Mentiras Que Cambian Vidas

Disclaimer: Los personajes pertenecen a la grandiosa Stephanie Meyer, yo sólo juego con ellos, pero la trama es completamente de mi autoría, por favor digan no al plagio.

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Capítulo 20* Verdades que duelen

¿Por qué Junior dice que Carlie es su hermana?— fue el saludo de buenos días que Esme le brindó a su hijo mayor la mañana siguiente.

La mañana para Edward Cullen no presagiaba ya de por sí un buen día, pues al bañarse el agua estaba más que fría y como se había despertado tarde, ya no tenía tiempo para tomarse un baño caliente como le hubiera gustado, y a la hora de vestirse, no encontraba una corbata que combinara con su ropa, pues al parecer, se le había olvidado hacer la colada y ahora no tenía más que dos opciones de corbatas y ninguna quedaba con su traje.

Pero las palabras que Esme pronunció comprobaron a Edward que su día no sería bueno y entonces recordó que nunca les advirtió a sus hijos sobre el hecho de no mencionar a Vanessa como su hermana, ahora le parecía una buena idea, pero lamentablemente su hijo ya lo había comentado y no sabía que responder, pero las palabras de su hija lo metieron en un lio todavía más grande, si eso era posible.

—Porque Carlie lo es, papá lo dijo cuando fuimos al parque con él, jugamos con ella a muchas cosas, yo quiero mucho a mi hermanita.

— ¿Y? ¿Qué tienes que decir a eso, Edward?— inquirió Esme arqueando una ceja.

— ¿Podemos hablar de esto por la noche? Tengo trabajo— pidió, pero su madre lo miraba exigiendo una explicación — ¿Por favor? Llegaré temprano, lo prometo mamá.

Ya llegaba tarde al trabajo y si su madre no lo dejaba marcharse, no podría cumplir su promesa, así que le imploró con la mirada que lo dejara partir.

— ¿Tengo otra opción?— contestó Esme resignada.

—Yo llevaré a Junior al colegio hoy— comentó Edward.

Junior se encogió en su silla, el pequeño estaba seguro de que su papá lo iba a regañar por haberle dicho de Carlie a su abuela.

Unos minutos después, el pequeño Junior y Edward salían de la gran casa, el pequeño se subió inmediatamente a la parte trasera del auto de su padre y éste le abrochó el cinturón de seguridad. Apenas se subió Edward al auto, el niño habló.

— ¿Me vas a regañar?— preguntó temeroso.

— ¿Por qué debería regañarte? No has hecho nada malo— aclaró Edward poniendo en marcha el auto y saliendo del garaje de los Cullen.

Edward era consciente de que su hijo no tenía la culpa, él tenía toda la responsabilidad en ese asunto por no advertir a sus hijos sobre no hablar acerca de Vanessa frente a los Cullen. Menos aún llamarla hermana.

—Pero le dije a la abuela que estábamos con Carlie y que es mi hermana ¿Eso estuvo mal?— dijo Junior.

—No, tú no tienes la culpa de nada Junior, tu solamente estabas diciendo la verdad.

— ¿Por qué Carlie es mi hermana? Ella ya tiene un papá y una mamá.

—Porque yo soy el papá de Carlie, Enzo es… su padrastro.

— ¿Qué es padrastro?— preguntó el niño confundido.

—Un papá de mentira, él ha cuidado de tu hermana cuando yo no lo he hecho, y es esposo de su mamá.

— ¿Hay madrastras? ¿Mi nana Renata es mi madrastra?

—No Junior, Renata era tu niñera. Pero si hay madrastras.

—Pero ella cuidaba de nosotros porque mamá no lo hacía.

—Pero a Renata le pagábamos por hacerlo, era un trabajo, como yo que trabajo en el hospital, ella trabajaba con nosotros.

—Si tú eres el papá de Carlie, ¿Enzo puede ser mi padrastro? Si él cuida de Carlie puede cuidar de Gianna y de mí también porque tú no puedes hacerlo.

