AYYYY! No me merezco esos comentarios tan geniales, me los releo como cien veces cada vez que escribo para inspirarme, me encantan todos con locura. He tardado en publicar por que tengo miles de exámenes este mes, pero aun así, todavía queda muchísimo por publicar, y me alegráis con cada opinión. Y os lo agradezco de corazón.

Kagome-Black ,BlackGoldSaw, Guest, Ariel, , isNico ,CieloSky ,Isabel ,sky , alexachip , Liluz de Geminis , lei , naramig ,Candela .

Espero no dejarme a nadie, y a los que me he podido dejar, igualmente miles de gracias por leer, me encanta leeros y que os guste mi historia.

.

.

.

...

"¡Sois lo peor de la Tierra Media!" gritó el enano pelirrojo, subido detrás de Legolas "¡¿Sabéis lo que hemos corrido en vuestra búsqueda?!"

El resto de los presentes, subidos en caballos, miraban aprensivos la situación, sin entender muy bien el contexto y la historia de esas palabras.

Los hobbits se levantaron con tranquilidad, colocándose de pie encima de las rocas, con esa sonrisa pícara de lado a lado, como si ya estuviesen tramando algo.

La joven apretó las manos a la cuerda de su caballo, observándolos.

Estaban bien. Ni colgados en una pica, ni con los ojos sacados, ni ningún miembro cercenado. Estaban como siempre; fumando comiendo y sonriendo.

Estaban bien.

Ellos continuaron mofándose de su buena suerte, de la victoria de su batalla contra Saruman, de la fuerza de los Ents, y de la maravillosa comida que habían encontrado en la despensa del mago blanco; provocando en Gimli aun mas gritos de reproches, pues ellos se habían pasado días con el corazón en un puño, sin saber si sus amigos estaban vivos o muertos; persiguiendo a una manada de Uruk-hai; aquellos que habían matado a Boromir y secuestrado a aquellos dos medianos.

Entre los gritos, Pippin paró de pelear y molestar al enano, mirando a Scatha.

Saltó de las rocas, dando un codazo a Merry. Su amigo también cortó la discusión y ambos bajaron al suelo, cubierto por una capa de agua.

"Nuestra querida bruja..." habló Pippin, con los ojos muy abiertos. "¿Por que lloráis amiga mía?"

Y todos y cada uno de los presentes, se giraron.

Aragorn, Gandalf, Gimli, el rey de Rohan, sus jinetes, y por supuesto Legolas.

Ella misma se tocó la cara, descubriendola húmeda, y con los ojos hinchados. Y la garganta atorada.

Intentó pensar que le ocurría, pero no sabía que podía ser.

Hacía tanto tiempo que no lloraba, ni cuando Gandalf cayó en las profundidades de Moria, ni aun cuando vio el cuerpo de Boromir frío e inerte en el suelo. No recordaba lo que era esa sensación, y mucho menos el qué lo había originado.

Pero mirando a sus hobbist, y sintiendo ese nudo bajar, supo, descubrió algo nuevo.

Había tenido miedo. Por su seguridad, por las de todos. Y aun por Frodo y Sam. Y por como terminaría todo aquello. Tenia miedo. Tenia miedo de que ellos pudiesen morir. De que Legolas pudiese morir. De que Aragorn pudiese morir. De que Gimli pudiese morir. De que Gandalf pudiese morir. De que Rivendel cayese. De que los jinetes de Rohan cayesen. De que derribasen las murallas de Gondor. De que la Tierra Media se convirtiese en una oscuridad infinita.

De que, todo lo que quería, desapareciese.

De que todo desapareciese ahora que ella deseaba descubrir mas de su mundo, de su gente, de sus amigos.

Pero Merry y Pippin estaban allí. Y se sintió aliviada.

"Lloro de felicidad" declaró con una sonrisa, bajándose del caballo y acercándose a ellos en dos zancadas. "Lloro de felicidad por que estáis bien, amigos míos."

Y los abrazó, a cada uno con un brazo, sintiéndose un poco mas segura de que esa pesadilla terminaría, y que todos vivirían por fin en paz.

…...

.

.

.

Thorin la cogió de la capa, y antes de que pudiese preverlo, las grandes manos del enano la agarraron del cuello, estrangulándola.

Intentó gritar, intento forcejear, lanzar algún conjuro; pero nada salía. Su cuerpo estaba inamovible.

Intentó buscar a los demás, para que fuesen en su ayuda, pero solo sombras lejanas cubiertas de armaduras la rodeaban, mirándola sin mirar. Nadie hizo nada.

Intentó llamarlo, intentó mirarlo a los ojos, a esos ojos que tanto amaba. Pero no eran los ojos de siempre.

Esos ojos no la miraban como siempre.

"Muere de una vez, maldita bruja" su voz grave resonó por todas partes, y después la soltó.

Sintió como sus pies no tocaban el suelo, y como caía hacia abajo.

La mano de él se alargó, y creyó que la agarraría en el ultimo momento, arrepentido y recobrando la cordura. Pero no fue así.

El colgante. Agarró el colgante en el aire, y de la misma caída, lo rompió, quedándose con él en la mano.

