Hacía un día espléndido.
El sol se alzaba sobre la montaña en un cielo sin nubes, presagio de que el cercano solsticio de verano iba a venir con la bendición de Celestia. La temperatura era agradable, incluso había quienes decían que hacía calor. Y eso es mucho decir en Mountain Peak.
En el pueblo sonaba música de diversos instrumentos, aunque predominaban las flautas de distintos tipos. Al otro lado del torrente, sobre una ligera pendiente alfombrada de flores, la mayor parte de los vecinos de Mountain Peak se reunían. Cantaban algunas de las melodías que los músicos, entre los que se encontraba Glittering Light, tocaban.
Los ponis abrieron un pasillo entre ellos, dejando que dos figuras avanzaran por él. Ambos llevaban un collar de flores hecho especialmente para la ocasión. En la parte más baja del mismo colgaba un símbolo tallado en madera: un nudo de los antiguos Ponceltas que simbolizaba el amor eterno. La crin de Star Whistle había sido alisada, cayendo sobre su cuello mecida por la brisa. Mulberry la llevaba recogida en una trenza que recorría su cuello hasta la espalda. Ambos llevaban sobre su lobo un pequeño fardo de tela.
Al final del pasillo un solitario y anciano poni esperaba, en pie y sonriente, a la feliz pareja. Cuando estuvieron frente a él, las canciones llegaron a su fin. Su voz fue lo único que se escuchó los siguientes minutos.
- Queridos amigos, hoy se marca un nuevo comienzo en Mountain Peak. Pues todos nos conocemos por distintos motivos. Por ser amigos, por ser hermanos, por ser recolectores o carpinteros. Pero al final, todos en Mountain Peak somos una gran familia, somos hermanos. Y es esa unión la que...
Mulberry dejó de prestar atención a Soaring Wisdom. Pensaba en Star Whistle. Hasta hacía solo algo más de medio año, la consideraba solo una gran amiga. Pero no fue hasta que la vio en peligro que se dio cuenta de lo que la yegua significaba para él. Fue cuando supo qué era lo que realmente sentía. Durante mucho tiempo pensó que él era un poni solitario, y que no necesitaba pareja. Pero la verdad es que no podía imaginarse con ninguna yegua que no fuera Star. Ella le daba sentido a su mundo, un mundo en el que él había sentido cosas que sólo su novia, su mujer, comprendía. Nunca permitiría que nada la dañara. Nunca.
De pronto escuchó la voz de Star diciendo "Lo juro". Tardó unos segundos en salir de su ensimismamiento.
- Eh, ¿qué?
- ¿Lo juras, Mulberry? -preguntó Soaring Wisdom
- Este... ¿cuál era la pregunta?
Star se llevó una pezuña a la cara mientras los presentes reían sin malicia. Soaring rió también y repitió la pregunta:
- ¿Juras amar y proteger a Star en la enfermedad y la salud hasta que la noche eterna te reclame?
- Lo juro -respondió Mulberrry
Soaring Wisdom cogió dos cerezas unidas y las entregó a la pareja. Cada uno cogió una y, mirándose a los ojos, se la comieron. Un símbolo de la vida y de la unión. Después se giraron a la vez y caminaron hacia sus Glittering Star y Berry Punch. Casi a la vez cogieron el fardo que llevaban, lo desenvolvieron, y se lo dieron a sus respectivas madres. Eran dos abrigos que ambos habían utilizado durante su niñez. Al devolvérselo a sus madres, como símbolo de ruptura, se separaban definitivamente de sus familias para formar la suya propia. Glittering Star no pudo contener una lágrima mirando a su hija, ya adulta. Star y Mulberry volvieron frente a Soaring Wisdom, sonriendo.
- Habéis jurado protegeros y amaros hasta vuestro último amanecer. Habéis compartido comida, la esencia de la vida, como iguales. Habéis roto definitivamente con vuestras familias para formar la vuestra. Que el sol sea testigo de este juramento, que Celestia bendiga esta unión. Hoy dejáis de ser niños. Hoy camináis como desposados. Hoy formáis una nueva familia.
Star Whistle y Mulberry se besaron, y los vecinos estallaron en aplausos y gritos de alegría.
