REVISADO Y CORREGIDO EL 30 DE MAYO DEL 2018


Diálogos: -Ejemplo número uno.

Pensamientos: "Ejemplo número dos".

Cartas, periódicos, etc.: Ejemplo número tres.

Pársel: -Ejemplo número cuatro.

ADVERTENCIA: Se describen escenas de VIOLACIÓN Y ABUSO INFANTIL. Ruego discreción.


THUNDERSTORM LIGHTNING


CAPÍTULO 14

« Condenas del pasado »

La desvencijada puerta se cerró lentamente y el chirrío que arrojó el hierro oxidado de las bisagras sonó fantasmal, antinatural. El espacio a la vista era francamente desolador; sólo había un viejo colchón en el suelo -mugriento y asqueroso- donde una niña rubia lloraba en posición fetal. A su lado, y sentado en una silla de madera, un hombre pelirrojo y apuesto la observaba con ojos hambrientos y desorbitados. Avanzó lentamente y miró al tipo a los ojos antes de agacharse delante de aquel colchón y tocar los suaves cabellos rubios de la niña.

- ¿Qué te pasa? -Preguntó suavemente; la pequeña alzó su cabecita y lo miró.

Tenía unos hermosos ojos azules en un fondo profundamente rojo por las lágrimas. Sus cabellos rubios estaban pegados a su cara; sudor bañando toda su frente. Un arañazo surcaba su mejilla derecha y pequeñas gotas de sangre corrían por ella. Su piel blanca estaba rosácea y tiritaba e hipaba un poco. Sus ropitas eran sencillas pero bonitas, con algún que otro rastro de lodo y tierra.

-Me…, me duele. -Lloró la niña, señalándose el arañazo mientras sus manos temblaban.

Su miembro dio un salto de excitación y rogó porque ella dejara de hacer eso; no soportaba que un niño se mostrara débil ante él, eso lo hacía ponerse muy, muy duro. Sólo de pensar que su miembro sería aplastado en aquella cavidad virginal era abrumador. Se mordió los labios intensamente hasta el punto de notar que su propia sangre salía y sólo así pudo calmar un poco su sed.

- ¿Este hombre malo te ha hecho daño, pequeña? -Preguntó, señalando al pelirrojo que permanecía sentado con aquella sonrisa en el rostro.

La niña lo miró y afirmó lentamente con la cabeza.

-Me…, me hizo pupa en mi carita -ella sollozó más, muy ajena a lo que eso provocaba en el individuo.

-Tranquila… -Consoló él, pasando su mano por el rostro de la pequeña muy lentamente.

-Quiero ir a casa -hipó.

-Oh…, claro que irás a casa, pequeña -los lloriqueos de la niña se dejaron de escuchar y el hombre cambió ligeramente su postura- pronto estarás con tus familiares, pero antes tienes que dormir un poco, no tardarán en llegar.

- ¿De verdad? -Preguntó la niña, esperanzada.

-Por su puesto… ¿Ves eso que tengo aquí? -Esperó a que ella asintiera para poder continuar-. Es una varita mágica, con ella puedo hacer cosas increíbles, ¿quieres verlo? -La niña asintió nuevamente, su carita transformada en una de curiosidad total-. Transmutare lectus.

El colchón donde estaba la niña se transformó en uno más amplio, esponjoso y limpio; ella se quedó completamente boquiabierta y miró con ojos brillosos la barita de aquel hombre.

- ¿Cómo has hecho eso?

-Es un secreto… ¿Lo guardarás? -Preguntó él sonriendo; la niña asintió-. Bien, ahora ve a dormir, mañana vendrán tus padres.

La pequeña rubia asintió con una semi sonrisa y se metió bajo las sábanas, sólo bastaron cinco minutos para que finalmente se durmiera. El hombre de la silla observó al otro mientras éste -a su vez- miraba la figura de la niña bajo las sábanas; se mordió los labios y empezó a quitarse los pantalones.

