Eve Riddle acompaño a Harry Potter a su sala común, a esas horas de la madrugada el silencio inundaba el castillo, de regreso a sus aposento se detuvo frente las escaleras que llevaban a las mazmorras. Dudaba en ir, pero presenciar esa confusa disputa entre Harry y Snape la llenaba de curiosidad, ¿por qué perder los nervios frente a Harry?, algo debía de tener ese muchacho para sacar de sus casillas a Snape y no iba a pasarlo por alto. Una vez más, Snape, despertaba en ella algo más, curiosidad, y quizás, indagando en ello podía llegar a comprender el porqué de la ciega confianza que Dumbledore depositaba en él. Eve decidió pues bajar una vez más por esas escaleras, y enfrentarse a ese hombre sin atenerse a las consecuencias.

Severus Snape, estaba sentado en su escritorio, en su mente recordaba su encuentro con el Señor Tenebroso, todas las piezas encajaban, ahora, al corriente de los planes de Malfoy con el armario evanescente lo único que podía hacer era esperar y no perder de vista al muchacho, quizás, en estos momentos, eso fuera lo que menos le preocupaba. Al instante le vino en mente el rostro de una mujer, sus ojos, su cuerpo, su carácter… se sentía mal, se maldecía a sí mismo, como tantas veces lo había hechos estos últimos días por quien era esa mujer, esa mujer no era Lily Evans.

Unos suaves golpes en la puerta de su despacho le hicieron reaccionar, no quería ver a nadie y mucho menos a Eve, pero sabía que era ella. Así pues, se levantó en dirección a puerta y abriéndola escasamente un palmo se dirigió a la profesora.

– ¿Porque estás aquí, Riddle? – preguntó Snape con cierto desagrado.

– ¿Cómo ha ido la reunión con mi… con Voldemort y a qué ha venido eso? – preguntó directa Eve adentrándose al despacho ante la cara de desaprobación de Snape.

– Tendrás conocimiento de ello a su debido tiempo, debo de informar a primero Dumbledore.- dijo seriamente. - Y referente a tu otra pregunta si con "eso" te refieres al incidente entre Potter y Malfoy, estas preguntado a la persona equivocada. – dijo sin dar más importancia al asunto.

– No seas cínico, sabes perfectamente a que me refiero. Eres Severus Snape, no un cualquiera que pierde la calma frente a un rebelde mocoso. – dijo ella con confianza y valor, un valor propio de una Gryffindor.

Esas palabras hicieron volar la mente de Snape varios años atrás, en su cabeza, la imagen de Harry Potter se desvaneció dando paso a la de su padre, James Potter, aquel mocoso rebelde, y arrogante que tanto odiaba. Y seguidamente, como por arte de magia, el recuerdo de Lily Evans hizo mella en él.

Eve observa atentamente a Severus, parecía que su mente hubiera abandonado su cuerpo, lo contemplaba fijamente dándose cuenta que él estaba muy, muy lejos de ese despacho. Una vez más, sin pensar en las consecuencias decidió actuar, sabía que no debía de hacerlo temiendo la reacción de él, pero no habría otra oportunidad como esa, había que intentarlo aunque fracasara, deseaba saber que era lo que había dentro de tanto odio, de tanta amargura y de tanta capa de frialdad. Con un rápido movimiento de varita, Eve Riddle apuntó a Severus Snape y pronunció…

– ¡Legeremens!

Al instante, Eve visualizó el rostro borroso de una mujer, poco a poco se aclarecieron los detalles, era una mujer joven, de singular belleza, con una melena larga de tono rojizo… Puso su atención en sus ojos, verdes, unos ojos que tal vez había visto antes. Pudo llegar a notar una fuerte carga emotiva de sentimientos pero rápidamente se desvanecieron junto con la imagen de la mujer, volviendo a Eve a la realidad.

– ¡Suficiente! – exclamó Snape varita en mano mientras se dirigía hacia Eve agarrándola por el cuello con fuerza.

Eve, era incapaz de descifrar lo que veía en la mirada del profesor de pociones, era consciente de haber cruzado la raya y así se lo estaba demostrando él. Pero de su mente no desaparecía esa mujer que sabía que había visto antes, al instante recordó aquel breve encuentro con Harry, en la lechuzería, no cabía duda, era ella…

– Lily… Lily Potter… – logró pronunciar dificultosamente por el agarre.

