Disclaimer: El nombre de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de esta chica ;)
Hola a todas! Agradezco cada review que han dejado! y todas las alertas, follows y favorites! :') Me alegran demasiado! (en serio, no saben cuanto :'3) Quiero agradecerle especialmente a mi a Beta Estephany por ayudarme a corregir mis errores! Gracias!GRacias! eres una grande! con tanta paciencia! :*
Les envio un besote a Yolabertay, Cath Robsteniana, Soledad Cullen, Jupy, Steph V17, Majito Ortiz y Cecy Araujo (Bienvenidas :*) GRacias por los reviews!
Bueno, yo les dije que iba a subir nuevo capi, cada Miércoles y sábado pero debido a que mañana voy a salir temprano y he de regresar muy tarde a casa, pues lo subo hoy con todo el ánimo y esperando que les guste! :3*
Capítulo beteado por Estephany Twilighter, Betas FFAD.
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Capítulo 20
POV Bella
Me levanté después del bullicio que escuché en la puerta, Emmett, el grandulón parecía que hablaba con alguien.
¡Edward!, pensé. Le dije que no viniera esta semana.
Me levanté apresurada y furiosa. Claro, como últimamente ha venido casi todos los días. ¡Y eso que le dije que no venga!
Llegué a la puerta y vi a Emmett sosteniendo un ramo de rosas con una mano, y con la otra una tarjeta, la cual leía; me pareció extraño.
—Buenos días, Emmett. ¿Y esas rosas?
—Hola. ¡Vi! ¡Bella tiene novio! —decía mientras daba vueltas y saltitos con el ramo—. ¡Y se dan besitos, a escondidas, bajo un puente, los tortolitos…! —canturreaba como ñoño.
— ¡Eh! No… ¡Silencio Emmett! —Lo detuve y le quité la tarjeta de las manos. Esta decía: "Sí me gustas Bella y no es por lo que crees, más bien tú piénsalo. Edward Cullen"—. ¿Quién trajo esto?
—Un repartidor, supongo, sólo me hizo firmar y ya —contestó un poco intimidado—. Ya… Bella no te hagas la rogada, le gustas al chico. ¡Dale una oportunidad! ¿Cuándo podré conocerlo?
—Sí, claro, lo conocerás el próximo viernes cuando las mariposas hablen —dije sarcásticamente—. Vamos a desayunar; yo tengo que irme a trabajar.
— ¡Qué brusca Bella! Deberías agradecer que el chico te preste atención, eres muy brava, te vas a quedar solterona. —Sonrió abiertamente, burlándose.
—Ja, ja —le saqué la lengua—; ve a lavarte la cara, muévete, y álzate el pelo —dije sonriendo.
—Tú álzate el pelo, yo soy bien listo. —Hizo una mueca—. Y ¿qué vas hacer con el ramo? —Acarició las rosas—. Tiene buen gusto, cuando se marchiten te quedará el bol para que tengas peces, eso las hace menos inservibles.
—No me gustan las rosas, Emmett. ¿Acaso olvidaste que su olor me da dolor de cabeza?
—Oh, cierto, entonces dejémoslas… —buscaba una mesita— aquí —sentenció poniéndolas sobre una mesa cerca de la ventana—. Dejaré entreabierta la ventana para que no se concentre el olor a rosas en la sala.
—Gracias. —Fui a la cocina.
— Y, le vas a agradecer por las rosas, ¿verdad? —preguntó sentado en un taburete y descansando su cabeza sobre su palma; cerca del mesón de la cocina—. Si yo le regalara algo así a una chica, me gustaría mucho que me lo agradeciera con un buen beso. —Sonreí ante ello, mi hermano bebé un romántico...
— ¡Ay! ¡Qué nena eres Emmett! —Reí a carcajadas.
— ¡Hey! Si uno no es romántico está mal, y si lo eres, también. Pues ¿qué mismo? —preguntó confundido.
—No ñañito, sigue así, sólo no conozcas una chica como yo.
—Dios me libre. —Ambos reímos.
—Dije que te fueses a lavar el rostro y me seguiste como rabo hasta la cocina, desde acá veo tus lagañas. —Le señalé el baño con la espátula para huevos.
—Ya, ya voy —dijo, se levantó y fue al baño.
Preparé el desayuno y comimos amenamente; conversando sobre las familias de Forks.
—Bien, yo cocino; tú lavas.
—Abusas porque soy el invitado. —Sonrió y se levantó a recoger los platos.
—Te tengo una sorpresa esta tarde, así que más te vale portarte bien, no salgas hasta que regrese, porque te puedes perder.
—Ya no soy un bebé, Bella. Puedo guiarme bien.
