Hola a todos! Aquí estoy despidiendome con este fic. Después de catorce capitulos, mi trabajo aquí ha concluido.

Un agradecimiento enorme a todas las personas que llegaron hasta aquí e incondicionalmente me dieron su apoyo. Al igual que todas las personas que siguieron esta historia desde el anonimato. Un beso enorme para todos ustedes.

Y ahora solo esperen con paciencia que luego se viene un nuevo capitulo de Break up :) Prometo que actualizaré en cuanto pueda.

Un beso enorme y disfruten el final :)

Capítulo 14

El último día de paz

La mente de Hermione estaba hecha un lío. La última noticia que había recibido la noche anterior la había dejado confundida y acelerada. De pronto toda la orden había llegado, armaron un nuevo plan contra reloj y Hermione apenas podía procesar todo aquello.

Durmió un par de horas, no más. Estaba demasiado ansiosa y nerviosa por lo que iba a suceder esta noche.

Sin hacer ruido procurando que Ginny no la oyera, se levantó de su cama y fue a darse una ducha. La pobre de Ginny había quedado bastante conmocionada, cuando la noche anterior, Hermione había subido con semblante pálido y algo enfermo, entonces Ginny confirmó que nada andaba muy bien. Su rostro se demacró notablemente cuando Hermione le explicó que las cosas se habían complicado y que gran parte de su familia se lanzaría a un incierto panorama por la noche. Para recibir una noticia así, Ginny se comportó muy tranquila, aunque su rostro denotaba mucha preocupación. Y definitivamente, no era para culparla.

Eran las 8:00 a.m cuando Hermione bajo a la cocina y saludó a la señora Weasley y a Fleur que maniobraban utensilios en la cocina.

-¿Qué deseas para desayunar linda? –Le preguntó la señora Weasley con amabilidad.

-No lo sé… no se preocupe yo me encargo –Agradeció Hermione.

-Sí, que ella se encague, debemos dagnos pgisa si queguemos llegag a tiempo al callejón Diagon pog mi vestido -Dijo Fleur con aire altanero. Hermione hizo caso omiso a su comentario y sacó una taza de la alacena.

-¿Estás segura que no te importa querida? –Preguntó la señora Weasley sin saber muy bien si reprender a Fleur por su actitud, o simplemente abstenerse de comentarios.

-No, no se preocupe, puedo con ello –Sonrió Hermione. La señora Weasley asintió y continuó con sus labores.

-Fleur, querida, que tal si vas por tus cosas yo terminaré aquí –Ofreció la señora Weasley.

-Clago –Convino ella y salió de la habitación.

Hermione se puso a calentar agua y decidió esperar apoyada en una de las encimeras.

-Perdona a Fleur, está un poco susceptible en estos días… la orden y bueno su boda… es entendible –Se disculpó la señora Weasley. –Además Bill partió anoche y no se ha comunicado personalmente…

-Si, claro que entiendo –Mintió Hermione. Nunca le iba a caer bien Fleur, ni siquiera con todo esto que estaba pasando. -¿Están el señor Weasley y los demás bien? –Inquirió Hermione.

-Sí, Arthur se ha comunicado esta mañana. Aún le quedaban detalles por afinar, pero están todos bien –Dijo ella en tono de alivio. -¿Estás segura que no quieres que te caliente algo rápido? Fleur tardará un poco, ya sabes como es…

-No en serio estoy bien, gracias. Sólo quiero un poco de té, no tengo hambre. –Se excusó Hermione.

-Debes comer, no te hará bien, necesitas fuerzas para esta noche. Te prepararé unas tostadas. –Dijo con determinación, disponiéndose a hacerlo.

-Le agradezco mucho señora Weasley, pero…

-Sin peros. No es ninguna molestia. –Hermione le sonrió y asintió en agradecimiento.

-Gracias –Profirió

-De nada. Eres de la familia, lo sabes.

-Lamento haberle dado tantos problemas –Dijo ella sintiéndose culpable ante todo lo que la señora Weasley hacía por ella.

-No son problemas querida, nada de eso. Es simple preocupación. No debes disculparte, es muy noble lo que tú y mi hijo están haciendo, y que no esté de acuerdo no significa que me estén dando problemas. –Dijo calentando el pan.

-Usted sabe que si pudiéramos… si realmente pudiéramos decirle todo lo que está pasando lo haríamos… y Ron se siente muy mal por ello…

-Querida, querida… en serio no es necesario… Pero como madre, por que me preocupo por ustedes, voy a seguir insistiendo, tienes que saberlo. –Hermione le sonrió con pesar pero asintió con la cabeza. La señora Weasley era una gran persona y una gran madre, entendía por lo que debía estar pasando. La tetera hirvió, y Hermione sirvió su taza de té, y la señora Weasley le entregó las tostadas. –Pero si no lo logro, me tranquiliza saber que estarán juntos. Harry y Ron no podrían quedar en mejores manos… -Le sonrió acariciándole la mejilla con ternura.