– No tenias ningún derecho a hacer esto, Riddle, ¡largo! – dijo él con desprecio, mientras la soltaba empujándola hacia la puerta de su despacho.

– Severus…– dijo Eve con tono de disculpa e intentando hacer tiempo para poder comprender lo que había visto.

– ¡Largo! – repitió amenazante él con su varita apuntando a la puerta, la cual se abrió con un fuerte estruendo.

La ira y rabia que desprendía Severus Snape dejaba entrever que lo que ella había visto era de gran importancia por él, pero en aquel momento no había replica alguna que hacer ante su petición. Temía su reacción si intentara quedarse, él estaba fuera de sí, sin máscara alguna. Eve cruzó la puerta dirección al pasillo y al instante esta se cerró con un fuerte golpe detrás de ella.

Severus Snape se dejó caer, abatido, en su sillón. Trataba de poner racionalidad ante esa situación pero era incapaz, se sentía traicionado sin entender muy bien el porqué. Tal vez hubiera confiando demasiado en ella, o tal vez no fuera solo confianza, pero eso ya no importaba ahora, la odiaba. Tarde o temprano ella lo entendería, lo vería a él tal y como era, y no podía permitirse que nadie conociera los motivos que le habían llevado a ser el hombre que hoy en día era. No quería compasión, y mucho menos de ella. Lo que por encima de todo deseaba era terminar con todo, cumplir de una vez su promesa, hacer las paces con el recuerdo de Lily y dejar de luchar.

Nuevamente Eve Riddle vagaba por los pasillos inmiscuida en sus pensamientos, poco a poco, en su mente, organizaba sus ideas. Los sentimientos que pudo percibir junto a la imagen de Lily eran fuertes, y fue fácil llegar a una conclusión en cuanto a ellos, Severus la amaba. Empezó a comprender el despreció que sentía hacia Harry pero también la protección hacia él, era hijo de James pero también de Lily, y ambos, fueron asesinados por Voldemort, aquel quien, por aquel entonces, era su señor. Lentamente todo iba adquiriendo sentido, quien parecía un hombre frio, e incapaz de expresar emoción alguna, todo lo había hecho por… ¿amor?

– Buenas noches profesora – dijo una lejana voz amable des de la oscuridad

– Albus, pensé que no… – contestó ella algo sobresaltada.

– Regrese antes de lo esperado, si. Pero, que te hacer deambular por los pasillo a altas horas de la madrugada, querida – preguntó el director

– Nada, necesitaba relajarme, eso es todo, buenas noches director. – contestó nerviosa y apresuradamente Eve.

– Por favor, querida, de que se trata…

Eve miró fijamente a Dumbledore, y con cierto temor, después de un breve silencio, contestó…

– Lily, Lily Potter…

La mirada amable del Dumbledore se disipó por unos momentos y por el rostro de la profesora pudo entender que no únicamente se trataba de Lily, ella sabia más.

– Acompáñame, te prepare un té – dijo Dumbledore con un gesto amable.

En el despacho de Albus Dumbledore, este servía un té a la profesora que permanecía en silencio. La expresión de su cara evidenciaba lo que ella había llegado a descubrir, era fácil para Dumbledore ver más allá en las personas, y deducía que lo que ella sabía no había sido con la aprobación del profesor de pociones.

– Una vez me preguntaste porque confiaba ciegamente en Severus,… supongo que tú misma llegaste a la conclusión – dijo Dumbledore rompiendo el silencio y dando a entender a Eve que lo que daba vueltas en su mente era la verdad.

– ¿Pero porqué mantenerlo en secreto? – preguntó confundida Eve.

– Severus es un gran hombre, Eve, ha sufrido mucho y está pagando muy caro el precio de su error. A su tiempo, confió en la persona equivocada, se siente culpable y no quiere la compasión de nadie.

– Aún la ama… – pronunció Eve, sonando más entristecida de lo que ella quisiera.

– El amor, querida, es lo que nos mantiene vivos, aunque por el momento, solo sea un vano recuerdo… – apuntó el viejo con una leve sonrisa que Eve no supo muy bien cómo interpretar.

Eve terminó su té y depósito la taza en la mesita, después de la breve conversación se sentía más relajada, miró amablemente a Albus Dumbledore el cual le devolvió el gesto con una sonrisa.

– Ve a descansar, Eve. – dijo Dumbledore.

– Gracias Albus, buenas noches. – dijo ella dirigiéndose hacia la puerta.