Capítulo 14

El sonido de las puertas y cajones abriéndose y cerrándose componían una melodía algo perturbadora, como la tormenta en la lejanía, acercándose a pasos acelerados. La furia adornaba el rostro de Zoro, que metía prendas a diestro y siniestro en la bolsa deportiva a los pies de su cama.

Cuando la creyó completa tiró del cierre, se puso una sudadera gris que yacía en el sofá, las deportivas y salió de la habitación. En la sala un consternado Mihawk se acercó a él rápidamente.

- Espera Zoro, tranquilízate ¿quieres? Vamos a hablar- soltaba cada vez más apurado el mayor en vistas de que el otro no aminoraba su marcha hacia la puerta.

- No hay nada que hablar.

- ¡Te quieres parar un momento!- exclamó asiéndole del brazo de forma brusca.

- He dicho que no tengo nada que hablar contigo- contestó frío el peliverde, sin siquiera mirarle a los ojos, tras lo cual se libró del agarre de un fuerte tirón. Llegó hasta la puerta y bajo la incrédula mirada del azabache se marchó.

- ¡Zoro!- volvió a bramar yendo tras él.

- Es mejor que lo dejes por ahora Mihawk- lo interceptó Shanks con una mirada entre la pena y el arrepentimiento.


Cuando por fin tomó conciencia de sí mismo notó el peso de un suave tejido, y lo cerca que se encontraba del borde de aquella superficie sobre la que yacía recostado; por lo que empezó a desperezarse lentamente. Se encontraba en el salón, y hasta ahí todo correcto, pero no recordaba haberse quedado dormido.

Mientras intentaba recapitular sus memorias llegó a él el olor a café, lo que le hizo que buscar su origen.

- Mejor no abras la boca y solo cógelo- dijo Kidd mientras le ofrecía una taza con el oscuro líquido. Law apenas tuvo tiempo de mirarlo a los ojos, luego a la taza y cogerla sin rechistar centrando su vista en ella. Eustass tomó asiento frente a él a la expectativa.- Ojalá ese estado zombi tuyo durara todo el día.

- Hm-masculló el pelinegro mientras frotaba uno de sus ojos.

- ¿Se supone que esa es alguna clase de respuesta?

- …enos días- respondió bostezando.

- ¿Durmió bien la princesa?- preguntó irónico, recibiendo una mala mirada por parte del otro, que ya empezaba a recobrar sus cinco sentidos.

- Al menos yo no me voy quedando dormido en casas ajenas.

- Tsk.

- Punto. Set. Y partido- contestó antes de pegar el último sorbo a su café, recibiendo una mirada fulminante del contrario.

- Como sea. Ya terminé de hacer las últimas conexiones, solo queda probarlo- comentó señalando la maqueta.

- Haz los honores Eustass-ya- entornando los ojos Kidd puso en marcha el mecanismo.

El pelirrojo destapó la pequeña placa solar y la orientó hacia la ventana. Al incidir la luz, la electricidad generada viajó a través del cableado, poniendo en marcha el motor. Éste, a su vez, trasmitió la energía mecánica de un engranaje a otro hasta llegar al molino, que empezó a girar despacio, pero de forma constante. Kidd, viendo que todo funcionaba correctamente, alzó la vista en busca de una opinión del contrario, encontrándose con la cara fascinada de Trafalgar Law.

- Es increíble Eustass-ya… Es decir, sé cómo funciona, pero dudo que hubiese sido capaz de llevarlo a cabo- el cumplido dejó a Kidd sin habla.- Sinceramente, se te da muy bien esto.

- Gracias, supongo.

- Parece que no eres bueno recibiendo cumplidos- rio el moreno.- ¿Acaso quieres ser mecánico?- la pregunta provocó la risa del pelirrojo, tomando desprevenido a Law.

- Algo así. Mi familia, entre otras cosas, es dueña de una marca de coches. Nos encargamos de la producción y distribución. La empresa la fundó mi bisabuelo, pero fue mi abuelo el que revolucionó la industria.

Él amaba los coches, bueno, creo que si lo hubiesen dejado hubiese construido naves espaciales- rio de forma nostálgica.- Por otra parte mi padre es un hombre de negocios, así que para él lo único importante es saber llevar los números de la empresa: "Pagar poco y que otros hagan el trabajo"- a medida que confesaba lo último su rostro se iba ensombreciendo.

- Intuyo que te gusta más el trabajo de campo que el de oficina.- dijo intentando relajar la atmósfera.

- Sí, pero en esta vida uno no siempre puede hacer lo que más le gusta- rebatió aún más tenso.

- Algunas veces así lo parece, pero siempre hay solución para todo. Menos para la muerte, aunque eso déjamelo a mí- bromeó.

- Si tú lo dices- sonrió, manteniéndole la mirada al ojeroso.

Eustass Kidd no sabía que tenía Trafalgar Law. Aquellos ojos grises le transmitía la confianza necesaria para sentirse tranquilo y a salvo, incluso hablando de uno de los temas que más le dolían. Y eso lo enfurecía, porque no podía permitirse crear ese tipo de lazos otra vez.

Por su parte, Trafalgar Law sentía una calidez extraña en el pecho, algo que atribuyó a la repentina sinceridad de Eustass Kidd. Era lo suficientemente perspicaz como para darse cuenta que el pelirrojo apreció sus intentos por quitarle importancia al tema, que de lejos se veía que le incomodaba.

