Hola! Siento muchísimo haber desparecido tanto tiempo, pero he estado muy ocupada. Aquí vengo con un nuevo capítulo, a ver que os parece, algunas cosas de él han salido solas, conforme la marcha, otras ya estaban pensadas desde hace tiempo, al final ha quedado esto.

Pero antes que nada, quiero dedicar este capítulo a sistercullen, por su apoyo y a todas las nuevas lectoras.

Ahora, un beso a todas!

Capitulo 14 Peleas, reencuentros y sorpresas

La boda de Isabella Swan y Edward Cullen fue un acontecimiento inolvidable no solo para los novios.

Cuando el cura pronunció eso de "hable ahora o calle para siempre", Bella, por primera vez en su vida y sin saber por qué rezó. Y lo hizo para que en esa iglesia no se escuchase nada, ni el silbido de un pájaro, ni una corriente de aire entrometida dispuesta a contemplar aquella ceremonia. Sus rezos dieron su fruto, reinó el silencio.

Edward, mas que rezar, rogó e imploró porque ella dijera sí, solo necesitaba un sí, cerró los ojos, apretó los puños y contuvo la respiración, se relajó cuando escuchó el consentimiento firme y seguro de ella, no hubo titubeos, no hubo dudas, fue un sí claro y alto. Sin embargo su sí estuvo cargado de pasión, de sueños, de emociones, de amor, de esperanza. Edward Cullen estaba esperanzado el día de su boda y ese hecho le pareció la sensación mas extraña de su vida, más que el profundo amor recién descubierto. De pronto la idea de estar casado con esa mujer se le antojaba el mejor plan de vida que pudiera encontrar. Ella era su esperanza de ser feliz. Le acarició la mejilla tiernamente y la besó de la manera más dulce y delicada que pueda haber, como si ella fuese un finísimo cristal que se pudiese quebrar en cualquier momento. La novia suspiró en los labios de su novio y llevó a sus manos a su nuca, hundió los dedos en ese pelo desordenado que era su perdición y contestó al romántico beso de su ya marido. Cuando se separaron ambos sonreían.

Edward contuvo un "te amo" en sus labios. No lo dijo, ella no estaba prepara aún para escuchar la magnitud y profundidad de sus sentimientos. ¿Cómo decirle a ella que le había entregado su corazón y que tenía la certeza indiscutible de que jamás en su vida podría volver a amar a nadie con la misma intensidad que a ella?

- Pequeña, eres la novia mas hermosa que haya visto jamás.- Los ojos de ella brillaban, sus mejillas estaban sonrojadas y sonreía, Bella parecía realmente feliz en ese momento y estaba con él. Sí, definitivamente el día de su boda era un día cargado de esperanza.

Los novios bailaban un precioso vals en el centro de la pista del salón de baile de Cartron Point, parecía que sonreían y bromeaban entre sí. Rosalie sintió una punzada mas que saludable de celos. Ella anhelaba esto y lo había perdido porque no era capaz de amar a otro hombre que no fuera el alocado e irresponsable Emmet Cullen. Horas antes de la boda se había visto con Royce y había roto con él, quien había tratado de convencerla para que rectificara su decisión. Royce le ofrecía estabilidad, una boda en una bonita iglesia acompañados de toda su familia y amigos, una casita con un jardín para cuidar y niños. Pero Royce era celoso y posesivo, era un hombre machista que además vivía de las apariencias, no podía traicionar de esa manera a su corazón que estaba ya agrietado tras el fracaso con Emmet.

- Rosalie

- ¿Royce? ¿Qué haces aquí?- Allí estaba ese hombre al que horas antes había rechazado. Su rostro parecía querer mostrar angustia, cariño, pero ese era un hombre de doble filo, sus ojos se veían desafiantes.

- Quisiera… quisiera que habláramos, por favor.

- Yo… no creo que… quiero decir… ya hablamos ¿no?- Rosalie se puso nerviosa al darse cuenta que se encontraban prácticamente a solas, pues estaban fuera en el jardín, la mayoría de los invitados contemplaba el vals de los novios, otros ya se habían unido al baile. La mirada de Royce se tornaba cada vez mas amenazante.

