El dolor de cabeza de William no había mejorado. Su deseo más ferviente era subir a su habitación y tirarse en la cama, a no ser molestado hasta la mañana. Pero él tenía una larga noche por delante.

Armado con una taza de café, escapó al pasillo y se hundió en un sillón mullido. Se recostó en el sillón, y cerró sus ojos.

Por mucho que hubiera querido permanecer en el pasillo tranquilo, sabía que la cena se serviría en breve y su ausencia se notaría. Se puso de pie a sus pies con un profundo suspiro. Al llegar a la puerta de la Terraza, cuando comenzó a abrirla escucho una ya familiar voz que lo llamaba desde las escaleras.

- ¡William, cariño!

Caroline Bingley estaba en la puerta, con una sonrisa en sus rojos labios... Su pelo largo, de color cobrizo le sorprendió ¿No era rubia la última vez que la vi? Su vestido era muy en la línea de Caroline: sin tirantes, ajustado, y caro.

Tomó todo su auto-control para no quejarse, o, mejor aún, para no salir corriendo.

- Hola, Caroline. ¿Cómo estas?

Ella le echó los brazos alrededor de su cuello, apretando su cuerpo huesudo contra él y lo besó en los labios. Cuando intentaba separarse, miró involuntariamente a Elizabeth. La vio empujar a Charlotte y señalar con la punta de la cabeza en su dirección. Su paciencia agotada, empujo a Caroline y dio un paso hacia atrás.

- Te he extrañado mucho- hizo un mohín - Eres un niño travieso ¿Por qué no has venido a vernos?

- He estado viajando. No he tenido tiempo para las visitas.

¿No hay tiempo para una amiga querida? Siempre estás demasiado ocupado cuando trato de visitarte en Nueva York. Pero vamos a tener mucho tiempo para ponernos al día este fin de semana, ya que los dos nos quedaremos en la casa de Charles.

- En realidad, me quedo aquí en el hotel.

La furia brilló en sus ojos, pero pronto fue reemplazada por una falsa sonrisa alegre.

- Mi hermano me dijo que te estabas quedando con él. Pero eso no tiene por qué impedirnos pasar tiempo juntos. Podemos ir a algún lugar después de la cena, una copa en tu habitación, tal vez.

Estaba agradecido de tener una excusa preparada. -Esta noche es la fiesta de despedida de Charles

- Mañana por la noche después de la boda, entonces.

Apretó la mandíbula con tanta fuerza que temía por la seguridad de sus dientes.

- Caroline, tendrás que disculparme….

Lo interrumpió, como si ella no lo hubiera oído. – A sí, pues, vamos a sentarnos juntos a cenar esta noche.

- Me parece que tienen una disposición especial para sentarnos y….

Unas carcajadas resonaron, interrumpiéndole. Kitty y Lydia salían de la Terraza. Caroline las miró con disgusto.

- ¿No son los Bennet horribles? Jane parece una chica dulce, ¡pero la madre! ¡Y las niñas son terrible¡ Charles podría haber elegido mucho mejor.

Se encontró en la rara posición de estar de acuerdo con ella, sin embargo, se sintió obligado a estar en desacuerdo. - Charles parece muy feliz.

Ella se encogió de hombros. - Me alegro de que papá insistiera en que firmara un acuerdo prenupcial.

William se aclaró la garganta. Odiaba guardar secretos, pero le debía a Charles su silencio. Sus ojos recorrieron la habitación hasta que encontró a Elizabeth en un círculo con Charlotte y los miembros de Golden Jazz Gate. Sus ojos brillaron cuando ella se rió.

- No temas, querido -susurró Carolina, acariciándole el brazo. - Voy a hacerte compañía y a protegerte todo fin de semana. Sé que debes estar pasándolo mal.

- No, estoy apreciando un par de bonitos ojos.

- ¿De quién son los bonitos ojos, si se puede saber?

- ¿Perdón?- Él se estremeció y la miró con recelo. - ¿Lo había dicho en voz alta?

- Has dicho que estabas viendo unos ojos bonitos, ¿Los ojos de quién?

. Le dijo la verdad.- Elizabeth Bennet. La dama de honor, la hermana de Jane.

