El vecindario era de clase media baja, pero estaban seguros que ningún Subterráneo o ni ningún Nefilim se aparecía por allí con frecuencia. Al menos eso les daba un poco de seguridad mientras permanecieran en la librería y trabajaran para ganar algo de dinero.
Los niños encontraban fascinante la Librería Garroway, y a medida que los días transcurrían apaciblemente, el local estaba más concurrido y las ventas de libros aumentaban, pues Luke había ingeniado una forma de vender libros de segunda mano mucho más baratos y eso hacía de su librería un lugar más popular y con libros accesibles para todo el mundo.
Pero había algo especial allí, y los niños se daban cuenta, decían que había magia y que la señora de los cabellos rojos era un ángel.
Para Luke era un ángel. Amaba observarla pintar todas las tardes, con ese cabello rojo suelto al aire, y el aroma de su perfume embriagando todo su ser.
Pero nunca bajaba la guardia, temía la aparición de algún demonio… o de algún otro Cazador de Sombras. Luke sólo confiaba en los Subterráneos, y en pocos como Alaric, quien era su nexo con el Mundo de Sombras y le advertía de cualquier posible peligro.
Aparentemente los ataques de demonios a la Tierra eran pocos esos días, y Luke se preguntaba por qué. Se preguntaba si la rebelión de Valentine y su escape a este mundo no tendría algo que ver.
Después de todo Valentine tenía la Copa Mortal, y andaba en busca de los otros Instrumentos Mortales para así dominar a los demonios. Meneó la cabeza, ya no había tanta tranquilidad en la Librería Garroway después de todo.
Oculto tras unos lentes falsos, su mirada siempre vigilaba a todos los que entraban y salían del local.
-¿Estás bien?- una voz lo sorprendió. Jocelyn estaba detrás de él, en el mostrador.
-No hay que bajar la guardia, eso es todo- le respondió Luke –Aquí nos sentimos como en otro planeta pero… Jocelyn, no olvidemos que Valentine está suelto por ahí y tiene la Copa Mortal, y que somos unos fugitivos de La Clave-
Como si no fuera poco.
Una sombra apagó el rostro de Jocelyn. Ella suspiró y apartó la mirada.
-Es verdad. Esto parece tan lejos de todo – se paseó por los estantes, esa tarde sin clientes –Pero la verdad es que no estamos tan lejos de todo- y pronunció cada última palabra con extrema dureza.
Se acercó al mostrador otra vez donde estaba Luke, la caja registradora se llenaba de dinero, pero eso no les importaba.
-Lucharemos- le dijo Jocelyn, y ya quedaba muy poco de la mujer atemorizada, traumatizada que había venido de Idris. Ella se estaba fortaleciendo otra vez –Es nuestro deber luchar contra Valentine. Lo mataré, lo encontraré y lo mataré-
Luke abrió mucho los ojos y observó la forma en que Jocelyn decía eso, y pensó que en verdad era capaz de hacerlo: matar a ése que una vez compañero de su vida y su gran amor, a ése que la enseñó a ser la Cazadora feroz y dominante que reinó el Círculo por tanto tiempo. O tal vez no.
Lo atormentaba todo eso.
Luke no podía desearlo, que Jocelyn fuera capaz de hacer eso, sólo porque él deseaba eliminar a su rival en el amor. Se estremeció y no sabía por cuánto tiempo sería capaz de ocultar tan terribles emociones. Algún día Jocelyn se daría cuenta de todo lo que pensaba y eso podría significar el fin de su amistad.
-Estoy seguro de que también está matando mundanos. Las cosas que me cuenta Alaric, estoy seguro de que El Círculo está detrás de todo eso- al fin dijo con preocupación, mostrándole a Jocelyn una página de periódico que tenía al lado.
Ella no pareció estar muy preocupada por los mundanos, pensó Luke, miró la página de periódico con desprecio, pero luego recapacitó y sus ojos recobraron la vida, mostrando un poco de compasión.
-Siempre hay que estar vigilantes, Jocelyn. No te confíes nunca- Luke al fin suspiró cansado, y se dispuso a cerrar la librería más temprano ese día –Vamos. Cerremos y apartémonos del mundo-
-Creo que no hay pan para esta noche- soltó ella de repente, con aire ausente otra vez.
Luke se encogió de hombros.
-No creo que pase nada si salgo a comprar pan-
Luke titubeó, pero ya tenían tiempo en aquel vecindario, y no podían evitar que la gente los viera, los conocieran, y que Jocelyn saliera de vez en cuando a hacer compras, pasear, despejar su mente. Incluso los vecinos decían que él y Jocelyn eran pareja. Era terriblemente peligroso, pero igual lo era dentro de la misma librería…
-Espera y voy contigo- le dijo.
-Voy a la esquina, ya vuelvo, Lucian-
La firmeza de Jocelyn lo dejó con el pecho oprimido y le hizo sentir que ella no lo necesitaba para nada.
Se miraron mutuamente un rato, y ella comprendió su preocupación.
