POV Peeta.

Casi choqué con Finnick al doblar a la izquierda en un pasillo, no sé si fue porque me encontraba muy distraído o si Odair ya se encontraba en ese lugar esperándome. De todas formas me tomó un momento recuperarme de la sorpresa. Me sentía como un niño atrapado en medio de una travesura.

-¿Delly?

-En el puesto de enfermeras, comiendo galletas. Les dije que no ibas a estar muy feliz con eso pero mientras Delly sea feliz, sabes que a ellas no les importa nada mas- Finnick se cruzó de brazos y se recargó en la pared más cercana a él-. ¿Puedo preguntarte algo?

-Tu puedes preguntar- casi puedo jurar que lo escuché resoplar resignado. Siempre le decía lo mismo cuando hacía esa pregunta-. Otra cosa es que yo te responda.

-Preguntaré de todas formas. ¿Qué hacías con Galleta en la casa de Katniss Everdeen?- me aclaré la garganta en forma incómoda y desvié mi atención hacia el final del pasillo.

-Cosas- me encogí de hombros para evadir la pregunta al más puro estilo de un adolescente despreocupado.

-Vale, ese es el idioma universal de "no te entrometas donde no te llaman"- Finnick levantó las manos a manera de rendición y negó lentamente con la cabeza-. En ese caso voy a terminar mi guardia.

-Suerte.

-Lo mismo digo- lo vi alejarse con paso apresurado hacia la sala de emergencias. Y solo cuando estuve completamente seguro de que se había ido por completo, recargué mi espalda en la pared pensando que definitivamente en esta ocasión había cruzado la línea.

...

En efecto, cuando llegué a la estación de enfermeras Delly reía con mis compañeras mientras comía una galleta de chispas de chocolate, pensé que es iba a ser una larga noche tratando de que se durmiera, sin embargo después de lidiar con la muerte de un pequeño inocente, me sentía afortunado de tener a mi niña conmigo.

Apenas si logré avanzar algunos pasos cuando Finnick llegó detrás de mi para tomarme por el codo y frenar mi avance. Me giré un tanto extrañado por su actitud aunque algo había en su rostro que me daba cierta advertencia.

-Ella despertó- no tuvo que decir su nombre para saber de quien hablaba. Sorprendido bajé a Delly de mis brazos y centré por completo mi atención en el chico de ojos verdes.

-Debía mantenerse sedada por algunas horas, necesita descansar.

-Lo sé, pero despertó. Creo que los efectos del medicamento aun no se van porque no ha presentado dolor, una enfermera está con ella. Hay que avisarle a su familia y si me lo autorizas puedo hacerlo- vi la hora en mi reloj solo para comprobar mis sospechas de que el turno de Finnick había terminado. Era domingo y seguramente tenía planes con su novia.

-Yo lo hago, solo dame diez minutos para conseguir que mi suegro venga por Galleta y cuide de ella durante la tarde- bajé la vista hacia mi hija que ahora me veía un poco decepcionada al entender un poco la situación.

-Annie y yo podríamos cuidarla- estuve en realidad tentado a aceptar su oferta de inmediato, pero no lo consideraba justo-. Vamos, puedes confiar en nosotros, no somos tan incompetentes.

-De acuerdo, pero voy a pagarles y no acepto un no por respuesta- miré a Delly esperando entender como se sentía ella con esto y mis dudas se disiparon cuando sonrió ampliamente por el cambio de planes-. Vamos Galleta, Finn cuidará de ti.

Delly sonrió y de inmediato tomó con su manita la de mi compañero mientras daba pequeños brincos de felicidad. Una cierta parte irracional de mi cerebro me hizo sentirme algo celoso por la facilidad con la que lo aceptó pero tuve que deshecharlo de inmediato porque tenía trabajo que hacer. Me puse de cuclillas para estar a la altura de mi niña, besé su frente y le di un abrazo a manera de despedida, además le prometí llevarla a almorzar a donde ella eligiera al día siguiente.

Vi como se alejaron lentamente hacia la salida, me puse en pie y regresé sobre mis pasos para llegar a la habitación de la chica Everdeen.

Lo cierto es que no sabía muy bien que iba a encontrar al abrir la puerta. En el fondo creí que la encontraría plácidamente dormida como momentos antes, sin embargo no fue así. Cerca de tres enfermeras ya estaban en el interior con Katniss, revisando sus signos vitales y evitando a toda costa demorarse demasiado en su trabajo. Por su parte, la chica de cabello castaño veía hacia ellas, como si esperara la respuesta a alguna pregunta que hubiera hecho miles de veces. Sus ojos grises se encontraron con los míos haciendo que de inmediato se quisiera levantar, lo que no era muy buena idea en su estado. Su propósito se vio frustrado cuando una enfermera le puso una mano sobre el hombro para inmovilizarla.

-Gracias, Chicas, yo me hago cargo a partir de ahora- despedí a las enfermeras para tener un momento de privacidad con le chica Everdeen y darle las noticias que tenía para ella.

