Soy mala, lo sé. Os dejé con el corazón en un puño, pero yo estoy igual ahora mismo que voy a empezar a traducir este capítulo, porque lo que se avecina nos hará llorar. Menos mal que me consuela el hecho de que al final todo acaba bien, pero como siempre pasa con esta escritora, nuestras chicas, y sobre todo Regina, sufren mucho.
Disputa
A mañanas como esas, no les pedía más: cálidamente tapada en su suave edredón, siente el peso del cuerpo de Regina a su lado derecho, su cabellera le cosquilleaba la barbilla, sus manos sobre su pecho, sus piernas entrelazadas.
Si hubiera podido, se habría quedado así hasta el final de sus días. Pero, voilà, el brazo sobre el que Regina reposaba comenzaba a entumecerse, haciendo que le recorriera una hormigueo desagradable. Se retuerce para colocarse mejor, pero ese movimiento despierta a Regina, que gruñe dulcemente, sonido que Emma encuentra más gracioso cuando ve incorporarse a la joven, el pelo despeinado y los ojos aún somnolientos «Buenos días…» murmura ella
Regina esboza una tímida sonrisa antes de estirarse y hundirse aún más bajo el edredón, al calor, lo que divierte a Emma que se acerca más a ella «¿Quieres quedarte un poco más en la cama?» Sin responder, Regina se pega un poco más a Emma y suspira pesadamente sobre su piel «Hmm, supongo que es un sí» dice divertida Emma.
Y es lo que hacen: permanecen echadas, una pegada a la otra, abrazadas en la cama. Marco y los otros lo habían previsto: ninguno ha venido a molestarlas.
Solo cuando la perrita araña la puerta para salir, Emma se levanta y deja los dulces brazos de su compañera. Porque es su compañera, sí, eso es seguro. ¿Cómo podría ser de otra manera? Se besaban, pasaban sus noches juntas en brazos una de la otra, no se sentían bien sino en la mutua presencia. Entonces sí, Emma quería creer que Regina es lo que comúnmente se llama su novia.
«¿Quieres salir, eh? Espera dos minutos» Emma se viste rápidamente y cuando se disponía a salir, Regina emerge de debajo de las sábanas «¿Dónde vas?»
«Voy a sacar a la perrita. Además, ya son más de las 11» sonríe ella.
«¿Las 11?» ríe con sorpresa Regina que se incorpora inmediatamente
«No tienes que intranquilizarte. Tenemos derecho a levantarnos tarde. Después de todo, nada nos espera»
«¡Detesto dormir! Levantarse tarde es perder el tiempo. Eso estropea la mitad del día»
«Pero hoy no hay nada especial que hacer. A menos que hayas cambiado de opinión y quieras que vayamos al pueblo»
«No, gracias» dice secamente Regina. Y a pesar de la decepción aparente en el rostro de Emma, no ve la necesidad de excusarse. Peor, se levanta, se pone la bata y pasa por delante de Emma abriendo la puerta. La perrita sigue a su dueña, dejando a Emma un poco desconcertada por esa actitud, rozando la bipolaridad.
Sabe que todo esto es nuevo tanto para Regina como para ella, pero ¿cómo puede ser tan diferente en la intimidad de la noche, en una cama, y ser tan distante y fría por el día?
Evidentemente, quedaba todo eso de la aceptación, de la salida del famoso armario, o hacer su comig-out frente a sus empleados… ¿Por qué Emma parece aceptar las cosas más fácilmente que Regina? ¿Había tenido guardada dentro de ella esa atracción hacia las mujeres? ¿Es la razón por la que Emma parece más receptiva y abierta ante el tema?
Sabe que emprender tal relación con dos supuestas heteros podía ser duro, tiene simplemente que armarse de paciencia. Pero Regina, ¿tendría ella la paciencia y las ganas de hacer esfuerzos y concesiones? Después de todo, es una mujer independiente a la que le daba igual hace tiempo sus congéneres.
Pero hoy las cosas tenían que cambiar, era necesario.
«Buenos días, Señora. ¿Desayuno?»
«¡No sea estúpido! Casi es mediodía.¡ Dígale a Granny que prepare el almuerzo! dice Regina bajando las escaleras y conduciendo afuera a la perrita.