- Tú hablaste, yo no dije nada, preciosura.- Royce agarró a Rosalie de la cintura y la acercó a él apretándola fuerte. Rose hizo una mueca de dolor, pero él la ignoró.- Realmente he invertido mucho en ti. He sacrificado mi tiempo contigo, ¿pensabas que podías dejarme así sin más? Rose, Rose… eres mía, me convienes y yo te convengo a ti. Ahora les anunciaremos a todos tus amiguitos nuestro noviazgo. Se ven buenas personas, una pena que vayas a tener que dejar de verlos, creo que lo único que quieren es separarnos y eso no lo puedo permitir.

- ¿Pero de qué hablas? Hemos roto, no vamos a anunciar nada y yo no soy tuya, ¡no soy de nadie! Márchate, esto es una boda y tú no estás invitado.

- No lo entiendes. Tengo muchos planes para nosotros y tu estúpido capricho por ese nene no va a echarlos todos a perder. Ven aquí hermosa, esos labios son solo míos, pobre de ti si los toca otro.

Royce apretó con su agarre a Rosalie clavándole sus dedos en la cintura y en ese momento ella se dio cuenta realmente de donde se había metido al aceptar su primera cita con él. Era un hombre violento y peligroso y ella había sido una idiota por creer ver lo que no era, pero Rosalie Hale no era una mujer miedosa ni que se dejaba amenazar. Si ese hombre pensaba que podía asustarla y hacer con ella lo que quisiera iba listo. Alzó su rodilla y la hincó con toda la fuerza que encontró en su entrepierna. La cara de Royce pasó de arrogancia a dolor, musitó un quejido y después se puso verde, tras eso Rose le clavó su perfecto tacón de aguja en uno de sus pies y supo de había traspasado los zapatos de piel de King.

- Nadie me amenaza y sale indemne.

- Eres una maldita zorra.- Royce miró a Rosalie con todo el odio que encontró en su interior y ella supo que esto no se acababa ahí. Royce se iba a convertir en un problema para ella, en un grave y peligroso problema. Y en ese momento sintió miedo.

- Nadie le dice eso a mi rubia y se va de rositas, King. Creo que la dama te ha dicho que te vayas, ¿qué haces todavía aquí? ¿No conoces la salida? Pues estamos de suerte, yo sí y tengo verdaderas ganas de acompañarte.

La furia de Emmet se dejaba ver en cada poro de su piel, sus ojos ardían con puro fuego y odio. Rose por primera vez no fue capaz de decir nada. Él lo había presenciado todo y ahora además de estar asustada se sentía patética por haber caído en las garras de alguien como King. Emmet agarró a Royce por los hombros y lo sacó de la casa, cuando volvió traía una sonrisa en la cara y no había rastro de King por ningún lugar. Sin embargo su sonrisa con hoyuelos desapareció en cuanto vio a Rosalie clavada en el mismo lugar en el que la dejó y blanca como la nieve. La chica rubia vio que Emmet pasaba por su lado y salía al jardín dirigiéndose a un lugar donde no había nadie.

- Emmet yo…

- No, Rose, no. No digas nada ¿quieres?- Rosalie contuvo un sollozo. Él había estado semanas llamándola, intentando hablar con ella, enviándole flores, notas y cartas de amor y ella lo había ignorado. Sabía que él había estado pasándolo mal y ella se había dedicado a jugar a la parejita feliz con Royce hasta que se había visto en peligro, entonces él había corrido a ayudarla. Y ahora estaba enfadado con ella y decepcionado, podía verlo en los ojos castaños de él. Nunca más volvería a sentir nada por ella y si era verdad que la había amado ella se había encargado de acabar con ese amor y todo por su estupidez. Emmet caminaba de un lado a otro y apretaba los puños con fuerza- ¡Dios! Llevo días, no, llevo semanas intentando convencerte de lo que siento por ti y ¿me cambias por ese? ¿Te has enamorado de él acaso? ¿Has cambiado tanto como para poder sentir algo por un animal como ese?

