Este fanfic pertenece a Dioxa, quien hace aproximadamente un año desapareció de facebook y de fanfiction y con su cuenta, todos sus fics incluyendo éste. Hace una semanas una usuaria plagió y comenzó a publicar "Las sombras del imperio saiyajin", fanfiction del cual, éste es una secuela. A partir de que varios autores comenzamos a reportarla y desenmascararla, la muy descarada ha dicho que es un homenaje, siendo que se vio forzada a admitir que la historia no es suya, de no haber sido descubierta, jamás hubiera aclarado que la historia no le pertenece, de hecho en su perfil asegura que éste fanfic es de su autoría, mentira.
Subo esta historia con la única intención de desenmascarar y arruinar a esta usuaria que sólo busca atención del modo más bajo: plagiando. Y por otro lado, si tanta gente tiene tantas ganas de conocer este fic, que lo puedan leer dando el crédito a quién lo creó.
Espero no recibir reviews alabándome a mí puesto que por ésta historia no merezco mérito alguno, ya que yo no la escribí, si desean dar un comentario positivo por favor, que sea para Dioxa, la creadora de éste fanfic. Sé que no tengo permiso de Dioxa de subir su historia y en verdad, no es algo que habría hecho por respeto a ella, pero en verdad, no soporto el cinismo con el cual la plagiadora responde que no le importa el reclamo de la comunidad e insiste con que es un homenaje, sin embargo, todo esto lo responde hasta que varias personas comenzamos a revelar la verdad, que ella no es la autora de ésta obra. Una disculpa a Dioxa por publicar su trabajo sin poder preguntarle.
Por otro lado, si desean conocer mi trabajo reitero, soy "Odette Vilandra" así pueden encontrarme y encontrar mis historias.
Gracias.
Grisell Morgan,
Aka. Odette Vilandra.
SUMMARY ORIGINAL:
Secuela de Las sombras del imperio saiyajin. Han pasado diez años desde que Vegeta abandonara la Tierra, liberándola de los saiyajins, sólo para proteger a Bulma y a su hijo Trunks. ¿Como serán sus vidas actualmente?. ¿Volverán de nuevo a encontrarse?.
CAPITULO 14
Desafiando a un imperio
Justo cuando Vegeta cortó la comunicación con Nappa, apareció Bulma por la puerta del laboratorio. Con la respiración agitada debido al esfuerzo de subir las escaleras a toda prisa, se dirigió al príncipe y le dijo:
- ¿Se sabe algo nuevo?. – Preguntó sin rodeos.
El príncipe, inmediatamente, negó con la cabeza, aún a sabiendas de que su respuesta desarmaría de nuevo las esperanzas de la mujer.
Ella suspiró, totalmente apesadumbrada. Simplemente no podía entenderlo. Científicos de todo el universo estaban trabajando a diario, y no podía ser posible que, hasta ahora, no se hubiera descubierto nada nuevo. Volvió a dirigir su mirada hacia el príncipe, el cual se acababa de sentar de nuevo y pasaba una de sus manos por su barbilla, de forma repetida, en señal de preocupación.
- Entonces...¿para qué se ha puesto Nappa en contacto contigo?. – Volvió a cuestionar la mujer.
Vegeta, algo inquieto, se levantó de su asiento y comenzó a caminar por la estancia mientras decía:
- Para informarme de otros sucesos relacionados con mi planeta. – Repuso. - No olvides que soy el príncipe, y él debe consultarme antes de tomar cualquier decisión. – Añadió despues. Aún dudaba de si debía informar a Bulma de la situación. Estaba convencido de que si lo hacía, conseguiría aumentar las preocupaciones y la ansiedad de la mujer, y eso no era lo más conveniente en estos momentos, especialmente después de que su relación acabara de ser retomada de nuevo.
- Entiendo...- Contestó ella, no muy convencida de la explicación tan escueta que él le dio. Comenzó a girarse lentamente hacia la puerta, con la intención de salir de la estancia, mientras Vegeta la observaba detenidamente.
- Bulma...- Escuchó decir la mujer justo antes de atravesar el umbral de la puerta. - Esta tarde necesito usar tu laboratorio. Mi padre quiere hablar conmigo sobre un asunto...en privado. – Recalcó el príncipe.
