Recomendación Musical: "Fury" – Iconic Audio
Después de que el medio tiempo llegase a su fin, ambos lados ingresaron una vez más a su cancha respectiva. Las diez titulares principales se encontraban secando lo último que les quedaba de sudor a medida que recibían un par de indicaciones más por parte de sus entrenadores. En el instante en que sus grupos aparecieron frente a la mirada del público, todos expresaron su emoción con gritos y aplausos a diferente velocidad.
Las vistas de las recién llegadas se concentraban solamente en las oponentes que se encontraban caminando frente a ellas; como la famosa actitud de Tensai dictaba, todas sus chicas mantenían una expresión serena, calmada, segura y decisiva, en especial la de cierto par de titulares que anhelaban poder enfrentarse de nuevo a su mayor contrincante. En cambio, como en la primera mitad del juego, las jugadoras de Hikari emanaban un aura tranquila e indiferente al igual que la expresión en su rostro.
El árbitro principal soltó el pitido de regreso, haciendo que las diez chicas dentro de la cancha prosiguieran con la misma posición que en los primeros veinte minutos: Tensai iba a mantenerse en la defensiva y Hikari iba a tomar lugar en la ofensiva, intentando penetrar la defensa de sus contrincantes.
El hombre de mediana edad miró de reojo hacia el marcador que se encontraba detrás de él, los números mostrados en él le hicieron dudar demasiado acerca de la fuerza de las segundas Reinas de todo Japón: las novatas arrasaban por cuarenta y tres puntos, y las líderes de la prefectura de Chūbu seguían con su puntaje en cero. El castaño trató de ignorar aquello, por lo que negó con la cabeza y se concentró en dar continuación al partido.
Cuando la Ala-Pívot con cabellera de color marrón-clara le entregó el balón a su Emperatriz, todos se dieron cuenta que la segunda mitad estaba por comenzar.
Durante la primera parte, Hikari había intentado penetrar con todas las alineaciones con las que contaba, pero ya se le habían terminado.
Con una última mirada, la oji-avellana pudo observar por fin una pequeña abertura en la defensa de Tensai; notó que no era alguna trampa de sus oponentes, por lo que se dirigió hacia ese punto, siendo entendida por sus compañeras, quienes le siguieron el paso desde cerca.
Ninguna de las chicas entendía hacia donde se dirigían las chicas enemigas, incluyendo a Shuyō; la joven oji-marrón frunció el ceño al mismo tiempo que seguía con la mirada la dirección por la que las otras se dirigían. Mientras emprendía carrera para detener a la número seis, sus párpados se abrieron más de lo normal al observar su falla: queriendo ir Uno a Uno contra la segunda mejor Emperatriz, su chica extranjera se había olvidado completamente de las demás jugadoras, las cuales se encontraban acercándose por detrás de la americana.
Shuyō trató de incrementar su velocidad, pero se dio cuenta que no iba a poder llegar, intentó dejarle el trabajo a sus compañeras, pero éstas también se encontraban a gran distancia. El enojo y la furia llenó todo su cuerpo, y este fue expresado con un estruendoso grito―: ¡Americana! ―la castaña siseó, atrayendo la atención no sólo de la apodada, sino la de todos los presentes también.
Katomi miró curiosa hacia donde su capitana se encontraba acercándosele, respondiéndole con una expresión inocente y juguetona. La oji-marrón rechinó los dientes ante tal reacción, por lo que señaló hacia la dirección en donde la Ala-Pívot con piel de color arena-cálida se adentraba. De un solo movimiento, la peli-naranja giró todo su cuerpo hacia el lugar, borrando así su emocionada sonrisa e intercambiándola por una mueca de culpa y vergüenza.
―No puede ser. ―exclamó a sí misma antes de comenzar a insultarse y golpearse internamente, y dirigirse a increíble velocidad para detener a su contrincante.
Pese a sus intentos de incrementar toda su rapidez, la oji-naranja no pudo detener aquel tiro de bandeja y los primeros puntos de Hikari en todo el partido.
El miedo, nerviosismo, terror y culpa que le invadieron no fueron a causa de dejar a Hikari obtener ese par de puntos, sino porque pudo sentir, recorrerle por toda su espina dorsal, la mirada penetrante y el aura monstruosa que le mandaba la oji-marrón desde detrás. La más alta trató de evadir miradas, pero finalmente cedió y empezó a girarse hacia la japonesa. En un principio, lo único que pudo escapársele de la boca fue un montón de balbuceos mientras que la Escolta bajaba la mirada y se mantenía en silencio. Cuando por fin pudo controlar su agitación, la mano de su superior le hizo quedarse con la boca abierta, callándola y confundiéndola en un instante.
