HABLANDO DEL PASADO
Después de que Harry recibiera las buenas noticias, fueron a reunirse con el resto en el Gran Comedor.
- ¡Harry James Potter! ¿Dónde estabas? ¡Nos tenías preocupados! - le riñó Hermione.
- Lo siento, Hermione... No quería preocuparte... - se disculpó el ojiverde.
- No seas tan dura con él... Nos dijo que lo veríamos en la cena y aquí está, para la cena... - lo defendió Ron.
- ¡Qué no sea dura Ronald! ¡Salió corriendo de repente sin decirnos a dónde iba! - gritó la niña al pelirrojo haciendo que éste se encogiese.
- Vaya Lunático, yo pensaba que te tocaría a ti interpretar el papel de madre... Pero cree que no hace falta... - comentó divertido Sirius.
- No, Hermione hace ese papel a la perfección... - afirmó Remus.
- ¡No es verdad! Sólo me preocupo por él... - se defendió Hermione.
- Todos lo hacemos... Pero también lo dejamos respirar... - apuntó Charlie.
- ¡Está bien! Siento haberte gritado, Harry... - se disculpó la castaña.
- Y yo siento haberte preocupado - le sonrió el azabache - Necesitaba hablar con Dumbledore...
- ¿Lo encontraste? - preguntó Percy.
- En realidad, él me encontró a mí - respondió Harry sonriendo
- Y nos contó algo muy interesante - intervino Charlie.
- ¿Tú también estabas? - preguntó Ron un poco celoso de que su hermano supiese algo sobre Harry antes que él.
- Charlie tiene que darle un gran noticia, señora Weasley - intervino el azabache intentando desviar el tema de conversación.
- ¿Una noticia? ¿Cuál? - preguntó Molly.
- ¡Vamos a tener un sobrinito dragón! - celebró Bill recibiendo un codazo de Charlie.
- Cállate William, deja que tu hermano nos cuente - lo reprendió su madre.
- Bueno Dumbledore... Dumbledore me ha ofrecido un puesto de profesor y... - reveló el cuidador de dragones.
No pudo continuar porque su madre ya lo estaba abrazando mientras lloraba feliz de que por fin su pequeño estuviera más cerca de ella.
- Mamá... Aún no he dicho si he aceptado... - dijo Charlie intentando separarse del abrazo posesivo de su madre.
- ¡Por supuesto que aceptarás! - le contestó Molly de esa manera autoritaria que sólo una madre puede usar.
- Mi padrino y el tío Moony también van a ser profesores, ¿a qué es estupendo? - ayudó Harry al nuevo profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas.
- Espero que no sea para profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras... - comentó Fred.
- ¿Por qué? - preguntó el ojiverde.
- Porque ese puesto está gafado, nadie dura más de un año - respondió George.
Harry miró a Sirius con aprehensión, no quería que su padrino sufriese ningún tipo de maldición.
Sirius lo abrazó y miró mal a los gemelos.
- Sólo es un estúpido rumor - lo tranquilizó el ojigris.
- Pero desde que el sin nariz dejó Hogwarts, hay un profesor por año... - replicó Fred.
- Eso no es cierto, nosotros tuvimos el mismo profesor en nuestros siete años en Hogwarts... - lo interrumpió Remus poniéndose serio, no permitiría que ningún estúpido rumor preocupara a su sobrino.
- ¿Qué os contó tan interesante Dumbledore? - cambió de tema Percy
- ¿Por qué no se lo cuentas tú, cachorro? - lo animó Sirius.
- Bueno, el director dice que yo... que yo... - Harry miró a su padrino - No sé cómo decirlo...
- Harry posee un tipo de magia muy poderosa y pura que le permite comunicarse con los animales - reveló el animago poniendo a su ahijado en su regazo.
- Por ahora sólo son las aves, pero irá a más... - explicó Remus a los amigos de su sobrino y a los Weasley.
Todos miraron al niño asombrados por la noticia.
Sabían que había algo especial en él, pero eso era...
Harry se sentía incomodo siendo el centro de las miradas.
- Siempre supe que la relación que tenías con Hedwig no era normal... - comentó Hermione rompiendo el silencio.
- Sí, yo nunca había visto nada igual - coincidió Ron.
