¡Qué tal, Meine Leser! ¿Qué tal les ha ido? Yo de momento, volví a aparecerme por aquí ahora que es martes —cosa que por poco olvidaba—, JAJAJA. Hoy es un día un tanto especial, así que estaré actualizando desde en la madrugada, puesto que el resto del día no me será posible.
Será un capítulo igual de largo al capítulo diecisiete — un poco más, a decir verdad—. De hecho, desde el capítulo mencionado en adelante, los siguientes se han vuelto algo más largos y pesados —por lo cual me está llevando tiempo—.
Milagrosa y finalmente pude acabar éste, puesto que me daba mucha flojera editarlo, JAJAJA. Pero creo que valió la pena haberme esperado un poco a hacerlo, debido a que fueron como tres o cuatro reescrituras, y para la última pude refinar bastante lo que venían siendo mis ideas, y la narración, además de que le metí algo más de detalle a comparación de su versión inicial — lo cual lo extendió—.
Ya después de esto, no tengo mucho más que agregar. Me parece que las notas tanto iniciales como finales no las preparé demasiado bien — o con la antelación debida—, y estoy haciéndolo apenas ya que lo voy a publicar y que necesito dormir, JAJA —pasan de las dos de la mañana, y la señal de internet de la laptop me falla muchísimo—.
So, ¡les dejo disfrutar de este largo e informativo capítulo!
PLAYLIST: Deeper Conversation
CAPÍTULO XX: Momento
Mikasa
«Eren…»
Su nombre no ha hecho más que resonar en mi cabeza durante las últimas horas, centenares de veces; tantas que he perdido ya la cuenta desde hace ya un rato. Ha sido casi lo único en lo que he podido pensar toda la noche desde antes de la cena.
¿Eren?, ¿drogándose? No cabe en mi cabeza una posibilidad así, y me niego a creerlo hasta no tener pruebas físicas o reales de ello además de suposiciones y hechos como los que contaron.
No obstante, todo aquello parece cuadrar, y de una manera demasiado alarmante y abrumadora. Quizá todo este asunto de las drogas y el alcohol pueda explicar todo lo que ha estado sucediendo en torno a Eren y su desequilibrio.
Los síntomas, las actitudes que ha tomado, como el hecho de su exagerada agresividad de hace unos meses para acá, sus repentinos cambios de humor y los subidones de energía; lo poco, y a veces, lo mucho que llegaba a comer—que me tocó presenciar mientras aún vivía en la casa—. Así como sus cambios drásticos de peso y sus horas irregulares de sueño, además del descuido en su aspecto.
Y sobre todo, su relación ahora con la familia, amistades y gente con la que se rodea.
Prácticamente todo, y me provoca pavor.
«Últimamente ha estado un poco distraído, diría que nervioso», recordé, en palabras del Ackerman.
Eren lo desmiente todo, pero justo ahora no sé en qué creer después de lo que todos me han dado a ver hoy.
Desde antes de que él llegase, Carla comentó acerca de fiestas a las cuales supo, éste asistió y de las cuales yo nunca me enteré a pesar de que muchas de ellas eran dentro de la universidad o con amigos en común entre nosotros.
Eren nunca fue de asistir con frecuencia a fiestas —aunque ciertamente lo hacía —, las detestaba casi todo el tiempo, por el hecho de estar entre tanta gente, y el ruido le molestaba. O era al menos lo que solía discutir la mayor parte del tiempo a su defensa.
«Es muy molesto», llegó a decir en repetidas ocasiones, «todo mundo se embriaga, y es asqueroso. » ¿Como para que ahora salga seguido y regrese ebrio de ellas?, ¿que una chica lo trajese a casa borracho, casi inconsciente?
Ni siquiera ha pasado tanto desde que le escuché decir aquello, y ahora se contradice a base de sus acciones.
Mentiría con decir que nunca tomó, puesto que he de admitir, Eren y yo salíamos juntos de vez en cuando a fiestas y tomabamos alcohol en las mismas durante nuestros últimos años de preparatoria — pero cabe mencionar, que siempre procurabamos ser cuidadosos cuando eso sucedía —.
¿Las llegadas tarde y marcas de un posible encuentro sexual con una desconocida?
Carla alega el hecho de que la semana pasada, justo la noche en que ocurrió el asunto de la sobredosis de Reiner — lo cual hace todo más sospechoso —, Eren llegó a altas horas de la madrugada aparentemente alcoholizado, y al día siguiente le descubrió con marcas de mordiscos y chupetones en el cuerpo.
Para variar, el hecho de que el mismo Eren no supiese decirle quién había sido la persona que le había dejado así.
Nunca me enteré de nada al respecto, aún cuando Carla y Grisha parecían estar ya enterados... ¿Entonces de qué me he estado perdiendo o por qué?
Este no es el Eren que yo conozco, o al menos el que solía conocer.
Pero si es que algo grave está sucediendo con él, la culpa también recae tanto en Armin como en mí. Deberíamos estar más tiempo con Eren, saber lo que le pasa y estar al pendiente de su persona. Pero no ha sido así, y lo único que hemos logrado ha sido alejarnos de él.
Eren podría estar en verdad drogándose y andando en malos pasos, y nosotros, sin saber absolutamente nada de él.
Ni siquiera siento que exista la misma confianza de antes entre nosotros. Solíamos contarnos todo con tal de cuidar el uno del otro, hasta el punto en que inclusive hubieron muchísimos secretos entre Eren y yo, que ocultamos tanto a Grisha como a Carla con tal de que ninguno de nosotros saliese afectado.
Eren y Armin en alguna ocasión me acompañaron a hacerme chequeos ante mi miedo por salir embarazada o por contraer alguna enfermedad de transmisión sexual, mas nunca lo revelaron a nadie y siguieron actuando como si no tuviesen ni idea de que yo siquiera me había metido con ese alguien.
Aún cuando Eren parecía estallar casi de la rabia por lo que había hecho, procuró no hacérselo saber a nuestros padres para no meterme en más problemas.
Podría inclusive apostar, a que no lo recordarían a menos de que se los insinuase o hablase del tema.
De un momento a otro salté, tomando mi celular nuevamente con fuerza entre la palma de mi mano, y tallé mis ojos y parte de mi rostro con el dorso de la muñeca de mi otra mano disponible, adormilada.
A la esquina superior de la pantalla de mi celular, encontrándome con la sorpresa de la hora actual y advirtiéndome ya la necesidad de descansar. Faltan tan solo dos minutos para que sean las dos y un cuarto de la mañana.
Me arropé de nueva cuenta entre mis cobijas a manera de sentirme confortada para ya dormir, aún con mi celular en mano y estando a nada de bloquear la pantalla para dejar el mismo de lado. Empero, la curiosidad me tomó primero.
Paseé mi mirada por la pantalla LED del aparato, y con mi dedo me deslicé por la misma hasta hallar la ventana que buscaba, visitando entonces el ícono de mensajería en el menú al encontrarme sobre éste el pequeño señalamiento rojo de mensaje sin leer, expresado con un número tres.
Estando ya dentro de la aplicación, prestando atención en los chats marcados como recientes, dos mensajes de Sasha y uno de Armin, registrados como SaBrauitas, seguido de unas papas francesas y MiniMin, correspondientemente.
Respondí a sus mensajes de manera rápida y volví hacia el menú de chats, guiándome hacia una de las conversaciones, y descubriendo un cortante «no» de hace dos días del Enano Gruñón.
Por arranque, decidiéndome a revisar los mensajes anteriores y descubriendo muchos de éstos, haber sido enviados durante jornadas de la madrugada. Cuando justo ahora, no parece haberse conectado desde ayer en la noche.
Pude sentirme volver a sobresaltar, en esta ocasión no por sentir mi celular resbalar, sino — o quizá también —, por el repentino cambio de color en la pantalla. Captando de qué se trataba hasta momentos luego de escuchar el timbre sonar.