El otro no perdió detalle de esto y empezó a bajarse los suyos también, dando dos cortos pasos hasta donde estaba él y, finalmente, besándolo con intensidad. Sacó su miembro pero no lo estimuló ya que éste estaba duro como una roca. Tomó la polla del otro junto con la suya y los acarició a ambos mientras lo seguía besando. Cada uno gimió en la boca del otro hasta que el primero le dio un leve empujón al recién llegado:

-Hazlo, hazlo ya. -Ordenó.

El hombre asintió con una sonrisa sádica antes de darse la vuelta y abalanzarse sobre el cuerpo de la niña que, despertándose repentinamente, chilló y se retorció con fuerza debajo del individuo. El otro tipo volvió a sentarse en la silla y empezó a acariciarse el miembro mientras veía todo aquel espectáculo.

La pequeña niña sólo vociferaba y gritaba, lagrimones espesos salían de sus ojos mientras el hombre entraba y salía de ella sin cesar.

- ¡SI! ¡GRITA! ¡GRITA MÁS! -Bramó el hombre por encima de los alaridos de dolor de la niña.

El otro seguía masturbándose mientras veía con ojos excitados aquella escena tan erótica para él.

- ¡Mierda! ¡Despierta maldita mocosa! -Vociferó mientras veía que la niña perdía el sentido y se desmayaba.

Le dio un par de golpes en la cara pero ella no despertó, así que tomó su varita y la reanimó. Sonrió con deleite cuando nuevos gritos llenaron el aire y sintió tocar el cielo cuando un placer inmenso lo recorrió súbitamente. La niña -con la garganta ya desgarrada- sintió un gran peso en su cuello y paró de retorcerse, encontrándose más y más débil a medida que el agarre aumentaba.

Mientras el tipo vaciaba toda su simiente dentro del cuerpo de la pequeña, ésta perdía la vida muy lentamente; sus ojos ya rojos se viraron imposiblemente, su cara -también roja- se tornó púrpura y, con un último intento por respirar sin conseguirlo, la pequeña cayó inerte mientras el hombre exhalaba erráticamente.

El otro, en cambio, encontró su liberación sexual cuando su compañero se levantó -todavía con restos de sangre y fluidos en su entrepierna- y la restregó nuevamente contra su polla. Besó al hombre y, por fin, después de unos tortuosos minutos, logró venirse en sus manos.

Gideon Prewett salió del pensadero con una sonrisa ladina, terrorífica. Había perdido muchas de sus hermosas memorias en Azkaban pero ahora -y gracias a su hermano Fabian- las había recuperado todas. Se echó en el primer sillón que encontró y siguió sonriendo, mordiéndose los labios y virando sus ojos de forma extraña.

- ¿Ya las has visto todas? -Preguntaron, él giró su rostro.

Su hermano gemelo Fabian se encontraba en la puerta de la habitación, mirándolo inquisitivamente. El hombre conservaba aquella belleza que alguna vez él mismo tuvo, pero que perdió en aquel tenebroso lugar; pero eso no era nada que unas semanas de buena alimentación y pociones no pudieran arreglar.

-Si… -Contestó él con un suspiro-. ¿Cómo van las cosas?

-No deberías preocuparte ahora por eso, tienes que recuperarte primero.

-Sé que has manejado todo bien desde que me fui…, sólo te estoy preguntando cómo va la cosa. -Habló el hombre calmadamente.

Fabian miró a su hermano por unos segundos: todos sus cabellos blancos habían desaparecido en cuanto le dieron la poción para devolver el color rojizo a su pelo; el hombre aborrecía las canas, decía que le hacían sentir muy viejo -a pesar de tener tan sólo cuarenta y siete años- pero eso era algo que ni a él mismo le agradaba. Todas las heridas de su cuerpo habían desaparecido sin dejar rastro, y alimentarse bien era lo único que le faltaba para volver a ser el mismo de antes.

-Durante todos estos años todo ha ido bien… -Comentó Fabian, suspirando quedamente.

- ¿Pero?