- Bueno, Hedwig es muy especial... - replicó el ojiverde.
- Harry... Viene todas las mañanas al Gran Comedor aunque no tenga ningún mensaje... Es como si viniese a darte los buenos días - le rebatió Hermione.
- Y las buenas noches también... - añadió Ron - Cada noche está esperando en la ventana de nuestra habitación a que subas a acostarte...
- Es mi amiga... - insistió Harry.
- Dejadlo ya chicos, mi cachorro no se siente cómodo... - les dijo Sirius dándose cuenta de la incomodidad del niño.
Harry vio que Severus se levantaba de la mesa de los profesores y se encaminaba a la puerta.
- Padrino, tengo que hablar con el profesor Snape - le dijo al oido sin quitarle la vista de encima a su profesor de Pociones.
- No has comido lo suficiente - negó el animago.
- Seguiré luego, te lo prometo - juró el ojiverde.
- Pero... - insistió el ojigris.
- Por favor... - rogó el azabache.
- Está bien, pero cuando termines vete a tu sala común, yo te llevaré comida... - concedió Sirius.
- Sí, vale... - asintió rápido levantándose del regazo de su padrino para seguir a Snape.
Salió corriendo por la puerta por la que acababa de salir su profesor de Pociones.
Lo vio a lo lejos y corrió un poco más para alcanzarlo.
- Profesor Snape... - llamó entre jadeos.
- ¿Qué pasa Harry? - preguntó el pelinegro mientras ponía sus manos sobre los hombros del chico para ayudarle a recuperar el aliento.
- Usted me dijo que me hablaría de mi madre - le recordó el niño normalizando su respiración.
Severus suspiró sabiendo que había llegado el momento de contarle una gran parte de su vida a si recientemente adquirido sobrino.
- Sigueme Harry - dijo comenzando a andar por un pasillo.
Harry lo siguió hasta las mazmorras, hacía frío y por la cara de Snape intuía que lo que iba a descubrir no le gustaría nada.
Llegaron hasta el despacho del pocionista y éste abrió la puerta y lo dejó entrar.
Era una habitación muy amplia repleto de estanterías con millones de libros.
Era un lugar muy cálido, la chimenea estaba encendida y una suave música empezó a sonar en cuanto entraron.
- Siéntate - le pidió mientras le señalaba un sillón frente a la chimenea.
- Profesor Snape, no tiene que hacerlo si no quiere... - dijo el azabache viendo la angustia de Severus.
- Harry, creí que con nuestra reciente reconciliación habíamos dejado los formulismos atrás - gruñó el ojinegro.
- ¿A qué se refiere? - preguntó el niño confuso.
- Dijiste que me aceptabas como tío, ¿no lo decías en serio? - preguntó alzando sus cejas el profesor.
- ¡Claro que si! - aseguró el ojiverde.
- ¿Entonces por qué me llamas profesor Snape y no tío? - volvió a preguntar el pelinegro.
- ¡Ah! - dijo el niño entendiendo - Es que pensé que lo... que te molestaría...
- ¿Qué me llames tío? - sugirió Severus.
- Si - asintió el ojiverde.
- Pues estás equivocado, me gustaría ser tu orgulloso tío y que me trates como tal - confesó el pocionista.
- ¿Tío Sev te parece bien? - preguntó Harry con inocencia.
- ¿Sev? - se extrañó Severus.
- Sí, es que Severus es un poco largo... - explicó el azabache.
- Así me llamaba tu madre... Sev... - recordó Snape melancólico.
- Si te molesta que... - dijo rápido el niño preocupado de ofender a su tío.
- No, me gusta - negó el profesor.
- Bien, entonces serás tío Sev... - decidió Harry.
- Menos en clase - aclaró Severus.
- Si, claro. En Hogwarts serás profesor Snape... - estuvo de acuerdo el ojiverde.
- Tampoco tanto, sólo en clase de Pociones - dijo Snape sonriendo.
- Vale, también tendré que llamar a mi padrino profesor Black y profesor Lupin al tío Remus... - pensó el niño.
- Sé que será un poco confuso... - dijo el profesor.
- Me acostumbraré - afirmó Harry.
- Claro que lo harás, siempre lo haces... - aseguró Severus.
- Y ahora... - empezó el ojiverde.