Ambos se observaban mutuamente, en un ambiente que rozaba lo irreal, sin tensión, sin preocupaciones, como si se conocieran de toda la vida. Sin embargo, aquello no duró mucho pues el sonido del timbre explotó su pequeña burbuja.

- ¿Esperas visita?- preguntó Kidd saliendo de su ensimismamiento.

- No… será algún vecino- contestó extrañado Law, tras lo cual se levantó y se dirigió a la puerta. Al abrirla se encontró con una sudadera gris, unos pantalones con los bajos sucios y una cabellera verde. Zoro estaba ante él, sudado, y con una bolsa de deportes colgando del hombro.

- Yo… no sabía a dónde ir…- balbuceó nervioso.

- Tranquilo, pasa- respondió apartándose de la puerta.- Espero que no te moleste Eustass-ya.

- No pasa nada, de todas formas yo ya me iba- dijo mientras se levantaba para coger sus herramientas, con una mezcla de confusión y molestia.

- Siento la interrupción, de verdad.

- No te preocupes Zoro-ya- le restó importancia el moreno.- Y Eustass-ya, nos vemos el lunes- se despidió con una sonrisa Law.

- Lo que tú digas Trafalgar- replicó el otro cerrando la puerta tras de sí.

- Ahora, ¿me vas a explicar qué ha pasado, o he de entender que me quieres tanto que no concibes la idea de vivir lejos de mí?- exigió saber Law alzando una ceja. Sin embargo, relajó su expresión al ver como el otro empezaba a temblar.

- Lo he jodido todo.


En un ático cerca de allí, Mihawk tenía la mirada fija en la nada, intentando asimilar todo lo que había pasado: la expresión consternada del menor, los gritos, el puñetazo, la confesión… Zoro marchándose. "¿Qué diablos había hecho?" era la pregunta que pasaba por su mente una y otra vez, clavándose cada vez más en el fondo de su corazón.

Salió de sus pensamientos al ver una pequeña bolsa con hielo delante de él. Shanks se apoyó en el respaldo del sofá.

- Póntelo, aunque creo que te va a quedar marca. Ese niño sí que sabe dar un derechazo.

- No estoy para bromas Akagami. Además, todo esto es culpa tuya, ¿lo sabes no?- señaló irritado.

- Lo sé, y no me siento orgulloso. He de admitir que calculé mal mi último movimiento, pero al menos ahora ya sabes lo que siente- respondió alzando los hombros y rodeando el sillón para sentarse junto al azabache.

- Hubiera preferido que las cosas siguiesen como hasta hora- confesó dejando caer la cabeza en el respaldo mientras colocaba la bolsa sobre su pómulo izquierdo.

- ¿Cómo? ¿Con una tensión sexual-amorosa no resuelta? Qué bonita forma de vivir. Al menos ahora sabes que él siento lo mismo que tú.

- ¡Por Dios santo Shanks! Tiene 15 años, todavía no sabe siquiera que significa la palabra amor.

- Mihawk, yo he visto cómo te mira. Y lo que dice su mirada no proviene de un sentimiento que naciera ayer. Yo creo que ni él mismo lo supo ver hasta hace poco.

- Aunque todo eso fuera cierto, hay ciertos hechos que no puedo ignorar, cómo que es mi alumno y que nos llevamos 11 años. Mis sentimientos se podrían catalogar de pederastia fácilmente.

- Es verdad que quizás no es el momento, y que sería mejor esperar unos años, pero eso no quiere decir que en un futuro no podáis estar juntos.

- Incluso con esas, a estas alturas dudo que algo así suceda. No después de todo lo que ha pasado.

- Si me aceptas un último consejo,- empezó a decir el pelirrojo- creo que deberías sincerarte con el chico. Zoro, aunque sea joven, ha demostrado tener la cabeza sobre los hombros, tanto, o más, que tú y que yo.

- No sé…

- Tú dale este fin de semana, seguro que está en casa de alguno de sus amigos. Dale tiempo para pensar, además tú también lo necesitas. Pero, por favor, no vuelvas a levantar muros a tu alrededor, no sólo te haces daño a ti, también se lo haces a él.


- Tampoco hay que precipitarse, ¿seguro que no malinterpretaste las cosas?- preguntaba Law mientras le tendía una toalla a su interlocutor.

- ¿Qué voy a malinterpretar? Estaban en la misma cama como dios les trajo al mundo. ¿Crees que ahí se puede malinterpretar algo?

- La verdad es que lo pones difícil. Entiendo que estés frustrado,- repuso mientras se sentaba- no tuvo que ser agradable.

- Lo peor es que le pegué, y después, encima, me confesé- dijo Zoro hundiéndose más que sentándose frente al moreno.

- La verdad es que no es la mejor combinación- respondió Law sobándose la nuca.

- Estaba ciego de ira y me salió, sin más- explicó el peliverde.- No me va a volver a mirar a la cara- sentenció escondiendo la cara tras las manos.

- No nos precipitemos…

- No quiero verle Law- dijo en un sollozo.

- Pero es tu tutor, y tu profesor. Además Shanks…

- ¡Lo sé! ¿Crees que no lo había pensado? ¿Con qué cara voy a clase ahora?

- Zoro… si necesitas estar un par de días aquí… ésta es tu casa, incluso si necesitas que te cubra en el instituto, lo haré… Yo…, no sé qué más decirte.

Sólo ten en cuenta que algún día tendrás que enfrentarte a esta situación, ya no vale esconderse o ignorarla.

- Lo sé… Solo, …necesito un poco de tiempo.