Repiqueteé el botón rojo del centro, esperando a colgar y fallando un par de veces más antes de poder conseguir hacerlo, hasta que finalmente pude relajarme tras lograrlo.
Empero, pude sentir un fuerte escalofrío recorrer por mi espalda, así como el vello de mi piel erizarse, inmovilizándome y obligándome a pasar saliva en seco a garganta cerrada. No me lo había esperado para nada.
«Enano Gruñón. Llamada entrante»
Jalé hacia atrás la pequeña pestaña del timbre para poner mi celular en silencio, y coloqué el mismo a un costado mío bajo la almohada, esperando a dejar pasar la llamada y de que la misma muriese en el timbre final.
Pero contrario de lo que creí, la vibración de mi celular se volvió insistente a lo largo de dos minutos — lo que a decir verdad, me hizo cuestionar el si no tendrá nada mejor que hacer como para molestarme durante la madrugada tras haberme ignorado durante los dos días anteriores enteros—.
Aquello no hizo más que propiciarme a toma la llamada, debido al ya presente fastidio.
Esperé tras la línea antes de hablar para no ser la primera en hacerlo, y le mantuve en el aire al menos unos cuantos segundos más.
— ¿Qué demonios quieres a esta hora, mocosa? — concedió finalmente su gélida voz, con molestia.
— Fue…— pausé, bostezando —. Fue un error — recupero, cuidadosa—, ya estaba por dormir.
— ¿Un error? — me cuestionó Levi, con presente ironía—. Pues tu estúpido error me costó el sueño que había logrado — espetó, refunfuñando.
Ahora siéndome de entender el porqué de su molestia. Pues además del horario en que lo hice, el hecho de que haya interrumpido su, casi inexistente, oportunidad de dormir.
— Ya… Te dejo descansar entonces — musito, disponiéndome de colgar la llamada para evitar dar más explicaciones.
— No — contestó el Ackerman, áspero.
Me detuve a esperar su habla de nueva cuenta, mas sin embargo, no hubo nada más.
— Mocosa — instó.
— Deja de llamarme mocosa — reclamé, volviendo el aparato a mi sien—. ¿Qué? — clamé, anodina.
— Tch… — chasqueó él, interrumpiéndome —. Sigues siendo una mocosa impertinente para mí — farfulló.
Resoplé, ya fastidiada.
— ¿Qué quieres? — recuperé, con desgana. Y el silencio permaneció al otro lado de la línea, exasperándome —. Voy a colgar. Adiós — aviso, apartando el celular de mi oído ya decidida a finalizar la comunicación y finalmente escuchando sus murmullos a mi advertencia.
Me permití escucharle al menos un momento.
— ¿Levi?
— Quédate… — dijo Levi, impostado y sereno.
La petición me tomó por sorpresa, inmovilizándome y dejándome sin saber cómo reaccionar al respecto por al menos unos instantes.
Empero, analizando la situación, llegué a la conclusión de que fuesen ser delirios. Algo que me di a la tarea de comprobar.
— Creí que estabas molesto porque querías descansar — acentúo.
—No me habré despertado por nada, mocosa — respondió el Ackerman, preponderante —. Fue tu culpa, ahora hazte responsable — defendió.
Cosa que me detuve a pensar, ya exhausta.
Empero, y a pesar de la hora y situación, dándome un espacio para hacerlo.
— ¿De qué se supone que hablemos? — consulto, inmiscuyéndome entre mis cobijas y dejando mi celular a un costado de mi almohada, colocándolo en altavoz. Y de esta forma, asegurándome de cubrirme bien del frío.
Volvió a guardar silencio, pero momentos luego comenzó a hacer algunas cuantas preguntas.
La conversación empezando con algunas preguntas triviales, y hasta algunas algo estúpidas inclusive para nosotros, como el por qué no había vuelto a responder sus mensajes cuando lo único que respondió él fue un no.
De a poco, ganando normalidad y fluidez.
De ratos, ambos quedándonos en silencio o trabándonos al no tener de qué hablar o al perder tema. Esto último repitiéndose algunas otras cuantas veces. Pero aun así no desistiendo del intento como habíamos hecho en ocasiones anteriores hasta perdernos entre la plática.
Empero, yendo pasando los minutos, llegó al punto de ser algo más personal. Todo llevando a contarnos ciertas experiencias, tanto extrañas como agradables. Ambos ya con sueño, pero aún con deseos de seguir hablando.
La suave resonancia de su barítono a lo largo de las horas, provocado por el agotamiento, arrullándome.
Entre las anécdotas, encontrándose algunas de las raras situaciones que le había tocado vivir con Hanji durante sus primeros años en la universidad, y así como el cómo la conoció. Y el cómo, a pesar de ser alguien irritante para él y el ser bastante diferente, se convirtió en su mejor amiga.
Cosa que no dijo como tal, pero me dio a entender.
Levi había entrado directamente a su carrera y a las residencias de los freshman teniendo ya veinte años, mientras que Hanji, apenas de dieciocho, tenía que vivir en apartamentos a los alrededores de la universidad durante el tiempo que asistiría a Fritz College — otro campus y edificios dentro de la misma universidad, al cual iría por tres años para poder entrar a Medicina—.
Pero parece ser, fue todo casualidad el que ambos coincidiesen en su primer año y en el momento correcto.
Puesto que a ambos les tocaba vivir y estudiar en zonas muy alejadas y diferentes dentro y fuera del campus, hacía casi prácticamente imposible el que ambos se llegasen a encontrar alguna vez o al menos tan pronto.
Eso sólo si es que Hanji no se hubiese perdido el primer día buscando la manera de llegar a los edificios de Fritz College, y que Levi no hubiese preferido quedarse en el campus principal a disfrutar de la feria y los eventos culturales de bienvenida en lugar de irse a su habitación cuando ocurría aquello.
— Esa maldita cuatro ojos — resopló Levi, casi de manera divertida a mis oídos. Si pudiese narrarlo de manera más sencilla a como Levi lo hacía, sería algo como: «Estaba sentado solo y tranquilo en la esquina de uno de los auditorios, viendo las presentaciones de las distintas organizaciones culturales de alumnos dentro de Fritz. Y precisamente cuando estaba por presentarse uno de los seniors a tocar el piano, comencé a escuchar los molestos siseos de alguien a mis espaldas.»
«Pst, pst» puedo escuchar justo en mi oído.
«Traté de ignorar aquello para poder seguir escuchando al chico tocar, pero se volvió tan molesto y abrumador, al punto en que no tuve más opción que voltearme a verle… Estaba fastidiado, y ella estaba justo ahí, escondida e inclinada tras la puerta asomando su cabeza, tal como si se tratase de un niño pequeño jugando a las escondidas, haciéndome señas para que me acercase y saliese hacia donde ella. Trataba de hablarme, pero no podía entender qué mierda quería.»
Quise imaginar la escena, y no hice más que morder mis labios y reír sutilmente ante la imagen de ello.
«Hey, tú... El que se volteó» susurraba Zoe, según Levi.
—De entre toda la gente que estaba ahí, y a la cual pudo haberle hablado, tuvo que escogerme a mí… — escupió, chasqueando su lengua —. Me levanté y fui hacia ella con tal de que ya se callara, ya hastiado y… Tch… Lo primero que recuerdo haber escuchado de ella fue: «oh, disculpa, acabo de perderme y… Vaya, eres muy bajito.»
Había cambiado su tono tan de repente, y volví a escuchar la voz de Hanji a mi lado.
— Tuve que terminar acompañándole porque estaba demasiado idiota como para pensar por su cuenta — espetó Levi, no de manera maliciosa en contra de ella. Sino de la manera en como suelen tratarse —, y me perdí la presentación. Pero a pesar de lo duro que había sido, parecía haberle agradado a la loca y quedamos de vernos otro día… Fue la primera relación de amistad que llegué a formar en un largo tiempo, y apenas habiendo entrado a la universidad.
