Ron no sabía qué decir. Por una parte agradecía el hecho de saber que Viktor también deseaba ayudar a Hermione cuando ella lo necesitase. Sentía más confianza en el moreno que en el castaño. Pero tampoco le agradaba la idea de que hubiera otra persona más pendiente a la castaña en cuanto a iniciar una relación con ella.

Si se querían tanto con Hermione, se preguntaba por qué eran amigos con derecho, y no novios.

¿Me escuchaste, Weasley?

Sí, Krum. Fuerte y claro.


Capítulo XIII Rescatada

Proposiciones acertadas


Los chicos se encontraban en la casita compartida debatiendo si ir o no ir a la fiesta que se había planeado en la librería. Había sido idea de Lavender, la cual fue muy bien acogida por todos los trabajadores. Era sábado por la noche, mañana sería legalmente el último día de vacaciones.

–Las fiestas que se hacen en la librería son súper divertidas, Herms –le contaba Ginny. Ambas chicas estaban en la habitación, conversando y viendo un álbum de fotos de la pelirroja–, se juntan unas cuantas mesas en la sección de la bodega, hay bebestibles y cosas para picotear. A Viktor le nace su encanto de DJ, el DJ reprimido, como se dice él mismo.

–No lo sé… no me gustan mucho las fiesta, soy bastante… callada.

–Dime, ¿cuándo fue la última vez que saliste a una fiesta? ¿A divertirte, bailar, comer basura, beber un poco de alcohol? –Hermione se quedó pensando un momento en alguna situación que se asemejara a todo lo que la pelirroja le enumeraba.

–Creo que hace bastante tiempo.

–Entonces, tenemos que ir. No será tan malo, verás que la pasarás muy bien, y estaremos los cuatro.

–Y también estarán Cormac y Hannah –habló en voz alta, bufando suavemente.

–Bueno… sí, estarán ellos… pero se supone que también se tendrán que marchar. ¿No? Las vacaciones aquí ya culminaron, se me ocurre que donde ellos viven, también.

–En eso tienes razón. Esta vez sería la última ocasión donde podría verles. Nunca me junté a conversar con Hannah acerca de las cosas.

–¿Querías conversar con ella?

–Una parte de mí sí. Me sentía como en la obligación de querer recuperar algo de nuestra amistad. Pero supongo que esto es lo mejor.

–Hannah ha intentado hablar conmigo en muchas ocasiones.

–¿Te dice cosas con respecto a Ron, Cormac?

–No… hablamos de cosas muy triviales. Es una gran persona, me es de mi agrado.

–No es una mala chica, es bastante simpática y buena amiga. Solamente nos distanciamos.

–Por lo mismo, creo que una salida conjunta no nos vendrá nada de mal.

–¿Quiénes estarán?

–Los de siempre, Viktor, Lavender, Cormac, Hannah, Dean, Susan, nosotros… te puedo prestar un conjunto bastante lindo que tengo sin estrenar en mi closet –le animó–, y tratamos de controlar esos rizos tan… rebeldes que tienes –comentó con risa.

–Está bien, vayamos a la fiesta.

Ginny fue a buscar a los chicos y les comentó la afirmación para que se preparasen y alistasen para salir en la noche. Las chicas fueron las primeras en ocupar el baño, y mientras se dedicaban después a vestirse, maquillarse y mirarse en el espejo, Ron y Harry ocupaban el baño tranquilamente. El azabache cruzó a un negocio de la esquina y compró un par de bebidas, mientras Molly les preparaba unos canapés de diversas salsas para que llevasen como cooperación. El pelirrojo fue a llenar el estanque del vehículo, y cuando llegó nuevamente a la casa, se encontró con que las chicas ya estaban listas.

Ginny lucía una faldita de color blanca tableada que le cubría lo necesario, dejando sus piernas largas y firmes a la vista de todos, enfundadas en una pantis del mismo color de su top sin mangas verde esmeralda. Harry le sostenía una chaqueta blanca en caso de que le diese frío durante la velada, y buscaba ella entre el bolso de mano, de la misma tonalidad de su falda y sus zapatillas de taco corto, el celular para cerciorarse que tuviera la misma hora que marcaba el reloj de la pared del living. Llevaba su cabello alisado y suelto. Los mechones rebeldes los aguardaba detrás de sus orejas, así, se apreciaban los aretes que le había obsequiado Harry en las navidades pasadas.