- Sí, hablaremos de tu madre... - interrumpió el pocionista
- ¿Cómo la conociste? - interrogó el azabache.
- Eramos vecinos cuando eramos niños... - empezó el pelinegro.
- ¿Y erais amigos? - preguntó curioso el niño.
- Al principio yo la observaba desde lejos, me di cuenta que era un bruja y esperaba el momento perfecto para acercarme y decirle lo que era, pero eso no pasó... - continuó Snape.
- ¿No se acercó nunca a ella? - preguntó Harry.
- Si, pero ese momento perfecto que yo esperaba nunca llegó... - confesó el pelinegro.
- ¿Por qué quería que fuese perfecto? - se interesó el azabache.
- Supongo que porque en mi vida nada era perfecto, ni siquiera se acercaba... - reveló el pocionista.
- ¿No tuvo una infancia feliz? - interrogó el niño.
- No Harry, mi infancia se parece más a la tuya... - respondió con tristeza.
- ¡Oh! Lo siento... No quería... No me gusta verte triste... - se preocupó Harry.
- No te preocupes, hace mucho tiempo de eso - lo tranquilizó el ojinegro.
- Yo pensé que al haber nacido en una familia de magos... - dijo el ojiverde.
- Mi madre era bruja y mi padre muggle, él nunca nos aceptó ni a mi ni a mi madre, pensaba que eramos fenómenos... - contó el profesor.
- Como los Dursley... - interrumpió Harry.
- Sí, por lo que he visto hasta ahora tu situación es muy parecida a la mía... Mi padre nos maltrataba... - lo entendió el pocionista.
- ¿Te pegaba? - se horrorizó el pequeño Gryffindor levantándose a abrazar a su tío.
- Sí, mi madre siempre intentó protegerme pero no siempre podía... - continuó su confesión el Slytherin.
- Los Dursley también... - confesó el león.
- Me lo imaginaba - siseó Severus abrazando él esta vez al ojiverde - Quería equivocarme en mis suposiciones pero, desde que empezó la lectura, algo dentro mí me lo decía...
- ¿Y qué pasó entonces cuando por fin te acercaste a mi madre? - preguntó Harry recomponiéndose y cambiando de tema.
- Le dije que era una bruja... - contestó el ojinegro.
- ¡Uy! Eso no le debió sentar nada bien... - rió el niño.
- No, no lo hizo... Y Petunia no ayudó mucho... - reconoció riendo también Severus.
- Nunca lo hace... - siseó Harry.
- Aunque nuestro primer encuentro no fue lo que yo esperaba, después nos hicimos amigos. Le conté todo lo que sabía sobre la magia y Hogwarts - relató el pelinegro.
- Y después vinisteis a Hogwarts - adivinó el león.
- Sí y al principio las cosas fueron diferentes... - admitió el profesor.
- Estabais en casas opuestas... - entendió el ojiverde.
- Sí, pero seguimos siendo amigos... Hasta quinto... - dijo el ojinegro poniéndose triste de nuevo.
- ¿Qué pasó? - preguntó el niño.
- Le dije algo horrible... La llamé sangre... sangre... - respondió el profesor sin ser capaz de repetir esa fea palabra que tan infeliz lo había hecho.
- No hace falta que lo diga... ¿Por qué lo hizo? - se interesó el azabache.
- Estaba enfadado... Había tenido una pelea con tu padre y... - confesó la serpiente.
- Ella pagó los platos rotos... - terminó por él Harry.
- Sí... Le pedí perdón pero ella... no lo hizo... Nunca me perdonó - murmuró el ojinegro agachando la cabeza.
- Estoy seguro que al final lo hizo - aseguró el niño.
- ¿Cómo lo sabes? - preguntó Severus levantando la cabeza y mirándole a los ojos.
- Porque me habéis dicho que me parezco a ella en la forma de ser y yo te habría perdonado - le contestó Harry tomándolo de la mano.
- Gracias, Harry - agradeció el pocionista apretando su pequeña mano.
- Mi padre te humilló ¿verdad? - preguntó el ojiverde sabiendo la respuesta.
- ¿Por qué me preguntas eso? - se extrañó el Slytherin.
