14. Lazos de culpabilidad
Iba dando pasos rabiosos sobre la hierba, su sangre hervía y a causa del embarazo las nauseas no la estaban dejando tranquila. Por su parte un chico de dientes afilados y piel pálida seguía a la pelirroja, repentinamente vio que la chica aceleró el paso y se colocó detrás del árbol; tratando de no mostrar mucho interés aceleró la marcha y vio que la chica estaba agachada como cual perro vomitando sobre la hierba, se sorprendió al verla así y por un instante una pisca de culpa lo invadió.
—Por lo menos lo del embarazo no es falso— le replicó a la chica que se limpiaba con el puño de la manga su boca. Una mirada desafiante fue lo único que consiguió Suigetsu al hacer ese comentario.
—No es algo que te incumba pez de pantano— súbitamente las nauseas volvieron y volvió a vomitar. Sujetándose los cabellos celestes le tendió un trozo de tela para que se limpiara, sin mucho interés Karin lo cogió y lo lanzó sobre el vomito.
Se giró hacia él y le hizo un gesto con el dedo para que se acercara un poco más, acerco sus labios al oído del chico —aunque este hijo sea tuyo, prefiero no tenerlo— el integrante de Taka abrió los ojos desmesuradamente y sujetó con fuerza la muñeca de la chica.
—Ni se te ocurra hacerle algo a ese niño loca de patio—la soltó bruscamente y mordió su cuello para producirle dolor a la de lentes —si le haces algo te dolerá mucho más— atemorizada asintió levemente y siguió el camino hacia la aldea de la hierba, él único lugar que conocía y el único al que podía llamar hogar —por cierto eres mi mujer, así que ni siquiera se te ocurra huir— la sujetó posesivamente de la cintura.
Iba a reclamar, sin embargo la voz del último que faltaba estaba cerca —voy con ustedes— dijo el pelinaranjo, Karin iba a objetar la solicitud de Juugo, sin embargo se ganó una mirad gélida de Suigetsu y toda posibilidad de negarse estuvo lejos de concretarse.
En Konoha Sakura trataba de despertar de esa especie de ensoñación, siendo besada por Sasuke cuando nunca creyó que al fin este diría sus sentimientos con respecto a ella. Inoportunamente el cansancio empezó a pasarle la cuenta a la kunoichi que sintió vértigo, esto se vio reflejado en la disminución de la intensidad del beso; el pelinegro se percató inmediatamente de que la chica no correspondía y que su piel estaba algo fría.
—Vamos— fue lo único que dijo el joven, separando su rostro del de la pelirrosa y tendiéndole una mano para que esta se colocara de pie. Un poco confusa, ella no se atrevió ni quiso negar la mano del shinobi.
—¿Hacia dónde vamos Sasuke-kun? — el chico la guiaba por las calles de la aldea, que aun estaba muy despejada. Se volteó a ver los ojos jades de la muchacha y solo estrechó su mano, sin decir más ella noto que iban en dirección al puesto de ramen al que siempre solía acudir su mejor amigo, Naruto. Se extraño, ya que sabía que el chico no era fan de ese tipo de comidas, sin embargo prefirió callar, porque a ella sí que le gustaba, y estando tan hambrienta como lo estaba no era capaz de negarse.
Ambos tomaron asiento en aquella tienda, la ojiverde miraba atentamente la boca de Sasuke que se movía lentamente para hacer el pedido, estaba tan concentrada en esa acción que no había notado que todo lo que había pedido era para ella. Cuando vio dos grandes platos de ramen servidos frente a ella, se giró para hacer contacto con los ojos ébano del Uchiha que respondió a esa expresión de una forma que ella nunca hubiera imaginado.
—Come— separó los palitos de madera y le extendió el primer bocado, que ella dudó en aceptar, pero finalmente recibió en su boca aquella mezcla peculiar de sabores que tanto fascinaban a Naruto.
Siguió comiendo en silencio y, esta vez, sin ayuda del pelinegro que parecía tener la mirada perdida en cualquier lugar. Después de 30 minutos la chica terminó ambos platos y llevó sus manos a la zona del abdomen, en gesto de satisfacción.
—Pero que bueno estaba—
—Qué bueno que te gustó Sakura-chan— la aludida se volteó velozmente y vio a su rubio amigo que sonreía como siempre.
—¿Naruto? — pestañeó varias veces confundida al ver al chico en ese lugar y a esas horas.