La fiesta por la boda duró todo el día. La música sonaba sin cesar, la bebida fluía, y los vecinos se encargaban que en todo momento hubiera comida en abundancia. Las bodas en el pequeño pueblo siempre fueron un motivo de gran alegría y celebración. Incluso aquellos que no simpatizaban con Star Whistle acabaron uniéndose.
Cuando la noche estaba a punto de llegar la fiesta se acercó a su fin. Glittering Light dejó los instrumentos y ayudó a recogerlo todo. Una vecina miró alrededor y le preguntó:
- ¿Dónde están los novios? Hace rato que no los veo.
- Desaparecieron hace un par de horas -dijo Glittering con una sonrisa- como debe ser.
Montaña abajo, un poco más arriba del ya reparado y limpio refugio, Star se recostaba sobre el flanco de Mulberry mientras ambos miraban el anochecer. Hacía rato ya que se los collares de flores descansaban en el suelo. Star sentía por primera vez el peso del futuro frente a ella. Estaba lleno de incógnitas. Pero había algo seguro: el poni junto al que pasaría el resto de su vida.
- Te amo Mulberry.
- Y yo a ti, Star -respondió él sonriendo.
El sol se ocultó. Los recién casados recibieron a la luna besándose.
Tres semanas después Star notó... cambios en su cuerpo. Tenía un hambre rara, se levantaba sintiéndose bastante mal, y tenía más cambios de humor de lo normal. En el fondo sabía lo que era, pero... necesitaba una segunda opinión. Salió temprano -ya vivía con Mulberry- y fue a casa de su madre. Cuando Glittering abrió la puerta miró a Star de arriba abajo y le dijo:
- ¿Vienes a decirme que voy a ser abuela?
- Que... ¿Qué? ¿Pero cómo...? -balbuceó Star
- Hija, soy tu madre, ¿cómo no iba a darme cuenta? -respondió Glittering tocándose la nariz.
Star palideció y se tambaleó un poco. Glittering corrió a su lado para que se apoyara, riendo divertida. Recordaba como, hacía ya 16 años, ella había reaccionado igual. Hizo entrar a su hija en la casa y le puso una infusión caliente delante.
La joven poni estuvo un rato en shock, pero a los pocos minutos empezó a sonreír y a murmurar "voy a ser madre... voy a ser madre".
- ¿Lo sabe ya Mulberry?
- No. Creo que será mejor que prepare las sales para cuando se lo diga. Creo que le dará un patatús.
Las dos yeguas echaron unas carcajadas, comentando todas las formas en que podría reaccionar Mulberry ante la noticia. El siguiente rato Glittering le explicó a Star cómo había sido para ella quedarse embarazada y cómo cambió su vida: que se mudó a Mountain Peak para asentarse, cómo la ayudaron muchos de los vecinos, y cómo decidió su nombre.
- Cuando naciste no sabía qué nombre darte. Era verano, salí fuera y vi una estrella fugaz. Pensé que era como un silbido y se me ocurrió: Star Whistle (silbido estelar). ¿Sabes ya qué nombre le pondrás?
Star pensó sobre ello. En Mountain Peak había una tradición respecto a los nombres. La madre ponía el primer nombre a su hijo, y el segundo se lo preguntaba a su hermana o a su mejor amiga. No todos la seguían. Star tuvo claro el primer nombre de su futuro hijo.
- Creo que le llamaré... Sweet, o Swetie.
- ¿Y el segundo nombre? Porque Sweet solo no queda muy bien.
- Le preguntaré a mi hermana, mamá.
- No tienes remedio hija -dijo Glittering sonriendo-, no tienes remedio.
Varias horas después Star le dio la noticia a Mulberry. No, no hizo falta usar las sales para despertarle. Aunque sí que hizo falta ir a casa del destilador para conseguir una botella de la sidra más fuerte que tuviera. Más tarde Mulberry saldría de su casa en medio de la noche, sonrojado por el licor, y gritaría "¡Voy a ser padre, Mountain Peak!¡Voy a ser padre!", y Star, avergonzada, intentaría impedirlo sin éxito.