Hermione llevaba unos jeans que se ajustaban a su figura, de un tono azul casi negro. Cubrían desde sus tobillos, dejando a la vista unas sandalias que daban a entender que seguían amarradas más arriba, hasta la curvatura de sus caderas. Ginny le dijo que se pusiera un top que ella aun no estrenaba, y que cuando se lo hizo probar definitivamente había decidido obsequiárselo. Este se amarraba en la parte de atrás del cuello, dejando libres los hombros y parte sugerente de su espalda. Esta le caía ajustadamente hasta sus caderas, marcando toda su silueta de manera agraciada. Su cabello estaba recogido en una coleta, de la cual caían como cascada los rizos definidos con una crema para peinar.

–Combinas con el color de ojos de Ron –le susurraba con picardía Ginny a su amiga, quien se encontraba sonrojada por la mirada de Ron al verla.

–Harry, ayúdame a dejar las cosas en el auto –le pidió la pelirroja a su novio. Ambos salían del living a donde se encontraban.

–Estás… muy linda.

–Gracias, tú también estás muy apuesto –le elogió, al observarle con sus cabellos aun húmedos por el baño, y esa camisa que se ajustaba a su cuerpo, haciendo invitación a que ella posara sus manos en aquel pectoral que se le hacía agua a la boca.

Hermione se acercó más hacia Ron, y sin vergüenza le besó en los labios. Ron le correspondió inmediatamente, abrazándola y atrayéndola para dejarla prisionera entre la pared y su cuerpo.

–Realmente estás muy hermosa esta noche –susurró en su oído, provocando que ella sonriera aun más, y le besara con ternura.

–Será mejor que nos vayamos –contestó, separándose de él. Ron le robó otro beso, y juntos se fueron a despedir de su madre. Harry y Ginny ya estaban sentados en el vehículo, esperándoles.

.

Llegaron y vislumbraron que ya había movimiento en la bodega de su trabajo. Se escuchaba la música de moda con un volumen moderado para conversar y estar atento a qué eran lo que decían las personas que ya se encontraban allí, disfrutando de la velada. Unas luces de navidad de tonalidades doradas eran las encargadas de alumbrar el techo del lugar, donde se encontraban todas las cajas apiladas en una esquina. Habían predispuesto tres mesas largas, cubiertas con manteles de distintos colores, rodeadas de sillas dispares.

–¡Chicos, bienvenidos! Qué bueno que hayan venido –les saludaba cordialmente Susan, que se encontraba conversando con Dean en la entrada de la bodega.

–Muchas gracias, Su. Trajimos unos canapés y bebidas –informaba Ginny, luego de saludarla con un beso en la mejilla.

–Todo lo que sea picoteo y bebestible está en la mesa, pasen a dejar las cosas allí. Estamos esperando a los primos que aun no llegan –comentaba feliz.

Ron involuntariamente miró a Hermione, la cual no se inmutó ante lo anunciado por Susan. Se alegró y decidió no pensar en ellos como enemigos. Él era quien estaba ahora con Hermione. Tenía sus besos, sus abrazos, vivía con ella… ellos se irían y posiblemente no les vería jamás nunca.

–Herms, estás muy guapa hoy –le saludaba cordialmente Viktor, tomando la mano de la castaña para besarla. Ella se sonrojó por aquel gesto y sonrió avergonzadamente.

–Hola Viktor. ¿Tú decoraste todo este sitio? Te ha quedado muy lindo –expresó con alegría. El moreno cerró los ojos orgulloso.

–Buenas noches, Viktor –podría estar relajado frente a Cormac, pero por las dudas, no iba a permitir que Hermione se acercara demasiado a Viktor.

–Buenas, Ron –pronunció serio. Dirigiéndose a saludar a Cormac y Hannah, que llegaban junto a Lavender.

–Entonces yo le dije, lo siento, eres demasiado aburrido para mí, y comenzó a llorar delante de todos nuestros amigos.

