Vida Nueva.

Capitulo 14.

Probablemente la muerte es el momento más irónico en la vida de todo asesino y del ser humano en general, sin embargo es en el primer caso donde el golpe debería ser más duro. Se entiende más que perfectamente que un asesino se dedica a matar, a derramar la sangre ajena a la suya, a terminar de golpe con la existencia de alguien, llámese buena o mala gente, ya sea por oficio o por cualquier otro sinnúmero de razones más que van desde lo más ridículo hasta lo más perturbablemente sádico que la mente humana sea capaz de imaginar. Las personas les tienen miedo porque hacen lo que hacen, pero olvidan que ellos también son de carne y hueso y tienen fecha de caducidad que también puede avanzar hasta su natural hora final, o culminar de repente por gracia de otro asesino. Resulta gracioso pensar que alguien que se ha dedicado a hacer sin permiso el trabajo de la Muerte acabe igual que todas y cada una de sus víctimas. Hay casos incluso en los que el karma y la ironía parecen acordar darles el golpe final de una forma más interesante, y en este caso aquel interesante acuerdo tiene su momento de apogeo cuando un asesino va a ser asesinado por otro asesino.

Irónico y hasta gracioso; no se puede describir mejor situación similar.

A veces Tokaku se preguntaba porque demonios su mente la ponía a reflexionar en cosas como esas cuando necesitaba total concentración en su objetivo y le molestaba que su mente la desconectara por pequeños periodos de tiempo que parecían eternidades, más encima si tenía a alguien atentando contra su vida.

Apenas regreso a su realidad, Tokaku inmediatamente se hizo a un lado para esquivar con éxito el primer golpe de su contrincante que en menos de lo previsto ya había lanzado otro golpe. No tuvo tiempo de reaccionar y recibió el impacto yéndose un par de pasos atrás sintiendo su mejilla arder. Tokaku miro al frente no muy bien recuperada todavía del aturdimiento del golpe anterior y se encontró con la imagen del otro asesino dirigiéndose a ella, prácticamente de un brinco, con la filosa punta de su daga lista para atravesarla. Bien, dos podían jugar ese juego y ella atino a desviar el potente impacto utilizando el cuchillo en cuya hoja había delirado no hace más de cinco minutos atrás. El sonido del metal contra metal retumbo en los oídos de ambos asesinos que por mera inercia recuperaron el firme agarre de sus mortales armas en otro intento inútil por desgarrar la piel de su contrario.

Repitieron el mismo movimiento por tercera vez y el resultado fue el mismo. Ella mantenía sus ojos atentos a cualquier movimiento que el sujeto hiciera pero al mismo tiempo prestándole especial atención a los profundos agujeros negros en la máscara que simulaban ser sus ojos, una acción inútil considerando la cantidad de humo que los rodeaba y las danzantes llamas de fuego detrás suyo hacían un contraluz que le impedía ver un panorama decente. El Gato no parecía querer hacer otro movimiento y Tokaku aprovecho eso para asestarle un golpe en el costado con su rodilla. El tipo se encorvo agarrando con una de sus manos la zona dañada esperando a que le pasara el dolor. Se estaba quejando y entre alguno de esos quejidos bajo su guardia, Tokaku por supuesto aprovecho eso para moverse y no queriendo arriesgarse a un contraataque sorpresa le lanzo su cuchillo directamente a la cabeza.

Por un mísero segundo Tokaku pensó que de verdad podría librarse de su inevitable destino final, el arma hacia espirales cortando el aire en lo que avanzaba sin ninguna interrupción directamente al cráneo. El Gato todavía estaba agachado cuando al cuchillo solo le faltaban tres segundos para clavarse en su cabeza, pero justo en el último momento el muy cabrón detuvo el arma frente a él como si hubiese atrapado una pelota de tenis, lo cual no la hubiese sorprendido tanto de no ser porque en ese momento su contrincante miraba al piso.

-De no haber sido yo al que le lanzaste este cuchillo incluso te hubiese aplaudido y aun así no puedo evitar halagarte, tienes una puntería envidiable— Decía mientras se ponía en pie volviendo a dejar ver su alta figura cubrir las llamas a sus espaldas.

Tokaku apretó los dientes.

-Que lastima que no haya funcionado como querías, pero entiende que no puedo dejarte las cosas tan fáciles.

-Yo tampoco dije nada de ser considerada— Dijo seria Azuma.

Detrás de la máscara El Gato reía.