- Claro...no hay problema. – Contestó ella con una leve y forzada sonrisa. Estaba casi convencida de que Vegeta la ocultaba algo, pero no quería presionarle. Además, ella siempre fue consciente de que el príncipe siempre había eludido comentarle detalles sobre aquellos asuntos relacionados con su reino, su padre, y temas políticos de Vegetasei. Sin embargo, el hecho de que el saiyajin hubiera nombrado al Rey, la hizo despertar su curiosidad.: - Vegeta...¿tu padre lo sabe?...quiero decir...¿sabe por qué estás aquí?. –
El príncipe la miró fijamente, y comenzó a caminar hasta su posición. Sonrió levemente y comenzó a acariciar el rostro femenino con suavidad mientras decía:
- Mujer...no debes preocuparte por nada. Pronto hallaremos un remedio para curar a nuestro hijo. – Pronunció, intentando que su tono de voz fuera lo más tranquilizador posible, y a la vez, tratando de eludir responder a la pregunta que ella había lanzado segundos atrás.
Nuevamente, Bulma no se quedó convencida. Pero de nada iba a servir continuar insistiendo, asi que, decidió conformarse con su respuesta, al menos de momento. Le sonrió confiada, y después de que él la correspondiese, acercaron sus rostros y se besaron.
Horas más tarde, Nappa caminaba por los pasillos de palacio transportando entre sus brazos el dispositivo de comunicación portátil creado por Bulma, y que serviría para que el Rey y Vegeta pudieran establecer contacto. Su nerviosismo aumentaba a medida que iba acercándose hacia los aposentos del monarca. Estaba convencido de que nada bueno saldría de esa conversación entre padre e hijo, porque conociendo a Vegeta, estaba seguro de que, esta vez, no iba a claudicar con las órdenes e imposiciones de su padre, y que, sin importar las consecuencias, seguiría adelante con sus planes. Y todo por culpa de esa hembra humana, esa mujer que parecía haberle lavado el cerebro y que le había complicado la vida desde aquél fatídico día en que la conoció. No podía evitar sentir recelo hacia ella, hacia la causante de que todos los años dedicados en educar al príncipe bajo las estrictas normas y costumbres saiyajins, no hubieran servido para hacerle entender que aquellos estúpidos sentimientos sólo le traerían problemas. Pero lo peor de
todo, es que él mismo se sentía responsable por haberle ayudado siempre que el príncipe le necesitó, incluso cuando tuvo la feliz idea de viajar hasta la Tierra para tratar de salvar la vida de ese niño híbrido, al que Vegeta reconocía como su heredero del mismo modo que a Junior. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo, por el simple hecho de pensar en cómo se tomaría el Rey esa noticia, si acaso llegaba a enterarse. Ante la posibilidad de que eso llegara a ocurrir, Vegeta le había dado instrucciones, en la última comunicación que tuvieron, sobre lo que debía hacer, pero aún asi, esperaba no tener que llegar hasta ese extremo.
Se detuvo justo a las puertas de la habitación del monarca, las cuales se encontraban custiodadas por dos de los mejores soldados pertenecientes a la Guardia Real. Tragó saliba, y sin pensarlo más, llamó a la puerta.
- ¡Adelante!. – Escuchó decir desde dentro. Tomó aire, y giró el pomo de la puerta hasta conseguir abrirla del todo. Se encontró de frente con la figura imponente del monarca, el cual permanecía situado en el centro de la estancia con la mirada fija y puesta en él. Anduvo unos pasos más, hasta adentrarse del todo en la habitación, y justo después, cerró la puerta tras de sí.
- Llegas con retraso, Nappa. Ya estaba decidido a ordenar tu búsqueda. – Dijo el Rey de forma autoritaria.
El enorme saiyajin tragó saliba de nuevo. La expresión fría y extremadamente seria del rostro del monarca, unida a aquella forma de dirigirse a él, le hacían evidenciar de forma clara, su monumental enfado y disconformidad hacia su persona. Y por una parte, era hasta comprensible. Suponía que se sentía defraudado, porque había sido él quien le había designado como tutor de Vegeta cuando éste era sólo un niño, y por ello, le consideraba parte responsable de los continuos actos de desobediencia del propio príncipe.
Pensó que lo mejor sería no tratar de buscar una excusa para su retraso, el cual no tenía mucho fundamento puesto que no habían quedado a ninguna hora fija, aunque debió de haber imaginado que el Rey estaría impaciente, puesto que ese era un rasgo bastante significativo en su carácter.