Y siguió cayendo hacia atrás, sin ningún gritó, sin pensar en nada.

Cayó por los muros enormes, con el enano mirándola mientras caía. Sonriendo.

.

.

.

"¡AH!" gritó con todas sus fuerzas, cogiendo aire.

Miró a todos lados, asustada, sin saber donde estaba e incapaz de recordar que había pasado.

Una pequeña habitación recubierta de telas y madera mojada. Estaba tumbada en una cama pequeña y mullida, con finas y mullidas sabanas.

Se tocó el pecho, intentando calmarse.

Oyó pisadas que subían corriendo por una escalera, y antes de seguir preguntándose que hacia ahí; la puerta se abrió de manera estrepitosa, y los enanos entraron agitados al lado de ella.

"¡Scatha, estas despierta!" gritó Bilbo, adelantando a los enanos a codazos y cogiendo las manos de la chica.

Observó a Bilbo, que parecía ansioso, y después a los enanos, en el mismo estado.

"¿Que me ha pasado?" preguntó, mas calmada.

"Te desmayaste y caíste al Lago helado" dijo Fili, que era uno de los que estaban mas cerca de la cama. "Mi tío saltó al agua y te sacó"

Buscó a Thorin, pero no estaba por ninguna parte.

"Cuando te sacó, fue a buscarnos; y cuando Oin te encontró; estabas bien." dijo Kili, demasiado pálido para estar bien. "Todavía no sabemos por que caíste"

"Nos has asustado mucho" Bilbo le apretó las manos, ansioso. "El gobernador nos ha dejado esta habitación para que pasases la noche tranquila. Cuando te trajimos te revolvías en sueños. ¿Has tenido alguna pesadilla?"

Ella no supo que contestar.

El sueño era demasiado real. El dolor había sido real.

"Dejadnos un segundo"

Thorin habló alto y claro, en una orden, apareciendo en el marco de la puerta. "Necesito hablar con la bruja"

Algunos dudaron, pero después de que Dwalin saliera sin vacilar, obedeciendo a su rey, los demás siguieron el ejemplo, dejando a un Bilbo dubitativo.

"Sal" sonrió ella, y aunque el mediano no estaba muy convencido, salió de la habitación.

Thorin cerró la puerta, y esperó en silencio a que acabasen los ruidos de los enanos bajando la escalera.

Ella se apretó las manos con nerviosismo, recordando el sueño.

Él se acercó lentamente, y ella se incorporó, quedando sentada en la cama, a la espera.

Se sentó a su lado, mirándola a la cara.

"¿Sabes el susto que me diste?" le preguntó, enfadado.

La chica se mordió el labio con remordimiento, recordando la noche.

"Tampoco fue tanto." susurró.

Thorin le cogió la barbilla con decisión, y aunque ella intentó echarse para atrás y alejarse, él no se lo permitió.

"Te desnudas, diciendo que me deseas, te metes en mi capa para que te tome en la misma barcaza; y después cuando salimos de allí, me giro, y caes, con cara de muerta, en el agua." ¿le tembló la voz? "Ah, y al salir, no sentía tu pulso. Por unos segundos no sentí tu pulso...pensé que te habías muerto"

Se relajó, sintiendo como esa pesadilla perdía fuerza. Él no estaba serio, ni enfadado. Estaba preocupado. El nunca la tiraría desde un muro. Ese no era Thorin.

Sonrió con lentitud.

"Lo siento mucho Thorin."

"¿Por que?" dudó el enano.

"Por asustarte." dijo, y sin pensarlo le tocó una de sus trenzas del pelo, con suavidad, contemplando las cuentas de plata que brillaban suavemente. "No se que pasó. Seguramente me mareé por la excitación"

Se le escapó de tal manera y con total inocencia, que no se dio cuenta de la fuerza de sus palabras.

La mirada de Thorin se nubló, tragando saliva lentamente.

"Yo..." intentó excusarse, pero no sabia que decir, realmente.

El enano pasó de agarrarle la barbilla a acariciarle la mejilla.

"¿Y por eso te tiraste a un lago helado?" se rió con suavidad. "Eres muy rara."

"Lo se" contestó ella, divertida.

Sus labios se rozaban, pero sin llegar a besarse, y la recostó en la cama, con él a su lado, protegida por sus brazos, que la rodeaban.

La luz de la mañana entraba por la ventana, iluminándolos a ambos.

Ella pasó los brazos al pecho de él abrazándolo. Besó sus mejillas barbudas, su nariz, sus parpados, su frente, sus labios. Todo con extrema suavidad y ternura.

"Nunca te he preguntado nada sobre ti, Thorin" le dijo acurrucándose en su pecho. "Solo se que quieres recuperar Erebor, que odias a los elfos, que tienes dos sobrinos encantadores y que tienes los ojos azules. Nada mas"

Cuando él sonreía, su mundo se paraba. Tal vez por que casi nunca lo veía sonreír, pero se le calentó el pecho solo con ver sus dientes formando una sonrisa tranquila.

Una sonrisa de cariño.

"Pues supongo que soy bueno en la forja, me gustan las espadas y odio mas a los elfos del bosque que al resto de los elfos de la Tierra Media"

Ella resopló.

