13. Soy genial

Billy me había dejado ducharme allí cuando me vio sentada en el suelo de su pasillo. Después de ducharme, me dio ropa de su hija, que resultó ser de mi talla. Después de que Bella saliera de hablar con Jake, me dijo que me esperaría en el coche porque Jacob quería hablar conmigo. Así que fui a su habitación y entré cuando me dio permiso.

-Alba… Yo… sólo quería decirte que gracias. Gracias por todo lo que has hecho por mí hasta ahora.

-No hay de qué, hombre.

Entonces, él me había pedido que me acercara y me dio un beso en la mejilla para despedirse de mí.

Mientras Bella conducía a casa, pude ver la expresión de su rostro.

-Para. Para el coche, Bells. –le pedí.

Ella me hizo caso y paró el vehículo. Me miró con los ojos llenos de brillantes lágrimas preparadas para salir.

-Ven aquí. –le dije cariñosamente, abriendo mis brazos para abrazarla.

Ella me hizo caso y pasó sus brazos por mi cintura para abrazarme. Lloró en mi hombro y yo la abrazaba cada vez más fuerte.

-Él hubiera sido el padrino. –susurró entre sollozos.

Pero no estuvimos solas mucho más tiempo. Alice y Edward nos encontraron y esperaron pacientemente.

Yo dejé sollozar a Bella en mi hombro hasta que logró decir el nombre de Charlie.

-¿Seguro que quieres ir ya a casa? –le pregunté, sujetándole la cara con mis dos manos. Ella asintió y me susurró:

-Convence a Edward, por favor.

-Está hecho. –le contesté, y ella volvió a mi hombro. –Edward. –le llamé. –Bella quiere volver a casa.

-¿Seguro?

-Sí. Lo necesita aunque no lo creas. Necesita asegurarse que Charlie está bien.

-Pero…

-Tampoco quiere quedarse fuera para siempre, Edward. –le interrumpí yo.

-Está bien.

Edward subió y se colocó en el asiento del conductor, y por una vez, no pisó al máximo el acelerador. Bella seguía apoyada en mi hombro, y Edward le cogía la mano.

Pasamos primero por mi casa. Ya era una costumbre. Así que bajé del coche con esfuerzos, ya que Bella me tenía bien cogida.

-Tranquila, Bells. Me tienes aquí para todo, ¿sí? Mañana iré a casa de Edward. Espero que tú también estés. –le dije, guiñándole un ojo. Entré en casa con cuidado. Hoy no me esperaba nadie, así que todo estaba oscuro.

En la oscuridad, tuve un sentimiento extraño, como de flash-back. Acudieron a mi mente imágenes y comentarios sobre los libros.

Una imagen de las diferentes que había se paró en mi mente y me inundó la vista. Estaba viendo un vídeo de las parejas de la familia Cullen. Mi mente se paró en una de ellas:

Renesmee Carlie Cullen Swan y Jacob Black, la imprimación del hombre lobo por una semi-vampira y semi-humana. La hija de Bella y Edward y el mejor amigo de Bella. La pareja perfecta en muchos sentidos. Jake and Nessie 4 ever.

¡Oh! ¡Claro! La hija de Edward y Bella, concebida en isla Esme, es la imprimación de Jacob. ¡Es genial!

Me sentí aliviada al saber que Bella había elegido bien.

Subí las escaleras contenta de mi nuevo descubrimiento. Entré y cerré la puerta. Cuando miré al frente me asusté.

-¡Ah! ¿Por qué no dejáis todos de asustarme? ¡Me vais a causar un trauma, caray!

-Perdona, pero hay algo que Bella ha planeado para ahora.

-¿Ahora? ¿Pero cuánto tiempo ha pasado desde que…

-Pues un rato largo. –contestó Edward.

Pues sí que duraban estos flash-backs.

-¿Y qué ha planeado?

-De momento, subirte al coche y vernos en casa dentro de un rato.

-Está bien. Otra vez para abajo. –me quejé.

-¿Quieres que te baje?

-Sería más rápido, gracias.

Me subí a su espalda y él saltó por la ventana. Después me dejó en el suelo y yo cogí mi coche. Aún me costaba hacerme a la idea que fuera mío. Lo puse en marcha y me encaminé a casa de los Cullen. Edward llegaría antes, a no ser que me dejara ventaja.

¡Ah! Muy listo, Ed.

Pisé un poco más el acelerador cuando me di cuenta que que me estaba dejando ventaja. Al rato, vi a Edward correr a mi lado.

-¡No es justo! –le grité, de broma.

Él sonrió y aceleró el paso. Yo le imité.

Al final, gané yo. Aclaro el concepto: gané yo porque casi me estampo contra el garaje de los Cullen, mientras Edward paraba para llegar sin prisas a su casa. Eso es la práctica.

Salí del coche con la velocidad corriendo por mis venas. Esto de correr no me iba bien.

Llegué más tarde al porche, y Alice estaba súper ilusionada con Bella. ¿Algo sobre la boda? Seguro.

Subimos todos al piso de arriba con Alice presidiendo la marcha. Edward no podía entrar a ver el vestido, así que Alice lo dejó fuera. Después nos enseñó el vestido de novia. Era precioso. Alice y Bella lo comentaron, pero yo no tenía ni idea, así que me mantuve callada.

-¿Puedo ver vuestros vestidos? –nos preguntó Bella a Alice y a mí.

Las dos nos quedamos en blanco.