Divagó entre otras tantas situaciones, y sin saber cómo o por qué, terminé por hablarle de mis malas experiencias con amistades. Mi vida social durante la secundaria y la preparatoria, asimismo, una mierda —en palabras del Ackerman—. Algo que llegó a coincidir con algunas de las experiencias vividas por Levi, aunque de distinta manera, debido a los constantes cambios de casas y lo poco que gustaba y gusta de relacionarse con otros.
En su debido momento, llegando a mencionar a un tal Farlan y a Isabel. Tras un largo tiempo, finalmente teniendo la oportunidad de preguntarle por ella. Descubriendo el que Levi e Isabel fueron amigos, pero el mismo asunto de los cambios de casa hizo que se perdieran la pista.
Contó, con melancolía.
« ¿Y si volvieras a verla?», fue mi cuestión. Mas nunca la respondió, desviándose entre otros temas.
Ya casi las cuatro y media de la mañana, a punto de caer rendida y resistiendo para poder seguir escuchando a Levi, intento poder hablar de manera clara entre mis balbuceos. Pero no me es del todo posible.
— Fue una tontería…—comento, perdiendo consciencia y suspirando pesadamente.
— Mocosa…— bostezó, débil —, que te importe un bledo lo que los demás digan… Incluso con el estúpido corte de hongo y sin maquillaje… sigues siendo linda — confesó Levi, extenuado. Provocándome una ligera sonrisa y sintiendo adormecerme—. ¿Mocosa?
— Aquí estoy…— salté.
— ¿Segura que no quieres dormir? — inquirió el Ackerman.
—No, no. Aún… puedo…— bostecé—, sigamos— propongo, removiéndome. Pero el silencio perduró durante otros minutos, entre bisbiseos apenas perceptibles. Cayendo ante la pesadez de mis párpados y perdiendo noción del tiempo.
«I wanna see you peacock. Peacock-cock-cock» sonó, de forma repetitiva mediante una animada melodía al estilo de porra, propiciándome a levantar de golpe.
— Ah…— suspiré y bostecé, traqueteando con la palma de mi mano sobre la mullida superficie y alcanzando finalmente el aparato del cual se reproduce la música.
«4:45 Viernes, 24 de noviembre», hallo tras la oscura y difusa cortina de la pantalla, acompañado de la leyenda de «alarma» y dos botones correspondientes a posponer y detener, escuchando todavía de fondo uno de los fragmentos de la canción Peacock, de Katy Perry.
Por inercia y divagando aún, busqué el botón para detener la alarma y me terminé yendo por el más grande en naranja.
«C'mon baby let me see what you're hiding underneath», corté, volviendo entonces a la comodidad de mi almohada.
Lo mismo se repitió al menos otras dos ocasiones más, empero, apenas momentos luego volví a saltar y a despertarme, tras haber alcanzado a distinguir distintas voces resonar por los pasillos de la casa.
Tomé mi celular y presioné el botón de encendido, para entonces, como consecuente, deshacerme de las cobijas sobre mí para saltar de la cama y correr hacia donde mi armario, tomando del mismo diversas prendas al azar y metiéndome en la ropa con brusquedad y dificultad, debido a la oscuridad. En especial a la hora de colocarme la chamarra y las botas.
Faltan cinco minutos para las siete, y mi primera clase comienza dentro de una hora. Teniendo que viajas casi dos horas y media.
Tomé mi bolso de la mesa de noche y salí de la habitación, cruzando por el pasillo hacia el baño y abriendo la puerta de golpe sin previo aviso alguno. Tarde, percatándome del vapor eminente de la pieza.
En la ducha, a punto de salir, Zeke habiendo apenas alcanzado a cubrir la zona inferior de su cuerpo con la toalla, y dejando a exposición el resto de su trabajado cuerpo. Nuestra mirada fija, siendo compartida con pasmo y sorpresa de manera efímera. Ambos en silencio.
— ¡Lo lamento! ¡Perdón, perdón! —exclamé alarmada y mascullé por lo bajo, saliendo de inmediato y con la mirada gacha, cerrando la puerta de golpe, avergonzada.
Siento mi rostro arder horriblemente.
Regresé al pasillo y bajé las escaleras con rapidez, dando saltos entre escalones para acelerar mi paso. Llegada a la cocina, continué y doble hacia mi derecha, metiéndome en el baño de visitas ya con la idea de lo que haría.
Tras haber acabado y haber posicionado bien mis pantalones y haber asegurado mi cinturón, pasé a lavar mis manos con frenetismo y cuidado, y tiré un último chorro de agua a mi rostro y lo repase por mi cabello, cepillando el mismo entre mis dedos. Sacando entonces de mi bolso mi cepillo de dientes para dar una rápida limpieza a los mismos — a pesar de haber vislumbrado ya unos momentos antes, mi cepillo viejo en el vaso junto a los extras de Grisha, Carla y Eren—.
Me miré a los fijo a los ojos en el espejo, como si se tratase de otra persona a mi frente. Advertí ya la espuma sobre salir de mis labios, ceñí mi entrecejo, di un sorbo de agua y me recuperé de aquel ensimismamiento, escupiendo ya todo; di un segundo sorbo y volví a escupir, ya lista y dejando el vaso de lado.
Doblé el cepillo y lo guardé devuelta en uno de los saquillos dentro de mi bolso, estirándome ya para darme paso hacia las afueras de la pieza.
Cerré la puerta a mis espaldas y me dispuse entonces de las alacenas a ambos de mis costados, buscando algo para llevar de éstas; de la primera, sacando una botella de bebida energética mientras que de la segunda tomé un par de barras de cereal, renqueando entonces hacia la isla de la cocina para tomar algo del frutero.
— ¿Todo bien, Mikasa? — graznó Carla, inquietada.
— Ya me voy. Es tarde ya — le explico, acelerada— La cena estuvo deliciosa. Nos vemos luego…— farfullé, dándole un rápido y corto-medio abrazo, dejándole pasmada por un momento ante mi prisa.
Me torné hacia mis espaldas con el propósito de marchar ya hacia la salida, y coincidí entonces con Zeke a los pies de las escaleras, éste ya con una camiseta blanca de tirante y nos pantalones cortos azules encima. Pero le evadí, siguiendo hacia la puerta a través de la sala.
Aseguré ambas de las puertas de la entrada y bajé por el pórtico hacia la pendiente, divisando el que el auto de Eren ya no se hallaba donde la acera. Haciéndome apostar el hecho de que tiene ya rato de haberse ido y del que no se había molestado o preocupado siquiera en avisarme a la puerta, sabiendo que también yo me iría.
No reparé demasiado en el hecho, y me guie devuelta a mi objetivo. Serpenteé entre la Highlander y el portón del garaje hasta haber alcanzado la puerta de mi camioneta, abriendo la misma para montarme luego del lado del conductor.
Coloqué mi bolso a un costado y sellé la puerta, para acto secundo encender la camioneta y tomar mi cinturón, preparando el resto de controles.
No obstante, mientras lo hacía, pude advertir el cómo el motor batallaba en encender y volvía a su estado inicial, cosa que continuó durante varios minutos mientras intentaba hacer de todo desde la cabina. Al menos hasta el momento en que pude divisar a Carla, acompañada a sus espaldas por el rubio más alto — quien trémulo y valiente, portaba alrededor de su cuello y hombros tan solo un mitón aterciopelado—, acercarse echando una mirada en mi dirección, desconcertada.
Entreabrí la puerta y saqué una de mis piernas, sintiendo apenas una ligera brisa fría acariciar mi piel.
— ¿Qué sucede? — voceó Carla, apenas viéndome salir.
— No enciende bien — comunico, haciéndome de lado y azotando la coraza de metal con cuidado—. El motor se apaga.