-En estas últimas semanas…, no tanto -el hombre avanzó en la habitación y se sentó en una silla al lado de su hermano.

- ¿Qué ha sucedido? -Preguntó, poniéndose más cómodo en el sillón.

-Una de nuestras cosechas se terminó perdiendo…, y como no pudimos pagarle al proveedor principal, tuvimos que hacerle un regalo a cambio.

-Me imagino que le terminó gustando. -Sonrió Gideon, su hermano dudó un poco.

-Al principio creímos eso…, pero el tipo desapareció sin dejar rastro alguno…

Gideon borró su sonrisa y observó largo y tendido al otro pelirrojo.

- ¿Así sin más?

-Indagamos en todos los lugares que se nos ocurrió, pero nada, simplemente desapareció.

- ¿Y…, el regalo? -Preguntó, frunciendo el ceño ligeramente.

-Eso ya es otra cosa. -El hombre se levantó de la silla y caminó hasta la chimenea-. Gracias al localizador que les ponemos, pudimos ver que estaba en algún lugar cercano a Londres, pero no hace mucho tiempo que dejó de funcionar.

- ¿Lograste dar con algo antes de que el rastro desapareciera completamente? -Preguntó.

-Me temo que no, hermano, sólo tengo a una persona tras él porque la producción de este trimestre está en marcha y no quiero que pase lo mismo que el trimestre anterior. -Dijo, dándose la vuelta y mirando nuevamente al hombre.

-Haz hecho bien, pero sabes que no podemos permitirnos que un solo cabo quede suelto…, ya has visto cómo lo pagué yo…

-Lo sé -asintió- ocho años en Azkaban no se olvidan fácilmente… Todo este tiempo sin ti…, han sido muy duros para mí.

Gideon miró los ojos azules de su hermano y, pasándose la mano por el largo cabello, le preguntó:

- ¿Cómo se llamaba el regalito?

-Kilian Miller O'Brien.

-Kilian. -Habló, como si estuviera saboreando el nombre del pequeño-. Hay que dar con él.

[…]

Respiró suavemente; notó que todo su cuerpo le dolía, pero más la cabeza que otra cosa. Arrugó el entrecejo y frunció sus ojos aún sin abrirlos, el dolor era especialmente fuerte en la base del cráneo, justo en la parte posterior de su cabeza. Giró su cuello tratando de recolocar su postura ya que se sentía muy incómodo, pero sintió unas suaves manos tocar su rostro y una voz en eco que le decía algo, pero él no entendía lo que le era. Haciendo memoria, intentó recordar lo que había pasado punto por punto antes de sentir aquel dolor y, agitado, abrió los ojos velozmente a la par que se movía.

La imagen que lo recibió fue impactante, igual de impactante que la última que vieron sus ojos antes de cerrarse. Un chico muy apuesto, de intensos ojos verde oliva claro, cabellos oscuros y rizados, tez ligeramente tostada y rasgos afeminados, lo miraba preocupadamente a la vez que lo tomaba de su pómulo y pecho para evitar que se moviera.

-Tranquilo, no te muevas -susurró el chico con una voz clara y armoniosa.

Pero él siguió removiéndose inquieto. El dolor había pasado a segundo plano; no podía quitar la vista del rostro de aquel joven que lo miraba con preocupación y, por qué no, un poco de recelo.

-Basta, sólo te harás daño a ti mismo. -Instó.

Como si aquellas últimas palabras le hicieran entrar en razón, dejó de moverse, pero su respiración siguió un tanto agitada.

-Lamento no haber podido traer algún sanador, pero como comprenderás…, ellos no entran aquí y mis conocimientos de medimagia son prácticamente nulos -sonrió, sus dientes perfectamente blancos y bien cuidados- he enviado a alguien para que te consiguiera una poción para el dolor, pero no tenía ni un knut… -El joven se levantó lentamente de la cama y caminó hasta una silla cercana, tomando algo que había en ella antes de sentarse.