POV Katniss

Lo vi salir de mi habitación en completo silencio. Al parecer se quedó conmigo hasta que me quedé dormida pero no descansé por mucho tiempo. Abrí muy poco los ojos para alcanzar a distinguir su bata blanca desaparecer por la puerta. Peeta Mellark se había disculpado conmigo en medio del llanto y yo no sabía exactamente la razón.

Quise dormir de nuevo para ayudar a que el dolor de mi cuerpo desapareciera, pero por más cansada que estuviera no me sentía capaz de cerrar los ojos de nuevo y enfrentarme a la oscuridad. En lugar de eso me quedé viendo fijamente al techo por lo que pareció una eternidad hasta que la puerta de mi habitación se abrió de nuevo, pero en este caso no fue Peeta el que llegó sin no un chico de cabello cobrizo y ojos verdes que ya había visto en una ocasión, pero no podía recordar su nombre. Quizá por todo el medicamento que me estaban administrando.

-¿Katniss?- él conocía mi nombre pero yo no el suyo.

-Hola- le saludé e intente enderezarme pero un dolor en el vientre frenó mi avance, estoy completamente segura de que un gemido escapó de mis labios por el esfuerzo, cuando me recuperé tres enfermeras estaban a mi alrededor y el doctor, que no era Peeta, se había ido

-¿Podrías decirme tu nombre, por favor?- la enfermera de cabello rubio me preguntó amablemente mientras revisaba el medicamento que estaba conectado a mi brazo

-Katniss Everdeen- respondí extrañada de esa pregunta.

-Bien, Katniss ¿te sientes mareada o con algo de dolor?

-Solo cuando quiero moverme- En ese instante se abrió de nuevo la puerta de mi habitación para darle paso a un Peeta extremadamente preocupado. Mi corazón se aceleró por verlo de esa forma, solo podría significar que tenía malas noticias.

Sin importarme la molestia en mi vientre intenté levantarme, como era de esperarse un agudo dolor me atacó arrancándome un jadeo de mis labios. La enfermera de cabello rubio puso una manos sobre mi hombro para detenerme a pesar de que en ese preciso momento lo menos que quería hacer era moverme.

-Gracias chicas, yo me hago cargo- poco a poco recuperé la compostura mientras mis enfermeras salían del lugar-. Hola, Katniss.

-Hola- lo saludé muy apenas tras librarme del dolor. Quería hacerle miles de preguntas pero al final me daba miedo lo que él pudiera responder, además no era alentador sentía un horrendo dolor donde se suponía crecía Pasita.

El doctor Mellark llegó hasta mi lado y me ayudó a levantar la cama para que no estuviera completamente recostada. Peeta hizo el intento por sonreír, pero algo en sus ojos lo delataba. Al terminar de ajustar mi cama se alejó para sentarse en una silla junto a mí.

-En teoría deberías estar descansando, esperábamos que despertaras en un par de horas- él hizo una pausa como si esperara una respuesta de mi parte, aunque yo no tenía nada que decir-. El medicamento que se te administró es algo fuerte.

-No lo suficiente, aun me duele- puse la palma de mi mano en mi vientre y pude apreciar como los músculos de la quijada de Peeta se tensaban. Estábamos por tocar un tema delicado-. Todo está bien, ¿cierto?

-Katniss...

-Es decir, no hubo sangrado, solo fue un dolor que no es muy importante, ¿cierto? - los ojos azules de Peeta se encontraron con los míos y noté la tristeza que los llenaban. Abrí y cerré varias veces la boca sin saber muy bien que debía decir-. Peeta, por favor.

-No pudimos hacer nada por salvar al feto- la sangre se congeló en mis venas al escucharlo hablar de esa forma. Era tan profesional y distante-. Estabas en la semana once de gestación, normalmente las primeras doce son críticas para saber el futuro del embarazo, por eso se hace mucho énfasis en los cuidados.

-En otras palabras, fue mi culpa- había esperado reaccionar con una profunda tristeza, pero en ese momento lo único que sentía era rabia.

-Yo nunca dije eso- Peeta levantó las manos frente a él como si yo fuera a atacarlo.

-Pero los cuidados solo dependen de mí y dices que esto fue por falta de cuidado, lo que para mi se traduce en que ¡Fue mi maldita culpa!- no esperaba gritar, lo menos que necesitaba era hacer una escena pero solo de esa forma pude aliviar un poco lo que sentía dentro de mí.

-Los embarazos son complicados y a menudo muchos no llegan al final satisfactoriamente- ignorando la punzada de dolor me recosté sobre mi lado izquierdo para darle la espalada a Peeta en una actitud cien por ciento infantil.

No dije nada por mucho tiempo, en el fondo esperaba que él interpretara mi silencio como una señal para dejarme sola. Necesitaba espacio para asimilar todo ese asunto antes de que le permitieran a mi familia entrar a verme. Ni siquiera imaginaba como enfrentaría a mis padres después de todo esto. Mamá sufriría, al igual que Gale, pero no estaba segura de lo que haría mi padre. Por primera vez en muchos años había una situación que no quería ignorar a pesar de que esa sería la salida más fácil.

