Capítulo 14
No lo olvides.
Si las miradas mataban, Camus habría asesinado a: la empleada del servicio postal que le entregó la invitación, a la mesa y las sillas. Se sentó violento frente a su hermano que estaba metiendo las tarjetas de navidad en los sobres para enviarlas. Estaban en pleno noviembre pero aun así nunca era de más tenerlas listas con anterioridad. Zaphiri se encontraba al lado alcanzándoselas, pero al ver la ira del pelirrojo mayor, intentó apartarlas para que no se deshiciera de ellas en el ataque. Era de esperar, al fin y al cabo la víbora que Milo tendría de esposa invitó a la familia Antares a la ceremonia. Al principio se creyó que no lo harían, pues sería una falta de respeto, pero también todos sabían en esa familia, que Camus era la "mamá" del pequeño hijo de Milo, y por ende debería estar invitado junto a la criatura que siquiera tenía dos semanas.
Brendan sonrió de costado, era obvio que había llegado la carta. Se ató el cabello con una bincha y estiró la mano hacia el sobre que su hermano aventó a la mesa.
—Están cordialmente invitado —leyó—. A la boda de Ivonne de Altar y Milo Gemini que se realizará el sábado a las 20 horas en el templo de la diosa Hera. Luego de la ceremonia habrá una fiesta en el palacio de la calle Artemisa al 900. Desde ya: Familia Antares invitados. Wooo….
—Deben tener muchas agallas para enviarte una —susurró Zaphiri señalando la carta.
—Pues que me esperen porque yo no voy a ir.
—Oh, vamos, será divertido —Brendan se levantó de la silla—. Podremos arruinarle el hermoso vestido o cortarle el cabello, será genial.
—No somos niños de primaria, Brendan —bufó molesto—. Además sólo soy invitado por cortesía, no es que realmente me quieran ahí.
—Yo creo que Ivonne te quiere ahí porque la muy perra desea refregarte en la cara que tú podrás tener todos los hijos que quieras con Milo pero ella tiene los anillos —aclaró el pelinegro.
—Oh, Zaph, sabes cómo piensan las perras —comentó el menor de los pelirrojos y alza al bebé que estaba en su carrito a un costado.
—Por eso sé lo que piensas, bebé….—le guiñó el ojo.
—Ustedes dos son terribles, pero si quieren ir les dejo la invitación, yo no iré.
—Oh, vamos Camus, será divertido —se acercó con el niño en brazos—. Podemos comer de arriba.
—No creo que papá y mamá vayan de todos modos.
—¡Mejor! Podremos ir y hacer desmadres. ¡Anda, Camus! Casi nunca vamos a ningún lado.
—Ya te dije, puedes ir si quieres, yo me quedaré aquí…..—cruzó los brazos—. No habrá nada que me haga cambiar de opinión.
—Eres aburrido, Camus, te perderás esto por tu propio error, además —alzó un poquito al niño en frente de él y comienza a jugar, elevándolo y llevándoselo cerca del rostro—. Aaaay, cosita hermosa.
—Creo que Brendan tiene razón en algo, deberías aprovechar, ya sabes, sacarle provecho a todo y estar cerca de Milo, tal vez en una de esas se lo bajas —comenzó a reír el pelinegro con las jugarretas de Brendan al bebé.
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Dégel y Kardia se encontraban con el pequeño hijo de Camus, no por nada, su juventud los hacía padre de ese nuevo bebé. Sacaban a pasear al pequeño al parque, aunque en realidad el niño no disfrutaba nada pues dormía veintitrés horas al día, ellos comenzaban a familiarizarse con la rutina paterno-maternal luego de quince años.
Esa tarde estaban sentados en el banco de una plaza vecina mientras tomaban algo caliente, hacía demasiado frío pero el pequeño se encontraba tranquilo en su carrito, arropadito y con una tela transparente que cubría la mayor parte del mismo.
—Se parece mucho a ese muchacho —habló Kardia pasándole el café a su pareja, este sonrió de costado.
—Es increíble que Camus haya tenido un bebé siendo tan joven.
—Albafica tenía diecisiete cuando tuvo a Giannina, y tú tenías diecinueve cuando tuviste a Camus, todos son jóvenes, no me sorprendería si Brendan con dieciséis estuviera esperando.