- Majestad - Dijo, mientras se inclinaba levemente frente a él, en señal de respeto.
- ¿Y bien?. – Preguntó el Rey. Enseguida, dirigió su mirada hacia el objeto que portaba Nappa en sus manos. - ¿Ese es el artefacto con el que podré comunicarme con Vegeta?. –
- Sí, señor...- Contestó el enorme saiyajin, extendiendo levemente sus brazos para mostrárselo. – Si me lo permite...me pondré de inmediato a configurarlo para que dicha comunicación se realice lo antes posible. – Bastó simplemente un gesto de asentimiento del monarca, para que de inmediato se dirigiera hacia un lugar de la estancia donde apoyar el dispositivo y ponerlo en marcha...
El príncipe caminaba de un lado a otro de la estancia. Estaba seguro de que no faltaba mucho tiempo para que el indicador rojo, perteneciente al sistema de comunicaciones del laboratorio, comenzara a parpadear. Ya no había vuelta atrás. Desde el mismo instante en que decidió viajar hasta la Tierra, supo que, por mucho que él tratara de evitarlo, su padre acabaría por descubrir el engaño. Aún así, decidió arriesgarse, con una mínima esperanza de que, con un poco de suerte, la mejoría y posterior sanación de su hijo, se hubiera realizado en unos pocos días, dándole el tiempo suficiente como para regresar de su viaje sin despertar sospechas.
En fin...nada de eso había sido posible, y ahora...tenía que aceptar las consecuencias.
Durante unas horas, había tenido tiempo de meditarlo y había llegado a la conclusión de que tenía que actuar de forma inteligente y no dejarse llevar por su temperamento, aquél que siempre salía a relucir cuando discutía con su padre. Contestaría a sus preguntas de la forma más escueta posible, tratando de salvar detalles que únicamente terminarían por estropearlo todo aún más. De todas formas, y si la ocasión lo requería, estaba dispuesto a terminar con diez años de aquella fingida sumisión que el Rey aprovechó hasta el máximo.
Bulma se encontraba sentada en el escritorio situado en su habitación. Frente a ella, un pequeño transmisor, al que no quitaba ojo. Dirigió uno de sus dedos a su boca, y empezó a mordisquearlo de forma insistente, en señal de nerviosismo. - ¿Qué estoy haciendo?. – Se decía. – Esto no está bien. Escuchar conversaciones ajenas es algo deplorable. – Añadió regañándose a sí misma.
Horas atrás, cuando salió del laboratorio, tuvo un presentimiento. Había notado realmente preocupado a Vegeta, mucho más que las veces anteriores en las que Nappa se había puesto en contacto con él. La curiosidad la pudo más, y en un intervalo de tiempo en el que se quedó sola, instaló un pequeño dispositivo, creado por ella misma, en el sistema de comunicaciones y que le serviría para poder escuchar de forma remota la conversación que iba a producirse entre el Rey de Vegetasei y su hijo.
Sin embargo, ahora...comenzaba a arrepentirse. No tenía motivos para desconfiar de Vegeta, y menos ahora, que acababan de iniciar nuevamente su relación. Además, probablemente, la conversación giraría en torno a Vegetasei o a alguna de las misiones de conquista que los saiyajins acostumbraban a realizar, y no le apetecía escuchar detalles sobre algo así.
Pero...¿y si en vez de eso, hablaban de algo relacionado con Trunks?. Vegeta no había respondido a su pregunta sobre si el Rey sabía algo. Podía haberlo negado, y sin embargo, no lo hizo...
Un mar de dudas y contradicciones se cernían sobre la mente de la mujer de cabellos azules, batallando internamente con cada una de ellas para intentar decidir y elegir entre una opción u otra..
- La Tierra...debí imaginármelo...- Fueron las primeras palabras pronunciadas por el Rey Vegeta en cuanto la imagen de su hijo hizo su aparición en la pantalla que tenía frente a sí. Unas letras pequeñas en la parte inferior, mostraban el nombre del planeta con el que se había iniciado la comunicación.
El príncipe no dijo nada. Su expresión, seria y fría, no mostró ningún tipo de sorpresa al respecto. Durante unos segundos, ambos hombres se mantuvieron en silencio, como esperando que fuera el otro el que iniciara la conversación que, probablemente, cambiaría de forma definitiva su relación.
