Disclaimer: No me pertenece ninguno de los personajes que aparecen en este fragmento de historia.

CAPÍTULO 20. La verdadera naturaleza.

Cuando Pietro, Dominik y Blob, cargado con un Sapo con la lengua colgándole por uno de los lados de la boca, llegaron adonde estaba el coche, ya había comenzado a atardecer. Al verlo vacío, ninguno de ellos dijo nada en un buen rato, mientras se mantenían frente al coche mirándolo con fijeza.

Finalmente, Pietro giró la cabeza hacia Dominik, con lentitud. Tenía una expresión de desconcierto y de algo más que Avalancha no sabría muy bien identificar.

-Dijiste que Marie estaba aquí con la palomita- dijo, apoyándose contra el capó del coche- No la veo por ningún sitio.

-Eso es porque no está aquí- rió Sapo, atragantándose con su propia saliva. Blob tuvo que darle varias palmaditas en la espalda.

-No han podido ir muy lejos- advirtió Dominik- Ángel no habría podido dar ni dos pasos seguidos él solo, y Marie tampoco habría podido cargar con él ella sola.

-Entonces, vayamos a buscarlos- refunfuñó Blob, colocándose a Sapo en el regazo- Hay rastros de sangre que se dirigen hacia allí- indicó, señalando la espesura.

Pietro empalideció un poco al fijar la mirada en el suelo. La arena se entremezclaba con el rojo argénteo adquiriendo un color entre el marrón y el magenta.

-Debe ser la sangre de Warren- lo tranquilizó Dominik- No hay de qué preocuparse. Vamos ya; los encontraremos.

Ninguno se percató de la risita sofocada de Sapo, que sacudía la cabeza con una sonrisa malévola.

No tuvo que pasar mucho tiempo hasta que dieran con una explanada donde había marcas de ruedas. No eran cualquier tipo de ruedas, sino las de una aeronave.

-El jet de los frikis X debe haber dejado estas huellas- supuso Dominik, lacónico.

-No puede ser una coincidencia- alcanzó a decir Pietro, anonadado- Esa sangre era de la palomita y Marie estaba con él. Si han venido hasta aquí, que no estaba tan cerca de donde estaba el coche; alguien ha tenido que cargar con Warren.

-¿Se han... ido con los frikis X?- musitó Dominik, desalentado.

Entonces, ambos dirigieron la mirada al mismo tiempo hacia Sapo, que no paraba de reír de forma maquiavélica. En menos de un segundo, Pietro lo había arrebatado de los brazos de Blob y lanzado al suelo, sus manos rodeando el delgado cuello verdoso de Sapo.

-Tú sabes algo- afirmó Pietro, acusadoramente.

-Sé muchas cosas, estúpido- se burló Sapo, recibiendo un golpe en la cabeza por respuesta.

-Calma, Pietro- lo sosegó Dominik, colocando una mano sobre su hombro. Inmediatamente después, miraba a Sapo con aversión- Y tú, habla de una vez, si no quieres que yo mismo me encargue personalmente de que no vuelvas a pasar por casa.

-¿Qué harás?- se mofó Sapo, a pesar de que seguía teniendo las manos de Pietro alrededor del cuello- ¿Decírselo a Mística?- soltó una carcajada estruendosa.

Pietro frunció el ceño, apretando más su agarre. A Sapo se le agrandaron los ojos, cerca de salírsele de las cuencas.

-¿Qué tiene que ver Mística en todo esto?- cuestionó Pietro con enfado- ¡Contesta de una puñetera vez!

Sapo no dijo nada. Estaba más ocupado tratando de inspirar y hacer que el oxígeno llegara a sus pulmones.

-Suéltalo, o afloja- terció Blob, desde detrás de Dominik- Así no te dirá nada.

Reacio, Pietro hizo caso de Blob, y disminuyó la presión que ejercía contra el cuello de Sapo, que comenzó a toser. Cuando pudo dejar de hacerlo, fijó sus ojos en los del chico, sonriéndole con desdén.