Edward se quedó callado, pues las palabras de su hijo lo turbaron y le dolieron.

Su hijo parecía querer que Enzo, su enemigo de amores a sus ojos, fuera su padre y no él. Le sorprendían sus palabras porque siempre trataba de darles cuanto podía a sus hijos, el mejor colegio, los mejores juguetes, la mejor ropa, una buena y bonita casa… pero parecía que no era suficiente.

Pronto llegaron al colegio y justamente estaban Enzo y Bella diciéndole adiós a Carlie, ambos depositaron un beso en las mejillas de su hija y ella se metió a la escuela feliz. Observó la imagen que ante él se producía, Enzo tomaba por la cintura a Bella y ella se recargaba contra él mientras que una de sus manos la colocaba encima de la que él tenía posicionada en su cintura y la otra la llevaba a su vientre.

Edward bajó apresuradamente del auto, ayudó a bajar a Junior y lo condujo a la puerta de entrada, el pequeño iba con la cabeza gacha y no se percató de que Enzo y Bella estaban ahí. Le dijo adiós a su padre y entró al colegio.

Pero Edward, en lugar de marcharse a trabajar como siempre lo hacía, se acercó a Enzo y a Bella.

—Mi madre lo sabe, Junior le habló de Carlie como su hermana y Gianna lo repitió esta mañana ¿Pueden ir con Carlie hoy alrededor de las siete a la casa? Mi madre quiere hablar sobre eso— dijo Edward con prisa.

—Hola Edward ¿Cómo estás? Yo muy bien, gracias por preguntar— contestó Bella sarcástica— Hoy no podemos, tenemos una cita médica para Carlie y después iremos a casa de mi madre. Carlie no puede desvelarse— le dijo con el mismo tono demandante que había utilizado Edward antes.

— ¿Está enferma Carlie?— preguntó Edward, ignorando el resto de las palabras dichas.

—Se le va a caer un diente, pero le duele— explicó Enzo.

— ¿A qué hora es? ¿En qué lugar?

—Es a las cinco, pero no es necesario que asistas, ella no te quiere ahí y no le vamos a imponer tu presencia— dijo Bella de manera osca, mientras Enzo trataba de moderar sus palabras.

—Tengo derecho de estar ahí. Es mi hija.

—Pero ella no te quiere ahí Edward, te tiene miedo.

Eso era lo que le faltaba a Edward.

Con esas palabras se alejó de ellos. Pensando en su hija, pero ese miedo, para él, no tenía otra explicación más que Enzo estaba envenenándola en su contra.

Lo que él no sabía era que Enzo de ninguna madera podría hacer tal cosa con su hija; Enzo quería que Carlie lo quisiera tanto a él como a Edward, pero era su hija quien decidía que hacer y ni él ni Bella podrían imponerle nada. Menos aún el amor de alguien a quien ella temía.

Pero para Edward no había otra explicación y hacía culpable a Enzo de todas sus desavenencias con su hija. Por lo que tomó su teléfono móvil y marcó el número de la única persona que podía ayudarlo en ese momento.

— ¿Liam? ¿Puedes ayudarme con algo?

— ¿Estas segura?— preguntó Enzo a Bella.

Estaban en la sala de espera del consultorio, aguardando por la cita médica para Carlie, ella no tenía cita con el pediatra pero si con el dentista pues esa mañana se le había aflojado un diente y Carlie tenía un poco de dolor en la encía.

—Sí, Edward tiene que enfrentar a su familia solo, sé que la mentira comenzó por mí, pero no fui yo sola la que engendró a Carlie. Después hablaré con ellos, pero él tiene que dar la cara por sus actos, no fue malo lo que hicimos. Y en algún momento él dijo que estaba dispuesto a enfrentar a su familia por su hija, que lo demuestre ahora.