- Porque escuché a Remus decirle a mi padrino que si mi padre hubiese sido como yo jamás habría hecho las tonterías que ambos habían hecho... Y Sirius me dijo que el y mi padre habían sido muy tontos en sus primeros años en Hogwarts... Y también me dijo que habían humillado a alguien... Y además el tío Remus se arrepiente de no haber intervenido por miedo a perder a sus amigos... - enumeró sus argumentos el niño.
- Y todo eso te hace pensar que yo fui el humillado, ¿no? - entendió el ojinegro
- Sí, me parece que está bastante claro... - aseguró el ojiverde.
- Eres muy inteligente, eso es lo que está bastante claro... - sonrió el profesor.
- No soy tan inteligente, si lo fuera sería Ravenclaw... - negó el azabache.
- Sí lo eres, pero ganó tu valor... Harry, no quiero que pienses mal de tu padre... - se preocupó el pocionista.
- No lo hago, ahora sé que no era perfecto, que cometió errores... Pero él me quería... - replicó el león.
- Claro que sí, te quería a ti y a tu madre, por ella cambió, por ella maduró... - aseguró el pelinegro.
- Él no pudo pedirte perdón, no tuvo tiempo, así que yo te pido perdón en su nombre y en el mío... - se disculpó solemnemente el niño.
- Olvídalo Harry, dejemos todo eso en el pasado... - respondió el profesor quitándole importancia.
- De acuerdo - convino el ojiverde.
- Y ahora volvamos, creo que llegó la hora de que yo también madure y hable con Lupin y Black... - reconoció Severus.
- Quizás deberías probar a llamarlos por su nombre y no por si apellido... - le reprochó sonriendo Harry.
- ¿Tu crees? - preguntó el ojinegro haciendo como si lo estuviese pensando.
- A mí me funcionó con los Slytherin... - le recordó el ojiverde.
- Todo se andará leoncito... - prometió Snape abrazándolo.
Tío y sobrino salieron del despacho y desanduvieron el camino de las mazmorras hasta la puerta de entrada de el Gran Comedor, por donde salían, en ese momento, su padrino y su tío Remus.
- Creo que ha llegado la hora de que hablemos - les dijo Severus.
- Tienes razón - estuvo de acuerdo Remus.
- Vayamos a otro lugar - propuso Sirius.
- Harry espéranos en la Torre, ¿vale? - ordenó el castaño.
- Sí, escucharos y no discutáis, ¿vale? - les pidió el ojiverde.
- No te preocupes... - lo tranquilizó su padrino revolviéndole el pelo.
- Si me preocupo, os quiero a los tres y me haría muy feliz que os llevarais bien... - replicó el azabache poniendo carita de suplica.
- Tus deseos son ordenes, cachorro, arreglaremos nuestras diferencias - aseguró el ojigris acariciándole la mejilla.
- Claro que sí, ahora vete a tu sala común, Molly tiene allí tu cena... - añadió el castaño empujándolo para que se fuese.
- Hazles caso, Harry, recuerda que debes comer y descansar o dejaremos de leer... - estuvo de acuerdo el pelinegro enviándole una sonrisa tierna.
- Ya voy, ya voy... - se rindió el ojiverde sonriendo.
Los tres adultos salieron a los jardines para poder hablar tranquilos sin ser interrumpidos.
- Lo siento, Snape - se disculpó Sirius en cuanto llegaron a los jardines.
- ¡Vaya! Jamás pensé que fueras el primero en disculparte - se sorprendió Severus.
- Debía ser el primero, fui el que peor se portó contigo - reconoció el ojigris.
- Yo también te pido disculpas, Severus, debí haber hecho algo - se disculpó avergonzado el hombre lobo.
- Esta bien, he cambiado mi forma de pensar en los últimos días y ahora me doy cuenta que el rencor me cegó y lo pagué con Harry... - confesó el ojinegro.
- Harry nos lo ha contado y también que le salvaste la vida... - reveló el castaño.
- Sí, aunque cuando lo leamos tendré ganas de darte un puñetazo, no lo haré porque de alguna manera lo has compensado... - reconoció el animago.
-Además Harry ya te ha perdonado - añadió Remus.
- Pero yo no... - negó Severus.
- Yo soy el culpable de ese rencor, me comporté como un auténtico gilipollas contigo durante siete años... - se culpó Sirius.