- ¿Y bien?... – Preguntó el monarca, impaciente. - ¿Qué tipo de explicación puedes darme a esta nueva falta de respeto hacia mi?. –
Vegeta tenía ya casi preparada su respuesta. Estaba dispuesto a que hoy se zanjaran todos los asuntos que tenía pendientes con su padre, y de paso, intentaría variar el rumbo de la conversación hacia otro sentido.
- Supongo que en cuanto a faltas de respeto se refiere, parece ser que ahora ya estamos en paz. – Contestó con toda la tranquilidad del mundo.
- ¿En paz?...¿A qué te refieres?. – Preguntó el monarca algo sorprendido.
- ¿Como llamas tú al hecho de que estés acostándote con mi esposa?. – Repuso el príncipe alzando brevemente el tono de voz.
Aquellas palabras fueron las primeras que escuchó Bulma justo en el momento en que decidió apretar el botón del transmisor. Su sorpresa fue mayúscula. Jamás podía haber imaginado algo semejante, y estaba segura de que Vegeta nunca se lo hubiera contado por voluntad propia. ¿Qué clase de padre le haría algo así a un hijo?. Empezó a pensar que, tal vez, ese era el motivo de la reunión entre padre e hijo, y comenzó a sentirse culpable por andar escuchando una conversación ajena sin permiso. Sin embargo, la curiosidad la hizo mantenerse a la espera, al menos hasta escuchar la respuesta del otro interlocutor.
- ¿Me tomas por estúpido?. – Replicó el Rey sin mostrar ningún tipo de sorpresa ante la idea de que su hijo estuviera al tanto de lo que existía entre él y su nuera. - ¿Crees que no se que lo que Suzann haga no te importa lo más mínimo?. Además, lo único que he hecho ha sido prestarle las atenciones que tú ni siquiera te molestas en darle, como esposa tuya que es. – Añadió después sin ningún miramiento. El Rey de Vegetasei jamás rendía cuentas a nadie sobre sus actos, ni siquiera ante su hijo.
- ¡Si tanto te gusta...puedes quedártela!. ¡No fui yo quien la eligió para mi! – Contestó Vegeta enojado y furioso. Tenía razón en que jamás le interesó nada de lo que Suzann hiciera o dejara de hacer, pero el sentirse engañado por su propio padre, era un hecho que su orgullo jamás le permitiría pasar por alto.
Enseguida, el Rey se dio cuenta de que el príncipe estaba intentando desviar la atención hacia otro rumbo distinto del inicial, cosa que de ningún modo estaba dispuesto a permitir.
- ¡Pero si que hiciste una promesa que claramente has roto!. – Replicó con furia. ¡Necesito una explicación y la quiero ahora!. – Añadió de forma contundente, dejando zanjado el tema de su devaneo con la esposa de su hijo, y retomando de nuevo las riendas.
- ¿Qué es lo que quieres saber?. – Preguntó Vegeta con tranquilidad. A estas alturas, ya estaba harto, cansado de tener que dar explicaciones de todo cuanto hacía. Durante todos estos años, había asumido cada orden que su padre le dictaba, más que nada por respeto hacia su condición de Rey. Sin embargo, los últimos acontecimientos, habían trastocado por completo su vida. Ahora, tenía que adoptar medidas y soluciones que, claramente, su padre jamás aprobaría, y llegados a este punto, las consecuencias ya no le importaban. Sus prioridades eran ahora Trunks y Bulma, y nada ni nadie se interpondría en sus planes.
La actitud del príncipe, estaba consiguiendo enfurecer cada vez más al Rey. No era la primera vez que discutía con su hijo, y salvo en un par de ocasiones, él siempre terminó por hacerse con el control de la situación, consiguiendo que su rebeldía remitiera y terminara por acatar todas y cada una de sus órdenes.
- ¿A qué viene esa estúpida pregunta?. – Dijo, completamente furioso. - ¡Quiero que me digas los motivos por los que me has mentido!. ¡Exijo saber el por qué de tu estancia en ese maldito planeta y por qué demonios has movilizado a todos los laboratorios del imperio sólo por un estúpido virus! – Gritó enojado.
- ¿Te has divertido espiándome?. – Preguntó Vegeta con ironía.
El monarca gruñó enfurecido nada más escucharle. Sin embargo, eludió contestar y volvió a insistir, esta vez, con mucha más furia.
