Sakura Kinomoto P

Sakura Kinomoto P.O.V

Llegar a mi casa después del trabajo se había vuelto una rutina, y aunque ya me había acostumbrado y ya no me fastidiaba tanto como al principio, debía decir que sin duda alguna, la parte más tediosa era de hecho, regresar a lo que se suponía, debería llamar casa.

Pero hoy, resultó más agónico que ningún otro día. Fue una tortura en todo el sentido de la palabra, y no porque tenía que cenar con Clow y mi madre. Incluso eso comenzaba a volverse más tolerante.

Pero hoy era diferente, y tuve que saberlo desde que vi un lujoso auto estacionado frente a la casa, sin contar el Mercedes de Nadeshiko y el Jeep de Clow. Me gustaban los autos, y reconocer qué modelo y qué marca de auto no fue muy difícil. Lo que era más difícil era determinar a quién pertenecía el auto más bello del planeta. Un Ferrari. También me fue difícil llegar a percatarme que en verdad no estaba soñando.

Pero ésta no fue la parte agónica. Por supuesto que no. Aunque si lo analizamos bien, en realidad sí era una agonía que alguien tuviera la desfachatez de pasearse con un auto que costaba más que mi persona, a sabiendas que era una población mínima de malditos afortunados que podían adquirir algo así.

Ni siquiera había cruzado el porche, cuando escuché un escándalo. Varias voces, discutiendo algo que por la distancia no alcanzaba a distinguir de simples gritos. Fruncí mi ceño y me pregunté qué diablos estaba sucediendo.

Como Clow, pacientemente me había entregado una llave, pude entrar sin tener que interrumpir nada, pero ahora que lo veo, creo que hubiera sido mejor.

Abrí mi boca en incredulidad con todos mis músculos literalmente congelados, sin saber qué hacer.

Lo primero que reconocí fue a Nadeshiko, que estaba sentada en uno de los muebles del sofá, luciendo más pálida y a la vez histérica de lo que recordaba. Su panza de embarazo ahora era mucho más visible, y aunque los vestidos flojos que usaba, ayudaban en algo a aparentar delgadez, la mujer simplemente se había dedicado a comer tanto que ni un bote completo de pintura invisible conseguiría borrarle sus kilos de más.

Lo segundo que vi, fue a otra mujer, cuyas ropas prodigaban que habían sido muy costosas y de un excelente gusto. Su cara era esbelta y el maquillaje que estaba usando sólo conseguían resaltar sus rasgos aristocráticos y su firme mentón. Pero lo que más atraía la atención sobre ella, era su piel casi dorada, y sus ojos negros, muy profundos. Y estaba usando un juego de piedras, que no estaba segura que fueran fantasía. ¿Eran diamantes?

Pero ninguna de las dos fue quien me impresionó. Ni siquiera Clow, cuyas mejillas estaban rojas, tan rojas como las de un tomate. Su gesto indicaba que era por furia, mas no por timidez. Amigos, lo que me impresionó fue ver a mi padre, parado ahí, vestido con prendas finas, que no exhibían tanta opulencia como las de la mujer, pero no por eso se le restaba el buen gusto.

Mi padre, ahí, en medio de esa gente, en mi propia casa. Tragué en seco y aunque traté de ser lo más silenciosa posible para regresarme por donde había venido, porque no estaba preparada para enfrentarlo —dudaba que en unos diez años lo hubiera estado— y definitivamente no con toda esta gente mirándonos. No cuando mi madre y Clow estaban presentes.

Pero fue muy tarde. Al regresar mis pasos, me tropecé contra el estante que se encontraba junto a la puerta principal, provocando que el florero que éste contenía, cayera en el piso, haciéndose añicos.

—"¡Sakura!" Me quedé inmóvil en mi sitio, sabiendo que era muy tarde para una huída de emergencia.

Pronto, me sentí asfixiada por dos brazos fuertes, pero en el buen sentido de la palabra. Pude olfatear el aroma a café que siempre asociaría con la presencia de mi padre y pude escuchar su voz, firme, ya no angustiada como la había escuchado muchas semanas atrás. Solté un suspiro de alivio al comprobar que no se encontraba haciendo una escena frente a Clow y Nadeshiko.

—"Papá," Mi voz se quebró, mientras mis brazos rodeaban su cintura y sentía mis ojos arder. Lo había extrañado. Dios, cuánto lo había extrañado.