—No me mires así, siempre vengo a desayunar aquí un platillo de ramen, nada mejor para partir el día que un tazón de ramen— un escalofrío recorrió la espalda de la chica al imaginarse a su amigo obeso a causa de esos desayunos tan "saludables" —parece que el Teme me hizo caso después de todo, siempre le insistí en que viniera a desayunar a este lugar—
—Ya veo—
—Esto fue para Sakura, yo no como esta porquería— espetó con la autosuficiencia que lo caracterizaba.
—¡Pero qué dices, no insultes mi ramen! — cogió al portador del sharingan por la camisa y en contestación ambos empezaron con una pelea sin mucho sentido. La de cabellos cortos empezó a reír, primero despacio y después a carcajada limpia, lo cual hizo que ambos chicos se detuvieran y la vieran con curiosidad.
—No me miren así, jajaja, es que se ven muy divertidos; extrañaba los viejos tiempos— una sonrisa radiante parecía haber iluminado aquel lugar y ambos chicos se relajaron al verla así de tranquila.
—Me alegra que hayas vuelto Sakura-chan—esta se extraño al escucharlo decir eso, como si no se hubieran visto en mucho tiempo — a ser la misma de antes—ella entendió el significado de lo que su amigo trataba de transmitirle en esos momentos.
—Hmp—
—Es que no puedes decir otra cosa teme, siempre con esos monosílabos— nuevamente empezaron a mirarse con odio, la chica esta vez fue más rápida y cogió de la mano a Sasuke para que salieran del lugar, Naruto solo se les quedó mirando y sonrió, a pesar de todo lo que habían sufrido, tanto Sakura como él, deseaba con todo su corazón el verlos así de felices.
Sakura prácticamente jalaba al chico que no decía nada, fue desacelerando el paso y se paró en seco. El hermano de Itachi arqueó una ceja en signo de pregunta.
—Pues… ¿a qué lugar vamos? — se rascó la nuca y miró los ojos negros de él.
—Tienes que descansar, así que vamos a tu departamento— ella se sonrojó enormemente y solo asintió. Esta vez fue él quien jaló a la chica sin prisas, inconscientemente Sakura estrechó con fuerza la mano varonil de Sasuke que le entregaba protección y seguridad en esos momentos.
Pasaron por muchas plazas, recorrieron muchas arboledas, se llenaron del aire matutino de Konoha que parecía no cambiar a pesar del paso de los años. Con cada paso que daban la ninja médico recordaba sus misiones con el equipo 7, antes de que él se fuera con Orochimaru.
—Esos días eran muy divertidos— sin darse, la pelirrosa se topo con el rostro fastidiado de Sasuke que tenía extendida la mano hacia ella. Enfocó su vista hacia el frente y vio la puerta de su casa; entendió de inmediato lo que le pedía el pelinegro y sacó sus llaves desde el banano que llevaba y se las tendió al joven que abrió rápidamente y acercó a la chica a su habitación.
—Descansa, yo estaré en el living por si necesitas algo— ella asintió, se acercó rápidamente al balcón para abrir la ventana y grande fue la sorpresa al ver que una persona extraña salía desde el balcón contrario, de la casa de Sasuke.
—¡Sasuke-kun! — el aludido se giró rápidamente al escuchar la voz angustiada de la chica —Hay un extraño en tu casa— el rostro horrorizado de Sakura provocó una sonrisa sensual en el chico que suspiró.
—Ah eso…. pues ya no estoy viviendo allí, vendí todo porque iba a marcharme de Konoha en compañía de Karin— respondió calmadamente, la kunoichi cayó en la cama y miró al chico bastante seria.
—Así que era eso, así que no tienes donde vivir porque ibas a irte con esa—se tiró hacia atrás en la cama y suspiró, tapando sus ojos con el antebrazo.
—Pero sé que quieres que me quede aquí, así que no tienes que poner esa cara— la pelirrosa se sonrojó y se levantó súbitamente para replicar, pero fue demasiado tarde porque él ya había cerrado la puerta.
—¿Qué fue eso? — se preguntó mentalmente Sakura, que a veces pensaba que Sasuke era un espécimen masculino extinto.
Una sonrisa maliciosa se dibujó en la fascie de Sasuke, conocía muy bien a la chica como para saber cuan avergonzada estaba, desde que había asumido su sentir por ella se creía capaz de manejar toda situación, cosa que le hacía sentir bastante cómodo.
Se dirigió a la cocina y abrió las alacenas, sabía que a la pelirrosa le gustaban los dulces, por lo que decidió consentirla solo ese día, porque necesitaba que ella lo amara tanto como para enloquecer, iba a recuperar todo el tiempo perdido y a enmendar cada uno de sus errores.