"¿Y algo bueno? ¿Te gusta algo, Thorin?"

Apretó el abrazo.

"Me gusta el color azul, salir al campo a cazar solo; me encanta estar con amigos y familia celebrando y bebiendo; que mis sobrinos lean en voz alta nuestro idioma, tal y como les enseñé; y me gusta tocar el arpa" confesó.

"¿El arpa?" se emocionó. "¿Te gusta tocar el arpa?"

El besó su nariz antes de continuar.

"Y debo decirte que toco realmente bien; y no por que lo digan mis subordinados. En Erebor solía tocar el arpa en celebraciones importantes y todo el mundo se quedaba embobado viéndome tocar"

Suspiraron a la vez, cuando Erebor fue lanzado en su conversación.

"Me encantaría oírte tocar, Thorin"

Juntaron las frentes.

"Lo harás, te lo prometo" volvió a sonar solemne, majestuoso, pero con ese tono tan personal, tan íntimo. "Cuando todo esto termine y Erebor vuelva a ser nuestro, tocaré para ti, si quieres."

"¿Solo para mi?" acercó su boca a la del enano, rozando nuevamente sus labios. "¿O tendré que abrime a puñetazos con mujeres revolucionadas por verte?"

El enano mordió el labio de Scatha.

"Solo para ti, te doy mi palabra" ella gimió bajito, temerosa por que alguien los escuchara.

Y las palabras terminaron.

Se reclamaron lentamente, con manos desconcertadas y besos lentos. Pero conforme ella se apretaba contra él buscándolo, un gruñido por parte del enano surgió de lo mas profundo de su ser y sus manos fueron mas decididas.

Ella se acercó a su cuello, y sin dudarlo, lo mordió con deseo.

"Scatha..." se quejó, y sus manos subieron de la espalda a la parte delantera de su vestido, desatando los cordones que guardaban su cuerpo.

Se colocó encima de ella, apoyando los brazos en la cama, para no aplastarla, y con la otra, terminó de desabrochar los cordones.

Bajó la cabeza y comenzó a besarle en el cuello, con la barba rozando la piel tan frágil, y mandando otro quejido a la boca de la joven.

"Thorin" susurró confusa y apremiante.

Él continuó bajando sin mediar palabra, bajando a su pecho. Con la mano libre, bajo el vestido de la bruja, que se quedó sin aliento, sin fuerza para pensar.

Levantó la cabeza, para mirarla a una distancia, con el pelo revuelto y la mirada perdida en ella.

Quiso taparse, avergonzada, pero algo dentro de ella estaba disfrutando.

Rompió el silencio.

"Supongo que las enanas son distintas" dijo ella.

Supuso que mucho mas generosas en pecho, mas curvilíneas y con vello. Ella era todo lo contrario. Muy pálida y de fina figura, sin demasiada curva.

"Eres hermosa" Su voz seguía turbada. "Demasiado, bruja."

Ella se rió de nuevo.

"¿Mas que una enana?"

"Y mucho mas que una elfa" remarcó el enano.

Y bajó la cabeza, besando su cuerpo.

Ella agarró con fuerza las mantas de la cama, intentando no gemir. Sus besos y su lengua la estaban volviendo loca. Como si no pudiese anclarse al mundo real.

Se tapó la boca con una de las manos, pero él se la quitó rápidamente.

"Ni se te ocurra." le ordenó "Deseo oírte"

"¿Es que has perdido la cabeza?" exclamó ella, mientras el seguía besando sus pechos. "Nos van a oír"

"Que nos oigan" dijo sin parar, y ella se mordió los labios con fuerza, sin poder evitar decir el nombre del líder de su compañía entre suspiros.

"Thorin, el gobernados quieres hablar co-"

Ella se giró y se tapó como pudo, gritando muerta de vergüenza, mientras oía como Thorin maldecía a voz en cuello y la puerta se cerraba de un fuerte golpe, con miles de disculpas.

"Mierda. Mierda. Mierda" se quejó la chica, cerrándose el vestido, mientras él caía con peso de muerto en la cama, respirando fuertemente.

"Voy a matar a Bofur, lo juro por mi sangre" golpeó la almohada, mientras ella se tiraba también a la cama, tapándose hasta arriba con las sabanas, completamente roja.

"Mierda, mierda, mierda" seguía repitiendo.

¿Por que precisamente Bofur? Scatha duda muchísimo que ese enano fuese capaz de cerrar la boca.

Después de unos minutos, finalmente hablaron.

"Supongo que tendremos que dejar esto para otro momento" dijo él, y aunque no se se estaban mirando, fue un acuerdo silencioso.

"Es ilegal que le cortes la lengua, ¿verdad?" Scatha se agarró la cara. La tenia ardiendo.

"Bastante. Pero puedo amenazarlo un poco" confesó el, y ella se rió.

Suspiraron a la vez de nuevo, un suspiro largo y frustrado.

"¿Scatha?" habló de repente.

"¿Si?"

"Quiero que vivas en Erebor conmigo." afirmo con total simpleza. "No quiero que vuelvas a donde fuera que vivieses antes."

Silencio.