Lo único que pudo escucharse después de que ambas miradas cruzaran, fue el pitido del árbitro, gritos alentadores del público, un golpe y un alarido.
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Al sentir una mano moverle su hombro derecho, levantó la mirada hasta chocar con la de la única persona que no se encontraba molesta con ella después de su "pequeño error": su mánager. Mientras le esbozaba una ligera sonrisa, la Ala-Pívot se levantaba de su asiento, refunfuñaba ante la forma en que su entrenador y amigas le ignoraban, y se retiraba la bolsa de hielo de su mejilla izquierda. Después de entregársela a Odayaka, se pasó un dedo por su labio, secando lo poco que le quedaba de sangre sobre éste; movió por última vez su mandíbula y se acercó para poder pedir el cambio de jugadora.
Como ya lo presentía, en el instante en que la otra Ala-Pívot oji-ámbar pasó a un lado de ella, no le dijo nada y sólo le lanzó una mirada de enojo. Lo único que pudo hacer fue tragar saliva segundos antes de adentrarse a la cancha.
En el instante en que todos los espectadores captaron a la estrella de Tensai, sus aplausos y gritos llenaron aquel gimnasio, pero éstos cesaron para cuando notaron un extraño bulto en su pómulo; a pesar de que la zona estuviese inflamada y una parte de su labio quebrada, unas cuantas marcas de nudillos dibujaban su rostro. La única razón coherente de eso era que, unos ocho minutos atrás, después de haber dejado que Hikari anotase, su capitana se había molestado tanto que golpeó a su chica en la mejilla con puño cerrado, al mismo tiempo que le gritaba miles de insultos y le ordenaba abandonar el juego hasta el último minuto del tercer cuarto. Muchos creyeron que su entrenador o compañeras iban a corregir la acción de la castaña, pero lo único que hicieron fue observar indiferentes la "pelea"; los únicos asustados fueron el árbitro, quien casi se atraganta con su propio silbato, sus oponentes, quienes observaron conmocionados al par, y el público, donde el silencio confuso reinó en las gradas.
Todas las miradas siguieron el cuerpo de la recién ingresada en total silencio, siendo captadas por la chica.
La joven de primer año se dirigió segura hacia su capitana, tratando que la vergüenza y la culpa abandonasen su cuerpo. Al estar detrás de la más baja, Katomi apretó fuertemente sus puños y cerró de la misma forma sus ojos― Perdóneme por mi inutilidad, capitana. ―la extranjera exclamó al estar realizando una reverencia de disculpa ante la castaña.
Shuyō se sorprendió pero no dejó expresarlo; se volteó lentamente hacia su jugadora, encontrándola reverenciando apenada con su flequillo y coleta colgando a su costado izquierdo. Una sonrisa se dibujó en sus labios cuando se percató de que la Ala-Pívot recordó la forma en que debería de dirigírsele después de haberse equivocado: hablarle con respeto y por 'usted'.
Después de no recibir respuesta, la americana supo que la más baja debería de estar bastante furiosa, por lo que suspiró rendida― Si el golpe no fue suficiente, acepto cualquier castigo que me imponga. ―volvió a hablar, pero siguió sin obtener alguna respuesta.
Su capitana sonrió satisfecha ante esas últimas palabras momentos antes de mirar de reojo a su entrenador, quien le respondía con la misma expresión. Al igual que con el hombre, la mirada de sus compañeras en la banca y las otras tres dentro, era de satisfacción.
Después de posar su mirada sobre su chica, la oji-marrón colocó una mano sobre su hombro, indicándole que se levantara. Cuando ambas chocaron miradas, la de la oji-naranja expresó sorpresa para cuando notó la sonrisa en el rostro de la Escolta― Solamente no vuelvas a olvidar las indicaciones que se te dieron.
