"Si seduce mi mente, le doy mi cuerpo. Si encuentra mi alma, seré suya para siempre".

-Anónimo.

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‒Abre la boca –le dije Karim mientras le acercaba una fresa a los labios. Ella la tomo gustosa.

‒¿Quieres más? –me pregunto cuando ambos notamos el plato vacio que descansaba entre nosotros.

‒Creo que es suficiente –los dos nos reímos por el comentario, realmente estaba satisfecho de fresas‒. Fueron como veinte –le recordé‒, creo que vomitare –hice un gesto que la alerto.

‒No en mi cama –me dijo, pateándome ligeramente el pecho con su pierna.

‒Gracias, es la cosa más agradable que me han dicho nunca –ironice la frase, y me hice hacia atrás topando mi espalda con la cabecera de la cama.

‒Bill –Karim se acerco a mi cara y deposito tiernos besos en mi mandíbula‒, sabes que estoy bromeando –sin poder resistir más, la tome entre mis brazos‒, pero si lo haces, tu lavas el colchón –la mire un tanto irritado por su comentario, pero su sonrisa borro todo rastro de aquella emoción.

Ella se acomodo entre mis piernas mirando al techo que estaba cubierto por una sabana que nos envolvía como en una pequeña casa.

Note la mirada perdida de Karim.

‒¿En que piensas? –la mire ella parecía concentrada en algo que yo no atinaba a vislumbrar.

‒Cuando era niña yo hacia esto –ella continuaba sin mirarme.

‒¿Por qué? –le pregunte consternado de pronto por su aparente estado de animo.

‒Para huir –me confeso sin más y una presión en mi pecho me abatió.

La abrace más fuerte.

‒¿Qué hacías en tu pequeño fuerte? –le pregunte más animado.

‒¿Por qué te interesa? –levanto su mirada hasta la mía, acariciándome con la ternura y calidez que sus ojos me otorgaban.

‒Quiero saber más de ti. Me intrigas –me hundí de hombros sin dejar de mirarla.

‒Realmente no se porque, yo no tengo nada interesante –parecía sincera, pero no podía dejar de pensar en lo mucho que ansiaba conocerla, era una persona recelosa cualquiera se daría cuenta de eso, quizá fuera por eso que llamaba mi atención como la luminosa luz a los mosquitos.

‒Karim –la mire un poco mas serio‒, ¿Qué es lo que hacías? –le pregunte nuevamente.

Ella alejo su mirada de mis ojos para regresarla al techo de nuestro pequeño refugio.

‒Me imaginaba vidas diferentes, a veces fingía ser personas que no era, personas que vivían aventuras increíbles, todas sacadas de cada uno de mis libros, ¡oh, sí!, también leía mucho –una sonrisa se asomo por su rostro al recordar aquello.

Yo no podía dejar de imaginarme a la pequeña Karim sentada en medio de su refugio, leyendo a la luz de alguna lámpara, con sus ojos infantiles y vivaces. Una ternura indescriptible se apoderaba de mí. Ella era tan frágil.

‒Tom y yo también hacíamos esto –le dije, recordando como usábamos las sillas del comedor para crear nuestro fuerte‒. También lo usábamos para huir, nuestros padres estaban a punto de divorciarse –una ligera punzada me dolió justo en mi pecho.

‒¿Qué es lo que hacían? –Karim acariciaba con las yemas de sus dedos mis brazos.

‒Yo empecé a componer canciones, siempre he creído que Tom hizo aquello para escapar de la realidad, no nos gustaba escucharlos discutir –hice una ligera pausa retornando a aquellos días en los que nuestro padre parecía esta enfadado todo el tiempo, los portazos, los insultos y algunas lagrimas de mamá‒. Lo que más nos gustaba era imaginarnos mayores, Tom en ese entonces quería ser…

‒¿Estrella porno? –me interrumpió Karim, subiendo hasta llegar a mi pecho, donde dejo descansar su cabeza.

Me reí por el comentario antes de seguir.

‒No, todavía le quedaba algo de inocencia –una pequeña risa nos embargo‒, quería ser abogado y patinador profesional.

‒¿Y tú? –Karim parecía interesada. Me paso sus suaves brazos por los hombros.

‒Realmente no tenia idea –ella me miro incrédula‒. Hablo enserio.

‒Pero en tus entrevistas… ‒intento explicarse.

‒¿Recuerdas lo que te dije sobre ser honesto? –ella asintió‒. Bien, me considero honesto, algo así como… un vampiro de la verdad –Karim alzo una ceja‒, es solo una metáfora, hablando de eso, ¿me dejarías morderte en el cuello?, solo un poco –me acerque a su cuello pero ella me alejo juguetonamente.

‒¡Bill! –me aleje un poco‒. ¿Qué ibas a decir?

‒Bien, bien, pero tomare eso como un no –le sonreí y volvió a hundirme en un pasado que parecía mas lejano que los años que nos separaban‒, pues, siempre he sido honesto, pero también puedo decir solo una parte de la verdad, lo cual no es mentir –ella pareció recordar mucho mejor aquello que ya le había dicho con anterioridad‒, así que, no, era solo un niño que no tenia mucha conciencia de que tendría que encontrar a algo a que dedicarme durante toda mi vida, y realmente no me preocupaba –ella pareció entenderlo, despeje los mechones alocados que caían sobre su frente‒. ¿Tú que querías ser cuando eras pequeña? –la cuestione, retomando my insaciable curiosidad.