–Lavender, eso fue muy cruel, pero me habría encantado haberle visto la cara a ese pobre chico –se escuchaban como conversaban animadamente. Cormac estaba detrás de ella, observando el lugar con tranquilidad.

–¡Sí que quedó muy bien arreglado este lugar!, pensé que no tenías estilo, Vik –Hannah le saludaba con un beso en cada mejilla, y hacía lo mismo con todos los que ya se encontraban allí–, qué lindo que estés aquí también, Hermione. Cormac y yo, tenemos algo que contarte –le decía animada.

Hermione se encontraba bebiendo un poco de bebida junto a Ginny, ella miró a su amiga y la pelirroja le devolvió una mirada que no supo expresar con claridad.

–¿Quieres que te deje sola con ella? –preguntó Ginny a Hannah.

–Hum… no lo sé, me da realmente lo mismo, no es algo del otro mundo que le quiera contar a Hermione –opinaba, con voz baja–, llamaré a Cormac para que esté conmigo ¡Cormac! –gritaba desde el mismo sitio. Se apartó un poco, porque este se encontraba conversando con Harry acerca del clima.

–¿Qué te querrá decir?

–No lo sé Ginny. Supongo que se querrá despedirse de mí.

Ambas chicas esperaron a que llegara otra vez Hannah, pero la aludida se quedó charlando con Lavender y Susan. Harry y Ron llegaron donde ellas, y los cuatro se sentaron en la mesa a charlar. Los demás les imitaron y al tiempo, estaban todos juntos conversando acerca del verano y lo que esperaban para el año escolar que estaba a punto de iniciar.

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Dos sombras se encontraban por fin.

Una llevaba media hora esperándole, la otra, llegaba respirando agitada por la corrida. Se saludaron con angustia, percatándose de que nadie les estaba observando. Luego que la respiración de quien llegaba se calmase, comenzó a hablar.

–Tenemos que andar con cuidado. Hasta el momento, nadie sospecha nada de nosotros.

–Por lo mismo, tendríamos que andar con muchísima más cautela. ¿Tu novio no se entera de tus salidas nocturnas? ¿O de las llamaditas que nos hacemos?

–No. Algo bueno es que tiene el sueño lo bastante pesado, y que confía demasiado en mí.

–No hay que abusar de aquello –miró a su alrededor. Al percatarse que se encontraban solos, y a la sombra de un gran árbol, le robó un beso mientras le atracaba entre la corteza del este y su cuerpo. Sus cuerpos se reconocieron de inmediato, y las caricias aparecieron como por arte de magia–, De todas formas, ¿sabes qué decir en caso de que algún día no te encontrases cerca de él y te preguntara?

–Por supuesto que sí. ¿Me crees tonta?

–Para nada, cariño –volvió a besarla con más ahínco. Él comenzó a excitarse, y se lo hizo saber llevando las manos de ella hacia su miembro.

–Parece que hoy tendremos diversión –acotó, dejando libre su cabello que hacía instantes previos, permanecía atrapado en una coleta.

Con la misma fugacidad en que se encontraron, se escaparon a una noche de pasión para celebrar que su plan marchaba a la perfección.

.

El ambiente en la bodega estaba más que alegre, todos bailaban con la música más fuerte, moviéndose al ritmo de las percusiones que retumbaban entre las cuatro paredes. Ginny bailaba con su hermano o Harry, Hermione, con su amigo y Ron. Jugaban a intercambiarse parejas cada cierto tiempo y compás de la melodía. Definitivamente, habían hecho bien en haber querido disfrutar de aquel festejo.

–¿Nos tomamos un descanso? –propuso Harry, abanicándose.

–Bueno, vamos a tomar asiento un momento nosotros, ustedes sigan bailando –les avisaba Ginny a su hermano y Hermione. Los dos siguieron bailando alrededor de los demás invitados. El hombro de Hermione chocó con el de Hannah, haciendo que ambas dejaran de bailar. Ella le estaba observando hacía rato, al parecer.

–¿Podemos hablar ahora? –le preguntó a la castaña.

–¿Qué dices, Hannah? –le pedí que le repitiese la pregunta, apenas le había escuchado producto de la música.

–De que si podemos hablar, por favor –solicitó, acercándose a su oído.