— ¿Y sí lo hiciste bien? — consulta la mujer de ojos ámbar, y afirmé haberlo hecho, desembocando una corta serie de preguntas mientras buscábamos posibles soluciones.
— ¿Puedes abrir la caja? — solicitó Zeke, dirigiéndose a la parte frontal de la camioneta.
Me regresé sobre el asfalto y volví al interior por unos momentos, haciendo lo correspondiente y desbloqueando el capote de metal, permitiéndole levantarlo para que entonces el mayor asegurase la tapa con una de las varillas de metal, y que de esta manera, pudiese chequear.
A su lado, consintiendo a la azabache acercarse a contemplar también. Me mantuve dentro de la estructura, apenas logrando apreciar a los mayores y advirtiendo apenas algunos movimientos de éstos. Mientras impaciente, me dedicaba a ver la hora en mi celular cada ciertos segundos y trataba de mandar algunos mensajes, los cuales nunca fueron recibidos.
— ¿Hay algo malo? — cuestiono, asomando parte de mi cuerpo al exterior. Oteando de momentos hacia el menú en la pantalla de mi celular.
— El radiador está congelado — revela el más alto, apacible —. El galón del anticongelante está vacío. No encenderá. Y si lo fuerzas, puedes dañar el motor — explica Zeke.
— ¿No le has puesto el anticongelante? — indaga la mayor.
Pero me quedo admirándole en silencio, mascullándome, crédula, asediada y fastidiada. Carla lo capta al instante.
Repaso mentalmente entre mis opciones y trato de elegir la más factible, mientras los mayores parecen llegar a acuerdos por su parte.
Ninguno de los transportes públicos me llevará hasta la universidad; la estación del metro queda a más de veinte minutos, el taxi me cobrará bastante y los autobuses no llegan gasta Erdia, a menos que tome varios. Pero la espera tan solo me retrasaría.
Torno mi cabeza hacia el dorso de mi mano y vuelvo el lado de la palma hacia mi rostro, desbloqueando mi celular y cavilando de vuelta ante mi última posible opción — pensada, al menos—.
Coloco el aparato entre mi oreja y mi hombro para sostener el mismo, y me extiendo a alcanzar mis cosas para volver a bajarme de la Sequoia. Bajo de un salto y cierro la puerta, bloqueando y asegurando el automóvil. Esperando aún tras el timbre al otro extremo de la línea.
— ¿Qué? — insta el Ackerman, irritado.
— ¿Ya estás en la universidad? — inquiero, despabilada. Tomando finamente el teléfono entre mi mano e irguiendo mi cuello.
— No. Estoy de camino — replicó Levi —. ¿Por qué?
— ¿Crees poder pasar por mí? — le solicito, consiguiendo distinguir, de alguna manera, su desconcierto ante mi petición —. Mi camioneta no enciende — le explico. Durante un instante, percibiendo el repentino bloqueo de su micrófono — probablemente, con su dedo — y algunos murmullos apenas audibles. Por una parte con fastidio, y la otra, serena.
— En veinte minutos estaré… ahí — respondió finalmente, inexacto entre el silbido de sus últimas palabras. Colgando la llamada poco antes de que pudiese confirmar.
Aparté mi celular de mi rostro y admiré simplemente el cómo la pantalla volvía a desvanecerse, para acto secundo enfundarlo al bolsillo de mi chamarra y encomendarme a acomodar mis abrigos.
— Mikasa — me toman por sorpresa, y me giro hacia ambos.
— Zeke puede llevarte hasta la universidad… — comienza Carla.
— No, no… Así está bien, ya llamé a alguien para que pase por mí — refuté, tiritando sutilmente ante la brisa.
La mayor vacila, para entonces avanzar hacia mí y atrapar mis manos entre ambas suyas enguantadas.
— Ve con cuidado.
Asiento, ambos se despiden y vuelven al interior de la casa. Me quedo sola fuera, en caso de que llegase antes; bajo la tenue nevisca, cruzada de brazos y con frío. Bebiendo de la botella de energético y esperando a que la misma me despierte unánime ocasionalmente reviso la hora en mi celular, ansiosa.
Había programado la salida para las cinco de la mañana, y así llegar al campus a las siete y media, para además tener tiempo de ir a mi habitación y preparar algunas cuantas cosas antes de irme a mi clase.
Ahora mismo podría estar casi llegando, si es que no me hubiese quedado dormida; y el problema fue también, el que no dormí más de quince minutos a cuando comenzó a sonar mi alarma. La cual en lugar de posponer, terminé por cancelar.
«Vaya que fui inteligente.»
Tragué algo de saliva, o al menos eso intenté, habiendo sentido una sutil comezón en la garganta. Para cuando caí en cuenta de que mi cuerpo se tambaleaba sobre sí mismo y mi rostro parecía sentirse pesado; entonces, descolocada y con la vista nublada, y de alguna manera, luchando por respirar entre mis constantes tosidos.
— Ackerman — escuché de rato, girándome a donde la proveniencia de la voz.
A tan solo unos metros de mí, del otro lado de la calle, habiendo vislumbrando una camioneta negra y al rubio en el volante de la misma, desconcertándome. Y borrosa a los copos de nieve, fui acercándome hasta haber alcanzado el metal; tomé la agarradera de la puerta, temblando, y jalé de ella, para como consecuente, entrar en el vehículo.
Y habiendo terminado sentada, me permití dejar caer contra el cuero de los asientos y me coloqué el cinturón de seguridad, para finalmente echar mi cabeza hacia atrás y suspirar, aliviada.
— Mocosa — llamó Levi, alertándome—. ¿Qué demonios tienes? — inquiere, tornando su cuerpo ligeramente hacia mí desde el asiento del copiloto, frunciendo su entrecejo y observándome con desconcierto.
Mientras que por el retrovisor, puedo alcanzar a contemplar a Erwin Smith viéndome desde el mismo.
— Estoy bien — me limito a decir, incorporándome en el ambiente y exhalando silenciosa y profundamente.
— Hm — clamó el azabache y volvió en sus asuntos, disuadido —. ¿Quién es el anciano? — cuestiona, mirando en dirección a la casa. Algo que imité, reparando luego en Zeke de pie en el pórtico, observando con desconfianza hacia acá.
Advirtiendo por el espejo lateral de la camioneta, que asimismo, el capitán Erwin le ve con recelo conforme comenzaba ya a movernos.
— Bueno, él… podría decirse que es mi medio hermano — respondo al Ackerman, incierta —. Aunque a decir verdad, no es tan viejo… Sólo lo aparenta — agrego.
Medio hermano adoptivo, tal vez.
La familia Jaeger es bastante compleja como para ser de mi completo entendimiento. Puesto que hasta donde sé, también tienen relación con los Fritz y los Reiss. ¿O es que estos últimos eran de los mismos? En verdad no lo termino de comprender cómo.
Y a decir verdad, ni me interesa.
— Nos veía como si fuésemos sospechosos de algo — comienza Levi, dejando escapar un ligero tono de sarcasmo —. Aunque no le culpo. Si mi hermana estuviese subiéndose a una camioneta así, sin siquiera fijarse en quiénes son, me preocuparía — comenta, mordaz —. ¿Y si fuesen unos completos desconocidos? — nunca cambio su tono de voz, y lo mantuvo neutro.
El comentario de alguna manera logró alertarme y de hacerme dar cuenta más tarde el dónde me encontraba. Identificándolo como el interior de una Suburban, tras comparar el espacio con el de la camioneta de Grisha.
Además del hecho de que ya había estado antes en ella, durante una de las salidas. La primera, para ser exacta.
Empero, me quedé tranquila de todas maneras. Terminando de comer lo que traía conmigo, aunque no terminando de sentirme mal.