- No… Emmet lo siento, yo solo…

- No lo amas entonces.- Afirmó Emmet y Rosalie, llorosa, negó rápidamente, entonces Emmet sonrió y su corazón comenzó a latir de nuevo.- Eso está mejor rubia porque he tenido de partirle la nariz a ese desgraciado y creo que un par de costillas también… y posiblemente tenga alguna fractura en un pie, pero eso no fue culpa mía se cayó en los últimos escalones de la entrada, tiene un pésimo aguante en una pelea, tengo que decirte. Es un mequetrefe que no vale nada.

- Lo se. – Rosalie suspiró, Emmet seguía caminando de un sitio a otro pero podía notar que ya no estaba tan enfadado como antes ni decepcionado, ¿sería verdad que para él fuese tan importante que ella no amase a otro? Rose sonrió para sí misma, ¿como siquiera había pensado, tanto él como ella, que podría amar a un hombre como Royce o a otro cualquiera, sobre todo después de haber estado en los brazos de alguien como Emmet?, era tan absurdo…

- No te rías rubia, que no tiene ninguna gracia. Si ese tipo te toca otra vez lo voy a matar, claro si no lo matas tú antes con algún tacón de aguja de esos tuyos. Te defiendes muy bien, tengo que admitirlo, eso si.

Emmet se paró enfrente de Rosalie y la miró detenidamente. Estaba realmente hermosa esa noche y ella tenía que sentir algo por él todavía, lo que ellos habían tenido no podía haberse acabado así tan de repente. No sabía cómo pero debía hacer que su rubia estuviese a su lado de nuevo. Miró sus labios, tan suaves y sexys, siempre le habían parecido los labios más tentadores del mundo y mira que había besado labios a lo largo de su vida, pero ningunos como los de Rosalie Hale. Se acercó mas a ella y acarició la cintura rodeándosela, en un gesto le dio a entender que quería que se acercara, ella lo comprendió y dio un paso más hacia él. Estaba a un centímetro de distancia cuando Emmet con su otra mano acarició la mejilla de Rose y después su rubio cabello y la besó como solo él lo hacía, con sus besos apasionados y juguetones, pero esta vez había algo diferente y Rose lo notó en seguida. La besaba con amor, ese hombre la amaba tanto como ella a él. Se había comportado como una necia todas esas semanas y lo había hecho sufrir por su desconfianza e inseguridad. No lo había creído. Pero ahora sí y haría lo que hiciera falta por remediar su error. Comenzó por responder al beso. Pasó las manos por el pecho de Emmet y las puso en sus hombros anchos y varoniles, cuando se separaron les faltaba el aire.

- Yo también te amo.- confesó Rose con un hilo de voz, pero con seguridad.

- ¿Entonces me crees? ¿Crees que te amo con todo mi corazón?

- Si cariño, te creo y siempre lo voy a hacer. Yo… lo siento tanto… he sido una tonta, yo… tenía que haberte escuchado mas, tenía que haberte dado una oportunidad mas.

- Shhh no pasa nada rubia, vamos a estar juntos siempre verdad.- Rose le sonrío y volvió a besarlo con todas las ganas que había reprimido esas semanas, cuando finalizó el beso los ojos de Emmet brillaban con deseo y picardía.- eso sí rubia, nada de niños mimados y psicópatas para darme celos ¿eh? ¿Sabes lo mal que lo he pasado todas estas semanas?

- ¡Joder Emmet! ¿Qué querías que hiciera? ¡Te revolcabas con todas las que te daba la gana! Te lo merecías por mujeriego y engreído, ¡y no te rías!- Su Rosalie había vuelto y a él le gustaba así, enérgica, con genio y retadora, así era su rubia.

- Cariño, ellas ya no existen, en mi mundo solo estás tú y asi va a ser siempre.

- Mas te vale, porque si no mis tacones de aguja van a salir al ataque de nuevo.

- Dios me libre querida, esos tacones son mortales. Anda ven, ¿quieres bailar conmigo? Esos novios no tienen ni idea de lo que es bailar.