—Por favor, no lo invoques —sonrió un poco, siempre imaginó que su hijo más pequeño sería el embarazado en su juventud, nunca lo creyó de Camus, pero seguramente ese tal Milo le había golpeado fuerte en su corazón.
—Aun así, me es triste que ese joven se vaya a casar.
—Mandó la invitación, según dijo Camus.
—Je, es verdad, me pregunto si al final quedaron de ir.
—¿Tú quieres ir?
—No, prefiero quedarme contigo, arropados —pasó la mano por la espalda del joven y lo acercó hacia él—. Creo que está haciendo demasiado frío, es mejor irnos.
—Es verdad, el bebé puede tomar un resfriado.
—¡Ja! Esta tan abrigado y esta tela es tan calentita que me sorprenda que no se estuviera asando allí dentro —se levantó para tomar el mango del carrito.
—Oye —comentó Dégel levantándose del banco y señaló a un costado—. ¿Ese de allí no es Manigoldo?
—Es verdad, ¡MANI! —Gritó Kardia saludándolo, pero el muchacho caminó rápidamente hacia ellos sólo con el fin de callar a Kardia—. ¿Eh? ¿Qué ocurre?
—Estoy huyendo de Alba y las niñas.
—¿Hm? ¿Por qué?
—Mi vida se convirtió en un infierno desde que sé que el tercero también es nena —suspiró—. No tengo nada contra las niñas, son fáciles de criar y son muy dulces, pero ¡por dios necesito testosterona! Todo en mi casa es rosa, me sorprende que no me hayan vuelto un gran animal de peluche.
—Jajajajajaja —Kardia se burló, recibiendo un pisotón—. ¡Au!
—¡Hablo en serio! Yo amo a Alba, pero está completamente desquiciado y las niñas también, mira —le muestra las uñas—. ¡Rosas! Me lo hizo Bianca mientras dormía, ¿cómo se supone que me iré a entrenar con esto así?
—Tranquilo, hermano….estarás bien.
—¡Ni una mierda! Me quieren volver una princesa Disney, tienes que ayudarme dios mío, dame alojamiento….
—Mira ahora quien se arrastra a la casa de quien —Kardia cruzó los brazos, Dégel sonrió y negó con la cabeza.
—¡Por favor! Recuerda los buenos momentos que pasamos juntos, fratello.
—Claro, ahora soy tu "fratello" pero cuando necesitaba casa y comida, me echaste de ella por el culo que te follabas —mientras más hablaba más risa le daba torturar a su amigo—. Escucha, no creo poder darte alojamiento, quiero decir, tengo dos chicos adolescentes en casa….y usan las dos camas.
—Puede dormir en el sofá —comentó o más bien propuso Dégel, ambos le miraron—. Kardia, él te ayudó en el momento más difícil.
—Ya, ya…..está bien lunático, pero solo será esta noche.
—¡Esta noche! —Asintió con la cabeza—. Grazie, fratello.
—Sí, si….ven con nosotros, hoy los chicos tienen una fiesta a la noche y dudo que duerman en casa….
Los tres se fueron directamente a la casa de Dégel y mientras Kardia y el peliverde hacían algo de comer, Manigoldo subió a la habitación de los pelirrojos donde estos seleccionaban ropa para ponerse. Tocó la puerta hasta recibir una contestación del otro lado y entrar, los dos chicos estaban aun con su ropa de entre casa, la cual a Manigoldo le empezó a gustar mucho, se acercó y sentó en la cama de Camus, que tenía una vista al armario donde estaba Brendan buscando ropa, Camus se encontraba en la computadora terminando un trabajo práctico.
—¿Vinieron papá y mamá? —preguntó Camus.
—¿Eh? —Apartó la vista del menor para concentrarla en el mayor—. Sí.
—¿Qué haces aquí? —Esta vez quien cuestionó fue el más chico, acercándose con algunas camisas hacia las camas—. ¿Alba te corrió?
—¿Eh? ¡Claro que no, enano! Ven, pon tu culo en la cama y escuchen lo que les contaré —golpeó con su mano el otro lado de donde estaba sentado, el más joven se sienta ahí mientras el mayor lo hace frente a él—. Nunca en su vida tengan más de dos hijos, tres es un verdadero desastre, sobre todo si son niñas.