El verano acabó, dejando pasar a un otoño y un invierno más suaves de lo acostumbrado. Star Whistle cumplió 16 años, y para cuando cayeron las primeras nevadas su embarazo ya se dejó notar. Calculó que daría a luz al finalizar la primavera, o a principios de verano.
La curandera esperó impaciente la llegada de su amiga loba. Esperaba escuchar su aullido cualquier noche, como siempre había sido. Pero de hecho un día se se incorporó en su cama sin previo aviso. Mulberry se despertó al notar el movimiento.
- ¿Qué ocurre, cariño?
- La manada está en el valle -dijo la poni- lo noto.
- Ahm... ¿y cuándo crees que llegarán?
- Mañana.
- Entonces... buenas noches...
Mulberry volvió a dormirse.
Al día siguiente Star informó al consejo de ancianos que iría a reunirse con la loba y que pasaría algunos días fuera. Esa misma noche descendió la montaña con Mulberry hasta el refugio. Hacía algo de viento, y con él vino un olor que Star reconoció.
- Oye Mulberry, no te asustes por lo que va a pasar -dijo Star riendo divertida.
- ¿Qué?
De pronto cinco sombras grises salieron de la nieve: cinco lobeznos. Dos cayeron sobre Mulberry. El poni no se lo esperaba, y aunque eran más pequeños que él, no pudo evitar perder el equilibrio. Los otros tres fueron a por Star, pero ésta se adelantó a su ataque. La poni dio un paso y esquivó al primer lobezno. Al segundo lo empujó tal como cayó sobre su grupa, tirándolo al suelo. El tercero logró engancharse a su lomo. Star siguió el movimiento de su atacante, se dejó caer de lado, rodó sobre la nieve y cuando se levantó inmovilizó al último lobezno con una pezuña.
- Te he matado, pequeño.
- ¿Cómo nos viste llegar? -preguntó el lobezno
- Atacasteis con el viento de espalda. Os he olido.
- Star, ¡socorro! -gritó un desesperado poni
Star miró a Mulberry, que seguía en el suelo mientras cuatro lobeznos se ensañaban con él, jugando.
- ¡Bienvenido a la paternidad, cariño!
- Muy graciosa... ¡ay!¡Que me suelte la crin, que me suelte la crin!
La poni se acercó y, tras hablar en lobo, los lobeznos dejaron a Mulberry. Éste se levantó, sacudiéndose la nieve de encima.
- Juegos de lobo, ¿eh? -preguntó él, casi riendo
- Lo que te conté, así jugábamos mi amiga y yo.
Star miró a la camada de lobeznos. A dos los reconoció, los había visto el año pasado. Pero los otros tres eran muy jóvenes y no los conocía todavía. La conexión con sus hermanos lobos le dijo que habían nacido hacía varias semanas y que eran...
- Veo que has conocido a mis crías, hermana poni. Y que pronto yo conoceré a las tuyas.
La loba, la vidente de los lobos invernales, apareció. Star corrió hacia ella y la abrazó. Mulberry la saludó bajando la cabeza.
- ¿Son tus hijos? Debes enseñarles mejor, una poni les ha cazado.
- Tienen mucho que aprender. Y tú tuviste a la mejor maestra, hermana.
Los lobeznos miraban a la poni y la vidente hablar perfectamente en lobo, curiosos. La poni miró montaña arriba.
- Mi pueblo no quiere que la manada esté en la montaña, tienen miedo. Quizá deberíamos bajar.
La loba miró hacia el poblado poni, y su ojo azul empezó a brillar. Tras unos segundos dijo:
- No te preocupes. Ningún poni te ha seguido. Podemos descansar un rato y luego volver al valle.
Todo el grupo fue a la cabaña. Star sintió que había más lobos en la montaña, lo bastante cerca para intervenir si había problemas, pero lo bastante dispersos como para no asustar al poblado de ponis. En cuanto llegaron Mulberry encendió la chimenea. La casa estaba ya completamente reparada y no quedaban restos de la batalla que ocurrió el año pasado. La vidente notó un artefacto peligroso junto a la entrada. Era una lanza. Star la había colocado ahí después de reparar la cabaña. La loba no necesitó preguntar, supo que su hermana poni había traído un arma para poder proteger a la manada si volvían a ser atacadas.