‒No te burles –me amenazó con su dedo índice‒. Actriz –ella cerró sus ojos esperando alguna respuesta.

‒¿Por qué habría de burlarme? –Le pregunte contrariado‒, es una buena carrera, hasta yo he pensado en alguna vez incursionar en el ámbito.

‒¿De verdad? –me miro incrédula.

‒De verdad –afirme, ella me sonrió satisfecha.

Siempre había sabido que entre Karim y yo se abría una brecha enorme que nos distanciaba, era un mar profundo en el cual ella no me dejaba hundirme para saborear el agua salada. Pero por fin podía sentirlo bañándome los tobillos, estaba dispuesto a arriesgarme a ser azotado por las olas.

‒¿Karim? –la llame.

‒Ajam –respondió ella un tanto embelesada por los ligeros rayos de la mañana que se colaban entre las sabanas blancas.

‒¿Qué hay de tus padres? –ella se alzo entre mis brazos y me miro directamente a los ojos, parecía bastante seria.

‒¿Qué quieres saber? –la dulzura y la confidencia se habían perdido. De nuevo volvía a ser aquel distante iceberg flotando.

‒Quiero saber sobre ellos –insistí, renuente a dejar aquella charla.

‒Bien, naci y crecí en Arizona. Mi padre, si a eso se le puede dar el nombre, era un abogado que nos abandono cuando yo tenía cinco años, al parecer por otra mujer, con la que si no me equivoco, tiene dos hijos, un adolescente y una chica de mi edad.

‒Lo lamento, yo no quería… ‒fui consiente de la intromisión desmedida que había cometido en su intimidad.

‒No te preocupes Bill, como te digo, yo era tan pequeña que no podía saber realmente lo que era tener un padre, así que no supe lo que fue perderlo –ella hablaba con tanto realismo, sin un toque de emoción que por un momento un escalofrió me recorrió‒. Tal vez lo único que me afectaban eran aquellos días de escuela, donde los padres de mis compañeros iban por ellos a la escuela –un dejo de añoranza se le escurrió por las palabras‒. Siempre me cuestione ¿Por qué me había pasado a mí?

‒Era normal, eras una niña –la intente animar.

‒Era egoísta, ¿Por qué no habría de pasarme a mí?, ¿Qué tenia yo de inmune para que la tristeza no tocara a mi puerta? –trague con un poco de dificultad mientras sus ojos regresaban a los míos. Tristes‒. Sigamos, mí madre –Karim miró hacia el techo‒, una mujer capaz, estricta, perfeccionista y alegre, maestra de escuela secundaria. De ella herede la "frialdad" que algunos detectan a mí –el nudo en mi garganta se iba cerrando cada vez más‒, lamento si algún día lo has sentido –asentí ligeramente, recordando momentos en los que ella parecía ausente casi fuera de el momento que estuviésemos compartiendo‒. Nuestra relación nunca fue cercana, ella siempre estuvo mas enfocada en la ciencia, en lo real y, citándola, "Yo vivía en un mundo de fantasía e incredulidad", a menudo me reprendía por soñar despierta –ella hizo una pausa en la que vi mi oportunidad para hablar.

‒¿Pero se podía arreglar?, ¿Charlaban? –pregunte, con una ola aproximándose hacia mí.

‒No, somos diferentes, era como si yo viviera en otro planeta completamente diferente al de ella –no se el porque pero imagine los ojos de Karim, con su color pero con un frio intenso envolviéndolos‒. Por favor Bill no pienses que soy una chica con alguna clase de déficit de atención que detesta a su madre, no lo hago, la quiero y admiro demasiado, pero simplemente nuestras ideas, sueños y metas nunca concordaron –no se me paso por alto como su voz adquiría un ligero temblor al pronunciar las ultimas palabras‒. Lo cual nos llevo a múltiples peleas, la más fuerte referente a mí futuro, la universidad –la ola de sus palabras me jalo hasta aquel mar negro y confuso. Mi garganta estaba seca‒. Yo comenzaba a ver por mi misma, a pensar en mis opciones y en lo que me agradaría, naturalmente esto no concordaba con su plan para mí –entre aquel mar espeso y asfixiante pude ver a una rebelde Karim luchando por encontrar el arte y el amor entre todas las reglas y disposiciones que pesaban sobre sus jóvenes hombros‒. Antes de graduarme, Val, que en ese momento ya era mi mejor amiga, me dijo que vendría a los Ángeles, su padre tenia todo el sustento económico para pagarle la carrera que ella deseara, y sin pensarlo su locura juvenil la hizo pensar en la alocada Ángeles –un suspiro salió de su pecho, mientras en mi mar interno las aguas se calmaban dando paso a un remanso‒, me ofreció viajar con ella, pero me negué, había hecho el examen para una universidad y fui aceptada. Con la partida de Val mis días se volvieron aburridos, grises y sin sabor, extrañaba sus locuras y rechazaba las indicaciones de mi madre, quien me tachaba de insensible y atrevida. Una noche, descansando en mi cama, comencé a empacar mis cosas en una maleta –sus ojos se cerraron pero sus labios seguían describiéndome las escenas‒, recuerdo que empaque solo cinco diferentes cambios de ropa y mis libros, tome todo el dinero que tenia y salí de mi casa. Mi madre me llamo cuando estaba a punto de tomar mi avión, me grito y me amenazo con que volviera en ese instante o que no regresara nunca –una nueva ola me arrastro más dentro de aquel océano obscuro que parecía volverse purpura, lograba ver a su madre y a ella discutiendo, comprendía que ella solo quería lo mejor para su hija, pero pasaba por sobre ella sin la menor consideración‒, la rechace. Pero no te mentiré, por un instante deseé volver sobre mis pasos para pedir perdón, pero cuando has saboreado un poco de libertad te vuelves adicto a ella –su expresión dejo ver la ansiedad que aquella Karim deseaba y anhelaba con todas sus fuerzas, junto con el incesante temblor que acompañaba a su voz. Aquel mar se aclaraba‒. Sin mediar más palabra yo le colgué y jamás volví a contestar –al fin había tocado el fondo de aquel mar, la arena era suave y su tacto me gustaba‒, el resto es historia.