Él, a pesar del dolor, logró mirar el lugar donde estaba y reconoció el habitáculo. Era extremadamente parecido a las habitaciones en las que él terminaba cuando compraba los servicios de los chicos en el club nocturno; llevaba semanas enteras yendo ahí y el patrón en todas las habitaciones se repetía: luces de neón de color rojo -aunque podías cambiarlas a tu gusto y ajustar el nivel de intensidad-, cojines por todas partes, alfombras que no dejaban ver ni un solo pedacito de suelo y lo más importante, camas extensas en las que podían revolcarse sin temor a caerse.

-Tuve que coger de tu cartera, espero que no te importe… -Él lo miró sin decir una palabra-. Realmente no se como un auror como tu terminó en un sitio como este, pero no deberías venir por aquí, Neville Longbottom… -El chico habló despacio, como si pensara muy bien antes de decir cada palabra.

Neville se removió y miró por todos lados, sus manos palpaban en todas direcciones en busca de algo.

-Tu varita está aquí, si eso es lo que buscas -dijo, removiendo la oscura varita de cerezo entre sus manos.

-Dámela -la primera palabra de Neville, desde que se había despertado, salió amenazante, algo que hizo que el chico lo mirara directamente a los ojos.

El auror era bastante atractivo. Sus ojos azules y brillantes eran muy penetrantes. Su cabello castaño liso poseía un brillo intenso, pero nada grasoso. Su rostro era muy afable además de interesante y su cuerpo estaba lleno de músculos por todas partes. Aquello no lo hacía parecer rudo ni mucho menos, le sentaban muy bien con el tamaño de su cuerpo, ya que era muy alto.

-Tranquilo, no tengo intención de decírselo a nadie ni mucho menos… -Comentó, levantándose de la silla y volviéndose a acercar a la cama, sentándose en el borde, al lado del auror, y devolviéndole la varita-. Gracias por ayudarme allí atrás -susurró, llevando su mano hasta la cabeza de Neville, tocando suavemente sus cabellos.

-No creo que haya sido de mucha ayuda -respondió, cerrando los ojos a medida que el chico tocaba.

-No pienso igual, si no hubiera sido por ti… -Dijo, retirando su mano.

- ¿Qué pasó? -Preguntó Neville, intrigado.

-Cuando intentaste socorrerme te golpeó con un tubo, te desmayaste al instante… Levanta la cabeza. -Pidió, y el auror, con un poco de dolor, así lo hizo.

El desconocido chico tomó la toalla -un poco ensangrentada- que tenía éste bajo su cabeza y la reemplazó por otra húmeda y limpia; Neville hizo una mueca de dolor pero suspiró aliviado cuando su cabeza volvió a tocar la almohada.

-El sangrado se está deteniendo. -Susurró conforme.

Se escuchó cómo tocaban la puerta y el chico se levantó rápidamente a abrir. Ésta quedaba fuera del ángulo de vista de Neville así que no pudo ver quién era. Se escuchó un 'gracias' y la puerta volvió a cerrarse.

-Espero que con esto sea suficiente… Lo siento, no me atreví a cogerte más dinero de tu cartera. -El chico se acercó con un vial cuyo contenido era anaranjado-. Es poción para el dolor, espero que te mejore lo suficiente hasta que puedas ir con un sanador.

Neville negó con la cabeza y alzó su mano, tomó el vial y de un trago se lo bebió. Cerró sus ojos y esperó dos segundos; la poción hizo efecto de inmediato. Con el dolor en otro plano pudo moverse libremente, así que no perdió tiempo y se recostó del cabecero, sentándose completamente en la cama. Agarró fuertemente su varita y la puso en su cabeza, justo donde sentía el cosquilleo de la herida:

-Tergeo -toda la sangre coagulada y reseca se limpió al instante-. Episkey -el joven observó el corte mientras éste se cerraba, sin dejar una sola marca mínima.

-Impresionante, desconocía esta faceta de los aurores -sonrió el joven.

-En este trabajo tienes que aprender de todo si quieres sobrevivir -rió por primera vez Neville.