-El otro día escuché a Mística hablando por teléfono- dijo con esfuerzo- Hablaba de tu querida Marie- añadió, con sorna- y de llevarla con el profesor- completó, haciendo énfasis en la palabra "profesor" y entornando los ojos al tiempo que dejaba de hablar.

Pietro mantuvo el rostro sereno, aunque por dentro se sentía decepcionado y... ¿traicionado?

-¿Por qué? - inquirió Dominik- ¿Por qué llevarla con el ruedas?

Sapo se encogió de hombros. Aunque sabía que Raven había estado dándole vueltas al asunto del fénix que habitaba dentro de Marie, y que eso era seguramente lo que la había llevado a convencer a la chica para que se fuera con los X-men; dijo algo que distaba un tanto de lo que pensaba y de lo que había ocurrido en realidad.

-Pícara ya quería irse- sonrió, con maldad- Sólo buscaba el mejor momento para hacerlo.

-¡Eso es mentira!- bramó Pietro, volviendo a estrujarle el cuello- Ella no se iría y menos sin despedirse...

-Oh, ¿te he hecho daño en tu corazoncito?- se regodeó Sapo, a pesar de que su piel empezaba a tomar un color amoratado por el intento de ahogamiento por parte del muchacho.

-Pietro...- lo llamó Dominik, usando un tono de advertencia.

-Está mintiendo, ¿no lo ves?- replicó Pietro volviendo por un momento la cabeza para mirar a su amigo- Está mintiendo. Es un mentiroso por naturaleza, ya deberías saberlo.

-Esté mintiendo o no, será mejor que lo sueltes si no quieres tener problemas con Mística- intervino Blob, cruzando los brazos.

-Mejor no te digo por donde se puede meter Mística sus broncas- masculló Pietro, regresando su atención al pobre Sapo- Ni intentes escupirme. Si tengo que matarte, preferiría hacerlo despacio.

-Pietro, estás sacando las cosas de quicio- opinó Dominik, haciéndole una seña a Blob para que separara al chico de Sapo.

En cuanto Blob abrazó con sus enormes brazos el cuerpo de Pietro, este soltó a Sapo y comenzó a golpearle a su velocidad sobrenatural. Sin embargo, Blob no cedió y permaneció en sus trece, sin liberarlo de su agarre, a pesar de los gritos y los golpes del chico.

-¡Suéltame ya!- vociferó, furioso- ¿Qué te importa si le arranco la cabeza?

-Pietro, no pagues tu frustración con los demás- lo recriminó Dominik- Entiendo que estés enojado y afectado por lo de tu hermana, y que ahora también lo estés aun más por lo de Marie. Pero esa no es razón para matar ni maltratar a nadie que no sea santo de tu devoción.

-No me jodas- gruñó Pietro, desde los brazos de Blob- ¡No puedo creer que lo estés defendiendo!

-No lo estoy haciendo- respondió Avalancha, con paciencia- Estoy siendo razonable. Sapo puede haber mentido; tú mismo lo has dicho. ¿Por qué no vamos a preguntarle a Mística qué es lo que ha pasado?

Pietro resopló, dejando de intentar agredir a Blob para desasirse. Finalmente asintió, con renuencia a abandonar sus instintos homicidas contra Sapo. Dijera lo que dijera Mística, no la creería del todo. No se fiaba de ella. Se había "tomado la libertad" de secuestrar a su hermana para llevarla a una clínica sin decírselo. Además, ni siquiera estaba del todo seguro de que la hubiese llevado a una clínica. Más que por el bien de Wanda, muy probablemente lo habría hecho porque Magneto se lo habría encomendado, ya que al empeorar tanto, ya no le serviría de nada mantenerla en la Hermandad.

Cuando Blob consideró que ya se había calmado lo suficiente, abrió los brazos, liberándolo. Pietro flexionó las piernas, aterrizando con suavidad sobre el suelo y dedicándole una mirada asesina a Sapo, que le sonrió, socarrón.

