Disclaimer: llegará el día en que posea los derechos sobre algo más que el vaso de agua que me estoy bebiendo, pero hoy no es ese día.


La segunda jornada de los entrenamientos se esperaba con ansia en el Capitolio. Los paparazzi pululaban por la zona del Centro de Entrenamiento, intentando captar alguna buena foto de los tributos más fuertotes entrenando de buena mañana, que eso siempre vende. Uno en particular, Eulalio para más señas, se había fijado un tenedor roñoso que tenía por casa a la cabeza y se había dejado caer en la puerta del Centro, estirado y completamente inmóvil, con la esperanza de que lo tomaran por un nuevo tipo de arma y lo metieran dentro. Si habéis leído atentamente la historia a estas alturas ya sabréis la gran cantidad de alcohol, drogas y tontería natural que tenían los organizadores en el cuerpo, así que sobra decir que funcionó, por supuesto.

Pero para desgracia de Eulalio, al vagabundear por el Centro de Entrenamiento no se encontró con ningún tributo buenorro, ni siquiera con un tributo normalito. Siguió buscando y nada de nada. Ni un alma. Cuando llevaba tanto rato andando por ahí que empezaba a conformarse con hacerles fotos artísticas a las pelusas, y ya empezaba a dar la mañana por perdida, oyó una especie de murmullo indefinido que parecía venir del comedor. Empezó a dirigirse hacia el origen del ruido, muy contento porque parecía que por fin iba a conseguir algo. Cuando llegó y asomó la cabecilla, se arrepintió inmediatamente de todas las decisiones en su vida que le habían llevado hasta donde estaba. Se arrepintió de haberse encontrado el tenedor esa mañana en su casa. Se arrepintió de haberse comprado una cámara de juguete en el todo a cien ayer por la tarde (igual esta decisión no la pensó mucho, no os digo yo que no). Y sobre todo, se arrepintió de haber tomado la profesión de paparazzi desde que se había dejado convencer por su madre de que ya era hora de hacer algo con su vida en una acalorada discusión ayer por la mañana. Se ve que la vocación no la tenía desde hace mucho, el muchacho.

Fue en ese momento cuando Eulalio decidió que era hora de cambiar de vida, salir por patas de allí inmediatamente, quemar su cámara para no dejar rastros y dedicarse a un retiro de contemplación y cultivo de coliflores mejoradas gracias a la novedosa técnica del canto difónico. Él encontró la felicidad en sus coliflores hasta que una plaga de orugas reggaetoneras arrasó con toda su cosecha, pero en fin, eso ya es otra historia.

Quizá os estéis preguntando qué fue tan terrible como para espantar así al bueno de Eulalio. Pues bien, resulta que esa mañana, cuando ya se había pasado la novedad del primer día, la inmensa mayoría de los tributos había decidido quedarse durmiendo, vagueando, planeando la dominación mundial, haciendo la fotosíntesis o reclutando calcetines, según las inclinaciones particulares de cada uno. Pero había unos pocos a los que su conciencia no les permitía tal inactividad. Ellos eran mejores que eso, claro que sí. Hay que aclarar que quien dice conciencia, dice tripas rugiendo cual león famélico, pues había unos pocos tributos que ante las demandas de su estómago se habían visto obligados a bajar al comedor cuanto antes y arrasar con todo lo que pudieran mientras no hubiera nadie más que se lo impidiera.

Así fue como de buena mañana, los tres tributos que habían tenido la misma idea se encontraron cara a cara en el comedor, mirándose los unos a los otros. Por unos momentos aquello pareció un duelo del oeste, sólo que en vez de desenfundar pistolas se aflojaban cinturones para hacer más sitio a la comida. Según el acuerdo no escrito de todos los buffets libres del mundo, desde ese momento quedó establecido que aquello era una competición sin piedad, y que el que más engullera sería el campeón indiscutible y respetado como líder supremo por los demás. Así que empezaron a llenarse el buche sin miramientos, a lo loco, de forma salvaje, y de esta guisa se los encontró horas después el pobre Eulalio, traumatizado desde entonces ante la visión de gente comiendo. De ahí que se dedicara al cultivo de coliflores, pues sólo unos pocos perturbados comen coliflores por voluntad propia.