Cogió un sartén, unos cuantos huevos, leche, harina y azúcar; había decidido preparar unas creps que lucían bastante apetitosas en el libro de cocina del cual había visto la receta. Mientras en la habitación, la kunoichi se sumergió en la tina que era colmada por agua tibia y espuma, creía que mediante ese simple acto podría asumir aquella extraña realidad con la que se había encontrado al despertar.
—Qué bien se siente— pensó, extasiada ya que hacía mucho tiempo que no se sentía tan tranquila como en ese momento. Estaba muy concentrada en masajear sus muslos y luego sus brazos, cuando sintió que una leve ráfaga de viento le regalaba un tenue escalofrío. Buscó con sus ojos la causa de aquel cambio en la comodidad de su baño y vio que ahí estaba, muy entretenido, el pelinegro que tenía la mirada fija en las piernas de la chica, que no dejaban mucho a la imaginación —¡¿pero qué haces aquí? — preguntó alterada la kunoichi, quien introdujo todo su cuerpo en la tina y solo dejó su cabeza afuera.
—Pero que tímida eres Sa-ku-ra— se acercó un poco más al lugar donde estaba la de cabellos cortos, quien sentía su cuerpo temblar. Vio en cámara lenta como el último Uchiha acercaba su brazo hacia ella, que no pudo reaccionar más, solo cerró los ojos, sin embargo la extremidad del muchacho había cogido una especie de camisa que estaba colgada detrás de la tina.
—Pero que dem.. —
—No veas cosas donde AUN no las hay— fue lo único que afirmó Sasuke, cerrando la puerta tras de sí.
—¿A qué se refirió con aun? — esa interrogante rondaba en la mente de Sakura.
Estando fuera del baño se colocó una bata y secó sus cabellos con una toalla blanca; se miró al espejo y vio como esa esencia carmín no desaparecía de sus mejillas, las cuales golpeó levemente para revertir esa situación, sin embargo nada de eso era factible, oficialmente estaba avergonzada.
Buscó alguna que otra prenda cómoda para andar en la casa, pero un suave olor a vainilla la hizo detenerse abruptamente.
—Eso es…— salió rápidamente de la habitación y vio una escena realmente encantadora: Sasuke con un delantal de cocina, con la camisa que había sacado del baño, un libro en una mano y el sartén en la otra, lucía como un verdadero maestro de cocina (descartando el recetario).
Hipnotizada con aquel aroma se situó en el umbral de la puerta y casi pudo sentir el sabor dulce y la textura cremosa de las creps.
—No te quedes ahí, acércate— ordenó tranquilamente el chico que dejaba las masas en un platillo y las iba rellenando sin mucho cuidado. Ambos fueron hacia el comedor y degustaron con "calma" el postre que había preparado el de ojos ébano.
—¿Se podría saber que estamos celebrando? — preguntó, tratando de no sonar nerviosa, aunque sus mejillas, claramente, la delataban.
—Pues te gustan los dulces, creo que eso es razón suficiente— explicó escuetamente mientras introducía un bocado de crep en la boca.
—Pero a ti no te gustan— le contradijo la chica bastante asombrada. Él no tomó en cuenta su reproche y siguió comiendo. Aunque internamente se sentía hostigado por culpa del sabor empalagoso del manjar.
Como una niña pequeña se deleito hasta con la última miga del postre, Sasuke no pudo evitar pasar el dedo por la mejilla de Sakura que tenía restos de crema en el rostro.
—Muy dulce, en verdad eres muy dulce— hasta la raíz del cabello de la chica cambió a un tono rojo escarlata, mientras una risa sonora inundaba el comedor de la casa de la ninja médico.
Un ruido los despertó de aquella ensoñación, ambos se colocaron en guardia, sin embargo al ver una especie de babosa que estaba adherida en la ventana, ambos suspiraron. A paso lento la ojiverde abrió la ventana corrediza y observó a esa invocación tan característica de su maestra.
—¿Qué es lo que necesita Tsunade-sama? — preguntó con un poco de desgano. La babosa extendió un trozo de papel que fue recibido por la chica, quien emitió un débil "gracias". Cerró la ventana y observó la hoja con calma, por alguna razón había miedo de abrirlo, sin embargo al escuchar a Sasuke aclarar su garganta volvió a la tensa realidad y desdobló el papel rápidamente.
Sus ojos pasaron con rapidez por cada palabra que conformaba el escrito, lo hizo tan rápido como para no entender nada y tener que leerlo de nuevo; el pelinegro se impacientó y con escasa delicadeza le arrebató de las manos la hoja a la chica, quien tembló con fuerza y sin ninguna explicación se fue a la habitación dando un portazo, lo cual no pasó desapercibido para el Uchiha que se apresuró a leer la nota.