—En eso tienes razón, pero tal vez deberíamos ir después de visitar a tus padres, a fin de cuentas yo creo que los Cullen tendrán ganas de ver a Carlie.

—Si… tal vez lo hagamos.

— ¿Hamilton? El doctor los recibirá ahora — los llamó la secretaria, interrumpiendo su charla

Carlie tenía miedo de entrar a su consulta con el dentista, sus papás le habían dicho que era normal que sus dientes cayeran y que pronto le saldría uno nuevo y más bonito, pero ella tenía miedo de perder sus dientes además de que le resultaba doloroso cuando comía.

—Vamos preciosa, ya verás que no es nada malo— aseguró su padre mientras la tomaba en brazos para entrar al consultorio del dentista McGregor. Carlie asintió, pero escondió su carita entre el cuello y el hombro de su padre.

El dentista era un hombre joven de no más de treinta años, de piel bronceada y sin cabello, su constitución era delgada pero fibrosa y los recibió con una sonrisa cegadora.

— ¿Señores Hamilton?— preguntó, Enzo y Bella asintieron y lo saludaron con un apretón de manos — Y esta pequeñita debe ser Carlie ¿Cierto?

Carlie salió de su pequeño escondite para mirar por primera vez al dentista, este la miraba con una sonrisa tranquilizadora y la pequeña no pudo más que devolvérsela y asentir.

— ¿Qué los trae por aquí?— habló el doctor, señalando los asientos al frente de su escritorio.

—A nuestra hija se le aflojó un diente esta mañana y al comer le molesta— explicó Bella.

— ¿Ya ha mudado los dientes?— inquirió el dentista.

—No, es el primero— aclaró Enzo

—Es normal entonces, en algunos niños sucede que la encía es muy sensible y el mudar de dientes aumenta la sensibilidad, pero vamos a revisarla, así descartaremos cualquier otra cosa.

El doctor se puso de pie y le tendió la mano a Carlie.

— ¿Puedes venir conmigo un momento pequeña?— le pidió el doctor McGregor. Carlie miró asustada a sus padres y pidió ayuda con la mirada —Tu papá te puede acompañar.

Entonces, Enzo se puso de pie aun con Carlie en brazos y caminó con ella hasta la silla donde el dentista la revisaría, el doctor McGregor le indicó que la dejara en la silla y así lo hizo.

—No va a pasarte nada Carlie, solamente vamos a ver por qué te duele ese diente ¿De acuerdo?— le dijo el doctor, y Carlie asintió aun con miedo — Necesito que me digas cual diente te duele.

La pequeña señaló uno de los dientes frontales en la línea de arriba de su boca. El doctor McGregor observó la encía y esta estaba algo rojiza. Presionó un poco y Carlie emitió un jadeo de dolor.

—Su encía es muy sensible, por eso le duele cuando come, le voy a recetar un medicamento para el dolor y tendrá que utilizar una pasta dental especial durante la muda de dientes— explicó el doctor.

— ¿Me voy a quedar sin dientes?— jadeó Carlie horrorizada.

El doctor sonrió.

—No Carlie, si va a caerse, pero te saldrán otros nuevos y más fuertes— le explicó.

—Eso dijo mi mamá, pero tengo miedo y duele— expresó la niña, quien aún estaba recostada en la silla del dentista.

—Solamente será por un tiempo, además la pasta dental y el medicamento que te recetaré ayudarán a que no te duela— aseguró el doctor McGregor — Ya puedes levantarte.

Carlie asintió y con ayuda de Enzo se levantó y fue con su madre. El doctor les hizo la receta y programó una cita para un mes después, para corroborar que el diente estaba saliendo correctamente.

Más tarde, como Bella había dicho, estaban en casa de Eleazar y Carmen, todos le pedían a Carlie que les mostrara su diente flojo, de esta manera la pequeña comprendió que el hecho de que se le cayera un diente no era tan malo, pues de otro modo su familia no se alegraría de que eso estuviese pasando.