Ruby se cruza con Marco y le murmura rápidamente «¿Problemas en el paraíso?» Y cuando Emma baja, la chispeante morena la lleva a un lado «hey, hey, ¿qué pasó con Regina?»
«Nada, está un poco tensa, creo»
«¿Tensa, por qué?»
«Creo que comienza a darse cuenta de que nuestra naciente relación puede traer consecuencias»
«¿Cuáles?»
«Tener que hacerlo público. Cada vez que le propongo salir de esta casa, se niega. Creo que tiene miedo»
«Entonces, tienes que tranquilizarla. Es necesario, no nos podemos permitir perderla otra vez»
«Entonces, ¿qué?, ¿dejas todo en mis manos?»
«Solo digo que no te das cuenta de lo que representas para nosotros»
«Deja de meterme presión. Esta relación ya se anuncia bastante estresante»
«¿Regina? ¿Estás ahí?» Emma toca a la puerta de la habitación de la joven, pero ninguna respuesta llega. Evidentemente, lejos de rendirse, entra en la habitación, pero esta está desierta.
Escucha el sonido del agua, proveniente del cuarto de baño. Con sigilo, entra y un vaho afrutado penetra por su nariz. Se apoya discretamente cerca del lavabo y puede discernir una suave melodía: en la ducha, Regina canturreaba dulcemente. Divertida, Emma pone la oreja, pero no reconoce la melodía. Se queda algunos minutos hasta que el agua se para y Regina coge una toalla en la que enrolla antes de salir de la cabina de la ducha. Cuando ve la silueta de Emma, lanza un pequeño grito estridente y casi resbala sobre las baldosas.
«¡Emma!»
«¿Sí?»
«¿Se puede saber qué haces aquí?»
«Quería verte»
«¿Y pensaste que lo apropiado sería entrar sin ser invitada y jugar a ser voyeur?»
«No te espiaba. Entré y…te estaba esperando» dice con una sonrisa.
«¡Podrías haber esperado en la habitación!»
«Pero hubiera sido menos divertido y la vista hubiera sido menos apetecible» dice mirando las piernas perfiladas de la joven.
Regina se da cuenta e intenta como puede esconderlas, pero en vano. Emma deja escapar un risa «¡Ya basta! ¡Sal!»
«¿Y si no, qué?» dice Emma con un tono de desafío y de burla
«Si no, le arrancaré el corazón con mis propias manos» suspira Regina con un tono ronco y amenazador que Emma aún no le había conocido. Siente escalofríos y por primera vez, se toma en serio sus amenazas «No sabe de lo que realmente soy capaz»
«Ok…Lo siento, ya salgo…» balbucea Emma dando marcha atrás, hacia la puerta. Y cuando iba a salir, Regina pierde su máscara severa y frunce el ceño «¡No, espere! Espera…» Emma se da la vuelta «Lo siento. Yo…simplemente no tengo la costumbre de…esto»
«¿Esto?»
«Este tipo de demostraciones afectivas»
«Oh, ya veo…Lo siento si soy tan expresiva. Tampoco yo tengo la costumbre. No soy del tipo romántico o de esa clase de cosas. Soy mala dosificándolas»
Regina parece relajarse un poco y se da cuenta de repente de la proximidad que acaba de crear. Retrocede, pero resbala en el piso y Emma tiene el tiempo justo para agarrarla por la cintura, pegándola a ella.
«Wow…con calma princesa» dice divertida Emma
Pone derecha a Regina, con cuidado, pero en la precipitación del movimiento, no se da cuenta de que la toalla se había soltado. Y cuando Regina se separa, la toalla cae a sus pies y la boca de la bella rubia forma una "o" que sorprende a Regina. Torpemente, Regina recoge la toalla y se da prisa por envolverla alrededor de su cuerpo, pero no tan rápido para que Emma no pueda ver al menos su pecho.
Y ante la mirada soñadora, el gesto idiota y las mejillas sonrosadas de Emma, Regina abre precipitadamente la puerta y empuja sin vergüenza a Emma hacia la habitación antes de dar un portazo gruñendo de rabia. Emma cae de culo, pero no importa, la imagen que acababa de tener hace pocos segundos ante sus ojos aún la tenía ensimismada. Y es con una sonrisa idiota en el rostro que espera que Regina se digne a salir, una vez pasada la vergüenza.