‒Sigue, por favor –le suplique.

‒Llegue a los Ángeles un nueve de marzo del dos mil nueve, y nunca he pensado en irme. Encontré a Val quien me dejo hospedarme con ella, también me conto de que había encontrado un trabajo y que podría ayudarme con eso, yo acepte en seguida. Después simplemente me mude a este pequeño apartamento.

‒¿No entraste a alguna universidad? –pregunte curioso, hasta ese momento la escolaridad de Karim no me parecía relevante.

‒No –dijo rotundamente. Me sorprendí al notar la calidad de aquellos escritos que ella me había entregado, parecía tener técnica y un método profesional‒, he tomado muchos cursos y también conté con las opiniones de varias personas que se han dedicado a esto, supongo que también el ser una aficionada a la lectura ayuda –Karim me miro, mucho más calmada y con menos predilección a huir de aquel pequeño recinto en el que nos encontrábamos.

‒Tú sueño es ser escritora –le dije, no como pregunta, ni acusación, solo como un comentario.

‒Sí –asintió ella‒, es una forma de vivir varias vidas, de sentirlas, de librarme un poco de la vida real, de comunicarme e invitar a otras personas a que sueñen conmigo. Lo amo –concluyo. Parecía que su pecho y sus ojos se inyectaban de una vitalidad luminosa.

Ambos guardamos silencio. Yo nadaba entre las aguas de aquel mar transparente y tranquilo.

‒¿Nunca has vuelto a hablar con tú madre? –me mordí el labio, pensando que mi curiosidad estaba siento expulsada con demasiada alevosía y ventaja.

‒Sí, hablamos algunas veces al mes, y nos enviamos regalos de navidad, año nuevo y cumpleaños, pero creo que aún, ni ella, ni yo, estamos listas para el reencuentro –un ligero fantasma se ensombreció su mirada, sus ojos se volvieron líquidos, rompiéndose ante los mis propios ojos‒. Temo volver a sentirme sola –de pronto una gota resbalo por sus mejillas, dejando espacio para otra y otra.

Extendí mis brazos para ella y la acune en mi pecho, acariciando su cabello mientras los sollozos salían por su boca. Ella había sido tan fuerte al contarme todo aquello, al mantener sus propios sentimientos y emociones a raya para dejarme escuchar todo lo que yo quisiera. Una imagen de ella, desvalida y sola, me inundo la mente.

‒Jamás estarás sola otra vez Karim –la abrace con mas fuerza. Ella no contesto pero lentamente fue relajando sus músculos al contacto con mi cuerpo, hasta que sus lágrimas cesaron. Aquella visión de ella frágil y necesitada, ahora cobraba sentido‒. Karim –espere un segundo‒, gracias por contarme tu historia.

‒De nada –su voz sonaba cansada, así que solo la arrulle de nuevo entre mis brazos, resguardados en aquella burbuja que no queríamos que se reventara nunca. Nuestro pequeño lugar privado donde nuestros sueños no parecían ser tan lejanos y las pesadillas no eran tan malas.

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Continuara….

U.U para las que tenían dudas sobre la vida "secreta" de Karim, aquí esta, recibí algunos mensajes donde me pedían que les explicara el pasado de esta chica. Espero haberlas complacido, :)

Ya era hora de un capitulo como estos, realmente me ha dejado un buen sabor de boca. La otra vez hablaba con un amigo sobre la metáfora del mar, y me pareció buena idea adaptarlo aquí.

Gracias por sus comentarios y por las nuevas chicas que incluyen esta historia dentro de sus favoritos, también a aquellas que no dejan mensaje pero la leen ;) chicas, no muerdo XD lo juro!

Sin más por el momento…

Les mando muchos besos y abrazos aplastantes.

Siempre suya: Deka.