Tras lo que parecieron horas de silencio absoluto de un abrazo fuerte, me llené de valentía para ver su cara de cerca. Y eso fue lo más agónico de toda la noche. Ver la cara de mi padre. Sus ojos. Sus ojos, que me decían cuánto le dolía estar aquí, y que me amaba tanto y que por eso soportaba este suplicio. Había envejecido, mucho, quizás lo suficiente como para que Nadeshiko se regodeara en alegría al haberlo hundido en la miseria.

—"Hija," Su voz estremeció mi interior, —"¿Qué haces usando ese ridículo atuendo?" Solté una sonrisa, a pesar de la amargura que estaba conteniendo por dentro. Juro que en este momento ni un ejército de Shaorans conseguiría alegrarme. Sólo mi papá y sus tontos comentarios totalmente inapropiados.

El ridículo atuendo que estaba usando, si cito a Fujitaka Kinomoto, era mi estúpido uniforme del trabajo.

—"Regreso de mi trabajo," Dije con una voz pequeña, por miedo a que esta comenzara a temblar, junto con el resto de mi cuerpo. Había tantas preguntas que quería hacerle. ¿Dónde había estado? ¿Cómo había estado? ¿Por qué me había dejado en tal ignorancia, con respecto a mi madre? ¿Por qué?

Su entrecejo y sus labios se fruncieron y aunque su propósito no era causar gracia, era igual de chistoso verlo así —"¿Trabajar? ¿En un restaurante de comida rápida? ¿Tú?" Síp. Las personas que más me conocían sabían cuán radical era yo con respecto a la comida que te mataba. Después de todo, era la única venganza que obtenían esas pobres reses al ser sacrificadas sólo para tu placer por 0.99 centavos.

Suspiré tratando de ser paciente, nunca olvidándome de que teníamos compañía —"Nadeshiko me obligó a trabajar ahí," Su cara se contrajo en furia, en una reacción instantánea, pero intenté calmar las cosas. No es como si él pudiera hacer algo al respecto. Había sido yo la bruta que confiaría a una estúpida moneda su destino. Tenía que pagar mi estupidez, por supuesto. —"Pero no vamos a hablar de algo así, ¿no?" Intenté ser convincente, porque el único deseo que en verdad tenía, era quejarme ante él de todas las injusticias que Nadeshiko cometía conmigo.

—"¿Cuándo llegaste?" Pregunté apartándome un poco de él, para darle espacio para que se calmara. Su ceño no volvió a su sitio, pero la pregunta pareció distraerlo por un momento.

—"Ayer," Se encogió de hombros. ¿Eso era todo lo que planeaba decirme? Por favor. Estaba luchando contra mis lágrimas aquí, y eso era todo lo que tenía para decirme. ¡Debía estar bromeando!

—"¿Y qué tal Egipto?" ¿Egipto, era? Sí, creo que sí. Fui breve en mi pregunta para permitirle a él ser extenso. No lo fue.

—"Bien," Okay. Mi padre comenzaba a sacarme de quicio. Me volteé hacia la mujer, Clow y mi madre, que nos miraban apaciblemente, Clow menos colorado que antes.

Mi curiosidad me pinchó, —"¿Quién es ella?" Y por si no hubiera sido lo suficientemente clara, la señalé. No se puede ser muy sutil cuando has regresado a tu casa dispuesta a dormir y dormir, pero te encuentras con que tu padre pródigo había regresado — ¿no era el hijo pródigo?— de entre las dunas y las pirámides sólo para decirte que estaban 'bien'.

—"Sakura," Oh, oh. Podía sentir que algo malo estaba avecinándose. Y por supuesto, siempre tenía que darme en plena cara, como si se tratara de una maldita sartén. —"Ella es Kiki," Sonrió mostrando una sonrisa fría, la más fría que hubiera visto en mis días, —"Mi prometida,"

Okay.

Respira.

Inhala.

Exhala.

Te has quedado soñada cuando Shaoran te estaba despidiendo esta tarde y él todavía te está besando.

Eso es.

Qué ridícula que eres.

Ahora, pellízcate. No muy duro. No quieres levantarte con brusquedad.

Me pellizqué, y pellizqué, pero seguía viendo la cara amargada de mi padre, la satisfecha de Kiki — ¿qué clase de nombre es ese?— la furibunda de mi madre, y la fruncida de Clow.

—"Tu... ¿prometida?" Pregunté en una voz pequeña.