-Perdóname, Josie- Le dijo al fin Luke- Yo sé que eres muy capaz de defenderte de todo. Pero es que yo me preocupo mucho por ti, y nunca te dejaré sola-
Jocelyn se estremeció con aquellas palabras. Pero no supo qué decirle a Luke, así que dio la media vuelta y se fue, y lo dejó solo allí en las penumbras de la tienda.
Sus sentimientos estaban empezando a molestarla demasiado, estaban confundiéndola. Pero cada vez que Luke la llamaba Josie… lo confundía con Valentine.
La tarde oscurecía y ella ya no se sentía tan amenazada en el mundo de los humanos. Los humanos en realidad eran muy ingenuos y tontos.
Jocelyn sentía pena por tantas desdichas que sufrían, tanto sufrimiento. A veces quería ayudarlos, pero otras veces…
Se sacudió esos pensamientos agobiantes, no quería nunca más ser como la Jocelyn del Círculo, la compañera de Valentine. Demasiado caro pagó por eso.
Ahora ella era una humana más, y alta y orgullosa caminaba por la sucia calle del vecindario, como si fuera un ángel en verdad. Los humanos notaban lo hermosa que era…. pero muy triste. Era una dama de cabello rojo triste y ausente, como si pensara en alguien muerto todo el tiempo.
Los niños la estimaban mucho en el vecindario, y a la librería Garroway. Pero los niños eran para Jocelyn un dulce amargo.
La tienda estaba a unas casas nada más, donde compraban escasamente lo necesario. Esa tarde había un grupo de hombres reunidos a las puertas de la tienda, de esos típicos en los barrios de Nueva York, casi todos de origen extranjero. Cuando Jocelyn llegó, estos le clavaron los ojos.
Peor eso a ella no le incomodaba en lo absoluto. Los mundanos hombres podían llegar a ser bastante patéticos con sus instintos.
-Qué linda- empezaron a decir. Tal vez estaban un poco ebrios, no sería nada raro.
Ella bufó y no sabía si reírse.
-Oye linda- la cosa no pasaba de unas miradas. Los sujetos querían su atención –Ven acá linda. Estás muy buena-
No había entrado si quiera a la tienda, los pandilleros se acercaron y Jocelyn retrocedió. Hubiera preferido que fueran demonios, en verdad.
-Mundanos asquerosos- finalmente se sintió muy ofendida- No se imaginan quién soy-
-Eres una hembra, y yo un macho- le dijo el más atrevido de todos. Y los tipos la molestaron tanto que todo lo Morgenstern que tenía en su ser salió a la luz.
En serio que los mundanos hombres podían llegar a ser bastante patéticos con sus instintos, pero ya no le causaba tanta risa.
Los gestos, y la falta de respeto...
La mirada de ella fue de desprecio total, en realidad no estaba acostumbrada a esos atrevimientos. En Idris nadie se atrevía ni a mirarla.
-Oye linda- la cosa no pasaba de unas miradas. Los sujetos querían su atención –Ven acá linda. Estás muy buena-
No había entrado si quiera a la tienda, los pandilleros se acercaron y Jocelyn retrocedió. Hubiera preferido que fueran demonios, en verdad.
-Mundanos asquerosos- finalmente se sintió muy ofendida- No se imaginan quién soy-
-Eres una hembra, y yo un macho- le dijo el más atrevido de todos. Y los tipos la molestaron tanto que todo lo Morgenstern que tenía en su ser salió a la luz.
Si supieran quién era ella, y si estuviera Valentine allí, no quedaría nada de aquellos miserables.
Se horrorizó de lo que había pensado, y no llegó a la tienda sino que retrocedió y salió corriendo de allí, con los hombres detrás burlándose, persiguiéndola y disfrutando de haberla intimidado.
-¿Qué pasó? ¿Compraste el pan?- Luke distraídamente limpiaba el local cuando Jocelyn llega y cierra la puerta apresuradamente. No sabía si los pandilleros habían llegado hasta allí.
Al verla enrojecida y agitada, él se alarma pensando lo peor.
Pero Jocelyn no estaba asustada, estaba roja de ira:
-Estúpidos mundanos, son tan idiotas- la oyó decir.
-¿Qué pasó?- él corrió hacia ella, mirando nerviosamente hacia afuera, a la calle. No había nada –Dime por favor ¿Qué te pasó? ¡Te dije que debía ir contigo!-
Refunfuñando, Luke patea uno de las mesas de libros. Y Jocelyn no quería decirle lo que había pasado.
-¿Qué te hicieron? Dime, y saldré a…-
-No pasó nada del otro mundo- dijo al fin, cuando la respiración se le acompasó. Ya estaba segura, y se sintió mucho más tranquila.
-Que no pasó nada del otro mundo- él torció el gesto, molesto.
-Hay cosas dentro de mí que me asustan, Luke. Me asuntan- Jocelyn parecía querer sollozar, pero se resistía a ser débil otra vez.
Luke le tomó de las manos, como aquella vez en Idris, y recordó cómo los había descubierto Valentine.
-No te avergüences de los que sientes. Y no es debilidad llorar-
Y no había luz en el lugar sino un vago resplandor del atardecer que entraba por las persianas cerradas de las vitrinas, los dos estaban inmersos en un momento muy íntimo en las penumbras.
Pero sólo había incertidumbre y temor en ellos.
