Capítulo 13: De consecuencias inesperadas a operaciones de último recurso (II)

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"No…No es así, presidente… Con el Bea…Con Reino, podía decirse que fue…un suceso inimaginable lo que me ha llevado a él… Nunca de los jamases estuvo en mi consideración tener algo así con él…Pe-Pero cuando me di cuenta…él era el único que estaba a mi vista—el único de quien podía tomar ventaja para practicar el beso— A cada encuentro…nosotros solo nos acercábamos más…más…y esa cosa —la banana—, llamada atracción, llegó a ser un factor determinante para que cediera a una innegable curiosidad sobre…cómo funcionaría… ¡Lo de nosotros! ¡Claro!"

….

— Padre, los pecados que he cometido no podrán ser redimidos, para una persona…una persona impura como yo… Alguien como yo no tiene salvación.

— Hija, el Señor es misericordioso. Reconocer tus pecados y arrepentirte de hacerlos basta para que la gracia del Señor nos ilumine.

— Pe-Pero yo…yo mientras le mentía a mi superior…yo…yo solo pensé casualmente sobre…sobre el demonio… ¡el demonio bajo los pantalones!

El viejo sacerdote se escandalizaba por tales términos y con la punta de sus dos regordetes dedos hacia la señal de la cruz rápidamente.

— Uno de los siete pecados capitales —explicaba él—, es la lujuria… Hija, no debes dejar que el demonio te tiente, debes resistir a que domine tus pensamientos, sé perseverante y mantén siempre la fe. Sin importa qué, el Señor nos acompañará para eximirnos de nuestros pecados.

Con los ojos llorosos, Kyoko asintió, mientras se pasaba un pañuelo bajo los parpados. Cinco minutos después, tras confesiones sobre sus pensamientos carnales e impuros, todo terminó en una extenuante batalla entre ser una pecadora sin reparo, o ser una pecadora con poder de salvación. Pese a las palabras de benignidad y consolación del cura, la joven se negaba tajante a ser digna de absolución, «me he corrompido, y no creo poder volver a ser la misma de antes», era su respuesta con un deje de tristeza.

Kyoko salió del confesonario, y seguidamente vio al anciano y gordo sacerdote salir de él. Su rostro era reflejo de gentileza y jovialidad. Miró a su alrededor y encontró que no había nadie más, salvo dos monjas que se unieron a quien la recibió para limpiar el lugar.

Viendo al cura frente a ella, se inclinó en una reverencia, con el rostro sonrojado, avergonzada de ver a quien se había confesado algo que siquiera ella quería admitirlo. Después de una corta plática, la joven tragó en seco, y pidió dudosa, el material que fue en realidad a buscar allí. El sacerdote le concedió el pedido, y después de un profuso agradecimiento ella se marchó, con los pensamientos invadiendo su mente.

¿La venganza sería dulce?

Necesitaba hacerlo, y no creía poder detenerse pese a las consecuencias que le traería más tarde. Supuestamente los maleficios habían funcionado en aquellos dos hombres, pero con el que faltaba, no tenía más opción que saldarlo con manos propias: Si del dolor era lo que temía, dolor era lo que tendría.

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El mensaje que decía que se apresurará para llegar, la alarmó.

Kyoko alzó la vista por encima del sótano, y vio a un costado una escalera curva que guiaba hacia el bar que la bruja había mencionado. Subió rápidamente, y abrió las puertas, descubriendo la opaca iluminación del interior comparado al ocaso del atardecer de afuera. La música no tardó en llegar a sus oídos, y las risillas y los cotilleos se sumaron a la vez. Ignoró todo aquello, y siguió el camino que le había descrito Maléfica en el mensaje.

Pasó por las puertas de la cocina, y unos bramidos hicieron que diera un paso atrás por el susto. Sus ojos se agrandaron al ver a Maléfica parada en una posición aburrida, mientras una mujer de unos cuarenta y tantos, se hallaba frente a ella, gritándole en una reprimenda sobre los vasos carísimos de cristal que había roto.