- ¡Contesta! – Exclamó al borde de la ira.
Bulma, desde su posición, pegó un brinco y se sobresaltó asustada por la actitud y el tono de voz del Rey al pronunciar su última palabra. Realmente, Vegeta tenía a quien parecerse. Tanto padre como hijo, tenían un terrible y autoritario carácter.
De pronto, se hizo el silencio, y pensó que su transmisor estaba fallando. Se maldijo por ello, porque la conversación era más interesante de lo que había pensado y su curiosidad aún no se había satisfecho del todo. Justo cuando se disponía a golpear al aparato para ver si reaccionaba, una voz conocida se empezó a escuchar de nuevo con toda claridad:
- Está bien...- Repuso el príncipe con la misma tranquilidad anterior. – He hecho todo esto porque necesito encontrar un remedio para paliar la enfermedad que produce ese virus...- Terminó diciendo. Lo mejor era aclarar este asunto de una vez por todas.
El Rey, comenzó de pronto a sacar sus propias conclusiones. Desde que vio la palabra "Tierra" en el monitor, tuvo la certeza de que todo este asunto tenía mucha relación con lo que sucedió diez años atrás.
- Se trata de esa esclava humana...¿no es así?. – Preguntó sin esperar respuesta, puesto que estaba completamente seguro de ello. - Desde que me enteré que habías liberado la
Tierra, supe que ella aún vivía. Imaginé que hiciste todo aquello sólo por esa hembra. Quise castigarte por tu osadía, pero entonces, hiciste aquella promesa, y decidí darte una segunda oportunidad. Sin embargo...ahora la has roto...diez años después has faltado a tu palabra, Vegeta...- Contestó el monarca con aires de decepción y desprecio.
El príncipe no se mostró sorprendido. En un principio, pensó en que lo mejor sería que su padre pensara que la persona enferma fuera Bulma, y de este modo, propiciar que continuara el anonimato de su hijo Trunks. Sin embargo, su reanudada relación con la mujer le había hecho cambiar de opinión. La había perdido una vez, y no estaba dispuesto a que volviera a repetirse. Tenía planes de futuro, con ella, con Trunks y, por supuesto, con Junior. Y ellos eran su familia, su auténtica familia, con la que tenía una responsabilidad. No había cabida ya, ni para su padre ni para Suzann. El rey, porque jamás aceptaría a Trunks como heredero, y Suzann, por su traición y porque el único vínculo que le une con ella es el hecho de ser la madre de su hijo, nada más. Por todo ello, sabía que había llegado el momento de revelar toda la verdad.
- Tengo mis motivos. – Comenzó a decir. - Y es cierto...ella está viva. Pero no es su vida la que está en peligro, sino la de su hijo...nuestro hijo, la cual depende exclusivamente de que yo encuentre un remedio para ese virus que lo está matando. –
Los ojos del monarca se abrieron al máximo al escuchar las palabras del príncipe. Completamente atónito, se apresuró a contestar:
- ¿Un...híbrido?...¡Eso es imposible!. – Gritó. - ¡Nuestra raza jamás ha logrado mezclarse con otra!...¿Cómo es posible que seas tan estúpido como para creer algo así?.- Añadió furioso.
- ¡No me interesa si me crees o no!. – Contestó Vegeta. - Lo único que sé es que ese niño lleva mi sangre, sangre saiyajin corriendo por sus venas. ¡Y haré cualquier cosa, lo que sea, por salvarle!. – Exclamó a modo de advertencia, dejando bien claro que nada ni nadie iba a interponerse en su camino.
Mientras, Bulma continuaba escuchando atentamente toda la conversación. Podía vivir la tensión generada entre padre e hijo como si estuviera delante. Incluso ella misma se encontraba nerviosa, y también asustada, sobre todo porque justo después de las últimas palabras del príncipe, se produjo un silencio casi aterrador…unos segundos que le parecieron una eternidad, hasta que volvió a escuchar la grave, y esta vez más calmada voz del Rey de Vegetasei:
- Dudo mucho que ese engendro sea tu hijo, Vegeta. – Pronunció con una tranquilidad pasmosa el monarca.
- Piensa lo que quieras, no me interesa. – Repuso el príncipe. Siempre supo que su padre jamás aceptaría a Trunks como miembro de su raza, y mucho menos como parte de su familia.