En un principio, su impresión era inmensa, no podía creer lo rápido que le había perdonado la chica más agresiva, violenta y tenebrosa de la Preparatoria Tensai (no sólo del equipo de baloncesto); usualmente la más baja tardaba semanas en olvidarse de las equivocaciones que la peli-naranja tenía. Aquello era algo que Katomi conocía a la perfección: desde que ingresó en aquel equipo, contó que por lo menos ya había recibido trece castigos (duros y blandos). Puede que la razón de que muchos eran bastante graves, era porque cometía otra falla al mismo tiempo que Shuyō trataba de recuperarse de la anterior; aunque había veces en las que no era reprendida sola (la mayoría de veces actuaba junto a su mejor amiga, Yūgana, pocas veces estuvo al lado de Okubyōna y sólo dos veces con Heishi), ella era la jugadora con más castigos impuestos de todo el equipo a pesar de sólo haber ingresado cuatro meses atrás.
Aquello no era lo único que la dejó estupefacta: la sonrisa que iluminaba el "famoso" rostro serio de la castaña fue lo que le hizo sonreír también.
Aun sin dejarle formular sus próximas palabras, salió de sus pensamientos para cuando sintió como la mano de la japonesa empezó a jalarla hacia más dentro de la cancha. Mientras era seguida por sus demás compañeras, su cabeza se adentró más al juego: después de haber "salido" del partido, Katomi dejó una gran brecha que Hikari ocupó a su favor; en la mayor parte del tercer cuarto, la segunda Reina logró llegar a los diecisiete puntos.
Puede que fuese obvio que las residentes de Fukui iban a ser derrotadas por ellas, pero aquello no era lo que Tensai había decidido hacer.
No sólo fue la Ala-Pívot quien detuvo su paso, sino las cuatro titulares restantes también se detuvieron en seco al inspeccionar cada aura que emanaba de sus contrincantes: las resientes chicas agresivas con las que se habían enfrentado, habían sido remplazadas por cinco jugadoras cansadas, indiferentes y aburridas. Cada una de las chicas recorrió a las demás con su mirada, descubriendo que todas ellas mantenían aquella confusa expresión.
Cuando sintió las miradas clavadas en ella, la capitana oji-gris no pudo evitar que una carcajada se escapase de su garganta, confundiendo aún más a las provenientes de Tokio― No se crean lo suficientemente importante, chicas ―Izen habló sin tan siquiera dejarles formar alguna pregunta en mente―, ésta es su primera vez en la Inter-Escolar, por lo que no conocen la 'fama' de Hikari. ―exclamó, encerrando cierta palabra en comillas con sus dedos.
Sus demás chicas, incluyendo a la derrotada Emperatriz, rieron junto a su capitana momentos antes de levantar su vista y dejarle observar a Tensai sus desinteresados rostros.
―No voy a tomar mucho tiempo del guapo árbitro ―dijo volteándose hacia donde el oji-marrón, el cual le respondió con una expresión de sorpresa y confusión, tal y como las jugadoras―, por lo que sólo lo resumiré ―en el instante en que se giró de nuevo hacia las nuevas Reinas, la expresión de estas últimas había sido cambiado por una llena de seriedad, excepto por la de dos chicas―, nosotras poseemos gran habilidad y talento, eso es muy cierto, pero se han preguntado: ¿por qué nos mantenemos en la segunda posición en lugar de ser las mejores? ―le preguntó a ninguna en específico, solamente para darles una idea de lo que iba su palabreo―. La obvia razón principal es porque la Escuela Media Superior Shutsu es más talentosa que nuestra academia, o tal vez no…, lo cierto es que jamás hemos intentado vencerlas. ―aquella última declaración fue todo lo necesario para que los yacientes en la banca prestasen atención a la castaña también.
La Pívot soltó un corto bufido y observó detenidamente a su vieja amiga― Esta generación es del mismo tipo de las cuales que no toman el deporte enserio. Después de dejarle observar nuestra habilidad nata, logré convencer a Masao-kun de dejarnos actuar bajo nuestro increíble plan ―en un principio, todas se confundieron ante la mención de aquel nombre masculino, pero en cuestión de segundos, giraron su atención hacia el susodicho, observando con gran sorpresa al entrenador castaño-oscuro―, Hikari juega a todo lo que da la mayoría del partido o todo el juego si tenemos el puntaje a nuestro favor ―la castaña comenzó por explicar aquel dichoso plan, atrayendo hacia sí la atención de sus enemigas de nuevo―, pero si vamos perdiendo, incluso solamente por un mísero punto, dejamos que nuestro verdadero pensar salga a escena.