Abrió el ventanal y apoyó ambos brazos en la baranda del balcón, observó con calma hacia la calle, la gente caminaba con calma; trató de concentrarse en eso, pero al ver a varias parejas que pasaron su humor volátil la llevó hacia el extremo de la furia. Cerró con fuerzas las ventanas y se lanzó sin delicadeza a su cama, giró varias veces, sin conseguir la calma que estaba buscando.
—¿Por qué Tsunade-sama justo en este momentos tienes que pedirle eso? — le reprochó mentalmente a su maestra.
—Sakura abre la puerta por favor— se escuchó una voz desde afuera, la pelirrosa se volteó como una niña pequeña y no respondió al llamado del pelinegro. Sasuke empezó a golpear más fuerte la puerta, en esos momentos le desagradaba al máximo la actitud infantil de la kunoichi.
—Prefiero no escuchar nada, no me interesa, que haga lo que se le pegue la regalada gana—
—Sino abres la puerta tendrás que usar parte de tu sueldo para reparar esta— le amenazó sin mucho ánimo.
—Me importa un carajo, no entraras a la pieza.. así que si tienes algo que hacer puedes largarte. La puerta de esta casa es muy ancha— se cubrió la cabeza con el cojín para no escuchar ningún alegato. Muy al contrario de lo que pensaba la ojiverde, todo se quedó en silencio, casi sepulcral.
Temiendo que realmente el chico se hubiera ido salió de su estado de rabia y abrió con suma delicadeza la puerta de la habitación; un chillido le hizo tragar en seco. Giró su cabeza en todas las direcciones y se encontró con el pelinegro que estaba apoyado en la pared viéndola intensamente aun con la hoja en sus manos y el seño un poco fruncido. Casi por reflejó atinó a cerrar la puerta, temiendo la reacción del chico, sin embargo este fue más rápido y alcanzó a detenerla.
—Suéltala, esta no es tu casa— respondió con rabia acumulada.
—Sigues igual de molesta….— empujó la puerta con fuerza, logrando accidentalmente que la de cabellos cortos cayera sentada en el piso.
—Auch— se quejó la ninja quien acariciaba su trasero para disminuir el dolor-.
—Ya sabes que tengo que ir en una misión, es lo que hacemos los ninjas incluida tú— tomó asiento cómodamente en la cama de la chica y se cruzo de piernas, apoyo el codo izquierdo en su rodilla y apoyo su rostro en la mano izquierda. Aun en el suelo Sakura lo ignoraba olímpicamente.
—Pues ya te he dicho que te marches, búscate un lugar para vivir y así podrás irte a las misiones que quieras, para lo que me importa— sabía que estaba diciendo la mentira más grande que podía existir; no era ella quien quería salvarlo a toda costa.
Suspiró pesadamente y se movió de aquel cómodo asiento, tomó posición en el suelo, frente a frente con la pelirrosa que seguía con los ojos cerrados.
—Sé que no puedes confiar en mí porque he cometido muchos errores en el pasado, a pesar de eso quiero hacerlo.. quiero seguir siendo un shinobi cualquiera que participa en misiones y le es útil a su aldea. Pero más que eso quiero seguir junto a ti, que tengamos una vida como una pareja cualquiera.. quisiera por lo menos tener esos recuerdos de ti y no de estas peleas sin sentido— extendió amablemente su brazo y tomó la mano de Sakura que rápidamente se deshizo de ella y agachó la mirada, el pelinegro vio claramente como una lágrima rodaba a través de la piel blanquecina e inevitablemente caía en el dorso de su mano.
—No pretendas que todo está bien, porque no lo es. Después… de tanto tiempo buscándote, tratando de traerte de vuelta te vas de nuevo; aunque fuera la misión más importante del mundo me es inconcebible que no pienses por un segundo en lo que significa para mí esto— no levantó la mirada, estaba tan cristalina que con suerte distinguía los colores de la alfombra.
No intentó acercarse de nuevo a la chica, aunque ella no le creyera, entendía a la perfección los sentimientos de la muchacha que estaba en frente de él; más aun sentía impotencia porque no había algo que pudiese arreglar la situación.
—Si es una misión rango S puedes irte, de seguro tendrás muchas cosas que arreglar y no creo que quieras perder el tiempo con una molestia como yo— levantó el rostro y solo sus ojos opacos expresaron más que el gesto serio.
