena idea, Len –sonrió Pilika, a su lado, y se abrazó a su novio.

- Sí, que necesito despejarme –asintió Fausto.

- Yo también –asentían Lyserg, Manta, Tamao, Horo Horo y Ryû, a la vez.

- Yo paso, que tengo cosas que hacer –negó Anna, levantándose de su asiento.

- Igual que yo n.n –dijo Yoh, para no abandonar a su novia.

- Bueno, pues en marcha –ordenó Len, que se levantó del sofá y le dio un beso fugaz en la mejilla a Pilika, mientras que los demás le siguieron y todos salieron menos Yoh y Anna.

- Dicen que a la tercera va la vencida –murmuró Yoh al oído de Anna.

- Esperemos que tengas razón... –suspiró la sacerdotisa, subiendo las escaleras hacia su cuarto.

Yoh también se dirigió al cuarto de la itako, y cuando entró la vio tumbada en la cama pensativa mirando el techo. El chico se acercó a ella, abrazándola con profundo afecto y dándole un pequeño beso en la comisura de la boca. Anna sonrió un poco, susurró un "Tonto" y empezó a besarlo con ansia. El shaman no se lo pensó dos veces, separó las dos piernas de Anna cogiéndolas con ambas manos, y le quitó el corto vestido negro de abajo hacia arriba con sensualidad.

Anna soltó una risita, pero se abalanzó al cuello de su prometido, a besarlo con mucha pasión y deseo, mientras que sus manos quitaban la camiseta de Yoh.

- Anna... Quiero hacerte el amor... Quiero hacerte mía... –jadeaba entre besos el shaman.

- Sí... Sí... Sí... –repetía Anna, suspirando con excitación–. Hazme tuya... Hazme tuya, Yoh...

Cuando Anna iba a quitar el pantalón a Yoh, de repente... sonó el teléfono. Ambos amantes se asustaron por semejante ruido tan desagradable para sus oídos, pero decidieron pasar... y seguir a lo suyo.

- Uhm, ese cacharro me molesta, no me consigo concentrar... –murmuraba la sacerdotisa mientras Yoh le lamía el cuello.

- Jiji, creo que yo tendría que decirlo... A fin de cuentas son los chicos los que hacen el "trabajo" –rió Yoh, con su usual sonrisita, y siguió con su tarea de dejar un chupetón en el cuello de su novia.

- Es una pesadez... ¿es que no va a parar de llamar? –inquirió ella, molesta–. ¡Ya han pasado los cinco toques, y otra vez está llamando!

- Bueno, ya se cansará. No te preocupes –dijo Yoh, atrapando los labios de Anna con los suyos, haciendo que Anna emitiera un gemido ahogado.

El teléfono fijo de la casa paró de sonar, y tanto Yoh como Anna respiraron aliviados, pero... en su lugar sonó el de la itako. Anna estaba realmente irritada, y se retiró del cuerpo y de los labios de Yoh.

- ¿Quién demonios es? –preguntó fastidiada, cogiendo el móvil situado en la mesita de noche, y se le cambió la cara por completo cuando abrió su móvil de concha y vio la pantalla–. Yoh... Es... tu abuela.

- O.o ¿Mi abuela? Pero... ¿qué hace llamando a estas horas?

- Tengo que cogerlo, no le puedo fallar, es mi maestra –dijo apenada, mirando a su prometido, y le dio al botón verde para aceptar la llamada–. ¿Sí?

Y así pasó más de una hora y media de conversación entre Anna y Kino. La sacerdotisa se disculpó varias veces por no coger antes el teléfono de la casa (era Kino quien llamaba tan insistente), hablaron de varios temas: los estudios, cómo estaba la casa, el presupuesto que recibía Yoh todos los meses por haber ganado el Torneo, la colaboración de los demás en la mansión, la familia de Izumo, etcétera... y, cómo no, sobre el entrenamiento de Yoh y, sobre todo, si lo hacía a rajatabla.

En esa eterna hora y media, Yoh no sabía qué hacer. Se paseaba en círculos por la habitación, o le hacía cositas a Anna (mala suerte para él, pues él intentó hacerle cosquillas pero a cambio recibió un chichón en la cabeza), o escuchar las canciones del MP4 de Anna.

Cuando por fin finalizó la conversación, Anna suspiró con cansancio mientras dejaba el móvil otra vez en la mesita de noche.

- ¡Viva, viva! –gritó Yoh–. Ya era hora, no aguantaba más.

- Ahora no sé si tengo ganas de continuar... –bufó Anna, mirando las sábanas.