-¿No pediste vuestros trajes al mismo tiempo? No quiero que mis damas de honor lleven puesto un trapajo cualquiera. –y se estremeció de espanto.

Alice y yo sonreímos y abrazamos a Bella.

-¡Gracias Bella! –exclamamos las dos.

-¿Cómo no has podido ver lo que se nos venía? –bromeó Bella, besando el pelo de Alice. -¡Pero qué clase de psíquica eres tú!

Las dos no retiramos y el rostro de Alice se iluminó con entusiasmo.

-¡Tengo tanto que hacer! Vete a jugar con Edward. He de ponerme a trabajar.

Me cogió del brazo y me arrastró al piso de abajo con Esme. Las dos me condujeron a otra habitación, llena de telas distintas.

-¿Vais a hacer vosotras los vestidos? –pregunté, extrañada.

-No, sólo vamos a señalar cómo los queremos. –explicó Alice.

-Guau.

-¿Quieres diseñar el tuyo? –preguntó Esme.

-¿En serio? –le dije, entusiasmada.

Una vez había querido ser diseñadora de moda.

-Sí, claro.

-¡Sería genial! –exclamé.

-Pues venga, vamos a empezar. –dijo Alice. -¿Quieres que tu vestido sea naranja?

-Pues no sé… ¿Tú cómo vas a ir? –le pregunté, para guiarme.

-Espera. –dijo, concentrándose en el futuro. –Yo voy a ir de plateado.

-Oh. ¿Tenemos que ir iguales?

-Sí, claro.

-Hum… Te ves con un vestido plateado, ¿no es así?

-Sí.

-¡Ya sé! Tú podrías ir sin mangas y yo con tirantes y un poco de espalda descubierta.

Alice levantó una ceja.

-Te lo dibujaré. –le dije.

Cogí una hoja de papel y un lápiz, y le dibujé mi modelo primero, y el suyo después. El suyo tenía la espalda más descubierta, ya que la delantera era sin mangas. Para que no se cayera, se uniría la abertura de detrás con una tira invisible.

-¡Es genial! Y este vestido sin mangas, ¡será genial! Alba, eres una artista.

-Gracias, pero no es para tanto.

Me abrazó y me dijo si me podía quedar para ayudarla con los demás vestidos, contando con la ayuda de Esme, también.

Diseñamos entre las tres los vestidos para toda la familia, incluidos los chicos.

Después pensamos en el decorado y apuntamos lo principal en un papel. Luego, propusimos invitados.

-El aquelarre de Tanya. –dijo Esme.

-A nuestros amigos humanos. –propuse yo.

Alice me miró exigiendo más.

-Te diré los nombres luego.

Ella asintió y continuó escribiendo.

-A Billy y Sue. –por Esme.

-Y a Seth. –añadí yo. -¿A Jacob? –pregunté.

-Hablaré con Edward. –propuso Alice.

-A los padres de vuestros amigos humanos. –dijo Esme.

-Cierto. –acordé.

-A tu familia. –añadió Alice.

-David añadido. –recalqué yo.

-Por descontado. –dijo Alice, juguetona.

-¿Qué insinúas, Alice?

-Nada… -dijo, con el mismo tono de antes.

-David no me gusta.

-Ya. Por eso has pillado la indirecta tan pronto.

-¡Es que es obvia, Alice! Es más directa que indirecta.

-Pero sigue siendo indirecta.

Fruncí los labios.

-Te repito que David no me gusta. Sólo es el mejor amigo de mi hermano.

-Siempre se empieza así.

-Mentira. Nadie de aquí empezó así.

Levanté las cejas ante lo obvio.

-Hummm… Nuestra familia no vale.

-¡Eso sí que no vale, duendecilla tramposa!

-¡Pero mira cómo te defiendes!

-¡Porque tengo razón!

-Mentira.

-Verdad.

-Mentira.

-Verdad. –y le saqué la lengua antes que pudiera contrariarme.

-David te gusta.

-No es cierto.

-¡Te has puesto colorada!

-¡Sabes que hablar de esto tiene esta consecuencia! ¡Aunque no me guste el chico!

-¿Ha sido una indirecta?

-Un poco. .

-¿Por qué no lo confiesas?

-¡Sabes que si me gustara te lo diría para que me organizases la boda!

-¿Lo harías? –dijo, esta vez seria.

-Claro. Siempre que tenga claro que es él y que quiero pasar toda mi vida con él.

-¿Y no es el caso de David?

-No, no lo es. Así que quédate tranquila.

-Vale. ¡Gracias Alba! –dijo, tirándose hacia mí para abrazarme.

-¿Por qué?

-Por confiar en mí. –dijo en mi oído.

-Gracias a ti por quererme como a una hermana.

Entonces me apretó más fuerte.

-Alice… -dije, sin aire.

-¡Ups! Lo siento. –dijo, retirándose.

-¿Me he perdido algo? –preguntó Rosalie entrando en la habitación.

-Nada interesante. –dijo Alice, guiñándome un ojo. -¡Ven, Rose! Alba y yo te hemos diseñado este vestido para ti. ¿Te gusta?

-¡Oh! ¡Me encanta!

-Me alegro que te guste, Rose. –le dije, colgándome en sus hombros para ver por encima de ellos.

-Se hará con esta tela. –le explicó Alice.

-Muy bonita. –expresó Rose, apretando mi mano en señal de decirme lo mismo que le había dicho yo a Alice: que me quería como a una hermana.

Yo le devolví el apretón, al igual que el mensaje.