-Bueno, me alegro de que ya estés bien…, pero yo tengo que ir a trabajar si no quiero que me despidan antes de empezar siquiera mi trabajo -el chico se levantó de la cama y dio media vuelta.

-Espera -lo detuvo Neville-. ¿Estás bien? -Preguntó, levantándose de la amplia cama y caminando hasta donde estaba el chico.

A simple vista, las semejanzas que tenía él con Harry eran muchas, pero una vez que la vista se acostumbraba, se podía diferenciar a los dos perfectamente.

El chico delante de él era más bajito que Harry -sólo unos centímetros- y por lo tanto, mucho más bajo que él. Su cuerpo era más delgaducho que el de su amigo y hasta su personalidad era diferente; obviamente, no lo conocía tanto como conocía a Harry como para hacer comparaciones de personalidades pero podía notarse a simple vista.

-Sí, por supuesto, no creo que me despidan, me… -habló, pero el auror lo interrumpió.

-No me refiero a eso -negó.

-Ahh… Sí, estoy bien… Espero que ese nunca más vuelva a aparecer por aquí, eso es todo -Neville asintió conforme, pero siguió mirando al muchacho-. Ésta es mi habitación y hoy es mi primer turno así que no creo que la utilice, puedes quedarte descansando aquí si quieres.

- ¿Perdón? -El auror frunció el ceño-. Tengo entendido que cada trabajador tiene su propia habitación asignada, ¿cómo es que no la utilizarás? No comprendo.

El chico sonrió, negando con la cabeza.

-Sí…, bueno…, es que no vengo a trabajar de lo que piensas…, sólo soy un camarero, me ofrecieron esta habitación hasta que pueda conseguirme un sitio donde vivir, eso es todo. -Y dicho esto, dio media vuelta, dejando a Neville con la boca abierta.

- ¡Espera! ¡Espera! ¡No quería decir eso! -Chilló, caminando deprisa a través de los largos pasillos, detrás de aquel joven; éste siguió avanzando sin girarse-. ¡Al menos dime tu nombre!

El chico giró un poco la cabeza y lo miró, todavía sonriendo:

- ¡Wayne! -Y desapareció por una esquina.

[…]

Tom miró a Harry silenciosamente antes de hablar:

- ¿Puedes recordar aquel día de la segunda prueba? -Preguntó, el pelinegro asintió-. Desde antes, desde mucho antes vengo analizando todos tus movimientos, Harry. -El susodicho lo miro extrañado.

- ¿Por qué? Ya sabía que me querías en tus filas pero… ¿por qué seguirme?

-Esa no es la pregunta correcta -sonrió, volviéndose a sentar en su amplia silla y haciendo que el auror se siente en la de al lado.

Harry siguió sin comprender hasta que, transformando su cara en una de absoluta perplejidad, dijo:

-Aquella noche pudiste ver todo lo que hacía… -Habló en un susurro ahogado-. ¿Cómo pudo ser posible si allí no había nadie? Porque no había no había nadie, ¿verdad, Tom?

El hombre denegó, complacido.

-Harry… Has visto con tus propios ojos en lo que me transformo cuando estoy con la apariencia del Señor Oscuro -el auror asintió- esa no es una gran destreza, es muy fácil conseguirlo con un poco de dominación…

Seguidamente, el hombre alzó su mano izquierda y esta se volvió pétrea y blanquecina, sus uñas se deformaron y crecieron haciéndose oscuras y -por qué no decirlo- repulsivas a la vista.

-Se logra combinando tu forma animaga…, con tu forma humana -la mano cambió nuevamente y todo aquello desapareció poco a poco, volviendo a su físico normal- ahora me gustaría preguntarte algo… ¿crees que puedo dominar la lengua pársel sólo porque mi forma animaga es una serpiente?

Harry dudó, así que prefirió no contestar.

-El poder que me da esta habilidad es…, extraordinario, hablar con las serpientes es solo una de tantas.

- ¿Tienes otras habilidades aparte de hablar pársel? -Preguntó Harry, intrigado.

Tom asintió.

