Después de muchos días finalmente logré el tiempo (y algo de inspiración) para continuar con la historia. Espero poder actualizar más seguido desde ahora.
Capítulo 14
Esa noche durante la cena la tensión se sentía en el aire. Margaret y John comían en silencio y los esfuerzos de Hannah por entablar una conversación normal eran inútiles. Al finalizar John partió al club y Margaret se retiró a descansar dejando a la señora Thornton sola y preocupada.
En la habitación Margaret pasó un largo tiempo sentada en su tocador pensando en lo que había pasado. Estaba convencida de no haber hecho nada malo y de que la reacción de John había sido exagerada, sin embargo se arrepentía de haber pronunciado esa última e hiriente frase. A medianoche finalmente se acostó pero no podía conciliar el sueño sin sentir el calor de su marido que, en ese momento, paseaba su mal humor por el club.
"Problemas amigo?", le preguntó Robert Elliot pero por toda respuesta recibió un gruñido. "Veo que sí. Quieres hablar?", esta vez el gruñido fue acompañado por un movimiento de cabeza. Robert guardó silencio y se sentó al lado de su amigo, en silencio.
Cuando finalmente regresó a la casa, muy tarde y con algunas copas de más, subió las escaleras con mucho cuidado para no hacer ruido. Todavía estaba alterado y sabía que cualquier cosa lo podía hacer explotar, se conocía muy bien. De todos modos no pudo resistir la tentación de acercarse a la habitación para ver si su esposa estaba dormida. Como no escuchó ningún ruido, entró sigilosamente en la habitación y encontró a Margaret dormida aún con su bata puesta y sobre la cama cerrada. Seguramente lo había estado esperando. Abrió la cama muy despacio, la tapó con las cobijas y le acomodó la cabeza en la almohada. Sintió deseos de meterse en la cama con ella pero prefirió dejarla tranquila y se fue a dormir en el sillón del vestidor. Antes de retirarse le acarició el cabello y le dio un beso en la frente, la amaba tanto…
…..
Después de una noche inquieta, se levantó con los primeros rayos de sol y partió a la fábrica sin desayunar pero antes pasó a ver a Margaret que dormía con el brazo extendido sobre el espacio vacío que él había dejado, como si lo estuviera buscando. Con un suspiro cerró la puerta y salió, todavía no estaba listo para enfrentarla, sabía que había sido injusto porque ella había actuado con ingenuidad pero sin mala intención. Decidió dejarla descansar un poco más y buscarla más tarde para hablar. Era una tontería que estuvieran distanciados por algo así.
Sin embargo cuando llegó a la fábrica terminó su tranquilidad. Aún no había empezado el turno de la mañana pero todos los trabajadores estaban ya allí, aunque no trabajando como él hubiera querido sino reunidos en una especie de asamblea. Alguien lo vio llegar y entonces todos se callaron y se volvieron a mirarlo.
"Buenos días", dijo tratando de no perder la calma.
Nadie respondió. Entonces se encaminó tranquilamente a su oficina mientras rogaba en secreto que todos se dirigieran a sus puestos de trabajo como si nada pasara. Por un momento creyó que lo lograría pero, justo cuando estaba a punto de alcanzar la puerta, una voz surgió de entre el grupo y dijo:
"Señor Thornton, queremos hablar con usted", era John Smith.
John permaneció de espaldas unos segundos antes de volverse. 'No te alteres', se dijo a si mismo.
"Sí señor Smith, qué sucede?"
"Quisiéramos discutir algunas cosas con usted. Es importante."
"Seguro, pero teniendo en cuenta que faltan exactamente cuatro minutos para que comience el turno les sugiero que vayan a sus lugares. Hablaremos luego."
"Realmente quisiéramos hablar ahora", dijo Smith desafiante.
"Me temo que no será posible. Hablaremos luego. A trabajar!"
"Señor, con todo respeto le digo…", intentó continuar Smith.
"Con todo respeto le digo yo señor Smith", lo interrumpió John, "que o entran a trabajar ahora mismo o no se molesten en entrar nunca más". Al decir esto recuperó su postura orgullosa y su mirada altanera, esas que había suavizado con el tiempo gracias a Margaret. No le gustó hacerlo pero su actitud tuvo el efecto deseado, rápidamente todos los trabajadores entraron a la fábrica, todos incluido Smith que no se privó de mirarlo con desdén cuando pasó a su lado.
El último en entrar fue Higgins y parecía querer decirle algo pero en lugar de hablar meneó la cabeza y siguió caminando en silencio.
"Vamos Higgins, dilo", le dijo John adivinando su intención.
"Qué pierde con escuchar?", preguntó Nicholas dejándolo más pensativo que antes.
Dos horas después John no lograba aún concentrarse en el trabajo. Se levantó nervioso y se acercó a la ventana y entonces vio a Margaret cruzar el patio en dirección a la oficina. Por primera vez desde que la había conocido, lamentó verla. 'Ahora no Margaret, no vengas ahora', deseó.