—¡Ya basta! — gritó agobiado el de ojos negros que en un impulso abrazó a la chica y la arrinconó contra la pared —está bien que me reclames, incluso que te sientas pasada a llevar, pero no puedo negarme a esto Sakura, fui considerado un traidor y aunque me hayan exculpado de mis penas, no tengo todas las libertades que quisiera, no puedo hacer nada sin que alguien me esté viendo, es más aun no soy tan libre como quisiera. Es por eso que necesito que me entiendas y me esperes, trataré de no tardar.. solo dame dos meses… si yo no regreso para esa fecha haz lo que quieras, puedes borrarme de tú vida y hacer como si nada hubiera pasado, estar con otro…. Ya no te exigiré nada— trató de convencerla, pero internamente la ojiverde se molestó aun más con el trato.
—Como si fuese tan fácil olvidar a la persona de la cual has estado enamorada por 5 años— sonrió de medio lado y secó sus propias lágrimas. Tomó la mano del ninja y lo guió hacia el living —esto es algo que tú propusiste, no esperes que siempre esté ahí para ti, ni siquiera sé porque tendría que aceptar lo que tú me dices.. así que solo haz lo que tengas que hacer. No tengas la certeza de que aceptaré ese trato, solo cumple tu misión con calma, porque lo más probable es que nunca más te vuelva a esperar Sasuke Uchiha… siempre lo hice con muchas ansias, pero en este momento lo que menos quiero hacer es esperarte— lo jaló hacia la puerta de salida, el muchacho trató de emitir palabras, sin embargo la kunoichi fue más rápida dejándolo fuera de su casa.
Se apoyó en el lado de la puerta que daba hacia la calle, pensativo, sin saber cuál era la respuesta de la chica.
—Es mejor que no lo sepas, que solo serán dos meses.. quiero saber si eres capaz de luchar contra la incertidumbre y para eso te daré dos meses. Si no eres capaz de cumplir será un adiós definitivo— pensó la pelirrosa al otro lado de la puerta. Dejando de lado con dificultad aquellos sentimientos se dirigió a la oficina de la Hokage para recibir los detalles de la misión. Aunque no tuviera seguridad eran dos meses o nada para una misión rango S, la más difícil que se le había enfrentado en lo que llevaba de ninja.
—Un adiós definitivo…..—aunque quisiera ser fuerte las lágrimas siempre delataban su preocupación por el Uchiha.
1 mes después…
Una nevazón había dejado a Konoha sumergida en aquel paisaje blanquecino, las personas recién se atrevían a asomarse a la calle, con el miedo de que algo les pudiera caer encima, específicamente un cúmulo de nieve.
Una pelirrosa abrió con fuerza la ventana del balcón que había permanecido cerrada por una semana, necesitaba inhalar oxígeno y contemplar aquellas nubes traviesas. Se topó con un sol radiante que le daba la bienvenida a un nuevo día, sin embargo su rostro no mostraba una sonrisa, muy por el contrario sus labios estaban pálidos y las ojeras eran notorias bajo aquellos ojos verdes.
Miró hacia la calle tratando de reconocer alguna cara conocida, pero no había alguien que le llamara la atención. Observó el reloj y vio que era muy tarde y debía partir hacia el hospital, sin pensarlo mucho se colocó ropa un poco más abrigadora y partió; varias personas la pararon en el camino para saber cómo estaba, con mucho respeto ella solo contestaba un "bien".
Llegó a su consulta en el hospital, como predijo mentalmente durante el camino había mucha gente; a causa de la fuerte nevada muchos habían enfermado y lo más probable es que no diera abasto por ese día.
—Supongo que me servirá para distraerme un poco—una de las enfermeras diviso a la joven kunoichi y le entrego prácticamente una montaña de dichas —en verdad será un día muy largo— la pelirrosa dejó la el cúmulo de papeles a un lado y se acercó a un hervidor para colocar el agua; era el complemento perfecto una taza de café con el frío y el trabajo excesivo. Mientras el sustrato para la mágica preparación hervía la médico se perdió en el paisaje de la ventana que daba a la avenida principal de Konoha, con la esperanza de que "alguien" pasara por ese lugar, sin embargo nada de eso sucedió.
Sin tiempo para despertar la puerta se abrió de golpe, provocando un saltó en la chica de cabellos cortos que casi bota el café del susto.
—Pero qué demonios….—
—Hola frentona….—la ojiverde pestañeó rápidamente —¿es que no me vas a saludar? — la rubia voluptuosa sonrió ampliamente y Sakura se recompuso para saludar a su amiga.
—Cerda… pensé que nunca más saldrías de tu establo— bromeo a sabiendas que la de cabellos largos odiaba que le dijera eso.
—Pues tu frente sigue tan grande como siempre, aunque cada vez más arrugada, o te estás poniendo más vieja o frunces mucho el seño— la ojiceleste se acercó más al rostro de su ex rival para agudizar la visión de los detalles que ella quería captar.