"De acuerdo. Me quedaré, Thorin." dijo sin mas.

Se giraron para mirarse, pero antes de añadir algo mas, unos suaves golpes en la puerta sonaron.

"Thorin, Bofur salió corriendo a no se donde, tropezando con cada mueble que encontraba y golpeándose con la puerta de la entrada, pero el gobernador sigue queriendo reunirse contigo. Así que sería bueno que fuésemos a buscarlo" ahora habló Dwalin.

"A todos. Mataré a todos." murmuró Thorin. Ella se rió.

Y este se incorporó, saliendo de la cama, mientras ella se volvía a sentar.

Se acercó a la puerta, pero antes de abrirla, miro a la joven.

"Después terminaremos esta conversación, ¿de acuerdo?"

Ella asintió rápidamente, y sin mas preámbulos, salió de la habitación a toda prisa, y todo se quedó en silencio.

Se llevó las manos al corazón.

Erebor.

Se levantó y se asomó a la ventana, contemplando la montaña a lo lejos.

Había aceptado sin dudar, sin reflexionar lo que verdaderamente significaba eso.

.

.

.

Juntó las manos con firmeza, sintiendo palma con palma, con sus dedos en la exacta posición. Y, con los ojos suavemente cerrados, comenzó a reunir e imaginar hilos, hilos que pudiesen tejerse en el aire, moverse acompasados con su respiración y con sus deseos. Hilos capaces de adquirir la forma y el color que desease.

Y después esos hilos se elevaron alrededor de su cuerpo, apretándose y estirándose, concentrándose en un solo punto vacío, allá donde lo deseaba. El calor de las manos se extendió por todo su cuerpo, y sintió el bombeo de su corazón en los oídos, en los ojos, en la boca. Dentro de su cabeza.

Y cuando sintió los hilos aflojar a su deseo, se permitió abrir los ojos.

Un cúmulo de agua se situaba encima de su persona, con forma redondeada, suspendida en el aire.

Podía ver el cielo a través, difuminado y gris.

La bola de agua se suspendía en una forma perfecta, sin tintinear ni desformarse. Sin huecos ni gotas que cayesen. Perfecta.

Separó las manos con lentitud, disfrutando de su pequeño logro. De su victoria.

Escuchó una exclamaciones ahogadas, y se dio la vuelta rápidamente.

Dos muchachos muy jóvenes miraban la escena con los ojos muy abiertos, y unos palos en alto, sin saber bien que hacer.

"Entonces es verdad lo que dijeron ayer" dijo el que estaba mas cerca. "Es una bruja"

El otro le cogió del codo, intentando que retrocediera.

"Hermano, vámonos por favor" le suplicó "Mamá dijo que no nos acercáramos demasiado y no la molestásemos. Vámonos a casa"

El hermano, aun no muy convencido, parecía consciente del miedo de su hermano pequeño, y aun con el palo en alto, retrocedió, marchándose por el camino sin darle en ningún momento la espalda, contemplando el agua suspendida sin poder creérselo.

Y cuando por fin desaparecieron por el camino, ella suspiró con pesadez.

Miró el agua suspendida, sin saber realmente como sentirse.

Le gustaba cuando conseguía ver su poder en pequeñas cantidades pero muy bien canalizado. Y aun así...le causaba una sensación de pesar, de remordimiento, que solo le dejaba un agujero muy profundo en el pecho.

"Eres increíble Scatha" otra voz a su espalda la sorprendió, pero por ya una confianza labrada a lo largo de ese viaje, no necesitaba girarse y mirar de frente a quien le estaba hablando.

"No es para tanto Bilbo. Es solo agua." le susurró, aun sin saber como se sentía, recordando la cara de aquellos niños.

"Para un mediano, es increíble con solo verlo." dijo su amigo mediano. Ella no contestó.

Y le siguieron unos minutos del mas profundo silencio, en los que ella seguía al borde del lago, contemplando su bola perfecta, con su amigo justo detrás.

"Son solo niños" dijo el hobbit con voz firme. "Si a mi de niño me hubiesen enseñado o dicho todas las cosas que eres capaz de hacer, también me habría asustado. Seguramente hasta me habría desmayado. No los juzgues."

Ella quería decir que no lo hacía, pero sabia que era mentira. Los juzgaba.

"Estas aquí para protegerlos, para protegernos. A mi me has protegido." vio como su amigo se colocaba justo a su lado, mirando al horizonte. "Y si tu poder, que tanto miedo da a tanta gente, es aquello que me has ido mostrando a lo largo de este duro viaje; debo decirte que estoy muy contento de que lo poseas. Muy contento de que seas lo que eres. Yo jamas habría imaginado que tendría el honor de viajar con una bruja como tu. Y...cada día doy gracias por ello."

La bola se congeló, como último deseo de la chica, y cayó al agua, con un sonido seco, perdiéndose en la oscuridad de las aguas.

Miró al mediano, y el hueco tan oscuro de su pecho fue disolviéndose poco a poco, reconfortándola.

"Bilbo." lo llamó, y él la miró. "Estoy orgullosa de viajar con alguien como tu. Está claro que los hobbits sois mucho mas de lo que parecéis. Y aun siendo una raza pequeña, sois mucho mas grandes que cualquiera como yo." le dijo con solemnidad e infinito cariño.