-La última vez que nos vimos jure que te había matado, no te veías muy bien a decir verdad— Continuo hablando en lo que jugaba con el filo del arma entre sus dedos— Una semana inconsciente y dos más de recuperación, si mal no recuerdo. Tengo que admitir que de todos los asesinos "profesionales" o de alto rango que me han enviado a eliminar ninguno ha resistido tanto como tú, pero eres una Azuma y creo que es lógico esperar eso de ti.

-¿Por qué hablas tanto? Viniste aquí a pelear conmigo, no ha dar un sermón.

-Me gusta hablar. Me gusta el arte del lenguaje, el poder de las palabras, algo así como la forma sutil que tienen algunos para volver locos a los más cuerdos o desgraciados a los más prósperos. Y es curioso –Le lanzo el arma y ella la atrapó—… es curioso que me guste hablar con mis objetivos antes de enfrentarme en batalla con ellos porque la mayoría solo grita o llora, pero algunos tienen cosas muy interesantes que contar.

-¿Hablas en serio?— Tokaku alzo una ceja manteniéndose estoica; aquello le parecía de lo más extraño.

-Muy en serio. Pienso que tienen más poder que una bomba nuclear, ¿tú no?– Ella se encogió de hombro, suficiente tenía con lo poco prudente que podía ser su mente a veces para aguantarlo de paso a él— Bueno, no parecer querer retrasar tu muerte y el fuego no tardara en consumirlo todo. Todo el segundo piso nos aplastara si no terminamos a tiempo ¿Quieres continuar ya?

-Voy a cercenarte la cabeza en cuanto tenga en el piso tu cadáver— Maldecía entre dientes la peli azul poniéndose en guardia

-Eso no lo dudo, lo curioso es que para conseguir mi cadáver primero tienes que matarme, Demonio Azuma.

Como cordial invitación Tokaku no dudo en tomar otro de los cuchillos que habían terminado en el suelo momentos atrás, cuando El Gato detuvo su ataque múltiple usando solo su daga, y se lanzo contra su adversario quien movía ansiosos los dedos de sus manos enguantadas en el mango. Nuevamente hubo un choque de metal contra metal con un resultado distinto, esta vez la asesina utilizo las dos armas en un solo movimiento logrando inmovilizar de golpe la mano del enmascarado. Le basto solo un movimiento de manos para que El Gato soltara su arma cuando sintió su muñeca doblarse a causa de la acción de ella y entonces, haciendo uso de su fuerza adquirida por los años de entrenamiento atrajo al Gato hacia ella propinándole un golpe a un costado de la máscara seguido por otro en el abdomen.

El asesino retrocedió, pero eso no le impidió bloquear con maestría la patada que Azuma estaba por darle usando su antebrazo. La asesina intento hacer el mismo movimiento con su otra pierna pero nuevamente su ataque fue bloqueado y de paso permitió que su contrario usara su pierna para mandarla a volar hacía algún punto de su sala en llamas.

De estar flotando contra su voluntad entre el humo y el fuego pasó a recibir de lleno un repentino golpe en la espalda que la hizo caer de cara al piso. El muy cabrón la había mandado directo a una pared que ya mostraba signos de algunas quemaduras y el impacto le había sacado el aire. Trato de recuperarlo inhalando desesperadamente, apenas lo consiguió ya que el aire estaba siendo contaminado por tanto humo y polvo. Se puso de pie buscando algún indicio del otro asesino que, conociéndolo, podría saltar de las llamas en cualquier momento y el fuego a su alrededor le impedía ver mucho. Su corazón estaba acelerado, había demasiada adrenalina invadiéndole, le ardían los ojos y la tensión en su cuerpo aumentaba con cada segundo en el que se veía incapaz de localizar al enmascarado. No podía olerlo, su aroma se confundía con el ambiente, y eso tampoco era bueno. Escucharlo menos, por algo le llamaban El Gato.

Se alejo de ese rincón lo más que pudo hasta que encontró un espacio más abierto donde busco al tipo de la máscara encontrando en cambio un vacio interrumpido por el crepitar de las llamas. Avanzo con su mirada atenta a todo lo que sus ojos pudieran captar. No se había ido, eso era obvio, estaba por ahí esperando a que llegara el momento perfecto para llegarle de la nada posiblemente con la intención de cortarle la garganta. Tokaku sentía sus latidos golpear su pecho una y otra vez, se estaba desesperando mucho y no le convenía pues según lo que le habían enseñado en su tiempo de estudiante en la Academia 17, la alteración de un individuo llamaba la atención de otro; si El Gato la encontraba antes que ella corría muchos riesgos que prefería evitar.