«¿Todavía estás ahí?» pregunta Regina desde detrás de la puerta
«No tengo la intención de marcharme, puedes salir» Algunos segundos más tarde, la puerta se abre dejando ver a una Regina, vestida con un albornoz y llena de vergüenza. Emma se levanta y se pone delante de ella «Eres magnífica, no tienes que tener vergüenza por nada»
«Me has visto desnuda» refunfuña la joven
«No te he visto toda…solo…lo esencial» Regina eleva los ojos al cielo «Y te puedo asegurar que no debes avergonzarte de nada. Eres sublime, y estoy feliz de ser la que comparte tu vida»
Regina debería estar conmovida ante esas palabras, pero algo en ellas la incomoda. No duda de la sinceridad de Emma, al contrario, pero esas palabras pronunciadas la conmocionan mucho más de lo que hubiera pensado. Da una paso hacia atrás «Esto…nunca funcionará…» dice ella como si acabara de darse cuenta de algo.
«¿Qué? ¿De qué hablas?» Regina se encierra de nuevo en el cuarto de baño, pero Emma está bien lejos de cerrar esa conversación de esa manera. Golpea la puerta «¿Regina? ¡Regina! ¡Sal de ahí!» Golpea una y otra vez, intentando abrirla, pero, por supuesto, Regina la ha cerrado con llave «No me marcharé hasta que me digas qué ocurre»
Después de 10 minutos, Emma sigue pegada a la puerta, intentando escuchar el menor ruido detrás, pero en vano, cuando de repente, el sonido de la cerradura se escucha, ella retrocede para dejar aparecer a una Regina, con lágrimas en los ojos, ya vestida.
«¿Regina? ¿Me puedes explicar?»
«Esto no funcionará»
«¿Qué?»
«Todo esto: tú, nosotras. Yo soy…nosotras somos diferentes, quizás demasiado»
«¿Qué…qué estás diciendo?»
«No lo lograré»
«Pero…»
«Sé que tenemos camino por delante, pero…no tengo fuerzas»
«Puedo tenerlas por ti»
«Lo que esperas de mí, no lo tendrás nunca»
«¿De qué hablas? Si es de sexo, yo puedo esperar»
«No, no es solo eso…Esta relación, al menos lo que comienza a crearse, no llegará a nada»
«Pero, ¿por qué? ¡Déjanos una oportunidad!»
«Yo…No. Tú no comprendes»
«Verdaderamente no. Explícame, ¿de qué tienes miedo?»
«…»
Emma relaja su rostro como si acabase de comprender «Los demás. Son los otros el problema, ¿no? Mientras nos quedemos en esta casa al abrigo de las miradas, no hay problema, pero cuando yo evoco la idea de salir al pueblo, entras en pánico»
«Compréndeme, no sabes de lo que son capaces. Me juzgaron tan rápido que no pude hacer nada»
«Pero, ¿qué tienen que ver ellos con nosotros?»
«No lo comprendes. Ya llevo colgada la etiqueta de bruja, si además tengo que llevar la de…» se queda callada dándose cuenta de que no puede ni pronunciar la palabra.
«¿De qué Regina? ¿De lesbiana? ¿Es de eso de lo que tienes miedo?» Regina se crispa al escuchar esa palabra.
«No lo entiendes. ¡La gente es despiadada! Ya me ven como la asesina del pueblo, si además me convierten en la…»
«La lesbiana del pueblo. ¿Es demasiado para ti? ¡Escucha, no estamos obligadas a que salgas del armario en seguida!»
«¡Es fácil para ti decirlo!»
«¿En qué es fácil para mí? Te recuerdo que también es la primera vez para mí»
«No comprendes…» resopla con despecho Regina
«Deja ya de decir eso, ¡diablos! ¡Explícame!»
«No quiero llevar esa carga…»
Emma entonces se hiela y frunce el ceño «¿Es de esa manera que nos ves? ¿Cómo una carga?»
«…»
«Ya veo…Era estúpido creer que…»
«¿Creer qué?»
«Que yo podría cambiar las cosas. Estás encerrada aquí, aislada de todo, desde hace demasiado tiempo, tanto que tú misma has perdido la cuenta: dices que te da igual lo que los otros piensen de ti, que no son nada para ti, y sin embargo, no te atreves a enfrentarte a ellos, te encierras aquí, dando pábulo a los rumores. Y ahora, una vez más, prefieres abandonarlo todo antes que insistir. ¿Esto no vale la pena? ¿Yo no valgo la pena?»