Él negó con la cabeza.

"Es demasiado que una bruja tan magnífica como tu diga algo así de alguien como yo. Soy un hobbit. Me decido a los libros, a mi huerto, a charlar con mis vecinos sobre el tiempo y a fumar tranquilo en mi sillón. No merezco tales palabras de héroe. No de una heroína real como tu." sonrió.

Ella se giró y se agachó, agarrándole ambas manos con fuerza.

"Cada vez que yo he dudado, cada vez que he sentido miedo en este viaje; tu me has hecho recobrar el valor, la esperanza. Tu me has hecho ver lo que es la valentía y el coraje. Tu has demostrado ser algo muy grande maestro Bolsón. Mas grande que cualquier guerrero armado y con montura." apretó aun mas sus manos. "Tu eres un héroe, amigo mio."

El mediano se sonrojó, sonriendo.

"Yo...yo no se que decir."

"Dígame que tomaremos un té algún día en su casa" ella sonrió con fuerza también. "Con unas pequeñas tostadas, unas galletas de miel y bollos de azúcar. En unos sillones cómodos, disfrutando de un buen libro y un buen tabaco de pipa."

"La mejor de todas, la de la Cuaderna, mi querida amiga." afirmó con la cabeza. "Y usted será bien recibida a cualquier hora, de cualquier día, haga el tiempo que haga. Siempre lo estará."

Se sonrieron con dulzura. Como el que guarda un buen recuerdo de algún momento pasado, como el que espera un día de sol cercano, como el que llega a un hogar a la hora exacta de la cena.

Miro los ojos azul oscuros de Bilbo.

"Siempre estarás en mi memoria señor Bolsón. Siempre." le confesó, incapaz de aguantarse. "Siempre recordaré la suerte que tuve de conocerle. Siempre me acordaré de ti."

Silencio.

"¡Bruja! ¡Saqueador! ¡Thorin os busca!" Dwalin apareció a lo lejos, y ella se soltó de las manos de su amigo, y corrió al lado del enano, sin volverse, dejando al hobbit con una pregunta en la boca.

.

.

.

Se sentó junto a Bombur y a Dwalin, estirando el cuello pues la mesa le quedaba un poco alta para poder estar correcto para una reunión de la compañía.

El gobernador les había dejado una sala enorme para ellos solos, sin ningún humano de Lago cerca, pues así expresamente se lo había pedido Thorin.

Comenzó hablando él, por supuesto.

"Mañana al amanecer partiremos a la montaña" declaró, y todos los enanos asintieron. Todos menos Kili. Miró mas detenidamente a su amigo enano, y notó que este no tenía muy buen aspecto, seguramente por la herida.

La reunión siguió, así que intentó seguirla.

"Iremos en un bote que nos dejaran la gente de aquí; con las mejores armas que hemos podido conseguir. Se que no son las nuestras, pero algo es algo, y es mejor que los arpones y redes que nos dio Bardo." continuó. "No quiero retrasos ni que ninguno deje de dormir esta noche, ¿entendido?"

Miró de refilón a Bofur, que estaba apunto de abrir una botella de vino, para después dejarla en el sitio lentamente, agachando la cara.

"Nos jugamos todo mañana, todo por lo que hemos estado viajando a través de toda la Tierra Media." se levantó, mirando a cada uno de los allí presentes. "Mañana recuperaremos aquello por lo que llevamos soñando 60 años. ¡Mañana es el día de los enanos! ¡El día para recuperar por fin Erebor!" terminó gritando, vitoreado por casi todos los enanos, con algunas excepciones.

Scatha no aplaudía. Ni siquiera estaba sonriendo.

Solo miraba a Thorin con el rostro sin expresión, como si los pensamientos se la estuviesen comiendo.

.

.

.

Estaba sentada en una mesa, rodeada de enanos, que hablaban de muchas cosas a la vez, engullendo la comida que les habían ofrecido. Una comida esplendida.

Pero ella no quería comer. No podía.

Solo podía mirar a Thorin, que estaba en una mesa distinta, con los brazos cruzados, y escuchando cualquier tontería del gobernador, que movía los brazos enérgicamente.

Su cuerpo la mandaba algo, pero ella no sabía exactamente que era. Solo una necesidad de acercarse a él y abrazarlo, o pegarle. No lo tenía claro. No tenía claro que deseaba. Solo sentía como a cada minuto, iba perdiendo poco a poco al enano. Y miró a sus sobrinos.

También deseaba cogerlos en un abrazo y encerrarlos para siempre al lado suya, donde no tuviesen que hacer frente a la realidad que los deparaba.

"Scatha."

Despertó del letargo y se encontró frente a frente con Bofur, que le estaba ofreciendo una cerveza.

"Esta aletargada señora mía, como en trance." sonrió. "Cualquiera diría que le aburrimos."

Ella negó.

"De ninguna manera, amigo enano. Sabe usted bien que su compañía me es muy grata y agradable."

"Pero usted solo parece tener ojos para uno de la compañía."