—Parece que la cerdura te está jodiendo el cerebro Ino— habló despreocupadamente, mientras vertía el café instantáneo en un tazón que equivalía a 3 tazas grandes.
—Y no vas a decirme porque tú cara parece la de un muerto, porque no me vas a decir que tiene que ver con el trabajo, porque sabes que no te voy a creer— pestañeó inocentemente, frente a la mirada molesta de Sakura, quien sabía que nada se escapaba al ojo de su amiga.
—Claramente no viniste a esto, así que debería ser yo quien parta con las explicaciones, no lo crees Ino— la rubia junto las palmas de ambas manos y sonrió ampliamente.
—Pues si lo pones de esa manera… vengo a hacer una invitación y no tienes derecho a negarte— exigió completamente emocionada la especialista en mentes.
—Si es una fiesta permíteme que te diga con antelación que no estoy de ánimo para esas cosas— vertió el agua sobre la taza que desprendió inmediatamente ese olor tan característico del café.
—Primero que todo no es una fiesta, es la inauguración de mi florería independiente— Sakura bebió un sorbo de café lentamente, el cual fue escupido rápidamente al oír la noticia que traía Ino.
—¿Tú? No puedo creer que al fin seas independiente, creí que te quedarías regando las plantas de tus padres de por vida, jajajajajajajaja— la rubia frunció el cejo inmediatamente al escuchar las burlas que hacía la de cabellos rosados, mientras limpiaba su escritorio.
—Supongo que es mejor eso que esperar al amor de tú vida eternamente— casi por un movimiento automático Sakura se detuvo; ese había sido un balde de agua congelada para su orgullo-.
—Eso no viene al caso cerda— trató de seguir como si nada de eso hubiese sido comentado.
—¿Acaso crees que soy estúpida Sakura? Ya todos saben lo que está pasando, ahora eres tú la que no quiere darse cuenta— colocó las palmas de las manos fuertemente sobre el escritorio y miro directamente a los ojos de la de cabellos largos, quien suspiró pesadamente y casi con culpa.
—¿Y qué es lo que está pasando? Se supone que lo sabes muy bien, así que dímelo para que ganes tu batalla de egos cerda— sus ojos brillaban peligrosamente, amenazando con derramar lágrimas dolorosas y poco silenciosas.
—Tus ojos.. estás a punto de llorar, eso es lo que pasa; no te hace bien seguir sufriendo por una persona que no volverá. Creo que las esperanzas murieron Sakura —Ino se colocó en una postura de autoridad y seriedad para darle a entender a la ninja médico que su afirmación estaba en lo correcto.
—Es solo una misión, después volverá y todo será como si nada hubiese ocurrido—
—No puedes negar de por vida la actitud de Sasuke, que pasa si siempre tiene esta clase de misiones solo para exculpar sus pecados ¿estarías dispuesta a solo esperar? — más la ojiverde no pudo emitir una respuesta, estaba claro que ella quería pensar en que eso nunca ocurriría y en que el pelinegro volvería pronto para darle un abrazo, besarla apasionadamente y nunca más dejarla.
—Creo que es momento de que te vayas, mis pacientes están empezando a llegar y no quiero hacerlos esperar más de lo debido— cortó la conversación rápidamente y vio como la rubia dejaba un sobre en su escritorio.
Silenciosamente Ino se retiró sin despedirse con algún gesto o palabra.
La pelirrosa acercó su mano lentamente hacia el sobre que claramente era la invitación, lo levantó con temor y sacó la pequeña tarjeta contenida, exploró en busca de alguna extrañeza típica de su amiga, pero nada de ello apareció solo la fecha que estaba especialmente destacada..
—En un mes.. justo el día en que…..— botó una gran cantidad de aire con aquel suspiro. Su amiga había elegido el día en que precisamente él iba a regresar de aquella misión. Bastante irritada se masajeó la sien y dejó el sobre de lado, dentro de un cajón como si de esa forma fuese a olvidarse de aquel "recordatorio".
Alguien tocó la puerta, y sin mucho interés la pelirrosa le dijo que pasara.
1 mes después…
La primavera a la vuelta de la esquina hacia de las suyas, dejando caer nieve tenue y aromática, aquella que atrapaba a los habitantes de Konoha sin muchas explicaciones. Bajo esos parajes tan agradables para los sentidos, la joven médico se dirigía como tantas mañanas hacia la oficina de su maestra que la había citado la noche anterior. Como pocas veces ella en persona se había presentado en el departamento de la pelirrosa que casi cayó del susto.