La número cuatro de Hikari creyó que ya había dicho lo suficiente como para que las otras entendieran a lo que se refería, por lo que dio media vuelta y les indicó a sus chicas que le siguieran de cerca― Vamos, preciosas ―las llamó al pasar a un lado de ellas―, es hora de las fotos. ―y como había ordenado la joven de segundo, todas se dirigieron hacia donde los fotógrafos de las revistas deportivas se encontraban sentados, emocionados por el hecho de que las Reinas se les estaban acercando.
―Lo sabemos. ―cierta voz le hizo detener su paso y dejar que sus compañeras comenzasen a posar ante las cámaras, dejándola mirando por sobre su hombro hacia la chica que había hablado.
En un principio, la rubia dejó de sentirse segura, por lo que cuando avanzó unos pasos, hasta terminar frente a la otra chica cabizbaja, mantuvo su frente gacha al mismo tiempo que recordaba la tarde anterior a aquel día.
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Gracias a estar bastante interesada en las imágenes que se observaban en la pantalla frente a ella, la joven americana pegó un pequeño salto para cuando su entrenador volvió a ponerla en total color negro, causando un par de risas entre sus amigas. Lo único que pudo hacer para sentirse menos avergonzada fue sentarse de nuevo con ambos brazos cruzados y un fruncimiento del ceño, lista para escuchar las próximas palabras de Shijima―: Lamentablemente no pude conseguir alguna grabación de Hikari contra Shutsu. ―el azabache exclamó, ganándose expresiones confusas de sus jugadoras.
La primera en querer expresar su duda fue la curiosa oji-naranja, la cual levantó la mano, obteniendo así la palabra―: ¿Era necesario el conseguir el vídeo de aquel partido? ―Katomi le preguntó.
Shijima asintió ante la pregunta de su Ala-Pívot, por lo que prosiguió en explicar―: Odayaka-kun cumplió con su trabajo y logró averiguar la verdadera forma de pensar de sus próximas rivales.
Antes de continuar hablando, el hombro movió sus orbes avellanos hacia el castaño que se encontraba en el fondo del salón. El mánager de Tensai entendió lo que tenía que hacer, por lo que les entregó a las diez chicas unas cuantas hojas. Cuando el oji-miel terminó de distribuir la información, se colocó a un lado del mayor.
―La verdad es que ellas sólo practican el baloncesto para…, para llamar la atención y hacerse popular en su academia. ―pese a haber dicho esas últimas palabras a una velocidad incrementada, cada una de las titulares pudo entender lo dicho por él.
Un chirrido, proveniente del centro de la habitación, captó la atención de las restantes chicas, sumándoles el par de miradas de los únicos varones― No ―la chica, quien se había levantado de su asiento, empujando la silla hacia atrás y causando el chirrido, negó decidida―. Un equipo así no puede ser de…, e-esos. ―la oji-azul explicó, siempre manteniendo su vista en el par de hojas que le había proporcionado el chico.
Comenzó a revisar cada párrafo escrito en ellas, reconociendo que no había forma en la que podía negar aquel hecho de la academia a la que se enfrentarían el día posterior a ese. La rubia no tuvo otra opción más que girarse, tomar sus cosas, ignorar los llamados de su superior y dirigirse hacia la puerta.
―Mañana verán ―exclamó cuando tocó el marco de aquella puerta, sin chocar miradas con alguno de los presentes―, ella no es así. ―y así la japonesa salió del cuarto, creyéndose sus propias palabras.
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Okubyōna apretó sus dientes al mismo tiempo que alzaba la vista hacia la otra capitana―. Pero…, lo que más me molesta ―y de un segundo a otro, después de girar su atención lejos de la oji-gris y hacia la cabellera negra de la Alero, corrió detrás de esta última, la tomó del brazo y le hizo girarse hacia ella―, ¡es que se atrevieran a actuar de esa forma en frente de mí!
Pese a haber dicho la primera parte en un inaudible susurro, la Emperatriz se asustó demasiado tras escuchar ese molesto grito salir de la boca de la menor.
Cierto era que la número ocho no era la única molesta, la otra jugadora cabizbaja siguió los pasos de su superior y se colocó a un lado de la rubia, ambas observando a la asustada as de Hikari.
―Estoy molesta por su verdadera forma de pensar ―la peli-naranja exclamó observando a la más baja, siseando cierta palabra―, pero estoy furiosa por el hecho de que tú tuviste que ser la admiración de Tamy-chan. ―dijo refiriéndose a Hoshi.