—Oh, mundo rosa —comentó el más joven riéndose.
—No te rías, es algo serio….un hombre tan fornido como yo, que fue ladronzuelo de chico y tiene más tatuajes en el cuerpo que pinturas en un museo de arte, no puede andar vestido de princesa con tutu —comentó gruñendo, Camus comienza a reír.
—Manigoldo, realmente eres todo un personaje.
—Así que sus padres me darán alojamiento por esta noche, y a todo esto ¿qué hacen? ¿Por qué hay tan poca ropa en esos cuerpos? —preguntó lanzándole una mirada a los menores.
—Estamos eligiendo la ropa para el casamiento de Milo….
—Hmm…..—Camus giró su mirada, pero Brendan sonrió.
—Camus está un poco triste por eso.
—¡Claro que no! —toma una almohada y le pega con ella.
—Oigan, nada de pelea con almohadas y si lo hacen, háganlo en esa cama, yo quiero ver….—rio con sorna, los dos chicos tomaron las almohadas restante y le pegaron en la cara a Manigoldo—. ¡Hey!
—Tú lo quisiste…
—Ah, sí pequeña zanahoria —gruñó Manigoldo tomando la almohada en su regazo, se levantó y le golpeó en la cabeza al menor—. Ahí tienes.
—Jajajajaja….Mani, eres malo —comentó el más grande, Brendan se levantó y lanzó contra el hombre mayor—¡Basta, basta chiquillo endemoniado! —gruñó y lo arrojó a la cama.
—Mani, cuidado —comentó Camus con los brazos cruzados. Manigoldo suspiró.
—Lo siento, chicuelos...voy a ver que está cocinando sus padres….
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Camus se arregló y fue a la fiesta, a pesar que no estaban del todo elegante, los dos hermanos quisieron ir. Brendan llevaba su cabello suelto, tenía unos pantalones ajustables y una camisa celeste puesta, mientras que Camus, traía pantalones sueltos y camisa blanca con saco, al contrario de su hermano tenía el cabello atado. No conocían a casi nadie salvo a algunos amigos de Milo que hablaban cerca de la barra, por otro lado Ivonne los miraba con recelo desde un costado. No habían ido a la ceremonia nupcial en el templo pero si a comer, aun así ella era la esposa oficial, mientras que Camus era un revolcón con regalito nada más.
Hakurei de Altar, padre de la novia, se acercó a su hija para ver que se le ofrecía, pues estaba con la mirada perdida. No le contestó, y al seguir la visión de ella tuvo en sus retinas la imagen de dos apuestos pelirrojos, uno mejor que el otro.
—¿Quiénes son? —preguntó el hombre, mirándolos.
—El alto es el revolcón con regalito de mi esposo —murmuró con odio—. Y el otro es una puta pelirroja que me hace la vida imposible.
—¿Hm? ¿Por qué dices eso? —los siguió mirando lentamente, recorriendo ambos cuerpos con lascivia.
—Cuando en una familia hay un gen de zorra, es hereditario. Puta la madre, putas los hijos….—tomó un trago de un licor, Hakurei pensó que su hija se parecía a su madre, quien era alcohólica.
—Me presentaré ante ellos y les daré mi respetos —murmuró mientras tiende a salir de allí.
—Ten cuidado con el pequeño colorado, es una víbora, lo sé….—susurró y volvió a ingerir el alcohol.
El hombre se acercó a ellos con una sonrisa socarrona, la mirada del mayor estaba clavada en Milo, quien comía y reía junto a sus amigos, ellos de vez en cuando miraban a Camus. Por otro lado, el menor mantenía los ojos apagados. Hakurei hizo su presentación y ambos le miraron algo apenados, el primero en sonreír fue Brendan quien le dio la mano, gesto merecedor de un beso en ella.
—Hakurei de Altar, mucho gusto.
—Soy Brendan Antares y él es mi hermano…..Camus.
—Mucho gusto, soy Camus Antares —hace una señal de respeto hacia su mayor—. Disculpe, debo ir a hablar unos asuntos con mi…..amigo —se retiró.