Saco su pistola y le quito el seguro, no tenia balas de repuesto pero eso haría las cosas más emocionantes. Inmediatamente después algo paso a su lado rasgando su brazo y ropa; la daga había pasado cual rayo a su lado y acabo clavándose en la pared detrás de ella. Tokaku apunto el arma de fuego al frente y jalo el gatillo aunque no pudiera ver a su objetivo esperando que el disparo hubiese sido suficiente para mover al tipo de donde sea que se encontrara. De la nada, luego de un sordo disparo, salida de entre las llamas una bala rozo su pierna y otra le dio en el costado obligándola a retorcer la mitad del torso e instintivamente presionar con su mano la zona afectada apretando los dientes, pero sin dejar de ver al frente. Dolía horrores y sintió como la sangre empezaba a salir escurriendo por sus dedos. Ahora estaba en desventaja.

A como pudo busco protegerse detrás de lo que quedaba de un sillón que le serviría como barrera por un rato, por lo menos hasta que se redujera el dolor. Quito su mano para mirar la herida para examinarla, la piel estaba quemada y fluía sangre, no tanta para matarla por falta de esta, pero si lo suficiente para marearla si no encontraba algo con que impedirle el paso y algo con que hacerlo era precisamente lo que no tenía.

-Oh, ¿te di? Que interesante, por lo general mi puntería no es buena, por eso prefiero el combate cuerpo a cuerpo.

Su voz retumbo en sus oídos, Tokaku tuvo que contenerse para no cometer la imprudencia de salir sin saber exactamente donde estaba.

-Sal, pequeño conejo, no hay perros que puedan cazarte.

Oyó las pesadas botas yendo de aquí para allá, deteniéndose por segundos, período en el que Tokaku aguantaba la respiración y agudizaba su oído. De la nada la sala se había consumido en un silencio enloquecedor en el que su alterado corazón, el ardor de su brazo y pierna junto con la sangre escurriéndose entre sus dedos eran lo único que le recordaba que no debía gritar estando él por ahí.

-Ven a mí demonio, demuéstrame de que están hechos los Azuma.

Tal vez debería salir. Si, era tentador. Podría salir y matarlo de un solo tiro en la cabeza. No era tan mala idea.

-¿Dónde carajos estás, Azuma Tokaku?

Apretó con fuerza la pistola, cerró los ojos para reducir su propia tensión y espero a que las botas volvieran a moverse. Cuando lo hicieron, Tokaku se dio cuenta de que El Gato estaba justo a la par suya y justo cuando iba a salir una mano enguantada apareció de la nada sacándola de su escondite para, a continuación, elevarla varios centímetros del suelo justo frente a la monstruosa mascara blanca.

-Te encontré, Azuma— Y fue un error.

Antes de que El Gato pudiese jalar el gatillo de su arma ella utilizo la suya para golpearlo directamente en la cara, precisamente en medio de los agujeros que pretendían ser sus ojos y después hizo lo mismo con el brazo con el que la estaba sujetando. En cuanto sus pies tocaron el suelo se abalanzo sobre él logrando así derribarlo cuan largo era. La pistola del asesino se desprendió de su mano cuando se encontró en el piso y ella se aseguro de arrojarla lo más lejos que pudiera de su alcance. Intento inmovilizarlo usando una llave al estilo de la lucha libre, cosa que le funcionaba en la mayoría de las ocasiones siempre y cuando el cuerpo no le doliera mil infiernos. Estaba débil para hacer algo tan brusco, su oponente se dio cuenta de eso y más temprano que tarde este la empujo con su pie para sacársela de encima para volverse a levantar en busca de su arma. Tokaku entonces apunto el cañón y jalo el gatillo un par de veces; la primera bala rasgo la piel de su abdomen y la otra le dio en el hombro haciendo al asesino soltar un alarido que lo hizo dejar caer su peso sobre una rodilla mientras su traje negro adquiría una mancha que se hacía más y más grande.

Haciendo honor a su apodo, el asesino ignoro completamente su dolor e hizo uso de la fuerza de sus piernas para impulsarse adelante al sitio donde veía su pistola que todavía le quedaba muy lejos. Justo entonces Tokaku había disparado tres veces más y él burlo las tres balas sin problema alguno, luego disparo otras tres veces más y él se lanzo al piso sin dejar de moverse esquivando todo ataque que la chica de pelo azul le mandara. Dio un brinco y llego donde su preciada arma, la cual automáticamente apunto a Azuma, quien jalo el gatillo de la suya varias veces más. El asesino se agacho al momento en que la primera bala pasó por encima de su cabeza, luego se impulso adelante nuevamente haciendo uso de sus piernas y con su brazo sano disparo a la pistola de Tokaku, la cual salió volando nada más recibir el impacto dejándola a ella con un terrible dolor en la mano.