Mientras desandaban el camino hasta el coche, Pietro no hacía más que preguntarse si él alguna vez habría significado algo para Marie. Porque si realmente lo hubiera hecho, no se habría ido sin más. Le había prometido que no lo haría. Pensar en ella le dolía. El desengaño se iba apoderando de él poco a poco, cambiando la concepción que tenía sobre Marie. ¿Por qué se habría ido con los frikis X? ¿Acaso no había estado a gusto con la Hermandad? ¿Con él? Desilusionado, se repetía que era un idiota por haber llegado a creer que Marie había sido feliz con ellos. Solamente había estado fingiendo para evadirle y poder irse en cuanto se le presentara la oportunidad. La duda iba inundando su corazón a medida que avanzaban por el rastro de sangre que Warren había dejado.

Marie había sido la única persona aparte de su hermana y de Dominik, a la que le había hecho saber que le importaba, que le importaba más que otras muchas cosas. De hecho, recientemente había descubierto que todos sus pensamientos se arremolinaban alrededor de ella. Daba lo mismo a qué le estuviera dando vueltas en la cabeza; todos los caminos conducían hasta Marie. Todo aquello que había querido saber de ella y que ahora no podría hacerse siquiera una idea porque no le respondería sus preguntas... Fuese cual fuese el motivo, nada excusaba que se hubiera largado en cuanto había podido. En su paranoia, creyó incluso que Marie había estado ideando todo junto a Warren, para poder irse con él y los frikis X. Tanta cercanía entre ellos nunca le había gustado. Así, paulatinamente, los celos lo iban embargando. Y solamente había hecho falta un pequeño embuste de Sapo para hacer flaquear su afecto por Marie.

En cuanto pisaron el jet, Marie tuvo la sensación de que una parte de sí misma se quedaba en aquel lugar, una parte que no regresaría a ella. Toda pesadumbre se hizo a un lado cuando sus ojos se cruzaron con los de Jean. Aunque la pelirroja esbozaba una sonrisa afable, a Marie en un principio solo le inspiraba rechazo. Por mucho que lo intentó, no fue capaz de devolverle la sonrisa.

Jean se levantó del asiento y caminó hacia ella, cojeando. Le tendió la mano, mientras Logan y Scott colocaban a un inconsciente Warren en una camilla adosada a la estructura del jet.

-Hola, soy Jean...

-Grey- cortó Marie, aceptando su mano, mostrándose reticente.

Si accedía a dársela, era porque, mientras llevaban a Warren al jet, había caído en la cuenta de que en realidad no sabía cómo era esa mujer. La había visto intentando asfixiar a Wanda, pero después la había tocado y se había llevado una parte de ella consigo. La parte más oscura, la bestia. La parte que no controlaba. Claro que Marie no sabía que en esa ocasión, Jean había aceptado gustosa que el fénix tomara el poder, ya que odiaba a la Bruja Escarlata.

Jean sonrió levemente.

-Sí- dijo, volviéndose hacia los mandos del jet donde estaba sentada una mujer joven de piel morena y cabello blanco-, y esa de ahí es Ororo.

Ororo se giró un momento para saludarla con la mano, antes de volver a su tarea de poner el jet a punto para despegar.

-Tormenta- repuso Marie, en un susurro.

Jean asintió, para después regresar a su sitio al lado de Ororo.

-Será mejor que vayas sentándote ya y poniéndote el cinturón- la avisó Scott, con algo parecido a la indiferencia- No querrás estar de pie cuando esto se ponga en marcha.

Marie no dudó en ir a sentarse lo más cerca de Warren, a la cabecera de la camilla. Él le recordaba constantemente la razón por la que estaba con aquellos desconocidos con aversión hacia las únicas personas que se habían portado bien con ella, y así tenía que ser. Tenía que irse, tenía que hacer todo lo posible por que Warren siguiera viviendo. Su piel ahora era de una palidez extrema que dejaba ver algunas venas, y sus labios estaban entreabiertos y resecos.

-Warren, tienes que aguantar- le dijo en voz baja, sabiendo que le escucharía- Falta poco para que puedas estar en un colchón, descansando...

Pese a que tenía los ojos cerrados, los labios de él dibujaron una leve curva.

-Debiste... haberme matado. Todo hubiese sido mucho más... fácil.

-Ya me conoces- replicó Marie, con una sonrisa triste- No me gusta el camino fácil.

