Ya estoy de nuevo con un nuevo capítulo muy, muy intenso en donde afloran muchas emociones. Un saludo muy especial a todos los que tienen esta humilde historia en sus favoritos y esperemos que pronto se animen a dejar comentarios porque es muy gratificante saber de ustedes. ¡A leer!


Amanecía resplandeciente en Howgarts, y sin duda grandes planes se gestaban ya desde muy temprano en el castillo. La hora del desayuno se caracterizaba por se un constante mar de jóvenes que hacían bullicio en el Gran Comedor. Pansy Parkinson aguardaba impaciente a la entrada y cuando vio aparecer a una chica con una melena alborotada de rizos, le hizo señas para que se acercara a ella; la dueña del ensortijado cabello se aproximó y al encontrarse:

-Hola, Parkinson. ¿Puedo ayudarte en algo?

-Granger- Saludó la de Slytherin- Necesitamos hablar urgentemente

La ojimiel asintió enérgicamente y saliendo a los jardines para no levantar sospechas, la pelinegra espetó:

-Necesitamos su colaboración…

-Lo sé - Interrumpió solidaria la de Gryffindor- Dumbledore y McGonagall nos han puesto al tanto ya de todo.

-¡Perfecto!- Tenemos una estrategia que según pensamos, funcionará con Draco, pero será necesaria la participación de Potter.

-No dudo que Harry haga lo que consideren pertinente; él también está dispuesto a ayudar.

-¡Estupendo!- exclamó la verde plata, y describiendo detalladamente su estrategia, enteró a la Gryffindor de todo cuanto tramaba con Theodore y Blaise.

-¡Es casi lo mismo que habíamos pensado nosotros también! - Coincidió Hermione.

-Me parece bien- Replicó Pansy- Esto tiene que estar en marcha cuanto antes, porque no hay tiempo que perder. Esos dos ya se han agredido bastante y de seguir así se dificultarían más las cosas.

-Hoy mismo se correrá el rumor de la separación de Ginny y Harry. Lo demás es cuestión de tiempo...y de suerte

-De acuerdo, Granger, en verdad esperamos resultados positivos de todo este embrollo

-Resultará, Parkinson, no podemos fallar y arriesgar a la comunidad mágica con un próximo…

-¡Ni siquiera lo pienses, Granger!- exclamó exaltada la ojiazul y después repuso en voz baja:

- Draco no puede convertirse en un monstruo así.

-Tienes razón Parkinson, cuenta con nosotros.

-Y ustedes con Slytherin. Y así con un apretón de manos sellaron el pacto entre casas ¿rivales? Y se alejaron por separado rumbo a sus respectivas clases.

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-No he visto a Pansy en el comedor- recriminó Draco al salir de desayunar.

-Se sentía un poco indispuesta hoy- respondió lacónicamente Theodore para cubrir el encuentro que tuvo a esas horas Pansy con Hermione Granger

-¿Y tú estás aquí como si nada?- espetó mordaz el ojigris, ya que no era fácil engañarle.

-La vi antes de venir para acá- Mintió Nott con frialdad para que el blondo no siguiera especulando más de lo debido. Blaise miraba nerviosamente hacia otro lado.

El rubio giró por fin la vista y asintió distraídamente mientras su mirada se encontraba con Astoria, quien ya caminaba adelantada unos pasos.

Ese día las clases transcurrieron normalmente, pero un rumor crecía en los pasillos de Howgarts: El de la separación de Harry Potter y Ginebra Weasley; la pareja dorada de Gryffindor. A las preguntas de las chicas, Ginny respondía serenamente: "Simplemente nos hemos dejado de querer como antes". Porque tampoco convenía que se pensara que Astoria era una quita novios insufrible. Harry mantenía la misma versión ante algunas preguntas de sus compañeros.

Astoria Greengrass se encontraba sumida en los deberes para no pensar en Draco, quien según ella era un "arrogante y patán que se engreía cada vez más". Aunque no tenía mucho éxito con eso, puesto que su mente escapaba a cada rato para pensar en los ojos de mercurio del blondo, lo que la hacía exasperarse continuamente, por lo que no se percató del rumor que corría a sus espaldas. Hermione y Pansy la notaban distraída y callada cuando estaba con ellas, así que decidieron observarla de cerca.