Maléfica solo asentía y suspiraba derrotada, hasta que ladeó la cabeza y encontró un rostro conocido a dos metros. Una muy grande sonrisa apareció en su rostro, e ignorando el regaño que recibía, fue hacia la joven y la agarró del brazo para llevarla con ella frente a la enfurecida mujer, que se había callado, muy indignada.

— Esta es la chica de quien le hablé, Jefa —dijo con voz fuerte y segura—. Desde que ella esté conmigo, haremos más rápido el trabajo, me ayudará y no romperé más ningún vaso, o cualquier traste de la cocina.

La mujer con una mueca de disgusto en sus labios pintados de fucsia chillón, escudriñó de pies a cabeza a la joven actriz.

Kyoko tragó en seco, y se inclinó en una reverencia.

— Buenas Tardes, soy Mogami Kyoko, y—

— Deja las presentaciones, y ayuda a esta mocosa —interrumpió la mujer con un ademán de que se largará a trabajar rápidamente— Tú —señaló con el ceño fruncido a Maléfica —Será mejor que dejes de golpearte estúpidamente. ¡No retrases más el trabajo y deja de romper mis vasos!

Con el vestido largo entallado en su muy delgado cuerpo, la mujer resopló, golpeó fuertemente un pie en el piso, y dio media vuelta, refunfuñando y quejándose con quien se encuentre en su camino.

Kyoko vio sorprendida como Maléfica le levantó el dedo del medio y luego imitó burlona su exagerado contoneo de hombros y caderas.

— Es tan odiosa —murmuró la última, volviéndose a la actriz—. Así que tu nombre es Kyoko —dijo con una sonrisa— Kyoko, tú serás mi salvadora. Por favor, ayúdame y confírmame que eres buena en la cocina.

Cuando la joven asintió, se vio sorprendida al recibir un fuerte abrazo y un beso en cada mejilla.

A pocos minutos se encontró con un delantal, lavando los trastes, mientras Maléfica lo secaba con un paño.

Kyoko la miró furtivamente. Era la primera vez que la veía sin su oscura capa, y le fue muy extraño encontrarla trabajando a la tarde en ese lugar. Su actitud cariñosa era algo que tampoco nunca lo hubiese imaginado.

— ¿Te parece extraño?

— ¿Eh? —La actriz dio un respingo al escucharla decir lo que pensaba.

— Verme trabajando aquí, mientras en la noche soy dueña de mi trabajo —repuso haciendo una mueca—. Es solo que no me alcanza...el dinero —dijo lo último pensativa— ¡Ah! Pero esto no es lo único que hago aquí —exclamó orgullosa—. Suelo ser bartender, y algunas veces cantante. También ayudo mucho en la cocina. Así que se puede decir que soy multiuso.

— ¡Cantante! —exclamó lo primero que más le impresionó— y bartender —agregó sonrojada—. Eres asombrosa, Ma... Ehm, ahora que lo pienso no sé tu nombre... —señaló muy curiosa— ¿Cual es?

La vio sonrojarse y desviar la mirada hacia un vaso que andaba secando desde hace un buen rato.

— Shibasawa...—murmuró.

Kyoko detuvo sus manos en un plato, y miró boquiabierta a la tímida Maléfica: ¡Era tan linda!

— Shibasawa-san —repitió sonriente y mucho más curiosa— ¿Y cual es tu nombre?

— Mi nombre... No va conmigo... Tal vez a alguien como tú...

— ¿Eh? —ladeó la cabeza sin comprender lo que decía.

— Es Ai...Shibasawa Ai —contestó con un resoplido.

Kyoko miró confundida. Su nombre no era algo de que avergonzarse, era lindo..., tal vez...

— ¿Amor? —pronunció en voz alta, haciendo que la que estaba a su lado diese un brinco— ¿Significa amor?