-No- tosió él; sentir la mano cubierta de ella en el hombro le produjo una sensación de calidez que lo reconfortó- Te complicas mucho.

-Lo hago por una buena causa, Warren- le aseguró Marie, inclinándose hacia él todo lo que le permitió el cinturón.

-Si yo soy esa causa..., estás hablando de una causa más bien... perdida- fue lo que Ángel le respondió antes de perder totalmente la consciencia.

Marie suspiró, alicaída, y se puso derecha en el asiento.

-Tu amigo se niega a seguir en el mundo de los vivos, ¿eh?- la despertó de su embelesamiento una voz masculina. Era Logan, que se había sentado en la otra fila de asientos, frente a ella.

-Quiero demostrarle que puede seguir con nosotros aunque tenga un ala rota- murmuró Marie, cerrando los ojos con cansancio.

-Que tengas suerte intentándolo, entonces.

Marie hizo caso omiso y le lanzó una mirada de aflicción.

-¿Crees que vivirá?- le preguntó a Lobezno. Cuando terminó de formularle la pregunta, se arrepintió. En el fondo, si Warren iba a morir pronto, no quería saberlo.

Logan la miró con fijeza, entrelazando las manos.

-Jean es muy buen médico; seguramente hará un buen trabajo con él.

Marie desvió los ojos, con disgusto. No confiaba en ninguno de los que estaban allí, y menos en esa mujer. Pero Logan estaba diciendo aquello como si él mismo se lo creyera, así que tendría que darles una oportunidad. Sin embargo, ya no tenía alternativa. El viaje había comenzado y desde luego no se iba a tirar de un avión en marcha.

-No tenía idea de que podías hacer que recuperase parte de mi memoria- dijo Logan, entonces.

Marie volvió a prestarle atención. Supuso que hablar con aquel hombre le haría bien; la distraería de sus infortunios por un rato y haría que se sintiera menos incómoda.

-¿Recuperar?- reiteró Marie, con interés- ¿Tienes amnesia?

Logan esbozó una ligera sonrisa.

-Algo parecido- Logan bajó la voz, mirando de soslayo al resto de sus compañeros, que estaban aglutinados en la parte delantera del jet, a lo suyo- Llevo con ellos un año, porque quería respuestas. Me dijeron que Charles Xavier podía ayudarme, pero hasta ahora no he conseguido recordar apenas nada.

-¿Tuviste un accidente y por eso no te acuerdas de tu pasado?- preguntó Marie, con curiosidad.

Logan hizo que sus garras traspasaran la piel de sus nudillos, dejándole verlas. Ororo, Scott y Jean se giraron un momento para ver qué pasaba, debido al sonido que hicieron cuando las mostró. Enseguida hizo que se introdujeran en su antebrazo nuevamente, causando impresión en Marie. Cíclope, Ororo y Jean dejaron de mirarlos, más interesados en el anodino paisaje que se extendía ante ellos.

-Antes eran de hueso, como viste cuando te abracé para curarte la mano. Perdí la memoria poco después de que me insertaran el adamantium, o eso es lo que dice el profesor.

-En cuanto a lo que has hecho antes...- Marie se retorcía las manos con nerviosismo, mientras trataba de buscar las palabras adecuadas- Te lo agradezco mucho. Al principio me asusté bastante porque no tenía muy claro si tú sabías exactamente cuál era mi... don.

-Lo sabía, pero tú no sabías el mío- sonrió Logan.

El hombre iba a decir algo más, pero en ese momento, Ororo se acercó a ellos. No tenía una expresión muy amigable.

-Hola, Marie- saludó ella a la chica, antes de dedicar su atención a Logan.

-Pícara- la corrigió Lobezno, guiñándole un ojo a la chica casi de forma imperceptible.

-Da lo mismo- resopló Ororo, con severidad- Quisiera tener unas palabras contigo, Logan.

-Es que resulta que eso es precisamente lo que yo estaba haciendo con Pícara justo antes de que nos interrumpieras- replicó Logan, con cara de pocos amigos.

Ororo se lo quedó mirando unos instantes.