-Es hoga de ignos Molly –Sentenció Fleur apareciendo de pronto en la cocina.

-En un minuto querida. –Respondió la señora Weasley. Hermione pudo sentir la molestia de parte de Fleur aunque no haya proferido ningún sonido. –Y no te preocupes por hoy, eres muy valiente e inteligente, todo va a estar bien. –Comentó adivinando las preocupaciones de Hermione.

-Gracias –Le sonrió Hermione conmovida. La señora Weasley asintió y salió de la cocina con Fleur. Hermione suspiró y caminó con su taza y las tostadas hacia afuera de La Madriguera. Necesitaba aire y necesitaba aclarar su mente.

En cuanto salió hacia afuera, la brisa matutina totalmente cálida, rozó sus mejillas haciéndola sentir instantáneamente mejor. Sin querer ir muy lejos, porque dentro de ella ansiaba que cuando Ron bajase a desayunar la encontrara afuera y se le uniera, se sentó justamente al lado de la entrada, apoyando su espalda en la pared. Estaba rodeada de flores, hermosas, puestas especialmente para adornar el lugar del matrimonio. Continuaban doradas y blanquecinas, ya que Fleur no había protestado ante la ocurrencia de Hermione, es más, hasta le había sonreído complacida. El césped estaba aún perfectamente verde e inmutable, gracias a los incontables hechizos realizados por ella, Ginny y la señora Weasley, para que el día de la boda todo estuviese perfecto. Y todo se veía perfecto, y aunque odiara admitirlo, hasta se veía bien.

Sonrió ante su pensamiento, y bebió un sorbo de té.

Se sintió mucho más tranquila rodeada por aquél paisaje tan cálido y perfecto que se levantaba junto a La Madriguera. Su cabeza de a poco fue hilando todos los acontecimientos, todo lo que se les venía encima en tiempo récord. Parecía que fue ayer cuando enterraron a Dumbledore… parecía que fue ayer el último abrazo que compartió con sus padres… pero había pasado ya casi un mes. Un mes viviendo bajo el mismo techo que Ron, en la casa de Ron, pasando tiempo con Ron e inevitablemente enamorándose cada vez más de Ron.

Pareciera que lo estaba llamando con la mente, por que el preciso instante en el que aquél pelirrojo se adueñó de su mente, lo vio asomarse por la puerta, sonriéndole adormilado. Aún traía su pijama, y su pelo estaba completamente desordenado. Así le gustaba a ella.

-Aquí estás –Dijo él pasándose la mano por el cabello y ahogando un bostezo.

-¿Qué haces a esta hora despierto? –Se burló Hermione dándole un sorbo a su té. Ron rió.

-Tal vez debería empezar a acostumbrarme… no se si pronto tendremos horarios, ya sabes… alerta permanente –Se burló, sentándose junto a Hermione en el suelo.- ¿Te vas a comer esas? –Preguntó señalando las tostadas. –Mamá no está y me muero de hambre. –Hermione se rió.

-¿Acaso no puedes ocuparte de tu propio desayuno? –Le acusó

-No mientras pueda. Ya veremos más adelante. –Hermione negó con la cabeza, pero al ver la enorme sonrisa que Ron le estaba dedicando no pudo negarse. De todos modos no quería comérselas.

-Toma –Dijo entregándoselas. –De todos modos no tenía hambre, tu madre insistió antes de irse.

-¿Salió? –Preguntó dándole una gran y ansiosa mordida a la tostada.

-Con Fleur, fueron a buscar el vestido o algo así –Menospreció Hermione.

-Eso explica el por qué todavía no sale a separarnos y a llenarnos de tareas –Sonrió y Hermione le devolvió la sonrisa, para luego beber otro largo sorbo de té.

-¿Querrías darme un trago de eso? Me estoy ahogando –Pidió él sin dejar de masticar.

-Si comes como si el mundo fuera a acabarse… -Se burló ella -¿No querrás tal vez que te traiga uno?, ¿o quizás puedo cocinarte un ostentoso desayuno? –Inquirió Hermione con sarcasmo.

-¿De verdad? ¡Eso sería genial! –Dijo Ron con emoción. Hermione negó con la cabeza.

-Estaba bromeando…

-Ah… si… claro… -Dijo Ron algo avergonzado, y eso le causo risa a Hermione.

-Bien te traeré algo. Pero no te acostumbres –Dijo ella poniéndose de pie dejando su té a un lado.