-No está de más - Pensó la leona para sí.

La castaña de Slytherin salía de la Biblioteca con libros gruesos bajo el brazo para distraerse un rato e iba acompañada por Hermione y Ginny, cuando se encontraron con la Profra. McGonagall.

-Srita. Greengrass, que bueno que la veo, necesito pedirle un favor.

-Claro, profesora, lo que usted diga.- Respondió solícita la verde plata

-Entregue esto el Señor Malfoy, es el pergamino con los roles de guardias nocturnas que le corresponden éste año como prefecto y no había podido hacérselos llegar antes. -Astoria dudó frunciendo por un instante el ceño y miró a sus acompañantes, quienes fingieron absoluta demencia.

-¿Pasa algo, Señorita? -Increpó la directora a través de sus anteojos.

-Nada, Profesora, yo se los haré llegar.

-Eso espero- apuntó finalmente McGonagall antes de alejarse por el pasillo.

Hermione y la pelirroja se excusaron con la ojiverde para irse, objetando una interminable lista de deberes y así la Slytherin se encaminó con paso lento y refunfuñando hacia las mazmorras. Pensando que quizá allí se encontraría con Pansy, Theo o Blaise y entregarían por ello el dichoso pergamino por ella, sin tener que verle la cara a ese "mimado arrogante de cautivadores ojos mercurio".

-¿Qué demonios estás pensando, Astoria?- se recriminó mentalmente: "Sabes bien que Draco no es un chico para ti y si te involucras más en esto vas a salir perdiendo porque ese Casanova insufrible jamás cambiará. Lo que deberías hacer es hablar con tus padres para dar marcha atrás en ese estúpido compromiso".

-Debes fijarte en alguien más- Se dijo en voz baja mientras llegaba a la pared que escondía la puerta de su sala común. Iba a decir la contraseña para ingresar, pero en eso Theo y Pansy salían tomados de la mano.

-¡Hola, As!- Dijo el castaño

-¿Qué tal, chicos?- Respondió ella- ¿Van a tomar un poco de aire?- Increpó pícaramente, arrancando una sonrisa a Pansy.

-No tardaremos mucho- Repuso Nott- Cuídate, pequeña- Y diciendo esto se alejaron lentamente por el pasillo.

-¡Bueno!- suspiró la chica- aún puedo encontrar a Blaise y que él se lo entregue.

Cuando entró a su sala, buscó al moreno ávidamente y lo encontró jugando naipes explosivos con Marcus Flint.

-¡Blaise!- exclamó aliviada. El aludido volteó:

-¡As, ven aquí a sentarte con nosotros!

-Necesito un favor tuyo- dijo ella sin miramientos.

-Lo que sea- respondió el chico moreno

-Entrega esto a Malfoy, es de parte de McGonagall.

-¿Eh?, ¿Sabes?, Acabo de recordar que Marcus y yo tenemos algo pendiente para el entrenamiento de mañana; pero Draco está leyendo en su dormitorio, siento que tengamos que irnos ya. ¡Vamos, Flint!- decía mientras jalaba hacia la salida a un Marcus Flint extrañado.

Astoria los miró sorprendida y suspirando resignada arrastró literalmente los pies hasta la puerta del dormitorio y tocó una vez sin escuchar respuesta.

-Quizá no esté- pensó- Mejor, así le dejo esto en su mesa y me largo sin verle la cara.

Abrió despacio la fina puerta tallada de caoba con un grabado de Slytherin. Un aroma varonil y deliciosamente seductor la saludó apenas entró. Efectivamente, en la alcoba no había nadie y ella aprovechó para recorrerla con la mirada. -Interesante- se dijo a sí misma - y aspirando con los ojos cerrados cada molécula del perfume de Draco, se movía lentamente por la elegante habitación con cortinas negras de seda y una amplia cama de roble adoselada con cuatro pilares en cada una de los soportes. Colgaba majestuoso en la cabecera, un enorme escudo de Slytherin bordado en hilo de plata y por supuesto, en la mesa de noche, al lado de la cama, se encontraba una fotografía de un serio Draco Malfoy. Astoria quiso mirarla con detenimiento y cuando estaba a punto de tomarla, se abrió una puerta a sus espaldas y ella pegó un brinco con el pergamino aún e las manos y al momento se escuchó una voz que arrastraba las palabras:

-¿Se te perdió algo, Astoria, o sólo no resististe las ganas de verme en privado?