-Mis sentidos, mi alimentación…, hasta mis órganos internos son un poco diferentes a lo de los demás. Poseo una fuerza que va más allá de mi propia resistencia física; me desplazo rápidamente y sin apenas ser oído; puedo respirar debajo del agua sin un solo hechizo que lo haga por mí; hago que mis extremidades crezcan si son extirpadas; veo en la oscuridad y detecto cualquier movimiento, hasta estando completamente dormido o inconsciente.

Harry estaba francamente impresionado. Su boca estaba ligeramente abierta, sus ojos bien abiertos dejaban ver el color verde esmeralda incluso más intenso. Por su cabeza pasaban un montón de pensamientos que se podían leer perfectamente en aquella mirada.

-Eso es sólo en lo que se refiere a mi cuerpo; con mi magia, esta habilidad hace maravillas… -Tom Riddle sonrió por unos segundos y cerró sus ojos escarlatas.

El oxígeno se volvió un poco pesado, espeluznante. Las lámparas con tenues luces que habían en cada esquina se apagaron, volviendo el lugar en una inmensa oscuridad. Harry respiró hondo, parecía que todo el lugar se quedaba sin aire el cual respirar.

- ¿Tom? -Preguntó el auror al hombre, buscando su mano en la oscuridad.

No es que Harry tuviera miedo -él sabía que el hombre nunca le haría nada- pero la situación era muy conminatoria; sus propias entrañas gruñían de malestar y su bello se crispaba. Por otro lado, aquel poder era inmenso, no sabía exactamente qué era lo que estaba ocurriendo, pero podía sentirlo hasta en el último pedacito de su piel. De pronto, sintió algo arrastrarse por entre sus piernas y se sobresaltó ligeramente. El ambiente cambió en un segundo y todo volvió a la normalidad pero con una pequeña excepción: Nagini estaba en el regazo de Tom.

-…Tengo una capacidad mágica tan grande que puedo convocar toda cosa que esté ligada a mí…, y a cualquier distancia -dijo- y por último…, digamos que mis niveles de concentración permiten enviar una parte consciente de mí mismo a otro lugar… Es como si una parte de mi propia consciencia se materializara en el lugar allí donde quiero que vaya, pero mi cuerpo sigue estando en el mismo sitio y plenamente consciente de las cosas que suceden allí. -Habló el hombre calmadamente, acariciando a la ofidia con templanza sin despegar sus ojos rojos de ella.

Harry estaba francamente en shock.

- ¿Có…, cómo has dicho? Eso significa que…, pero…, eso es imposible… Tom, ¿me estás diciendo que puedes romper la primera Ley Fundamental de la Magia? No, no es posible… Nunca he escuchado tal cosa. -Balbuceaba el auror mientras negaba con la cabeza.

-Harry… Los magos se jactan y no paran de decir que la magia es infinita, que nunca sucumbirá, pero no es así -habló mirando los ojos verdes del chico-, ¿por qué no podemos crear dinero de la nada? ¿O comida? ¿Extender nuestra vida hasta el punto de ser inmortales? ¿Por qué los squibs no tienen magia o no poseen el arte para el más simple de los hechizos? ¿Por qué dos personas del mismo sexo no pueden engendrar vida?

El joven auror se halló pensando en cada pregunta que el hombre le hacía, sin poder concretar una respuesta segura para cada una de ellas, sólo pequeñas deducciones que nada tenían que ver con el asunto principal del que Tom hablaba; pero aún así, no decidió contestar, solo prestó atención.

-La magia ha dispuesto una serie de límites por sí misma, pero también nos ha dado algunas alternativas para intentar solucionarlas, ha creado posibilidades de extender tu existencia; distintos modos de traer la comida hacia ti o moverla de un lugar a otro; hacer que personas al azar no la tengan y que otras no mágicas sí; poder dar tu apellido a un niño y hacer el ritual de sangre, esto lo convertiría en tuyo propio… La magia te da opciones, sólo tú decides si emplearlas o no, pero eso no quiere decir que ésta sea infinita, todo tiene un límite…

Harry dejó de mirar al hombre y se recostó completamente en la silla, pensando. Tom bajó su mirada y volvió a acariciar a la ofidia mientras seguía hablando.