En la casa estaban reunidas las familias Vulturi y Denali además de Charlie y Tanya, pues como Carmen había dicho, los Cullen esta vez no habían tenido tiempo para asistir a la reunión por una razón desconocida por la mayoría de los asistentes.

A todos les había parecido extraño, porque Carlisle procuraba estar con su hermana todo el tiempo que le fuera posible, pero esta vez él no estaba ahí.

Para Enzo y Bella fue algo bueno estar en una reunión como esa, disfrutando por un rato y olvidándose de los acontecimientos de la mañana durante un rato; ellos no sabían que parte de la familia iba a estar presente y pensaban alertar a los padres de Bella por cualquier cosa que se presentara con los Cullen esa misma tarde o los días posteriores.

La reunión inició con buena pinta, los Vulturis traían noticias, Jane estaba embarazada de su primer hijo e iba a vivir en Seattle durante su embarazo debido a los preparativos de la boda de Félix, el hermano mayor de Alec y Jane, pues la boda se celebraría en vísperas de primavera.

Félix se casaba con su novia de toda la vida, Chelsea Ventura, porque esta le había condicionado su relación, y de manera graciosa, el día que Félix iba a proponerle matrimonio, ella se reveló. Él la había invitado a cenar a un precioso restaurante del centro de Seattle, ahí, antes de que él hiciera la propuesta, ella le puso las cartas sobre la mesa; le dijo que ella no podía quedarse como su novia para toda la vida, ella necesitaba un esposo y una familia, no vivir en unión libre como hasta ese día lo habían hecho durante al menos tres años, le echó en cara el que la propia Jane ya estuviera casada y que él, siendo varios años mayor no lo hubiera hecho ya. Félix la escuchó paciente, en silencio y con una sonrisa en sus labios, cuando ella terminó su alegato, él contestó que entonces era una suerte que esa noche le fuera a proponer matrimonio porque de ninguna manera podría vivir sin ella.

Y fue así como lo relataron a la familia.

— ¡Qué bonito! ¡Ojalá y alguien hiciera algo parecido para mí!— chilló Kate emocionada.

Eleazar tosió ruidosamente, y prácticamente escupió el vino que estaba por beber, al imaginarse a su hija pequeña casada.

— ¡No señor! Suficiente tengo con compartir a Bella, Kate será monja—sentenció Eleazar

Todos los presentes estallaron en risas por el comentario de Eleazar, era de suponerse que ahora y además de ser Kate la menor, se pusiera de esa manera al escucharla hablar de boda.

— ¡Por dios papá! ¡Ahora no voy a casarme! ¡Tan solo tengo dieciocho años!

—De ninguna manera, faltan al menos treinta años para que puedas hablarme de boda señorita. Eso sí desisto de mandarte a un convento.

Y con eso las risas volvieron, pero el sonido del teléfono de la casa los interrumpió, Carmen se levantó de su asiento disculpándose para ir a contestar, se apresuró a llegar a la sala, donde estaba el teléfono más próximo al comedor donde se encontraban y contestó sin observar el número.

— ¿Bueno?— contestó cuando levantó el teléfono.

¡Carmen! ¡Dime que no es cierto! Dime que lo que está diciendo Edward son mentiras, dime que Bella si es hija tuya— la voz de Carlisle Cullen sonó al teléfono, y Carmen se puso lívida.

— ¿De qué hablas Carlisle?— preguntó Carmen con miedo en su tono de voz.

He llegado a casa antes y Edward está discutiendo con Esme ahí dentro, él le dijo que Bella no es tu hija, dime que no es cierto, Bella es tuya… ella… ella es tu espejo, ella eres tu Carmen— explicó Carlisle con la voz cortada, Carmen podía jurar que estaba conteniendo lágrimas.

—Carlisle, tranquilo, entra a tu casa, vamos para allá— Carmen trató de calmarlo y en ese momento Eleazar apareció en la sala y al ver a su esposa tan pálida de inmediato se preocupó.