–Vayan, yo iré a tomar un descanso también –Hermione le miró con un toque de pena, no quería separarse de él. Ron captó su mirada, y viendo que se acercaba Cormac, le robó un beso que desconcertó a Hannah–, te estaremos esperando –le acarició un poco su brazo y se marchó a donde su hermana.

–Vamos afuera, aquí hay mucho ruido –Hannah obedeció y se fue siguiéndola, arrastrando a Cormac con ella.

En efecto, el sonido quedaba al interior de la bodega, donde se estaba más abrigada también. Sintió como el frío de la noche le hacía estremecerse un poco.

–¿Quieres la chaqueta? –Cormac se comenzaba a sacar su prenda para ofrecérsela, cosa que ella rechazó de inmediato.

–No, no te preocupes, muchas gracias –contestó, esperando a que ellos hablasen. Se quedaron un silencio y ella bufó–, ¿qué me querías decir, Hannah?

–Planeaba que tuviese un tinte de sorpresa, porque creí que te agradaría, pero ya vez como han avanzado las cosas entre tú y yo estos últimos días…

–Hannah, por favor no comiences de nuevo con el mismo tema. Basta de meternos el dedo en la herida –contestó algo exasperada.

–No se trata de meter el dedo en la herida, Hermione, se trata de poder volver a recuperar todo lo que nos hemos perdido.

–Si querías decirme eso… pues, déjame decirte una cosa. Siempre serás importante en mi vida, te quiero y estimo muchísimo. Pero ahora hay personas que tienen un rango de importancia más importante… un rango que tu tuviste por mucho tiempo, sin siquiera haberte enterado –hizo una pausa para tomar aire, había dicho aquellas palabras de forma rápida, para que no le dolieran–, y si eso es todo, voy a entrar, está un poco helado aquí afuera.

–No. No quería decirte aquello. Cormac y yo necesitábamos contarte otra cosa –el nombrado bajó su vista, cortando el contacto que había estado tratando de hacer con la castaña.

–¿Se vienen a despedir de forma personal?

–No Hermione, nosotros no nos vamos a ir de aquí –la aludida se quedó mirándoles seriamente–, no hemos venido de vacaciones. Nos hemos trasladado. Seguiremos nuestros estudios en esta ciudad –eso fue lo que hizo reaccionar a Hermione y sacar su seriedad y adentrarse al mundo de la sorpresa.

–¿Qué hicieron qué?

–Lo que escuchaste –habló Cormac por primera vez desde que salieron–, ella y yo nos hemos venido a vivir aquí, a estudiar aquí… hemos cambiado todo el curso de nuestra vida.

–Es lo que debimos de haber hecho hace años atrás, Hermione. Hemos decidido venir por ti. Si tú quieres, puedes irte a vivir con nosotros, tenemos una casa pagada, no tenemos grandes gastos. No iremos a la misma universidad, porque nuestras especialidades son muy dispares a la tuya, pero así podremos recuperar todo el tiempo perdido viviendo juntas, como imaginamos años anteriores, ¿te acuerdas? Una limpiando, la otra estudiando, después nos íbamos a intercambiar lo papeles. Jugaríamos los fines de semana, cantaríamos karaoke e invitaríamos a nuestros amigos en común –Hannah fue hablando con menos volumen. Unas lágrimas trataban de no abandonar sus ojos. A Hermione se le partía el corazón. Escuchar de boca de su amiga los antiguos planes que tenía en su vida le hacía remontar tantas cosas. Tantos recuerdos buenos, tantas vivencias malas que también obtuvo. Por qué habían dejado de comunicarse, se lamentaba–, ¿qué me dices?

–Lo que me acabas de decir… me ha dejado sin habla –respondió con dificultad–, es realmente precipitado el haberte mudado con toda tu vida armada.

–Lo hacemos por ti. Porque tú ibas a hacer lo mismo con tu vida.

–¡Por Dios, Hannah! ¡Eso fue hace años atrás! –la nombrada comenzó a llorar sin detener los lagrimales que caían espesos por sus ojos. Cormac se paseaba como león enjaulado, mas no decía nada–, han cambiado tantas cosas, Hannah, han pasado tanta agua por debajo del río. Yo ya estoy armando mi vida…

–¿Eso quiere decir que no te vendrás a vivir con nosotros? –cortó Cormac, quedándose quieto al frente de ella.