Minutos después escuchó unos golpecitos en la puerta y un tímido: "John, soy yo. Puedo pasar?"
"Entra", dijo después de unos segundos y sin dejar de mirar por la ventana.
"No te oí regresar anoche", dijo ella.
"Volví tarde del club y no quise despertarte."
"Estás bien?", preguntó Margaret preocupada.
"Sí, claro", respondió despreocupado y se sentó en su escritorio donde fingió revisar unos papeles. "Se te ofrece algo?", preguntó sin mirarla.
La frialdad de John le dolió. Sabía que estaba enojado, aunque realmente no entendía por qué, después de todo la fábrica estaba funcionando como todos los días. Se sintió molesta pero prefirió llevarle la corriente.
"Quiero pedirte disculpas por las cosas que te dije ayer. Fui muy injusta al decir que tus empleados no te importaban."
"No te preocupes", dijo mirándola por primera vez, "discúlpame tú también por la forma en que te traté." Sus disculpas sonaban sinceras pero él seguía distante.
"Pero aún estás enojado. No trates de disimularlo, se nota".
"Lo siento. Es que cuando llegué estaban todos reunidos en el patio y Smith me dijo que querían discutir algunas cosas conmigo."
"Qué cosas?"
"No lo sé, los mandé a trabajar."
"Entonces no hablaste con ellos aún?"
"Noto un ligero reproche en tu voz", dijo John algo enojado. "Era la hora de comenzar el turno y tenemos mucho trabajo, hay que entregar un pedido muy grande esta semana."
"Pero hablarás con ellos después, verdad?"
"No lo sé", respondió John exasperado. "Lo haré si tengo tiempo. Ahora, si me disculpas, tengo mucho que hacer", cuando dijo esto vio que Margaret lo miraba asombrada. "Hablaremos en el almuerzo, te parece?", dijo tratando de suavizar las cosas.
"No almorzaré en la casa, quedé en ir a visitar a tu hermana", dijo Margaret y se dirigió a la puerta. "John?", dijo antes de irse, "Qué pierdes con escuchar?"
'Exactamente lo mismo que dijo Higgins', pensó John cuando la puerta se cerró detrás de ella. 'Pierdo algo con escuchar?' se preguntó.
…..
A medida que se acercaba a casa de Fanny el humor de Margaret se volvía cada vez más sombrío. Un almuerzo con su presumida cuñada y sus aún más presumidas amigas era lo último que deseaba ese día, el único consuelo era que podría ver a la pequeña Priscila a quien no había visto en casi un mes. Tal como esperaba la comida fue una tortura, las mujeres solo hablaban de los últimos vestidos que habían comprado y de las joyas que sus maridos les habían regalado. Y no es que Margaret las envidiara por ello, esas cosas no le interesaban en lo más mínimo, sino que toda esa cháchara sin sentido le resultaba insoportable. Para colmo todas las presentes estaban casadas y ya tenían uno o dos niños y cuando la conversación pasó a ese tema a Margaret no le quedó más que esperar el comentario más temido.
"Ustedes aún no tienen hijos, verdad señora Thornton?", preguntó la señora Pells.
"No, aún no", se limitó a responder Margaret esperando que alguien cambiara de tema rápidamente.
"Oh, qué pena! Pero no se preocupe, ya vendrán", continuó la señora con fingida conmiseración.
"De todos modos es extraño. Cuánto hace que están casados? Seis meses creo. Yo quedé embarazada sólo un mes después de casarme con Watson". Tenía que ser su propia cuñada la que metiera el dedo en la llaga?, se preguntó Margaret. "Espero que no haya ningún problema entre ustedes. John siempre fue poco cariñoso pero yo creí que el matrimonio lo suavizaría", continuó Fanny y sus amigas rieron por lo bajo.
Margaret no podía creer lo que oía. Que Fanny hiciera insinuaciones sobre sus relaciones íntimas con su esposo y además delante de extraños era más de lo que podía soportar. Sintió deseos de irse dando un portazo pero sabía que eso sólo empeoraría las cosas. "Oh no, todo lo contrario. Hasta el doctor nos dijo que tal vez debíamos intentarlo menos", mintió Margaret un poco asombrada de sí misma pero cuando notó cómo se ruborizaban sus compañeras de mesa se sintió extrañamente satisfecha. Desafortunadamente la señora Pells, que parecía tener algo contra ella aunque era la segunda o tercera vez que se veían, no se dio por vencida.
"He oído que Robert Elliot regresó a vivir en Milton con su joven esposa", dijo.
"Es cierto", dijo Margaret feliz de poder hablar de algo placentero. "John y yo ya nos reunimos con ellos varias veces, son gente encantadora."
"También escuché que pronto vendrá a visitarlos su prima Romola. La recuerdan, verdad?", dijo la señora Pells dirigiéndose a las demás. "Creo que ella y tu hermano tuvieron algo, no es verdad Fanny?"