«En un mudo idílico, viviríamos felices, pero no estamos en un cuento de hadas y nuestra historia está lejos de parecerse a uno cuyo final es feliz»
«¿Debido a lo que los demás piensan? Somos nosotras, Regina, las que tenemos que escribir nuestra historia, no ellos. ¡Eres obstinada! ¡Obstinada y testaruda! ¡Estás acojonada! Bajo esos grandes aires de dama, no eres más que una niña que espera un gesto de cariño de su madre»
«¡Cómo te atreves!»
«Siempre te has dejado llevar, Regina, nunca te has atrevido a afirmar tus elecciones, siempre de has dejado guiar por los demás: tu madre, tu marido, los habitantes de este maldito pueblo. ¡Por una vez, toma tus decisiones por ti misma y para ti!»
Regina siente la cólera apoderarse de ella, nunca nadie se había atrevido a desafiarla de esa manera. La rabia la invade y es esta última la que habla, en lugar del sentido común de Regina «¿Quieres que tome mis decisiones? Muy bien: ¡estás despedida!»
«¿Qu…qué? ¿No hablas en serio?»
«¡No puedo hablar más en serio! ¡Sales de mi casa, sales de mi vida y sales de mi pueblo!» Regina levanta el tono sin poder controlarlo.
«¿Tienes tanto miedo de lo que vendrá que prefieres cortar por lo sano? ¿Es esa tu visión idílica de la vida? ¿Huir de lo que podría hacerte feliz?»
«¡Estás tan segura de ti!» se burla Regina «¿Piensas que tú podrías ser mi final feliz? ¿Piensas ser mi salvadora? ¡Pero yo no necesito ser salvada!»
«¡Lo que tú digas! ¡Está claro que quedarse encerrada en una casa las 24 horas del día es totalmente normal! ¡Sin contar tus numerosas interacciones con tus empleados! ¿Sabes lo que piensan ellos? ¡Creen que estás maldita, y necesitas ser salvada, así como ellos mismos!»
«¿Así que tú te sientes investida de una misión? ¿Salvarme?» Regina dice burlonamente, pinchando a Emma
«¡Me importa un pimiento salvarte! Yo solo quería estar contigo, solo contigo, ser feliz contigo. ¡Si hubiera hecho falta, yo me hubiera quedado encerrada en esta casa contigo!»
«Entonces, ¿por qué empeñarse en salir? ¿Es tan horrible la vida aquí?»
«¡No se trata de eso! ¡Pero no comprendes que te estás negando a vivir!»
«¡Yo vivía muy bien antes de que llegaras!»
«Oh, sí, tan bien que buscabas una dama de compañía. ¿Me puedes decir quién, en el siglo XXI, se busca una dama de compañía, si no es una mujer solitaria, sin apegos, ni amigos y que prefiere lo que tiene en casa, incluido tirarse al jardinero?»
No la ve venir, pero la siente…Regina le propina una bofetada tan fuerte que a ella misma le hace daño en la mano. Emma, trastornada, lleva su mano a su mejilla dolorida, las lágrimas en los ojos, el gesto completamente despavorido…
«Sal de mi casa, ¡ya no eres bienvenida!»
«…»
«Te doy 30 minutos para que hagas tus maletas y salgas de mi casa ¡FUERA!»
Grita tan fuerte que Emma, aún aturdida, se sobresalta. Por primera vez, la mirada que ve en Regina le da miedo. Sin darse la vuelta, deja la habitación corriendo. Regina cierra la puerta y de deja deslizar por ella hasta sentarse en el suelo, la espalda contra la puerta.
¿Qué acababa de pasar? Todo parecía tan bien al despertar…
«¿Emma? Emma, ¿Qué haces?»
Al escuchar los gritos, Ruby había sido designada por los otros para que averiguara qué había pasado. Ve a Emma salir de la habitación de Regina, corriendo, con lágrimas en los ojos, y entrar en la suya.
Y cuando entra en la habitación, ve a Emma agitarse, la maleta sobre la cama, metiendo sin cuidado sus ropas y otros objetos personales.