—Así que eres Brendan Antares, ¿cuántos años tienes?
—Dieciséis…
—Woo, demasiado joven —le miró de arriba hacia abajo—. Si me necesitas, esta es mi tarjeta —sacó de su bolsillo una tarjeta blanca, a Brendan le pareció raro que alguien lleve tarjetas en una boda pero la tomó. Hakurei era abogado.
Mientras tanto Camus se paseó por todos lados hasta buscar un instante donde Milo estuviera solo y no rodeado por sus colegas. Lo agarró tomando un sushi de la mesa y lo arrastró hasta detrás de las columnas.
—¿Pero qué demo…..Camus? —La mirada de frustración de Milo cambió al ver al muchacho—. ¿Qué haces?
—Necesitaba hablar contigo…
—¿Necesita algo el bebé?
—¿Eh? No, no….es algo más…..ehm….de tú y yo… —Milo giró su rostro para todos lados y luego volvió a ver al muchacho.
—Creí que había quedado claro, me traicionaste Camus, no sé si pueda perdonarte….
—Lo sé…..pero…..
—Camus, no sé qué pretendes hacer…..pero estoy contigo para hablar sobre temas del bebé, que esté pendiente de ti no significa que te haya…
—¿Puedes siquiera escucharme un momento? Cuando te dije sobre Ian siquiera me dejaste hablar, me golpeaste y te fuiste —criticó, Milo suspiró.
—Me arrepiento tanto de eso….
—Pero lo hiciste, así como te engañe con eso de cuidarme, tú me golpeaste y no te reproché nada, así que déjame acabar —Milo sintió un potente escalofrío, no por nada, aun amaba a ese muchacho pelirrojo con todo su corazón—. En realidad nunca quise embarazarme, seguí el consejo de alguien y me arrepentí luego, yo…..tú eres mi primer novio, Milo, y realmente no quiero perderte….
—No me…
—Déjame acabar por favor —le tomó las manos evitando que se separe de él—. Yo vi que no te separarías de tu novia, que terminarías casándose con ella a pesar que no la ames, pero estaba nervioso, angustiado ¡nos había que hacer para tenerte a mi lado!
—¿Y tu mejor respuesta fue tenerme encadenado con un hijo?
—Lo lamento…..—bajó la mirada y le soltó las manos, Milo suspiró, no quería estar peleado con él, pero lo amaba tanto que explotaría sino lo besaba o abrazaba. Lentamente rodeó su cuerpo y lo aferró contra sí mientras el otro rompía en llanto—. De verdad te amo….
—Yo también te amo….—al escuchar esas palabras, Camus levantó la mirada—. Te amo tanto, que escaparía ahora mismo de aquí, te llevaría a ti y a Ian lejos, donde podremos estar juntos siempre….
—¿Milo?
—Pero no puedo, mi padre….mi madre…..todos están aquí y…..le debo unas disculpas a Ivonne.
—Milo…
—No, no hables….déjame besarte una vez más —murmuró muy cerca de sus labios y los besó suavemente, sabiendo que probable sería la última vez que lo hiciera.
Camus se aferró a su nuca sólo para acercarlo aún más a su cuerpo, acarició cada parte del mismo con suavidad, dejándose Milo, llevar por la dulce fragancia francesa del menor. Un gemido escapo de los labios del otro, alertando que la fiesta se había consumido. Se distanciaron para verse los ojos y sonreírse, aun había tanto amor: ¿por qué entonces no podían escaparse juntos? Se separaron y giraron la cabeza, vieron a toda la gente bailar, entre ellos, a un costado Hakurei seguía charlando con el más joven de la familia.
—Creo que tenemos que separarnos, si tu esposa nos encuentra….
—Es verdad….—comentó con un hilo de voz—. Adiós.
—Adiós….—murmuró antes de distanciarse.
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Sus ojos observaban como águila la casa del hombre mayor. Sus sentidos eran fijos y punzantes, su navaja estaba empuñándose en su mano mientras respiraba como un toro embravecido. No era que siempre fuera agresivo, claro que no, solía ser una persona amable, honesta, pero ese día estaba completamente furioso.