-Esa solo fue una forma amable de pedírtelo- le advirtió, finalmente- Queda muy poco para que aterricemos, así que levanta el culo del asiento y acompáñame a un lugar más discreto.

-No hay un lugar más discreto en este avión; como no quieras que te acompañe al baño.

-Pues al baño- sentenció Ororo, alzando una ceja- YA.

Logan exhaló un suspiro de resignación y la siguió hasta la puerta del cuarto de baño, donde Ororo se detuvo, poniendo los brazos en jarra.

-No deberías haber venido- lo recriminó ella, sin poder seguir escondiendo por más tiempo su enojo- Te lo dije. Tu presencia no era conveniente en esta misión.

-Tú me lo dijiste, no así el profesor- alegó Logan, apoyando un codo en el marco de la puerta metálica- Ya deberías saber que no obedezco las órdenes de nadie, y menos de una muchachita insolente como tú.

-Oh, por favor- bufó Tormenta, con irritación- ¿Muchachita? ¿En serio te lo parezco? ¿O es un estúpido intento por tu parte de hacer un "comentario" mordaz que me ofendiese?

Logan contuvo una carcajada.

-Por lo que se ve, lo he conseguido.

Comenzó a sonar la alarma que indicaba que era recomendable que todos se pusieran el cinturón, porque el trayecto ya iba a llegar a su fin, y Ororo lo miró fijamente antes de alejarse de él para volver a su asiento. No obstante, Logan la cogió por el antebrazo.

-¿De verdad crees que mi presencia no era conveniente en este viaje?- susurró él.

Ororo ladeó el rostro, con fastidio, y se desasió de su agarre casi sin esfuerzo, para dirigirse de nuevo a los controles. Mientras tanto, Logan sacudió la cabeza, divertido, y regresó a su sitio frente a Marie. No volvieron a intercambiar palabra alguna en el tiempo que tardó el jet en pisar suelo firme.

Rápidamente, Jean y Scott hicieron a un lado a Marie, para desatar las correas que unían la camilla en la que yacía Ángel a la pared.

-Tenemos que darnos prisa- urgió Jean, empujando la camilla por la rampilla a la salida del avión- No le queda mucho tiempo.

Al bajar, Marie se quedó por un momento parada, observando su alrededor. ¡El jet había aterrizado en una cancha de baloncesto! Era increíble, de locos. La pista era demasiado pequeña para que un avión corriente y moliente pudiese maniobrar fácilmente. Sin embargo, aquel jet no parecía ser el tipo de aviones que se solían ver.

Era ya de noche, como cuando vio por primera vez la casa donde vivía la Hermandad. Las circunstancias eran tan diferentes ahora... La Mansión X se alzaba majestuosa entre jardines y senderos, mucho mejor cuidados que el de la casa de Magneto. Había varias pistas para hacer deporte, de atletismo, fútbol, voleibol... y bancos y árboles por todas partes. Parecía un campus; todo aquello debía constituir la escuela de la que le había hablado Scott aquel funesto día en el que fue a la cafetería con Wanda y Pietro. Algunas habitaciones tenían las luces encendidas.

-Vamos, nena- la instó Logan, haciéndola avanzar tras Scott, Jean y la camilla en la que descansaba Warren- No te quedes atrás.

Marie negó con la cabeza, casi con ímpetu, dejándose llevar por Logan al interior del caserón. Mientras seguían a la pareja, Marie contemplaba el panorama, fascinada. Todos los muros estaban recubiertos por tapices y en el suelo había una enorme alfombra con hermosos ornamentos. El techo estaba muy alto y enormes ventanales ocupaban las paredes que no tenían tapices. Todo estaba más bien oscuro, debido a que el alumbrado consistía en unos candelabros, de los cuales, la mitad de las velas estaban apagadas.

Avanzaban por uno de los lúgubres corredores, cuando de repente, Scott y Jean se pararon bruscamente antes una gran puerta metálica.

-¿Qué es lo que pasa?- preguntó Logan, con impaciencia.

-Estamos esperando a que el profesor nos permita el paso- le respondió Jean- No debe tardar mucho, ya sabe que estamos aquí.