«Emma, ¿me vas a contestar? ¡Hey!» Ruby se coloca de cara a Emma y pone sus manos sobre sus hombros, para detenerla. Es en ese momento que la morena ve cómo las lágrimas no dejaban de deslizarse por el rostro así como la marca roja sobre una de sus mejillas «¿Qué ha pasado?»
«Me voy» logra articular Emma
«¿Qu…qué? Pero…¿qué?»
«Me ha despedido»
«Espera…No entiendo nada, tan solo ayer estabais felices y enamoradas y ahora…»
«¡Ella nunca ha estado enamorada, no se lo permite!»
«¿Y es por eso que te marchas?»
«Es una de las razones, sí. Pero no la única. Creo que todo ha ido demasiado rápido… Y además, hay sobreentendidos entre nosotras»
«Emma, sabes que ella…a ella le cuesta y…»
«¡No la defiendas!»
«Emma, escucha, reflexiona, no puedes marcharte, no de esta manera, no ahora. Creemos en…»
«Ah, no, ¡basta ya con eso! ¡No sé lo que todos os habéis creído, pero no es mi fantasía! ¡Yo no estoy aquí para salvar a nadie! ¡Ella no lo desea, y yo ya no tengo ganas de jugar a la salvadora! ¡Estoy cansada de luchar, de hacer el esfuerzo! Solo deseo…Deseo que por una vez sea fácil. ¡Y esta relación, o lo que quiera que sea, no es en absoluto fácil, ELLA no es fácil!»
«No se tiene nada por nada, Emma, a veces hay que luchar para obtener lo que se desea»
«Pero yo no deseo luchar. Yo deseo…la deseaba a ella»
«No te marches así, en caliente. Quédate y deja pasar la noche. Con la cabeza fría, verás las cosas de otra manera»
«No, no lo creo. He dicho…nos hemos dicho cosas…nos podemos dar marcha atrás»
«Emma, Regina es una mujer complicada y…»
«…escucha, comprendo que quieras ayudarla, arreglar las cosas y defenderla, pero…creo que lo que necesitamos las dos es que me aleje. Necesitamos ver todo más claro y eso sucederá si no estamos bajo el mismo techo»
«¿Es una marcha definitiva?»
«…»
«¿Emma?»
«No lo sé. En mi interior, tengo ganas de creer todavía, pero…»
«Te lo ruego, no rompas el contacto, no completamente»
«No te prometo nada»
«Tienes mi número. Cualquier cosa que pase por tu cabeza, yo estoy aquí, ¿me escuchas?»
Emma le da las gracias con una tímida sonrisa antes de continuar llenando la maleta. Ruby se queda ahí, a su lado, pero sin echarle una mano, demasiado conmocionada ante la idea de ver marcharse a Emma.
Regina le había dado 30 minutos, solo necesito 20 para hacer su maleta y reunir sus últimas cosas. Cuando da una vuelta por la habitación, y veo que ya no queda nada, no puede frenar una lágrima que se escapa y se desliza por su mejilla dolorida.
Todavía siente el impacto de la mano de Regina sobre la mejilla en un golpe seco y rápido. Cuando piensa en todo lo que había ocurrido desde su llegada, lamenta esa energía gastada en devolver la vida a este lugar, se acuerda de sus esfuerzos por rehabilitar el invernadero, por sacar a Regina de su caparazón….pero finalmente todo ha sido en vano.
Sale de su habitación y se sorprende al encontrarse a Marco, Granny, Ruby, Belle y Ashley esperándola en la puerta de la entrada. Entonces suspira, preparada para una nueva oleada de reproches y de palabras para que se quede, pero cuando se coloca delante del pequeño grupo, Granny la estrecha entre sus brazos casi hasta cortarle la respiración.
«No te marches demasiado lejos…» le murmura. Emma sonríe y se ve arrastrada en una avalancha de abrazos y apretones. Hubiera querido decir algo, hacer algo por ellos. Pero la verdad es que es terriblemente egoísta dejarlos aquí, sabiendo que su modo de vida volvería a ser el de antes de su llegada. Pero ella no tiene elección: Regina ya no la quería aquí. Y por orgullo, Emma ya no podía quedarse.
«¿Nos volveremos a ver?» dice con esperanzas Ruby
«Yo…Solo tendrás que ir a veme al pueblo» sonríe sabiendo que ella no lo hará. Ella misma no sabe qué la esperaba en el pueblo: ¿cómo la acogería la gente al saber que ella formó parte del "clan de la bruja asesina"? ¿Tendría ella que desterrarse también del pueblo?»