-¡Mira nada más, estoy de suerte el día de hoy!— Exclamo poniéndose de pie. Uno de sus brazos estaba flácido, no lo movía para nada y se podían apreciar las gotas de sangre caer desde la punta de los dedos de su guante— Lamento no decir lo mismo de ti.

-No es como si me importara— Respondió ella, también levantándose, apoyando su peso en una rodilla— Voy a matarte, no me interesa si eres el mejor asesino de Inferno o del mundo, ¡yo misma mandare tu maldita cabeza a las puertas de esos bastardos!

De pronto algo le fallo, el piso se le había movido de la nada, se sentía mareada y su cuerpo ya no parecía querer responderle bien. Dirigió su mirada a su costado y entendió el porqué; su camisa y el interior de su chaqueta estaban empapados en una fresca mancha roja. Tokaku se frustro, estaba perdiendo mucha sangre y a ese paso necesitaría atención médica urgente, no importaba si mataba al Gato, si no hacía algo con esa cosa de todos modos moriría.

-¿Qué tienes? Parece como si estuvieses por agonizar— Y una mierda con ese canalla, ¿¡es que jamás se iba a callar!?

-No voy a morir— Murmuro entre dientes recuperando la compostura— No puedo morir aquí… Le prometí que haría todo lo posible por estar con ella. Debo cumplir mi palabra… Haru…

Un instante después recibió de lleno el violento golpe de un puño en el abdomen que la pudo mandar de nuevo al piso de no ser porque a continuación le dieron otro con la misma potencia en la quijada. Se sorprendió a si misma cuando se dio cuenta de que todavía podía estar de pie, pero frente a ella, la imponente figura de El Gato le recomendaba en silencio que se preparar para su final.

-Vamos demonio, no tienes porque temerle a la muerte.

-No tengo miedo— Hablo con voz molesta y cansada, un hilo de sangre escurría de su sien derecha y otro por un extremo de su boca.

-Bien dicho.

A paso lento y seguro el enmascarado avanzo al frente provocando que la adolorida chica se pusiera en guardia a penas siendo capaz de mantener sus brazos elevados. El dolor de su mano le impedía convertirla en puño, y aun si también pudiese utilizar la otra para pelear cuerpo a cuerpo necesitaba las dos tratándose del bastardo que ya tenía a un paso de distancia.

Cruzaron miradas, el profundo azul de los ojos de la ultima descendiente del poderoso clan Azuma se clavo cual estaca en la máscara burlona de la figura más alta. Quiso golpearlo mil y un veces y así matarlo, pero se le adelanto y con solo golpe en el abdomen logro derribarla cual árbol recién talado. Tokaku gimió de dolor cuando su cuerpo se desplomo sin delicadeza alguna sobre el piso cubierto de vidrios y pedazos de concreto. Apenas pudo abrir uno de sus ojos cuando sintió que la agarraron de la parte de atrás de su camisa medio ahorcándola mientras la arrastraban por el suelo cual bolsa de basura hasta recargarla bruscamente en una pared. Miro arriba, sin mostrar cansancio, con la misma expresión desafiante, severa e intimidante que en algún momento había silenciado a la habitación más estridente con su sola presencia.

Justo como ocurrió en el sueño de días atrás, ahí estaba ella, tirada en el suelo, casi moribunda, de cara a un misterioso sujeto que portaba una máscara de gato que poco después le apuntaba a la cabeza con el cañón de una pistola.

Haru despertó cuando escucho la puerta abrirse y consecuentemente escucho pasos acercándose para luego detenerse a una prudente distancia de donde ella se encontraba. Abrió los ojos encontrándose con que estaba acostada en un piso hasta hace poco ajeno, sus ojos estaban rojos e hinchados a causa del incontrolable llanto que acabo por derrumbarla en la superficie fría donde ahora estaba. Apoyo su peso sobre sus manos para inclinarse llevándose una mano al rostro, le dolía la cabeza, sus pensamientos no estaban lo suficientemente claros todavía para recordar la razón por la que había estado llorando. Froto sus ojos y miro atrás dándose cuenta que un hombre de cabellera blanca e impecable traje del mismo color la observaba sentado desde una cómoda silla mientras cargaba a su hija. Kaiba tenía un semblante serio no muy usual en él pues se suponía que era un hombre generalmente burlesco y a pesar de que sus ojos estaban cubiertos por un par de gafas oscuras Haru podía sentir su mirada sobre ella.