- Está bien. – Añadió el Rey de repente. Se levantó de su asiento, y pausadamente, comenzó a caminar por la estancia acariciando su espesa barba, siendo minuciosamente observado por su hijo a través del monitor. De pronto, se detuvo. Fijó su vista en la pantalla y reanudó la conversación: - Supongamos que es cierto lo que dices y que ese...mocoso...sea tuyo...¿Has pensado cual puede ser la razón de esa extraña enfermedad que padece?. – Preguntó.
- ¿A qué te refieres?. – Exclamó Vegeta completamente sorprendido. No entendía a dónde quería llevar la conversación su padre.
El monarca marcó una leve sonrisa en su rostro. Meditar siempre se le había dado bastante bien debido a su prodigiosa inteligencia y astucia, la cual siempre fue mucho más efectiva que la fuerza bruta, sobre todo con alguien como su hijo, un hombre que lo heredó prácticamente todo de él. Ansioso por conocer la reacción de su vástago ante las conclusiones a las que había llegado, se apresuró a decir:
- ¿No es evidente lo que ocurre, Vegeta?. ¿Acaso nunca te has preguntado por qué nuestro pueblo mantiene su supremacía en todo el universo desde hace tantos años?. - Preguntó intentando hacer reflexionar a su hijo, el cual le miraba extrañado. Sin darle la opción, se contestó a sí mismo: - La razón es simple: Somos la única raza que mantiene su pureza de sangre, jamás se han mezclado nuestros genes con ninguna otra especie. Nuestro linaje ha permanecido intacto durante siglos, y por ello, hemos ido evolucionando mucho más rápido que otras razas. Somos genéticamente perfectos. El hecho de que ese híbrido, al que tú llamas "hijo", esté enfermo, no es más que una prueba de que nuestra sangre es completamente incorruptible, y un fiel reflejo de que la sabia naturaleza está tratando de mitigar su error. - Se detuvo un instante. Acercó más su rostro a la pantalla, y con una espantosa frialdad, exclamó alzando la voz: - Asúmelo, Vegeta: ¡Su destino es morir, por la sencilla razón de que jamás debió existir!. –
Vegeta no movía un solo músculo. Simplemente escuchaba una a una todas las palabras que su padre pronunciaba. Notaba como los latidos de su corazón se iban acelerando a cada segundo que transcurría.
- Por lo que sé... – Continuó el monarca. - Ese extraño virus es completamente desconocido y único en todo el universo...¿Acaso eso no constituye para ti una prueba de que mi razonamiento es completamente lógico?. – Preguntó esperando una respuesta que no llegó. Volvió a sonreir, observando la impasibilidad de su hijo. Estaba convencido de que estaba logrando hacerle reflexionar. Sin embargo, decidió dar el toque final a su discurso de la manera más fría y cruel que encontró: - Su final es inminente, Vegeta...y tanto tú, como su madre, os convertiréis irremediablemente en espectadores de su fatal destino...el cual le fue escrito nada más nacer...-
Las lágrimas descendían sin cesar por el rostro de Bulma. ¿Cómo alguien puede ser tan cruel y despiadado?. ¿Cómo era posible que ese monstruo fuera el abuelo de su pequeño y adorado hijo?. De pronto, todas sus esperanzas comenzaron a desvanecerse…Ese hombre no estaba en absoluto dispuesto a ayudarles, y siendo el Rey, y además conociendo la verdad, jamás permitiría que se utilizaran los recursos de su imperio para tratar de salvar la vida de Trunks. Además, el silencio de Vegeta la estaba aterrorizando, porque quizá eso significaba que estaba siendo convencido por las duras palabras de su propio padre. En realidad, ella nunca fue consciente de la capacidad de influencia que ejercía el Rey sobre su hijo. Nunca supo si sentía respeto, miedo hacia él o ambas cosas al mismo tiempo, dado que Vegeta siempre había eludido hablar con ella sobre ese asunto y muchos otros relacionados con su vida y sus funciones como príncipe.
De pronto, la ruda y grave voz del monarca interrumpió sus pensamientos:
- Sólo es cuestión de tiempo, y lo sabes, Vegeta. Deberías regresar cuanto antes a Vegetasei y olvidar todo lo acontecido. – Indicó, completamente convencido de que había logrado su propósito. - Nos veremos cuando aterrices. – Sentenció, levantándose de nuevo de su asiento, con ánimo de concluir la conversación y comenzando a girarse dando la espalda al monitor. Justo antes de que comenzara a caminar alejándose, alcanzó a escuchar:
- Solo regresaré cuando mi hijo esté a salvo...-
- ¿Cómo dices?. – Alzó la voz el Rey mientras se volvía rápidamente hacia la pantalla, sin todavía poder creerse lo que había oído.