Y mi papá sólo asintió.

Okay. Ahora sí lo había visto todo en este planeta tierra.

Pásenme esas navajas. Disculpen lo horrible que mi sangre les dejará el piso. Cojan mi siguiente sueldo para reparar el daño y comprarme un ataúd decente.

Adiós.

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Shaoran Li P.O.V

Decir que no me gustaban los hospitales era quedarse corto. Porque creo que no existe nadie en el planeta tierra que los aborrezca tanto como yo. Y lo digo en serio. No sé si será por su olor —tan a limpio— o porque me parecía un lugar deprimente. ¿Cuántas personas habrían muerto aquí? ¿Mil, dos mil? No quería saberlo, así como no quería estar aquí, pero igual, mi madre, Feimei, Fanran y Fuutie me habían arrastrado hasta la habitación 180 en donde Meiling actualmente estaba hospedada.

Por supuesto, se suponía que yo debía estar aquí, porque era una de mis obligaciones no escritas en el código del clan. Pero eso no significaba que tenía que venir con una sonrisa mientras cargaba más ramos de rosas de los que pudiera o quisiera contar.

Además, había pospuesto esta visita todo lo que podía, simplemente porque mi conciencia me estaba dando más lata de lo normal. En serio. Como si no fuera suficiente aparte de mis sueños con Sakura, en la vida real estaba con ella. Y ésa no era la parte en la que me arrepentía. No, en lo absoluto. La parte que me hacía sentir como un insecto es que estaba engañando a Meiling. Sabía que era un compromiso obligado, pero después de todo... le debía lealtad a ella. Y para empeorar las cosas, en estos últimos días Meiling ha sido la última en mis pensamientos. Lo que quería decir, que ella no me importaba para nada, y eso deja mucho de qué desear, especialmente cuando te han confesado que está enamorada de ti. Pero, ¿qué podía hacer si los sentimientos no eran mutuos?

¿Ven? Era por esto que no quería venir aquí. Ver a Meiling me obligaba a pensar y recapitular sobre mi situación con Sakura, pero era algo en lo que no iba a ceder, porque simplemente me gustaba demasiado.

—"¡Shaoran!" La cara de Meiling se iluminó al verme, y sólo pude mostrarle una débil sonrisa. Me habían dicho que la condición de Meiling era mala, pero no me había dado una idea certera de cuán mala sería.

Tenía levantada la pierna, que estaba completamente cubierta de yeso, y los dedos que se veían libres de éste, estaban rojos e hinchados. Inmediatamente mi garganta se cerró. Ahí estaba yo, besando a la chica más increíble que hubiera visto, y aquí estaba Meiling, con la pierna hecha trizas. Y aún así, aunque no lo supiera, me sonreía.

—"¿Cómo has estado?" Pregunté en voz baja, escondiendo mi mirada con las flores. Me sentía avergonzado.

—"Bien," Respondió de manera sencilla, algo nada común en ella. A su crédito, deberé agregar que mis hermanas le cayeron encima a abrazarla y besarla mientras mi madre le hacía otras preguntas de rigor. Suspiré con alivio. Por una vez, de algo servía tener cotorras por hermanas.

Me aparté a una esquina, y bajé mi mirada para no volver a mirarla y que mi conciencia no hiciera más de sus truquitos mágicos. Pero al escuchar una pregunta de mi madre no pude evitar levantar de nuevo la cabeza.

—"¿Estarás lista para la boda?" Contuve mi aliento. No sabía qué esperar.

Pero Meiling se mostró decidida —"¡Por supuesto! El doctor dijo que fui afortunada. ¿Pueden creer que podré asistir de nuevo al instituto la semana que viene? Claro, nada de prácticas con las porristas. Por cierto, Shaoran. ¿Qué dijo el director al respecto?" Tragué en seco, mientras mis recuerdos acerca del discurso del Sr. Zhang. Okay. Recordaba escobas. Y oscuridad. Y la maravillosa sensación de sentir mi lengua en la boca de Sakura.

Okay. No tenía nada para ofrecerles. Al menos no algo que Meiling pudiera escuchar sin que me matara. O muriera.

—"Eh..." Solté con duda —"No presté mucha atención... Ya sabes. Eriol y Daidouji en verdad eran un mejor espectáculo que ver al Sr. Zhang llorar..." No me importó que mi madre escuchara eso. Ni que se diga de mis hermanas. Ni tampoco que Meiling rodara sus ojos en irritación. Mentir no me importaba en lo absoluto, si de salvar mi pescuezo se trataba.