Esa tarde había sido de lo más lindo, salió con su novio, tomó un helado, compraron cosas para el bebé de Camus, pero cuando Zaphiri quiso besarlo, nuevamente se reprendió para dentro. Apretó más el mango, ese hombre siquiera había tenido un castigo, nunca nadie le había insultado por el daño que hizo, pero él estaba dispuesto a sacarle la verdad y eso ocurriría a continuación.
Sus ojos se abrieron cuando vio al hombre salir de su vivienda acompañado de uno de sus nietos, hijo de un hermano de Kardia, no debía tener más de doce años. El chiquillo lo ayudó a bajar, mientras este criticaba cualquier cosa que ocurría a su alrededor. Bufó molesto y se acercó, escondiendo la navaja detrás de él, encarándolo.
—Buen día, ¿es usted Sebastiane Antares? —preguntó amablemente, el hombre de mirada fría se le quedó observando.
—Sí, ¿tú quién eres? Te me haces familiar.
—Me llamo Zaphiri —bramó, se podía notar un poco la ira en sus ojos, que se habían tornado de un tono más oscuro—. Vengo porque es necesario que usted y yo hablemos.
—No sé qué tengo que hablar con un gamberro como tú, ¡apártate! —gruñó, el chico más joven se ocultó detrás del viejo, la gente que pasaba por allí se había detenido a ver.
—¿Tiene miedo de escuchar lo que tengo que decirle?
—¡No sé de qué hablas! Aléjate de mí —intentó costear al muchacho pero este le tomó del brazo—. ¡SUÉLTAME, BASTARDO!
—Jajajaja, me hace reír, viejo hijo de puta…..ya va a ver lo que le haré sino me escucha —le empujó, el nieto intenta tomarlo desde atrás.
—Abuelo ¿Quién es este hombre? —preguntó asustado.
—No tengo la más puta idea, ¡aléjate de mí, gamberro! —tiró un manotazo para apartarlo, pero Zaphiri lo agarra de la muñeca.
—Soy novio de su nieto Brendan ¿lo recuerda? —Preguntó, el viejo quedó de piedra—. Y estoy aquí para hacer lo que él nunca se atrevió.
—No sé de qué Brendan me estás hablando —continuó el anciano, esto hizo que Zaphiri se encabronara más.
—¡Tal vez no lo recuerda ahora, pero si lo recordaba cuando metía su sucio y arrugado pene dentro de él! —Lanzó el grito por los aires, cosa que hizo a las personas que estaban allí sorprenderse—. ¡Violaba a su propio nieto!
—¡CALUMNIAS! ¡APARTATE, MALDITO BASTARDO! —intentó lanzarle un golpe pero solamente quedó en el intento.
—¡AH NO! —Zaphiri al ser más rápido, de tomó mejor del brazo con una mano y con la otra agarró fuertemente la navaja y le apuñaló en el vientre.
—¡ABUELO! —gritó mientras le veía sangrar, Zaphiri sonrió.
—¡HIJO DE PUTA, VIEJO DE MIERDA! ¡VETE AL INFIERNO DONDE TE ESPERAN! —le dio una fuerte parada, cosa que hizo sangrar más, luego le tomó de la cabeza y se la partió contra el pavimento.
—¡DETENTE, DETENTE POR FAVOR, AYUDA, AYUDA! —el nieto, agobiado por la situación, se echó a llorar.
No tardó mucho en llegar la policía y la ambulancia, los vecinos retuvieron a Zaphiri quien seguía insultando al anciano hasta verlo desaparecer, queriendo golpearle la cabeza más tiempo pero fue imposible. Un hombre uniformado lo colocó contra el auto de la policía, el capot precisamente, luego le colocó ambas manos detrás para esposarlo. Se lo llevaron apenas unos minutos después del acontecimiento, quedando solamente la mancha de sangre en el piso.
Al llegar a la comisaría lo dejaron a un lado mientras hacían los papeles y llamaban a la familia, cuando el pelinegro reaccionó ante los hechos fue cuando llegaron Aeneas, Krest, su hermanito Erin y Brendan, quien salió de la fiesta apenas pudo.
El pequeño niño rubio se acercó a Zaphiri dando un enorme abrazo.