—Ok, grandote, ven, acércate. —Lo guié hasta la ventana—. ¿Ves ese arbusto de allí? —Era uno que estaba bordeando el comienzo de la acera en la entrada del edificio—. ¿Lo ves?
—Sí. ¿Qué hay con él? —preguntó curioso.
—Hasta ahí puede llegar tu trasero, ¿me entiendes?
— ¡Graciosa! ¿Y sólo por eso me haces venir hasta acá? —cuestionó dirigiéndose hacia la cocina.
—Fue sólo una explicación gráfica, Emmett. Ya que no entiendes con palabras…
— ¡Ja!
—En el refrigerador hay comida, sé que puedes cocinar, así que te preparas algo para el almuerzo, porque yo no podré llegar a tiempo.
—Está bien, Bella.
—Que conste que te avisé que pasaba todo el tiempo ocupada.
—Sí, lo sé, tu tranquila. —Me regaló una sonrisa.
Me vestí rápidamente, y me maquillé en cinco minutos, me despedí de Emmett reiterándole que no saliera de casa.
Apenas llegué a Valenti, recordé el obsequio de Edward; no había pensado qué le iba a decir, preferiría que no estuviese allí, así me evitaba pensar tanto, pero eso era demasiado pedir. Apenas entré a mi área de trabajo, él ya estaba allí, sentado en un taburete.
—Hola, buenos días Cullen. —Caminé por el lugar hacia mi oficina, él me siguió.
—Buenos días, Bella. —Se acomodó en otro asiento—. ¿Quién es el invitado especial?
— ¡Vaya! Tan temprano; yo recuerdo que tu photoshoot es a las nueve de la mañana. —Traté de salirme por la tangente.
—Al que madruga, Dios le ayuda —contestó serio—. ¿Quién es?
—Ah, gracias por las rosas, aunque su olor me produce dolor de cabeza, pero aprecio el detalle. —Colgué mi bolso en un estante. Lo silencié con ello.
¿Quién se cree para interrogarme? Desde un principio no he querido hablar sobre la visita especial y me insiste con ello. Pues ahora, que se aguante mi mal genio. Además, como le dije, no me conoce lo suficiente, si lo hiciera no me hubiese enviado rosas.
—Oh bueno, lo tendré en cuenta para la próxima ocasión. —Puse los ojos en blanco ante su respuesta.
—No habrá próxima ocasión, no quiero nada tuyo, Edward —dije en tono molesto.
—Si crees que me vas a intimidar con eso, estás equivocada. —Sonrió divertido, se sentó en un sillón y entrelazó sus dedos.
—Muy bien, haz lo que te dé la gana. —Me senté a revisar los e-mails en la computadora. Ya veremos quién gana.
—Siempre —comentó confiado—. Más bien, cuéntame: ¿quién está en tu departamento? —Se me fue un clic de más en el mouse, me estaba exasperando.
—Ya que no entiendes con indirectas, seré clara: no quiero hablar del asunto, no te incumbe, Edward —le dije mirándolo a los ojos. Sonrió sarcástico en su defensa.
—Muy bien, como quiera la señorita —se levantó de su asiento y no lo vi en casi todo el día, únicamente en el photoshoot.
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— ¡Emmett! Ya llegué. —Dejé el bolso junto con el abrigo en un mueble cercano—. ¡Emmett!, ¿dónde estás? —Evadí el horrible olor a rosas y fui a buscarlo al cuarto, luego al baño.
¡Ay! Este muchachito salió, después de darle la orden de no salir. ¿Y si se perdió? Me asusté.
Bajé rápido al primer piso y salí a la calle.
Por último no tiene ni celular, tranquila Bella, tranquila, ya debe de llegar. Me senté en las escalinatas de la entrada.
Pasaron, aproximadamente quince minutos, cuando empecé a congelarme y no sólo del frío sino también del susto.
Tengo que comprarle un celular, le daría mi viejo móvil pero está fallando y no sirve, por eso me compré un nuevo celular.
Me levanté y caminé por la acera; dando vueltas, cuando de repente… lo veo llegar doblando la esquina, estaba con Edward. La furia apareció de golpe, todos los sentimientos se cruzaron, la angustia, la ira con Emmett por desobedecerme, la ira con Edward por también desobedecerme. ¿Acaso no me toman en serio cuando doy una orden? En pocas palabras "me rayé completamente". Y supongo que lo notaron porque comenzaron a retroceder, pero les hice una seña con el dedo índice que los detuvo. Emmett no quería venir y Edward le dio un empujoncito con el antebrazo para que empezara a caminar hacia mi dirección. —Emmett, ¿qué fue lo que te dije? —pregunté molesta.
—Bella, tranquila, no te enojes con él; yo lo invité a pasear —intervino Edward, tratando de apaciguar las circunstancias.