De momentos, cuestionándome el por qué vendrían juntos, además de la disputa existente entre ellos y el que Levi debería estar conduciendo su motocicleta — cosa que de alguna manera, agradecí que no fuese así —.
De entre mis repentinos recuerdos, logrando rescatar algunas de las cosas que Levi me mencionó hasta hace unas horas respecto a su relación con Hanji y Erwin.
Pasados los minutos y a lo largo del trayecto, terminé por caer rendida y en sueño nuevamente. Agotada debido a lo poco que habría dormido y a mi actual estado.
No obstante, terminaría siendo despertada por una voz femenina, la cual resonaba en las bocinas del automóvil. Aparentemente, entablando conversación con el rubio, pero no siéndome del todo audible.
— Estoy conduciendo. Ya estoy por llegar — responde el mayor, intercambiando palabras aún. Momentos luego, cortando la comunicación.
No presté la suficiente atención como para poder entender el por qué, pero ambos mayores discutieron tras aquello.
—Ha… —suspiró el más alto, con pesadez—. No vale la pena tratar de explicártelo— soltó Erwin, resignado de discutir.
Tras haber podido presenciar la pequeña riña, de reojo, me encontré "de frente" a la mirada del azabache. Volviéndome hacia la ventana y aparentando aún dormir, cuando con ello y con mis ojos entrecerrados, admiraba el paisaje por el cual transcurríamos.
Éste último, siendo interrumpido por una estrecha pared de piedra, una enorme entrada.
Habiendo prestado atención, identificándola entonces como Mitras — una de las zonas residenciales de Sina, y la más importante —. De lo cual no me pierdo oportunidad para examinar el lugar con atención, grabando cada detalle presente posible. Abstraída.
Estuve dormida un buen rato, al menos hasta haber llegado hasta aquí. Quizá las dos horas de viaje. Pues de aquí, a lo menos, queda media hora para llegar.
Todas las casas aquí se encuentran en pulcro orden, ostentosas — bastante, diría yo. Puesto que su tamaño es colosal—, y de estilo barroco-tradicional. Principalmente compuestas por decorados de piedra, grandes ventanales, dobles puertas de cocheras y pequeñas torres sobresaliendo al centro de la construcción sobre la altura del pórtico.
Cosa que de cierta manera, me hace pensar en las casas europeas de la época medieval.
La casa de sueños de muchos adolescentes y probablemente la versión más retratada por las series y películas para los mismos.
Probablemente éstas casas sean el doble de grandes que las casas en Shinganshina, María, y a lo menos, les calculo un costo de setecientos mil dólares o rozando apenas casi el millón. El doble o inclusive mucho más de lo que valdría la casa de Grisha y Carla.
Pasando ya hacia el centro del lugar, descubriendo la casa club de Mitras, y la alberca de ésta y sus alrededores, escondidos entre la nieve.
Recuerdo haber escuchado a Eren y a Armin hablar de este lugar. Inclusive hay fotos de la parrillada que organizó Historia, a la que asistieron con motivo de graduación el verano pasado, entre compañeros. Fue algo pequeño, y yo fui invitada, pero sin embargo, no me animé a venir.
Aunque tampoco tengo la certeza del recordar por qué.
Dado medio kilómetro más adelante, nos detuvimos frente a una de las casas y esperamos fuera apenas un par de minutos. El capitán Smith haciendo sonar el claxon, aturdiéndome por momentos.
Aún conservo el dolor de cabeza.
Levi clamó algo —que ciertamente, como ya en otras ocasiones anteriores, no pude alcanzar a escuchar—, con presente sarcasmo, satírico y frívolo, justo momentos antes de bajar de la camioneta.
— Levi, no… No era lo que — trató de detenerle el rubio, declinado. Siendo interrumpido por el sonido de la puerta—. Levi — repitió Smith, alto y firme. Siendo ignorado por el azabache.
Este último, para como consecuente, pasarse hacia atrás a abrir la puerta a mi derecha y meterse en un único movimiento, pasando por en medio de los asientos hacia la tercera línea, para quedar en la orilla de la misma, solo.
— ¡Mikasa! — saludó Historia, contenta. Se colocó sobre el asiento, selló la puerta y abrochó su cinturón.
— Buenos días — saludó una tercera voz, alegre, remontando de copiloto.
Entonces avistando a la capitana Frieda besar la mejilla del mayor. Advirtiendo cómo, por el rabillo de su ojo, al advertir la presencia de Levi al fondo de la camioneta, su semblante pareció verse contrariado. Para luego tornarse devuelta hacia el rubio.
— ¿Listo? —inquirió Reiss, volviendo a su ánimo anterior.
El capitán Erwin asintió, esbozando una sutil sonrisa y tomando la mano de Reiss, depositando un beso en el dorso de ésta. Para como acto secundo, pasar hacia la frente de la propietaria.
Escudriñé a por el azabache virando por sobre mi hombro, y apreciando el que éste evita girarse hacia acá, molesto. Y dando otra oteada hacia mis costados, percibiendo el que Historia también parece algo incómoda a la estancia de Levi.
Decidí dejar ya de lado toda aquella presión, y suspiré, dejándome apoyar contra el cristal nuevamente y esperando a estabilizar mi malestar.
Y al cabo del tiempo mencionado, finalmente habríamos arribado en la universidad. Empero, en una de las zonas, al menos, desconocidas para mí hasta el momento. Lo que creía era el espacio que frecuentaba en el campus, no era más que un fragmento de éste. Y de alguna manera, olvidaba cierto detalle.
Las calles se extienden a lo largo de unos cuantos kilómetros, con cruces hacia otras vías e inclusive presentando algunos carteles en las esquinas de las aceras, como los de reducción de velocidad y las advertencias de peatones.
Todo, simulando de alguna manera ser un área vecinal normal.
Y como cualquier vecindario, hay casas. Pero en este caso, simulan casi el tamaño de mansiones. Son las casas de las frats.
Todo fue quedando detrás, hasta haber arribado en una de las varias hermandades. En este caso, la Sigma Beta Xi —en sus siglas, ΣBΞ—. La sorority más importante del campus, de la cual, la capitana Frieda es presidenta por legado de los Reiss.
Se han oído varios rumores entre los estudiantes sobre el cómo pueden ser las cosas aquí, y algunos de ellos circulan por uno de los tantos foros y blogs de la universidad —de los cuales, algunos han llegado a ser censurados o hasta clausurados debido a material o información mostrada ahí—.
Algunos de ellos inclusive hablando de Ymir —Langnar—, y su correlación la Sigma Beta Xi en su tiempo de freshman. Lo que podría estar estrechamente relacionado con su destitución de grado y la anulación temporal de actividades aplicada por parte de la institución para la hermandad en aquel tiempo —rumores a los que no les he dado tiempo de leer, pero que me siguen siendo intrigantes—.
— Nos vemos más tarde— dijo la mayor de las Reiss, despidiéndose del rubio—, gracias por traernos— agregó, besando la mejilla del hombre. Para entonces, indicarle a Historia bajar con ella. La rubia menor también despidiéndose, yendo detrás su media hermana.
El trayecto continuó, ahora algo incómodo debido al ambiente. Empero, aquello no duró demasiado, pues pronto llegaríamos a la torre de estacionamiento y el capitán Smith hallaría lugar para parquearse cerca de la salida.
Ya habiéndonos detenido, desabroché mi cinturón y comencé a tomar mis cosas. Y durante ese lapso de tiempo, Levi se encontraba ya por bajar de la camioneta. No obstante, fue detenido por el mayor, tras que éste le dirigiese la palabra a él.
— Levi — había comenzado el Smith, sosegado. Cavilando un poco, antes de proseguir—. Sólo te pido eso — soltó, sin más. Y ante ello, el azabache permaneció dándole la espalda y cabizbajo, suspirando.
No respondió, y bajó del vehículo, pasando del mayor y provocando la pesadez del resoplido de éste. Dejándome desconcertada.