Los ojos de Bella se iluminaron y le sonrió feliz a Edward cuando vio a Emmet y Rosalie entrar juntos y del brazo al salón de baile. Estaba segura que una vez arreglaran todos sus problemas y aclararan sus dudas iban a ser felices para siempre. Emmet había aprendido la lección, se había visto sin ella justo cuando había descubierto cuan enamorado estaba. No, Emmet no la dejaría marchar ahora que la tenía y lo mejor todavía, a él le gustaba Rose tal y como era, no intentaría cambiarla ni la obligaría a dejar de hacer lo que más le gustaba.

- Parece que ellos por fin han hablado. Me alegra que vuelvan a estar juntos.

- Sí, he de admitir que Emmet deprimido es desesperante.- Edward le sonrió. Bella pasó la vista por el salón. Allí estaban todos los amigos y familiares de los Cullen y los Swan, incluso la tia abuela Marie estaba allí, tan vieja y chocha como siempre, pues desde que Bella recordase Marie había sido vieja, arrugada y regañona. Reparó en Tanya Delani, la hermosa amiga rubia de Edward. Tenía que admitir que era una de las mujeres mas bellas que jamás hubiese visto, jamás podría competir contra ella, pues ¿qué hombre en su sano juicio se resistiría a semejante belleza? Recordó cuando Edward se la presentó a la salida de la Iglesia, se había quedado con la boca abierta nada mas verla.

- Pequeña déjame presentarte a Tanya Denali, ella es mi mejor amiga. Tanya ella es Bella Cullen, mi esposa.- Bella se estremeció al escuchar como la había llamado Edward. Era la primera vez que alguien la llamaba por su nuevo apellido, Bella Cullen, le resultó extraño, pero no mas que la forma en la que había dicho mi esposa.

- Es un placer Bella Cullen.- Tanya le sonrió amigablemente.- Umm… me gusta como suena. Edward me ha hablado mucho de ti y me moría de ganas de conocerte.

- Sí, Edward también me ha hablado de ti.- No podía decir que fuese un placer porque no lo era, para nada resultaba placentero saber que Edward en Londres estaba rodeado constantemente de mujeres tan exuberantes y hermosas como Tanya, quien seguramente era o había sido algo mas que su amiga, encima tenía el descaro de presentársela el condenado.

- Ha saber lo que este te ha contado de mi. Bueno, Bella, se que os venís a Londres, quiero que sepas que cuentas conmigo para lo que te haga falta, ¿eh?

Bella frustrada y enfadada, además de celosa, aunque nunca jamás lo reconocería, solo había podido sonreírle y agradecerle por su ofrecimiento de ayuda. La verdad es que Tanya le había parecido una buena persona, no la arpía creída que se había formado en su mente. Bella sonrió, Tanya también parecía una chica divertida, su sonrisa desapareció cuando se dio cuenta de que les caería genial a sus amigas, no podría despedazarla delante de ellas. La rubia de pelo largo y lacio coqueteaba de una forma mas que evidente con un musculoso chico moreno.

- Vaya, el acompañante de Tanya esta buenísimo.

- ¿Qué?- Edward la miró con la furia en sus ojos, Bella se puso colorada y titubeó un intento de Yo… bueno… es que… que no tenían sentido alguno.- ¡Por Dios que te acabas de casar conmigo! Contrólate un poco que todavía llevas hasta el vestido de novia puesto.

- No es lo que piensas, es que, míralos, parecen sacados del anuncio de un perfume en una revista de moda.

- Buah, ese no es para Tanya, ya veras, le va a durar dos días.

- ¿Estas celoso?- Bella lo miró y alzó una ceja desafiante que decía que ella estaba mas que dispuesta a pelear con él, pero Edward ese día tenía muchas cosas en mente con Bella, aunque ninguna de ellas era discutir.

- Ciertamente sí, estoy celoso de que mi esposa mire a otros el día de nuestra boda.- Bella le sonrió y le besó, pasó disimuladamente su lengua por el labio inferior de Edward. Él sonrió y le atrapó el labio inferior disimuladamente. A lo que ella respondió agarrándolo de la nuca y apretándolo mas contra sí para poder besarlo mejo. Un carraspeo los hizo separarse.

- Gatita, contrólate ¿eh? No violes a este hombre en medio de un salón lleno de gente, no quedaría muy bien visto.