-Eres la mejor, enserio. –Le dijo Ron con una determinación que la hizo estremecer. Se dirigió a la cocina con una gran sonrisa de suficiencia y le sirvió un gran vaso de jugo de calabaza, mientras tostaba otro par de panes.

Luego de tres minutos, volvió a sentarse junto a Ron.

-Te adoro –Dijo él recibiendo con una gran sonrisa el desayuno que Hermione le había preparado, y estaba tan concentrado comiendo que no notó cuando ella se ruborizó a más no poder. Era maravilloso oír algo así, pero aún deseaba oírlo en otro contexto.

Sin encontrar nada coherente que responder, tomó su taza de te y envolvió sus piernas con su brazos, mirando fijamente a los árboles que se mecían lentamente en las praderas más lejanas. Durante un rato sólo era posible oír el masticar desesperado de Ron.

-¿Crees que vamos a estar bien? Me refiero a… esta noche –Le preguntó Hermione sin dejar de mirar el paisaje. Ron se movió un poco a su lado, dejando el vaso de jugo a un lado en la tierra. Ron suspiró antes de contestar.

-Sí

-¿No crees que fue algo extraño? Ya sabes… Mundungus inventando ese plan… no lo sé… -Le dijo ahora cambiando el tema.

-¿Celosa? –Se burló Ron. Hermione se volvió para fulminarlo con la mirada. –Bien, bien, lo siento… mala broma… -Se disculpó. Hermione volvió a mirar el paisaje. –No lo sé… tal vez también tenía su cerebro, aunque estaban todos sorprendidos es verdad, el muy idiota simplemente tuvo una buena idea…

-Tal vez… -Murmuró Hermione. -¿Te das cuenta de todo lo que esto significa?

-¿Por qué tantas preguntas? –Inquirió Ron. Hermione lo miró y se encogió de hombros, para luego fijar la vista en el suelo.

-Supongo que no me gusta no poder anticipar el resultado de las cosas… ya no puedo asegurarme el futuro simplemente leyendo unos libros y estudiando hasta cansarme… antes con eso… con eso ya tenía todo resuelto y ahora… no me gusta pensar que este es el último día de paz que probablemente tengamos…

-Oye –Comenzó Ron tomando la barbilla de Hermione para poder levantar su rostro y poder mirarlo. Hermione ignoró completamente el desesperado latido de su corazón y simplemente se dedicó a mirarlo. –No puedo decirte que pasará, ni como terminará esto. Pero puedo prometerte una cosa: pase lo que pase, estaremos juntos hasta el final. –Hermione asintió con la cabeza perdida totalmente en sus ojos azules, mientras el corazón le latía a mil por hora. No entendía cuando Ron se había puesto tan dulce con ella, pero le encantaba.

-Es una promesa –Sentenció ella con torpeza.

-Es una promesa –Convino él sonriendo. -¿Alguna otra duda que pueda resolver por ti? –Se burló Ron –Ahora que decidiste cambiar a tus libros por mí… debería sentirme halagado… -Hermione simplemente sonrió y negó con la cabeza. Ese era su Ron.

-¿Cómo lo haces? ¿Cómo te mantienes tan tranquilo? –Pregunto ella tomando otro sorbo de su té que estaba comenzando a helarse.

-Por que tú te preocupas suficiente por ambos –Se burló él. –Y alguien tiene que levantarte el ánimo…

-Sí que soy complicada –Murmuró Hermione sintiéndose realmente avergonzada. Pero Ron tenía razón, se preocupaba demasiado, analizaba demasiado y pensaba demasiado. Y esa era una de las principales razones por las cuales ella y Ron no estaban juntos. Por que su mente siempre le ganaba a su corazón.

-Sí, lo eres

-Eso no me hace sentir mejor precisamente…

-Diga lo que te diga no te vas a sentir mejor… estás preocupada y asustada y nada va a cambiar eso, ¿me equivoco?

-Me conoces –Sonrió Hermione, y él le devolvió la sonrisa. Se quedaron mirando por unos segundos, perdidos en el otro.

-Sí, te conozco –Profirió él con una voz profunda y distinta. –Vamos a estar bien esta noche… estamos con la orden y… y… -Ron titubeó un poco sin poder concluir la oración. Hermione se puso más nerviosa aún, sentía millones de mariposas en el estómago, revoloteando frenéticas. Allí estaban sus ojos azules mirándola, traspasando todas las barreras que ella había erigido con él. Ninguno de los dos avanzó, pero Hermione deseaba con toda su alma hacerlo, aunque su mente seguía gritando un no despavorido. –Té… -Murmuró Ron de pronto, sacando a Hermione de su ensoñación.

-¿Qué?