Ahora bien, es justo decir que según pasaba el tiempo, no parecía haber un ganador claro, ya que todos comían como si no hubiera un mañana. Cuando acabaron con todo el buffet decidieron alcanzar una tregua y sentarse a parlamentar, como rivales igualmente dignos. Y así fue como Salchichonio Pirindolo, Polen Dorado y Tributo Niño sentaron las bases de una hermosa alianza, una vez que vieron que a todos les unía una misma pasión. Comer hasta reventar. Era ésta una alianza fuerte, unida por un vínculo inquebrantable de amor por la comida… bueno, inquebrantable hasta que empezaran a tener hambre, porque ellos mismos habían acordado que su lema iba a ser "La pitanza antes que cualquier alianza". Además de gourmets, poetas, los chicos. Si es que lo tienen todo, qué partidazo son (sí, claro…).

Por si fuera poco, a todas esas cualidades también se sumaba una asombrosa capacidad de observación. En concreto, los tres estaban comentando que parecía que el banco en el que estaban sentados empezaba a temblar y tambalearse sospechosamente, y a crujir como si soportara una gran presión. En ese momento el banco decidió que ya no podía soportarlo más, que ya había vivido suficiente y que si hubiera sabido que su destino iba a ser soportar a tres cachalotes como esos deseaba que nunca lo hubieran fabricado. Así, que, con un último y trágico crujido de agonía, se partió por la mitad, tirando a nuestros tres buenos mozos a tierra y dejándolos despatarrados por el suelo.

- ¡Pero bueno, vaya timo de banco, qué mala calidad! – gritó Salchichonio, muy indignado.

- ¡Ni que estuviéramos obesos o algo así! – exclamó Polen dorado, atusándose su hermosa melena, que se había despeinado con la caída.

Ante esta última exclamación, a Salchichonio se le encendió una bombillita. Había observado que por alguna razón, la gente habitualmente le llamaba gordaco y otras lindezas, sin ser él nada de eso. Qué va. Él sólo tenía reservas para el invierno, su grasa le ayudaba a perder menos calor. Él era un muchacho preocupado por su salud ante todo, claro que sí. Para colmo, el mundo no era capaz de entender esta filosofía de vida y no estaba adaptado a la gente de buen ver como él, para muestra el banco que acababa de romperse (por no ser adecuado a gente de medidas saludables, no porque entre los tres pesaran más que todos los Capitolinos juntos, claro que no). Y sospechaba que a sus nuevos compañeros les pasaba lo mismo. Así que, como Salchichonio era un muchacho con mucho arte y muy echao pa'lante, resolvió montarse su propio movimiento de protesta ahí y ahora. Que ya estaba bien, hombre. Este revolucionario se levantó, puso cara de solemnidad (o de estar indispuesto, según a quién le preguntes, porque el pobre no controlaba del todo sus expresiones faciales con tanta grasa de por medio), y agitando el puño en el aire vengativamente, gritó:

- ¡Compañeros! ¿No estáis hartos de que os insulten por la calle?

Los otros dos no tenían ni idea de a qué venía eso así de repente, pero es verdad que hartos de insultos estaban un rato (y no habían caído en la posibilidad de que puede ser que los innumerables insultos que recibían diariamente tuvieran algo que ver con el hecho de que uno se comiera las despensas de sus vecinos, y el otro disfrutara de ahogar a la gente entre sus abundantes carnes), así que le siguieron la corriente a Salchichonio con mucho entusiasmo:

- ¡Sííííí!

- ¿Y no estáis hartos de que vuestros vecinos os eviten por miedo a desaparecer entre vuestra grasa?

- ¡Síííííí!

- ¿Y NO ESTÁIS HARTOS DE QUE LAS COSAS SE ROMPAN PORQUE NO ESTÁN ADAPTADAS A NUESTRO PESO SALUDABLE?

- ¡SÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍ!

- ¡PUES GRITAD CONMIGO Y VAMOS A ENSEÑARLES A ESOS FLACUCHOS LO QUE ES BUENO! ¡VAMOS, TODOS JUNTOS! ¡NO ESTAMOS GORDOS, SOMOS FOFISANOS!

- ¡NO ESTAMOS GORDOS, SOMOS FOFISANOS!

Con ese potente eslogan y un objetivo muy noble en mente, la recién creada alianza de fofisanos se puso en marcha. Usaron kétchup para pintarse su lema en las barrigas cual si fueran pancartas, y gritándolo bien alto se fueron a defender sus derechos por todo el Centro de Entrenamiento.