Flash Back
Después de abrir la puerta y encontrarse con aquella sorpresa no le quedó más que hacerla pasar y ofrecer su bebida predilecta, el Sake.
Tomó posición frente a la voluptuosa rubia que la había educado en todas las técnicas de la curación.
—Me sorprende que haya venido maestra— acotó bastante interesada en cada una de las acciones de Tsunade.
—Seré breve Sakura—
—Está empezando a asustarme— se removió incomoda la de cabellos cortos, que había dejado su tazón en la mesa de centro y había agarrado de la nada un cojín.
—Necesito que mañana no vayas al hospital, sino que vayas a la oficina directamente— la ojiesmeralda arqueó una ceja. Para eso había sido la espera.
—Está empezando a asustarme Tsunade-sama ¿ocurrió algo de lo que me deba enterar? — la de ojos miel se colocó de pie rápidamente, dejando casi por un milagro el sake a un lado.
—Solo ven, no es necesario que lo cuestiones todo— algo no estaba bien y eso lo sabía a la perfección la ex integrante del equipo 7. Conocía demasiado a su maestra como para saber que estaba ocultando algo.
—Pues creo que sería bastante prudente conversarlo aquí y ahora, en este departamento nadie nos va a molestar porque vivo sola— trató de que su sonrisa amable quebrara un poco esa barrera de superioridad; sin embargo no hubo una respuesta a la que ella pudiera dar permiso.
Suspiró pesadamente y con amabilidad guió a la rubia hacia la salida, si había hermetismo en su ser de seguro era algo muy importante lo que tenía que platicarle.
Fin Flash Back
Bostezó ampliamente antes de tocar la puerta de la oficina de la quinta Hokage.
—Aquí estoy, tal y como me lo había pedido— detecto inmediatamente algo extraño en la mirada de su maestra. Era una nostalgia poco común en ella. Con un débil gesto apuntó hacia una silla que se situaba al costado del escritorio, la pelirrosa no se apresuró y tomó asiento cerca de la rubia.
—Como siempre eres muy puntual— tragó un poco de saliva —¿te gustaría beber un poco de sake conmigo? —la de cabellos cortos casi cae de la silla con aquella petición; usualmente su maestra no le hacía esa clase de peticiones. Educadamente negó con su cabeza.
—Tsunade-sama me gustaría saber el porqué me llamó a este lugar si es que no fuera mucha molestia, después de todo tengo que ir a la consulta posterior a esto— con un barniz de temor emitió aquellas palabras.
—Hoy te doy el día libre, no es necesario que te esfuerces— Sakura quería negar de inmediato, había descubierto que el trabajo arduo y estresante alejaba su mente de la única persona que había causado tanta preocupación en su vida —lamento tanto esto Sakura, es como si una maldición me persiguiera y, lo peor, es que te la estoy transmitiendo— escuchó con asombro aquella declaración, que sin duda no venía al caso.
—No entiendo a que se refiere maestra—
—No es necesario que sigas llamándome de esa forma, después de todo me has superado con creces— frunció sus labios, sin embargo no era molestia lo que se reflejaba en aquella expresión, mas bien, culpa y tristeza inminentes.
—Por favor al grano, creo que me estoy impacientando y me temo que no reaccionaré de muy buena manera.. —
—En verdad no quería que cargaras con esto, quería que fueras feliz porque para mi eres como una hija.. realmente no quiero verte sufrir porque ya te he visto llorar mucho. Lo peor es que esta vez es mi culpa— la pelirrosa sentía que la respiración cada vez se hacía más pesada, como si el oxígeno estuviese desapareciendo de la faz de la tierra.
—Pero que buena broma, ahora hablemos en serio.. —
—Esto es en serio, dime… ¿Cuánto tiempo? —
—¿Cuánto tiempo qué? — sus pies se empezaron a mover involuntariamente.
—¿Cuánto tiempo…?—la de cabellos largos golpeó la mesa con fuerza y agachó la mirada, su alumna vio como algo humedecía la madera del escritorio. Inmediatamente se colocó de pie y observó a Tsunade, no entendía que era lo que estaba tratando de decirle, así que simplemente decidió abandonar el lugar.
Con la mano en el pomo de la puerta y a punto de salir volvió a escuchar la misma pregunta por parte de la Sannin.
Automáticamente.. —2 meses— esa fue su respuesta y ahí entendió el sentido de esa conversación, ella supo que estaba hablándole de Sasuke. Lo que no sabía era qué cosa tenía que decirle, estaba más que claro que ese plazo se cumpliría en pocos días..