- Annita, no digas eso, sólo nos falta un cachito para conseguirlo –le ponía cara de perrito abandonado Yoh.

- Después de hablar con tu abuela, Yoh, ahora es que ni me apetece...

- Annita, anda, porfa... Te lo suplico. Y sé que tú tienes ganas, así que no me lo niegues...

- Estoy cansada... –gruñó la sacerdotisa, cruzándose de brazos.

- Anniiiiitaaaa –decía con voz de niño chiquito mientras le dirigía una mirada suplicante con unos ojitos brillantes y adorables.

- Si dejas de ponerte tan infantil... a lo mejor me lo pienso –sonrió un poco Anna.

- Humm... ¿esta cara te parece lo suficientemente varonil para pensártelo? –preguntó Yoh, poniendo voz seductora y cambiando a una mirada más sexy y penetrante.

- Eso... ya hace cambiar las cosas –empezó a reír Anna, aguantándose las ganas de llorar de la risa.

- ¡Oye! –se sorprendió Yoh por la reacción de Anna, pues creía que la chica empezaría a comerle a besos–. No te rías... ¡eso no se vale!

- Jajajaja, Yoh, en el fondo, sigues siendo tan infantil... –reía la itako, quitándose con un dedo una lágrima.

- Jooo... ¬3¬ –hinchó los carrillos el shaman–. Annita, estamos perdiendo tiempo, tenemos que aprovechar el hecho de que los demás no estén aquí para... ya sabes...

- Pero... jiji... En fin, a veces pienso que tú eres más infantil que Manta.

- O.o ¿Dices que Manta es infantil?

- ¬¬ Por su estatura.

- O.o Pero eso no tiene nada que ver... pienso yo.

- ¬¬ Yo no pienso igual que tú, Yoh.

- TT.TT Joo –pataleó Yoh–. Annita, si seguimos así, al final no podremos hacer nada...

- Estamos charlando ¬¬

- Pe-pero... yo quiero... u/u

- ¿Charlar? ¬¬

- ¡No!. ¡Hacer el amor, y con tus comentarios no puedo hacer nada porque me estás esquivando! -/-

- Ah, ya entiendo... Bueno, si quieres... acepto -.-

- Y lo dice tan pancha... Dice "acepto", así, sin más ¬¬UU

- Tú también dices las cosas tan pancho y con una gran pachorra... Te estoy imitando xD

- ¿¿Pero a ésta qué le ocurre?? Ó.ó ¿Te la vas a pasar riendo todo el rato o qué? –preguntó extrañadísimo el shaman, esa no era la Annita que conocía y actuaba de forma muy inusual.

- Como si tuviese muchas ocasiones de reír o sonreír... u-u –dijo Anna, poniéndose más seria.

- ... ¡Pues, de esta manera sí! n.n –exclamó Yoh, empezando a hacerle cosquillas en los costados a Anna.

- ¡Jajajajajajajajajajaja!. ¡Yoh, nooo!. ¡Jajajaja!. ¡Que no puedo parar de reír!. ¡Deja de hacerme cosquillas! –pedía Anna, intentando zafarse pero no podía.

- ¡Jijiji! n-n

Otra vez el móvil estaba sonando, ¿quién demonios era? Ya iba la segunda vez que llamaban. Y otra vez la cara de Anna se volvió furibunda y echaba chispas por los ojos.

- ¡¡Estoy hasta las mismísimas narices del estúpido móvil!!. ¡¡Dejad de llamar!!. ¡Arg!

- Ay... parece ser que hoy tampoco es nuestro día... –suspiró el shaman, que ya había parado de hacerle cosquillas.

- ¡¡Eyyyyy!!. ¡Anna!. ¿Estás despierta? –se oía una voz de chica desde fuera de la ventana.

- Mayumi, ¿tú crees que te va a oír? Tienes que gritar, así... ¡¡ANNAAAA!!. ¡ÁBRENOS LA PUERTAAAA!. ¡QUE TE HEMOS ESTADO LLAMANDO DESDE EL MÓVIL Y NO CONTESTABAS!

- No me digas que son... mis amigas de la universidad –murmuró Anna, con los ojos como platos, mirando a Yoh.

- Jiji, pues parece que sí n.nUU

- Te has pasado, Michiru ¬¬UU –dijo Mayumi, cruzada de brazos.

- ¿Y qué quieres que le haga? –inquirió Michiru, encogiéndose de hombros.

- Creo que será mejor que nos vistamos y les abramos la puerta, tampoco puedo fingir que no estoy... –bufó Anna, levantándose de la cama y poniéndose rápidamente un sencillo vestido de color amarillo con bordados de flores azules.