Como os podréis imaginar, y aunque ya fuera prácticamente la hora de comer, había gente que seguía en plácida armonía con su cama y sus despertares no fueron nada agradables. Sobre todo teniendo en cuenta que tributo que no era lo suficientemente rápido para escapar, tributo al que rodeaban y hacían un baile sensual para demostrar que ellos también eran tremendamente atractivos. Puede que una visión así nada más despertar hubiera traumatizado a la mayoría de simples mortales, no digo que no. Pero los tributos de este año no eran para nada normales. Por ejemplo Dana, la compañera de distrito de Tributo Niño, se puso rabiosa y los ahuyentó de su habitación con la única ayuda de su almohada (y alguna que otra patada hacia partes nobles, quizá). Cassie, la tributo del distrito 12 amante de los animales, les cogió mucho cariño porque le recordaban a morsas gigantescas y ella no podía odiar a nadie que se pareciera a un animal, por mucho que acabara de sacarla de la cama. Los tributos del distrito 3 estaban demasiado ocupados discutiendo sobre las mejores formas de hacer un posado en la playa como para hacerles ningún caso a nuestros reivindicadores… en fin, el caso es que la protesta no estaba cosechando el impacto esperado. Aun así, ellos no se dieron por vencidos tan fácilmente, porque según ellos todo estaba más que justificado y así continuaron con su levantamiento a lo largo de toda la tarde.

Pero hubo algo que los tres defensores de las curvas no se esperaban. Habían despertado un mal terrible al hacer tanto ruido con su protesta, un horror salido de las más oscuras pesadillas. Algo que hasta los más curtidos y valientes héroes temerían. Y es que habían despertado a Mari Pili…

A ver, vale que así dicho no parece tan terrible. Pero es que la entrenadora tenía un muy mal despertar. Muy muy malo. Así que, hecha una furia, agarró su bola saltarina y se dirigió al centro de toda la conmoción. Creedme que, si hubierais visto una especie de maraña de pelo pelirrojo venir gritando improperios como posesa hacia vosotros montada sobre una bola saltarina fucsia, también habríais sentido miedo. Los tres revolucionarios lo sintieron, desde luego, y en grandes cantidades. Su angustia fue todavía mayor cuando dicha furia se les echó encima y les embistió hasta derribarles, momento que aprovechó para saltar sin piedad sobre ellos al grito de "¡La próxima vez despertáis a vuestra *** madre, hijos de ***, ***, *****!". Os dije que tenía un despertar terrible, la pobre.

Así fue como Mari Pili, donde gente más preparada que ella habría fracasado y sin tener esa intención concreta, sofocó la protesta fofisana. Un quebradero de cabeza menos para la pobre Mari Puri, que bastante tiene ya, oiga. Así también fue como los tres insurrectos se vieron cada uno con tres costillas rotas y un trauma de por vida ante cualquier cosa de color fucsia, aunque su alianza se mantenía unida y sus ganas de comer eran más fuertes que nunca. Sin embargo, el resto de los tributos, como viene siendo habitual, volvió a sus tareas cotidianas de dormir, invocar mardisiones gitanas, maquillarse más que una puerta… en fin, el pan suyo de cada día. Pero así sin comerlo ni beberlo se había pasado el segundo día de entrenamiento, y el tiempo antes de la Arena se acercaba a su fin. Aunque tampoco es que eso les preocupara demasiado, que planear el futuro nunca había sido su punto fuerte, al fin y al cabo.


Nota de la autora: D.E.P. Alfredo el Banco, tuviste una vida al servicio de la noble tarea de acomodar posaderas, tu esposa Adelaida la Mesa-Camilla y tus hijos Abelardo y Adelina los Reposapiés no te olvidan :'(

¿Retomará la protesta la alianza fofisana? ¿Los hijos de Alfredo el Banco clamarán venganza? ¿El cultivo de coliflores por canto difónico es el futuro de la agricultura? Quién sabe, todo esto y mucho más en los siguientes capítulos.

Me hace tanta gracia la palabra fofisano que no me pude resistir a incluirlo XD Y eso, gracias a todos por seguir leyendo y comentando. Aún podéis votar por vuestro tributo favorito en la encuesta de mi perfil, por cierto. Y ya sabéis, comentadme lo que queráis en un bonito y sano review, tanto si os place decirme lo que os ha parecido el capítulo, como si queréis contarme vuestros planes de aprender canto difónico (por si acaso viene bien de cara al futuro, nunca se sabe), como si os apetece echarme una mardisión gitana por no actualizar en mucho tiempo (sí, lo sé, voy muuuuy lenta, pero en fin, la vida no me deja mucho tiempo para escribir D: Eso sí, os juro que acabaré esta historia, aunque tenga que venir Mari Pili a saltar sobre mí para motivarme XD)

¡Hasta el próximo capítulo! ;D