— Sí... Sé que no va conmigo —murmuró agarrando otro vaso para secar—. No me gusta...

— ¿Eh? ¡Para nada! ¡Pienso que te sienta muy bien!

— ¡Silencio! —gritó una tercera voz.

Kyoko reconoció a la jefa gritar desde lejos.

— Esa perra no sabe más que ladrar...—masculló Shibasawa entre dientes—. Es la primera vez que alguien me dice algo así por mi nombre —dijo cambiando rápidamente su expresión, y esbozando una media sonrisa—. Eres muy linda, niña. Desde ahora te llamaré solo Kyoko-chan.

— Entonces...Ai-san...

— No, de eso nada —espetó molesta, hasta que vio el rostro compungido de la joven. Inspiró y exhaló con fuerza— Está bien... Puedes llamarme así.

Kyoko sonrió, y siguieron hablando a la vez que trabajaban con los cubiertos. Unos minutos después Ai la guió en la cocina, y entre algunos que otros golpes accidentales, más otros quejido de dolor, le mostró finalmente el proceso para elaborar algunos bocadillos.

— Lo siento... —musitó Kyoko mientras asía con los palillos una empanadilla frita (gyosa), y lo colocaba delicadamente al plato.

— ¿Por qué? Eres muy buena y rápida en todo.

— No…Por el maleficio, tú…

— No podrías haber sabido que esto nos habría sucedido.

Kyoko terminó de decorar un plato, y se puso a trabajar en otro. Quedó en silencio, dudosa de lo que se refería con ellas dos. Parecía que Maléfica era la que más sufría con el maleficio revertido del número dos.

— Es…Es mi culpa —dijo nuevamente cabizbaja—. Debí suponer que con él no funcionaría… Él es…es un demonio.

— ¿Eh? —Ai se quedó inmóvil y luego arqueó las cejas, en un gesto de haberlo entendido— ¿Es qué ese tipo es muy malo?

— No, él…—miró a ambos lados y se acercó a su oído— Tiene poderes sobrenaturales —susurró.

— Poderes… Sobrenaturales… ¿de verdad?—sus ojos brillaron por un momento, pero luego meneó la cabeza—. Kyoko-chan, que uno tenga esos poderes, no significa que sea un demonio —dio media vuelta y se fijó en las camarones que estaba friendo— Aunque eso no hablé de la persona que es… Un imbécil o un imbécil con poderes sobrenaturales es lo mismo… ¿Kyoko-chan? —al no oírla responder durante un largo rato, giró y no la encontró dónde debía estar. Miró a su alrededor y aun no la halló en ningún parte.

Retiró los camarones con la espumadera, y las puso apresuradamente en papel absorbente.

Unos gritos se oyeron de repente, y el sonido estridente de un altercado entre golpes se mezcló con la música.

Algunos se acercaron a curiosear en la puerta, y asomaron levemente su cabeza fuera de la cocina.

— Hey, ¿has visto a Kyoko-chan? —preguntó Ai tomando del hombro a uno de los ayudantes que pasó delante suyo.

— La chica bonita que andaba contigo—ella asintió— La he visto salir. Al parecer Akane-san le ha pedido que lleve una bandeja en alguna mesa.

— ¿Qué? ¿Afuera? ¡Pero ella es de la cocina! ¡No tiene por qué salir!

Fue hacia las puertas velozmente.

— ¡Permiso! ¡Quiero salir! —gritó a las personas que estorbaban su camino. Ellos se hicieron a un lado, y ella salió, buscando preocupada con la mirada, entre el jaleo de personas, que observaban la pelea que algunos intentaban parar.

Sus manos cubrieron su boca, sofocando un grito ahogado que se le formó en la garganta.

— No...¡Kyoko-chan!

Pequeños trozos de vidrios se le habían incrustado en su brazo izquierdo. La sangre corría hasta la punta de sus dedos y goteaban en el suelo continuamente. Las exclamaciones de sorpresa se oyeron detrás, y Ai se acercó rápidamente a la joven herida, que se hallaba pálida, y sin expresión en el rostro.