Me levanté de mi lugar y caminé hacia la puerta, llevando mis cosas en manos.
Estando por bajar, habiendo echado un rápido vistazo hacia el asiento del conductor, mi voz no salía, así que simplemente terminé asintiendo en señal de agradecimiento, siendo correspondida por el capitán.
Aseguré la puerta y colgué mis cosas sobre mis hombros, para como consecuente reanudar mi andar. Caminando cerca del pelinegro, y notando el cómo éste parece un tanto distraído. Quizá pensativo.
— Levi — nombré, y tranquilo, el aludido giró sobre sus talones. Me echó un vistazo de reojo, y dando una indicación con su cabeza, me invitó a acercarme—. ¿Qué sucedió con ustedes? — señalo cuidadosa hacia mis espaldas—. Has estado demasiado…
— ¿Demasiado qué? — interrumpió Levi, tosco—, ¿estúpido?, ¿insolente? ¿Mierda? — espetó, con cierto deje de desprecio y fastidio en sus palabras, con veneno.
Ante aquello, le encaré, enfrentando sus oscuros y afilados ojos, intentando ocultar mi sorpresa con molestia. Su mirada, cansada y débil, ahora desviada. Sus ojeras haciéndose denotar mucho más que en ocasiones anteriores.
La manera en que respondió, provocándome cierto estremecimiento, la sensación de opresión contra mi pecho.
— Supongo que no es el momento…— farfullé, volviendo una de mis manos puño y llevándolo de vuelta contra la palma de mi otra mano, incómoda. Marchándome de la mejor y más rápida manera en que pude.
— Oe, mocosa — clamó el Ackerman, pero le ignoré. Siguiendo —. Tch… ¡Ackerman! — le escuché gruñir y alzar la voz, pero me apresuré a salir del edificio.
Historia
El evento dio comienzo cuarenta minutos atrás, y a decir verdad, nos ha estado yendo bien — con la promoción debida, días y minutos también poco antes de comenzar, para que la gente se comenzase a acercar—.
Frieda, de alguna manera, consiguió orquestar a las chicas miembros de la sorority y del equipo de porristas para llevar a cabo el evento de recaudación, proponiendo diversas actividades para la recolección de fondos que terminará yendo a una fundación, que se encargará de destinar el dinero a quimioterapias para niños pequeños con cáncer a varios de los hospitales infantiles a lo largo del Estado de Paradise, en nombre de la universidad.
Esto, ya sea tanto vendiendo comida, como vendiendo productos, recolectando material reciclable — el cual, será intercambiado por dinero—; llevando acabo algunos que otros juegos recreativos. Entre otras tantas cosas.
Pero insisto, en que la influencia de Frieda es poderosa.
Todo mundo pasea a lo largo de la explanada y entre las carpas, echando curiosas miradas a las mismas. Y si es que son convencidos, terminan saliendo con muchas de las cosas en brazos.
Entre los platillos ofrecidos, se encuentra la venta de banderillas, hot dogs y hamburguesas, entre otras comidas rápidas, o el tipo bufet; bebidas calientes para el crudo tiempo del invierno; batidos y postres, como cupcakes, pastelillos, paletas y dulces. Además de comidas veganas.
Algunos de los stands, hasta con la mercancía oficial de la propia universidad, con la leyenda de «Ymir Fritz University», o simplemente «FRITZ» en ella.
Entre estos, peluches de la mascota de la universidad con distintos vestuarios representativos de las distintas escuelas y facultades de Fritz. Tal como aplicados a las ciencias y a la salud —en especial de medicina y enfermería —, ciencias sociales, relacionados a las diferentes disciplinas de las artes, y hasta algunos cuantos otros con uniformes de los equipos deportivos, culturales y de las porristas.
Mientras que por otro lado, y de manera más general, se encuentran también camisetas, la varsity característica en distintos colores y diseños, y chamarras de invierno; pulseras, termos, llaveros y esferas; plumas, cuadernos y lapiceros; banderines y guantes de goma espuma.
Todos y cada uno conservando el emblema y los colores de Fritz o algo relacionado al mismo, promoviendo el espíritu de la universidad así como el apoyo a la misma.
Seguí caminando y continué paseándome entre diversos de los puestos, admirando con emoción, todos y cada uno de los puestos. Admirando las lonas y propagandas pulcramente diseñadas y decoradas. Entre saltos, saludando alegre y de manera recurrente a compañeras mías que reconozco del equipo de porristas.
Hasta que finalmente llegué al área de productos —antes mencionada —, descubriendo el pabellón de la mercancía exclusiva de las casas y de las sororities y fraternidades, en especial, de la Sigma Beta Xi — hermandad anfitriona liderada por Frieda. Para la cual he de mencionar, si deseas adquirir algo, necesitas de la credencial de identificación de la misma—.
Además también, del stand dedicado en especial a la mercancía del evento, mismo que está repartido en distintos puntos a lo largo del área que abarca el evento, en que recita el apoyo brindado para promover el mismo.
Regresé mi vista hacia el tenue, pero brillante, rosa pastel predominante del quiosco de la Sigma Beta Xi — el cual, termina llevándose mi completa admiración —.
Mientras que por lo tanto, a mis espaldas, pude hallarme también con el stand del equipo de animación de Fritz, al cual me acerqué. Oteando hacia mis espaldas de vuelta un par de veces más, abstraída.
Bajé la mirada hacia mi frente y comencé a indagar entre las telas, buscando las de los diseños que más me gustasen y correspondiesen. Entre todo, yéndome por la talla XS, cosa que fue complicada — puesto que en realidad, no hallo muchas de ellas y de que la mayoría de las chicas dentro del equipo somos muy delgadas y de cuerpos semi-pequeños —.
De momentos, asomándome a revisar el celular en mi mano en la espera de recibir algún mensaje de Annie al respecto; inclusive le mandé mensajes, y le llamé, pero a pesar de todo, nunca me respondió.
Finalmente suspiré, rendida.
En verdad estaba muy emocionada por el evento, demasiado, y por el hecho de que esperaba que pudiese pasar ese rato con Annie, y poder cumplir el objetivo que le habría propuesto hasta hace apenas unos días como resultado del aprovechar este mismo programa.
Tomé un par de camisetas con las enormes letras azules de borde blanco, narrando «FRITZ» en el pecho de éstas. Ambas, afortunadamente, tallas XS.
Me acerqué hacia el pequeño taburete en donde se supondría, sería la caja, y una de mis compañeras de equipo se acercó a atenderme. Coloqué ambas camisetas en el taburete y sonreí en cuanto apareció tras el mismo.
— ¿Qué tal anda todo? — inquiere Lauda, junior de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades, y del equipo. Recibiéndome contenta, con la nariz y pómulos rojos, expulsando pequeñas nubes de aire frío al hablar. Portando una de las camisetas del equipo y una gran chaqueta café para invierno encima.
— Por lo que veo, todo va tranquilo y muy bien de momento. Se ve bastante movimiento — comento, echando un vistazo a mis costados y asesorándome de que realmente era así. Y esperando, milagrosamente, a que la silueta de Leonhart apareciese por algún lado.
— Me alegra ver que esto funcione. En especial por el tiempo — me dice —, además, en eventos anteriores por parte del equipo, a veces no era siquiera suficiente el lavado de autos. Así que teníamos que buscar a qué más recurriríamos — bromea.
Y rio, débil y difícilmente, con la mirada baja.
— Serían cinco dólares — me dice Lauda finalmente, y alzo la vista hacia ella, con cierto pasmo e incomodidad al hallarme desconcertada.
— Oh, sí — cavilé un poco y busqué luego el billete en mi cartera.
— ¿Alguna bolsa? — me pregunta, señalando a sus espaldas las bolsas de tela personalizadas. Asiento, y se estira a tomar una—. ¿Sabes? Hubiese sido increíble que estuvieses aquí con nosotras. Es divertido — comenta, colocándose de puntas y golpeando la bolsa apenas con los dedos de su mano para poder tirar y tomar la misma de la colgadera.