—"¿Y qué medicinas estás tomando, Mei?" La pregunta de mi madre provocó que soltara la respiración que estaba conteniendo. Se habían olvidado de mí.

Mierda.

Eso había estado cerca.

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Sakura Kinomoto P.O.V

Decir que estaba incómoda era quedarse corto pero por un buen tramo. Y Nadeshiko sólo había contribuido para empeorar mi situación. Es por eso, que estaba aquí, sentada en el comedor, disfrutando de una adorable cena con mis dos parejas favoritas en todo el mundo.

Es decir, ¿cuántas probabilidades había de que mi papá se enamorara en menos de un mes? Porque un mes atrás había sonado como una patada al hígado desde su última llamada. Por si la situación no fuera lo suficientemente horrible, mi madre se esmeraba en descubrir la actuación de mi padre. Porque era una actuación. Era obvio que mi papá estaba enamorado de Kiki tanto como yo lo estaba de un grano en la nalga del presidente Bush.

—"¿Y cómo se conocieron?" Era evidente que Nadeshiko preguntaba no por curiosidad, sino por la agradable sensación de torturar a Fujitaka. Lo sorprendente de todo, fue que mi papá estaba tan fresco como un pepino.

—"Fue en El Cairo, cariño, cuéntales," La voz de mi padre me sonaba extraña incluso para mis oídos y mucho más sus palabras. ¿Cariño?

—"Oh, todo fue tan romántico..." Comenzó la otra, pero no iba a permitir que continuara con esa línea trillada.

—"¿Sabían que hay un auto hermoso estacionado afuera? Es un Ferrari," Solté sin la menor gana de hacer conversación, pero lo suficientemente fuerte como para haber interrumpido el fantástico cuento de cómo mi papá había recogido a una prostituta egipcia para presentarla como prometida. Hey. ¿Era acaso una maldición de las prometidas? Primero Meiling y ahora ésta mujer.

—"Es mi auto," Levanté mi mirada con rapidez y la dirigí a la mujer cuyos ojos negros me miraban con entusiasmo.

Abrí mis ojos por la sorpresa sin poder tragar.

¿Qué?

—"¿Disculpa?" Tosí de manera involuntaria, esperando que todo hubiera sido una confusión. Pero ella sólo sonrió de manera sencilla.

—"Bonito, ¿no?" Se encogió de hombros y mi mandíbula cayó hasta el piso.

Okay. Así que los diamantes no se los había dado mi papá. Y el bellísimo auto azul que se encontraba afuera y que parecía sonreírme por sí solo, pertenecía a la futura esposa de mi padre.

Descubrí en ese momento que la amaba. Sí. La amaba. Hubiera amado hasta a Meiling si me enteraba de que era dueña de ese auto, que no era un auto sino una fantasía convertida a la realidad.

—"Te amo," Solté sin sentir la menor vergüenza. Rogué a quien quiera que estuviera en los cielos, que esto no fuera un papel. Que en verdad mi madrastra tuviera el auto más increíble de la faz de la tierra.

Ella sólo mostró otras de sus sonrisas que inmediatamente me hizo clasificarla como agradable. Agradecí porque ella fuera así, pero fruncí mi ceño al no poder entender cómo mi padre podía lucir tan infeliz con alguien así. Nadeshiko era mi madre, y yo aún así pensaba que Kiki era mejor. Cualquiera era mejor si era dueño de un auto así.

—"Si quieres, puedes conducirlo," La frase fue dejada al viento como si no tuviera la menor importancia, pero para mí significó estar a punto de orinarme encima. En serio. Mis ojos ardieron ante la posibilidad y tuve que aumentar mi agrado por ella a otro nivel. Ya no era sólo agradable, era la mujer más agradable y linda que hubiera conocido en mis días.

—"¡Eso sería fantástico!" Solté como una niñita emocionada que le han dicho que puede usar los tacones de su mamá.

Kiki. Extraño nombre. Más extraño que quisiera casarse con un hombre amargado como lo era ahora mi papá. Pero todo me era indiferente. Había sido amor a primera vista con ese auto y ahora lo era con su dueña.