-Estás derramando tu té –Sonrió Ron. Y Hermione se sintió completamente estúpida. Allí estaba su oportunidad arruinada… aunque tal vez era mejor, pero ahora no podía convencerse de eso.

-¡Maldición! –Se quejó ella enderezando la taza que por los nervios se había volteado.

-Realmente estoy siendo una mala influencia para ti… -Se burló Ron

-Puedo maldecir si quiero –Dijo Hermione con orgullo.

-Claro que sí… te hace ser más ruda –Rió Ron –Imagínate como se sorprenderían los mortífagos si te oyeran maldecir… -Se burló.

-Honestamente Ron, no entiendo como puedes bromear con eso…

-Ya te dije… alguien tiene que relajar los ánimos…

-¡Ni siquiera soy buena en defensa contra las artes oscuras y tu te das el lujo de burlarte de mí! –Se quejó Hermione

-No me estoy burlando… ¡y no eres mala, lo sabes!

-Fue mí…

-…TIMO más baja, lo sé… no te cansas de repetirlo –Dijo Ron con cansancio y rodando los ojos. -¿Sabes cuál es tu problema? –Preguntó él sin mucha delicadeza haciendo que Hermione abriera los ojos como platos. Ella odiaba sus debilidades y ahora Ron se molestaría en recalcárselas. Genial. –Piensas demasiado. Y al momento de enfrentarte la mente no te sirve… es solamente instinto…

-No tengo instinto –Se lamento Hermione

-Si, si lo tienes… pero debes dejar de pensar, actuar por impulsos… -Le aconsejó Ron –Debes relajarte…

-Debe ser muy fácil… sabiendo que puedes morir con cualquier descuido… -Dijo Hermione con sarcasmo.

-Hablo enserio… ¿Recuerdas aquella vez en el ED cuando me enfrentaste? ¡Me venciste!

-Creí que tú te habías dejado ganar –Sonrió Hermione burlándose. Ron rodó los ojos.

-Intento ayudarte Hermione…

-Lo siento…

-El punto es que allí estabas relajada… actuaste por impulso, estabas alerta… solo se trata de eso…

-La gran diferencia Ronald Weasley, es que allí sabía que tú no me harías daño. –Sentenció Hermione. Ron se quedó callado derrotado.

-El quinto año en el ministerio…

-…Estaba tan nerviosa que me maldijeron… -Se apresuró a rebatir Hermione.

-En la torre de astronomía…

- …¡Ya no tenemos Felix Felicis Ron!

-¡Suficiente! –Gritó Ron con cansancio. – ¡Eres la mejor bruja que he conocido en mi vida, no quiero seguir convenciéndote de ello! ¡Puedes hacerlo, siempre has sabido que puedes! –Escupió Ron con notable enfado. Hermione se quedó callada respirando con agitación. Se avergonzó por comportarse como una tonta, desmereciéndose a si misma cuando ella sí sabía que podía. Estaba aterrada, pero podría hacerlo. –Sí actúas por instinto, lo hiciste cuando mi padre nos descubrió en el cobertizo, ¡estuviste brillante, sí que lo estuviste! –Continuó él aún molesto. Hermione fijó la vista en el suelo y se encogió aún más hecha un ovillo.

-Vamos, ahora yo te haré un buen desayuno –Dijo Ron poniéndose de pie de mala gana.

-No… Ron, no, enserio no tengo hambre… -Murmuró ella

-No me importa, el desayuno puede hacer la diferencia en la misión de esta noche. Ya verás. –Resignada Hermione siguió a Ron hasta la cocina.

-Si me enfermo, será tu culpa –Dijo Hermione –No me viene bien comer cuando estoy nerviosa…

-No sería muy agradable pero estoy dispuesto a correr el riesgo –Dijo él cogiendo un paquete de galletas de la alacena. -¿Té o jugo de calabaza?

-Tú escoge, da igual.

-El jugo fresco de calabaza te vendrá bien –Sugirió con la voz algo más amable.

Hermione observó a Ron atenderla con semblante enamorado. El jamás dejaba de sorprenderla. Cuando quería podía ser el hombre más odioso y terrible que haya pisado la tierra, pero en otro momento podía ser tan dulce y atento que podría enamorar a cualquiera. Se preguntaba si alguna vez alguien había compartido tantas cosas con él, y queriendo creer que no, se sintió especial.

Tal vez pudo besuquearse hasta sangrar con Lavender Brown, pero estaba casi totalmente segura de que jamás Ron le preparó desayuno, o que jamás la tranquilizó con sus palabras.

Hermione estaba enamorada de cada parte de su ser. En aquél momento adoraba como abría un simple paquete de galletas o como de pronto detenía sus quehaceres para rascarse concentradamente la cabeza.