Itako y shaman se vistieron todo lo rápido que podían, ya que el timbre de la casa lo pulsaban continuamente las compañeras de universidad de la rubia. Atusándose bien el pelo, mirándose en el espejo, respiró hondo y abrió la puerta con una cara normal. Yoh, sin embargo, se fue al la salita a ver la tele.

- Parecéis unas verduleras gritando por la calle... –dijo Anna, mirando a su grupo de amigas, que eran cuatro.

- Ejem, es que no nos contestabas al móvil, y vimos luz aquí y no entendíamos cómo no lo cogías... –comentaba una chica pelirroja de cabello ondulado y ojos azul zafiro, ésa era Michiru.

- Queríamos hablar contigo, Annita n.nUU –dijo otra chica de media melena lisa de color negro azabache y con un pasador de plata, ésa era Mayumi.

- Hacernos esperar tanto no es bueno, ¿sabes? –le dijo a la sacerdotisa una chica de cabellos marrones, recogidos en dos coletas, y se llamaba Hazuki.

- ¡Que somos tus amigas, eso no lo olvides! –exclamó la última del cuarteto, Momoko, una chica con gafas redondas y con una preciosa y larga trenza de color violáceo.

- Ya lo sé –sonrió Anna, cerrando los ojos–. Y, Mayumi, no me llames Annita, ¿vale? No soy una niña pequeña de cinco años.

- Jeje, tampoco es para que te pongas así, mujer n.nUU –dijo la aludida.

- ¿Podemos pasar? –preguntó Hazuki con voz implorante.

- Es verdad, nunca habíamos venido a tu casa...

- Está bien –suspiró la sacerdotisa–. Pasad.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

- Estoy harto... de ponerme al servicio de estos patéticos humanos... –gruñó Hao.

- ¿Por qué está esperando tanto?. ¿Es que no tiene de ese modelo?

- Sí, perdón, aquí está... Sólo que no lo encontraba –salió de un cuarto Hao, vestido con camisa naranja, pantalones de pinza negros y unos lustrosos zapatos negros, portando una caja entre sus manos.

- Menos mal, ya que iba hacer el contrato... –dijo una señora ricachona de no más de cincuenta años, con un chihuahua en un brazo y un gran bolso de los caros en el otro.

- Sí... –gruñó Hao, dándole unos papeles, un bolígrafo y el paquete, y seguidamente estaba pensando–. "Qué ganas me dan de quemarla viva... De hacerle daño... Torturarla... ¡Arggg!".

- ¿Qué pasa? –preguntó la señora, mirándolo altivamente.

- Nada n.nUU Firme el contrato y ponga sus datos.

- ¬¬ Hummm... –sospechó la mujer, y seguía concentrada en escribir el formulario.

- ¿Asakura?. ¿Puedes venir un momento?

- Sí, "jefe" –contestó Hao, con voz cansina y se fue a donde lo llamaron.

- Muchacho, ya sé que no es fácil vender móviles en una tienda como ésta, pero si te muestras más amable hacia el público y haces otras cosillas más... pues la tienda prosperaría, habría más clientela y tendrías tú más ventajas, como un aumento de sueldo, renovación de tu contrato, vacaciones pagadas, extras... –le comentaba su jefe, era calvo pero con un gran bigote negro.

- Lo sé, "jefe", pero tiene que tener en cuenta que sólo llevo un mes aquí trabajando y todavía no me he habituado a ello... –se escudaba Hao, cómo le repateaba el hecho de tener un superior... Él, Hao Asakura, ¡que podría haber sido Shaman King! Y ahora era un subordinado de un humano cuarentón que se las daba de bonachón.

- Bueno, está bien... Veo que estás cansado, la tienda cerrará dentro de 10 minutos... Si quieres, me encargo yo de la clienta, tú puedes irte a tu casa –se mostró comprensivo el hombre, dándole una palmadita en el hombro.

- Sí... –dijo cansinamente, yéndose a coger su chaqueta negra.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Estaba realmente cansado... y estresado. El tumultuoso y ensordecedor Tokyo lo enervaban más todavía, con sus luces, su gentío, sus ruidos, su tráfico... Más tranquilo se estaba en las afueras. Miraba la ciudad desde fuera, sentado en un pequeño monte, cerca de la ciudad, a un sólo kilómetro.

Le gustaba el contacto con la hierba, con el viento, con la naturaleza... y los malditos humanos harían del planeta un lugar horrible. Por eso los odiaba.