- Jacob, no seas estúpido.

Jacob se había acercado con Kate a la pareja para charlar un rato con ellos, casi no habían podido hablar con su amiga en todo el día y además querían asegurarse de que no se había casado con un psicópata, un maltratador de mujeres o un asesino en serie. En opinión de Jacob Black, Edward Cullen era un creído y un arrogante, pero en definitiva, no le parecía mala persona, además que sabía el genio que podía llegar a tener su amiga y a ella le hacía falta un hombre fuerte, con carácter para poder lidiar con ella las veces que fuesen necesarias. Para Kate, sencillamente era encantador y pensaba que su amiga no podría haber encontrado mejor pareja que él.

En ese momento Tanya se acercó a los cuatro con su acompañante, esta venía sonriendo con picardía tras escuchar los comentarios escandalosos y obscenos de su moreno.

- Edward, Bella, quiero presentaros a Carlos. Carlos, ellos son Edward y Bella Cullen, como ves, los novios. Carlos es de España, pero viaja a Londres con bastante frecuencia por su trabajo.

- Es un placer. Espero te estés divirtiendo.- Bella se mostró cortés con Carlos. Tenía que reconocer que era el estereotipo de español perfecto. Alto, moreno, fuerte y de ojos oscuros. Una tentación. Aunque no para ella, su tentación estaba a su lado y ya complicaba lo suficiente su vida como para buscarse otra.- Ellos son Jacob Black y Kate Denali, unos grandes amigos míos.

- ¿Denali has dicho? ¿Kate Denali?-Tanya sonaba incrédula. Se giró para mirar de frente a Kate, la amiga de Bella. Delgada, rubia, su labio superior formaba un bonito corazón, sus ojos eran tan azules como el cielo en un día despejado, así como habían sido desde el primer día, desde que su madre le permitiera acunarla y la contemplara con plenitud por primera vez.- ¡Oh Dios mío! ¿Katy?

-¿Qué…?- ¿Esa mujer estaba loca? ¿Qué le pasaba? Parecía que le iba a dar un ataque. Kate repasó mentalmente en un segundo si había algún médico en la boda, le parecía que sí. Uno de los hijos de Elisabeth, la hermana de lady Esme era cirujano, un cirujano sería suficiente, ¿verdad? No quería presenciar un ataque al corazón, ella era demasiado joven y bonita para morir. Joven y bonita, a decir verdad era tan rubia como ella y sus ojos eran tan azules como los de ella, pero era mas alta, sí, y mas delgada también, una talla mas delgada y unos cinco años mayor…

- ¡Madre mía!- Fue Bella la que gritó ahora y todos se volvieron a mirarla. Edward la agarró por la cintura preocupado por ella. ¿Se había visto tan sobrepasada con todo esto de la boda que se iba a desmayar?- ¡Tú eres Tanya Denali!- ¿A qué venía eso? Pero si ya se la había presentado en la iglesia. No por favor, que no le montara una escena de celos porque entonces le iba a tener que gritar que solo la amaba a ella y entonces iba a salir huyendo en la moto de Jacob.

Edward, Jacob y Carlos abrieron unos ojos como platos cuando vieron que Tanya y Kate se abrazaban con efusividad y lloraban a moco tendido, Bella también lloraba y llamaba a sus amigas quienes acudían presurosas a ella. Bella entre lágrimas les decía "la ha encontrado, la ha encontrado" y al instante se ponían a llorar como ella ¿Se habían vuelto locas todas las mujeres de esa boda? Al ver la escena Renné, Esme, Elizabeth y Alice se habían acercado a ver qué pasaba pero ellas reaccionaron igual que las demás, se pusieron a llorar y a abrazar a Tanya y Kate.

- ¿Voy a por un loquero, Cullen?

- Creo que sí Black, ¿qué les pasa?

- Se les ha ido la cabeza.- Ahora era Emmet el que hablaba que se había acercado junto con Jasper.

- Sois de esos hombres que no entienden a las mujeres, ¿es cosa de familia? Menos mal que no afecta a las mujeres Cullen, pues Alice entiende perfectamente al sexo opuesto.

- ¿Le partes tú la cara o se la parto yo, Emmet?