Giró sobre sus talones y pasó la bolsa hacia donde yo.
Ciertamente todo se dividió entre distintos grupos, y se les asignaron diferentes tareas a cada uno. En el caso de mi grupo, tocó la "supervisión" del área.
— ¿Cuánto? — cuestiono.
— Esta va por nuestra cuenta — me guiña y sonríe, ayudándome abriendo y sosteniendo la misma para colocar ambas de las camisetas.
— Gracias — le agradezco y me despido, para entonces darle la espalda y voltearme a mis costados. Analizando hacia dónde podría avanzar ahora. Mientras el stand en mi frente, parece estar llamándome y atrayéndome hacia él.
Doy un segundo vistazo, y me acerco a ver devuelta. Asomándome entre las otras tantas chicas.
Tienen mercancía similar a la de la universidad, pero personalizada y adaptada al diseño de la Sigma Beta Xi.
«Poco me importa que tu hermana esté ahí. No te quiero dentro de la zorrority», recordé a Ymir regañándome.
De alguna u otra manera, siempre halla manera de inventar nuevos términos — hasta eso, despectivos para cada cosa que le desagrada. Siendo característico de ella—.
Otra vez, vuelvo a encontrarme con los peluches de la mascota de la universidad — tal como el que Ymir conserva en su apartamento —. Y tomé uno de los mismos, y finalmente me quedé admirándolo. Meditando entre mis recuerdos.
«Se parece a mí, ¿no es así?» bromeaba Ymir, colocando el peluche a un costado de su rostro. Una divertida comparación, a decir verdad.
Éstos, ubicándose justo al lado de las camisetas —las cuales portan en su versión miniatura en los colores representativos de la hermandad, como lo son el negro, el titanio y el rosado, y con las siglas ΣBΞ en el pecho de las mismas en un cromado color plata—.
Tal como la camiseta vieja que suele usar Ymir de pijama los sábados por la noche mientras nos acurrucamos a ver alguna película en la sala de su apartamento. Esa que me queda como vestido a los muslos. Tan vieja, descolorida y desgastada, con los símbolos ya blancos, que a veces, me hace cuestionar y sentir el que en lugar de haberla comprado, simplemente la sacó de algún basurero. Pero al menos, olorosa y apestosa no es.
Por más que llegase a sonar extraño, de alguna manera guarda la esencia y el aroma natural de Ymir. Podría decirse neutro, pero de manera indistinta, conservando aún cierta fragancia peculiar. De presencia, pero igualmente de buen gusto. Tal como aquella esencia natural que, extrañamente, parece desprender la gente mayor, como a ceniza de incienso aromático. A veces incorporada indiscriminadamente también con el hedor del licor.
El peluche es realmente lindo, y es algo que me guaría atesorar — o quizá el hecho de que me hacer recordar a Ymir lo hace menos espeluznante. Porque he de admitir, la mascota de la universidad es fea—, en especial ésta versión.
Eché un rápido vistazo de reojo hacia donde las chicas, cuan malhechor en la espera de tener la oportunidad para hurtar algo.
Cuidadosa y tratando de no parecer sospechosa, escudriñé entre las tallas de las blusas y tomé una L, junto al peluche con la misma camiseta.
Doblé la primera sobre mi brazo y coloqué el muñeco sobre la misma, acercándome al taburete y formándome tras otras dos chicas y una pareja. Y mientras me disponía de esperar, me dediqué a mandar algunos cuantos mensajes en mi celular así como también daba un paso cada que avanzaba la fila.
— Siguiente — salté, y di un paso más hacia el frente, embolsando mi celular y colocando ambas cosas sobre el mostrador—. ¡Oh, Historia! — saludó alegre la chica, a la cual no pude reconocer—, ¿sería todo lo que llevarías?
— Sí…— confirmé, algo tímida y nerviosa. Marcó ambos, tecleó no sé qué tantas cosas en la computadora y los regresó hacia mí.
— Once dólares — dijo, y estiré el dinero hacia su persona. Sorprendida y desconcertada por el hecho de que no me pidiese la credencial—. Te regreso tu cambio — secundó, sonriéndome y regresándome cuatro billetes con valor de uno cada uno.
— Gracias — sonreí, aun descolocada. Suspirando y riendo por lo bajo hacia mi propia persona, liberando mis nervios unánime guardaba las cosas en la bolsa.
Avancé, apartándome finalmente del área para seguir vagando lo que restase del evento por ahí, comiendo alguna que otra cosa y de momentos deteniéndome a hablar con gente o a tomarme fotos con algunos. Además también de pedir que me tomasen fotos en ciertos lugares o haciendo ciertas cosas para luego subirlas a Instagram con distintos títulos o leyendas; algunas con frases, palabras o hasta simplemente emojis, acompañadas de algunos hashtags.
Ciertamente no traté de pensar demasiado durante el mismo tiempo.
Ensimismada, admirando y vagando por redes sociales, hasta al menos, el momento en que sentí un par de piquetes y salté asustada, pegando un agudo y ensordecedor grito.
— ¡Historia! — clamaron al momento, y de inmediato me torné sobre mis talones. Hallándome de frente con Frieda—. Tranquila…— rio la misma, quien anteriormente había picado mis costillas y habría logrado pegarme un susto. Para entonces acariciar mis hombros y tratar de reconfortarme.
— ¡Me asustaste! — le reclamo, riendo de la pura impresión y propiciando la misma reacción por su parte.
— Ya pasó — sigue burlándose entre siseos, serenándose paulatinamente—. Ya estamos por terminar. ¿Qué tal te estuvo yendo? — preguntó Frieda, con emoción. Cosa que logró transmitirme.
No obstante, entre toda la emoción del evento, de repente, como si se tratase un fugaz malestar, pude sentir el cómo algo faltaba.
— Me… Me fue de maravilla — vacilé, bajando la mirada y perdiendo el tono vivaz en mi voz. Desconcertando a Frieda, de manera que me observó con preocupación.
— ¿Qué ocurre?, ¿hay algo malo? — me cuestiona, inquietada.
— No, no es nada — refuté, alzando mi vista devuelta hacia ella y tratando de componer alguna sonrisa. Cosa que no me fue posible, y sentí mi rostro deformarse en una extraña mueca—. No hay nada de malo— reitero—, sólo… Olvídalo.
No se convenció del todo — o a decir verdad, nada—, y ladeó medio rostro, exhalando para momentos luego recobrar ánimo.
— Bueno, a decir verdad — retomo habiéndolo pensado mejor, insegura —. Ah, ¿puedo pedirte un favor? — consulto, mordiendo mi labio.
— Por supuesto, dime. Sabes que puedes contar conmigo y que haría lo que fuese por ti— accedió, completamente comprensiva.
— Es que, necesito algo para un… amigo — comento, sosegada y cuidadosa—. Para unos tratamientos de rehabilitación — revelo—. Quizá debamos hablar mejor de esto más tarde y con más calma.
— Está bien…— dimitió, encogiéndose de hombros y soltando un pesado suspiro de suspenso que mantenía atrapado. Sonriendo, aliviada—. Tengo algo que podría animarte…— canturreó, chillando, insinuante y emocionada. Inquietándome.
— ¿Qué es? — inquirí casi al instante, sintiendo mis mejillas arder de la emoción bajo el helado viento — lo cual no es demasiado, a comparación de cuando llegan los frentes fríos y las tormentas de nieve en pleno diciembre. Para al menos, desaparecer hasta mediados o finales de abril—.
Frieda sonrió y me tomó por la mano, para entonces guiarme y llevarme con ella.
— Ven, vamos — soltó la azabache.