Ella tosió, atragantada con su propia saliva, por la afirmación tan directa de su amigo. Mientras ella se recuperaba, él solo mantenía la sonrisa en auge, mirándola fijamente, divertido.

"No se a que te refieres, Bofur querido."

"Si crees" bajó el tono, acercándose al oído de la castaña. "Que todavía alguno de nosotros no ha notado como os buscáis, estas muy equivocada. Y no es por que yo haya contado algo, a día de hoy aprecio mi vida lo suficiente como para no enfadar a mi rey. Pero aun sin lo que vi, ya era evidente."

Sintió como le ardía la cara, y deseó desaparecer de la vista del enano, que la interrogaba con astucia.

"Solo tengo una duda." declaró, y ella se contuvo, a la espera de que formulase la frase. "Y es el por qué no estas pegada a él como si te fuese la vida en ello. No sabemos lo que nos deparará el mañana, no sabemos que ocurrirá cuando entremos en esa montaña, pero si yo fuese usted, viviría hoy. El futuro no sabemos como será."

Un clic dentro de ella se activó, comprendiendo que las palabras de Bofur eran ciertas. Que ella misma pensaba eso.

¿Por que estaba ahí sentada mirándolo? ¿Por que se conformaba con desear estar a su lado? Ni ella misma sabia lo que podría pasar mañana.

Y se levantó de un golpe, como movida por algo ajeno a ella.

"Disculpadme" declaró a la mesa, que dejó sus conversaciones para mirarla, sin dejar de engullir.

Y se alejó de allí, acercándose a zancadas aceleradas y nerviosas a la mesa donde estaba Thorin, el gobernador, Balin, Dwalin y hombres de la guardia de la ciudad.

Se colocó a la espalda de Thorin, y todos notaron a la muchacha, tensa, nerviosa y con impaciencia.

"Espero que este disfrutando de la comida, querida Bruja." dijo el gobernador.

Ella no contestó, demasiado nerviosa para que su voz no temblase al hablar.

Thorin, Dwalin y Balin se giraron, terminando su conversación, y la contemplaron, a la espera.

"¿Que se le ofrece?" preguntó Thorin sin preámbulos, descolocado por la repentina aparición de la mujer. "¿Va todo bien?"

Ella se dio mentalmente el último empujón para hablar.

"Necesito hablar en privado con usted." dijo, y antes de que Thorin pudiese ponerle alguna escusa o reparo, ella apremió. "Ahora."

Sabía que había sonado a una orden, lo que se podría considerar una falta de respeto para su líder y futuro gran rey de Erebor, pero bien sabían los dioses que le daba igual.

Y para su sorpresa, se levantó.

"Disculpadme un segundo."

"Por supuesto, rey Thorin." le peloteo el gobernador, y los hijos de Fundin simplemente observaron como su líder se marchaba escaleras arriba, con la chica detrás suya.

Ella subió los escalones de dos en dos, sintiendo como temblaba de arriba a abajo.

El enano abrió una puerta, y la dejó pasar, entrando y cerrando la puerta tras de si.

Ella descubrió que estaban en el dormitorio exclusivo para él, y se quedó mirando la pared, dándole la espalda.

"¿Que te ocurre? ¿Ha pasado algo malo?" preguntó el enano, y ella se giró poco a poco para mirarlo, intentando que sus piernas no le fallaran. "¿Te has mareado o sentido mal de nuevo?"

Ella negó.

"¿Entonces por que interrumpes mi comida?" subió el tono. "Es mas, ¿Por que me has vuelto a dar una orden delante de personas como si yo careciese de autoridad?"

Deseó golpearlo con todas sus fuerzas por imbécil, por insensible, por gruñón. Pero no le salía.

"Quier...quiero..." le costaba tanto decirlo, bajo la mirada interrogante de él, que tenía ganas de salir huyendo. Pero Bofur tenia razón. Por una vez, debía ser valiente. "Quiero que me...beses."

Declaró en un susurro, sin bajar la cabeza, con las rodillas chocando levemente por los nervios, mirando como el gesto del enano cambiaba lentamente de enfadado a sorprendido.

"Quiero que me beses" repitió, ya segura de sus palabras y deseos. "Thorin."

Él no habló, ni siquiera cogió aire, y simplemente dio unos pasos, acercándose a ella, en silencio, con la madera crujiendo debajo de ellos, con las voces de la gente cada vez mas lejos.

Un temblor por todo el cuerpo hizo que casi cayese al suelo, cuando él agarró con ambas manos su cara, apartando algunos mechones de pelo de su cara, y pasando un dedo por sus labios, sin dejar de fijar sus ojos en los de ella.

Y acercó sus labios, juntandolos con los de ella, con extrema suavidad. El sonido de sus labios juntándose por fin, hizo que cogiese aire con fuerza, necesitandolo.

Y cuando por fin sintió como su cuerpo dejaba de temblar, cuando su cuerpo por fin se dio cuenta de la realidad del momento, pasó sus brazos alrededor del cuello del enano, queriendo ahondar el beso. Sin lucha por ver quien podía mas o quien llevaba el compás. Ella solo deseaba sentirlo, fundirse.