Adoraba como sus ojos se apretaban al bostezar, y como se le arrugaban las pecas de la nariz cuando estaba enfadado.

Hasta le encantaba discutir con él, por que sabía que también era un pasatiempo que guardaba solo para ella.

No se dio cuenta de cómo, ni que la impulso a caminar hacía él y abrazarlo con fuerzas. Sintió a Ron ponerse rígido por unos segundos, pero luego sus brazos la rodearon con fuerza por la espalda. Hermione inhalo con fuerzas aquél embriagante aroma que desprendía su pecho, y luego, ruborizada, se separó de él.

-¿Po-Por qué fu-fue e-eso? –Titubeó Ron con las orejas notablemente coloradas. Hermione sonrió levemente.

-Yo… sólo quería agradecerte –Profirió Hermione avergonzada.

-Bueno pues… de nada… -Sonrió Ron. – ¿Qué hice exactamente? –Preguntó pasándose una mano por la nuca.

-Estar a mi lado… -Dijo ella con dulzura. –Tranquilizarme y todo eso –Agregó cuando se dio cuenta que sus palabras también tenían otro peso. –Tal vez peleemos… y mucho –Agregó –Pero…

-¡Ronald! –Interrumpió la señora Weasley con una sonriente Fleur que traía una enorme caja en sus manos -¿Aún no te has bañado? ¡Rápido, rápido! Que aún queda mucho por hacer… -Ron miró a su madre algo molesto y luego de dedicarle una mirada significativa a Hermione se marchó por las escaleras. -¿No te habrá hecho hacerle desayuno, verdad querida? –Inquirió su madre.

-No –Mintió Hermione, disponiéndose a guardar las galletas en la alacena, de todos modos no quería comérselas.

-¿Dónde está Ginny? –Preguntó Fleur sonriente

-Durmiendo, creo –Contestó Hermione con despreocupación

-Igé a despegtagla… tiene que veg mi vestido… oh Hegmione, tu también debes veglo es magavilloso… -Suspiró Fleur con ese semblante tan característico de una novia soñadora. Hermione le sonrió sin mucha simpatía.

-Una a la vez Fleur, tranquila… tu ve por Ginny y haz que se pruebe su vestido de dama de honor, ya iré yo luego para que me digas todos los arreglos que hay que hacerle. Con Hermione ya vamos, tengo que entregarle su vestido primero.

-Clago… sí… Aseguguense de manteneg a Bill lejos de la habitación… no quiego que se aguine la sogpesa… -Y dicho esto se marchó. Hermione le alzó las cejas a la señora Weasley y ella simplemente negó con la cabeza.

-Recuerdo yo también cuando me estaba por casar con Arthur… -Sonrió ella –Era una muchachita tan soñadora como Fleur…

-Ya lo creo –Dijo Hermione.

-Pero le hace bien a esta familia… celebrar una boda en medio de todo lo que está pasando… nos recuerda que aún hay tiempo para el amor. –Sentenció la señora Weasley haciendo que a Hermione se le encogiera el corazón. No quería comenzar otra vez ese debate interno que cada vez mantenía más seguido con ella misma. Pero si quería ser feliz tenía que esperar hasta el final de todo. Así funcionaba ella. –Bueno vamos, ya arreglé tu vestido y quiero que veas como te queda. Y además obtenemos la aprobación de Fleur.

-¿Tengo que tener la aprobación de Fleur? –Preguntó Hermione casi horrorizada.

-Ah querida no te preocupes, luces espectacular en él, no hay de que preocuparse. –Genial, otra preocupación más que sumar a su pequeña lista.

Pasaron la mañana haciendo arreglos a los vestidos, mientras Fleur criticaba cada mínimo detalle que no se le podía escapar ni a Ginny ni a Hermione para el día de la boda. La pobre de Ginny estaba loca con tanta crítica.

En cuanto Hermione cruzó la puerta de la habitación de Ginny y la vio allí de pie, notablemente enfadada con su vestido de dama de honor puesto, supo que nada andaría bien. Y en cuanto a Fleur… su vestido era más sencillo de lo que ella esperaba, pero el ser parte veela, hacía el resto del trabajo. No podía negar que se veía deslumbrantemente espectacular.

Si Hermione había quedado exhausta por tanto detalle que debía cuidar, Ginny por ser dama de honor simplemente había enloquecido, y lo único que la abstenía de gritarle a Fleur, era la señora Weasley que de tanto en tanto le acariciaba la espalda.