Entretanto, Marie escuchó unos murmullos a su espalda. Se dio la vuelta, para ver de donde procedían. Sus ojos verdes se encontraron con otros del mismo color, pertenecientes a un chico que tendría aproximadamente su edad. A su lado, había otro pero... ¡de color azul! Solamente había visto esa tonalidad de piel en Mística. Se preguntó si habría personas que tuvieran la tez de otros colores tan inverosímiles, como morado, amarillo, naranja... Los adolescentes se ocultaban tras un recodo y observaban desde allí lo que estaba pasando. Marie pensó que debían ser alumnos, ya que estaban en una escuela.

Entonces, el muchacho de ojos verdes le hizo un gesto para que se acercara. Marie frunció el ceño, con vacilación. Se volvió dando un respingo cuando percibió que Logan la cogía del antebrazo con cautela.

-Te llevaré a tu habitación provisional- la avisó- Intenta dormir un poco en lo que queda de noche; te hará bien.

En ese momento, Marie se dio cuenta de que tanto Scott y Jean como Warren habían desaparecido sin dejar rastro, y la puerta metálica seguía cerrada.

-¿Dónde está Warren?- inquirió, con desconfianza- Preferiría estar con él.

-Sé que es tu amigo y todo eso, pero ahora es mejor que te mantengas al margen, Pícara- la apaciguó Logan, conduciéndola por otro pasillo a mano izquierda- Tú necesitas descansar, y él tendrá que recibir los cuidados adecuados, que serán muchos.

-No quiero dejarlo solo- dijo Marie, con tristeza- No podrá volver a volar. Si se recupera pronto, lo primero que hará será tratar de quitarse la vida.

Logan la hizo detenerse en la mitad del corredor.

-Cada uno debería tener la posibilidad de tomar sus propias decisiones, Pícara- opinó él- Si quiere hacerlo, deberías dejarlo. A veces vivir en esas condiciones es peor que morir.

A Marie se le humedecieron los ojos, pero apretó los labios con fuerza, consiguiendo contener el llanto a tiempo.

-Puede que te parezca egoísta- respondió; enfadándose consigo misma porque su voz sonaba ahogada, probablemente debido a sus ganas de llorar-, pero es mi amigo. No quiero que muera. Una vez pasó la misma idea por mi cabeza. La idea de rendirme; creía que no me importaba nada, creía que no significaba nada para nadie, que ya no tenía nada por lo que luchar para seguir aquí- Marie inspiró con fuerza, desviando la vista- Pero recapacité a tiempo, y en vez de terminar con todo, decidí darme otra oportunidad. Fue la noche que me escapé de casa. Seguía sin creer que nada tenía sentido, pero esperaba encontrarlo. Y tuve suerte porque lo encontré. Haré que Warren tenga la misma suerte.

Logan calló por un instante, asimilando lo que ella le acababa de confesar.

-Eso que has dicho... es muy admirable- dijo, finalmente- Espero que vuelvas a tener suerte para conseguir lo que te propones. Tendrás un gran trabajo por delante porque ese Warren...

-Tú no eres igual que ellos- lo interrumpió Marie, deseando cambiar de tema cuanto antes- ¿Qué te dijo antes Tormenta? ¿Por qué parecía tan enfadada?

-¿Escuchaste algo de lo que hablamos?- cuestionó Logan, alzando una ceja.

-Vagamente- contestó ella, encogiéndose de hombros- No respondas si no quieres. Era mera curiosidad.

Logan pareció pensativo.

-Aquel día en el centro comercial- recordó Marie, alicaída- Pietro dijo que no sabías donde estaba tu lugar. ¿Es por lo de tu memoria?

-¿No es un poco tarde para que estés despierta?- replicó Logan, como si estuviera escamado.

Marie esbozó una sonrisa más bien forzada.

-Estoy esperando a que me lleves al cuarto- repuso ella- Cuando llegue y me acueste, ya veré si me quedo despierta o me duermo.

-Es este- indicó Logan, dando un golpecito en la puerta junto a la que se habían detenido.