— ¿Qué pasa Carmen? ¿Quién llamó?— preguntó alarmado.

—Tranquilo Carlisle, no tardo— le repitió a su hermano y colgó —Era Carlisle, ha escuchado a Edward y Esme discutir sobre Bella, él le ha dicho que Bella no es nuestra hija.

Edward había llegado temprano a la casa Cullen, tal como le prometió a su madre; en el día había estado pensando en las cosas que lo atormentaban y en cómo darles una solución definitiva, así determinó que lo único que podía hacer para tener a Bella y Carlie junto a él era quitarle a su hija, para que de este modo, ella abandonara a Enzo para ir tras su hija y una vez eso pasara él se aseguraría de reconquistarla. Pero para que eso ocurriera tenía que hablar con sus padres.

— ¿Mamá? Estoy en casa— gritó una vez entró en la gran casa blanca.

—No es necesario que grites, estoy en la sala— contestó Esme —Y tienes una hora para explicarme que está pasando con tus hijos y contigo.

Edward dejó sus cosas en el pequeño armario que había en la entrada de la casa y con paso seguro se dirigió hacia donde estaba su madre, dispuesto a contarle cuanto había ocurrido hace más de seis años y lo que estaba ocurriendo ahora.

—Los niños han ido a casa de los vecinos, te escucho— fueron las palabras de su madre, que indicaban que no iba hablar más que para preguntar.

—Muy bien, Vanessa si es mi hija.

La cara de Esme era todo un poema, la contradicción y la incredulidad pasaban por su mente, pero sobre todo la aberración, porque ella no conocía el secreto de la familia Denali.

—Explícate— pidió Esme.

—Yo soy el padre biológico de Vanessa, Bella y yo… bueno, nosotros mantuvimos una relación durante algunos meses de ahí surgió nuestra hija, por eso me fui.

—Pero ¿Cómo? ¿Cuándo?

— ¿Recuerdas el viaje a Venecia?— preguntó Edward y Esme asintió —Ahí supe que ella me quería y yo la quería a ella, así que decidimos que no haría daño lo que los demás no supieran, así que fue mi novia algún tiempo.

— ¿Desde entonces? ¿Y Carlie…?

—Sí, ella nació de esa relación, cuando Bella me lo dijo yo me puse feliz porque iba a tener un hijo con la mujer que amaba, pero ella tenía miedo, quería al bebé, pero temía la reacción de la familia y me propuso que mintiéramos, yo no quería hacerlo, quería irme lejos con ella y con mi hijo, pero Bella quería que su familia conociera al bebé, también lo hacía por Athenodora quien estaba sola, delicada de salud y el hecho de que Bella desapareciera pudo haberla matado.

Entonces Bella me propuso lo que tú conoces, mentir sobre el padre del bebé que esperaba, todo para que ese bebé fuera feliz y creciera con su familia pero sin mí, yo lo acepté pensando que era una mejor idea, pero después lo pensé mejor y caí en cuenta de que Bella algún día encontraría alguien a quien si pudiera amar, que encontraría un padre para nuestro hijo… por eso me fui— relató Edward.

— ¿Y dejaste que Bella lo hiciera?

Pregunto Esme, porque su hijo, el niño que había criado no haría eso, ese niño lucharía por lo que quería, pero si la había dejado ir, entonces Edward realmente amaba a Bella, la amaba y amaba a su hija porque las había dejado libres a costa de su propia felicidad.

—Sí, consideré que no iba a ser capaz de ver a Bella feliz con otro hombre, que no iba a resistir que mi hijo le dijera papá a otro hombre que no fuera yo, simplemente no podía soportar esa idea.

— ¿Y Heidi? Porque si hubieras estado tan enamorado de Bella como dices que lo estabas, y no digo que lo juzgue prudente o que lo apruebe, no hubieras estado con Heidi a tal punto de traer al mundo un hijo de ella.