«Bueno, me voy…»
Marco se acerca y pone sus manos en sus hombros «Aún creemos en usted, Emma, nunca dejaremos de hacerlo» Emma deja escapar una lágrima «Gracias por todo lo que ha hecho aquí, todos estos cambios. Aunque piense que no han servido para nada, sí lo han hecho»
Él le sonríe, ella hace lo mismo y después de los últimos abrazos, sale. Los pasos que la conducen hasta la verja de la entrada son lentos y pesados como si marchara en cámara lenta. Cuando su mano toca la verja, siente como un escalofrío. Se gira y mira la inmensa mansión: sería sencillo dar la vuelta, volver al interior y suplicar a Regina que la mantuviera allí, aunque significara esconderse de todos, permaneciendo enclaustradas de por vida en esa casa…Pero Emma sabe que, a la larga, eso no le bastaría.
Quiere a Regina, enormemente, pero destruirse al mismo tiempo que ella, eso no lo podía hacer. Entonces, abre la reja y con un sórdido chirrido, la traspasa: hace frío, llueve. La primera persona con la que tuvo contacto fue Marco. Ahora, el círculo se había cerrado.
Sonríe al constatar la evolución de cada uno de ellos con su influencia. Puede jactarse de haber influido en cada uno de ellos, de una manera diferente, incluida Regina. Pero para esta, eso ya no bastaba. Sin embargo, mirándolo bien, habían recorrido un gran camino juntas hasta compartir sus noches en una misma cama, castamente, es verdad, pero cuando se echa la vista atrás, a su llegada, nada hubiera presagiado todo esto.
Es tan difícil para Emma dejar esta casa sabiendo todo el esfuerzo que dejaba detrás.
Regina permanece todo el día cerrada en su habitación. En un primer momento, invadida por la cólera y la rabia, pero la calma de la casa ha dado paso a la tristeza y a la soledad. Esa soledad que ya la había abandonado hace ya unas semanas.
No puede negar el efecto que Emma ha tenido sobre ella, sobre la casa y sus habitantes. Y estos últimos días el cambio había sido mucho más significativo. Pero era demasiado para ella, demasiadas cosas que manejar para ella que no tenía la costumbre de compartir otra cosa que su soledad con sus empleados. Y Emma había sobrepasado los límites…ella no puede dar marcha atrás.
Entonces, encerrada en su habitación, se acuerda de esas últimas semanas en las que había redescubierto el mundo en compañía de una hermosa rubia. Pero ahora, todo ha acabado y ella solo debe preocuparse por ella misma. Y si no hubiera tenido tanto miedo de salir al exterior sola, habría partido a la búsqueda de Emma. Pero esta debe estar lejos ya y Regina se siente mal diciéndose que la joven podría encontrar una vida ahí fuera. Sí, sin duda…dentro de algunas semanas, Emma encontrará una vida normal, fuera de una casa en la que ella estaba prisionera. Finalmente, Regina le estaba haciendo un favor devolviéndole su libertad y Emma se lo agradecería.
Lógicamente, Emma aterriza en Newport. Después de haber caminado algunos kilómetros, se dignó a llamar a un taxi para que la recogiera fuera de la vista de la mansión.
Pero ella no estaba decidida a dejar el pueblo en seguida. No, algo se lo impedía, como si estuviera atada a ese pueblo, a Regina, por un hilo invisible. Cuando finalmente tiene libertad de movimientos, ¿tiene realmente ganas de marcharse?
Sus pensamientos regresan solo a Regina y a esa agitada pelea que habían tenido y su mejilla le dolía recordándole esa sangrante bofetada que recibió. ¿Había ido demasiado lejos? Sin embargo, todo lo que había dicho no era sino la pura verdad. Si Regina no era capaz de comprenderlo y de ver la verdad cara a cara, no era su culpa. Solo había hecho lo que era justo…Entonces, si es así, ¡por qué se siente tan mal? Sin duda, tiene que haber otra razón que haya hecho que Regina se sintiera tan aterrorizada…
Al ser incapaz de dejar el pueblo, Emma decide tomar una habitación en uno de los pequeños moteles. Gracias a la paga de estos cuatro meses de trabajo, puede permitirse quedarse algunos días en un motel.