-¿Qué ha pasado con mis cosas?- preguntó Marie- Están en casa. ¿Tendré que seguir mañana con la misma ropa llena de barro que llevo ahora mismo?

-Tu amiga Mística ya se ha encargado de eso- aclaró Logan, abriéndole la puerta- La maleta llegó esta mañana. Descansa, Pícara. Mañana será otro día.

Marie asintió, cerrando la puerta tras de sí y cerrando los ojos con cansancio. Al decirle Logan aquello último, se dio cuenta de que Mística ya lo tenía todo pensado, todo preparado para que ella se fuera. Y no le había dado la gana de decírselo. La noche anterior, cuando había abandonado los aposentos de Magneto, se había dado por vencida. Magneto había concluido que no iría a ninguna parte, que seguiría en la Hermandad a pesar de su problema. Marie había estado demasiado abrumada en ese momento como para pensar en profundidad en lo que se había hecho cada vez más evidente: que a él le daba lo mismo su problema, mientras que a Mística no. Sin embargo, aunque Marie había llegado a confiar en ella, le resultaba sospechoso el hecho de que hubiera acatado lo que Magneto había dicho sobre no llevarla a que la viese el profesor, delante de él, pero que luego se arriesgara a desobedecerlo. Marie estaba confusa. Se estaba percatando de que en realidad no sabía mucho acerca de la relación que había entre Mística y Magneto. Si eran tan cercanos, Marie comprendía que Raven no tuviera por qué temer la reacción de él cuando se enterase de que finalmente había hecho lo que quería, llevarla con Charles. Sin embargo, Magneto había dejado muy claro que no iba a permitirlo. ¿La dejaría volver a la Hermandad después de aquello?

Tras varias horas tratando de mantenerse firme, Marie no pudo más y dio rienda suelta a sus lágrimas, manteniéndose en silencio para que nadie supiera que estaba llorando. Seguía en la entrada del cuarto, con la puerta cerrada. Ni siquiera le había echado un vistazo para ver cómo era. No le importaba lo más mínimo. De lo único de lo que era consciente era de la gran ventana que se extendía de un lado a otro de la pared opuesta, por la que entraba la luz de la luna llena a raudales.

Se dejó caer al suelo, abrazándose las rodillas, mientras se preguntaba cómo era posible que sus ojos pudiesen derramar tanto agua. Irónicamente, era luna llena como la noche en que llegó a la Hermandad. También se hallaba en una situación muy parecida, con la culpabilidad corroyéndole las entrañas. De nuevo había hecho daño a alguien, pero en esta ocasión había perdido el control de sí misma y la persona a la que había herido no estaba comatosa, sino a dos pasos de la muerte.

N/A: Otra vez me tenéis aquí con los dos caps que prometí por semana. Espero que os vaya causando intriga como sigue la trama. Un saludo a todos/as los lectores/as que seguís mi historia después de todo el tiempo que estuve sin actualizar! Significa mucho:)

Karla: Gracias, estoy muy contenta de que por fin hayan terminado las fechas de exámenes; que sean después de Navidad, termina con los ánimos de cualquiera:( Me alegro de que te vaya gustando el transcurso del fic:) Un beso!

Sakura Gonzakez: Gracias por tu apoyo! La verdad es que confieso que necesitaba descansar unos días antes de actualizar jajaj Este enero se me ha hecho eterno. En cuanto al Rietro, era una idea que llevaba hace bastante tiempo rondando por mi cabeza. Entonces, me puse a investigar y descubrí que no había muchos fics sobre Marie y sobre Pietro en inglés; dudo que haya alguno en español aparte de este (si lo hay, perdón por mi despiste). Y acerca de los cuatro capítulos, era lo justo, ya que prometí dos por semana y llevaba dos semanas sin actualizar, creo recordar:) Además, siempre viene bien publicar más de un caps porque si no, los ánimos se enfrían jajaj Y sí, llevaba 54; aunque creo que ya son 55;D Aclarar que este es un Rietro por lo que habrá más, por supuesto; aunque quizá no tan seguido como hasta ahora. Aparte de que aparecerá alguien más, si no ha aparecido ya... Me alegra saber que aguantas las historias largas! Un abrazo:D