- Puedes escribir eso en un papel - se burló Snape tratando de hacer sonreír al ojigris.
- Hablo en serio, no soy diferente a los Dursley - dijo con amargura el animago.
- Eso no es verdad, Sirius... - le replicó el castaño.
- Eras un inmaduro Black, al igual que Potter pero no erais malos... - lo consoló el ojinegro.
- Te humillamos... - le rebatió Sirius.
- Sí, lo sé... Yo tampoco fui el mejor con vosotros... - lo interrumpió el pocionista.
- Se nos fue de las manos... A todos... El odio entre Gryffindor y Slytherin...- reconoció Remus.
- La carta que llegó con los libros decía que tres personas eran infelices, hablaba de nosotros - recordó el pelinegro cambiando de tema.
- Sí, Harry lo adivinó... - sonrió Sirius al pensar en su cachorro.
- Claro, tu ahijado es más perspicaz que todos los merodeadores juntos... - rió Severus.
- Ahí te doy la razón - reconoció el ojigris sonriéndole.
- ¿Y si cambiamos eso? - intervino Remus.
- ¿Lo qué? - preguntó el animago.
- Esa infelicidad de la que hablaba la carta,¿no? - entendió el pocionista.
- Sí, hagamos feliz a nuestro niño - pidió el castaño mirándolos con un brillo de esperanza en sus ojos dorados.
- Por Harry - estiró la mano Sirius.
- Por Harry - asintió Severus poniendo su mano sobre la del ojigris.
- Por Harry - juró Remus colocando su mano sobre la del ojinegro.
Los tres separaron sus manos y se sonrieron sinceramente por primera vez en su vida y los tres sintieron que algo había cambiado.
Ya no eran tres estudiantes de casas rivales, ahora eran tres adultos que harían lo que hiciese falta por cierto ojiverde que les había robado el corazón.
- Somos los guardianes de ese niño, por él daríamos la vida, así que dejemos el pasado atrás y unámonos para protegerlo y devolverle toda la felicidad que le robaron - propuso el animago.
- Sirius, Remus... puede que al principio sea incomodo pero... seamos amigos - sugirió Severus estirando su mano hacia el centro.
- Estoy de acuerdo, debemos dar ejemplo... Slytherin y Gryffindor pueden ser amigos... - concedió Remus poniendo su mano encima de la del pocionista.
- Harry ya ha dado muestra de ello, así que me parece estupendo seguir su ejemplo... - reconoció Sirius sumando su mano a las otras dos.
- Amigos - juraron los tres frente a frente y con sus manos unidas.
Harry se encontró a Bill de camino a la Torre de Gryffindor y se dio cuenta que el mayor de los hermanos Weasley era su único cabo suelto.
Tal vez si jugaba sus cartas podía hacer feliz a varias de las personas que amaba.
- ¡Hola canijo! ¿No deberías estar en la sala común? - preguntó el pelirrojo.
- Tenía que hablar con el profesor Snape - contestó el ojiverde.
- ¿Todo bien? - preguntó el pelilargo preocupado.
- Sí, ahora que nos conocemos mejor nos llevamos bien - aseguró el azabache.
- Me alegro. Ahora, vamos, te acompaño a la torre - le dijo el pelirrojo pasándole el brazo por los hombros.
- Espera, ¿podemos hablar antes? - pidió el ojiverde.
- Claro, ¿de qué quieres hablar? - preguntó el rompedor de maldiciones.
- De Ron - respondió el azabache.
- ¿Qué le pasa a Ron? - se preocupó Bill.
- Bueno... Él se siente un poco inseguro... Piensa que es el menos valioso de los Weasley... - explicó Harry.
- ¿Qué? ¿Por qué se siente así? No es cierto que sea el menos... - se extrañó el pelirrojo.
- Lo sé, pero ya sabes... Tú premio anual, Charlie capitán de quiditch, Percy prefecto, los gemelos... Bueno, los gemelos son un caso aparte... Pero se tienen el uno al otro... - intentó que entendiera el niño.
- Y Ron nos tiene a todos, te tiene a ti - aseguró el pelilargo.
- Sí, pero tú estás en Egipto y Charlie en Rumanía, bueno ahora ya no... - replicó Harry.