–No. No lo haré. Lo siento –expresó luego de unos instantes de silencio–, ustedes ya hicieron su vida, y yo también seguí con la mía. Ni siquiera debieron de haberse aparecido por aquí.

–Estás siendo muy injusta con Hannah, Hermione.

–Y lo siento. Pero no creo que se trate de justicia o injusticia la toma de mis decisiones. Yo ya tengo una casa, y estoy bien allí. Que ustedes dos lleguen con ideas y panoramas donde me incumben y yo me entero a los días previos de su realización…

–Nosotros estamos tratando de recuperar lo perdido.

–Pero no de esa forma, Cormac. Date cuenta, han pasado años, tú has crecido, Hannah ha crecido, yo también lo he hecho. Cada uno de nosotros ya comenzó por realizar sus sueños de forma independiente.

–Por favor, piénsalo –pidió él, acercándose a ella.

–No hay nada más que pensar. Nos seguiremos viendo aquí por el trabajo, y eso será todo.

–¿De verdad que no quieres vivir todas las cosas que vivimos juntos hace tiempo atrás? –interrogó, acariciándole sus brazos.

–¿Pasa algo, Hermione? –Viktor salía de la bodega, planeaba ir a comprar un par de cervezas, pero al ver la incómoda situación decidió no pasar desapercibido.

–No. No pasa nada –objetó ella, zafándose del agarre que estaba teniendo Cormac con su cuerpo. El moreno vio a Hannah, quien se secaba las lágrimas con sus puños.

–Seguiremos esta conversación otro día.

–No lo creo, Cormac.

–¿Herms? –consultó Ginny, que salía del brazo junto a Harry.

–¿Habría alguna posibilidad de que me pudieses llevar a casa, Harry?

–¿Alguien te hizo algo? –inquirió, al ver la incómoda expresión de todos los que estaban afuera, incluido Viktor.

–No. Pero digamos que estoy muy cansada, y me gustaría marcharme.

–Nos vamos todos entonces.

–No Ginny. Ustedes la están pasando de maravilla, y Ron también. No tengo por qué joderles el panorama.

–¿Estás segura que estás bien?

–Sí Harry, solo deseo irme a casa –Harry de devolvía a entrar, pero Hermione le detuvo–, no le avises a Ron, de seguro que si sabe que me voy también querrá irse.

El azabache asintió, y le consultó a Viktor si quería que lo llevase a una botillería. Este agradeció el favor, y se subió en la parte trasera del vehículo.

–Ron se enfadará cuando se entere de esto –le amenazó Harry a su amiga, mientras Viktor compraba las cervezas en la botillería.

–Lo sé… pero prefiero hablar y solucionar las cosas con él mañana.

–Algo sucedió con esos tipos, ¿verdad?

–Sí… digamos que mi respuesta no les cayó del todo bien. Pero no me interesa. Estoy bien sin ellos.

–Igual es una pena que se hayan despedido de aquella forma.

–No nos despedimos. Ellos se han mudado a esta ciudad. Han trasladado sus estudios, convalidado el trabajo, todo.

–¡Oh!

–Así misma quedé yo, algo sorprendida con su decisión.

–¿Y eso recae en ti? ¿Su decisión?

–Me hicieron ver que sí. Cormac se estaba poniendo algo cargante.

–¿Se atrevió a hacerte algo?

–No, Viktor llegó como todo un superhéroe. Le quiero mucho.

–Si Ron te escucha decir aquello, probablemente estalle en llamas.

–No tendría por qué… él sabe… lo que yo siento.

–¿Y tú sabes lo que siente Viktor por ti?

–Somos amigos.

–A él le gustaría que fuesen más que eso.

–Lo dices para que me sienta culpable por lo que acabo de decir.

–No. Él mismo habló con Ron el otro día, y le mencionó todo lo que sentía por ti –Hermione se quedó callada. Viktor llegó y agradeció nuevamente por haberle esperado. Harry condujo hacia la casa y Hermione se bajó.