Se quitó los zapatos, la chaqueta y la camisa, dejando ver su perfecto y sexy torso musculoso. Sudaba por ese agobio que le daba la ciudad. Había más tranquilidad, más prosperidad y más naturaleza hacía 500 años... y mucho más hacía 1000... Qué lástima de planeta, los humanos apenas lo conservan. ¡Si el fin del mundo lo iban a provocar ellos!

Bueno, prefería respirar hondo y quitarse esos pensamientos. Ah, la naturaleza... Al final, seguro que ella lo pondrá todo en su sitio.

- Rebajarse a ser un vendedor de móviles... Pero para conseguir dinero, claro. Si no consigues dinero, no eres nadie. La sociedad es tan consumista, hay tanto relativismo... Y ni siquiera se fijan en las cosas más importantes... –suspiró Hao, con el rostro serio.

Su espíritu estaba a su lado, en forma de bola de energía. Le transmitía un calor especial y acogedor. Él era su única compañía... más bien, su compañero. Quizás... hasta amigo. Pero... él no necesitaba amigos especialmente. Se bastaba él solo, aunque si alguien le ayudaba... pues mejor.

Se tumbó en el césped, a ver las estrellas. Eso también lo tranquilizaba. Él era "El Hombre de la Estrella", así era conocido en su época de onmyôji y de pache. Qué tiempos aquellos...

- Vivir de alquiler no es lo que más me apetezca, pero viví en otras circunstancias peores, por supuesto. Cuando tenga el dinero suficiente, me compraré una casa en condiciones. Y ya veremos lo que haremos después... Por ahora, ésta época estará tranquila... pero ya nos pondremos en marcha como antes, ¿qué te parece, espíritu del fuego?

La esencia del fuego lo miró con ojos de reproche y se elevó unos centímetros en el aire. Hao se incorporó y se echó el largo pelo hacia atrás.

- No me mires así... Sé que estás aburrido, que no hay ni batallas, ni peleas, ni acción, ni nada... pero tienes que saber que la prioridad es la prioridad: sobrevivir. Ya te digo que luego será todo como antes. Le daremos su merecido a mi hermanito y a su linda prometida y a sus patéticos amigos... Te lo prometo. Pero por ahora, tenemos que esperar a que se estabilice todo y nuestra situación.

El espíritu se movió vacilante por el aire y al final hizo un gesto de afirmación, como si quisiera decir que lo había entendido todo y que esperará hasta el momento adecuado.

- Muy bien n-n Me alegro que lo hayas entendido. Y mira... ¿quieres cenar? Será uno, pero bueno... algo es algo –dijo Hao, que sin mirar, señaló hacia atrás de él.

- Ó-ò ¿Pe-pero... qué demonios? –se preguntó un hombre, que vagabundeaba por ahí, con su cartera de ejecutivo pero estaba bastante ebrio.

- Veo que no te parece nada mal, espíritu del fuego –se levantó el shaman y miró al ejecutivo–. Pero veo que no es muy adecuado que este humano se dedique a orinar y a defecar entre los árboles después de haberse emborrachado con sus amigotes del trabajo, ¿no?

- ¿Có... cómo sabe que...?

- ¡¡Over soul estilo kôbaku!!. ¡¡Espíritu del fuego kurobina!!

- ¡¡ARRRRRRRGGGGGGGGGGGGGGGGGG!!

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

- Jeje, parece que a la tercera no va la vencida –comentó Yoh, con pesadumbre, mientras comían.

- ¬¬

- Tranquila, que lo bueno siempre se hace esperar –sonrió Yoh mientras le acariciaba el pelo a la itako.

- O.o?? –se quedaron extrañados los demás, sin embargo, siguieron comiendo.

Era de día, y estaban almorzando. Al final... ¿qué pasó? Pues que las compañeras de universidad de Anna se quedaron hasta tarde hablando con ella y con Yoh... La sacerdotisa, por propia seguridad, no quiso desvelar que Yoh era su novio y su prometido, además, Yoh lo entendió.

Como las cuatro chicas se fueron tan tarde y casi enseguida vinieron los amigos de Yoh, los dos decidieron que esa noche... no iban a hacer el amor. Toda una pena, sí, pero... quizás el destino, que es tan caprichoso, no quiso que precisamente ese día pudiesen amarse. Otro día será...

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Hola a todo el mundo!! XD

Bueno, dije en el capítulo anterior que me ausentaba no sé cuánto tiempo, pero la inspiración me vino de repente y me puse a escribir en la computadora como una loca xD Para que ningún detalle se me fuese de la mente, claro.