El corazón de Bulma se aceleró instantáneamente al escuchar las palabras del padre de su hijo. ¡Al fin había reaccionado!. De pronto, se sintió estúpida por haber dudado un solo instante de él y de lo importante que era Trunks en su vida.
- Lo que has oído. – Añadió Vegeta con dureza. Su fría mirada y su pronunciado gesto de desprecio, logró enmudecer al Rey. - Ha sido un bonito discurso, padre...pero lamento discrepar contigo en varios aspectos. Como sabrás, no estoy acostumbrado a rendirme bajo ninguna circunstancia, y ésta no va a ser la excepción. – Concluyó con una espantosa convicción.
- ¡Cometes un grave error, y lo único que harás será perder tu maldito tiempo!...- Gritó enfurecido el monarca.
- Eso lo veremos. – Contestó el príncipe.
Con los ojos rojos llenos de ira, el Rey increpó:
- ¿Te atreves a desafiarme, Vegeta?. -
- Desafiaré a todo aquello que se interponga. – Ratificó el príncipe. - Salvaré la vida de mi hijo, cueste lo que cueste. -
- ¡Maldita sea, sabes que no puedo permitirlo! – Exclamó el monarca con rabia.
Vegeta, volvió a clavar su profunda mirada en su progenitor, y dijo sin alzar la voz:
- Lo sé…-
El silencio regresó de nuevo, siendo tán solo interrumpido por la agitada respiración del Rey de los saiyajins. Pasados unos segundos, acercó más su rostro a la pantalla, e intentando controlar sus nervios, añadió:
- Tu destino acaba de unirse al de tu hijo híbrido, Vegeta. Tendrás noticias mías. – Concluyó, a la vez que acercaba su mano al monitor, y un segundo más tarde, cortó la comunicación.
CONTINUARA….
-FIN-
Y pongo la palabra "Fin" porque es hasta aquí donde Dioxa dejó la historia y ya jamás continuó. Como he explicado anteriormente, borró todas sus cuentas y literal, desapareció, así que dudo mucho que ella algún día regrese a concluír la historia, no niego que me encantaría que lo hiciera.
A diferencia de quien intentó plagiar a Dioxa, yo no pretendo concluir su historia y nunca intentaría hacerlo. Si, tengo imaginación y sé redactar, pero en verdad, cada autor tenemos "algo" que nos hace únicos, y aunque un autor inspire a otro, la escencia siempre es distinta, y eso es lo que hace tan rico y maravilloso no sólo el mundo de fanfiction, sino la literatura en general.
Gracias por leer la historia y como dije, si tienes un comentario positivo no me lo dirijas a mí, sino a su autora, quien es la única persona que merece cualquier felicitación por esta historia.
Si te interesa conocer mi trabajo te invito a mi perfil de fanfiction "Odette Vilandra"
Canal de YouTube de fanfics: "Odette Vilandra fanfiction"
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En cada capítulo pongo estas notas y doy mis perfiles y redes por una sencilla razón: yo no me escondo detrás de un pseudónimo y doy la cara. No subí ésta historia en mi perfil de escritora porque no creí justo el yo ganar adeptos a costillas de Dioxa. Pongo mi perfil y redes sociales para quien le pueda interesar leer mi trabajo y por otro lado, lo que decimos los que denunciamos plagios: Haz algo de tu autoría. Como dije, soy alguien que da la cara y como tal, si quiero dejar en claro que yo también soy autora, no la mejor y no de la talla de Dioxa, pero a diferencia de las personas que pretenden ser reconocidas por robar las historias de otros autores, yo si tengo trabajo propio y trayectoria en fanfiction, además de lectores fieles que me he ganado con mi esfuerzo. No soy la mejor, pero puedo enorgullecerme de que así sea un mal fic, yo lo hice y no tuve qué plagiarlo a otro autor. Por lo anterior también es que decidí crear un perfil con el nombre de Dioxa únicamente para publicar éstas historias que son de ella, y al mismo tiempo como dije, dar la cara.