–Nos vemos, Hermione –fue la frase que ocupó el moreno para despedirse de ella. Hermione asintió regalándole una sonrisa.

.

–Tú me vas a decir qué fue lo que hablaron con Hermione –acusó Ginny a la chica que se encontraba borrando la marca de las lágrimas en el baño.

–Le dijimos que no nos iríamos.

–¿Eso nomás?

–Le propusimos que se fuese a vivir con nosotros –le respondió–, pero dijo que no.

Ginny tuvo ganas de reírse, pero luego desistió de aquello. Hannah estaba muy triste, y podía imaginársela llorando nuevamente si ella seguía hablando del tema.

–Perdiste a una muy gran amiga, Hannah.

–Lo sé. A pesar de lo que dijo, Cormac y yo no nos iremos. Vivimos aquí con un propósito. No pienso dejar a Hermione nunca más sola.

–Ella ya no está sola. Nos tiene a nosotros, y tampoco le falta nada.

–Tú no la conoces lo suficiente.

–No me importa, tengo la vida entera para hacerlo. No la voy a dejar –agregó la pelirroja, saliendo del cubículo pequeño.

Hannah se apoyó en el lavamanos, pensando en cómo le había anunciado la noticia a Hermione. Se remontó a aquellos tiempos en donde ambas soñaban las mismas cosas.

–De seguro que ella y yo seríamos muy felices ahora, junto a Cormac –habló para sí misma. Salió del baño y chocó con Viktor, quien se dirigía al mismo sitio de donde ella había salido.

No supo por qué, pero no pudo contener las lágrimas y se apoyó en el pecho del chico que se quedó helado ante la reacción de la siempre sonriente Hannah. Pasó sus grandes manos por la espalda de ella, para que se calmara, lo que hizo que avivara más su llanto.

–Desahógate… todo lo que te acongoja, se irá desvaneciendo al paso que te deshagas de todo ese llanto –pronunció con voz serena. Hannah lloró con más pena y no se separó de él en lo que quedaba de la noche.

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–Buenos días –escuchó que le decían cerca de su oído. Suspiró y comenzó a abrir sus ojos, encontrándose con una mirada azul que le observaba con tranquilidad.

–¿Ron? –susurró, ocultando un bostezo tras su mano–, ¿qué haces aquí?

–Te traje el desayuno –confesó, mostrándole que en el velador se encontraba una bandeja que contenía un vaso de jugo, una taza de café y unas tostadas untadas en mermelada.

–¿Qué hora es? –quiso saber al notar que la ventana estaba abierta de par en par y dejaba entrar la luz del sol de manera componedora.

–Deben de ser las once de la mañana.

–¡Es muy tarde! –se alarmó–, ¿por qué Ginny no me despertó? –preguntó, al darse cuenta que la cama de su amiga se encontraba armada.

–Intentó avisarte que iba a misa con mi madre y Harry, pero creo que la señorita se tomó esto anoche –le indicó un frasco con píldoras para dormir–, ¿me dirás por qué hiciste eso, Hermione? Te tomaste tres píldoras, podías haberte intoxicado –él se acomodó al borde de la cama, y Hermione se corrió otro poco más para que no estuviera a la orilla. Ron pasó su brazo por detrás de su espalda y ella se apoyó en su pecho.

–Creo que ayer no podía quedarme dormida, y opté por el camino fácil.

–No lo vuelvas a hacer, hoy estábamos todos muy preocupados en la mañana.

–Lo siento.

–Ahora come, antes de que se te enfríe el café.

–No quiero comer sola, compartamos el desayuno –le pidió.

–Está bien, está bien –le daba en el gusto, mascando una tostada–, eso sí… me gustaría saber qué fue lo que ocurrió ayer en la noche. Te fuiste sin despedirte, Viktor se pasó consolando a Hannah durante toda la noche, Cormac me miraba con odio y al parecer todos sabían algo, menos yo.