—Ya, quítate de encima enano —susurró bajito, aunque necesitaba ese abrazo.
—Iré a hablar con los policías —comentó Aeneas, no estaba enojado, sino triste y eso mató a Zaphiri—. Ya vuelvo, acompáñame, Krest.
—Sí —murmuró el hombre, también con tristeza y ambos se acercaron al mostrador mientras Brendan abrazaba a su novio y luego, le dio un manotazo en la cabeza.
—¿En qué mierda pensabas? —preguntó furioso.
—Lo siento, bebé.
—¡Lo siento nada! ¿Acaso pensaste en tu familia? ¿En tu padre? ¡Eres un bobo!
—Lo sé, lo sé….—suspiró—. Pero, lo hice por ti…
—¿Eh? ¿Por…por mí? —Brendan quedó de piedra.
—Yo mataría por ti y lo haré, ese bastardo…
—No, no Zaphiri…
—¡No me molesta haberlo apuñalado! Se lo merecía, te arruinó la vida —criticó, Brendan mordió su labio inferior—. Brendan…
—No quería esto…
—Yo tampoco, pero necesitaba hacerlo, quiero que seas libre de esas ataduras….te amo….
—Yo también te amo…—le tomó el rostro y lo besa.
—Quiero que a partir de ahora, seas fuerte…
—¡No!
—Sí, Brendan, me esperan varios años acá a dentro sino encuentro un buen abogado y aun así, para liberarme seguro me espera pagar una pequeña fortuna. Es intento de homicidio y si no quiero que se agrave la condena, deberé rezar para que Sebastiane siga vivo.
—¡Lo haré, te liberaré! No puedo pretender que todo se solucione cuando soy el responsable —Zaphiri lo silenció con la mirada.
—No lo eres, bebé, yo hice esto porque quise, soy mayor de edad, tengo veintitrés años, tú eres un niño aun, quiero que mientras no esté, disfrutes.
—¡No te dejaré en prisión! ¡Por un demonios! Te juro que te sacaré —gruñó, sus ojos comenzaban a humedecer.
—Brendan…
—Nada de Brendan, te sacaré, así deba trabajar día y noche para liberarte, no dejaré que estés aquí, no lo mereces….—se agachó y le besó las rodillas—. Te amo.
—Yo también te amo, mi amor.
—Y haré cualquier cosa por ti ¿lo sabes? —Brendan le observó, Zaphiri se enamoró más de él, pero no quiso decirlo.
—Sino salgo, sino salgo jamás, continua.
—¡Saldrás! Te juro que buscaré al mejor abogado, ¡al mejor! Te sacaré de aquí….
—¿Y cómo planeas pagarle?
—No lo sé…..tu familia tiene dinero ¿no? Podrían….
—No Brendan, lamentablemente mi padre fue desheredado….— suspiró, Brendan le miró sorprendido—. Sé que no te lo conté hasta ahora porque creí que no era conveniente contarte mis problemas…. ¿No te diste cuenta que Krest y mi padre están íntimos?
—¿Hm? —Brendan se da la vuelta y los ve hablar—. Sí, es verdad.
—Papá fue echado por sus primos del negocio familiar, ya no tiene la joyería, por lo tanto, estamos en la calle, está viviendo con Krest ahora y creo que comenzaron a congeniar por necesidad más que por otra cosa…..aun así….creo que lo mejor…..
—No me interesa, haré lo que sea por conseguir el dinero….
—Brendan…
—Es una promesa, yo te liberaré.
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Llorando, entró al bar, sin importar el límite de edad y notando al hombre detrás de la barra. Se sentó y cubrió su rostro mientras le miraban, sin duda alguna Manigoldo se dio cuenta que era el pequeño hijo de Kardia quien se encontraba allí a pesar de no haber cumplido aún los diecisiete. Se secó los ojos y pidió un trago hecho con jugo de arándanos, obviamente el italiano se lo hizo pero mantenía la mirada fija en el joven, no por nada allí todos eran buitres dispuestos a todo con tal de llevarse carne fresca a la cama. Pero el joven no prestaba atención, parecía perdido y traía la vista baja y los ojos rojos. Le entregó la copa que el muchacho comenzó a beber mientras observaba la perfecta caligrafía que tenía el barman. No sintió jamás la vista que se le clavaba en la espalda más solo cuando un hombre mayor se le acercó.