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Shaoran Li P.O.V

Sakura y yo habíamos hecho una extraña costumbre, aunque tácita. Después de que sonara el timbre para salir al receso, todos nuestros compañeros salían del aula, y nosotros nos quedábamos atrás. A nadie parecía importarle, pero mentalmente me preguntaba si este ritual podría seguir después de que Meiling regresara del hospital.

Pero no quería acordarme de la horrible visita a Meiling, ni de la fastidiosa hora que mis hermanas, mi madre y yo habíamos tenido que atravesar escuchando a Mei narrar por la décima ocasión cómo se había accidentado. Argh.

No me sentía en el mejor ánimo del mundo, pero algo me indicó que el humor de Sakura era la antítesis del mío, así que me reservé los comentarios sobre aquella pequeña pero igual de terrible visita.

—"Hey," Pasé mis brazos por su cintura, y pronto el olor a ella inundó mis sentidos. La escuché reírse y supe que mi corazonada había estado en lo cierto.

—"Hey," Contestó separándose un poco, y pude ver que sus ojos bailaban con picardía. —"Sabes, creo que no podemos continuar con esto," La frase fue suficiente como para dejarme congelado en mi puesto. ¿Qué? Tragué en seco sin saber qué contestar, hasta que ella estalló en carcajadas.

—"¡Debes verte la cara!" Se burló, y yo todavía no sabía qué pensar. —"Pero es en serio, creo que deberíamos terminarlo," Su cara se puso pensativa, pero sus brazos no se alejaron de mis hombros.

Sabía que no era normal que reaccione así, pero todo en mí estaba gritando en espanto. La pegué contra la pared, escuchando su grito de sorpresa, y la miré directamente a los ojos. Podía sentir su cuerpo en la fricción más deliciosa del mundo, y mis adentros se estremecieron al pensar qué diablos había hecho mal. Mi exterior, gracias al Cielo, se había mantenido fresco, relajado. No sabía cuánto duraría toda aquella fachada, así que hice lo único que se me ocurrió.

Cuando loa tuve lo suficientemente cerca, le mordí el labio. Fuerte. No lo suficiente como para sacar sangre tal como ella lo había hecho, pero sí para inflingirle dolor, que alivié después en nuestro beso.

Podía escuchar que aún quería reírse, y detuve mi avance con irritación.

—"¿Qué?" Pregunté pasando mis dedos por su cabello. Jamás la dejaría ir. Jamás.

Sus ojos brillaron y una risa surgió de su garganta —"En serio. Creo que no deberíamos seguir con esto,"

Okay. Esto no era una broma. Fruncí mi ceño y solté con impaciencia, mientras le besaba el cuello —"Estoy perdiendo mi paciencia, Sakura. No digas estupideces," Otra risita más. Presioné mis dedos contra su cintura, acercándola más a mí.

—"En serio. Ayer descubrí que era lesbiana," De todas las tonterías que me había dicho ésa se llevaba el premio de honor. Fue como un cubo de hielos lanzados sobre mi cabeza.

¿Qué?

Me quedé estático en mi sitio, sin ser capaz de moverme, ni siquiera para alejarme. Sentí sus dedos jugar con el cuello de mi camisa, haciéndome cosquillas en la nuca. Sentí sus labios rozar mi oído, y a su voz ronca volver a burlarse —"Me enamoré de la prometida de mi padre,"

Okay. Esto se llevaba el premio.

Fruncí mi ceño, y me aparté, escuchando su protesta. —"¿De qué diablos estás hablando?"

Sus ojos volvieron a bailotear en malicia, —"Ayer conocí a la prometida de mi papá. Bastante guapa, verás. Pero eso no es lo que me atrae," Se rascó la barbilla en acción meditabunda y quise gritar mi frustración. —"Quizás sea que tiene el auto más increíble del universo," Se encogió de hombros pero esta vez tenía una sonrisa maliciosa.

—"En serio. Sakura, no te estoy siguiendo," Solté confundido. ¿De qué pintaba todo eso? La vi rodar sus ojos en exasperación.

—"Shaoran, deberías dejar de tomarte las cosas tan en serio. ¿Sabes que existe la palabra broma?" Gruñí al volver a sentirla contra mí. Dios. Uno se podía acostumbrar a esto.

—"¿Es decirme que ya no quieres nada conmigo porque eres una lesbiana enamorada de la mujer de tu padre, tu idea de una broma?" Pasé mi lengua por su labio y me estremecí al escucharla gemir, —"No me agradan tus bromas, Sakura" Soltó una risa ahogada y creo que la escuché decir algo sobre 'no tienes idea' antes de que nos uniéramos en el beso que había estado ansiando desde que la vi en la mañana.

