TRAICIÓN PLANIFICADA

CAPÍTULO 14

¿Por qué de repente te pones así de alterado? —preguntó la navegante asustada.

Porque ahora sí que percibo una tremenda fuerza procedente de un digno rival.


Luffy no temía por las vidas de las víctimas que había rescatado de ese espantoso hospital en ruinas. Tampoco residía en él la preocupación por la turgente pelirroja que lo escoltaba.

¿Por qué no? No olvidemos que justamente él era uno de los piratas más conspicuos que subsistían en esa era. Sería considerado una deshonra si le diese a alguien tan cobarde, quien no había tenido aún la audacia de mostrarse, el placer de regocijarse con su derrota e herir a sus acompañantes.

Pero Nami aún no entendía eso. Nuestra querida navegante demasiado subestimaba al futuro Rey de los Piratas.

Noto su presencia. Esa persona está esperando a que subamos.

¿Y Robin? ¿Puedes notar su presencia también?—sugirió Nami algo agotada de tanto subir escaleras.

No puedo. Robin no posee una «aura poderosa» para que el Haki pueda percibirla.

Ya entiendo —dijo ella desilusionada.

Oi, os veo a todos agotados. ¿Acaso os quedan fuerzas para luchar?

¡Claro que sí, Mugiwara! —gritaron todos al unísono.


Resistieron como campeones. Habían llegado por fin a la última planta:

El escenario no era más que vigas mugrientas por doquier. Ni el techo se mantenía en las mismas condiciones que las de un edificio corriente, incluso el cielo se dejaba ver en algunas partes y en otras, era eclipsado por lo que quedaba de techo. Había una remota posibilidad de que en un soplido todo el estropeado hospital se viniera abajo.

¿Quién diría que un pirata de tan mala reputación tuviese como intención rescatar a la familia que yo misma he ido acogiendo? Qué ruin. Me has arrebatado el trabajo de toda mi vida —soltó con pura desidia una mujer que estaba sentada entre escombros y quien escondía su identidad en la oscuridad.

Muéstrate —ordenó el moreno.

Monkey D. Luffy, ¿has venido en busca de tu amiga, no? Aquí la tienes. Mi secuaz y yo nos hemos encargado de cuidártela.

¿Robin? ¿¡Qué carajos le habéis hecho a Robin!? Desgraciados..., ¡esto lo vais a pagar muy caro!

Luffy andaba pausadamente con la furia adueñándose de él.

Bien decidido se encaminó hacia las tres siluetas, dos sentadas y una estirada en el arruinado suelo.

109, no dejes que se acerque —estableció la mujer.

¡Nami, necesito que cojas a Robin y abandonéis este lugar cuanto antes! —ordenó el moreno sin parar de caminar —Esto no va a durar en pie por mucho tiempo.

¿Eres consciente de lo que me estás pidiendo? —respondió la navegante con fastidio —¡Si me voy, da por hecho que esos dos acabarán contigo sin cavilaciones!

No te preocupes, que contra mí no tienen posibilidad —corrigió Luffy —Corre, Nami.

La joven sin querer rechistar más a la petición del estoico capitán ejecutó lo que se le enmendaba con éxito. Pudo defenderse con el Clima-Tact sin complicaciones de las garras del secuaz motejado "109". Los demás también cooperaron cubriéndola mientras ella se echaba la arqueóloga a las espaldas.

La ropa, su piel, el cabello... Todo en Nico Robin dejaba a la luz el trato tan descuidado y la crueldad con la que había sido humillada. No parecía la misma, necesitaba los auxilios de Chopper urgentemente.

Ya la tengo. ¡Nosotros nos vamos ya! —anunció Nami.

¡De acuerdo, vigilad! Ah, y no olvides de cuidarme el sombrero como hasta ahora ¡shishishi! —sonrió con retintín al recordar que su auténtica alhaja reposaba en la anaranjada cabeza y no en la suya.

Nami se alegró al verlo más calmado. A pesar de que algo en ella le impulsaba a quedarse tenía que creer en sus palabras y dejarle hacer. Pero, ¿cómo un corsario se aferraba tanto a esos ideales de compañerismo que hasta a ella le era difícil de comprender? Era de locos, pensó.

Así pues, abandonaron a un Luffy solo, desamparado y secretamente desilusionado dado que la muchacha demostró no confiar plenamente en él

¿Qué hacemos? ¿Dejamos que se marchen? —cuestionó 109.

Pues... —bufó la individua con pereza —No, no dejes ni a uno solo con vida. Mientras, yo saldaré mis cuentas pendientes con este indecente.

El intrépido 109 escapó de la negrura que lo opocaba y con recochineo rodeó a Luffy para ir tras Nami y los demás.

¿¡Y TÚ CREES QUE ESTANDO YO AQUÍ TE LO VOY A PERMITIR!? —rugió Luffy a la vez que incrustaba su cara contra el pilar de hormigón de su costado —¡Prepárate que tú serás la siguiente!