- Tú, yo ya me he peleado esta noche.

- No os enteráis de nada. Está claro, Tanya y Kate son hermanas y acaban de reencontrarse después de años de búsqueda.

Sin duda la boda de Edward Cullen e Isabella Swan se había convertido en el día mas feliz de Kate y Tanya. Se habían reencontrado, ya no estaban solas en el mundo. Habían tenido una vida difícil, alejadas de su familia pero ahora tenían todo el tiempo del mundo para conocerse y ser las hermanas que siempre debieron ser. Tanya olvidó de repente a su guapo acompañante español y Kate sus ganas de enterarse de toda la historia real de los novios y usarla para la novela que preparaba. Se sentaron y comenzaron a hablar, conversaron durante horas, se contaron todo lo que habían hecho en los últimos veinte años de sus vidas, cuánto se habían buscado, cuánto habían investigado y lo felices que se sentían al saber que se habían encontrado.

- Pídeselo Ángela. Si él no lo ha hecho no es porque no quiera sino porque le da miedo que tú tengas dudas.

- ¿Como tú te has casado quieres que todas nos casemos no?

Las chicas chismorreaban en los baños. Ángela ansiaba tener un anillo en el dedo como el que Alice llevaba, quería que Ben le pidiera matrimonio, llevaban años juntos y ya era hora de dar un paso más en su relación. Él era su hombre, siempre lo iba a ser, nunca habría otro.

- Bella habla en serio Ang, lánzate, ponte un camisón sexy, sedúcelo y cuando esté en ese estado en el que no le importa nada con tal de meterla le dices que quieres casarte.- Todas estallaron en carcajadas ante las palabras de Jessica. Y siguieron con sus cotilleos y consejos hacia Bella y su noche de bodas que iban desde que podía encadenar a su marido a los postes de la cama, idea de Jess, por supuesto, hasta seducirlo con un romántico baño en un jacuzzi. Alice decía que prefería no imaginarse a su hermano de ninguna de esas maneras, por su salud mental, mas que nada. Tanya y Kate les decían lo alucinadas que aún estaban de haberse reencontrado y lo felices que se sentían.

- Solo falta un test de embarazo para que esto se parezca a aquel capítulo de Friends en el que Mónica y Chandler se casan. Y yo no tengo ninguno, ¿vosotras?- Rosalie las miró una a una con diversión hasta que llegó a la pequeña de los Cullen, quien por primera vez se había quedado muda.

- Yo… bueno… yo tengo uno… aquí… es decir, en mi bolso, por si alguna cree que está embarazada, vamos, pero que como no, no hay que… no hay que sacarlo.

- ¿Llevas un test de embarazo por si acaso Alice?- Rosalie se puso delante de ella en jarras.- Sácalo ahora mismo y ve a mear pequeña duende.

En menos de un segundo todas estaban registrando el bolso de Alice, leyendo las instrucciones de un test de embarazo y metiendo a la chica en el baño para que se realizara el test. En los siguientes cinco minutos ninguna dijo nada, solo veían cómo Alice caminaba de un lado a otro y se retorcía las manos. Una rayita apareció en el test y el rostro de Alice se desilusionó, pero en seguida apareció una segunda rayita y el rostro de Alice se iluminó.

- ¡Voy a ser mamá!

- ¿Estas cansada pequeña? Ha sido un día largo.

Bella iba recostada en el hombro de su marido y se dirigían a no sabía qué lugar, pero suponía que pasarían la noche en la suite de algún bonito hotel de la ciudad, en dos días partirían hacia Londres, al siguiente día cenarían con la familia para despedirse de ellos, esa noche no lo habían hecho, es mas, Edward ni le había dado tiempo para que se cambiara de ropa. Allí iba ella, con su marido, recorriendo las calles de Edimburgo en una linda limusina y aún con su traje de novia.

- Y lleno de emociones, la reconciliación de Emmet y Rose, el reencuentro de Tanya y Kate, el embarazo de Alice… vas a ser tio, Cullen.