— Dios… Kyoko —observó las heridas en su brazo y visualizó en donde la sangre salía sin parar. Un vidrio del tamaño de su meñique la clavaba. La miró a los ojos con angustia, pero ella estaba ida y no parecía escucharla— Kyoko-chan… Kyoko-chan...

La agarró del brazo sano, y la joven dio un leve respingo, mirándola inmediatamente. Ai la llevó cerca de la cocina, y le dijo que la esperará. A pocos segundos salió con sus carteras, y con un trapo que se lo pasó para apañársela con la continua sangre.

En cuanto salieron, Ai entró al sótano, apareciendo después fuera con una motocicleta, que al final decidió no utilizarla por miedo a sufrir de algún accidente.

Partieron al hospital, yendo en taxi.

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— Cuando caí entre los vidrios rotos...supe que se debía al maleficio que no funcionó con el Beagle...

— ¿El Beagle?

— Es la persona de quien te hable... El que tiene poderes sobrenaturales.

— Dios... Kyoko-chan... Lo siento mucho...

Kyoko esbozó una pequeña sonrisa, a la mujer de ojos negros que la miraba afligida y apretaba su mano amistosamente.

— Ai-san, no tuviste culpa de nada. No debes disculparte.

— Pero si no te hubiera llamado para que me ayudases... Tal vez... Tal vez nada de eso te hubiera sucedido...

— Creo que cualquier accidente similar me hubiera sucedido igual.

Las dos silenciaron y quedaron abstraídas en sus pensamientos.

— Hasta ahora los golpes que me he dado... —dijo Ai entre pausas—. Ninguno ha sido tan grave como el tuyo. No he sangrado. Son solo moretones insignificantes. Es solo un maleficio que dentro de algunos días acabará... —sus labios se apretaron y formaron una línea recta, mientras miraba la parte superior de su brazo vendado. Estaban sentadas en la banca del hospital, y a Kyoko tuvieron que darle cinco puntos de sutura por el corte profundo que le causó un vidrio— Ese corte… ¿es solo el comienzo?

— ¿Comienzo? —repitió sobresaltada.

— Es la primera vez que me encuentro con este tipo de situación… Así que no sé muy bien —dijo bajando su cabeza con las mejillas sonrojadas— Lo siento… Si estuviera mi abuela… Mi abuela de seguro lo sabría solucionar.

— Ai-san… —Kyoko se conmovió por la preocupación que mostraba la mujer que había conocido recientemente. Su ropa estilo metalera, su maquillaje y sus rizos ahora caídos en sus hombros, no parecían quedar con la expresión de lamento, que le daban un aire de niña buena e inocente— No te preocupes por mí —proclamó apretando un puño, mirando después con firmeza y entusiasmo—. Yo ya lo he planeado. Es mi plan de último recurso, y obtendré mi venganza cueste lo que cueste.

— Por favor, Kyoko-chan, olvida esa venganza —sacudió la cabeza, agobiada—, ahora más que nada debes pensar en ti.

— No será así, Ai-san, ya lo he pensado y también obtendré respuestas de lo que me está ocurriendo mediante la operación.

— ¿Operación?...¿Pero cómo podrías...?

Una sonrisa maliciosa pero sensual surcó sus labios.

— Él. El Beagle sospechó y parece que sabía que esto podía sucederme. Obtendré respuestas de él.

— ¿Eh?...¿Pero cómo harás...todo eso?

— Lo llevaré a la cama.

— ¿Eh?

— Lo llevaré a la cama y le daré de latigazos.

— ¿Qué?...¡¿QUÉ?!