–Hannah y Cormac no se irán, ayer me lo dijeron y me ofrecieron además el que me mudase con ellos. Les dije que no, Cormac defendió a Hannah, la cual comenzó a llorar. Viktor apareció, y me salvó, por así decirlo de la situación que se volvía más incómoda. Harry también llegó con tu hermana. Le pedí a él que me llevase a casa, porque no me sentía bien. Le pedí además que no te avisara, no quería que te fueras a hacerme compañía, la estábamos pasando muy bien antes de aquella conversación. Viktor se fue con nosotros porque aprovecharía de comprar más cervezas. En ese transcurso, Harry me comentó la conversación que tú tuviste con Viktor –ella lo señaló con su dedo–, de ahí, me bajé y traté de conciliar el sueño. No pude porque me sentía mal por haber sido tan cortante con Hannah. Entonces recordé que tu madre toma ciertas pastillas para dormir. Bajé a la cocina y ahí las encontré. Me tomé una, pero no me hizo efecto. Me eché dos seguidas a la boca y quedé prácticamente inconsciente, hasta que tú me despertaste –suspiró al relatar todo lo que había acontecido de forma rápida.

–Deberías haberme dicho lo que te ocurría. Yo mismo habría dejado en el lugar que se merece Cormac. La conversación que tuve con Viktor fue hace pocos días, y pensaba decírtelo.

–¿Hannah estuvo llorando toda la noche?

–Al parecer sí. Nosotros no nos quedamos mucho tiempo después, el ambiente se había puesto algo feo.

–Espero que no haya sido mi culpa.

–No lo fue, tranquila.

–Debería de juntarme a hablar con Hannah. Quizás no durante esta semana, podría ir a verla el próximo fin de semana ¿Tú qué crees?

Ron guardó silencio por un momento. Ayer le había conmovido un poco el hecho de haber visto a aquella muchacha tan triste, pero que Hermione la fuera a ver, significaba que podría ver también a Cormac.

–Si quieres ir a verla… bien. Pero…

–No iré a ver a Cormac. Quiero hablar con mi amiga.

–Eso me relaja un poco –respondió abrazándola.

–¿Ron?

–¿Si?

–Te quiero mucho –dijo sonriendo, mientras sentía como aquel joven le estrechaba con cariño.

–Yo también Hermione, te quiero muchísimo.

.

El día lunes llegó, no tan deseado como de costumbre.

Algo bueno que tenía, era que los cuatro amigos comenzaban su ajetreada semana de estudios a la misma hora, por lo que juntos se fueron en el vehículo a la universidad.

–Ya sabes hermanita. En la universidad no te vienes a hacer amigos. Pero si aparece alguien en tu vida –dijo Ron volteándose a ver a Harry–, te darás cuenta inmediatamente. La gente es muy mala, puede que algunas personas te hagan creer que son tus amigos, pero buscan solamente el aprovecharse de tus conocimientos.

–Lo sé. Estaré siempre al pendiente y al cuidado.

–Disfruta Ginny de las clases, sácale todo el provecho posible. Y así, podrás disfrutar también de los fines de semanas. La universidad tiene horarios flexibles, a veces tontos, pero que son bastante accesibles para estudiar, si los aprovechas, cuando los semestres estén acabando, podrás tranquila disfrutando de vacaciones anticipadamente –le recomendaba Hermione, dándole un abrazo.

–Ya todo está dicho amor. Diviértete, date cuenta que lo que decidiste estudiar es realmente por vocación. Te quiero y te amo mucho –Harry le abrazó y besó tiernamente.

–No iré a buscarte en los recreos. Lo prometo.

–Aquí no se le llama recreo, sino descanso, y créeme que no tendrás tiempo de buscarme, lo más probable es que te divertirás buscando las salas donde se te impartirán tus cátedras.

–Bueno amor, como tú digas. Ahora me voy a mi facultad, no quiero estar tan perdida –Ginny se despidió de sus amigos y emprendió viaje a la sección de estudios que le correspondía.

–Nosotros también deberíamos de irnos separando –propuso Ron.

–En la noche conversamos acerca de nuestros horarios, así vamos a la librería y reorganizamos el horario de trabajo –conversó Harry, mientras caminaba hacia su facultad.

–¿Quieres que te acompañe a tu facultad? Aun no me lo puedo creer que jamás nunca te haya visto en la universidad el año pasado –se recriminaba Ron.

–Eso debió ser porque nuestras facultades están muy divididas, cada una a cada extremo. Y en mis ratos libres solía irme a la biblioteca, no me quedaba rondando en las plazoletas del campus.