"Algo? John estaba loco por ella", dijo Fanny casi olvidando que Margaret estaba ahí. "Si hubiera sido por él se habrían casado pero ella un día se fue, de viaje, creo. John quedó devastado. Te sientes bien Margaret? Estás algo pálida?", le preguntó Fanny.
"Tal vez la señora Thornton no sabía nada de esto", dijo maliciosamente la señora Pells. "Después de todo ella no es de aquí".
"Por supuesto que lo sabía", dijo Margaret sorprendida por el tono seguro de su voz y angustiada porque era la segunda vez que mentía descaradamente en menos de veinte minutos, demasiado para la hija de un pastor. "Simplemente no sabía que vendría de visita, pero estaré encantada de conocerla. Si es pariente del señor Elliot debe ser muy agradable."
"No sé si agradable es la mejor palabra para describirla pero definitivamente era muy atractiva", dijo la espantosa señora Pells, el único ser en la tierra a quien Margaret odió alguna vez.
Cuando pasaron al salón de té la niñera trajo a Priscila y entonces Margaret pudo distenderse por primera vez y se dedicó por completo a la niña. Dos horas después salió de casa de los Watson preguntándose: 'Quién diablos es esa mujer?'
…..
Después de reflexionar durante toda la mañana John decidió recibir al señor Smith y escuchar lo que tenía para decir. Después de todo tanto Margaret como Higgins tenían mucho sendito común y tal vez tenían razón en que debía darles una oportunidad de hablar. Además recordó algo en lo que rara vez pensaba y era que Margaret era tan dueña de la fábrica como él o quizás más porque sin ella nunca se hubieran recuperado. Ella nunca había hecho valer ese poder y John dudaba que lo hiciera alguna vez, pero él se sintió en la obligación de considerar su opinión.
"Gracias por recibirme señor Thornton", dijo el Smith al entrar en la oficina acompañado por Higgins a quien John le pidió que se quedara.
"Tome asiento Smith. Lo escucho", John estaba decidido a mantener la distancia.
"Primero quiero decirle que todos agradecemos que nos de trabajo y que sabemos todo lo que usted luchó por reabrir la fábrica y darnos empleo otra vez." 'Empezamos bien pero ahora viene el golpe', pensó John. "Pero nosotros estamos haciendo bien nuestro trabajo, estamos haciendo más horas de las obligatorias para terminar los encargos a tiempo y hasta ahora lo hemos logrado, aunque con mucho sacrificio de nuestra parte."
"No puedo pagarles más Smith", lo interrumpió John. "Aunque quisiera, no puedo".
"Lo sabemos. No vengo a pedirle un aumento", estas palabras asombraron verdaderamente a John pero también lo preocuparon. "Sabemos que en otro países los trabajadores han conseguido algunas mejoras", 'Gracias a mi esposa' pensó John con sarcasmo. "Nosotros no pensamos recurrir a la violencia como ellos, ni repetir la huelga del año pasado pero queremos plantearle ciertas demandas."
"Espero que esto no sea una amenaza."
"No señor, no lo es."
"Bien, hable".
"En primer lugar quisiéramos que considerara extender el horario de la escuela para que los trabajadores que aún no saben leer ni escribir puedan asistir después del trabajo."
'Educar a los padres además de a los hijos? Puede ser peligroso', pensó John pero como no era un pedido tan descabellado dijo: "No sé si será posible porque tenemos sólo dos maestras pero lo consultaré con mi esposa."
"Gracias. En segundo lugar queremos evitar accidentes entre los niños…"
"No es que a mi me guste hacer trabajar a los niños. A mi también me preocupa su seguridad", interrumpió John, "pero ellos son los únicos que entran debajo de las máquinas y no puedo darme el lujo de desperdiciar todos esos sobrantes de algodón".
"Lo sabemos, sólo queremos pedirle que ellos no tengan que buscarlos mientras las máquinas están encendidas. Podrían hacerlo cuando terminan los turnos."
"No lo sé, es mucha pérdida de tiempo. Lo pensaré".
"Además quisiéramos…"
"Hay más?", preguntó John que empezaba a perder la paciencia.
"Sólo una cosa. Estuvimos viendo el circuito de producción y queremos hacerle una propuesta que pensamos puede ser mejor."
"Por lo que veo usted no es uno de los que necesita ir a la escuela", dijo John algo intrigado.
"No señor", dijo Smith, "yo tuve la suerte de poder asistir a la escuela hasta los 14 años."
"Y qué paso?"
"Mi padre murió y tuve que hacerme cargo de mi madre y mis cinco hermanos."
"Ya veo. Esta bien señor Smith, puede retirarse. Más tarde bajaré al taller para que me cuente su plan."
"Gracias señor."
"Amigo tuyo?", le preguntó John a Higgins una vez que Smith se hubo retirado.
"Por qué lo dice?", preguntó Higgins con una sonrisa.
"Más te vale que no me entere de que estás detrás de esto Higgins".
"No estuvo tan mal verdad?", preguntó Nicholas antes de irse.
"Veremos", respondió John cauteloso pero en realidad no veía la hora de que Margaret regresara para contarle como habían resultado las cosas.