Las expresiones de sus demás compañeras no podían ser explicadas; no sabían cómo expresarse. ¿Estaban molestas? ¿Enojadas? ¿Asustadas? ¿Decepcionadas? No lo sabían. Solamente había una cosa que ellas sabían por seguro: durante el último cuarto y lo que restaba del minuto del tercero, el par ganador de Tensai no iba a conformarse por la Ala-Pívot, Katomi, y la Base, Yūgana; las ases de las nuevas Reinas iban a ser la enfurecida americana y la decepcionada rubia.
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Solamente faltaban cinco minutos para que el primer partido de las semifinales femeniles llegase a su fin y el público no pensaba ni en gritar para expresar lo que tenían ante sus ojos: tal y como el trío de titulares restantes había pensado, en el paso del tiempo, la número siete y ocho se habían coordinado tan bien que inconscientemente se olvidaron del trío restante; ambas jugaron tan temerariamente que lograron que su puntaje se intercambiase de cincuenta y un puntos hasta ciento siete.
Hubieron muchas estrategias que las dos utilizaron para obtener esa monstruosa puntuación, pero fueron dos las que eran las más significantes: primero, en los últimos segundos del cuarto anterior, Hikari había recibido el balón, pero este fue robado por la oji-azul de manera muy fácil (tal vez haya sido porque las segundas "mejores" Reinas prefirieron buscar chicos entre las gradas o porque la Alero estaba demasiado enojada); burló a las otras cuatro, le lanzó una mirada asqueada a la azabache y se posicionó en la línea de tres, lanzó el balón y éste entró de forma perfecta.
Por otro lado, inmediatamente tras obtener otro pase de parte de la mayor, la chica de primero se movió de un extremo de la cancha a otra; tenía el camino despejado, pero no se percató que cierta oji-ámbar pensó que sería una buena propaganda si un fotógrafo la captase anotando una canasta. La número seis de Hikari le siguió de cerca a la americana, la cual estaba lista para "clavar" el balón. Katomi escuchó las advertencias de sus compañeras, pero ya era demasiado tarde: la castaña-clara, cuyo nombre era Akarui Ritsuko, hizo que el objeto se alejara de las manos de la oji-naranja para caer sobre las de su capitana. El balón le fue devuelto, dejándole emprender dirección hacia la canasta contraria.
La número siete no pensaba en dejarles volverse a burlar de ella, por lo que giró sobre el aire y se alistó para detener a la otra Ala-Pívot. Para su mala suerte, su centro de gravedad se encontraba en su lado derecho, por lo que al girarse hacia la izquierda, la extranjera perdió el equilibrio y tropezó; aquello no fue lo único: al tocar la duela, su muñeca izquierda se dobló inhumanamente, causando que un tronido fuese escuchado (solo para ella) y que soltara un corto gruñido. Okubyōna logró notar aquello, pero primero se dedicó a detener a Akarui, lo cual no fue muy difícil. Después de robarle el balón a la más alta, la oji-azul regresó a donde su compañera había resbalado; tras anotar tres puntos, se acercó hacia su amiga, quien levantó la mirada hacia ella.
Inmediatamente la número ocho observó que la más alta estaba tomando fuertemente su muñeca, por lo que decidió que la mejor opción era pedir tiempo fuera. El entrenador también vio eso como lo más favorable, por lo que lo pidió. Después de haberle desinflamado un poco y vendado la muñeca, Shijima le indicó evitar el uso de su muñeca durante lo que reste del encuentro, al igual que el resto de la semana. Katomi no reclamó ante aquello, excusándose con el hecho de que Okubyōna era mejor en los tiros, por lo que se iba a dedicar a pasar el balón en los últimos cinco minutos.
Ninguna de las titulares tenían pensado en decir algo, dejando al hombre decidir sus palabras de aliento―: Katomi ―llamó a la peli-naranja, haciéndola levantar la mirada hacia él―, a pesar de haber cometido un terrible error, veo que tu rendimiento es impecable ―el oji-avellana explicó, causando que una sonrisa se formara en los labios de la chica y que una pregunta resonase dentro de su cabeza―; eso no te quita el castigo, por cierto. ―y antes de que ella pudiera preguntar eso, el mayor le quitó todas las esperanzas de escapar de su falla.
De un momento a otro, se giró hacia la Alero, la cual tenía la mirada clavada al suelo― Okuby…
―Lo lamento mucho, entrenador. ―Shijima no sólo se sorprendió por la repentina interrupción, sino que también optó por guardar silencio y observar a su jugadora.