-Han nacido más squibs en este siglo que en los tres anteriores juntos por culpa de magos que casaban a sus hijos con sus propios primos para no romper la pureza de su sangre. Albus…, tus padres…, los familiares de todos mis Caballeros y muchos más…, todos ellos lucharon por hacer que nuestro mundo dejara la discriminación hacia otros seres mágicos y no mágicos, lucharon para implantar nuevas leyes que hicieran mejorar nuestro mundo, lucharon para que la magia sea infinita, lucharon para que los magos aprendieran a compartir este mundo y que dejáramos de escondernos…

Tom fue inmediatamente interrumpido por Harry:

-Muchas veces, mi padre Sirius repetía frases de mi papá James una y otra vez… Siempre decía que necesitábamos a los muggles para poder seguir existiendo…, nunca entendí por qué. -Habló, cabizbajo.

-La magia es muy compleja en sí misma: le gusta tomar algo que ya estaba hecho y mejorarlo pero, por el contrario, puede tomar algo ya perfecto y destruirlo… Necesitamos a los muggles por la sencilla razón de que nosotros mismos estamos muriendo y nuestra magia morirá con nosotros si no la compartimos; ya que nosotros mismos no hacemos nada por cambiar eso, la magia nos está empujando a hacerlo.

-No creo que eso se consiga nunca…, los magos le tienen miedo a los muggles por las matanzas que ellos hicieron en contra de los nuestros; y los muggles le temen a la magia, le temen a lo desconocido. -Terminó el auror, mirando finalmente al hombre a los ojos.

Tom asintió.

-Eso también es cierto, ¿pero hace cuántos años fue el último asesinato en masa en contra de los magos? -Preguntó.

-Hace mucho tiempo. -Aceptó Harry con un ligero rubor en sus mejillas, Tom sólo sonrió.

-Concretamente, más de tres siglos… ¿Y me vas a decir que los muggles no han aprendido nada desde entonces?

- ¿Tú también luchas por eso, Tom? ¿Por la diversidad y la integración? -Preguntó el moreno, intrigado.

-Soy mestizo, y al igual que tú y muchos más nuestro poder es elevado al de los sangrepuras y ellos ya se han dado cuenta de eso… Por eso decidieron sesgar el supuesto problema de raíz y acabaron con los precursores de su posible caída, por eso, aquel jueves once de mayo de mil novecientos ochenta y nueve, acabaron con la vida de mi mentor…, tus padres y muchos más.

La sangre del auror ardió por segundos y pronto se encontró respirando con dificultad, para después recomponer su semblante y tranquilizarse un tanto.

Sí, Harry, cuando acabe el trabajo que tengo pendiente, cuando logre tener la cabeza del que planeó todo eso, cuando mi sed de venganza esté calmada, lucharé por continuar el propósito de mi mentor… No tengo intención de que de aquí a diez siglos más los magos sean extinguidos de la faz de la tierra por su propia estupidez… Seguiré con la tarea que empezó Albus Dumbledore y otros más antes que él.

-Si ese es el posible futuro que nos espera…, yo también quisiera evitarlo a toda costa -confesó Harry.

-Pero por ahora, y al igual que yo, tienes una misión pendiente; lo que me lleva a proponerte algo por lo que verdaderamente empezamos esta conversación…

- ¿De qué se trata? -Preguntó Harry, inquisidor.

Nunca antes había tenido tan claro un ideal, un objetivo a tan corto plazo; pero era su voluntad ayudar y luchar por lo que sus padres lucharon. Tenía que hacerles varias preguntas a sus padres Sirius y Remus acerca de las metas de sus verdaderos padres, saber lo que realmente querían, entender más a fondo por lo que estaban luchando. Nunca antes se había interesando por nada más que no fuera hacer justicia a otro modo, pero entendía que esto iba mucho más allá de unos pocos asesinos, esto era más grande, una misión que se tornaba prácticamente imposible si le agregábamos el cambiar a toda una sociedad, pero por la cual iba luchar aunque la vida se le fuera en ello.