—Por momentos creí que ella podría ser la mujer con la que podía olvidar a Bella, y por eso me casé con ella, pero no pude.

— ¿Y porque hacer sufrir a dos pequeños que no tienen nada de culpa en esto? No comprendo Edward. ¿A qué regresaste si muchas veces te dije que Bella era feliz, que estaba casada y con su hija? No me mal intérpretes, me agrada que estén aquí, pero ¿Por qué?

—Porque quiero recuperar a Vanessa, ella es mi hija, no de ese otro hombre con el que Bella se ha casado, ellas son mías.

—Me vas a perdonar Edward, pero eso no va a poder ser, Bella está casada y aunque no lo estuviera… ¡Por Dios Edward, es tu prima!

— ¡Es que ella no es familiar mío!— gritó Edward—No creo que lo sepas por la cara que has puesto, pero te lo diré. Bella no es hija de Eleazar y Carmen…

— ¡¿Cómo que Bella no es su hija?! ¡Ella es igual a Carmen por Dios!— le dijo Esme exaltada, interrumpiendo su explicación.

Ella no podía creerlo, Bella era su sobrina, incluso había notado rasgos de Carlisle en ella.

— ¡Es cierto mamá! Bella me lo dijo, ella es hija de Charlie— aseguró Edward.

— ¡No! Bella es una Denali, ella es muy parecida a todos ellos, incluso se parece a tu padre, ya te lo he dicho ¿Cómo puedes decir eso?

— ¡Porque es cierto! El día que les llamé para avisarles que iba a casarme y a tener un hijo ella me llamó, me iba a contar lo que había ocurrido en su casa esa misma noche y yo le dije que no me interesaba ni ella ni el hijo que esperaba; la hice sufrir y ahora que he vuelto, ella me lo ha dicho ¿Nunca has comprendido porqué Charlie le deja el mando de su empresa tan confiadamente? O ¿Por qué dicen que es la heredera de Seattle?

— ¿Por qué Edward? ¿Por qué se dice eso? ¿Por qué hace eso Charlie?— preguntó la voz de Carlisle de manera sorpresiva.

—Papá…

—No, Edward… quiero saberlo ¿Por qué estás hablando de eso con tu madre?— cuestionó Carlisle con voz ahogada.

— ¿Cuánto escuchaste?— indagó Esme

—Lo suficiente…

—Pero no escuchaste el motivo, así que te lo diré…

— ¡Edward!— lo reprendió Esme, quien más que cualquier otro, sabía lo que representaba Bella para Carlisle.

—Déjalo hablar, quiero saberlo.

—Vanessa es mi hija, por eso estoy discutiendo con mamá, en la mañana o ayer, no lo sé, pero Junior le dijo que Vanessa era su hermana y Gianna lo secundó, así que me ha pedido que llegara temprano para aclarar el asunto, y aquí estamos— explicó Edward.

Y eso fue la gota que derramó el vaso, Carlisle se tornó pálido, el aire comenzó a faltarle, un sudor frio perlaba su frente y palpitaciones en el pecho era lo unico que era capaz de sentir.

— ¿Papá?— preguntó Edward, quien de inmediato notó los síntomas de un ataque cardiaco en su padre.

Pero fue muy tarde, Carlisle estaba desplomándose en el suelo de su casa.

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¡Hola! ¿Qué tal ha ido este capítulo? Y además de la parte de la historia donde nos quedamos… bueno, les diré que esta historia está en la recta final, aun no sé cuántos capítulos faltan, pero no pasarán de cinco o seis, como mucho llegaremos a treinta. : (

Les agradesco infinitamente sus comentarios, los cuales me pondré a contestar nada más publicar este capítulo ; )

Promocional: Les recuerdo que podrán encontrar adelantos, fotografías y mucho más referente a este y a mis otros Fics en el grupo de Fb Bella Readers (link en mi perfil) ¡Ahora también tenemos grupo de WhatsApp a su disposición!

Besos desde México, Bella.