Caroline palideció, pero pronto la máscara alegre estaba de vuelta en su lugar.

- ¡Oh, qué dulce!

. Apretó los dientes, desesperado por escapar. - Por favor, discúlpame. Tengo que ir al servicio.

- ¿Quieres que te ayude? Cariño.

- Por supuesto que no. Ni siquiera has saludado a Jane y Charles. Te veré más tarde.

Cuando William llegó a su mesa, esperando una agradable cena con Elizabeth, en su lugar se encontró colocada junto a Caroline.
- ¡Cariño, que grata sorpresa!

Sus ojos se estrecharon. Una sorpresa en verdad. Ella había cambiado, las tarjetas de lugar mientras él estaba en el baño. Elizabeth estaba sentada en una mesa cercana con Bill Collins, otros dos miembros de Golden Gate Jazz y sus esposas, y los Hurst. Observó, con el ceño fruncido, como Elizabeth se río de algo que Collins había dicho.

El Sr. y la Sra. Bennet se sentaron a la izquierda de William, con los Bingley a l otro lado de Caroline. Jane y Charles se sentaron enfrente de William. Jane miró a Caroline confusa, y William vio que buscaba en las otras mesas hasta que encuentro a Elizabeth .Miró a Caroline, una vez y comprendió que no podía hacer nada al respecto.

Un camarero dejo un plato en frente de cada comensal.

- Cóctel de cangrejo- murmuró Caroline al oído de Williams, colocando su mano sobre su rodilla.- Que poco imaginativo.

William, desplazando la mano de Caroline. - La Sra. Bingley, seleccionó el menú para la cena de esta noche.

- ¡Qué maravilloso comienzo!- añadió Jane. - Me encanta cóctel de cangrejo. Es una opción perfecta para dar la bienvenida a nuestros amigos a la ciudad de San Francisco.

William dirigió una mirada satisfecha hacia Caroline, quien estaba mirando incómodamente su coctel de cangrejo.

- Charles, ¿Tu grupo de jazz va a tocar para nosotros esta noche?- Preguntó la señora Bennet.- Pensé que podrías convencer a Lizzy para que cantara esta noche.

- ¡Por supuesto que estaremos encantados de convencerla!

- ¡Qué lástima de que ciertas personas piensan que son demasiado importantes como para tocar en nuestra presencia!

Carlos levantó las cejas suplicante. - ¿Qué dices, William? Al parecer, significaría mucho para mi suegra que tocaras esta noche para nosotros.

- Muy bien- respondió William - Suponiendo que el piano este afinado.

- Oh, señor Darcy, gracias- La frialdad de la señora Bennet se convirtió de repente en una gratitud bulliciosa.- ¡Estoy tan emocionada!

La señora Bennet seguía dándole las gracias, pero William no la escuchaba, le palpitaba la cabeza, y la cena no había hecho más que empezar. Lanzó un profundo suspiro. Caroline le puso la mano en la rodilla, y lo miró con lástima.

William se retiro la mano de su rodilla y arrastro la silla un poco más lejos de la de Caroline y cerró los ojos. Estoy en el infierno.

Viendo la incomodidad que reinaba en la mesa el Sr. Bingley rápidamente cambio de tema, preguntado a Jane por su hermana Mary.

- Mary tenía una reunión esta tarde a la que no podía faltar- explicó Jane. - Su vuelo llega esta noche.

- Y mi hermano Edward y su esposa no están aquí todavía.- se lamentó la señora Bennet. - Su vuelo ha sido cancelado.

- Volvieron a llamar, y ya están de camino - dijo Jane en tono conciliador.

- ¿Cuál es la profesión de su hermano?- Preguntó el Sr. Bingley a la señora Bennet.
- ¿Edward? Él es un médico famoso. - dijo la señora Bennet con orgullo.
- Es cirujano en la Universidad Johns Hopkins, en Baltimore- dijo Jane.
- Y la tía de Jane, Madeleine es cirujana pediátrica.- agregó Carlos.