Toma una habitación y apenas instalada, se deja caer en la cama, mirando fijamente el techo. Desde que cierra los ojos, el rostro de Regina se le aparece. Escucha algunas campanas afuera, eso la empuja a levantarse y echar una ojeada: el pueblo. Emma se da cuenta de que se había pasado una eternidad encerrada en la casa, lejos de la gente, lejos del mundo. ¿Cómo puede Regina soportar eso? Y arrastrada por unas irreprimibles ganas de salir, agarra su chaqueta y sale. Una vez fuera, respira a pleno pulmón como si acabase de salir de una aguda crisis de claustrofobia. Vagabundea por la calles, algunas miradas se vuelven hacia ella. Este pequeño pueblo es del tipo de pueblo en el que, si eres nuevo, la gente lo percibe en seguida y te lo hacen sentir. Y aunque ella no es realmente una recién llegada, al haber aterrizado hace cuatro meses, puede sentir las miradas a veces insistentes de la gente preguntándose quién es ella. Pero a veces, se cruzaba con miradas acogedoras como cuando llega a la floristería.
«¿Miss Swan?»
«Oh…¡Señor French! ¿Cómo está?»
«Bien, ¿y usted? ¿Está la señor la Mills con usted?»
«Oh, euh…no, hoy no»
«Bien, ¿a qué debo su visita? Es extraño verla en el pueblo»
«En efecto. Yo…solo pasaba por aquí. Paseaba. A decir verdad, hace un tiempo que estoy aquí, pero no conozco ni la mitad. ¿Tenéis algún pub que esté bien o algún pequeño restaurante?»
«Oh, está el pub que hay a la entrada del pueblo y…»
«Ya, ese ya lo he probado. ¿Algún otro?»
«Hm, el que está en el puerto está bien»
«¿En el puerto? Ok, gracias
«¡Miss Swan!»
«¿Sí?»
«¿Usted…podría llevarle esto a Belle?» El florista saca un pequeño paquete de detrás del mostrador y lo pone encima. Emma gesticula y duda si cogerlo antes de ver la mirada llena de esperanza del hombre. Ella esboza una pequeña sonrisa antes de cogerlo.
«¿Por qué no se lo lleva usted mismo?»
«Yo…No, es aún demasiado pronto. Le agradezco a la señora Mills que me haya dejado verla, pero…necesitaremos mucho más para reconstruir la relación»
«¿Y si comenzara por este regalo?»
«No, yo…de verdad. Hágalo por mí»
«Muy bien, pero debería llamarla, seguramente ella solo espera eso»
«También ella podría hacerlo. Un hijo que quiere saber de su padre»
«O bien un padre que se preocupa por su hija» dice ella con una gran sonrisa «Le dejo, voy a probar ese famoso pub»
Se saludan con una inclinación de cabeza y la joven sale de la tienda. Se dirige hacia el puerto, guiada por el olor a yodo que emanaba. No fue difícil encontrar el susodicho pub: en el puerto, solo hay ese pub y algunos almacenes. Avanza con paso seguro hacia el bar y entra con aplomo. En el interior, pocas personas, para alivio suyo.
No está de humor para que la desaíren como fue el caso de hace algunas semanas.
Se instala en la barra y el camarero se acerca a ella «¿Nueva aquí?»
«De paso…»
«¿Qué le pongo?»
«Un whisky, sin hielo»
Algunos segundos más tardes, coloca delante de ella el vaso que contiene el líquido ambarino que ella se apresura a tragar de un golpe. Su garganta le quema, pero la sensación de no pensar en nada durante algunos segundos la incita a pedir un segundo, que también se traga rápidamente.
«Buenas tragaderas» dice divertido el camarero al ver cómo el cuarto vaso desaparece con la misma rapidez que los anteriores «Déjeme adivinar: ¿decepción amorosa?»
Emma suelta el vaso con ruido, comenzando su brazo a hacerse pesado «Tú lo has dicho…» murmura ella «Otro…»
«Debería parar»
«Tengo de sobra para pagarte, así que, ¡sírveme otro!»
«El alcohol no lo arregla todo, ¿sabe?»