La ojiverde se volvió hacia la voz con el corazón palpitante de nervios al verse descubierta por quien menos deseaba y fue entonces cuando vio al rubio recién salido de la ducha; envuelto en una toalla negra por la cintura y el platino cabello lucía húmedo aún. No pudo evitar el darse cuenta de que el rubio tenía un torso atractivo y proporcionado a su elevada estatura, aunque no con músculos en exceso. Y de nuevo ese aroma extasiante… Enmudeció cuando él caminó hacia ella como felino, sin perderla de vista y con los brazos despreocupadamente cruzados, con la seguridad de un depredador en su dominio, esperando una explicación de la chica.

-Yo venía a entregarte esto que te manda McGonagall- Fue lo único que acertó a decir, mostrándole débilmente el pergamino en su mano y tratando de parecer lo más ecuánime posible y para que Draco no se vanagloriara de verla tan vulnerable a él. Demasiado tarde. El Príncipe de las Serpientes se aprestaba a atacar posando su par de mercurio en ella a peligrosa distancia.

-Pudiste tocar la puerta…-le susurró al oído ya la chica tembló levemente como una hoja al sentir su aliento cálido acariciarla.

-Lo hice y nadie atendió. -Cotejó esforzándose en normalizarse.

-Pues yo no escuché absolutamente nada- arrastró nuevamente las palabras al tiempo que rozaba la mejilla de Astoria con la punta de su nariz. Draco seguía esa incontenible necesidad de seducir, de intimidar a la chica que anteriormente había osado desafiarle. Quería demostrarle que por muy Astoria Greengrass que fuera, igual , provocarla la complacía para verla de nuevo tan nerviosa como el día en que llegó al colegio. Era su juego favorito, dominio sobre ella sin magia y sin la fuerza, solamente su presencia era suficiente. Alimentaba su ego.

Esa castaña ojiverde turbada parecía una chica frágil ante él, muy diferente a la Astoria enfurecida que él había conocido últimamente, pero ambas le agradaban y le era placentero manejar sus emociones como gato con su presa. "Ella sola había ido a meterse a la guarida de la Serpiente y ahora tenía que atenerse a las consecuencias" Pensaba mientras mantenía el cálido roce.

Astoria, por su parte, sentía una caricia suave, pero llena de descargas eléctricas para ella, y al sólo contacto con el blondo, sentía aflojársele las piernas y aún no se explicaba bien el por qué. Detestaba sentirse así, sin embargo ahí estaba y no podía moverse porque su propio cuerpo le pedía permanecer en ese sitio. Se odiaba por no poder controlarse. Ella se perdía en esa mirada gris sin oponer ninguna resistencia.

Draco se deslizó suavemente hacia la otra mejilla y ella al sentir que iba a sucumbir, articuló un "No…Por favor" con un hilillo de voz.

El Blondo paró en seco. Nadie le había dicho eso antes, eso, jamás un "No, por favor" tan vehemente como acababa de escuchar de ese par de labios muy rojos que él había probado ya una vez. Le dio curiosidad la reacción de la chica y escudriñándola con la mirada fría, la observó largamente, recorriendo en silencio sus ojos esmeralda, esos ojos que más de una vez lo habían visto con furia y coraje, ahora parecían tan dulces, como agua quieta. El cabello castaño le llegaba a los hombros y estaba atado en una cola alta, lo que dejaba al descubierto la fina línea del cuello que él deseó probar con un beso, pero no lo hizo, prefirió continuar mirándola ahora a los labios, pequeños, redondeados, recién despojados de su inocencia infantil y empezaban a adoptar la sensualidad femenina de la adolescencia y también los deseó. Se acercó pausadamente con el fin de besarla, pero ella al darse cuenta de sus intenciones, apeló a lo poco que le quedaba de cordura y se deslizó hacia la puerta cercana, dejando el pergamino rápidamente sobre la cama y salió ruborizada y nerviosa. Dejando tras de sí a un Draco confundido por su reacción, y quizá algo más que eso…

Bajaba ya velozmente las escaleras cuando una voz femenina la increpó:

-¿Se puede saber qué hacías en el dormitorio de Draco?- Espetó furiosa una rubia cuyos ojos azul pálido fulguraban de celos.