No entiendes lo que estás haciendo. Está isla no necesita que delincuentes como vosotros os inmiscuyáis en sus asuntos. El alma de estos habitantes está corrompida por la prostitución, por drogas... Qué más decirte, carecen de color y de sabor.

¡GEARD SECOND!

Nadie se preocupa por las personas que has salvado. Te lo dice una mujer que ha pasado toda su vida trabajando como puta en esta podrida isla. ¡Por eso, hacerles pagar a esta gente todo por lo que me hicieron vivir sigue siendo insuficiente!

GOMU GOMU NOO...

En ese entonces era lo único que me mantenía firme: reunir y aliarme con todos violadores que viven clandestinamente en islas de los alrededores e instalar aquí nuestra guarida. Me resulta satisfactorio ver cómo los habitantes pierden a sus seres queridos y mueren lentamente de angonía ¿a ti no?

¡...JET PISTOL!

Su brazo humeante se disparó a propulsión contra la mencionada que aún se veía sumida en las tinieblas. No llegó a rozarle pues de alguna forma se las apañó para esquivarlo; lo logró aún la excesiva dificultad que eso conllevaba.

Ahora ya sé de donde provenía esa tremenda voluntad —admitió Luffy —Solo eres la personificación del resentimiento, nada más.

Estás negando que he podido esquivar tu ataque.

Pues a ver si puedes con este: GOMU GOMU NOO... ¡JET...!

De repente, unas redes de kairoseki se le arrojaron pillándolo desprevenido.

¿Cómo crees que mis seguidores atraparon a tu amiga? Dispongo de toda variedad de armas que se puedan fabricar con este poderoso material.

¡Me importa un comino tus armas, tus motivos y tu pasado! En el momento que tus pupilos mataron a Krisla y secuestraron a Robin, me declaraste la guerra —aulló forzándose a ignorar los efectos del kairoseki¡GOMU GOMU NOOOO... ONO!

De la misma manera que se sacude un látigo para avivar a la bestia, Luffy liberó una de sus piernas y con ferocidad la pierna ascendió y ascendió... para después convertirse en el detonante de la demolición del edificio.

Esa tipa que vivía en el anonimato y que era inasequible una justa descripción de su físico cavó su propia tumba bajo los escombros.


Los asesinatos no cesaron pero sí disminuyeron en gran cuantía. Si todo el pueblo se unía y lo afrontaba de verdad, podían abolir por completo el número de homicidios. No obstante, eso no era más que una utopía incuestionable.

El siguiente día que soplaba fuertemente de tramontana, la tripulación quiso celebrar el funeral de Krisla lo más cerca posible de la playa. Ella le preguntó a Luffy cómo era la vida siendo pirata. Por esa razón pensaron que era lo menos que merecía la pequeña, descansar en paz mientras el enajenamiento causado por el mar la acompañaba.

¿No crees que ya va siendo hora de regresar al Sunny? Ya han vuelto todos, solo faltamos nosotros.

Ah... ¿Aún sigues aquí, Zoro? Vaya, por alguna extraña razón he perdido la noción del tiempo sin poder apartar la mirada de la tumba... —dijo Luffy reflexivo.

No te comas tanto la cabeza. Esto era imposible de que tú y yo lo hubiéramos podido prevenir.

Quién sabe.


Por fin vienen esos dos —mencionó Usopp —¿Qué hacemos ahora, Nami?

Este viento y su dirección nos vienen que ni pintado. ¡Izad las velas! Aprovecharemos la inclemencia que nos ofrece este vendaval ahora o nunca —puntualizó la navegante.


Ya en medio del mar...

¡Chicos! Esto es urgente —berreó Chopper manifestándose por la puerta de la enfermería del barco —Hay que hacer algo de inmediato con las esposas de kairoseki que lleva puestas Robin. He comprobado que le está absorbiendo la energía aun estando ya exhausta.

¿Qué pasa, Chopper? —preguntó el capitán aproximándose —¿Qué dices que le ocurre a Robin?

¡Está agonizando! Tenemos que deshacernos de esas esposas enseguida.

Yo las cortaré. No hay material que se resista al acero de mis katanas —dijo Zoro.

Sí, adelante.

Ya has oído al capitán. Échate a un lado, Chopper.

¡N-no! ¡Es demasiado arriesgado! ¡El kairoseki es un material que precisa de una fuerza para ser cortado! Si te sobrepasas...

¡Tsk...! ¿Acaso no la quieres salvar? Apártate.

De improviso, una bala de cañón cayó a unos diez metros del barco. La Marina hacía su aparición avisándoles de su llegada.

Pero no era una flota cualquiera. La capitaneaba un temible almirante: el "Mono Amarillo".

(Hágase referencia al capítulo 8 donde esperaban a reunir un gran número de soldados y a un almirante para acometer a los Mugiwara).