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Sakura Kinomoto P.O.V

Por primera vez era feliz. Feliz en serio. Del tipo 'asquerosamente feliz' y del que por lo general envidiaba en otras personas, y que para mí había sido un mito hasta ahora, que lo comprobé en carne propia.

Era tan feliz que la sonrisita de estúpida no se me había borrado de la cara, ni aún cuando me habían faltado veinte dólares de la caja registradora, y había tenido que compensarlos con mi salario. Y aunque algo en mí me decía que tanta felicidad simplemente estaba mal debían saber que eso no evitaba que me sintiera contenta.

Y fue así como me encontró Kero. Sí, Kero, mi mejor amigo/ falso novio. Sí, aquel mismo sujeto que no se despegaba de esa cámara, porque tenía miedo de perderse una toma. El mismo que ahora era la personificación del Sr. Gruñidos.

—"¿Cuándo terminas?" Me preguntó sin siquiera saludarme, y con el ceño más pronunciado que le hubiera visto jamás.

Pegué un pequeño brinco del susto, pero rápidamente me recuperé. Su ceño fue tan contagioso que no pude evitar seguirlo. Ya saben, como cuando alguien te contagia la risa. Sólo que él me contagió el mal humor.

—"Saludos para ti también, mi querido amigo" Le dije cruzándome de brazos y busqué a mi jefe con disimulo. El hombre tenía tan poca vida social que nunca recibía una visita a su trabajo, y por eso creía que todo el mundo era tan antisocial como él. Ahora sólo le tenía lástima.

—"Quiero que me ayudes," Mentalmente gruñí con pesimismo, no, lo último que quería era acompañarlo en otra de sus cruzadas por la fotografía perfecta. En serio.

—"¿Con qué?" Pregunté sin ánimo, sabiendo que su pregunta no era del todo pregunta, sino más bien un aviso. Lo que Kero en realidad quería decirme era 'Cuando termines tu turno, vendrás conmigo. Punto'.

Esquivó mi mirada por un momento, y... lo vi, ¿era eso un sonrojo?

—"Necesito..." Su frase quedó pendiente porque un cliente se acercó para hacer un pedido. En mi interior, estaba ahorcándolo. Pobre hombre. Su único pecado era haber ordenado una soda, y yo estaba aquí, dispuesta a echarlo a la hoguera.

Le devolví el cambio, fastidiada, y vi que Kero lucía casi tan ansioso como yo.

—"¿Qué decías?" Rodó los ojos y otra vez lució un hermoso color rojo en sus mejillas. Contuve las ganas de reírme. Pude ver cómo un grupo de chicas, creo que de mi mismo instituto si la memoria no me fallaba, nos observaban, bueno, me incluyo, pero en realidad era a Kero a quienes comían con los ojos. Otra risita estúpida quiso aparecer en mi cara.

—"Sé que esto es mucho pedir. Y estoy desesperado, te lo garantizo. Maldito profesor," Masculló con respiración pesada —"¿Tienes libre este fin de semana?" Su pregunta fue tan imprevista, que sentí una gota de sudor recorrer mi sien en mi incredulidad. ¿Tanta cosa sólo para preguntarme eso?

Saqué mis propias cuentas, y le respondí mientras asentía. —"Síp. Esta semana tengo libre. Y si no me dices de qué diablos va todo eso, será mejor que te vayas por donde viniste, Cerberus Mizuki, y no estoy bromeando" Lo vi encogerse en su sitio, y otra vez el sonrojo.

—"¿Sería posible que viajes conmigo?" Fruncí mi ceño. Okay. Eso sí había sido inesperado.

—"¿A dónde?"

Kero se movió con incomodidad en su propio lugar, —"A la playa,"

Levanté mi ceja mientras me cruzaba de brazos. —"¿A la playa? ¿Y para qué quieres que te acompañe?"

Otra vez el sonrojo. Joder. —"En mi clase," Tomó una fuerte respiración como si intentara calmarse —"Estamos aprendiendo a fotografiar ya no sólo paisajes, sino paisajes que incluyan modelos," Giré mi cara hacia un lado, intentando descifrar lo que me estaba diciendo —"Y tenemos una semana para entregar nuestro proyecto. Cabe recalcar que le caigo mal al profesor," Torció la boca para demostrarlo —"Y el muy desgraciado me puso a mí el tema playa mientras que a otros compañeros el ambiente urbano. ¿Cuán injusto es eso?" Levantó sus manos demostrando cuán molesto en verdad estaba.