Thorin quitó sus manos de la cara de ella, y lo llevó a su cintura, levantándola sin ningún esfuerzo, y moviendola hasta la cama, donde la tiró suavemente, sin romper ese beso tan suave y sensual, tan cargado de emociones.

Pero cuando el intentó seguir con él encima, ella se revolvió, y empujándolo, consiguió quedar ella encima de él, con sus piernas envueltas en la cintura del enano, sorprendido.

Rompió por fin el beso, mirándolo.

"Scatha" la llamó, y ella sonrió. Le encantaba como sonaba su nombre en sus labios. "No sabes lo loco que-" ella le selló los labios con otro beso, abriendo la boca, explorándolo hasta donde podía y mas, sin pensar en lo poco decorosa que podría estar quedando delante de él.

Eso también le daba igual.

Le cogió las manos y las dirigió a sus caderas, que comenzaron, con lentitud, a moverse encima del cuerpo del enano, con lentitud, provocando un gruñido grave y profundo por parte del enano.

Y mientras siguió con ese movimiento que traspasaba un terrible calor entre ellos, comenzó a desabrochar la camisa abotonada de su líder, con manos decididas.

Y cuando lo consiguió, pasó sus manos por dentro, por su pecho grande y duro, como forjado.

Se sentía extasiada, enferma por seguir. Pero al levantar la mirada, y verlo de nuevo, ahí tumbado, con los ojos cerrados. Una pequeña voz dentro de ella habló.

"Sabes por que necesitas tanto que sea ahora"

Ignoró a la voz y simplemente, comenzó a morderle el cuello con fiereza, pero esa voz no se detuvo.

"Nunca fuiste así."

Sus caderas se apretaban y se movían con mas decisión, y las manos de él le agarraban con fuerza, sintiendo como algo reaccionaba dentro de él.

Sin que él pudiese hacerlo, ella comenzó a desabrochar su chaleco, con fuerza, a tirones. Intentando no escuchar nada mas.

"Cuando esto termine, desaparecerás."

Se cogió la camisa de hombre que se había puesto de nuevo cuando abandono el vestido, de un tirón, sacándola por la cabeza, y con sus manos arañó con fuerza la espalda del enano, lanzándose a la carrera de besarle con fiereza.

"Sabes que haces esto, por que él va a morir."

Un gemido escapó de su boca, y las manos de Thorin dejaron sus caderas, agarrando las suyas, aparatandolas de su cuerpo.

"Scatha" le llamó, serio, asustado. Ella quería seguir, y lo ignoró, pero él solo puso mas firmeza en su agarre. "Para, para, para."

Ella no quería parar.

"¡Scatha!" le gritó, y ella se paralizó, mirándolo asustaba. ¿Que había echo mal?

Se quedó sentada encima de él, a la espera de saber por que le frenaba en su avance.

"¿Que ocurre Thorin?"

Y sin que él contestase a la pregunta, la abrazó, quedando la humana echada en el pecho de él, rodeada por sus fuertes brazos.

"¿Thorin?" ella, con una ansiedad que no lograba clasificar, estaba confundida.

"No llores, mi pequeña bruja." ella se quedó quieta, como si todo lo que había pasado antes no hubiese sucedido. Su cuerpo se había quedado sin fuerzas. "No soporto verte llorar."

Y efectivamente, ese gemido no era ni mucho menos de deseo, era un gemido de desesperación.

Se apretó en el pecho de Thorin, llorando desconsoladamente.

"Thorin...Thorin...Thorin..." lloraba en su pecho, mientras él la apretaba, besandole la cabeza con ternura. "Thorin..."

"¿Por que lloras? ¿Que te tiene tan triste?" le preguntó en susurros, meciéndola con su propio cuerpo.

"Tengo miedo" confesó. "Tengo muchísimo miedo Thorin..."otro gemido. Sentía como se ahogaba en su propio llanto.

"Shhh"la calmó, aun con ese abrazo reconfortante. "No tengas miedo. Yo estoy contigo. Te protegeré de todo, mi bruja. Todo va a ir bien."

Y quiso creerlo, quiso calmarse, quiso que fuese verdad.

Pero esa voz seguía sonando en su cabeza.

Esa voz que era la suya misma, y que vaticinaba lo que se acercaba mañana.

Lo que sería el principio del fin.

Lo que seguramente los separaría.

.

.

.

..

Pateó un madero carbonizado, que se deshizo con facilidad, lanzando motas de carbón negro al aire, lenando todo con ese olor a lumbre.

Observó cada casa, cada rincón del poblado. Anduvo y anduvo sin cansarse, con la nieve hasta los tobillos, sin buscar nada en concreto, solo mirando todo lo que le rodeaba, empapándose de recuerdos, casi todos malos.

Por fin, oscureciéndose el día, decidió que ya no deseaba caminar mas, así que subió a la colina, se sentó en la única roca que sobresalía entre la nieve mezclada con tizne, y se sentó en ella.

El poblado a sus pies, le devolvía un silencio absoluto, quejumbroso, desolador.

Nada quedaba allí de lo que en su memoria había guardado.

Ni los establos, ni la casa del gobernador, ni el colegio, ni las chozas de sus vecinos.

Ni su casa.