—Tú no digas nada —lo señalé con el índice—, porque también quedé en algo contigo, y desobedeciste. —Me miró serio.
—Bella, él no tiene la culpa, yo nunca le avisé que me habías prohibido salir. —Lo fulminé con la mirada. Así que ahora se defienden entre ellos…
—Emmett, tú eres mi hermano y estoy a cargo de ti. No sabes el susto que me has hecho pasar. ¿Y si te pasaba algo? ¿Qué le iba a decir a Charlie?
—Estaba conmigo Bella, no le iba a pasar nada —comentó Edward molesto.
—Despídete Emmett, y sube al departamento.
—Pero… ¿Y mi sorpresa? —preguntó con un hilo de voz. Lo callé con la mirada—. Está bien. —Se acercó a Edward—. Gracias por todo, la pasé genial contigo —dijo y se despidieron con un juego de manos que terminaba chocando sus puños—. Nos vemos luego, y tenle paciencia —susurró.
— ¡Emmett!
—Ya, Bella, ya voy. — Le di las llaves y subió al departamento.
—Bella, no fue mi intención… —se justificaba pero le interrumpí.
—No, no quiero saber nada, sólo quiero saber: ¿cuándo será el día en que respetes mi espacio personal? ¿Acaso no entiendes, Edward? Yo no te gusto, tú sólo estás picado porque no muero por ti, es sólo eso.
—No, yo te dije que no era eso, Bella. Más bien, tú dime: ¿por qué crees que no me puedes gustar? ¿Crees que no tengo corazón o qué? —explotó contrariado.
—Edward, los hombres como tú, sólo buscan mujeres para acostarse, nada más. Ya lo hemos hecho. ¿Qué más quieres? ¿Que te dé "mi corazón", para que luego te metas con otra y yo sea una más del harem que cree ciegamente en ti? No, créeme que así estoy bien. Por lo menos ahora no soy la boba de nadie. Sé con quien estoy jugando.
—Yo sé, Bella, que tengo un pasado lleno de mujeres, pero ahora estoy siendo sincero; créeme por favor —dijo mirándome a los ojos para luego pasar a los labios. Por poco y me lo creí, pero sabía que este tipo de hombres eran buenos mentirosos.
—Nos vemos luego, Edward. Estoy cansada. —Me volteé para subir al departamento y cuando iba a cerrar la puerta:
—No, no Bella. —Me empujó hacia la pared del pasillo y me acorraló con sus brazos, cerrándose la puerta tras nosotros—. Tienes que decirme algo, sino me volveré loco —pidió mirándome a los ojos y luego a mis labios.
—Dime ¿qué quieres que te diga? Porque así te dé mi opinión, no le prestarás atención, igual haces lo que quieres. —Se me abalanzó con un beso ardiente, sus manos recorriendo mi cuerpo, abriéndose paso por debajo del pesado abrigo; llegó hasta mi piel y las correntadas de sensaciones llegaron como avalancha. El enojo fue cediendo poco a poco, no me gustaba el dominio que tenía sobre mi cuerpo.
—Quiero… —me besó— que me digas… —recorrió mi espalda con su mano mientras continuaba besándome— que… —me besó el cuello— lo vas a pensar… —me dio una estocada que me elevó y apretó contra la pared, inconscientemente, mi pierna derecha había comenzado a abrazar su cadera cuando empezó a acariciar mis nalgas con sus grandes manos—. Dame un, "sí", Bella… —me besó nuevamente.
—Tal vez —le dije con un hilo de voz.
—Bueno, es mejor que un "no". —Me besó el pecho—. Piénsalo, Bella. Dame… el beneficio de la duda… Estoy… seguro… que… tu cuerpo… sólo reacciona así conmigo… —dejó mis pechos para besar mis labios. El muy troglodita tenía razón en eso, pero no quise darle ese placer.
—La carne es débil, Edward —le susurré y dejó de besarme para mirarme a los ojos.
—No mientas, Bella; tengo ojos y no soy tonto —alegó serio. Bajé mi pierna de su cadera y me dejó en el suelo.
—Yo ya dije lo que sentía, eres tú quien no quiere escuchar.
—Bien, me quedo con el "tal vez". —Se separó de mí molesto, abrió la puerta y dijo—: No seas orgullosa, Bella, y acepta lo que sientes. Pareces ser fría pero sé que no lo eres, sólo quieres mitigar lo que sientes por miedo a que te lastimen, y no lo haré. —Dicho esto, cerró la puerta y se fue del lugar.
Y me quedé allí, parada; viendo la puerta y procesando las palabras de Edward…
Podrán esas palabras trastocar el corazón de Bella? ¿Ustedes qué piensan? Nos leemos luego! bye! :*