Un rato después, Star y su hermana loba hablaban en privado, mientras Mulberry jugaba con los lobeznos.
- Quería pedirte algo, hermana -empezó Star-. Entre los ponis es tradición que la madre ponga un nombre a su cría, y que la hermana de la madre ponga el segundo nombre. Quiero pedirte a ti que nombres a mi futuro hijo.
- Los lobos no usamos nombres, poni -explicó la loba-, sólo los usamos cuando un miembro de la manada debe abandonarnos. Para que no olvide quién es cuando esté solo.
- Pero... mi hija estará lejos de la manada. Yo tengo un nombre. Ella necesitará uno.
La loba se quedó en silencio. Star supo que estaba meditando. Miró a Mulberry. Estaba echado en el suelo, con el trasero levantado y las patas delanteras estiradas, como a un lobo al acecho. Los cinco lobeznos estaban frente a él imitándole. ¿O era Mulberry quien imitaba a los lobeznos? Cuando hizo un movimiento todas las crías se lanzaron sobre él, lanzando grititos de diversión. Mulberry se dejó derribar.
De pronto la loba pronunció un gruñido. La poni la miró.
- No te entendí.
- El nombre de tu cría.
Y la loba repitió el mismo gruñido. Star se impresionó ante todo lo que implicaba ese gruñido. No lograba traducirlo, se dio de que era su conexión con la manada la que dotaba de sentido a ese sonido, aparentemente, sin significado. Implicaba amistad, hermandad, lealtad, respeto... todo junto y en un único gruñido. Nunca podría traducirlo. Pero, pronunciado por un poni sonaba como... Grauj. Star sonrió a su amiga.
- Decidido. Mi cría se llamara Swetie Grauj.
Los meses pasaron. El invierno fue uno de los más suaves recordado por Mountain Peak. Casi no tuvieron que hacer uso de las provisiones. Pero lo cierto es que los espíritus de la tempestad habían dormido más de lo habitual, y despertaron con especial furia en primavera.
Una impresionante tormenta estalló una noche a finales de la estación. Los rayos y relámpagos refulgían, y los truenos que los acompañaban hacían retumbar la montaña con sus rugidos. Los habitantes del pueblo estaban inquietos. Pero no por la tormenta, a eso ellos ya estaban acostumbrados. Era por otro motivo.
Hacía varias horas que Star Whistle había roto aguas. Estaba en su casa, y su propia madre, Glittering Light, la estaba ayudando en el parto. Pero éste parecía alargarse más de lo normal.
Tras la caída de un rayo demasiado cercano al pueblo vino un ensordecedor trueno. Cuando el eco de éste guardó silencio, todo quedó en silencio. Sólo los vecinos más cercanos a la casa de Star Whistle y Mulberry escucharon el llanto de un bebé.
Una sonriente y un poco temblorosa Glittering Light se levantó, llevando una pequeña criatura entre sus pezuñas. Berry Punch, que parecía emocionada, se apartó a un lado. Glittering se acercó a su hija. Star estaba sudorosa y agotada. Mulberry le sostenía una pezuña con firneza, pero todo había acabado al fin. Glittering le pasó al bebé, y la primeriza madre lo tomó en sus pezuñas por primera vez.
- Es una potrilla, Star. -dijo la radiante abuela.
Star y Mulberry miraron a su hija. Tenía el pelaje de color gris claro, un poco más oscuro que el de su madre. Sus crines, celestes, caían húmedas sobre su cuello, dejando entrever ocasionales mechones blancos. Hubo un relámpago cercano, y con el resplandor la bebé abrió los ojos, de un profundo color dorado. Mulberry abrazó a las dos y susurró:
- Bienvenida al mundo, Swetie Grauj.
Swetie Grauj intentó enfocar a su madre. Después cerró los ojitos y se quedó dormida.
A muchas leguas de distancia de ahí, la vidente de los lobos invernales sintió la alegría de su hermana poni.
Swetie Grauj. Si habéis leído el fic "Los peligros de la civilización" ya habéis visto la relación entre ambas historias, ¿verdad?
Espero que os esté gustando. Calculo que queda capítulos para acabar.
Se agradecen críticas constructivas. Un saludo!