También estoy empezando a escribir el capítulo 15, aunque... no sé cuándo podré actualizarlo, así que ahí sí quiero que sean pacientes. En el instituto me dieron hojas del calendario de exámenes y veo que no podría dedicarle todo lo que quisiera a este fic. Pero no se preocupen, que no lo dejaré NUNCA de lado, eso lo pueden tener por seguro. Cuando tengo algo en mente no paro hasta conseguirlo, pero como ahora, dentro de poquito, se me acercan los exámenes finales, recuperaciones de otras evaluaciones y la prueba de acceso a la universidad... Espero que lo entiendan. Pero a lo mejor se sorprenden y actualizo en el momento menos pensado (como ahora, por ejemplo, que creía que no podría terminar el capítulo, y aquí me tienen xD).

Jeje, les gustó el capítulo?? Creo que me paso con el lemon, no sé xD Es que he puesto doble lemon xD Pero lemon no consumado, o sea, que no llegan al... acto en cuestión, no sé si me entienden n.n Un amigo me dice que soy una corta-rollos, pero en fin... ése es un pequeño suspense que le doy. Ahora la duda es... ¿cuándo diablos lo harán?. ¿Cuántas veces los interrumpirán? Sólo les digo que en el próximo capítulo NO habrá lemon (es mejor moderarse, ¿no creen?). aunque en éste cap Yoh y Anna están algo (por no decir "muy") calenturientos xD Ay, las hormonas... como tratan a los pobrecitos xD Creo que Yoh es el que tiene las hormonas más subidas que Anna, ¿ustedes qué piensan? XD

En cuanto a lo que dice Horo "Sí, tío, te has perdido la parte interesante en la que el perro de Dean se escapa cuando estaba interrogándole la poli sobre la vieja del quinto que perdió a su gato"... parecía un trabalenguas xD Me hizo mucha gracia escribir eso xD

También quería poner una pequeña escena en la sala de videojuegos. ¿Se imaginan a Manta dando saltitos y patadas con el gran casco de realidad virtual? XD Lyserg, el único que se divertía a su manera, leyendo Harry Potter (yo me he leído todos los libros), protestando por el ruido xD Podría haberse ido a su recámara o al salón, que estaría más tranquilito, ¿no? XD

Y ahí ven a personajes nuevos: Michiru, Mayumi, Hazuki y Momoko (vale, las tres, menos una, empiezan por "M"). Jeje, son las amigas de universidad de Anna y las he descrito muy por encima, es decir, lo más básico. Estos no son personajes encargados, que lo tengan en cuenta. A no ser que quieran atribuirse a algún personaje... Hum, los que me tengan en el msn les adelantaré cositas del fic, porque haré bastantes personajes nuevos y sé dónde situarlos, pero a lo mejor pueden ser un pequeño tributo hacia ustedes... Errr, no sé si me habrán entendido, pero en fin... Si lo hablamos ya lo entenderán n.n

Ejem, y apareció Hao de nuevo!! En una situación... un tanto rara, ¿no les parece? Vendedor de celulares!! Esto sí que es raro!! Pero ya lo dice él, necesita estabilidad, y sobre todo de la económica. Hasta el espíritu del fuego se aburre porque no hay ni batallas ni nada. Pero ya verán que, poco a poco, volverá a la carga. Ya no más, mata a uno para alimentar al espíritu xD Sean pacientes, ¿eh? Que sólo estamos en el principio del fic!!

Bueno, ahora, disclaimer:

Takei-sama creó Shaman King, así como sus personajes y todo su universo relacionado con la serie. Yo sólo lo tomo para crear una historia basada en la serie pero sin fines lucrativos.

Todas las marcas, películas, títulos y canciones que aparecen en este capítulo pertenecen a sus respectivas compañías, discografías y autores, etc, etc..., yo únicamente las tomo prestadas para dotar de sentido a la historia.

Los personajes Michiru, Mayumi, Hazuki y Momoko son personajes creados por mí. Así como el ejecutivo borracho, la ricachona con el chihuahua y el jefe de Hao xD

Todo lo demás, así como este fic, son de mi propiedad y vienen de mi imaginación, no he plagiado ni tampoco he copiado de otros fics, por lo tanto los capítulos y la historia están sujetos a mis derechos de autor.

Jeje, voy a despedirme. Si tienen mi e-mail, podrían hablar conmigo sobre el tema de personajes... tienen una ventaja pues ustedes "aparecen" en el fic y saben por adelantado lo que ocurrirá xD Si las ideas las tengo en mente y no me faltan. Pero transcribirlo en la computadora ya es un poco más complicado.

Ya no más, espero que el capítulo les haya sido de su agrado. Reviews, no sean perezosos! XD Les mando muchos besitos y que se cuiden mucho.

Con todo mi amor...

Anna Mary Marian