La mañana paso entre: "Quiego vegte caminag con tacones", "Intenta no pageceg una gallina coja paga el día de la boda", "debeguías pgacticag en tus hogas libges el agte de caminag sobre tacones Ginevga", "Vamos a aguegagle unas cintas aquí y aquí paga que combinen con mi vestido", "Paga el día de la boda quiego tu cabello tan liso como el mío, Hegmione", "Tal vez debeguían usag un labial rojo o rosa, nada de otgos cologes, ¿entendiegon?", "Molly, que tal si acogtamos un poco el vestido de Hegmione, y tal vez podgiamos aguegagles una de estas cintas que hemos compgado hoy" "Recuegden pagagse deguechas"… Y un sinfín de estresantes detalles más.

Al menos, para Hermione fue un buen día. La señora Weasley las dejó descansar, pero no así a Ron, quién de cuando en vez Hermione veía caminando por el jardín, con la importante tarea de definir el lugar donde instalarían la carpa. Se pasó toda la tarde con Ginny burlándose de Fleur, pensando en que aún les quedaba una prueba de vestidos más, esperando que fuera la última. Al menos Ginny parecía más tranquila con el tema del traslado de esa noche.

Hermione no se dio cuenta como paso el día. De pronto estaba Ron llamando a su puerta, diciéndole que el señor Weasley había llegado y que debían prepararse.

Los tres bajaron por las escaleras y se sentaron a esperar en la sala. En seguida cuando la señora Weasley los sintió, se dispuso a separarlos, pero se contuvo al ver que estaba Ginny también con ellos. Ron rodó los ojos ante aquél acto.

-¿Cómo estuvo su día? –Preguntó Ron

-¿Qué? –Le preguntó Ginny -¿Desde cuando te importa?

-Eres una malagradecida… -Se quejó Ron. Ginny me miró y luego sonrió.

-Bien, lo siento… estuvo bien si te gusta "el arte de usar tacones" –Se rió y Hermione la imitó.

-¿Gran día con Fleur? –Preguntó Ron burlándose.

-Uno de los mejores –Le contestó Ginny. -¿Y tú?

-Tuve un gran día en el jardín y en el ático…-Sonrió. –Y ese ghoul desgraciado que sólo me retrasaba…

-No lo insultes, que ahora eres tú enfermo de spattergroit… -Ron rodó los ojos –Muy ingenioso plan de todos modos, no tuve tiempo para decirte que estoy orgullosa de ti hermanito, parece que tanto estar con Hermione ha dado sus frutos…

-El siempre ha sido inteligente –comenzó Hermione hablando por primera vez. Las palabras salieron solas de su boca y se avergonzó notablemente. –L-Lo q-que sucede es que es muy perezoso –Agregó rápidamente.

-Ustedes si que saben hacer sentir bien a alguien… -Ironizó Ron –Por eso es que me mantengo alejado de ustedes.

-No seas un mentiroso Ronald Weasley –Le acusó su hermana –Si mamá no te prohibiera pasar tanto tiempo con Hermione, casi ni la tendría para mí… -Hermione se ruborizó aún más mientras Ron también enrojecía gradualmente. No le había confesado nada a Ginny sobre Ron, pero ella insistía en hacerlos pasar por estos bochornos. Si sobrevivía a la misión, mataría a Ginny. Para su suerte el señor Weasley entró en ese momento a la sala.

-Ginny querida, mejor te vas con tu madre, la orden está llegando. –La sangre se le heló a Hermione y supo que el momento venía.

-Por si no puedo acercarme luego… -Dijo Ginny y luego se lanzó a abrazar con fuerzas a su amiga y rápidamente abrazó a Ron. –Eres un tonto, pero eres mi hermano así que cuídate. –Exigió Ginny y luego también le dio un gran abrazo a su padre para luego salir de allí.

-¿Ya tienes tu escoba hijo? –Le preguntó el señor Weasley

-Sí, afuera.

-Bien.

El clima se tensó a medida que llegaba la orden. Ni siquiera las bromas de Fred y George lograban calmar a Hermione. Estaba preocupada, y nerviosa. Pero con suerte todo saldría bien. Sólo se tranquilizó un poco cuando vio a Hagrid entrar en La Madriguera. Él le propició un fuerte abrazo y una gran sonrisa amistosa, mientras que Ron le estrechó el brazo, pero Hagrid lo tomó por él dándole también un fuerte abrazo.

-¿Cómo han estado? –Preguntó con una amable sonrisa en el rostro -¡Parece que cada día crecen más!

-Algo atareados –Se quejó Ron –Mamá nos tiene como esclavos trabajando para la boda…

-Ah, Molly… -Comentó él en un suspiro –Nada sería lo mismo sin ella, deben admitirlo –Dijo con un dejo de melancolía. –Además que su comida es maravillosa…

-Claro… -Murmuró Hermione volviendo a la intranquilidad.