- ¿Lo qué me quieres decir es que se siente solo? - cuestionó Bill.
- No, lo que quiero decirte es que Ron te necesita - afirmó el ojiverde.
- ¿A mi? - se asombró el mayor de los Weasley.
- Por lo que me ha contado, tú has sido siempre él que más lo ha valorado - explicó el azabache.
- Es que el pequeño Ronnie vale mucho... - sonrió el pelirrojo.
- Eso lo sabemos todos menos él... Además cuando tú no estás los gemelos se meten mucho con él... - añadió el ojiverde.
- Los gemelos son incorregibles, pero estoy seguro de que tú puedes controlarlos... - aseguró sonriendo el pelilargo.
- Pero es que tú... Ron te necesita... - le rebatió Harry.
- ¿Y qué crees que puedo hacer para ayudarlo? - preguntó el rompedor de maldiciones.
- Quizás escribirle más seguido o venir más a menudo... - sugirió el ojiverde.
- Eso puedo hacerlo - prometió el pelirrojo.
- O quizás podrías vivir un poco más cerca... - aventuró Harry.
- ¿Cómo de cerca? - preguntó el pelilargo divertido.
- Me han dicho que Hogsmeade es un pueblo mágico estupendo... - dijo el niño aparentando inocencia.
Bill estalló en carcajadas dándose cuenta de la maniobra de chantaje del pequeño ojiverde que lo miraba con carita inocente.
Lo alzó en el aire mientras le daba vueltas y siguió riendo divertido y a la vez emocionado de que el niño quisiese tenerlo cerca.
- Confiesa - le dijo bajándolo al suelo de nuevo.
- ¿Qué quieres que confiese? - preguntó confuso el ojiverde.
- Mi madre te ha contratado para que me convenzas de que vuelva, ¿verdad? - trató de hacerlo confesar Bill haciéndole cosquillas.
- No, pero estaría muy feliz de que volvieses... Todos lo estaríamos... - confesó el azabache riendo a causa de las cosquillas.
- ¿Ah si? - preguntó el pelirrojo arqueando una ceja y parando su ataque.
- Sí, los gemelos se portan mejor cuando tú estás cerca y eres el hermano preferido de Ron... - añadió Harry.
- No me digas... - fingió sorprenderse el rompedor de maldiciones.
- Y también... - siguió diciendo el ojiverde pensando más argumentos - También Percy es más feliz cuándo tú y Charlie estáis cerca... Se ríe mucho más y no es tan serio, me he fijado...
- ¡Cuántos argumentos! - interrumpió el pelilargo.
- Y el señor Weasley... - siguió el niño.
- Está bien, no hace falta que sigas... - lo cortó Bill.
- ¿No? - se extrañó el azabache.
- Sólo necesito saber una cosa más - aseguró el pelirrojo.
- ¿Cuál? - preguntó el buscador de Gryffindor.
- ¿Tú me quieres cerca? - preguntó a su vez el mayor de los hermanos Weasley.
- ¡Siiiii! - asintió Harry frenéticamente.
- Pero ahora ya no estás solo, tienes a tú padrino, a tu tío, a mis hermanos, a mis padres... - replicó Bill.
- Nunca he tenido a nadie - confesó avergonzado - Y ahora que el destino me dio una gran familia, siento que no puedo renunciar a ninguno de ellos...
- Creo que lo entiendo - dijo su hermano mayor acariciándole la mejilla.
- ¿Entonces...? - interrogó el azabache con impaciencia.
- Entonces trabajaré en el Gringotts de Londres - prometió el pelirrojo.
- ¡Gracias! - agradeció el ojiverde.
- Gracias a ti, canijo, por querer tenerme a tu lado - lo abrazó el pelilargo.
- Es cierto lo que te dije antes, lo de Ron, los gemelos y Percy... Tus hermanos... Nuestros hermanos te necesitan - aseguró Harry mirándolo a los ojos.
Bill abrazó a su canijo una vez más y ambos caminaron hacia la Torre de Gryffindor.
Harry estaba feliz, su corazón le decía que todo estaba bien, que su familia estaba y estaría unida, y eso era para él un sueño hecho realidad.
Bueno aquí os dejo un capítulo más, espero que lo disfrutéis.