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Una llamada a Yashiro-san para comunicarle sobre otro nuevo accidente, fue la gota que colmó la serenidad del pobre hombre. Esta vez sus palabras fueron más duras, regañándola por no ser más cuidadosa, y reclamándole que le cuente en detalle cómo todo había ocurrido. La filmación tendría de nuevo retrasos, porque debía reposar, y no podría hacer movimientos bruscos con su brazo herido. Kyoko se sintió pesarosa al imaginarse el gran regaño que recibiría del director por no cuidar de su cuerpo.

Cuando llegó al Darumaya, los dueños preguntaron y miraron con basta preocupación el vendaje en su brazo. Después de contarles un resumen de lo acontecido, la Okami la siguió a su habitación, y le formuló una pregunta que hizo que las venas en su cuello y frente resaltaran en su cara roja de ira. Con un gran y fuerte suspiro, sonrió falsamente, y negó a todo aquello que se refiriese al romance o a pretendientes rondando a su alrededor. La respuesta de la Okami fue solo un asentimiento, pero en cuanto estuvo frente a la puerta para salir de su habitación, otro inesperado comentario salió de su boca. ¿La situación de su amigo Fuwa Sho y su senpai, Tsuruga Ren? Al oír amigo, quiso vomitar, pero escuchando brevemente sobre un vergonzoso accidente, la curiosidad la picó entera; en cuanto al amante de Tsuruga Ren, fue una noticia que le causó un desencanto ya previsto, pero que no quiso admitirlo del todo.

— No es de extrañar...—susurró para si misma, al encontrarse a solas en su habitación. Al notar su melancólica expresión frunció el ceño, y se levantó de un salto.

Cogió su celular y buscó las noticias de Fuwa Sho. Sin lugar a dudas, el maleficio había funcionado.

*Fuwa Sho hospitalizado con mordidas en el trasero* *Famoso cantante es mordido por un perro en el trasero. A medianoche fue sorprendido después de comprar una caja de Pudin Pucchin Kurigo en la tienda* *Pudín Pucchin Kurigo la nueva tendencia de los jóvenes después de las noticias*

Un sin número de títulos se encontraban en la red.

Sus ojos se agrandaron al ver que el vídeo de una cámara de seguridad se había filtrado, y éste batía récords en reproducciones.

Conteniéndose la risa, pulsó para verlo.

En una primera escena salía un hombre apresurado, vestido totalmente de negro, llevando una bolsa y una caja entre sus brazos. Éste, no mirando su camino, pisó accidentalmente la cola de un perro pastor alemán y, al instante, fue atrapado por sus afilados dientes. A continuación, Fuwa caía al piso, boca abajo, y el enfurecido perro, no queriendo dejarlo escapar, siguió mordiendo de su ropa; él arrastrándose al suelo, trataba de espantarlo cogiendo su bolsa y tirándolo en la cabeza del perro. La furia del animal solo aumentó, y estirando de su pantalón, dejó a la vista su trasero desnudo, el cual después lo mordió ferozmente. Un aullido mortífero se escapaba de la boca del cantante, y enseguida algunas personas aparecieron para socorrerlo, descubriendo así su identidad.

A pocos minutos en el Darumaya, el Taisho y la Okami que se encontraban cerca de dormir, escucharon unas fuertes, malvadas y prolongadas carcajadas.

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— Ropa interior de encaje y medias con liguero. Estoy segura que al Beagle le gustará.

Yashiro estuvo cerca de morderse accidentalmente la lengua, al escuchar tales palabras provenir de la joven alguna vez pura. La observó desde la puerta de la sala de la sección Love me, mirando su celular, mientras murmuraba sobre habitaciones, moteles, castigos, látigos...¡¿LÁTIGOS?!

Sacudió su cabeza vehemente. Tal vez había distorsionado sus palabras, e imaginaba cada disparate, luego de tantas ocurrencias inverosímiles de los días anteriores.

Golpeó la puerta ya abierta, y en cuanto la joven giró su cabeza, la vio con una muy grande sonrisa que parecía no querer despegarse de su rostro.

Bueno... Un día más, un día menos. Solo esperaba que el caos cesará para mantener a salvo su agitado corazón.

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