-¿Qué sucede Hermione? –Preguntó Hagrid preocupado.

-Estoy solo preocupada –Dijo ella con sinceridad.

-Hermione… -Dijo él con la voz suavizada, dándole suaves palmaditas en el cabello. –Tu más que nadie deberías saber que todo va a estar bien, y que Harry estará bien… ¡Estará conmigo! –Sonrió y Hermione le devolvió la sonrisa. Hermione deseaba con todo su ser que las palabras de Hagrid fueran ciertas. Y no es que dudara de él, pero las circunstancias podían ser tan favorables, como totalmente adversas. Se pasaron el tiempo hablando de Fang, de los problemas que los hijos de Aragog le estaban dando y casi se larga a llorar al recordar a su fallecida "mascota".

Los últimos en llegar fueron Bill y Fleur, quién ahora lucía un buzo celeste, y Hermione no podía entender como la misma chica que hace horas lucía un hermoso vestido de novia, ahora lucía tan sencilla, lista para pelear si era necesario. Pero hasta de ese modo se veía fabulosa.

-Dedalus y Hestia ya se llevaron a los Dursley –Informó Ojoloco –Harry está solo desde hace unas horas.

-¿Tienes poción suficiente Alastor? –Preguntó Lupin.

-Sí… pero tuve que recurrir a mis provisiones extras. Algún idiota y asqueroso ladrón me robó ayer. –Sentenció mirando acusadoramente a Mundungus. Hermione y Ron intercambiaron una fugaz mirada de culpa, pero se apresuraron a parecer inocentes.

-¡Ya te dije que yo no fui! –Gritó Fletcher en defensa.

-¡Y yo sigo sin creerte ladrón de cuarta! –Volvió a acusar.

-¡Eso no es…! –Intentó defenderse nuevamente Mundungus.

-Ya, ya, no vale la pena Alastor –Lo calmó Kingsley –Si realmente te robó, al menos valió la pena. Deja que se quede con su premio por el buen plan que nos entregó.

-Imbécil… -Murmuró Moody.

-Si todos aquí desconfían de mí deberían dejarme ir… de todos modos yo no quiero estar aquí –Dijo Mundungus con miedo.

-Ya cállate desgraciado –Le dijo Ojoloco

-Estamos perdiendo tiempo –Dijo de pronto Tonks sin dejar de apretar con fuerzas la mano de su reciente esposo.

-Dora tiene razón –Convino Lupin. Y los gemelos se miraron con una sonrisa burlona pero no dijeron nada.

-Bien, formen parejas. No importa con quién vayan ahora, de vuelta formaremos una estrategia. –Por inercia Hermione sostuvo el brazo de Ron con fuerza y él la miró algo sorprendido, pero luego le sonrió. Entonces Hermione algo avergonzada le soltó el brazo. –Andando. –Ordenó Ojoloco.

De uno en uno salieron de La Madriguera, hasta llegar afuera, donde unas escobas y también la moto de Sirius esperaban por ellos, y Hermione suponía que también debían estar los thestrals de los que habían hablado la noche anterior.

-¡Ten cuidado querido! –Rogó la señora Weasley desde la puerta, y el señor Weasley le sonrió.

-No te preocupes cariño.

-También ustedes niños, tengan cuidado…

-¡Ya no somos niños mamá! –Gritaron Fred y George

-¡Ustedes dos no! ¡Hermione y Ron! –Aclaró la señora Weasley, dejando a unos desconcertados Fred y George.

-¡Y así dices ser una buena madre! –Se quejó Fred y la señora Weasley negó con la cabeza, para luego acercarse con largas zancadas hasta atrapar a sus hijos entre sus brazos.

-¡Ya mamá! –Se quejó George.

-¡No me dejas respirar! –Bufó Fred y la señora Weasley se separó de ellos, para obligarlos a agacharse y depositó un beso en sus cabezas pelirrojas.

-Tengan mucho cuidado –Dijo para juntar sus manos en su pecho.

Hermione vio como Bill y Fleur flotaban en el aire, sobre un thestral. Y También lo hicieron Kingsley y el señor Weasley.

-Tendremos que viajar en escoba –Le informó Ron. Hermione empalideció.

-¿Qué? –Dijo algo descompuesta. No había pensado en ello.

-Vamos, estarás bien, estás conmigo –Dijo infundiéndole confianza. Hermione asintió con fuerzas mientras Ron se subía a su escoba. Hermione dio un gran suspiro y se montó tras Ron. No le quedaba de otra.

A su lado estaban Hagrid en la moto, Fred y George riendo sobre su escoba, y Remus y Tonks besándose con suavidad antes de que esta se abrazara a la cintura de él en otra escoba. Mundungus Fletcher miraba ansioso para todos lados con notable miedo.