—Ha muerto—como un balde con cubos de hielo su mano se paralizó al instante, no quiso voltear, porque sabía que la vida de su maestra peligraría con solo verla.
—Así que por eso era que me estaba pidiendo disculpas—de manera racional esa fue la conclusión a la cual había llegado, su corazón no había sido capaz de abrirse para dar paso al dolor —nos vemos después, cuando tenga noticias me avisa— de un portazo abandonó el lugar y se dirigió hacia su casa.
Chocó varias veces con los transeúntes que le daban miradas reprobatorias a la distracción de la chica, sin embargo ella no era capaz de escuchar lo que las personas le decían, era como si solo escuchara un eco distante y efímero.
Entre varios intentos introdujo la llave dentro de la cerradura y abrió la puerta de la casa, cerró con delicadeza y tomó asiento frente al calendario que estaba daba directo con su habitación. Había marcado una fecha.. inconscientemente había definido un día, que justamente coincidía con la fiesta a la que Ino le había invitado hacía mas menos un mes.
Luego de perderse en la nada volvió a la realidad con la noche encima y el paso de las horas a una velocidad asombrosa. El ruido de su estomago rugiendo fue la única alarma para volver, no se había alimentado desde hacía aproximadamente 12 hrs y aquello estaba teniendo consecuencias. Abrió la nevera en busca de algo para preparar la cena y vio un tarro de manjar que estaba abierto desde hacía tiempo, rápidamente lo cogió entre sus manos y sin importarle la fecha de caducidad introdujo uno de sus dedos para coger una gota de ese producto tan empalagoso. Aquel sabor trajo su mente a la realidad, al doloroso destino que había sido deparado para ella… la muerte de la persona a la que amaba con locura. El tarro voló por los aires y las lágrimas se agolparon bruscamente, los gemidos de la ojiverde hicieron eco en la soledad de su casa… aunque siguiera esperando lo que quedaba sabía que él no llegaría, que él no cumpliría su promesa, nuevamente si iría y para siempre.
—Volviste a hacerlo, después de todo que se podía esperar de ti Uchiha; eres un maldito mentiroso… un iluso que se dejó matar… me hubiera gustado ser yo, así me quitaría la rabia que tengo— un cuchillo como un imán llegó a sus manos, observó en todas direcciones como si buscara un blanco al cual apuntar, pero no había nada de él en ese lugar —ni siquiera fuiste capaz de dejarme algo para recordarte— el aroma de sus cuerpos estaba impregnado en su propia piel, el haber compartido aquel placer carnal era lo único que él había dejado para ella. Con el filo y sin dudar cortó varias veces sus piernas, brazos y cuello, sentía que el olor de la sangre borraba la esencia de Sasuke.
Días después
—Muchas gracias a todos por venir— habló muy animada la rubia que tenía una tijera entre sus manos —Es para mí un agrado el inaugurar este lugar que con tanto esfuerzo he levantado, espero que prospere y por supuesto que ustedes sean parte de mi clientela— Ino no espero más y cortó la cinta que daba por abierta la florería que ella misma había construido.
Sakura observaba desde las últimas filas a su amiga, iba más abrigada que el común de la gente tratando de tapar las vendas que cubrían sus heridas. Sintió un olor muy particular que se acercaba, con una de sus manos en el bolsillo alistó un kunai en caso de ser un enemigo, sin embargo la amplia sonrisa de Naruto atrajo la calma a su mente.
—Creía que habías ido en una misión Sakura-chan— acotó el rubio que iba acompañado de alguien más.
—Claro que no, tengo mucho trabajo en el hospital como para ir en una misión— negó poco animada la kunoichi.
—¿Estás bien Sakura? — ella solo asintió, no quería hablar más de lo necesario con Sai; su mente era un caos y en esos momentos, él no aportaba nada a su salud mental.
—Deberías acercarte más para saludar a Ino, de seguro que ella estará feliz de verte— cogió la muñeca de Sakura y empezó a arrastrarla, sin embargo una mueca de dolor alertó al pelinegro que ayudó a la muchacha a soltarse del agarre de su hiperactivo compañero.
—Solo no hagas nada de lo que puedas arrepentirte— le dijo al oído Sai.
Dio unos pasos hacia atrás.. —él se había dado cuenta, él sabía todo y más aun, sabía lo que mi cuerpo tenía, casi como si viera a través de mi. Me creí capaz de cumplir lo que él me pedía, pero la tristeza era demasiada… era la única enfermedad que no podía curar— caminó en dirección a la salida de Konoha, apretó el kunai entre sus manos y con una pequeña reverencia se despidió de la aldea —ya no hay nada que pueda hacer aquí… Adiós—