William sólo escucho la mitad de la conversación: su atención estaba en otra parte. La frecuente risa que sonaba en la mesa de Isabel. Lo peor de todo, es que Bill Collins se inclinaba y le hablaba confidencialmente a Elizabeth con demasiada frecuencia.
De repente, un pie, se frotaba sinuosamente a lo largo de la pierna. Él arrastro su silla fuera del alcance de Caroline otra vez. A este paso, voy a acabar sentado en el regazo de la señora Bennet, antes de que la cena acabe.

La cena parecía extenderse a lo largo de la noche, sin un final a la vista. La mesa de William se quedo en silencio después de que los platos fuertes llegaran, a excepción de la señora Bennet, que hablaba sin parar. Por desgracia , lo hacia entre bocado y bocado , así que mientras que hablaban lanzaba proyectiles sobre la mesa.

- Ya ha oído la canción de Lizzy esta tarde, ¿no, señor Darcy?- Pregunto la señora Bennet

- Sí, lo hice. Ella tiene una voz hermosa.

- No sabemos de donde obtuvo su talento musical.- comentó el Sr. Bennet.- Quizás las canciones de cuna que Francie, le cantaba, tengan algo que ver.

La señora Bennet se encogió de hombros. - Algunos de los maestros de Lizzy, decían que seria una excelente cantante de ópera, pero ella quiso ir a Broadway.

- Ya le dije esta tarde que tiene el talento para la ópera- dijo William. - Ella tiene una voz fina, y es una lástima que escogiera un género mas bajo.

-¿Entonces usted cree que cometió un error, tratando de triunfar en Broadway?- dijo la señora Bennet.

William asintió sabiamente. - Nueva York está lleno de actrices que luchan, pero muy pocas se convierten en grandes estrellas. Para eso se necesita talento, la suerte no es una garantía.

- Lizzy siempre ha sabido muy bien lo que ha querido siempre. Incluso cuando era niña, siempre fue muy independiente. Le encantaba bailar y cantar, y los musicales le daban la oportunidad de hacer ambas cosas. Pero ahora tiene planes de enseñar. Es una noble vocación, pero mientras debe servir mesas para seguir viviendo en la Gran Ciudad.- comentó el Sr. Bennet.

Elizabeth estaba terminando su pastel de chocolate cuando Carlos se acercó a su mesa.

- Hey, casi hermano - lo saludó con una sonrisa.- La cena estuvo deliciosa.

- Me alegra que te haya gustado. Se lo diré a mi madre.

- Oh, sí.- agregó Bill. –Estaba todo delicioso. El aperitivo fue maravilloso, y el salmón era tan fresco…

- Sí, Bill- interrumpió suavemente Charles. - Me alegro de que te haya gustado. Pero tengo un favor importante que pedirle a Lizzy. - Se volvió hacia Elizabeth.

- Jane y yo nos preguntábamos ¿Si tendrías el honor de cantar esta noche?

Elizabeth arrugo la frente. - Oh, Dios mío, no lo sé. Necesito un poco de música.

- ¡Oh, pero, Elizabeth, debes cantar! -exclamó Bill. - Yo estaré feliz de tocar contigo.

Sus ojos se desviaron hacia la mesa de William. Él la miraba de nuevo, como lo había estado haciendo durante toda la cena.

Estaba cansada de su desdén, y de mantener su promesa de sujetar su lengua.
Su ceño se desvaneció. - Bill, ¿de verdad estarías dispuesto a acompañarme si me decido a cantar?

- ¡Por supuesto!-exclamó-. Sería para mí un honor muy grande.
¡Estupendo!- Ella se inclinó sobre el e impulsivamente le dio un beso en la mejilla, lo que hizo que una sonrisa de placer apareciera en su cara. Entonces ella miró a Charles. – Estaré preparada en unos minutos.

- ¡Maravilloso! Se lo diré a Jane. Gracias, Lizzy, y gracias también, Bill.

Charles regresó a su mesa, y Elizabeth se volvió hacia Jim Pennington.

– ¿Podríamos coger tu libreto de partituras? Bill y yo queremos tocar algo.

-Claro que si, pero están en el maletero de mi coche, toma las llaves e id a cogerlo.

La oscura mirada de William la siguió cuando ella salió de la habitación con Bill.

Mírame todo lo que quieras, William Darcy. Vas a ver una actuación que no vas a olvidar jamás.