No quedaba nada de ella. Solo la estructura quemada de lo que uno podría suponer que antes vivió una familia humilde.

Y así era.

"Suponía que estarías aquí. Me dieron la noticia viajando" una voz grave pero amable sonó a su lado. Aunque ya sabía quien era. Y pese a que no lo había escuchado llegar gracias a lo sigiloso que era cuando se lo proponía de verdad, jamás se había alterado ni asustado con su presencia. Le era muy conocida como para eso.

"¿Y que haces tu aquí?" le contestó cortante.

"Cuidar de mi discípula favorita." dijo amablemente.

"Tu única discípula." recalcó la bruja. "Solo yo he estado aguantándote todos estos años"

"Ingratas palabras para alguien que se ha dedicado a tu educación" le dijo ofendido, o queriéndolo aparentar, por que ella lo conocía tan bien, que sabia que eso no era un enfado. Enfadado era terrible.

Exhaló un suspiró largo, soltando el aire, convertido en vaho, que se elevó al cielo infinito y gris.

Después de un largo silencio, su maestro volvió a hablar.

"No ha quedado nadie, ¿verdad?"

Ella asintió lentamente con la cabeza.

"Absolutamente nadie. He buscado por aldeas vecinas, pero nadie sabe nada. Supongo que se irían en la noche, huyendo de los orcos, despavoridos. No estaban acostumbrados a ellos. Tal vez estén..." no quería formular el final de la frase.

El mago tuvo el gran detalle de no hacerlo tampoco.

Otra vez un largo silencio.

"Scatha, lo si-."

"Me daban igual Gandalf." dijo con rotundidad, y un mal sabor en la boca. "Hace muchos años que no eran nada para mi. Desde el momento en el que cayó esa tierra en mi cara, dejaron de tener significado y existencia."

"¿Y por que has venido hasta aquí?"

Sintió como le temblaban las piernas de repente, y apretó sus manos con fuerza, con una especie de dolor hueco en su pecho.

"Llevo preguntándome eso mismo todo el día, mirando la aldea. Pero no he encontrado respuesta." se apartó un copo de nieve del pelo, pensando en sus propias palabras. "Supongo que buscaba recordar el lugar donde una vez creí tener un hogar."

Sintió la mano del mago en su hombro, caliente y reconfortante.

"Alguna vez lo fue, aunque tu mente ya no lo recuerde."

"Eso espero. Quiero pensar que lo tuve, maestro." y ella puso su mano en la de él, sintiendo un dolor frío como el hielo atravesarla. " aunque hoy por hoy, mi hogar estará donde tu me lleves."

Y comprobó que eran reales sus palabras.

Huyendo, escondiéndose, odiando y teniendo miedo. Solo cuando su maestro estaba, se sentía salvada, protegida.

Pero mirar la aldea...mirar las ruinas le recordaron que su camino era estar sola.

"Tengo una misión para ti." dijo él con voz autoritaria, rompiendo ese contacto.

"Una misión." y por primera vez desde que llegó, lo miró. "¿Cual misión?"

Gandalf sonrió, con esa sonrisa enigmática tan típica de él.

"Quiero que busques a unos hobbits."

"¿Medianos?" se extrañó. Sabia que a su maestro le gustaban los medianos y solía ir mucho a visitar a un amigo suyo llamado Bilbo, pero no creía que tuviesen la suficiente importancia como para mandarla a ella. "¿Que tengo que hacer? ¿Cosechar maíz? ¿Cuidar ovejas? ¿Preparar cantidades enormes de comida?"

El mago golpeó con su vara el suelo, para acallarla.

"No subestimes a los hobbits" ella calló, incapaz de contradecirlo. "Son mas valientes y valiosos de lo que los humanos arrogantes como tu piensan. Así que cierra la boca."

Ella inclinó la cabeza.

"Perdoname Gandalf. ¿Cual es mi misión entonces?"

Él se colocó delante de ella, muy serio.

"Algo muy tenebroso avanza desde el este. Algo que ya vine avisando hace largo tiempo. Y por fin mi temor se está materializando, o eso sospecho." la humana tragó saliva, impresionada por las palabras. "Necesito de toda tu fuerza, para proteger a unos hobbits, que han marchado a Rivendell. Sospecho que alguien mas se ha encontrado con ellos. Alguien muy importante, cuyo nombre no puedo decirte aun. Pero, se que te necesitarán."

"Así que debo..."

"Debes partir inmediatamente,sin descanso ni demora, pues el viaje te tomará tu tiempo, e ir hacia el Poni Pisador, buscar, preguntar, y encontrar a esos hobbits. Y no dejarlos en ningún momento." ella se levantó de golpe. "Debes cuidarlos y protegerlos, sin cerrar los ojos ni un solo segundo. El mundo no es seguro para ellos. Nadie está ya seguro en este mundo. Y estos medianos te necesitaran."

Ella, olvidando la aldea, asintió con decisión, sintiendo de nuevo algo por lo que levantarse, por lo que cabalgar.

"Si maestro. Iré."

...

.

.

.

.

No me canso de dar gracias, dejad comentarios si os ha gustado, y si no también, para mejorar.

Un beso grande!