La rubia soltó un pesado suspiro y levantó la vista hacia el azabache― Lamento haber explotado a tal punto de olvidarme que estoy en un equipo ―una sonrisa fue lo que intercambió la expresión sorpresiva del superior; siempre sonreía orgulloso cuando su tímida chica se tragaba su nerviosismo y lo intercambiaba por seguridad―. Masae-chan, Yuna-chan, Chitose-chan ―nombró a sus otras tres compañeras, captando la atención del trío―, perdónenme por haber jugado sola y haberme olvidado de ustedes tres.
No sólo fue la oji-azul quien exclamaba esas palabras, la afirmación con la cabeza de parte de la Ala-Pívot asentía a las palabras de la de segundo.
La capitana sonrió también ante las palabras de su amiga y a la confirmación de la americana, por lo que se levantó de la banca y observó a la rubia― No tienes nada que disculpar, Tamyko ―exclamó en un tono calmado, pero este pasó a ser uno lleno de decepción―. Sinceramente, no puedo ser de mucha ayuda, pues no sé cómo te sientes en este momento ―Shuyō guardó silencio un momento para recobrar el aliento, dejando a su chica meditar sobre lo que había dicho―, que tú te enfrentes contra la persona que más admiras, des el mil por ciento de ti, y descubras que esa persona no tiene espíritu de lucha y se rinde enfrente de tus ojos…, sinceramente no conozco ese terrible sentimiento. ―exclamó sin querer chocar miradas con la más baja.
En un comienzo, la Alero se sorprendió por las palabras que salieron de la boca de la castaña, pero su sorpresa fue cambiada por una extraña risilla. Después de un par de segundos, esa risilla se cambió por una oleada de carcajadas― Es realmente un doloroso sentimiento, Yuna-chan ―Okubyōna le respondió entre risas―, la verdad es que cuando Hoshi empezó a mostrar su verdadero pensar, me enfurecí tanto que tenía ganas de llorar ―pese a la declaración que había hecho, la rubia trató de enmascarar las palabras con un par de risas más―, pero me di cuenta que en verdad no la admiraba tanto…, sólo me gustaba su forma de jugar ―y de un segundo a otro, su gran sonrisa desapareció de su rostro―; una persona así no es digna de a-admirar.
La temerosa número ocho había regresado.
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Todas las titulares observaban indiferentes como sus recientes oponentes abandonaban el lugar, dedicando unas cuantas sonrisas y besos a su público. Les lanzaron una última mirada de decepción antes de tomar sus respectivas pertenencias y comenzar a encaminarse hacia sus vestidores.
Entre todas las jugadoras, había cierta extranjera que movió su mirada hacia el marcador para poder observar su puntaje final antes de que este fuese cambiado: ciento treinta y nueve. Ese fue el número de puntos con el que Tensai terminó. A pesar de haber obtenido su mayor puntaje de toda su vida, la peli-naranja no podía evitar pensar solamente una cosa: aquel 'Juego Imperial' había sido una asquerosa pérdida de tiempo…, ahora iba por el verdadero y esperaba poder olvidarse de la decepción que se llevó al enfrentarse con la vieja segunda mejor Emperatriz.
¡Ay! ¡Jesús!~~ Realmente tuve grandes problemas con este largo capítulo. En un principio, estaba tan inspirada y no dejé de escribir por tres largas horas, pero luego llegué a la tercer parte y…, ¡bum! Me derrumbé; no tenía más ideas. Pero de repente tuve un momento de inspiración, y terminé con esta parte. ¡Felicítenme! Ok no.
Nota: aquí los nombre están escritos en Nombre + Apellido, no Apellido + Nombre:
Academia Hikari:
| Akarui Ritsuko (Ala-Pívot) | Odosu Masao (entrenador) |
¡Listo! Espero y haya sido de su agrado leer este largo pedazo, y, porque estoy súper feliz, les voy a dar una pista de la temática del próximo capítulo (para hacerlo interesante, lo haré en forma de adivinanza): un creyente de Oha-Asa se encuentra rodeado de prodigios, con destino a la segunda ciudad más importante de Japón; cierta peli-naranja se encuentra con dos jugadores varoniles de baloncesto provenientes de la escuela más fuerte del lugar…, ¿de qué tratará el capítulo? Bueno, les dejo pensar la respuesta; nos leemos luego. Chao.