—Oye…. ¿tú no eres Brendan Antares? —preguntó el mayor, el chico se dio la vuelta y frunció el ceño, luego alivianó su expresión al notar quien es.
—Usted es el papá de Ivonne, ¿qué hace un hombre tan mayor en un bar? —cuestionó.
—No soy tan mayor cómo crees —se abrió un poco la camisa, mostrando su bien formado pecho, Brendan sonríe de costado y vuelve su vista a la bebida—. ¿Qué sucede? Pareces triste.
—Hice algo horrible, bueno, no yo….sino una persona a la que quiero mucho….
—Si deseas contarme, si tu pecho no puede retenerlo, créeme que puedes confiar en mí —le colocó una mano encima de la del muchacho, Manigoldo frunce el ceño.
—Aaaah….—suspiró pesadamente—. Mi novio está preso por algo que me incumbe a mí.
—¿Preso? ¿Qué te incumbe?
—Sí, el apuñalo a alguien que abusó de mí en mi niñez, cuando intenté tener sexo con él se me vino imágenes de mi pasado, cosas angustiantes, al fin y al cabo no pude volver a estar con él luego por miedos, y….—se cubrió la cabeza—. Él estaba enojado con mi abuelo, fue y lo apuñalo.
—Eso es…..—no pudo terminar, Brendan lo volteó a ver.
—Zaphiri es una buena persona, pero….él quiso ayudarme y terminé haciéndole esto….soy la piedra en su zapato —apretó sus labios hasta volverlos completamente blancos.
—Tranquilo, yo soy abogado ¿lo sabes? Trabajé con Aspros y Deuteros, soy algo caro, pero puedo ayudarte simplemente de buena voluntad.
—¿En serio lo haría? —el rostro de Brendan se le ilumino.
—Claro que si, ehm, cantinero, deme dos whiskys escoceses bien cargados —le pidió a Manigoldo, este lo hizo de inmediato, Hakurei le entregó un vaso a Brendan.
—Yo no tomo, soy menor de edad.
—Un brindis solamente —se lo dio—. Por el éxito.
—Por el éxito —respondió y ambos bebieron todos de un trago—. Aaaah…..es caliente.
—Sí, te dolerá un poco como si se estuviera quemando tu esófago, pero te sentirás mejor, más alegre —sonrió y deslizó sus manos por los muslos del muchacho, esta vez estaba vestido más invernal, dado que hacía mucho frío, pero aun así pudo ver la excelente figura.
—Quema bastante, es caliente —cerró los ojos y suspiró.
—Claro que está caliente, en fin, eso sí, probablemente necesite pagar una fianza luego de eso, y será tu responsabilidad conseguir el dinero para ella, cariño —le masajeó la pierna mientras continuaba hablando, Brendan no hacía nada, solo continuó bebiendo su jugo.
—Conseguiré el dinero así deba trabajar día y noche, por mi culpa Zaphiri está en prisión —comentó lamiéndose los labios.
—Si quieres puedes comenzar a horrar, lo mínimo por la libertad de ese muchacho es cien mil —sacó de su bolsillo mil y se los entregó.
—Wooo, gracias…
—No cariño, debes hacer algo por mí si quieres tenerlos realmente —Hakurei le miraba a los ojos, intentando descifrar si el chico estaba alcohólico o no.
—¿Q-que? —se le trabó la lengua, ahí supo que ya lo tenía y pasando la mano por la espalda hasta llegar a la nuca, le hizo acercarse más a él hasta besarlo.
Manigoldo que estaba allí observó con los ojos abiertos como ese tipo mayor manoseaba al pequeño Brendan. Y este no hacía nada para detenerlo, estaba tan ensimismado con su dolor que no podía hacer nada.
Manigoldo hace un ruido fuerte para separarlos, Hakurei le mira de costado con una sonrisa al notar los ojos brillosos del menor que estaba aun ebrio.
—Deberías vender tu cuerpo...ganarías fortuna —sonrió—. Trabaja para mí y ganarás el dinero que tanto deseas.
Continuará.