—"Y..." Solté con lentitud, —"tú quieres que sea tu modelo," Fruncí mi ceño. —"Y como es la playa supongo que no puedo usar un poncho, ¿no?" Su sonrojo era ya permanente. Era un gran favor que pedir, y supongo que estaba avergonzado de hacerlo, y como yo era su único recurso...

—"Ay, Kero" Suspiré cansadamente, —"¿Qué voy a hacer contigo?"

Me mostró una sonrisa en la que todos sus dientes brillaron —"Me dirás que sí. Pedirás permiso a tu mamá, y te recogeré temprano el día sábado,"

No tenía nada que hacer el día sábado. Y podría modelar, aunque fuera para Kero. Extrañaba eso. Bueno. ¿Qué más da?

—"¿Y en qué me recogerás, genio?" Me crucé de brazos, —"¿Y en dónde dormiremos? No pienso dormir en el asiento trasero, si eso es lo que estás planeando,"

Kero me hizo un gesto de descuido, —"Nah, no te preocupes por eso. Papá me prestará un auto. Y también las llaves de la casa en la playa,"

Estreché mi mirada, —"Lo tenías todo craneado, ¿no?"

Se encogió de hombros —"Sólo te necesitaba a ti,"

Rodé mis ojos —"Necesitabas un ganso que se llevara bien con la cámara, Kero"

Volvió a mostrarme una deslumbrante sonrisa, —"Sí," Admitió —"Pero me hubiera decepcionado no poder fotografiar a la gran Sakura Kinomoto"

Lo empujé con fastidio, pero le sonreí. —"No jodas,"

De repente, un tren chocó contra mi cabeza, dándome en plena cara. Oh, no. Shaoran.

¿Cómo le iba a explicar mi ausencia, suponiendo que le interesara lo suficiente que me fuera con mi supuesto "novio"? Lo peor de todo era que no le podía decir que Kero y yo nunca habíamos tenido ni tendríamos nada, porque eso me haría lucir más patética y desesperada de lo que seguramente ya lucía cada vez que lo veía.

Así que, mis opciones se reducían a dos. Decirle o no decirle.

Mierda.

Definitivamente no decirle.

Quizás ni se diera cuenta.

Maldito Kero y sus malditos favores.

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Shaoran Li P.O.V

Como no tenía ningunas ganas de aparecerme por la casa, —había una prueba de los arreglos florales para la boda, ¿quién diablos hacía pruebas de arreglos florales?— no fue muy difícil esperar a Sakura en una de las calles cercanas a su casa. No tuve que esperar mucho hasta que la divisé en la distancia, con la mirada fija en el piso, con paso lento, y sumida por completo en sus pensamientos. Tanto, tanto, que pasó a mi lado y no se percató de mi presencia.

Contuve una sonrisa burlona. Era el último día de la semana —viernes— y por más cansada que estuviera no podía entender su cara larga y su ceño fruncido.

Por eso fue fácil empujarla de la calle hasta un callejón, que al ser media tarde estaba vacío. No es como si la presencia de alguien me hubiera detenido, de todos modos. Pegó un grito en ultraje y pude ver cómo agarraba su bolso como arma letal.

—"Hola," Se detuvo en un instante, mientras sus ojos se abrían con sorpresa. Se me escapó una sonrisa al ver su shock.

—"Mierda, me asustaste," Soltó un suspiro y esta vez no aguanté una carcajada.

—"¿Quién te manda a estar tan distraída?" Una pequeña sonrisa surcó sus labios y no resistí la tentación de pasar los dedos por su cabello. Se había vuelto una costumbre hacerlo durante todos estos días.

—"¿Quién te manda a estar asustando chicas distraídas como yo?" Su cara se iluminó y me contuve para no besarla en ese mismo momento. Tenía algo importante qué decirle.

—"¿Qué vas a hacer mañana?" Su cara palideció por un momento y no supe descifrar por qué.

—"¿Eh?" Evité rodar mis ojos en exasperación. Hoy en verdad estaba distraída, ¿eh?

Acaricié la piel de su cuello, finalmente acostumbrándome a la suavidad de la misma.