-Me has dicho que no quieres involucrar a ninguna persona más en el asunto del pequeño Kilian…, está bien, eso no puedo rebatirlo, pero la única opción que tengo es que ella misma te ayude. -Habló Tom con una pequeña sonrisa torcida, pero aún así perfecta.

Harry se le quedó mirando con cara de póker por unos segundos.

- ¿Ella? ¿Quién? -La sonrisa de Tom se amplió más y el auror agachó la cabeza lentamente hasta el regazo del hombre.

Nagini estaba viendo al chico directamente a los ojos, sacando su résped y palpando algo en el aire. A su vez, Harry estaba tan concentrado en las palabras de Tom que prácticamente se había olvidado de la ofidia, asuntándose repentinamente cuando notó que la preciosa serpiente estaba mirándolo directamente a los ojos sin apenas mover una sola parte de su gran cuerpo.

- ¿Cómo me podrá ayudar? -Preguntó el pelinegro un tanto dubitativo.

-Nagini tiene la capacidad de encontrar cualquier lugar oculto por más pequeño que este sea, puede traspasar barreras mágicas muy fuertes y también puede ayudarte a guardar tus espaldas, Harry.

-Pero Tom, no me puedo comunicar con ella…, yo no sé hablar pársel -dijo, alzando su rostro y mirando al hermoso hombre de ojos escarlatas.

-Hace un rato te pregunté si confiabas en mí, y me respondiste afirmativamente sin apenas dudarlo un segundo -el chico volvió a asentir-, puedo hacer que hables pársel, Harry, puedo hacer que te comuniques con ella y cualquier otra serpiente… Lo cual me lleva a cambiar un poco la pregunta, ¿confías tanto en mi como para hacer un ritual y así poder tener esta habilidad?

Y, sin expresión alguna, Harry se encontró asintiendo nuevamente.

[…]


N/A:

Vemos que Tom se está abriendo poco a poco a Harry y le explica las verdaderas razones que hay detrás de sus objetivos…, y nosotros lo estamos conociendo un poco más a él también. Sorry por irme tanto por las ramas, pero esto es necesario para entender lo que viene. Y también sorry por no poner Lemon en este capítulo, lo que pasa es que lo pasé fatal escribiendo la violación (esta es la primera y la última violación explícita, lo juro) y no encontré ético poner algo así después de leer tal aberración cometida por esos dos desalmados…

Y eso me lleva a Kilian. ¿Creéis que el pequeño corre peligro? Yo creo que sí, pero no podemos adelantarnos a los hechos… La verdad es que descubrir que los dos hijos varones de Ignatius (cap.2) tengan el mismo desorden mental que su padre es…, raro. ¿Será que hay algo más que nosotros no sabemos?

Hablando de otra cosa, resulta que Wayne y Fenrir tienen una capacidad actoral que te cagas xD Lo siento por el pobre Neville que fue el que se llevó la peor parte xD Pero bueno, jugar a la damisela en apuros al menos hizo que Neville se fijara en él.

Dejando todo esto aparte me gustaría decir algo: He estado retomando mi otra historia (HP y el Último Descendiente) y por eso no subí este capítulo tan pronto como quería, pido sorrys por eso, pero también quiero decir que aunque esa no tenga mucho apoyo, si que es cierto que también tiene la misma cantidad de seguidores y favoritos que esta así que no la puedo dejar así como así…, por ello las actualizaciones serán las dos el mismo día y con capítulos de no más de diez páginas de word (aprox. 3mil quinientas palabras). No lo veo tan mal si pensamos que aunque sean cortos, podré actualizar más a menudo.

Y nada más chicxs, espero que este capitulo os haya agradado (dentro de lo que cabe) y nos vemos (ahora así) pronto.

Yara Riddle Black.