- Y tú vas a ser tía, no olvides que eres mi esposa, también eres Cullen.- Edward le estaba acariciando el cabello suavemente y ella se dejaba relajar, era raro, nunca antes se había sentido tan bien ni tan relajada con Edward, bueno, solo la noche que lo conoció, al principio, después todo se complicó por una estupidez que ahora veía como un mentira. Edward Cullen no era un niñato para hacer esas cosas ni necesitaba hacer apuestas para ligar con una mujer. Había hablado con Rose de lo que había pasado esa noche y esta le había comentado que Tyler, tras unas cuantas copas, semanas después, le había comentado que Lauren había tenido la idea de jugarle una mala pasada a Bella y a él ese Cullen no le había caído bien desde el primer día, solo era un juego, pero bueno al fin y al cabo no llegó a nada pues se iban a casar. ¿Sería verdad? ¿Sería ese Edward que conoció aquella noche el Edward real? Ojalá…- Me dejé engañar, ¿sabes?

- ¿Qué?

- Aquella noche que nos conocimos, me dijeron que solo querías poner celoso a Mike, ahora se que es mentira, Rose me lo dijo. Creo que debería disculparme contigo.- Enterrar el hacha de guerra y cerrar ese estúpido asunto sería un buen principio en opinión de Edward, ahí comenzaría su plan de conquista, ella tenía que enamorarse de él, tenía que intentarlo.

- Bueno, yo también creo que me dejé engañar, por lo visto era mentira eso de la apuesta de que te tenías que acostar con una de nosotras, así que supongo que también podría disculparme contigo.

- Olvidemos esa tontería preciosa.- le susurró Edward al oído, en respuesta Bella sonrió y se acurrucó mas contra él. Ella estaba tranquila, estaba confiada, con un poco de suerte se tomaría bien lo que venía a continuación.- Bueno llegamos.

Bella se enderezó, se frotó un poquito los ojos para desperezarse y salió de la limusina cuando Edward le tendió la mano para ayudarla a salir.

- Estamos en el puerto.- Y frente a ellos se encontraba un fantástico velero, la pasarela para acceder a él estaba tendida y las luces del barco lucían encendidas.

- Sí, así es pequeña, nos vamos a Londres.- Edward mostró su sonrisa torcida y la cogió de la mano para conducirla al interior del velero.

- Pero… nos vamos en dos días, ¿qué vamos a hacer en un barco?- La cara de Bella ahora reflejaba pánico, odiaba los barcos, se mareaba en ellos.

- Es nuestra noche de bodas esposa mía y pienso hacerte el amor mientras navegamos hacia Londres.

- ¡No podemos ir a Londres en barco!- Ahora la voz de Bella era un chillido que hizo reír a Edward.- Yo… ¡Yo me voy en coche! ¡No pienso subir a eso!

- ¿En qué coche vas a ir? La limusina se acaba de marchar- Bella se giró y comprobó que así había sido, ella no se había dado cuenta. Así que estaba sola en el puerto de Edimburgo con un hombre con el que se acababa de casar y que pensaba meterla en un barco y navegar, ¡los barcos se movían demasiado!- Todo tu equipaje está en la Rosa, que es este precioso velero que ves aquí frente a nosotros.- Edward le señaló con orgullo el hermoso barco.- Vamos a ir a Londres navegando.

- No puedes hacerme esto Cullen, sabes que odio los barco, me voy a poner enferma. ¡No puedes obligarme!

Bella había retrocedido unos pasos totalmente asustada. "¿Ah no?" había contestado Edward socarrón para pasar a cogerla y cargarla como un saco de patatas echándosela al hombro. Con una fuerte carcajada entró con ella a la Rosa.

- ¿Quién hizo que destrozaran mi Volvo? Preciosa, lo siento pero me debes una. ¡Chicos, encended motores, nos vamos a Londres!- Gritó Edward a la tripulación aún con Bella sobre los hombros, lo que pensasen los demás le traía sin cuidado. Aún con ella sujeta bajó y la llevó al camarote del capitán, suavemente la depositó en la bonita cama de matrimonio.- Y ahora, pequeña, vamos a hacer el amor, me muero por quitarte este precioso vestido de novia y descubrir la fina lencería de encaje que llevas ahí debajo.