—"Quiero. Saber. Si. Vas. A. Estar. Libre. Mañana," Me tomé mi tiempo para decir cada palabra y su cara palideció aún más.

—"Eh... Hay... algo que quería decirte sobre eso," Fruncí mi ceño ante su evidente incomodidad.

—"¿Qué es?" Abrió la boca para contestarme, pero no salió su voz sino hasta después de un largo rato.

—"Este fin de semana..." Su mirada me esquivó en un segundo, —"voy a salir de viaje con Kero," Varias sensaciones me golpearon en ese momento, confusión, coraje, rabia para finalmente instalarse en furia.

Alcancé a rechinar entre dientes —"¿A dónde?" Sus ojos se centraron en los míos y tomé una fuerte respiración para evitar hacer un disparate. Como romper la pared que nos sostenía, en dos.

—"A la playa," Confesó en una voz pequeña para rápidamente continuar —"¡Pero no pienses mal! Te juro que no ha pasado nada. Tú, sabes, entre nosotros. Sólo me pidió que lo acompañara porque quiere tomarme unas fotos," Mis ojos se abrieron en estupefacción y seguramente ella se percató porque continuó apresuradamente —"¡Es estudiante de fotografía! ¿Recuerdas que te dije que solía modelar?" Sus manos tomaron las mías, —"Pues es sólo eso. Un favor," Me miró esperanzada y tomé mi segunda respiración profunda.

Cuando logré controlar mis horribles demonios, después de unos buenos cinco minutos, conseguí hablar —"Un favor. ¿Por qué tienes que hacerle un favor?" Lució confundida ante mi pregunta.

—"Es Kero. Siempre ha estado ahí para mí," No sabía que me dolió más en ese momento. Saber que él siempre había estado ahí para ella o que nunca tendríamos comparación, porque sencillamente era imposible que ella lo olvidara.

Tomé un paso hacia atrás, para alejarme de ella. Quería romper algo, y por su bien, no le convenía estar cerca de mí.

—"Shaoran..." La hice callar con un gesto de mi mano, y tomé otra respiración.

No podía creer que dejaría ir a Sakura, mi Sakura, viajar cientos de kilómetros completamente sola con el mequetrefe de su... novio. El simple pensamiento era insoportable y torturador.

Se mordió el labio en ese gesto tan característico suyo, y eso liberó mis inseguridades. En ese momento no me importó saber cuán tonto debería lucir frente a ella, lo importante era que tuviera el panorama claro.

Avancé el paso que había retrocedido y busqué la pared a sus espaldas por apoyo, hasta que nuestras narices estuvieron rozándose y podía sentir su respiración, que se había agitado, en mi boca.

—"Eres mía, Sakura. Podrás pretender que no, pero lo eres desde que me dijiste que sí" Acaricié su mejilla y pude ver sus ojos arder por el mismo fuego que me estaba quemando a mí por dentro, —"Quiero que lo recuerdes," Sus brazos se pasaron por mis hombros, y sentí la suavidad de sus pechos contra mi pecho, su boca sobre mi boca y sus manos en mi nuca, las mías, en su cintura.

Sakura podía viajar. Perfecto. Y yo ya le había advertido. Ahora, sólo me faltaba garantizar que cumpliera lo que había prometido en nuestro beso.

Y me encargaría de eso personalmente.

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Notas de Autora:

Yipee!! Shaoran al ataque, sí señor. ¿Quién hubiera creído que sería tan posesivo? Bueno, creo que todos.

¿Cómo han estado mis queridas lectoras, eh? Sin discriminar si por ahí hay algún caballero... Estas notas sólo serán breves, sólo quiero agradecerles y decirles que mi corazón está con todos los que me dejaron review. Algunos me aseguran que el fic les alegra el día, y yo debo asegurarles que sus comentarios me alegran el mío, por supuesto. Así que un beso gigantesco para ustedes, y éste capítulo va dedicado para ustedes.

Aquí les dejo un avance del siguiente capi, porque me siento generosa y porque mañana es mi cumpleaños...

—"¿Qué estás haciendo aquí?"

—"¿Y lo preguntas? ¿Qué crees que hubiera pasado si no hubiera llegado a tiempo?"

—"¡Nada, nada habría pasado!"

—"No me mientas"

Un beso gigantesco y espero saber sus comentarios sobre el fic, sus amenazas de muerte si no actualizo rápido y sus buenos o malos deseos en general... ja, ja, ja.

Sakki Chan.