-No me molestes hoy, Halliwell.

-Estoy esperando una respuesta, Greengrass. Según sé, entre Draco y tú ya no hay nada y ahora yo salgo con él.

-Eso no me importa. - Acotó la ojiverde al tiempo que se disponía a alejarse de ahí.

-¿No será que has venido a ofrecértele porque estás arrepentida de no ser más la futura Señora Malfoy? -La sala común calló todo ruido.

-"¡Silencius!"- se escuchó la voz decidida de la castaña, quien con la varita en alto apuntaba a una aterrorizada Dominique, que desde ese momento no pudo proferir palabra alguna, pues había sido víctima del hechizo silenciador de Astoria.

-¡Es mejor que te guardes tus asquerosas palabras, Dominique! - La de ojos verdes destellaba ira a través de la mirada y sabía que nadie se atrevería a detenerla empuñando ella la varita.

- ¡No te concierne lo que hacía allá adentro, pero si tanto te importa, te lo voy a decir: Vine a entregar un maldito pergamino; en cuanto a Malfoy puede salir con quien se le pegue la gana porque a mí no me interesa en lo absoluto! ¿Contenta?

Los Slytherin que estaban en las Mazmorras, enmudecieron al ver la reacción intempestiva de Astoria y observaban cada detalle sin atinar a hacer nada. En ese instante bajaba Draco, atraído por los gritos y tratando de contener a la ojiverde exigió como prefecto que era:

-¡Retira el hechizo, Astoria, sabes que esto no es correcto!

-¡Tú no me dices lo que tengo que hacer!- Respondió ella con una mirada que helaría a cualquiera. Draco se disponía a obligarla a dar marcha atrás cuando se escuchó otra voz femenina recién llegada:

-Baja la varita, Astoria- Dijo seriamente Pansy, quien acababa de entrar con Theodore, quien miraba dispuesto a intervenir ya -Esto puede costarte la expulsión y lo sabes.

La castaña observó a la pelinegra de ojos azules, caminó unos pasos hacia la salida y pronunció: -"Finite Incantatem". Volviendo Halliwell inmediatamente a la normalidad y rompiendo en sollozos corrió a abrazarse de Draco.

-Espero- continuó la ojiverde con una voz pausada y amenazante- que hayas tenido suficiente porque yo no me ando con juegos, rubiecita. No creo que te arriesgues a perder esa encantadora cabellera tuya un día de éstos, o bien, pudieses amanecer con algún hechizo que no te agrade en absoluto, si es que decidieras volver a molestarme.

-¡Me está amenazando, Draco!, ¡Y me lanzó un hechizo, tú lo viste! - Chilló la agredida aferrada al rubio, quien se mantenía impávido, pero interiormente estaba tan sorprendido - y orgulloso- por la reacción de Astoria.

La castaña verde plata dio media vuelta y altivamente se dirigió a la salida, pero echaba chispas por cada poro de su piel

-Consuela a tu amiguita, Malfoy- espetó antes de salir y se perdió caminando por el pasillo.

-No provoques a Astoria, Dominique. Ella es de armas tomar y acabas de comprobarlo.- Y diciendo esto regresó a su dormitorio con una sonrisa suya de medio lado, recordando que tenía que leer ese dichoso pergamino de McGonagall, que había sido causante de todo ese revuelo.

-Halliwell- repuso sin voltear- ninguna palabra de esto a McGonagall, ¿Entendido? - Y cerró su puerta de golpe sin esperar respuesta de la chica. Era una orden y como tal se acataría por todos.