-Antes de que naciera Galleta, mi esposa y yo perdimos una bebé. Era un niño y tenía cinco meses de gestación- me asusté al escuchar de nuevo a Peeta. Después de todo ese tiempo creí que ya se había ido. De pronto él apareció en mi campo de visión y se puso de cuclillas para verme directamente a los ojos-. Delly, mi esposa, pasó por todo eso como una guerrera. Yo me derrumbé cuando me más necesitaba y ella fue la que me consoló aunque debía ser al revés. El único cambio que noté fue que estaba malhumorada, al principio creí que se estaba cansando de mi actitud, hasta que una noche justo cuando se cumplían tres meses de la pérdida de nuestro hijo la sentí escabullirse en medio de la noche. La seguí sin que se diera cuenta y la vi de pie frente a la puerta de la habitación en la que habíamos comenzado a trabajar, estuvo ahí cerca de diez minutos sin hacer nada. Al final solo suspiró dos veces, sacudió la cabeza y regresó sobre sus pasos hacia nuestro cuarto.

Obviamente me descubrió espiándola y la confronté. Después de todo ese tiempo por fin lloró por la perdida de nuestro hijo. Durante esos meses ella se levantaba en medio de la noche para contemplar la puerta de la habitación de Sam mientras en su mente se disculpaba una y otra vez, además de recriminarse lo descuidada que fue. Pasó por eso sin decirme nada.

No entendía muy bien la razón para que Peeta me estuviera hablando de algo tan personal, pero me sentía incapaz de hacerle cualquier pregunta. El doctor Mellark alargó una mano para tomar la mía que estaba fría y temblaba ligeramente.

-No hagas lo mismo que ella- Peeta frotó su pulgar contra el dorso de mi mano en pequeños círculos-. Date el tiempo de sufrir por Pasita.

-Ahora es "Pasita" y no solo el feto- dos segundos después de que las palabras salieron de mis labios quise arrepentirme por ser una perra con él, sobretodo después de la historia tan personal que me había contado-. Lo siento.

-No te disculpes- el doctor Mellark se puso completamente de pie aun sin dejar mi mano-. Yo me lo busqué por dar consejos que no se me pidieron.

-Es que al final solo voy a terminar olvidándolo- dejé la mano de Peeta para poder cambiar de posición en la cama, aunque lo que deseaba verdaderamente era salir de ese lugar lo más pronto posible-. Así son las cosas.

-No tiene que ser así. Yo aún recuerdo a Sam y a Delly- tardé un poco más de lo necesario en entender lo que él había querido decirme. Confundida lo vi fijamente a los ojos, tratando de descifrar si yo lo había malinterpretado todo, pero la expresión de su rostro me confirmaba mis sospechas-. puedes seguir adelante y recordar a los que se fueron.

-Pero entonces no avanzas, porque sigues viendo hacia atrás-. Traté de ponerme en su lugar con mi propia historia personal, ¿Qué sería diferente si mi padre hubiera decidido recordar a Jessica? ¿Habríamos salido del doce en busca de una vida mejor o seguiríamos ahí esperando a que esa mujer se dignara a regresar? ¿Como podía Peeta pensar de esa forma teniendo a una hija pequeña por la cual enfocarse en el futuro y no en el doloroso pasado?

-Supongo que tienes un buen punto. Eso te ha funcionado a ti y esto me está funcionando a mí- la seguridad en su voz desapareció por completo al terminar la frase pero no era el momento más adecuado para señalárselo-. ¿Necesitas que llame a tu familia?

-No, aun no- me confundió un poco la forma tan repentina de cambiar de tema, al parecer ambos llegamos a un punto en el que sabíamos que hablamos demasiado de cosas muy personales.

-Entiendo, ¿quieres estar sola?- lo menos que necesitaba en ese momento era quedarme a solas con mis pensamientos y miedos, pero ¿cómo iba a decirle eso a Peeta sin escucharme como una completa loca? En su lugar simplemente negué con la cabeza, esperando que no lo notara y decidiera irse-. Pero si no te importa, podría hacerte compañía hasta que te sientas lista.

-Gracias.

Peeta regresó a su lugar en la silla junto a mi cama y se sentó en silencio como momentos antes. No me dijo absolutamente nada, solo estuvo ahí acompañándome. Viendo como parecía estar tranquila en el exterior a pesar de que mi mente me recriminaba millones de veces lo descuidada que fui, cada vez de peores formas. La realidad me golpeó de pronto, había perdido a mi bebé por ser lo suficientemente testaruda como para seguir una simple serie de cuidados. Cuándo las lágrimas por fin salieron de mis ojos, Peeta no dudó en sentarse junto a mi en la orilla de la cama, tomar mi mano entre las suyas mientras susurraba palabras de consuelo junto a mi oído.

Capítulo cortito pero siento que muy importante. Ojalá les haya gustado y espero leer sus comentarios respecto a posibles teorías que tengan.

Besos!