«No sabía que tuviera un título en psicología además del bar» dice enfadada esperando el quinto vaso. El camarero hace una mueca, sabiendo que ese mal humor es uno de los primeros efectos del exceso de alcohol. Le sirve otro y al cabo de unos minutos, después una hora, Emma no ve caer la noche…
«Debería dejarlo ya» dice el camarero al ver que Emma se estaba quedando dormida en el asiento «Y no es el psicólogo el que habla, sino el hombre. ¿Tiene una habitación aquí? Le llamo un taxi»
«No, en fin sí…Yo puedo volver sola»
«Sí, y caminar a lo largo del puerto teniendo una posibilidad de dos de caer al agua…No, gracias, no quiero que sea la gran noticia de mañana. Deme sus llaves»
«No tengo coche…»murmura mirando desesperadamente el fondo su vaso
«Entonces, le llamo un taxi»
Y cuando el camarero se dispone a llamar, un hombre se coloca al lado de Emma «Déjelo, yo la llevo»
Emma levanta con dificultad la cabeza y cuando ve al imprudente que osaba inmiscuirse en su ronda, cree caerse del taburete.
«Perdone, pero…¿la conoce?» pregunta el camarero suspicaz, pensando que podía tener delante a un pervertido que quiere aprovechar de la joven mientras está borracha.
«Oh, créame, ella me conoce. ¿No es verdad Emma? » dice con una ligera sonrisa en los labios.
Emma esboza una mueca antes de dejar el vaso sobre el mostrador y girarse hacia él «¿Puedo saber qué carajo haces aquí…Neal?»
«El mundo es pequeño…»
«¡Venga ya! ¿Newport, de verdad?»
«Sabes que aún tengo contactos en el FBI…»
«Me pregunto cómo…»
«Baf, ¿sabes que se puede localizar a una persona por su móvil? Con el programa adecuado, puede fácilmente servir de GPS y localizar a la persona que lo utiliza»
«…»
«Es así como he sabido dónde estabas. Al principio, pensé que era un error. Vermont, pensé que te habían robado el móvil…Pero luego me dije que tú eras lo bastante chiflada como para hacerlo: partir lejos»
«¿Quién es el más chiflado de los dos, eh? ¿La que quiere encontrar un trabajo y vivir finalmente su vida como quiere…o aquel que no puede despegarse de su ex, olvidando que él la engañó, y que la persigue?»
«¡Yo no te engañé!» dice él
«Sí, solo bebisteis un trago… Sabemos lo que hubiera pasado si no os hubiera interrumpido»
«Estás loca»
«Y tú, tú estás demasiado cerca, ¡apártate!»
«Siempre tan encantadora, veo que el aire marino no te ha calmado»
«Cállate»
«Lo que yo decía. Y entonces, ¿has venido tan lejos para emborracharte»
«Lo que yo hago aquí no es de tu incumbencia. A decir verdad, ¡hace tiempo que nada es de tu incumbencia!» Se gira hacia el camarero «Llámeme un taxi»
«No seas estúpida, no va a gastar dinero si yo puedo acompañarte»
«No necesito tu ayuda, puedo perfectamente pagar un taxi»
«¿Y desde cuándo?» dice divertido, acordándose de que Emma no era una gran ahorradora y que se había marchado de Boston sin un penique en el bolsillo.
«¡Déjame en paz!» dice y con un gesto seco se quita la mano que Neal había apoyado en su antebrazo. El camarero comprende la situación y llama un taxi que llega al minuto, acostumbrado a los borrachos nocturnos incapaces de volver a casa por su propio pie.
«Su taxi ha llegado» anuncia el camarero
«Gracias. Y tú, vuelve por dónde has venido, no tienes nada que hacer aquí. ¡Ya no te necesito!»
«Viéndote en este estado, permíteme que lo dude»
«Suelta…» ruge Emma con gesto enfadado antes de salir del bar y subirse al taxi bajo la mirada impotente de Neal.
Él lanza una mirada al camarero, que lo mira de arriba abajo antes de marcharse a atender a otro cliente. Una mujer morena se sienta al lado de Neal «¿Es su novia?»
Neal se sobresalta ante la manera, tan masculina, de entablar la conversación «¿Quién es usted?»
La mujer sonríe «Soy la que puede darle respuestas a sus preguntas»
Inmediatamente interesado, se gira hacia ella «¿Con quién tengo el honor de hablar?»
«Anita…Anita Lucas»