El último en salir fue Ojoloco quién traía un saco lleno de cosas. Le tiró con rudeza el saco a Mundungus quién lo atajó a duras penas.

-Más vale que lo sujetes bien o te mato. Y más te vale que averigües un lugar donde sujetarte por que si siento tus manos sobre mí, maldita rata… te arrojo de la escoba ¿Entendiste? –Mundungus asintió aterrado y se sentó atrás de Ojoloco.

-Lo mismo para ti Georgie –Se burló Fred.

Hermione estaba aterrada. Odiaba volar en escoba y su corazón latía a mil por hora, si a eso le sumaba que estaba demasiado cerca de Ron.

-Tranquilízate, enserio… estás conmigo… -Dijo Ron, y Hermione se avergonzó al pensar que podía sentir los latidos de su corazón. –Soy el rey, ¿recuerdas? –Se burló él.

-Depende de que lado me lo tome… si es por el lado de Gryffindor está bien… pero si es por el lado de Slytherin…

-Tienes más sentido del humor cuando estas nerviosa –Dijo Ron, y Hermione pudo imaginar su sonrisa.

-¡Listos! –Gritó Moody y el corazón de Hermione se paralizó. – ¡No deberíamos tener problemas por ahora, así que vuelen tranquilos y manténganse juntos!

-Sujétate fuerte. –Le advirtió Ron y mecánicamente Hermione envolvió su torso con muchísima fuerza. Fue una sensación peligrosamente agradable. –No tan fuerte, así no respiro –Se burló Ron

-Ya cállate, enserio… -Le amenazó Hermione

-¡A volar! –Gritó Moody y Hermione sintió como su cuerpo quedaba abajo en cuanto se elevó. Gritó con fuerzas ganándose una estricta mirada de reprobación de Ojoloco. Hermione se ruborizó y se apretó más aún hacia Ron. Sentía la brisa nocturna golpearla en las mejillas, y escondió su rostro en la nuca de Ron.

-¡Esta todo bien Hermione! –La tranquilizó Ron.

-¡Para ti! –Replicó Hermione sintiéndose nauseabunda y bastante asustada.

-¡Vamos!, ¡No puede ser tan terrible!

-¡Concéntrate en volar!

-¡Nada va a pasar si te hablo!

-¡Enserio Ron, por favor! –Pidió acercándose aún más, cuando Ron giró la escoba con brusquedad.

-¡Bien, bien, lo siento! –Se disculpó él quedándose en silencio.

Lentamente Hermione tomó valor y sacó su cara del cuello de Ron y se atrevió a mirar el paisaje. Estaba aterrada, pero debía admitir que la noche se veía perfecta desde aquella altura. Los gemelos pasaron por el lado de ella, burlándose de su cercanía a Ron. Hermione decidió ignorarlos y concentrarse en algún posible peligro, pero todo se veía bien. -¿Estás bien? –Preguntó Ron con delicadeza.

-¡Eso intento! –Respondió Hermione temblorosa.

Entonces Ron con total ternura acarició el dorso de la mano de Hermione que se ceñía a su cintura. ¿Realmente en un momento tan peligroso podía sentirse tan endemoniadamente bien? Hermione se dejó acariciar y al decidir que ningún mortífago arruinaría el momento, recostó su cabeza en el hombro de Ron.

-Pero finalmente siempre hemos estado juntos… -Dijo de pronto Hermione, sin la necesidad de gritar al estar cerca del oído de Ron.

-¿Qué? –Preguntó el con confusión

-Cuando tu madre nos interrumpió esta mañana… estaba diciéndote que siempre peleábamos, pero finalmente siempre estábamos juntos… eso… -Contestó Hermione.

-Ah… -Dijo Ron nervioso –cierto –Convino él.

Y ya no importaba que le tuviera pánico a las alturas, o que probablemente la atacarán de vuelta a La Madriguera… ya no importaba si mañana tenían que huir con Harry, o si Voldemort en persona se encargaba de ir a buscarlos. Ron le había hecho una promesa, y para ella significaba mucho más. Desconocía si en un futuro tendría el valor de seguir a su corazón dejando de poner excusas, y se atrevería a besar a Ron hasta quedarse sin aliento. No sabía nada de eso, pero ahora no le importaba.

Estaba volando con Ron, recostada en su hombro, sintiendo las esporádicas caricias en su mano y eso era suficiente. Y al demonio sus conjeturas, sí todo esto no significaba que su relación definitivamente había adquirido un tinte distinto, entonces seriamente su conocimiento sobre el amor, estaba más erróneo de lo que ella pensaba.


gransley: mil gracias! besos enormes!