–Tu explicación me acaba de convencer, nunca avancé hacia otras facultades, que no fueran la de medicina, para acompañar a Harry.

–No es necesario que llegues entonces hacia donde voy.

–No me lo impidas, quiero saber a dónde estarás –besó su frente y le tomó de la mano. Era la primera vez que caminaban así, y se sentía realmente bien.

Hermione divisó a algunas de sus compañeras y compañeros de curso, quienes le veían con asombro al llegar ella tomada de la mano con un chico tan apuesto como Ron. Se sintió orgullosa de tenerlo a su lado, y que formara parte de su nueva vida.

–¿Te avergüenzas que te esté tomando de la mano? –le preguntó él, al sentir que ella le apretaba con un poco más de fuerza, con su rostro algo sonrosado.

–Todo lo contrario. Estoy más feliz que nunca, y todo es gracias a ti.

–¿Sabes? Creo que no es el momento indicado para decírtelo. Será lo más poco romántico de la existencia, pero ya no tengo duda alguna. ¿Quieres ser mi novia, Hermione? –ella se soltó de su agarre y le quedó observando por un instante. Las mejillas de Ron se iban tiñendo de un carmín a medida que ella guardaba silencio.

–Podría darte un golpe por haberme hecho una proposición tan importante en el momento que menos he imaginado. Pero lo único que deseo en este preciso instante, es gritarte que sí quiero, y que haces que mi primer día de clases, sea completamente inolvidable.

Él se acercó y atrapó su boca con un beso cargado de ternura. Ya nos les importaba que estuviesen mirándoles u observándoles. No tenían por qué esconder lo que sentían, si era tan hermoso.

–Lamento no haberte pedido que fueras mi novia en el verano. De seguro que la habríamos pasado mejor, podríamos haber compartido más tiempo juntos.

–No digas esas cosas, creo que todo ha marchado con el tiempo que le correspondía. Necesitábamos conocernos más. Teníamos que pasar un momento distanciados, debíamos de pasar la etapa de ser amigos con ciertos derechos. Sólo así estaríamos seguro de lo que podríamos iniciar, juntos.

–Como siempre, tienes razón en todo lo que dices.

–Tú me haces pensar de esa forma –debatió, besándole la punta de la nariz.

–No me voy a cansar de decirte lo mucho que te quiero.

–Y yo de escucharlo. Es lo más lindo que mis oídos han escuchado –los dos suspiraron, y sabiendo que tendrían más momento para ambos, comenzaron a despedirse.

–Nos vemos a la tarde, novia.

–Por supuesto que sí, novio –él comenzó a avanzar con lentitud, y Hermione no se volteó hasta que vio desaparecer su cabeza pelirroja con la masa de otras cabezas no tan hermosas como la de Ron.

–¡Hermione! ¿Desde cuándo ese chico es tu pareja? –le preguntaba una de sus compañeras, curiosa.

–¿Formalmente? Desde hace unos minutos –contestó llena de optimismo.


Nota de la autora:

*Escribe lo de siempre* agradezco su constante visita a este fic, las nuevas alertas, los nuevos favoritos, y los nuevos lectores que se animan a dejar un rr. Muchas, pero muchísimas gracias por todo.

Quedan seis capítulos más un epílogo, por lo que ya nos estamos acercando a la recta final de este fic. Hoy apareció un pedacito de una conversación… ¿quiénes serán esos sujetos, y qué monos pintan en este fic?

Jul en uno de sus rr me dijo que dejaría de leerme si yo no emparejaba a Hannah y Viktor… no se me pasa por la cabeza aquella pareja… (Pero luego pensé, Neki, en Breaking Rules tienes de pareja a Parvati y a Draco, y lo más bien que se ven juntos) y Viktor se ofreció solito en ir a consolar a la pobre chica esta… veremos que saldrá al final.

¿Comentarios? ¿Dudas? ¿Recomendaciones? Cuando vuelva al mundo de la conexión, trataré de poder contestar a todas estas premisas. Por lo demás, que tengan una muy buena semana, y les esté yendo fenomenal en el trabajo, universidad, colegio o en lo que haga en su diario vivir.