-¿Dormiste bien?— Pregunto a sabiendas de la negativa de su respuesta.

-¿Cuánto tiempo dormí?— Inquirió levantándose del suelo dirigiéndose a la silla libre a lado de él. Rin estiro sus brazos sin poder contenerse al deseo de ir a los brazos de su madre que no parecía estar en sus mejores momentos. Kaiba le entrego a la niña y esta se acurruco en su regazo contenta de volver a ver a Ichinose, quien le sonrío y acaricio fingiendo entusiasmo.

-Más o menos –Kaiba miro al reloj que estaba encima de la puerta—… unas cuatro horas.

-¿¡Que!?

La muchacha se alarmo por la respuesta y pronto a su mente se vio abrumada por los recuerdos de su novia y su confrontación con El Gato, sin embargo trato de mantener su compostura cuando vio que su pequeña la miraba con preocupación. Ichinose la tranquilizo, sonriéndole y revolviendo con afecto aquella mata de pelo que le recordaba tanto a su amada. Unos momentos después la niña cayo dormida al no haber encontrado otro momento para descansar en el transcurso del día.

-¿Han sabido algo de ella?— Dijo desesperada.

El hombre frente a ella guardo silencio y luego de unos tortuosos segundos lanzo un suspiro que estrujo el corazón de Haru provocando a su vez un nudo en su garganta.

-De hecho, Haru-chan, encontramos a Tokaku hace más de dos horas, su pelea con el agente de Inferno termino mientras estabas dormida.

-¿¡Y porque no me dijo nada!?— Exclamo desesperada, con lágrimas amenazando con brotar de sus ojos.

-Estabas dormida— Respondió el otro como si fuera la respuesta más obvia del mundo.

-¡Kaiba!— Le reprendió ella, pero inmediatamente después colapso en toda su angustia y desesperación— ¿¡Cómo esta Tokaku!? ¿Está viva? ¿Está muerta? ¡Conteste, por favor!

-Haru-chan, tranquilízate vas a asustar a mi nieta— Dijo al ver que la niña se revolvía inquieta en los brazos de su histérica madre. A Ichinose eso le pareció de lo más raro pero decidió no hacer ningún comentario al respecto— Si quieres verla tendrás que acompañarme, pero te advierto que no te gustara nada lo que estas por ver. Dame a la niña, no creo que todavía estés en condiciones de cuidarla.

La chica se quedo atónita, apenas si recordó que tenía que respira, absolutamente nada de lo que Kaiba le había dicho le había dado buena espina y antes de que pudiera darse cuenta Rin había vuelto a acabar en los brazos del albino.

-Sígueme.

Con el corazón casi saliéndose de su pecho, Haru se levanto de su asiento sintiendo que sus piernas la traicionarían en cualquier momento. No estaba llorando pero su miedo era mucho más intenso que cuando le dijeron que no podían interrumpir en la pelea para ayudar a su novia, y ahora que Kaiba le decía que la habían encontrado, pero sin más especificaciones, una sensación de desconsuelo recorrió cada centímetro de su piel y la necesidad de ver a Tokaku se hizo más fuerte que antes

¿Estaría bien y podría continuar a su lado por más tiempo? ¿O habría muerto y lo único que podría ver de ella por última vez sería su frio cadáver?

Fuera cual fuera la respuesta a sus interrogantes, Ichinose Haru ya se estaba preparando para lo peor.

¡Eh regresado! *Una espada sale de la nada y se clava encima de su cabeza*

¡Por fin actualice! Uff, sin duda un capitulo extenso, pero ojala les haya gustado porque me costó un calvario describirlo, sobre todo en las escenas de la pelea y todavía no me convence mucho pero buano. Oh, por cierto, el fic ya está a punto de llegar a su final, de hecho le faltan dos capítulos, que constara del siguiente y un epilogo, que será algo así como un extra, por lo tanto hare todo lo posible para que el capitulo que sigue sea de su gusto y haga valer todos los Reviews que se han tomado la molestia de dejarme :3 Son los mejores, en serio. Recuerden que todo comentario, critica, sugerencia u opinión es aceptada, incluso los PM. Y bueno, hasta aquí. Nos vemos en la próxima. Adios.

Riux, Chaitooo.

P.D- ¡Ya vamos para el final!