Regresamos por donde habría caminado yo sola hace apenas un par de horas, y tornamos entre las carpas hasta salir tras las mismas y poder caminar sobre el sendero de piedra que nos llevaría hasta Freudenberg Hall, edificio al cual terminamos por entrar.
El aparente vacío dentro del mismo, dando una mayor resonancia a las voces de la gente y a los rechinidos del lustrado suelo desde casi cualquier parte de la estructura.
Frieda, cautelosa y silenciosa, soltó de mi mano y me hizo una seña para que esperase donde me había quedado, y caminó hacia las enormes puertas de madera de uno de los primeros salones en el pasillo, abriendo una de las mismas y asomando apenas su cabeza.
El eco que podía apreciarse con claridad a mis oídos hasta hace unos momentos, había desaparecido, y en mi desconcierto, lo primero que hice fue voltearme en todas direcciones. Puesto que ya de ningún lado podía escucharse nada y se habría vuelto tétrico.
El chirrido y el golpe de la enorme puerta al cerrar me hicieron volver mi atención devuelta hacia Frieda, quien entonces giraba ya sobre sus talones hacia mí. Agitando su mano e indicando que me acercase, y caminé hasta donde ella, advirtiendo el que mantenía sus manos escondidas tras sus espaldas —probablemente, sosteniendo de las agarraderas—, mientras también esbozaba una amplia y alegre sonrisa, dando pequeños brinquitos talón-punta sobre los dedos de sus pies.
—Cierra los ojos— me pide, emocionada. Y lo hice, manteniéndome inmóvil durante la espera y sintiendo el cómo Frieda tomaba ambas de mis manos con delicadeza, alzando éstas a la altura de mi pecho, y curiosa, entreabrí mis ojos.
—Aún no— me regañó, fugaz —, tramposa— rio.
— ¿Ya? — insto, exasperándome.
— Ya puedes — avisó Frieda, con júbilo.
Pronto recuperé mi visión de a poco, parpadeando repetidas veces hasta enfocarme en el panorama. Entonces, descubriendo y pequeño sobre sobre mis manos, propiciándome a vacilar habiéndome hallado con el mismo.
Miré de reojo hacia la mayor, y ésta me instigó, enternecida.
Giré la cara del sobre y finalmente pude apreciar algo de éste, advirtiendo el pequeño sello redondo de cera rosada citando « ΣBΞ ».
Pasmada, de inmediato y en un rápido movimiento, pero de manera cuidadosa, me deshice de aquel sello e introduje mi mano a la carpeta, extrayendo y desdoblando la parte alta de la primera hoja disponible. Leyendo en ésta «Sigma Beta Xi», en una elegante y pulcra letra cursiva en tinta negra, acompañada del plástico correspondiente la credencial respectiva de la sorority con mi nombre en ella.
—No…— farfullo, conmocionada —. No es — me niego a pensar en la posibilidad.
—Sí…— chilló la mayor.
— ¡Frieda! — clamo, habiéndome lanzado a abrazarle y siendo atrapada por ella con fuerza. No logrando evitar sonreír —. Pero… creí que — pausé, esperando captase lo que trataba de comunicarle.
Frieda se encogió de hombros, tornando sus ojos y fingiendo no tener idea, esbozando entonces nuevamente una sonrisa.
Rod Reiss, siendo nuestro padre y de los principales benefactores de la Universidad Fritz y de la Sigma Beta Xi, le había advertido a principios de semestre y le había prohibido a Frieda el tenerme en la sorority —razón por la cual, no estuve desde un principio—.
— Te amo — susurré, agradeciéndole y abrazándole con suma felicidad.
— Bienvenida a la hermandad— me felicitó, contenta—. Ven conmigo — nos apartó finalmente del abrazo, volviendo a tomar mi mano y llevándome al interior de la sala a sus espaldas. Hallando a más miembros de la sorority en la misma, y siendo recibida por ellas de manera cálida con felicitaciones por quedar dentro.
Por un momento me habría olvidado de todo.
¡Poof! Han llegado al final, si es que no se han rendido a medio capítulo. No tengo mucho más por decir, así que no queda demasiado para finalizar lo de hoy.
Originalmente donde Historia cita a Ymir regañándole iba "sorority", pero estando en edición, de repente se me ocurrió lo de "zorrority" y me dio gracia. Además de que sentí que quedaría con sus palabras, y así lo dejé, JAJAJA.
Como mencioné en un principio, este capítulo no había sido tan largo; a lo mucho, llegaba a las trece páginas y apenas cerca de las cuatro mil quinientas palabras —actualmente, más de nueve mil y con veintitrés páginas—. Pero durante la edición del mismo, refiné la narración y me metí más en detalles, puesto que hace poco, me puse a agarrar libros de nuevo, cosa que tenía tiempo sin hacer —debido a que estaba pasando por un bloqueo de lector, y mi escritura de cierta manera se vio afectada y decayó por lo mismo—, y me ayudó bastante.
Esto es curioso de contar, pero justo luego de varios días de haber escrito lo de la llamada por la madrugada entre Mikasa y Levi, durante las vacaciones de diciembre en el 2017, tuve un par de charlas por teléfono con un viejo amigo, y también en la madrugada —fue cosa de estar hasta las cinco de la mañana hablando por teléfono o por mensajes desde las nueve o diez del día anterior—. Y en sí, esa experiencia me ayudó con este capítulo más tarde —cosa que es divertida, JAJAJ—.
En Twitter podrán hallar las referencias de éste capítulo, así como pequeños scketches que hice para el mismo. Si es que gustan de verlos —quizá de repente no aparezcan, pero estoy acomodando todo en el hilo principal de Red Rover—.
Ya tan solo me queda por terminar de editar el capítulo dieciséis y los próximos para volver a las actualizaciones semanales.
Por ahora, de este capítulo ha sido todo… ¡Hasta luego! Carpe Diem, Meine Leser.
También, como llegué a mencionar en el capítulo pasado, en éste iba a comenzar con los datos —la cual, será una pequeña sección aparte—.
Datos de Red Rover:
1. El nombre de Red Rover, viene de la letra de una de mis canciones favoritas de Imagine Dragons. Y estoy hablando de la canción la cual encabeza la playlist de Red Rover en Spotify: Polaroid.
Que si han prestado atención, pueden escuchar que se llega a mencionar en dos ocasiones «I'm a lone red rover» —por ello la frase pre título en la portada y la caratula—.
Pasando a los reviews:
Gaia Neferet:
¡Muchas gracias! Igual ya es algo tarde, puesto que estamos casi a mediados de año, ¡pero espero estés cumpliendo tus metas este y puedas seguir haciéndolo!
JAJAJA, de hecho, antes de investigar más a fondo, tenía la misma idea de que Eren simplemente tendría que esperar un poco para salir libre… But as we know now, that doesn't work, JAJAJA. ¡Estoy completamente de acuerdo contigo! En lo que respecta a Zeke y los hermanos menores, difícilmente se libran de ser atrapados.
El tema de los Ackerman también me ha puesto demasiado sensible, y no lo ha terminado de hacer hasta ahora, JAJAJA :c.
¡Wuh! Al menos ya no siento tan raro de emparejar al Sr. Smith con Kuchel, JAJAJA. Me entusiasma bastante el poder influir de esa manera. Son pequeños gustos culposos pero buenos c;
Ya no falta demasiadooo —quizá en cuanto tiempo de espera por los capítulos sí, pero en sí los mismos, ya no mucho—
Y reitero, me alegra tenerte aún por aquí… ¡Nos leemos!
Guest: ¡Muchas gracias a ti por la oportunidad! A decir verdad, tengo cuenta de Wattpad —puesto que ahí fue donde inicié todo— y he considerado el publicar ahí de nueva cuenta, aunque no me he terminado de convencer por el momento. Quizá lo siga pensando un tiempo más… Espero poder seguir teniéndote por aquí, ¡nos leemos!
